El día que André Breton declaró a México el país más surrealista del mundo

México destila surrealismo y en 1938 André Bretón lo corroboró cuando mando a hacer una mesa con un carpintero mexicano.

En México el surrealismo no es un movimiento artístico o una corriente filosófica sino un ingrediente de su genética cultural. Para comprobarlo basta echar un vistazo a sus danzas y rituales, a su gran tradición encabezada por curanderos y chamanes, a la magia que sedujo a incontables ocultistas europeos o, también, a los criterios ornamentales que imperan en su transporte público.

Existe una genial anécdota que nos cuenta cómo es que André Breton, el francés considerado como fundador del surrealismo, llegó a la conclusión de que México era el país más surrealista del mundo. La historia cuenta que en 1938, cuando Breton visitó México y maravillado por la refinada artesanía que distingue al país, quiso encargar a un carpintero local una mesa artesanal. Como sugería el protocolo cartesiano, bocetó la silla que quería, en perspectiva, por lo cual el cuerpo resultante era una especie de rombo descompuesto. Días después de haber entregado su boceto, Breton recibió una mesa exquisitamente manufacturada, bien montada y con un acabado espléndido. Solo que el carpintero mexicano, con plena naturalidad, había mantenido una completa fidelidad al modelo bocetado por el francés, por lo cual la mesa, de tres patas cada una de distinta altura, era más bien un cuerpo amorfo –una abstracción mobiliaria–.

A raíz de este episodio Breton no dudó en proclamar a México como “el país más surrealista del mundo”. Eventualmente Salvador Dali, quien también visitó México, respaldaría a Breton, advirtiendo que jamás regresaría a este, un país más surreal que sus pinturas. 

Así que, independientemente de que México sea o no el país más surrealista del planeta, lo que queda claro es que aquí la metáfora es, con frecuencia, una realidad palpable –lo cual ofrece un encanto incomparable–. 

Extraños descubrimientos arqueológicos que cambiaron nuestra visión sobre el pasado

Hemos dado con auténticas rarezas que la historia mexicana se tenía bien guardaditas…

En un país como este, donde la diversidad es inmensa, la historia cobra un sentido muy particular. Sin quererlo, tal vez, la hemos transformado en una especie de “pasado común”, un origen que todos compartimos y que por su aparente majestuosidad y profunda relación con lo divino, a cualquiera provoca orgullo.

Pero la verdad es que no tenemos idea de lo que significaba habitar los lugares que nuestra historia imagina; y menos las formas de pensar (y ser) de las personas que ahí estuvieron. Incluso las culturas “herederas” de algunas de estas antiguas tradiciones, los “pueblos indígenas”, tienen solo sospechas sobre ese pasado; lo que sí resguardan y es digno de explorarse y conocerse son leyendas, mitos y otras narraciones orales que los conectan con las de sus más antiguos abuelos.   

En ese sentido, los descubrimientos arqueológicos, las evidencias que constantemente brotan de la tierra y que nos dejan algunas pistas sobre el pasado, no dejan de sorprendernos y siempre ponen a prueba lo que ya teníamos por seguro. Además, muchas veces, en lugar de conectarnos con las vidas de antes, nos distancian, porque muchos vestigios son resultado de prácticas que están lejísimos de nuestra comprensión y hasta nos asustan (como los sacrificios).

Estas rupturas, estos “desengaños”, pero también las curiosidades que nos fascinan y los momentos de auténtica identificación, dicen mucho más de nosotros, del presente, que del pasado. Y tal vez por eso son tan emocionantes, porque nos están haciendo preguntas con las que no nos hubiéramos encontrado si, de manera incidental, nuestros ancestros no hubieran dejado por ahí, en lo profundo, piezas de un rompecabezas que nunca terminaremos de construir.

Te presentamos 10 extravagantes descubrimientos arqueológicos que cambiaron para siempre nuestra visión sobre el pasado.

