Ya puedes crear una empresa gratis y en 2 horas en México (gracias a la ciudadanía)

Gracias a la presión ciudadana la “Ley de Empresas en un día y costo 0” permitirá que los emprendedores formen una empresa en solo 2 horas.

Hay que reconocerlo con creces, en México gracias a la sociedad civil, este 9 de febrero se ha aprobado una ley que permite que los emprendedores del país puedan crear una empresa más fácil que nunca: la  Ley de Empresas en un día y costo 0.

Antes de esta aprobación, todo el que deseaba formar una empresa tardaba hasta 72 días en trámites notariales con costos implicados que llegaban a superar los 30 mil pesos.

Uno de los motores más importantes de la economía interna es la creación de empleos. Si las personas tienen más oportunidades para abrir un negocio entonces esto es considerado como de gran ayuda para la economía, sin depender de la engañosa inversión extranjera que favorece a empresas transnacionales con mayores privilegios de por medio en comparación con las nacionales.

Hace dos años la Asociación de Emprendedores de México (de la sociedad civil) ingresó la reforma a la Ley General de Sociedades Mercantiles que introdujo la Sociedad por Acciones Simplificada en el Senado. Luego pusieron en marcha una campaña en redes sociales con las que consiguieron hasta 23 mil firmar ciudadanas para la aprobación de esta iniciativa.

Este 9 de febrero, en un día histórico tanto para la sociedad civil como para los emprendedores, fue aprobada esta iniciativa en la Cámara de Diputados con 428 votos a favor y solo uno en contra.

Estamos muy contentos, porque después de dos años de un trabajo intenso logramos desde la ASEM que los emprendedores de México podamos constituir empresas tan rápido como en 2 horas y sin invertir un centavo, logramos concientizar a nuestros legisladores, quienes hoy nos demostraron que quieren que nuestro país avance. Declaró Fernando Mendivil, Presidente de la Asociación de Emprendedores de México.

Ahora la nueva ley llamada “Ley de Empresas en un día y costo 0” solo tendrá que ser publicada por el poder Ejecutivo y en septiembre de 2016 ya podrás abrir una empresa en un lapso de hasta 2 horas con un costo de 0 pesos.

Los emprendedores podrán constituir una empresa en línea. Un triunfo orgullosamente ciudadano y que incidirá favorablemente en la economía interna de México.

nueva ley abrir empresa un día 0 costo

19S: el día que “glitcheó” mi subjetividad (CRÓNICA)

Si México fuera “uno solo” no aguantaríamos nada. Son nuestros quiebres los que nos hacen resilientes.

Con cariño para las chicas de LCD y Sandra, Marén, Yolanda, Andrea, Ian y Javier

Por comprenderme.

Glitch: un quiebre y/o una disrupción en el flujo esperado de un sistema.

Nick Briz

“Únicamente quien supiera contemplar su propio pasado como un producto de la coacción y la necesidad, sería capaz de sacarle para sí el mayor provecho en cualquier situación presente. Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”.

Walter Benjamin, Dirección única, 1928


La muerte nos va a agarrar parejo. Por eso en secreto la llamaré “la democrática”, la horizontal, la incluyente. Lo que plantea su materialidad  no discrimina, como invariablemente hacemos nosotros, los sujetos.

El 19 de septiembre de 2017 llegué tarde a la oficina en la Condesa, CDMX. Estaba decidiendome entre escribir una nota sobre Alberto Kalach y una sobre maíz transgénico, cuando de pronto, a pesar del simulacro, de la efeméride y de todo pronóstico sobre lo poco poéticas que son nuestras vidas, empezó a temblar. Lo sentí inmediatamente, como un jalón que, específicamente se enganchó a mi corazón. Este, haciendo lo posible por no frenarse, dio un vuelco y luego otro. Mi mirada buscó la de la chica que estaba escribiendo junto a mí: corre. Una confirmación extraña y después los gritos, anunciando a todos, que paradójicamente, había que abandonar la casa: estaba temblando.

