Entre la cordura y la locura de la mexicana Nahui Olin

Nahui Olin se aferró a la solidez del arte y de su sexualidad para salvarse del olvido, abandono y desprecio de una sociedad que la amaba y despreciaba al mismo tiempo.

Nahui Olin (María del Carmen Mondragón Valseca), fue víctima de una sorprendente pasión a la vida que la llevó al límite entre la cordura y la locura durante varios años de su vida. Su personalidad revolucionaria y belleza hipnotizante la llevaron a convertirse en una de las más amadas y repudiadas pintoras y poetisas mexicanas.

Carmen Mondragón, hija del general Mondragón –uno de los más allegados al presidente Porfirio Díaz– gozó de una vida acaudalada en el corazón de París. Su educación, además de llevar un riguroso plan de estudios, implicó también el contacto con años de lucha feminista y su liberación de la sexualidad femenina. Por lo que, ante su retorno, la pequeña Mondragón traía, dentro de su pequeño y erótico cuerpo, los extremos de insaciable placer y excesivo dolor. Esta contradicción la llevó un viaje de intimidad secreta, en donde sólo el paso del tiempo la haría apostar por la locura.

Su primer matrimonio, lleno de ira y mentiras con el joven cadete Manuel Rodríguez Lozano, la obligó vivir en una votiva virginal durante años. Esta unión la haría partir de la ciudad de México ante la explosión de la Revolución Mexicana, regresando a la bohemia capital de Francia. Fue ahí donde conoció a una diversidad de artistas, entre ellos se encontraban Pablo Picasso y Diego Rivera.

Tras ocho años de tormento, y con la carga emocional del fallecimiento de un bebé –de lo cual se dice que ella lo asfixió o que él lo aventó al suelo–, Mondragón regresó a México para sumergirse completamente a la vida artística. Desde entonces, ella no sólo compartió veladas con Dolores del Río, Antonieta Rivas Mercado, Frida Kahlo, Tina Modotti, María Izquierdo, José Vasconcelos, David Alfaro Siqueiros, etcétera, también se dio la libertad de implementar esta lucha feminista muy a su estilo.

Fue así que conoció al que se convertiría en su gran amor y penar, Gerardo Murillo –mejor conocido como Doctor Atl–. Durante cinco años, la intensidad se apoderó de ambos personajes, siendo testigo de ello más de 200 cartas escritas por ella. Ahí, en un estado ninfomaniaco de conciencia, falleció María del Carmen Mondragón Valseca y nació Nahui Olin: la “renovación continua del Universo”.

Durante la década de los 20 y 30, Nahui Olin se aferró a la solidez del arte y de su sexualidad para salvarse del olvido, abandono y desprecio de una sociedad que la amaba y despreciaba al mismo tiempo. Sin darse cuenta –o quizá sí–, sus poemas y pinturas la volvieron víctima de un feminismo avanzado –de otra cultura y otro tiempo– que México desconocía aún.

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No sólo ella se retrataba con ojos hipnotizantes y grandes, vestida o desnuda, también la inmortalizaron como una irreverente musa el Dr. Atl, Edward Weston, Diego Rivera y Antonio Garduño. Y entre el éxtasis de orgasmos y la vida artística, la vida fue pasando… 

De pronto, Nahui Olin tenía ya 40 años y una vida amorosa intensa. Conoció al capitán Eugenio Agacino, de quien se enamoró profundamente. Sin embargo, al año de pasar el más prolijo de sus amoríos, Agacino falleció por una intoxicación estomacal en un viaje a Cuba. Desde entonces, Nahui dejó de ser ella misma –vivía sin vivir, estaba sin estar.

Sin darse cuenta, un día comenzó a revivir un matrimonio forzado y virginal, el infinito amor de su padre –de quien se dice que transgredió los límites filiales–, la celotipia hacia Dr. Atl, y la misteriosa muerte de su hijo y de su divino capitán. Su estructurado arte se inundó de su desestructurada psique de pérdidas y abandonos, obligándola a aferrarse a lo único que le quedaba de su época de oro: harapos, maquillaje exagerado, uñas grotescas, una libertad que le costó su cordura. Así solían encontrarla paseando en los pasillos del Museo de San Carlos o en la Alameda, recogiendo gatos muertos que convertía en cobijas que usaba para abrigarse durante las noches.

