¿Qué significan los lugares elegidos por el Papa para visitar en México?

Una casualidad estos espacios no son; existe un mensaje más comunitario según algunos especialistas.

Si consideramos que esta es la séptima visita de un máximo Pontífice México, la llegada del Papa Francisco era predecible. La relación de este país con la jerarquía católica es añejamente estrecha. Sin embargo, la postura del actual Papa pareciera ser otra en esta visita por los lugares de México que ha elegido.

México, algunos de sus estados, han sido golpeados por violentas realidades en años recientes. Y en este sentido, llama la atención que los sitios que ha elegido Francisco para visitar México sean sitios “incómodos”.

Este tema analizado en el coloquio A la ciudad y al mundo. Escenarios de la visita del Papa Francisco a México, organizado recientemente organizado en el ITESO y donde participaron diversos especialistas, concluyó que el mensaje de los lugares elegidos esta vez por el Papa en su visita (Ciudad de México, Morelia, San Cristóbal de las Casas y Ciudad Juárez) es explícito.

No son lugares cómodos como en otras visitas. No va a lugares eminentemente marcados por el catolicismo, como lo fue la visita de Benedicto XVI al Bajío. El Papa Francisco eligió lugares de frontera inminente“, dijo Juan Carlos Henríquez, SJ, académico del Departamento de Estudios Socioculturales (Deso) del ITESO.

De alguna manera los sitios elegidos son un mensaje en el que Francisco deslinda a la iglesia de una posición cómoda y autocomplaciente y en cambio busca, tal vez, reconfortar ese sentir colectivo que ha sido particularmente castigado en estas entidades. Así que más allá de estrategias de propaganda y agendas de comunicación, las cuales seguramente tienen cierta injerencia en la ruta mexicana del Papa Francisco, pareciera que en esta ocasión el mensaje de la Iglesia es también uno de conciencia y empatía ante problemáticas palpables.

Los ejemplos

San Cristóbal, Chiapas:

Según Forbes es el estado con mayor pobreza del país (aunque para muchos el más hermoso).

El Papa “tocará la herida abierta de Acteal, donde continúa la impunidad y no se ha logrado hacer justicia como en otras partes.

En Chiapas el mismo estado de la iglesia ha sido algo autóctono y la visita reconoce de algún modo el valor de ello. Por su parte ha sido un estado donde los derechos humanos han sido golpeados desde la conquista. En San Cristóbal, justo, fue donde  el Ejército Zapatista de Liberación Nacional hizo su aparición.

Ciudad Juárez:

Asociado altamente a la migración y a un estado de vulnerabilidad para las mujeres.

“La visita del Papa Francisco puede ser importante, porque recuperar ese sentido de comunidad es la mayor arma contra el crimen organizado”

Michoacán:

Fue el primer estado donde inició la llamada “guerra contra las drogas”. De alguna manera esa decisión fue un parteguas en las consecuencias de la violencia. Un estado simultáneamente marcado por su riqueza y belleza. 

 

19S: el día que “glitcheó” mi subjetividad (CRÓNICA)

Si México fuera “uno solo” no aguantaríamos nada. Son nuestros quiebres los que nos hacen resilientes.

Con cariño para las chicas de LCD y Sandra, Marén, Yolanda, Andrea, Ian y Javier

Por comprenderme.

Glitch: un quiebre y/o una disrupción en el flujo esperado de un sistema.

Nick Briz

“Únicamente quien supiera contemplar su propio pasado como un producto de la coacción y la necesidad, sería capaz de sacarle para sí el mayor provecho en cualquier situación presente. Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”.

Walter Benjamin, Dirección única, 1928


La muerte nos va a agarrar parejo. Por eso en secreto la llamaré “la democrática”, la horizontal, la incluyente. Lo que plantea su materialidad  no discrimina, como invariablemente hacemos nosotros, los sujetos.

El 19 de septiembre de 2017 llegué tarde a la oficina en la Condesa, CDMX. Estaba decidiendome entre escribir una nota sobre Alberto Kalach y una sobre maíz transgénico, cuando de pronto, a pesar del simulacro, de la efeméride y de todo pronóstico sobre lo poco poéticas que son nuestras vidas, empezó a temblar. Lo sentí inmediatamente, como un jalón que, específicamente se enganchó a mi corazón. Este, haciendo lo posible por no frenarse, dio un vuelco y luego otro. Mi mirada buscó la de la chica que estaba escribiendo junto a mí: corre. Una confirmación extraña y después los gritos, anunciando a todos, que paradójicamente, había que abandonar la casa: estaba temblando.

No era como otras veces. La intensidad, la tierra haciendo resonar sus benditas entrañas lacustres, nunca había conocido esa sensación. Pero fue en ese instante, cuando miré hacia arriba y los cables en el cielo dejaron de formar patrones cuadrados y se transformaron en ondas intensas, imparables —como olas de la costa de Oaxaca—  que comprendí que algo en mí estaba quebrándose para siempre.

 
 
 
 
 
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Mi cuerpo quería desparramarse, fracturarse. El enfrentamiento con La Democrática, que siempre había esperado —como supongo que hace casi cualquier mexicano, desde que empezó la guerra contra el narco— no se anunció, no me alertó y en ese aparecer espontáneo me hizo hincarme. “Párate, no puedes estar en el piso”, que, por cierto, estaba rompiéndose, también, como yo. El abrazo de la otra redactora me contuvo y su rostro, implorando mi calma que, francamente, nunca llegó. Pero me levanté, a tiempo para ver caer pedazos enteros del edificio de enfrente, sobre todo ese grande que cayó sobre un perrito o gatito negro, cuyo torso terminó aplastado y funcionó, para mí, como evidencia suficiente de que el mundo que conocía había terminado.

“Mi hermana”, murmuré y luego grité múltiples veces, desnudando mi propia estructura y anunciando que, en efecto, solo quería confirmación de que mi hermana estaba bien. Los momentos que siguen son confusos, el gas inundó las calles y un par de ventanas estallaron. Corre. De nuevo. Corre. Cientos de sujetos corriendo sin rumbo, solo para encontrarse con otros cientos. El control: lo perdí. Fue inmediato. Perdí el control. Pasaba de la ansiedad, de la risa, a los gritos, al llanto incontenible. Perdí el control: mi estructura se evidenció de tal manera, con tanta transparencia, que desaparecí.

Confirmé rápidamente el bienestar de mi hermana y de tantos otros queridos. Por el momento, las cosas estaban estables. Ironía. La calle era un caos y la noticia repentina de que el epicentro había sido en Morelos me cayó terrible, soy de allá y mi casa allá está, con mi mamá y otra hermana. Y mis amigos de antes. Y los cerros. Y las cosas que conozco.

Mi papá me compartió un mensaje que dejó más en claro el panorama: la lista de edificios que, hasta el momento, habían sido registrados como colapsados. Escuelas, primarias, multifamiliares completos. Muchos cerca de mi casa.

Una buena amiga me recogió y realizamos una travesía inmensa desde la Condesa, hasta la Alberca Olímpica.

Algunos episodios notables:

  1. Insurgentes, abarrotada de seres humanos, anticipando que los próximos días, las calles iban a pertenecer a los peatones y no a los coches.
  2. La farmacia, donde compré sueros a 30 pesos (“Lucrando con el temblor”, le dije cínicamente a la tendera) y un par de cajas de ketorolaco, estaba prácticamente vacía; delatando a mi ser paranoico que probablemente habría escasez, pero estaba equivocada, en los días que siguieron, no faltó nada.
  3. Una mujer vendiendo plátanos, hizo eco en lo que restaba de humanidad en mí y compré un par de kilos que cargué psicoticamente hasta la casa y terminé regalando a brigadistas.
  4. Una señora de 90 años en silla de ruedas, y su cuidadora de más de 60, que me llevé conmigo y mi amiga, y los plátanos, en una escena que me recuerda (y no sé bien por qué) a El Viaje de Chihiro.
  5. Los de la marina corriendo formados, cargando picos y la visión lejana del primer edificio colapsado que presencie en la vida.

Llegar al departamento no fue agradable. Mi pésima reacción había marcado una distancia seria entre mi subjetividad y las de los demás. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. De ahí en adelante se hizo mucho: además de ayudar a controlar el tráfico en una ciudad sin semáforos, no dormir por 6 días, ayudar en los acopios, cargar, perseguir derrumbes, el momento más importante fue la breve participación que tuve en las brigadas.

No quisiera repetir lo que posiblemente todos han pensado. Sí, la solidaridad fue inmensa. Escuché por ahí la frase: “tranquilos, todos tienen derecho a ayudar”, mientras nos formaban y vestían con cascos y guantes para acercarnos más o menos protegidos a los derrumbes a cargar piedra. Éramos tantos. Pero lo increíble, lo que realmente me marcó fue que “no éramos uno”, México no “fue uno” ese día, para nada. La Democrática no agarró parejo. No ese día. Éramos un chingo, eso sí, y éramos absurdamente distintos y era obvio que no veníamos ni del mismo lado, ni estábamos cortados con la misma tijera; pero estábamos juntos.

El glitch, la falla espontánea en el sistema, la acumulación de tensiones que culminó en caos, me partió en miles, me hizo perder el control y cuando me encontré con mis cimientos, no había nada (en serio, nada, carajo, es carne), pero entre esas grietas, lo que vi, lo que sentí, fue a un chingo de personas. Unas me dieron comida, otras café, unas me abrazaron, me protegieron, me llamaron, me buscaron. Me subí al coche de un hombre desconocido: ¿en qué clase de circunstancia haría tal estupidez?  El señor nos llevó a varias chicas apretujadas a un derrumbe. Feliz de hacer algo, de poner en marcha el coche, de funcionar como un puente entre la geografía y la materialidad-peatón y no ser un vehículo predominante en el diseño de lo urbano.

Una anécdota divertida, que resume para mí el estar-juntos:

19-septiembre-19s-sismo-temblor-reflexion-cronica
Todos dieron lo que tenían. Por suerte lo que ellos tenían eran tacos al pastor…

El 20 de septiembre de 2017, llevábamos horas formados intentando pasar al derrumbe en Petén (lugar que nunca voy a olvidar), acababan de sacar a alguien, pero sin vida: los ánimos bajaron. Estaba lloviendo. Hacía frío. Estaban al borde de sacar a otra persona más, con vida. “¡Mazos! ¡Mazos!” comenzaron a gritar todos. Necesitaban mazos. Así, todos gritabamos, el mensaje se corría y alguien en algún momento llegaría con un mazo; un pinche mazo, era la distancia entre el afuera y el adentro para alguien. No llegaba, gritábamos como idiotas y no llegaba. Llegó. Silencio. Puño en alto. A la espera. Tal vez sale. Tal vez sale y bien. En eso, de la nada, un tipo llega corriendo a la zona con una cantidad absurda de vasos, desbordando vasos. “¡Aquí están, aquí están los vasos!” gritó emocionado, convencido de su utilidad. “Mazos, pendejo” le dijo alguien. Todos nos empezamos a reír, también el de los vasos, risas y llanto, claro. Risas a lo cabrón. Unos minutos después se alzaron los puños. Los mazos (y los vasos) cumplieron su cometido. Alguien salió con vida. ¿Quién? Pues qué chingados importa. Estaba vivo.

No tengo nada contra La Democrática. En cualquier caso, nos va a agarrar parejo. Ese día aprendí eso. Pero así como ella, también entendí que nuestra identidad, la narración de estas subjetividades trabajando en conjunto, también puede ser como la muerte, agarra parejo. Yo lo viví, no se me olvida. Cada vez que aparecen los gandallas, que matan a alguien o lo desaparecen, me acuerdo de que ustedes también pueden agarrar parejo. De que si hoy tiembla (bendita poesía), van a venir por mí. Y yo voy a ir por ustedes. Hoy, solo hoy, no importa lo que significa ser mexicano.

Cortesía de Juan Villoro, para quienes no saben quiénes son: son el lugar donde habitan; son el espacio que administran. ¿Y de dónde son? Son del lugar donde recogen la basura. Y yo también. Ahí te espero.

Epílogo

 
 
 
 
 
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La muerte natural no existe: cualquier muerte es un asesinato. Y si no se protesta, se consiente. Yo desconfiaría aún con el dedo en Su llaga.

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El 23 de septiembre de 2017 volvió a temblar. Una cosa llevó a la otra y terminé con un ataque de ansiedad imparable y terrible. Como nunca antes sentí la distancia entre mi subjetividad y la de otros. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. Perdí mucho ese día. Además del control, la confianza de mis amigos.

Estaba tan quebrada que tuve que delegar mi propia vida a otras personas. Tuve que pedir cuidados y protección, explícitamente. Me dio coraje, hoy todavía me da coraje, tenerle tanto miedo a la muerte. Me da coraje no hablar de eso. Me da coraje que tú o tus amigos, o tu familia, hayan vivido una desgracia. Una “pérdida irreparable”. La pérdida de la vida es reprochable, porque siempre implica una pérdida de la posibilidad. Y hace parecer que los cuidados en vida son inútiles. Pero no creo que lo sean.

A todos los que están sufriendo, por esta y otras catástrofes hago una promesa solemne: prometo cuidar la vida, prometo luchar por la posibilidad dentro de la posibilidad. Prometo mantener la calma, hasta donde me sea posible. Claro que también prometo permitir mis quiebres, porque a ellos les debo estas lecciones vitales. Estas vivencias.

Sigo en la CDMX, todavía no estoy lista para despedirme.

Con el puño en alto.

También en Más de México: Reflexiones de grandes escritores mexicanos sobre el sismo de 1985 que hoy valiera releer

*Imágenes: Destacada: AFP; Cuartoscuro.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.
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8 destinos sagrados de peregrinaje en México

A muchos de ellos, desde época prehispánica, miles ya los visitaban por su fascinante mistcismo.

Pareciera que los humanos gozamos de cierta intuición para detectar los lugares más especiales, y en nuestra búsqueda de sentido, no es extraño que milenariamente asociemos ciertos sitios a un vínculo divino.

Desde la época prehispánica en México existen lugares sagrados a donde han acudido miles cada año para encontrar auxilio, refugio, o expresar su gratitud. Muchos de los lugares a los que hoy miles acuden, son de hecho espacios a los que llegaron los peregrinantes mucho antes de la llegada de los españoles. Como ejemplo, se conoce que solo en las inmediaciones de Tenochtitlán y Texcoco, los españoles construyeron 68 templos sobre estructuras sagradas, e incluso, hoy quedan 20 en pie.

Por lo anterior las rutas de peregrinaje en México, incluso hoy, están muy ligadas a los trayectos religiosos de los habitantes mesoamericanos desde hace miles de años.

Presentamos algunos espacios sagrados de peregrinaje más importantes de México donde miles depositan su esfuerzo, esperanza; sitios cargados de fé y misticismo.

 

Cerro del Tepeyac (Toci-Tonantzin-Basílica de Guadalupe)

peregrinos basilica de guadalupe

En la época prehispánica aquí se encontraba un pequeño centro adoratorio a Tonantzin (nuestra madre venerada). Distintas deidades mexicas recibían el nombre de Tonantzin, como: Coatlicue, Cihuacóatl y Teteoinan (madre de los dioses). Tonantzin, a quien se aludía como Nuestra Señora, embona perfectamente con la relación católica hacia la Virgen María. Incluso muchos indígenas aún hoy usan el concepto de culto a Tonantzin- Guadalupe.

A este lugar acudían miles de muy lejanas tierras, según narra Fray Bernardino de Sahagún:

Venían a ella de muy lejanas tierras, de más de veinte leguas de todas las comarcas de México, y traían muchas ofrendas: venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas. Era grande el concurso de gente en estos días y todos decían ‘vamos a la fiesta de Tonantzin. (….) y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin como antiguamente.

 

Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos

Basilica de Nuestra Senora de San Juan de los Lagos

Luego de la Basílica de Guadalpue, es el segundo lugar del país que más recibe visitantes regiliosos (unos 5 millones al año). A esta ciudad el fraile franciscano Miguel de Bolonia en el año 1542 dotó de la imagen de esta Virgen que es considerada como milagrosa desde la época colonial.

 

Cerro del Cubilete, Guanajuato

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En la cima de este cerro fue construido el monumental Cristo de la Montaña en 1940. Plutarco Elías Calles había mandado dinamitar un cristo que había sido erguido en el mismo lugar desde 1920. Hoy es el tercer lugar católico de México que más cantidad de visitas de peregrinos recibe. Generalmente llegan a las faldas del cerro camiones colmados de personas que luego suben a pie en una de las peregrinaciones más importantes del país.

Chalma 

peregrinacion chalma lugares sagrados mexico

De origen prehispánico, en este pueblo se rendía culto al dios Oztotéotl, cuya imagen se encontraba en una cueva. Según los agustinos, en este lugar mismo se apareció la imagen de Jesús Crucificado, y enonces el cuto transmutó al cristiano. Cada año miles llegan a este santuario de distintas rutas de peregrinaje, y es una de las  más notorias, ya que en el camino los peregrinantes dejan muestras de culto como una manera de homenaje y devoción.

Plateros, Fresnillo: Santo Niño de Atocha

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Este sitio se hizo famoso cuando supuestamente el Santo Niño de Atocha comenzó a aparecer con los pies sucios (tal como la historia de esta figura en España). Mineros de esta zona de Zacatecas que habían quedado atrapados declararon que habían sido alimentados y rescatados por esta figura convertida en un niño verdadero. Desde entonces es muy venerado como milagroso, miles acuden a visitarlo cada año, sobre todo de la zona occidente del país.

 

Izamal, Yucatán

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Itzamná es un lugar milenario de tierras sagradas, donde según la tradición, yace enterrado el sumo sacerdote de los mayas. Esta ciudad que hoy es famosa también por estar pintada de amarillo y ha sido visitada por sus atribuciones religiosas desde hace milenios. Luego de la conquista, la imagen de la inmaculada para esta ciudad se hizo muy famosa por sus milagros. Así, a este lugar acuden miles cada año para pedir sus favores, sobre todo del sureste del país. El Santuario de la Virgen de Izamal es el segundo templo más grande del mundo.

 

San Judas Tadeo, Templo de San Hipólito

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Es indudable el fervor que se respira en las calles del centro del país cada día 28, sobre todo el 28 de octubre, para venerar a San Judas Tadeo, el santo de las causas imposibles. Principalmente al Templo de San Hipólito en la Ciudad de México miles acuden a agradecerle e implorarle, cargando con ellos las esculturas de este santo. Se trata de uno de los templos más antiguos del catolicismo en México, edificado en 1521 como una celebración por la toma de Tenochtitlán, en el mismo lugar donde Hernán Cortés había instalado una ermita para conmemorar a los españoles caídos la Noche Triste. Así, este espacio lleva más de 500 años de veneración religiosa.

 

Peregrinajes no católicos

Santa Muerte, Ciudad de México

 iglesia santa muerte tepito

Este culto de raíces prehispánicas y con sede en el barrio de Tepito, obtuvo su registro oficial en el 2007 y cada vez más personas reconocen abiertamente su culto a esta. Hoy tiene al rededor de 5 millones de devotos y cada año miles acuden al Rosario Anual de la Santa Muerte en Tepito.

 

*Imágenes: 1) flickr.com/Guanajuato México;2) themexicantimes.mx; 4) México en Fotos 5) Héctor Espinosa; 6)TripAdvisor;7) thealoof.com; 8) Excélsior;  9)camara.cc

La distópica (y hermosa) iglesia sepultada por un volcán en Michoacán

En 1943, apareció entre las milpas un cráter, el más joven del mundo, y luego San Juan Parangaricutiro quedó sepultado en magma.

Una de los escenarios más hermosos imaginados en historias de ciencia ficción, es cuando la naturaleza se apropia de estructuras creadas por el hombre, o espacios que fueron habitables y por alguna catástrofe quedaron abandonados a merced de la yerba, y en este caso, de las gruesas capas de magma. San Juan Parangaricutiro era un pueblo en el estado de Michoacán, hasta que en 1943 un volcán surgido entre las milpas lo sepultó tras hacer erupción.

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El volcán Paricutín, el más joven del mundo, nació inesperadamente un 20 de febrero del mismo año, así lo contó Dionisio Pulido, el campesino que, siguiendo la leyenda, se encontraba labrando sus tierras cuando presenció el nacimiento del cráter. En tan solo 24 horas, el volcán medía ya 7 metros y en el transcurso de una semana su altura era de 50 y continuó en ascendencia hasta llegar a medir los 600 metros de altura. En el lugar ahora queda una extensa capa de lava seca, como un mar de rocas negras que en algún punto se detuvieron, contrastando con la vegetación que no fue tocada de una manera hermosa. Quizás lo más precioso de este paisaje distópico y abandonado en su totalidad, es la iglesia que resistió el cataclismo, la única huella que el pueblo puedo dejar presente de su existencia en aquel escenario.

La iglesia del primer pueblo de San Juan permanece ahí, inerte al paso de los años; la lava cubrió solo una parte de ella, dejándola inmóvil y fantasmal, como un poema visual escrito en las tierras de ningún lugar para aquellos viajeros solitarios que coleccionan recuerdos hermosos. Aunque el volcán permaneció en erupción durante 9 años, aún se pueden encontrar espacios donde la lava corre bajo la tierra: el calor, el vapor y las capas blanquecinas de azufre le delatan.

Actualmente se puede visitar el sitio; se recomienda llegar al pueblo de Angahuan, que es el más cercano y que cuenta con servicios de guía para visitar la zona.

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* Imagen: 1) Por mi tierra, 3) Morelianas