No era como otras veces. La intensidad, la tierra haciendo resonar sus benditas entrañas lacustres, nunca había conocido esa sensación. Pero fue en ese instante, cuando miré hacia arriba y los cables en el cielo dejaron de formar patrones cuadrados y se transformaron en ondas intensas, imparables —como olas de la costa de Oaxaca—  que comprendí que algo en mí estaba quebrándose para siempre.

 
 
 
 
 
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Mi cuerpo quería desparramarse, fracturarse. El enfrentamiento con La Democrática, que siempre había esperado —como supongo que hace casi cualquier mexicano, desde que empezó la guerra contra el narco— no se anunció, no me alertó y en ese aparecer espontáneo me hizo hincarme. “Párate, no puedes estar en el piso”, que, por cierto, estaba rompiéndose, también, como yo. El abrazo de la otra redactora me contuvo y su rostro, implorando mi calma que, francamente, nunca llegó. Pero me levanté, a tiempo para ver caer pedazos enteros del edificio de enfrente, sobre todo ese grande que cayó sobre un perrito o gatito negro, cuyo torso terminó aplastado y funcionó, para mí, como evidencia suficiente de que el mundo que conocía había terminado.

“Mi hermana”, murmuré y luego grité múltiples veces, desnudando mi propia estructura y anunciando que, en efecto, solo quería confirmación de que mi hermana estaba bien. Los momentos que siguen son confusos, el gas inundó las calles y un par de ventanas estallaron. Corre. De nuevo. Corre. Cientos de sujetos corriendo sin rumbo, solo para encontrarse con otros cientos. El control: lo perdí. Fue inmediato. Perdí el control. Pasaba de la ansiedad, de la risa, a los gritos, al llanto incontenible. Perdí el control: mi estructura se evidenció de tal manera, con tanta transparencia, que desaparecí.

Confirmé rápidamente el bienestar de mi hermana y de tantos otros queridos. Por el momento, las cosas estaban estables. Ironía. La calle era un caos y la noticia repentina de que el epicentro había sido en Morelos me cayó terrible, soy de allá y mi casa allá está, con mi mamá y otra hermana. Y mis amigos de antes. Y los cerros. Y las cosas que conozco.

Mi papá me compartió un mensaje que dejó más en claro el panorama: la lista de edificios que, hasta el momento, habían sido registrados como colapsados. Escuelas, primarias, multifamiliares completos. Muchos cerca de mi casa.

Una buena amiga me recogió y realizamos una travesía inmensa desde la Condesa, hasta la Alberca Olímpica.

Algunos episodios notables:

  1. Insurgentes, abarrotada de seres humanos, anticipando que los próximos días, las calles iban a pertenecer a los peatones y no a los coches.
  2. La farmacia, donde compré sueros a 30 pesos (“Lucrando con el temblor”, le dije cínicamente a la tendera) y un par de cajas de ketorolaco, estaba prácticamente vacía; delatando a mi ser paranoico que probablemente habría escasez, pero estaba equivocada, en los días que siguieron, no faltó nada.
  3. Una mujer vendiendo plátanos, hizo eco en lo que restaba de humanidad en mí y compré un par de kilos que cargué psicoticamente hasta la casa y terminé regalando a brigadistas.
  4. Una señora de 90 años en silla de ruedas, y su cuidadora de más de 60, que me llevé conmigo y mi amiga, y los plátanos, en una escena que me recuerda (y no sé bien por qué) a El Viaje de Chihiro.
  5. Los de la marina corriendo formados, cargando picos y la visión lejana del primer edificio colapsado que presencie en la vida.

Llegar al departamento no fue agradable. Mi pésima reacción había marcado una distancia seria entre mi subjetividad y las de los demás. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. De ahí en adelante se hizo mucho: además de ayudar a controlar el tráfico en una ciudad sin semáforos, no dormir por 6 días, ayudar en los acopios, cargar, perseguir derrumbes, el momento más importante fue la breve participación que tuve en las brigadas.