La locura o soledad de Nahui Olin la llevó a la pobreza entre el laberinto de la demencia, obesidad y suciedad. Hasta que, en 1978, a sus 85 años, la niña irreverente que sonrojó a la sociedad mexicana, falleció llevándose con ella sus enormes e hipnotizantes ojos esmeralda.

Imagen: Retrato de Nahui Ollin, por Edward Weston. 

 

Maria Jose Castañeda
Autor: Maria Jose Castañeda
Psicóloga, educadora sexual, bailarina, lectora, persona. Ha colaborado en Algarabía, Pijama Surf, Petite Mort, entre otros.

Conoce a algunas de las mujeres más poderosas e increíbles de México (según Forbes)

Algunas son muy populares; otras, tal vez más discretas. Todas están haciendo cosas realmente increíbles por México y tienes que conocerlas.

Ser mujer en México (y casi en cualquier parte) sigue siendo una lucha. Si la frase parece trillada es porque ser sujeto en el sentido más amplio posible es, en muchos sentidos, luchar constantemente contra las circunstancias. Sin embargo, sería un poco ingenuo negar que las circunstancias para las mujeres, son increíblemente complejas.

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Así, celebramos que haya chicas, mujeres y niñas que están construyendo cosas increíbles y que, no solo son “ejemplos a seguir” también, abren los caminos y las posibilidades para otras tantas que tienen ideas fantásticas o buscan participar activamente en construir la sociedad que habitan.

Recientemente, 100 de estas mujeres formaron parte de la lista de Mujeres Poderosas Forbes en 2018, algunas (como la escritora Amparo Dávila) por su inmensa trayectoria, otras como Xóchitl Cruz de 8 años, por sus logros recientes. Algunas de ellas son muy populares, como Natalia Lafourcade; otras tal vez más discretas como la partera, Otila Gómez. Sin duda todas están haciendo cosas increíbles en y por México. A nosotros nos toca, en el mejor de los casos, seguirles el paso.

Para dejarte inspirado, aquí te presentamos el perfil de algunas de ellas.

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Elisa Carrillo

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Ella baila danza clásica y empezó a estudiar a los 6 años de edad y hoy, a los 37 años, es la primera bailarina de la Ópera de Berlín.

Marta Sánchez Soler

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Es una investigadora y defensora activa de los derechos migrantes. Ella dirige el Movimiento Migrante Mesoamericano que se dedica a cuidar los derechos de migrantes mexicanos y centroamericanos que van hacia Estados Unidos.

Fritzia Irízar

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Imagen: CIAC Art.

Esta artista mexicana es una de las escultoras contemporáneas más importantes. Su obra cuestiona al sistema económico actual, a través de ingeniosos juegos. Ha expuesto en algunas de las galerías más importantes del mundo.

Xóchitl Guadalupe Cruz

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Tiene 8 años, es originaria de Chiapas y este año ganó el premio del Instituto de Ciencia Nuclear a la Mujer porque construyó su propio calentador solar de agua. Ama profundamente la ciencia.   

Alexia Ulibarri

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Imagen: Mulier.

Esta importante diseñadora mexicana ha consolidado una popular marca de ropa. Además, es la creadora de los chalecos luminiscentes que, diseñados para los rescates después del sismo del 19 de septiembre. Alexia también se dedicó a recaudar fondos para los rescatistas.

Natalia Lafourcade

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Además de ser una importante embajadora de la cultura mexicana, Natalia trabaja con la fundación TECHO, que construye viviendas para personas de bajos recursos.

María Guadalupe ”Lupita” González

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Imagen: El País.

Esta increíble atleta ganó la medalla de oro en la prueba de 20 kilómetros de caminata en la Copa del Mundo en Taicang, China. Y este no ha sido el primer oro de su carrera.

Carmen Aristegui

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Imagen: Economicon.

La periodista que desde 2017 dirige el sitio independiente Aristegui Noticias es un referente vital para los medios y el ejercicio informativo en México.

Charlyn Corral

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Imagen: Noticiasnet.mx

Esta futbolista mexicana juega delantera en el equipo Levante Unión Deportiva, de la Primera División Femenina española. Además es una goleadora para la Selección Mexicana Femenil.

Daniela Michel

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Imagen: FICM.

Ella es la fundadora y directora del Festival de Cine Internacional de Morelia. Además e suna prominente crítica de cine y ha sido jurado en festivales internacionales como Sundance.

