Desde hace unos años se pusieron de moda conceptos como la colaboración y la creación colectiva. Esto se debe en buena medida a la hiperconectividad que permite Internet, a la parcial recuperación de un sentido “comunitario” –gracias a las redes sociales y demás plataformas horizontales–. Hoy “colaborar” es cool. Sin embargo, mucho antes que los colectivos de artistas, los hubs de emprendedores y modelos similares, han existido en México engranajes colaborativos que, habiendo trascendido el tiempo y comprobado su eficiencia, debieran considerarse como casos de estudio, ejemplares, para las actuales generaciones.
El tequio es una especie de tributo laboral que cada integrante debe rendir a su comunidad. Periódicamente se definen tareas colectivas para beneficio del pueblo o barrio. Por ejemplo, la construcción de una cisterna comunal, la ampliación de la escuela pública o la limpieza de ríos y caminos. Generalmente el dinero se aporta desde el municipio –un buen ejemplo de simbiosis entre comunidad y gobierno–, o también existe la posibilidad de que algunas personas, en particular aquellos que más recursos tienen, realicen aportaciones como complemento o en sustitución de las labores físicas.
La tradición del tequio viene desde tiempos prehispánicos. Entre algunos grupos, por ejemplo los aztecas, esta práctica fungía como pieza clave de la estructura social y económica. Y es que no solo generaba capital compartido, sino que las actividades involucradas fortalecían el tejido social e incluso actuaba como un sistema de reconocimiento mutuo –entregarse voluntariosamente o mostrar una notoria disposición eran motivo de prestigio.
También conocido como “faena”, los hombres mayores de 16 años están moral o cuasi-legalmente obligados a participar –por ejemplo en Oaxaca, donde la legislación estatal respalda el tequio y le atribuye un pleno carácter jurídico . Y vale la pena reconocer que buena parte de la infraestructura que hoy gozan cientos de comunidades dentro de México se debe precisamente a este modelo.
Una vez introducido brevemente este modelo, que por lástima muchos jóvenes de las ciudades desconocen, te invitamos a que cuando tengas oportunidad platiques con los habitantes de pueblos o barrios tradicionales, y así te empapes de la esencia de este sistema del cual, como advertimos desde el título de este artículo, tiene mucho que enseñarnos.
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