No quisiera repetir lo que posiblemente todos han pensado. Sí, la solidaridad fue inmensa. Escuché por ahí la frase: “tranquilos, todos tienen derecho a ayudar”, mientras nos formaban y vestían con cascos y guantes para acercarnos más o menos protegidos a los derrumbes a cargar piedra. Éramos tantos. Pero lo increíble, lo que realmente me marcó fue que “no éramos uno”, México no “fue uno” ese día, para nada. La Democrática no agarró parejo. No ese día. Éramos un chingo, eso sí, y éramos absurdamente distintos y era obvio que no veníamos ni del mismo lado, ni estábamos cortados con la misma tijera; pero estábamos juntos.

El glitch, la falla espontánea en el sistema, la acumulación de tensiones que culminó en caos, me partió en miles, me hizo perder el control y cuando me encontré con mis cimientos, no había nada (en serio, nada, carajo, es carne), pero entre esas grietas, lo que vi, lo que sentí, fue a un chingo de personas. Unas me dieron comida, otras café, unas me abrazaron, me protegieron, me llamaron, me buscaron. Me subí al coche de un hombre desconocido: ¿en qué clase de circunstancia haría tal estupidez?  El señor nos llevó a varias chicas apretujadas a un derrumbe. Feliz de hacer algo, de poner en marcha el coche, de funcionar como un puente entre la geografía y la materialidad-peatón y no ser un vehículo predominante en el diseño de lo urbano.

Una anécdota divertida, que resume para mí el estar-juntos:

19-septiembre-19s-sismo-temblor-reflexion-cronica
Todos dieron lo que tenían. Por suerte lo que ellos tenían eran tacos al pastor…

El 20 de septiembre de 2017, llevábamos horas formados intentando pasar al derrumbe en Petén (lugar que nunca voy a olvidar), acababan de sacar a alguien, pero sin vida: los ánimos bajaron. Estaba lloviendo. Hacía frío. Estaban al borde de sacar a otra persona más, con vida. “¡Mazos! ¡Mazos!” comenzaron a gritar todos. Necesitaban mazos. Así, todos gritabamos, el mensaje se corría y alguien en algún momento llegaría con un mazo; un pinche mazo, era la distancia entre el afuera y el adentro para alguien. No llegaba, gritábamos como idiotas y no llegaba. Llegó. Silencio. Puño en alto. A la espera. Tal vez sale. Tal vez sale y bien. En eso, de la nada, un tipo llega corriendo a la zona con una cantidad absurda de vasos, desbordando vasos. “¡Aquí están, aquí están los vasos!” gritó emocionado, convencido de su utilidad. “Mazos, pendejo” le dijo alguien. Todos nos empezamos a reír, también el de los vasos, risas y llanto, claro. Risas a lo cabrón. Unos minutos después se alzaron los puños. Los mazos (y los vasos) cumplieron su cometido. Alguien salió con vida. ¿Quién? Pues qué chingados importa. Estaba vivo.

No tengo nada contra La Democrática. En cualquier caso, nos va a agarrar parejo. Ese día aprendí eso. Pero así como ella, también entendí que nuestra identidad, la narración de estas subjetividades trabajando en conjunto, también puede ser como la muerte, agarra parejo. Yo lo viví, no se me olvida. Cada vez que aparecen los gandallas, que matan a alguien o lo desaparecen, me acuerdo de que ustedes también pueden agarrar parejo. De que si hoy tiembla (bendita poesía), van a venir por mí. Y yo voy a ir por ustedes. Hoy, solo hoy, no importa lo que significa ser mexicano.

Cortesía de Juan Villoro, para quienes no saben quiénes son: son el lugar donde habitan; son el espacio que administran. ¿Y de dónde son? Son del lugar donde recogen la basura. Y yo también. Ahí te espero.

Epílogo

 
 
 
 
 
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La muerte natural no existe: cualquier muerte es un asesinato. Y si no se protesta, se consiente. Yo desconfiaría aún con el dedo en Su llaga.

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El 23 de septiembre de 2017 volvió a temblar. Una cosa llevó a la otra y terminé con un ataque de ansiedad imparable y terrible. Como nunca antes sentí la distancia entre mi subjetividad y la de otros. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. Perdí mucho ese día. Además del control, la confianza de mis amigos.

Estaba tan quebrada que tuve que delegar mi propia vida a otras personas. Tuve que pedir cuidados y protección, explícitamente. Me dio coraje, hoy todavía me da coraje, tenerle tanto miedo a la muerte. Me da coraje no hablar de eso. Me da coraje que tú o tus amigos, o tu familia, hayan vivido una desgracia. Una “pérdida irreparable”. La pérdida de la vida es reprochable, porque siempre implica una pérdida de la posibilidad. Y hace parecer que los cuidados en vida son inútiles. Pero no creo que lo sean.

A todos los que están sufriendo, por esta y otras catástrofes hago una promesa solemne: prometo cuidar la vida, prometo luchar por la posibilidad dentro de la posibilidad. Prometo mantener la calma, hasta donde me sea posible. Claro que también prometo permitir mis quiebres, porque a ellos les debo estas lecciones vitales. Estas vivencias.

Sigo en la CDMX, todavía no estoy lista para despedirme.

Con el puño en alto.

También en Más de México: Reflexiones de grandes escritores mexicanos sobre el sismo de 1985 que hoy valiera releer

*Imágenes: Destacada: AFP; Cuartoscuro.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Conoce al mexicano que provocó la revolución sexual en el mundo

Luis E. Miramontes fue el articulador de una consciencia colectiva y el despertar sexual de generaciones.

Un inventor dotado de talento y destreza, así era el químico Luis E. Miramontes. Al joven nayarita se le atribuye un descubrimiento que logró compaginar gracias a la geografía de su territorio; un invento por demás épico: la píldora anticonceptiva. Este hallazgo le permitió ser el único mexicano en la USA Inventors Hall of Fame. Y hoy, su nombre se encuentra a la par de investigadores como Louis Pasteur, Thomas Alva Edison, Alexander Graham Bell y otros científicos.

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La historia de éxito de Luis E. Miramontes sucedió el 15 de octubre de 1951. Al mismo tiempo que otros laboratorios intentaban sintetizar una sustancia que evitara el embarazo, Miramontes logró extraer dicha sustancia, curiosamente, de una planta medicinal mexicana. El descubrimiento se hizo a partir de la primera síntesis de un compuesto que tenía impurezas –es decir, los restos de una sustancia que usualmente se separan por no ser de interés–, pero su compañero Djerassi, le pidió una segunda prueba sin dichas impurezas para observar el resultado. Al realizarla, Miramontes se encontró con la desafortunada sorpresa de que la sustancia había perdido las propiedades anticonceptivas que buscaban. La decepción y la idea de haber perdido la oportunidad de un descubrimiento importante lo llenaron de pesar. 

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Fue posteriormente cuando Miramontes descubrió que eran las impurezas lo que provocaban el efecto anticonceptivo. Después de esto, la síntesis de lo que vendría a ser el antiovulatorio llamado norethynyltestosterona sólo fue cuestión de tiempo. La semejanza de dicha sustancia con la progesterona fue lo que permitió resolver la realización de un preservativo ingerido por mujeres. El éxito y prestigio llegaron a Luis cuando logró la comercialización del primer anticonceptivo oral fabricado, el nombre de “Norinyl”, de autoria mexicana. Fue en ese momento en el que supo que había realizado el descubrimiento de su vida. 

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En la patente mexicana, muchas veces se menciona el nombre de Miramontes, Djerassi y  Rosenkrantz  como creadores de la píldora anticonceptiva, aunque en otros lugares no se menciona el nombre del mexicano. Esto a causado varias reacciones polarizadas y las preguntas en torno a quién realmente descubrió el anticonceptivo no se han hecho de esperar. Respecto a Miramontes, y ante las constantes alabanzas y su nombramiento como el creador de la píldora conceptiva, el mexicano no fue  más que modesto. Agradeció a sus compañeros investigadores el tiempo y su tutela. Además, al mismo tiempo, aseguró que sólo había sido parte de un proceso en el que se aunó el esfuerzo de otros científicos:

Yo no soy el inventor de la píldora anticonceptiva, el inventor fue el doctor Gregory Pincus, a quien conocí y me distinguió con su amistad; yo soy el descubridor del compuesto químico que originó la mencionada píldora. Algunos dicen que somos los padres de la píldora, no los inventores.

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Independientemente del misterio de quién realmente creó la píldora anticonceptiva, el crédito de Miramontes es incuestionable. Tal vez, más allá de cuestionar quién descubrió la píldora anticonceptiva, debería aceptarse lo innegable: Luis E. Miramontes fue una clave esencial para su descubrimiento. El descubrimiento de la norethynyltestosterona fue un momento muy importante. Sin este paso, tal vez la mitológica revolución sexual jamás hubiera ocurrido. 

Torolab: el arte de la transformación social

Este genial colectivo fronterizo tiene un interés explícito mejorar la calidad de vida a partir de proyectos interdisciplinarios  

Torolab  es un proyecto que comenzó hace 17 años en Tijuana, ciudad fronteriza entre México y Estados Unidos, con la intención de mejorar la calidad de vida de los individuos y sus comunidades. Raúl Cárdenas Osuna desarrolló este colectivo enfocado en la creación y difusión de proyectos que generen conciencia, que provoquen cambios tangibles a partir del arte, la arquitectura, el diseño y la música, y cuantas disciplinas sean necesarias.

Torolab es un taller y un laboratorio de proyectos transdiciplinarios que funge como catalizador de poéticas, y políticas, orientadas al bienestar común. Con una perpetua rotación de sus colaboradores, profesionales y académicos de diversas regiones se involucran en los proyectos que se proponen para resolver una problemática social.

mapa instalación de torolab

“La filosofía es crear proyectos transdiciplinarios que van ligados a las extrañas, prácticas, lógicas e ilógicas ideas que se construyen de cómo vivir mejor, con las especificidades de cada persona y de cada contexto” aclara Cárdenas respecto a la intención del colectivo.

Para ejemplificar el tipo de proyectos que emprende Torolab , podríamos mencionar “Coma”, el cual se centra en presentar una alternativa alimenticia a la clásica dieta del mexicano, poniendo al alcance de las personas en una tienda móvil, una especie de pan que contiene todos los nutrientes ausentes en el menú diario de la comida callejera. Para el proyecto “Un grado Celsius” se conformó un equipo de profesionales en el campo de la botánica, la biología y ecología, con la intención de formar una red de jardines botánicos en Culiacán, Sinaloa, que con la ayuda de la Universidad del estado, hacen estudios ambientales en un laboratorio móvil, con la intención de contrarrestar el déficit de áreas verdes. Este proyecto forma parte de un plan mayor que lleva por nombre “Urbanismo Molecular.”

Los proyectos tienen la vocación de dar un entendimiento y de situar una práctica que va más allá de los esquemas establecidos por las políticas culturales, académicas o las economías del sistema de galerías; crear agrupaciones de personas ligadas por un hilo conductor de proponer, no sólo de protestar, y sorprendernos con la estética que genera el conocimiento mismo.

La creatividad que Torolab despliega en las calles, y los resultados obtenidos por esta agrupación, es muestra del espíritu transformador que cabe en el arte, y en cualquier disciplina interesada en hacer la diferencia.

Imagen: 1) Museum of Conteporary Art San Diego / Torolab