Nierika o el espejo transgeneracional de los wixarikas (huicholes)

Nierika es un punto de encuentro de definiciones y creencias en la cosmogonía de los huicholes; una amalgama de energía que prolonga las sabiduría de los antepasados, y las concentra en la trascendencia de lo físico. Es, en otras palabras, una ofrenda que conecta el aquí y el ahora.

Para los guardianes del peyote, nierika simboliza varios elementos importantes de la naturaleza: una trampa de lazos que busca alcanzar al venado azul, y en la cual se sacrifica al cazador disciplinado que lo tendía por la vereda; unas cavidades en discos de piedra –de tepárite– que se colocan tanto en las cuevas sagradas –ahí donde yacen los Antepasados en el corazón de la Sierra, como en el cerro  El Quemado, lugar de origen del Padre del inframundo al amanecer–. Estas cavernas representan los siete puntos circundantes: los cuatro cardinales, el centro sobre este plano, el mundo subterrestre y el mundo celestial, y un reflejo de los antepasados en los rostros pintados de los peregrinos en las puertas de Wirikuta.

Una vez que los peregrinos depositan ofrendas de jícaras votivas, xukúrite y agua sagrada del oasis de “Nuestra Madre que nos mira desde Abajo”,  la nierika se convierte en una portezuela hacia un rastro visionario en Wirikuta, en la reencarnación del antepasado cuyo camino es consagrado por los rayos del Padre proveniente del oriente.

Inclusive, algunos aventureros traducen nierika como un “escudo frontal”, pues también sirve como instrumento de defensa contra las tentaciones o las distracciones que emergen durante la trayectoria ritual. Gracias a sus estructuras ovaladas, con cuentas de vidrio o hilos de estambres, estos elementos simbolizan algunos aspectos de un antepasado y sus rezos correspondientes. Mientras que los objetos votivos que colocan encima sólo se vuelven visibles cuando se untan con la sangre de un animal sacrificado con el fin de transmitir sus invocaciones a los antepasados.

Nierika es entonces la conexión entre el pasado y el presente, como un aliciente que obliga al peregrino estar en el aquí y en el ahora junto a la sabiduría del Universo. Es el corazón de la reencarnación eterno, como si fuera el verdadero origen de la vida.

Imágenes: 1) La Nierika de Tatutsi Xuweri Timaiweme (1980) por José Benítez Sánchez / Foto de Johannes Neurath; 2) Carlos García Mora.

Twitter de la autora: @deixismj

Maria Jose Castañeda

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