Túnel al inframundo en Teotihuacán

En 2003 el investigador Sergio Gómez Chávez se encontró casi por accidente con un inmenso túnel debajo de la pirámide de Quetzalcóatl en Teotihuacán. Lo que hallaron ahí Gómez y su equipo es absolutamente fantástico y la investigación sobre el contenido hasta 2018 ha podido ser presentada en la forma del fantástico video de 360° que está arriba. El túnel estaba compuesto por tres cámaras mortuorias llenas de maravillas: ojos de cristal, esculturas de jade, figurillas de diorita y una especie de maqueta del inframundo, representando a escala montañas y lagos (que antaño estaban rellenos de mercurio, en representación de las aguas oscuras) y en las paredes de las cavernas, manchas de pirita, simulando estrellas.

También en Más de México: Entre reflejo y reflejo: la elusiva historia de Teotihuacán como un espejo

Ofrenda de finas joyas para Huitzilopochtli

En 2016 se encontró una ofrenda más (entre 205) a Hutzilopochtli en el Templo Mayor, en la CDMX. Pero esta tenía algo muy especial: los restos de un lobo de 8 meses ataviado con finísimas joyas de oro y conchas; según los investigadores que las descubrieron las piezas más magníficas hasta el momento. De acuerdo a los arqueólogos, se pensaba entre los mexicas al lobo como un guía para los muertos y, evidentemente, los antiguos indígenas estaban seguros del valor de las joyas y el oro, fetiche que extrañamente ligamos solo con “los españoles”.

Inmenso tzompantli, altar de cráneos

En 2015, en un predio en pleno centro de la Ciudad de México, se descubrieron múltiples maravillas insospechadas; entre ellas el Huey Tzompantli, una estructura mexica formada con cabezas de sujetos sacrificados o enemigos matados. Además, fue encontrada una ofrenda ritual cerca de un juego de pelota con los huesos cervicales de 32 personas. Por supuesto esta visión podría resultar escandalosa; pero antes de defenderla y argumentar que los mexicas y otras culturas antiguas “veían la muerte y vida distinto”, hay que recordad que los sacrificios tenían que ver con un asunto de orden cósmico, universal; del ritual dependía la mismísima existencia. Tendría algo de honorable, además, prestar la vida a esa causa. Aún ahora es preferible a otras salidas.

Peculiar entierro de perros prehispánicos

En múltiples entierros prehispánicos se han encontrado restos caninos y no es extraño pues se piensa que los perros eran guías para los muertos. Pero este es muy peculiar pues contenía 12 esqueletos de techichi y xoloitzcuintli.

Sacrificio infantil para el dios de la guerra

En 2017, arqueólogos del INAH encontraron un entierro infantil dedicado Huitzilopochtli y no es el primero: en 2005 se había descubierto uno muy similar. Los niños estaban ataviados con adornos corporales y motivos del dios de la guerra. El niño de esta segunda ofrenda tenía aproximadamente 5 años. Sin duda este es el tipo de descubrimientos que nos “alejan”; pero tendríamos que ponernos en unos zapatos muy distintos a los nuestros para poder entender en qué medida las necesidades (interpretadas por sujetos mundanos) de las divinidades eran implacables.

Reina Roja

Fue en Palenque donde se encontró una mujer de la realeza digna de ser enterrada con uno de los más lujosos ajuares jamás encontrados. Hoy sabemos que Hun K’Anleum fue una mujer destacada en la política de la ahora zona arqueológica, cambiando el prejuicio de que no había mujeres en ese tipo de cargos. La llamamos Reina Roja porque fue enterrada pintada de rojo con un mineral (cinabrio).

Cuetzalan, el pueblo que te espera en la frontera entre sueño y realidad

Un jardín de exuberancia botánica y cultural, así es Cuetzalan del Progreso, en la Sierra de Puebla.

Enclavado en la Sierra de Puebla se materializó un ensueño. Las cualidades oníricas de Cuetzalan del Progreso azoran incluso a los mexicanos que han tenido la fortuna de recorrer su país –uno que por cierto seguido se viste de imaginario.