Dorothy Ruiz

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Amante de las estrellas, esta mujer originaria de San Luis Potosí, representa la presencia femenina y latinoamericana como científica de la NASA.

Ángeles Camacho Rosales

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Imagen: Prensa CONACYT.

Esta investigadora ganó el premio Women In Science, en Londres. La mexicana diseñó un programa para eliminar la brecha de género en la ciencia que incentiva el interés de las niñas y jóvenes inglesas por esta área del conocimiento.

Amparo Dávila

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La brillante escritora publicó por primera vez en 1950, pero sigue siendo un referente para la literatura mexicana contemporánea.

Toni François

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Esta fotógrafa hace crónica visual de la música en vivo de la Ciudad de México. Su trabajo es fantástico y se ha expuesto en importantes eventos de fotografía.

Ana Ramírez

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Es artista visual, animadora y fue parte del equipo de animación de Coco, que ganó el Oscar a mejor película animada en 2018 y que además, conquistó el corazón de miles de amantes del cine, haciendo una preciosa representación de México.

Otila Gómez Morales

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Es partera tradicional, originaria de Chiapas y es la presidenta de la Asociación Mexicana de Partería. Además es una activista de los derechos de las mujeres, derechos de la infancia, la salud sexual y reproductiva y defensora de la perspectiva de género en las prácticas médicas.

Edward Weston: un viaje a la más sutil intimidad de la naturaleza mexicana (FOTOS)

Edward Weston era un hombre sencillo, como sus fotografías, aunque con una envidiable capacidad de retratar las cosas profundas, cual México.

La fotografía de Edward Weston es un viaje a la más sutil intimidad de todo aquello que retrató.

De su fugaz estancia en México, entre 1923 y 1925, legó, con especial énfasis, el recuerdo de su amor por Tina Modotti. No obstante, entre lo que llegó a captar con la pequeña cámara graflex que usaba, se encuentran otros bellos ejemplos, como la imponente figura de maguey, así como la mirada  cautivadora de Nahui Ollin.

Weston era un amante de la naturaleza y las texturas. El peculiar uso que le dio al primer plano hacía del mundo orgánico que retrataba algo exquisito; algo extrañamente humano aunque  en muchas ocasiones no lo fuese. Ondas sensuales agazapadas una sobre otra, organismos que se desdoblan sobre sí mismos, como una simple col o el interior multiforme de los hongos; y lo mismo captaba a una mujer que a las arenas del desierto, fluía entre lo apacible y lo furioso.

Tenía un fetiche por las conchas, que bajo la iluminación y exposición precisa que les daba cobraban otro aspecto. Sus fotografías de hermosos objetos de la naturaleza, que fuesen casa y protección de algún ser vivo, son capaces de comunicar algo distinto al poder mirárseles así, en un contraste vivificante en el cual cada átomo de la coraza en cuestión tiene importancia.

Incitado por Tina Modotti –cansado de las prohibiciones americanas de época, y de la “típica muchedumbre de burgueses norteamericanos”–, Weston se decide a visitar México, inaugurando prontamente una exposición fotográfica en Aztec Land, una tienda de antigüedades y souvenirs para turistas. A esta proyección acudieron quienes tenían que acudir: Guadalupe Marín y Diego Rivera, y Doctor Atl acompañado de Nahui Olin.

Edward Weston enseñó al mundo a ver a la naturaleza de otra forma. A apreciarla en cada minúsculo detalle y por la profundidad que de ella emanaba. Y en este sentido, México –esencialmente sus texturas y formas geométricas– encajaba perfecto con la filosofía de Weston, el lúcido “mago de la lente”:

Feminismo comunitario en Oaxaca: El cuerpo como metáfora del territorio

La mujeres indígenas de Oaxaca tienen algunas lecciones de feminismo que compartirnos

Un susurro se transporta en el viento, pasando por el Istmo de Tehuantepec y llegando hasta la Sierra Norte de Oaxaca. Es el susurro colectivo de cientos de mujeres indígenas que se han organizado en torno al territorio y a las raíces que en él subyacen.

Son mujeres, no obstante, que consideran que la categoría de territorio entraña más que selvas, mares, campos y montañas; para ellas entraña también el cuerpo; su cuerpo. Desde los pies, pasando por las piernas, la vulva, el ombligo (centro de ese territorio), los senos y la cabeza; todo eso es su tierra.  

