El huipil triqui significa la metamorfosis de la mariposa, mira (VIDEO)

El hermoso vestido rojo es en realidad una analogía al proceso de renacimiento de la mariposa.

Desde Puebla a Querétaro, la Huasteca y Yucatán, los huipiles son usados, tanto por comunidades indígenas diversas que adecuan sus diseños a sus propias creencias, hasta por muchos mestizos.

El huipil (del náhuatl huipilli que significa blusa o vestido adornado) es generalmente un vestido blanco (o blusa) que tiene la misma dimensión de arriba a abajo con dos aberturas en los brazos; la forma de donde sale la cabeza es rectangular. Es de los más sencillos y hermosos ajuares, y según el tipo de material con que se haga, puede ser o muy fresco o muy caliente.

En Oaxaca, la comuniad triqui, asentada hasta en 4 municipios del estado, es una de las más emblemáticas etnias de México. Sus huipiles de color rojo son de los más hermosos del país y la vida en la sierra con estos es mucho más sencilla para paliar el frío.

En el siguiente video Yesica Merino Mendoza, una niña triqui de San Andrés Chicahuaxtla, explica cómo los hermosos huipiles de esta etnia significan la metamorfosis de la mariposa. De la cabeza sale el sol; el color rojo simboliza a la oruga y las líneas de colores son la mariposa. Cuando se llega al final surge el blanco, que significa la muerte, pero luego llega de nuevo el rojo, la vida de la mariposa que vuelve a iniciar.

Así, el huipil triqui (aunque cada uno tiene sus particularidades según la tejedora) lleva una preciosa significación sobre el proceso del renacimiento de la vida.

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Este es el atlas más detallado que existe sobre los pueblos indígenas de México

Los pueblos indígenas no son historia. Este precioso atlas lo demuestra.

Si tienes la impresión de que los pueblos indígenas de México son “cosa del pasado” no podrías estar más equivocado. Aunque por distintos procesos históricos, sociales y culturales—  el mestizaje ha re-modelado la forma de estas comunidades (que hoy no se pueden llamar simplemente “originarias”), miles de sujetos se identifican con esas etnias particulares que no terminan de mezclarse y hacen increíblemente diversa a esta tierra.

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También en Más de México: Descubre cuánto sabes en realidad sobre los pueblos indígenas de México (TRIVIA)

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Por si te queda la duda, en nuestro país residen 68 comunidades indígenas que mantienen vivas a más de 350 variaciones lingüísticas, entre otras increíbles y valiosas manifestaciones culturales. Evidentemente, saber todo sobre estos grupos es imposible, sobre todo porque están vivos, están cambiando, se están recombinando y continúan produciendo cultura sin parar. Sin embargo, el Atlas de los Pueblos Indígenas de México, está determinado a ser una representación confiable de este inmenso abanico cultural.

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Con más de 10 mil elementos (entre fotos, mapas, textos, gráficas, audio y mucho más), este inmenso atlas pretende dejarnos una buena probada de lo que significa la diversidad de estos grupos en nuestro país. El proyecto de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas es el más importante en su tipo, de entre todos los que se han generado en México y es ya un auténtico referente del tema.

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Por otro lado, sus creadores admiten que el asunto aún no está cerrado. La idea no es solo tender puentes entre distintos Méxicos, también es que los grupos y sujetos que se consideran a sí mismos indígenas comiencen a colaborar y transformen el atlas en una especie de wiki, una página que puede ser editada de forma colectiva.

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Si el proyecto no se cierra, es precisamente porque estos pueblos no están en el pasado, ni son “motivo de orgullo” por la historia que han heredado; la cosa es que son personas, con formas de vida basadas en pretensiones distintas a las del Estado que se define mexicano y poder dialogar con ellas es rico, en todos los sentidos posibles.

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El Atlas definitivamente seguirá creciendo; pero lo que ya puedes encontrar es digno de exploración. Detallados mapas que describen la distribución de las lenguas y etnias; además de extensas etnografías con datos muy relevantes como la organización social y política contemporánea (de la que seguro podemos aprender muchas cosas) y algunas pistas sobre los modos de producción de cada comunidad.

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También en Más de México: Lecciones de los pueblos indígenas para los gobernantes de México

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Otra cosa interesante es un recuento de las creencias de cada grupo. ¿Sabías que más del 80% de los sujetos que se consideran indígenas en México son católicos? Pero lo realmente increíble es la lectura que cada uno le da a esta religión, combinándola con elementos de antiguas cosmogonías. Así lo demuestra el atlas.

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Otro asunto imperdible es la descripción de cómo la vida de cada pueblo ha cambiado por las modificaciones de los ecosistemas que habitan. Las comunidades indígenas en México siguen siendo guardianas de los bosques, al mismo tiempo, son las más afectadas por las dinámicas que los dañan, porque muchas de sus formas de vida dependen directo de la naturaleza como recurso primario.

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Por otro lado, puedes conocer con lujo de detalle muchas de las fiestas religiosas de cada pueblo; sus prácticas de medicina tradicional; la forma en que han migrado a través del tiempo; detalles sobre su suculenta gastronomía (que depende completamente de los ciclos de los ecosistemas que habitan) y, también imágenes y audiovisuales de su vida contemporánea, no solo en los bosques y comunidades rurales, también en las ciudades a donde han migrado por distintos motivos; a veces, por gusto; a veces, porque es necesario; a veces, huyendo de la violencia y del deterioro natural. Algo para pensar.

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No puedes dejar de ver este fantástico atlas; por otro lado, no hay que olvidar que la representación de estos grupos en etnografías, relatos y hasta documentales, siempre tiene algo de injusto; siempre tiene algo que fija. Los pueblos indígenas no son cosa del pasado; los sujetos indígenas son gente con la que con-vivimos, con la que intercambiamos; amigos; vecinos; compañeros; de alguna forma todos somos indígenas de algún lado.

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Visita el Atlas de los Pueblos Indígenas de México aquí.

 

*Imágenes: Fototeca Nacho López

A constelar el desarrollo mexicano (para reconciliarnos con nuestra propia sangre)

Ser mexicano y discriminar a otros es absurdo, porque implica atentar contra uno mismo… Aquí una pista sobre la práctica contraria.

En México no hemos logrado sostener el desarrollo debido a que no nos podemos reconciliar con nuestra propia sangre. En la lógica de la psicología transpersonal, esto resulta mortal. Lo que algún día se intuyó, hoy se puede comprobar con una gota de saliva: se calcula que más del 95% de la población mexicana tenemos sangre indígena. Esto incluye a la alta aristocracia mexicana, de la cual muchos se sienten procreados por los mismísimos reyes de España. La gran paradoja de la discriminación contra lo conquistado o contra lo conquistador es que ambas razas recorren el ADN de nuestras células. En otras palabras: vivimos discriminándonos a nosotros mismos.

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La historia mexicana se ha encargado de encubrir a los millones de indígenas asesinados durante la conquista. La realidad es que el desplome demográfico de la población autóctona no sólo se debió a las epidemias, hubieron violaciones, vejaciones y asesinatos. Al mismo tiempo, prevalece un odio muy arraigado contra los conquistadores y su prototipo actual. Personalmente conozco españoles refugiados del franquismo a quien les tocó en las fiestas del grito en el Zócalo la arenga, que duró mucho más de un siglo, de: “mueran los gachupines”. Sin duda, sangre gachupina recorría las venas de la mayoría que agredía con esas frases ofensivas.  

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Y la necesidad de la palabra reconciliación casi no se encuentra en los libros de texto. Quien haya intentado aprender náhuatl, como yo, habrá descubierto que es de las lenguas más difíciles para un hispanoparlante, más difícil que el ruso o el chino. Miguel León Portilla, primo hermano de mi abuela, Ángeles Gamio León, después de dedicar toda su vida al estudio del náhuatl, reconoce que todavía lo habla con deficiencias. Y las lenguas no son otra cosa que el reflejo de la forma de pensar de un pueblo. La cosmovisión del pueblo mexica y la del ibérico no tenían nada que ver cuando se encontraron. Cuando resolvamos ese dilema, habremos verdaderamente encontrado el camino para forjar nuestra nación.

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En la lógica de un profundo mestizaje en donde el 95% de la población podría tener sangre indígena, cualquier tipo de sentimiento o actitud discriminatoria hacia lo indígena o hacia lo ibérico, se convierte en un auto-ataque. Es algo similar a las enfermedades autoinmunes, en las que el mismo organismo de una persona se destruye a sí mismo. Esto podría estar teniendo repercusiones terribles para el desarrollo personal de cada mexicano en lo monetario, en lo laboral, en lo físico, en lo familiar, en lo sexual.

La psicología transpersonal cada vez adquiere mayor relevancia científica dentro de las universidades más prestigiadas del mundo. Uno de los fundamentos de la psicología transpersonal son las interconexiones energéticas que existen entre los seres humanos, en particular con quienes se comparte material genético.

Quien haya participado en una “constelación sistémica”, que es una metodología de la psicología transpersonal, no podrá negar que hay fuerzas que conectan a las personas con sus ascendientes por consanguineidad. Eventos dramáticos que le ocurrieron a padres, abuelos, bisabuelos, incluso un siglo atrás, podrían estar incidiendo hoy en nuestras vidas. Debido a que las “constelaciones familiares” es un metodología reciente, aún en desarrollo, hay que tener cuidado, en particular con practicantes sin certificaciones universitarias serias.

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En esta lógica, el hecho de que nuestros ancestros hayan violado, vejado y matado a nuestros propios ancestros tiene repercusiones, ya no simbólicas, sino reales, en nosotros, en el ámbito físico y emocional. Así es prácticamente imposible lograr un desarrollo nacional. La única solución que tenemos para lograr un desarrollo sostenido, tanto en lo individual como en lo nacional, es llegar a una verdadera reconciliación: no devaluar la parte indígena, ni menospreciar nuestro linaje europeo, sino aceptar quienes hemos sido y quienes somos hoy.

*Imágenes: 1) Inés Longevial; 2) Michael Schmelling; 3) Heather Thornton; 4) Francisco Leonardo, modificada.

Jorge del Villar
Autor: Jorge del Villar
Economista y escritor. Ha sido columnista de El Universal, conductor de “Caras de la Ciudad” en MVS Radio, y conductor televisivo en el Canal Judicial, Capital 21 y Canal Once, donde actualmente conduce “A Favor y en Contra”.

Estos niños mayas intercambiaron sus uniformes escolares por preciosas prendas tradicionales

Abriendo la reflexión sobre cómo el sistema educativo no es responsivo con su contexto, en esta escuela, los uniformes se han vuelto signo de identidad.

Si lo más bello de México es que las identidades son diversas, uniformar se vuelve contraproducente. En la Escuela Primaria Estatal “Ignacio Allende” de Yucatán, los niños mayas manifiestan su identidad y hacen una declaración cultural, a través de su forma de vestir.

Así, ellos están dejando de usar los clásicos uniformes y empezaron a intercambiarlos por preciosos huipiles floreados y camisas y pantalones blancos de algodón. La iniciativa propone que las multiplicidad de identidades que se entretejen en México, no debería ser invisibilizada. Al contrario: debería celebrarse. Y los uniformes, un concepto abrumador y un poco extraño, borran la diversidad.

Este ejercicio, propuesto por la directora de la primaria, María Candelaria May, está abriendo la reflexión sobre cómo cada práctica social debería poder responder a su contexto. La escuela es un sistema  que, como ella dice “no tiene pertinencia cultural o lingüística“ y “uno se quiere desdibujar para ser aceptado”.

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Si nos damos un momento para reflexionar, uniformar significa, literalmente, dar una sola forma a un conjunto de cosas. Mientras que “la uniformidad” implica integración y podría sugerir comunidad, también responde a una lógica de igualdad, que no admitiría que las identidades de cada sujeto son distintas de las otras.

Al usar la ropa que representa su identidad, estos chicos defienden su derecho a la diversidad cultural. Además el huipil no es sólo una prenda: su iconografía es signo de la conexión que, según los mayas y otros pueblos, existe entre el sujeto y la naturaleza. El huipil es un resonar con el entorno. El material de las prendas, también se corresponde con el espacio, pues es fresco y ligero; ideal para el calor Yucateco.

La escuela —lugar cotidiano y espacio que genera comunidad— debería resonar con quienes la habitan, hablar su lengua, vestirse de sus colores. Y, aunque no se puede “correr en huipil”, como reconoce una de las estudiantes, se vale aceptar primero esta identidad cultural, mucho más general para abrir otras preguntas.

Tal vez, eventualmente, los uniformes irán desapareciendo y nos permitiremos manifestar lo que sea necesario a través de nuestras formas de vestir. La delicia ser diversos recae en que siempre hay algo en nosotros que está por ser descubierto. Y eso no necesita ser conquistado o fijado: puede seguir cambiando siempre.