Afirmar que México es un país que por naturaleza supera los límites de lo “real” es ciertamente un lugar común. Incontables son los rincones y situaciones que animan esta premisa, lo mismo que incontables son las voces que a lo largo de la historia lo han advertido –incluidos diversos próceres de lo “surreal”, como Buñuel, Dalí, Carrington y el propio Bretón. Pero cuando uno se topa con este pueblo, con Cuetzalan, es casi imposible no recalcarlo una vez más. A fin de cuenta puede que el nuestro sea, ante todo, un país preciosamente inverosímil.cuetzalan_calles_casas

Calles empedradas, laberintescas, sirven como arterias para recorrer este pueblo conformado sobretodo por construcciones sobrias con lomos entejados; iglesias entre las que destacan la Parroquia de San Francisco y el genialmente gotiquesco Santuario de Guadalupe (o “Iglesia de los Jarritos”) –por cierto, la primera de estas, se traslapa a la vista con el gigantesco poste del cual se arrojan los voladores, cuyas sombras al anochecer acarician literalmente la fachada del templo mientras vuelan.

Un caudal de insumos naturales que se ofrecen el día de mercado, en domingo, se encarga de recordarnos la riqueza original, desbordante, que tenemos en el país: vainilla fresca o seca, chiltepín, alberjón, enormes ramas de canela, tabaco listo para liar, incienso para las ceremonias y rituales, café de primera calidad y hasta cinco variedades de quelites; estos son solo algunos de los embajadores de la abundancia local.

El alumbrado de la plaza principal, cuya luz se entreteje con la neblina que seguido visita a Cuetzalan, colabora activamente en la creación de esta atmósfera de fantasmagoría semitropical. Montes que presumen verdes laderas, prolíficos cuerpos de agua, diversas variedades de helechos, algunos gigantes, de hasta tres o cuatro metros. Un ecosistema rebosante de alhajas botánicas, especie de bosque enjunglado, hace posible la coexistencia entre oyameles y hojas elegantes, entre liquidámbares y orquídeas.

dia de mercado en el pueblo de cuetzalan en puebla, mexico

Finalmente ese guion sensorial que se escribe al visitar el lugar, cobra sentido con el ingrediente humano: la calidez de su gente, esa que aún forma en esencia el lienzo colectivo de los mexicanos, es el máximo protocolo. El náhuatl se canta por todos lados, entre viejos y jóvenes, y los trajes típicos son aquí no un suvenir folclórico sino un elemento natural y cotidiano: ellos con camisa y calzón de manta amarrado a los tobillos, huaraches, sombrero de palma y morral de ixtle; ellas con camisas de manta adornada con cuello bordado, falda de enredo y generalmente descalzas.  

Así que si estás cerca de la Sierra de Puebla, o simplemente sientes un llamado a recorrer un destino azorante, recuerda que Cuetzalan está ahí, suspendido en atemporal neblina, siempre bien dispuesto a recibirte.


 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

El surrealista de los fantasmas que se casó con México: Wolfgang Paalen

Wolfgang Paalen se convirtió en el amante de un México abstracto, y no como uno que absorbe sus raíces ni que las transforma: contempló el tiempo y el espacio, cambiando la imagen del cosmos físico de la cultura mexicana.

Suelen decir que Wolfgang Paalen, un hombre sin hogar que tenía la obsesión de trascender y el gusto por el insight, logró fundamentar su propia cosmogonía como un drama mental de existencia y difuminación. A través de sus viajes en Europa y América, principalmente México, Paalen transformó las definiciones del pensamiento, materia, arte y Surrealismo, en un espacio cósmico abierto por y para el individuo.

Antes de que Paalen fuera uno de los grandes amantes de México, este excéntrico artista pasó de ser el hijo de la nobleza vienesa a convertirse en la mano derecha de André Breton. Envuelto en un historial familiar de depresión y suicidios –como el de su padre y hermano–, Paalen solía expresar sus experiencias fantasmagóricas con sus familiares pintando, al principio, espacios políglotas de apariciones y resonancias aptas a cuantiosas formas según la percepción. Sin embargo, la culpa de superviviente, encausada por una culpa arquetípica de su cultura, lo persiguió hasta el fin de sus traumas, experiencias, alegrías, miedos y visiones.

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Para él, su arte –y vida– tenía el objetivo de encontrar de nuevo a su hermano para que, de alguna manera, pudiese recuperar su habilidad de ver, creer y existir. Si bien comenzó a gozar de un alto reconocimiento en el mundo artístico en Europa, principalmente al ser mano derecha del padre del Surrealismo, André Breton, para Paalen la fama no era más que un espejo distorsionado que llevaba a un estado alterado de consciencia. Por lo que él estaba hambriento del movimiento, nuevos inicios.

Paalen quería que su experiencia artística se tradujera en la evolución de un proceso casi terapéutico. Por ello viajó al Nuevo, acompañado de su esposa Alice y su amiga Eva Sulzer. Nunca se imaginaron, él ni su esposa, que este viaje sería la premonición de su ruptura amorosa. Primero llegaron a Nueva York, en donde se vieron envueltos con numerosos intelectuales, artistas y galeristas. Después, sin haberlo planeado, llegó a México como invitado especial de Frida Kahlo.

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En 1939, Paalen llegó a México mientras que en Europa se desataba la II Guerra Mundial. Tras una temporada cercana de la casa de Kahlo y Rivera y de León Trotsky, el vienés decidió establecerse en un nuevo estudio en San Ángel, en la ciudad de México. Se trató de un espacio en el que se albergaba un monstruoso oso en la parte superior y un enorme pene de ballena que consiguió en Wrangell. Cuando le preguntaban al respecto de la decoración de su estudio, él respondía que se trataba de una instalación arquetípica del anima-animus, la cual solía inspirar a su mente en todo sentido y así expandir su pasión por el arte Tótem.

Frey Norris explica que el artista intentó revolucionar el constructo freudiano del totemismo –el horror de incesto y el suicidio de su padre–, al simbolizar el oso como la madre que estaba detrás de todo argumento de Paalen, como un compañero silencioso en su diálogo:

Nada será tan apasionante que la conversación íntima entre un hombre y un animal en un atardecer totémico. Es más grande que la polarización teocrática de Egipto, más audaz que el arte griego, más ardiente que el fuego glacial de los mosaicos bizantinos, y más puro que las constelaciones cubistas que brillarán siempre para aquellos que abandonan para una expansión, y cuyos mapas aún están por realizarse, y cuyas profundidades aún están por descubrirse: es un espacio nuevo.

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Conforme iba pasando tiempo en México, él comenzó a escribir, pintar sin interrupciones, leer en vez de dormir. Por momentos lograba olvidarse de su terrible miseria y melancolía, de su cruenta inseguridad acerca de lo correcto o exitoso que realizaba en el mundo. Fue así que sus pinturas comenzaron a reflejar un mundo onírico de materia desintegrante con figuras fibrosas de altura extraordinaria; mientras que él, a través de sus estudios a medianoche, descubrió que la materia no es más que una gama de sombras que inundan una recámara como un gas líquido: “Reflejos en la superficie de un ojo que sueña despierto, como si el ojo mismo mirara con un macrolente poderoso sobre materia sólida, fuera del fenómeno de percepción.”

Desde entonces Paalen hizo el amor con México, dando como resultado una tabula rasa, una resonancia de las apariciones internas y luces que advierten la existencia de lo irrealizable, lo impensable, lo posible. Como si a través de un filtro filmográfico, él pudiese ver la realidad más allá que una mera coincidencia de imágenes, si no como una experiencia valiosa con la fuerza creadora y trascendental.

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En este punto, Paalen se convirtió en el amante de un México abstracto, y no como uno que absorbe sus raíces ni que las transforma: contempló el tiempo y el espacio, cambiando la imagen del cosmos físico en que la cultura mexicana se veía inmersa; mandó un mensaje al viejo continente sobre la destellante presencia de este país misterioso que hilaba una realidad, una identidad, un simbolismo por ser descubierto.

Fue nombrado como “el hombre con un destello de presencia nuclear”, pues en México cargó sus pinturas de una esperanza arcana de tintes existencial en donde es posible estar en frente de la infinidad del universo sin miedo alguno. ¿Premonición o intuición?

1) Commons Wikipedia, 2) The Getty, 3) Museo Franz Mayer, 4) Textonauta

 

Maria Jose Castañeda
Autor: Maria Jose Castañeda
Psicóloga, educadora sexual, bailarina, lectora, persona. Ha colaborado en Algarabía, Pijama Surf, Petite Mort, entre otros.