De esta amplia categoría de territorio ha devenido el feminismo comunitario, una práctica que se ha extendido por todo el estado de Oaxaca como un susurro, pero que se ha transformado en miles de voces exigiendo mejores condiciones de vida para los pueblos originarios y un alto a la violencia de género, tanto al interior como al exterior de sus comunidades. En esta simbiosis de cuerpos y territorios, de territorios y cuerpos, las mujeres han recuperado sus raíces y su dignidad, defendiendo todo lo que es sagrado en el mundo para ellas.

“El lenguaje neoliberal ha construido las cárceles para nuestros cuerpos que son las construcciones sociales-culturales y políticas que se hacen sobre los cuerpos”, dice Julieta Paredes, poeta, escritora y feminista comunitaria de Bolivia. Por ello, tanto la tierra como el cuerpo son en esta concepción espacios que se siembran, se cultivan, que se aman y se defienden. Las mujeres indígenas entienden que el cuerpo de una mujer es el primer y último territorio, el más inmediato, y que es suyo porque el cuerpo, como la tierra, es de quien lo trabaja.

Estas mujeres han hecho lo que otros feminismos no han podido: llevar a la práctica cotidiana el empoderamiento de la mujer, el cual va más allá de instancias jurídicas para posicionarse como un empoderamiento multidimensional en el cual se vuelven, antes que nada, regentes de su propio cuerpo. Así, y con la dignidad a tope, estas mujeres oaxqueñas han hecho sus propias alianzas productivas en sus localidades, haciéndose autosuficientes y combatiendo la carestía generalizada a la que están sometidos los pueblos indígenas de nuestro país. Incentivan así el apoyo mutuo en sus comunidades, mientras denuncian la violencia de género e intentan reconstruir y defender su identidad como mujeres y como indígenas.

Ponentes en el foro “Mujeres en el poder, comunidad y comunalidad” que se llevó a cabo en la Feria Internacional del Libro Feminista realizado en mayo de 2017, en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca

Una lógica diferente

Los indígenas, tanto en México como en otros países del continente, reivindican una lógica muy suya. Sin la necesidad de conocer las diatribas de la historia de la filosofía (predominantemente europea), las comunidades no dejan de darnos lecciones de lo que es aquello que los griegos llamaron praxis: la práctica más allá de la contemplación, la unión entre teoría y práctica. Porque mientras nosotros interiorizamos las formas de la competencia, ellos practican el apoyo mutuo; mientras que nosotros pensamos dicotómicamente, ellos piensan en todo un cosmos de posibilidades que rigen y transforman nuestro estar en este mundo.

Eso es lo que ha dado fuerza al feminismo comunitario el cual, con esas poderosas raíces de lógica indígena, ha podido hacer florecer la lucha de las mujeres al interior de los pueblos y comunidades originarias, demostrando que “feminismo” no es sinónimo de “europeo”, al igual que la praxis no fue un invento griego, sino una relación social que ellos, como indígenas, mantienen hasta el día de hoy sin tener que llamarle praxis. Ello no quiere decir que sean reticentes a aceptar otras visiones del mundo exteriores a su cosmogonía, pero saben que es fundamental, antes que nada, el rescate de sus raíces. Eso es lo que han hecho las mujeres que han encontrado en el feminismo un lenguaje que parecía ajeno, pero que con el tiempo se ha descubierto como uno que puede ser traducido al mixteco, al zapoteco, al mixe o al chinanteco por igual.

“Para entender la despatriarcalización lo primero que hay que entender es la descolonización del tiempo, que nuestros pueblos y nuestras comunidades nos estamos conceptualizando como un cuerpo y desde allí es que vamos hablando”, dice Julieta Paredes.

Las mujeres de Oaxaca y de otras comunidades, como la de Cherán, en Michoacán, nos dan así la más importante lección de feminismo (entre muchas otras): que el feminismo es un lenguaje no monopolizable y que debe ser, ante todo, hablado de forma cotidiana para aprenderlo, entenderlo e ir haciéndolo parte de la vida de todas y todos. 

*Imágenes: 1)Pinterest, 2)NSS Oaxaca

Sandra Vanina Celis
Autor: Sandra Vanina Celis
Hija de tiempos posmodernos, pero aún así terca en la necesidad de construir el socialismo. Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio.