Sonia Gamboa, la primera estudiante mexicana en realizar investigaciones para la NASA

Gamboa está haciendo investigación en el Ames Research Center sobre Soporte Avanzado de Vida.

Es aún estudiante, cursa ingeniería en la Universidad Veracruzana. Pero Sonia Gamboa se ha convertido en la primera mujer, y estudiante, en hacer investigación para la National Aeronautics and Space Administration (NASA).

En el concurso Mars Trekker Global Summit de NASA, Gamboa, que forma parte del programa piloto de la Agencia Espacial Mexicana, “Jóvenes hacia el espacio”, fue seleccionada entre más de 120 jóvenes el mundo.

“Nos llena de alegría, ojalá que este acontecimiento resulte inspirador para otras mujeres en este y otros ámbitos de la investigación científica, como también nos congratula que el naciente sector espacial en México desde el principio crezca con equidad de género”, señaló Javier Mendieta Jiménez, director de la AEM.

Luego del proceso de selección, Gamboa está haciendo investigación en el Ames Research Center sobre Soporte Avanzado de Vida, vinculado a los sistemas de reciclaje de agua y el proceso de ósmosis. Su objetico es diseñar rutas para aprovechar al máximo recursos no renovables durante misiones espaciales de largo alcance.

“Es un orgullo poder representar a mi país y mi universidad en esta institución tan importante, un estímulo y punto de partida para que más mujeres se preparen profesionalmente y se internacionalicen”, advierte Gamboa.

Esta colaboración ha sido alcanzada gracias a un convenio entre la Universidad Veracruzana y la NASA, aunque el proceso de selección es de envergadura internacional.

Esta victoria abre una brecha sobre todo para las estudiantes mujeres de ingeniería, en un mundo que ha sido acaparado por los hombres, y más tratándose de temas espaciales. ¡Enhorabuena!

Señorita Libertad: la peculiar tradición patria de una comunidad veracruzana

En esta comunidad de Veracruz la libertad de México se celebra como en ningún otro sitio. Un fotógrafo local retrató íntimamente los preparativos para esta fiesta.

Nuestro complejo país es espectacular, precisamente porque no se agota en una sola cara. México es distinto desde donde lo mires. Por otro lado hay algunas cosas —platillos, ingredientes, tradiciones, símbolos— que se repiten por todos lados y se vuelven una suerte de “hilo conductor” que nos reune a pesar de nuestra inmensa diversidad.

Las fiestas patrias —el grito, el desfile del 16 de septiembre, la comida, las banderas que decoran las calles— son sin duda uno de esos hilos que tejen cada año un espacio para la identidad compartida. Tal vez por eso hemos olvidado indagar en lo profundo y se nos han pasado de largo las formas particulares en las que cada región celebra la idea de independencia y la existencia de un México que —en potencia— se auto-define. 

Pero hay un sitio donde la fiesta patria muestra una cara muy peculiar. Se trata de Santiago Tuxtla, en Veracruz. En esta comunidad la libertad de México se celebra como en ningún otro sitio, en torno a una alegoría muy interesante: la Señorita Libertad.

Señorita Libertad

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También llamada “Diosa Libertad”, esta personaje es encarnada por una joven del pueblo. Cada año se la elige con aval del presidente municipal y junto a ella se organiza la máxima fiesta patria de Santiago Tuxtla. La chica, ricamente ataviada, representa a la “mujer mexicana” (ligada evidentemente con el rostro femenino de nuestra tierra, su abundancia, su fertilidad, su bondad). Llena de joyas y con un atuendo blanco, rojo y dorado, será paseada por el pueblo en una carreta adornada con flores. 

“… con la mano derecha toma un óleo de Miguel Hidalgo, mientras que con la izquierda hace lo propio con la bandera de México. Los toros que jalan la carreta son pintados con aerosol de color dorado. 

Al final del recorrido del desfile por todas las calles de la ciudad, en la casa de la señorita libertad se ofrece una fiesta, abierta a todo el pueblo, donde se consumen más de 300 kilos de carne y demás.” Así lo relata Felipe Oliveros, fotógrafo y escritor local.

Es un verdadero festín que se ha celebrado desde hace 128 años. Los tuxtlas se toman en serio la noción de Independencia y, al mismo tiempo, no temen jugar con la idea de sincretismo. Aún anclados profundamente a su cosmogonía prehispánica gozan tremendamente esta tradición fundada por elementos bastante lejanos.

Cuenta Oliveros que la fiesta nació cuando el alcalde Francisco Ortiz Castellanos viajó a Francia y se enamoró de la conmemoración de la toma de la Bastilla. Fuegos artificiales, carros alegóricos y una mujer que encarna una figura que recuerda inmediatamente a “La Libertad guiando al pueblo del pintor” Eugène Delacroix.

Y el pueblo sigue a La Libertad

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Para las chicas que representan el papel, el asunto es una ceremonia y un honor particular. Cada año, explica Felipe, se trata de una joven distinta que tiene alrededor de 15 años. El mismo presidente municipal va a su casa a pedir permiso para que participe. La preparación de la Señorita es un ritual en sí mismo y el fotógrafo veracruzano ha logrado retratarlo con una intimidad absolutamente conmovedora.

Y no es para menos: el papel es muy importante. Como relató el cronista local Eneas Rivas Castellanos: 

Nos referimos a la Diosa Libertad emblema y símbolo de la Libertad Mexicana con que contamos todos los habitantes de esta nación. […] La alegoría ha sido hasta hoy en la misma forma: La Diosa Libertad representa a su vez a la típica mujer mexicana la cual va vestida con una túnica blanca ceñida en la cintura y adornada por muchas prendas de oro y pedrería. En su cabeza el gorro frigio, emblema de la libertad, ceñido por detrás con dos ramos de ciprés y un listón tricolor, prende de la espalda un manto bordado con estrellas. El manto representa el territorio nacional y las estrellas equivalen al número de estados en que está dividida políticamente la Nación. […]. Cubren el resto del carro, hojas de tepejilote. 

“La libertad con que contamos todos los habitantes de esta nación”; es una frase que resuena y que sin duda habría que poner en cuestión. La libertad, tal vez una fuerza que solo se articula como potencia, pero por la que todos debemos estar luchando, no solo para nosotros mismos; también para los demás. 

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La libertad; tal vez el signo más noble de entre todos los que pueblan el repertorio de las fiestas patrias, pero que, al parecer solo en Santiago Tuxtla se manifiesta con tanta fuerza y cariño.

*Imágenes e investigación: Felipe Oliveros.

Hermosos rituales rondan la milpa en Veracruz (IMÁGENES)

Explora las vibrantes creencias antiguas que resisten entre estos campesinos veracruzanos y conecta con la cara más mística de la naturaleza.

“La tierra es vida para nosotros. Nos da el sustento”, le dijo Arcadio Baxin a Felipe Oliveros. Arcadio es músico y campesino y Felipe es fotógrafo autodidacta. Ambos son originarios de la región de Los Tuxtlas, en Veracruz y comparten la noble misión de mantener activas las tradiciones de su comunidad; especialmente, los rituales en torno a la siembra del maíz. 

“Mi trabajo fotográfico explora el género documental, la noción de identidad y el imaginario simbólico presente en la región de Los Tuxtlas, situada en la zona sur del estado de Veracruz. Este interés me ha llevado a narrar visualmente historias relacionadas a las tradiciones y el misticismo propios de mi comunidad.”

Rituales en torno a la siembra

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Cuando comienza un nuevo ciclo de la milpa, las calles de Veracruz se llenan de color: son los liceres o “tecuanes” (como los conocen en algunas regiones del Sur de México, como Guerrero y Morelos), jóvenes vestidos de jaguares que a través de danzas rituales invocarán al señor de la lluvia. Es una práctica sincrética que se ha popularizado mucho y que, como explica Felipe Oliveros, ha adquirido tintes carnavalescos desde la conquista.

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El 13 de junio, día de San Antonio, se celebra la fiesta. Pero la danza se repite el 24 del mismo mes, en el día de San Juan y de nuevo el 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo. Los bailes van acompañados de gritos y bramidos, que “emulan a un jaguar” y también a la tormenta.

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También en Más de México: Rituales mexicanos para poner el clima a tu favor 

La práctica puede parecer un espectáculo para algunos, pero para campesinos como Arcadio y sujetos como Felipe, el ritual es vital: “Muchos viven nada más por vivir, no creen en nada. Pero como decía mi papá ¿en qué te vas a agarrar?” le dice Arcadio a Felipe y el fotógrafo concuerda: “La lluvia es necesaria para la vida en el campo”, escribe, “[…] el ser humano necesita creer en la representación de fuerzas que están más allá de su control. A pesar de la modernidad, seguimos danzando.”

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La semilla es el núcleo de todo

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Los dos veracruzanos se encontraron gracias al son jarocho. Pero a Felipe le interesaba hablar con Arcadio sobre el campo, sobre las tradiciones que ahí se articulan: “Yo sé que él se dedica también al campo, así que decidí acercarme a platicar con él sobre toda esta tradición que envuelve conservar la semilla y sembrar para tener el sustento.

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Tal vez lo más relevante para Felipe, lo que realmente buscaba retratar, fueron los lazos comunitarios que estas tradiciones entretejen: “Pienso que es importante mostrar cómo es que una tradición puede lograr el bienestar de todos.” Explica Felipe que, en Los Tuxtlas, “la agricultura va más allá de sembrar y recoger el producto; es todo un estilo de vida que hace comunidad.”

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La semilla es el núcleo de todo. Las semillas se pasan entre abuelos y nietos, padres e hijos: “Desde que yo abrí los ojos, conocí esta semilla, y en mis manos lleva 50 años”, explicó Arcadio Baxin a Felipe. Esta práctica es fascinante y conmovedora: 

“Para lograr la conservación del maíz criollo, se presta o se vende la semilla para sembrar; puede ser entre camaradas o familia. Es una especie de trueque, que mantiene unida a la comunidad; a través de la siembra, y estos intercambios, se mantienen los lazos de comunicación entre los habitantes […] y otras comunidades cercanas.” Así lo explica Felipe

Si no cuidamos la tierra, nos vamos a quedar sin nada

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Y aunque estas formas de relacionarse con la tierra resisten, también se hacen cada vez más frágiles, igual que los rituales y las creencias. Lo preocupante es que hemos dejado de creer en la naturaleza, tal vez la más divina de las entidades presentes. Como escribe Felipe: “Si no cuidamos la tierra, nos vamos a quedar sin nada.” Por suerte, dice Felipe:

“A través de las tradiciones, de la herencia y creencias de nuestros pueblos, de alguna forma se va fomentando la preservación de la naturaleza, la organización comunitaria y la defensa del territorio.”

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Las tradiciones nos reúnen y tenemos que organizarnos

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La organización comunitaria es un antídoto esencial en estos tiempos. Es la única defensa que tenemos ante esta modernidad omnisciente y también ante la inmensa violencia. Explica Felipe Oliveros: 

“[…] en estos espacios se generan universos lejos de cualquier forma de violencia, o problema social actual; gracias a la preservación de diversas tradiciones y costumbres. 

Me parece importantísimo que las nuevas generaciones o los no tan nuevos recuerden un poco cómo es que se vivía antes, haciendo comunidad, preservando los recursos naturales, organizando todo para un bien común, lejos de la violencia, mirando al otro, dejando la individualidad a un lado. 

Hace falta en estos tiempos tener algo de dónde agarrarse para generar un cambio. Un pueblo con identidad es un pueblo sano y es la mejor herencia que podemos dejar a las nuevas generaciones.”

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Mira más del espectacular trabajo de Felipe Oliveros aquí.

*Imágenes e investigación: Felipe Oliveros, “Corazón del monte”

¿Sabías que un mexicano de la UNAM es ahora el investigador más joven de la NASA?

A sus 20 años Yahir Israel Piña López llamó la atención del mundo por sus investigaciones para la medición de la radiación en el espacio.

Cuando Yahir Israel Piña López tenía solo 15 años, ya había ingresado a estudiar una estancia de investigación en el Instituto de Ciencias Nucleares. Allí estudió los ciclos de combustible nuclear.

Hace unos meses, en el Congreso Internacional de Astronáutica, realizado en Guadalajara, Jalisco, dio a conocerse una investigación suya que ha llamado la atención del mundo llamada “Desarrollo de materiales con propiedades termoluminiscentes para la medición de radiación en el espacio”, publicada también en el Journal of Physics.

En su análisis Piña López desarrolla un detector activo con materiales de distintos tipos de radiación, desde uranio hasta estroncio. Es muy importante medir el nivel de radiación en el espacio, pues esta es uno de los principales peligros que afrontan los astronautas en el espacio.

Su estudio lo desarrolló con el doctor Epifanio Cruz Zaragoza, en la Unidad de Irradiación y Seguridad del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM. A partir del artículo antes mencionado, la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio), lo invitó, con solo 20 años, a afiliarse como estudiante-investigador.

También fue invitado al Project Pilot Manager de la Universidad de Samara, Rusia, para desarrollar un componente satelital y medir los iones en la ionósfera.

Piña López se dice muy orgulloso de ser mexicano, pero más de poner en alto el nombre de la UNAM:

Uno de mis sueños (…) es poner el nombre de la UNAM en el espacio. (…) Tengo una frase: ‘amor y respeto al pueblo que me vio nacer: México; pero honor y gloria al pueblo que me forjó: la UNAM.

*Imagen:esbarrio.com