Este es el huipil atribuido a la Malinche (FOTOS)

Su bordado es increíble, con un águila bicéfala, guajolotes, flores, rombos, grecas; conoce el huipil que se le atribuyó a la Malinche.

El huipil es uno de las vestimentas más usadas en las antiguas tierras mesoamericanas. Y aún hoy, prácticamente todos los estados del centro del país tienen su huipil tradicional. En náhuatl su nombre viene de huipilli, que significa blusa adornada .

Es una de las piezas más “democráticas”. Antes de la conquista, era usada tanto por las mujeres del pueblo como por las mujeres nobles. Es también una de las vestimentas más sencillas; se trata de una tela rectangular doblada por la mitad, con un orificio para la cabeza y los brazos, cosida por ambos lados.

Existe un huipil que históricamente se la ha atribuido a la Malinche por la semejanza con el que usaba en las ilustraciones El Lienzo de Tlaxcala, en el que aprece junto a Hernán Cortés.

Aún se conserva esta pieza en físico, aunque según datos del INAH, más bien se trata de una prenda indígena del siglo XVIII. Hoy forma parte del Fondo Reservado del Acervo de Etnografía del Museo Nacional de Historia. Su bordado lleva una hermosa águila bicéfala al frente, y en la parte inferior, complejos bordados de guajolotes, guías, rombos. 

 

 

Estos niños mayas intercambiaron sus uniformes escolares por preciosas prendas tradicionales

Abriendo la reflexión sobre cómo el sistema educativo no es responsivo con su contexto, en esta escuela, los uniformes se han vuelto signo de identidad.

Si lo más bello de México es que las identidades son diversas, uniformar se vuelve contraproducente. En la Escuela Primaria Estatal “Ignacio Allende” de Yucatán, los niños mayas manifiestan su identidad y hacen una declaración cultural, a través de su forma de vestir.

Así, ellos están dejando de usar los clásicos uniformes y empezaron a intercambiarlos por preciosos huipiles floreados y camisas y pantalones blancos de algodón. La iniciativa propone que las multiplicidad de identidades que se entretejen en México, no debería ser invisibilizada. Al contrario: debería celebrarse. Y los uniformes, un concepto abrumador y un poco extraño, borran la diversidad.

Este ejercicio, propuesto por la directora de la primaria, María Candelaria May, está abriendo la reflexión sobre cómo cada práctica social debería poder responder a su contexto. La escuela es un sistema  que, como ella dice “no tiene pertinencia cultural o lingüística“ y “uno se quiere desdibujar para ser aceptado”.

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Si nos damos un momento para reflexionar, uniformar significa, literalmente, dar una sola forma a un conjunto de cosas. Mientras que “la uniformidad” implica integración y podría sugerir comunidad, también responde a una lógica de igualdad, que no admitiría que las identidades de cada sujeto son distintas de las otras.

Al usar la ropa que representa su identidad, estos chicos defienden su derecho a la diversidad cultural. Además el huipil no es sólo una prenda: su iconografía es signo de la conexión que, según los mayas y otros pueblos, existe entre el sujeto y la naturaleza. El huipil es un resonar con el entorno. El material de las prendas, también se corresponde con el espacio, pues es fresco y ligero; ideal para el calor Yucateco.

La escuela —lugar cotidiano y espacio que genera comunidad— debería resonar con quienes la habitan, hablar su lengua, vestirse de sus colores. Y, aunque no se puede “correr en huipil”, como reconoce una de las estudiantes, se vale aceptar primero esta identidad cultural, mucho más general para abrir otras preguntas.

Tal vez, eventualmente, los uniformes irán desapareciendo y nos permitiremos manifestar lo que sea necesario a través de nuestras formas de vestir. La delicia ser diversos recae en que siempre hay algo en nosotros que está por ser descubierto. Y eso no necesita ser conquistado o fijado: puede seguir cambiando siempre.

 

Mira el pectoral prehispánico recreado con casi 2 mil conchas en Sinaloa (FOTOS)

Las cuentas de concha fueron encontradas en una zona arqueológica. Para el Pectoral Teacapán se siguió la lógica geométrica de las piezas.

Al sur de Sinaloa, en el municipio de Escuinapa, se despliega una de las regiones conocidas como Marismas Nacionales: un extenso complejo de lagunas costeras, agua salobre, manglares, pantanos y cañadas. Allí el INAH ha registrado hasta 627 sitios arqueológicos, aunque muy especiales, ya que la mayoría fueron elaborados a partir de conchas.

En esta misma área, un grupo de arqueólgos encontró miles de cuentas de concha que pertenecían a uno de los ornamentos más populares en la humanidad: los elegantes pectorales. Este equipo, formado por Luis Alfonso Grave Tirado y Dina Gabriela Basurto Félix, consiguió primero dar cuenta de que estas formaban parte de un collar, y luego dieron sentido geométrico siguiendo la lógica de estas piezas.

Hoy el pectoral se está exhibiendo en el Centro INAH-Sinaloa, en Culiacán; otras piezas similares se habían hallado anteriormente en otros lugares de Sinaloa y del Occidente de México. Según un reporte del INAH:

Lo que se tomó en cuenta para el armado hipotético del pectoral fue la geometría de las piezas, con el fin de establecer cómo pudieran embonar una con otra, así como la función de las mismas, de acuerdo con su resistencia y cantidad. La propuesta la realizó el arqueólogo Gibrán de la Torre y el armado final lo hizo el arqueólogo Jesús Aguilar Barjas.

Para la elaboración de este pectoral, también, se siguió el ejemplo etnográfico de los grupos cucapá, del norte de Baja California.

 

*Imágenes: INAH-Sinaloa

El fascinante papel del llanto en la cultura nahua (sobre las delicias de llorar)

Más allá de una alusión emocional, el llorar provocaba estados vinculados a la divinidad.

De la cultura precolombina contamos, entre otras expresiones, con los códices para descifrar su complejidad y profundidad. Son “vestigios bibliográficos” hermosos, siempre bajo un velo de misterio que hay que descifrar.

Hay múltiples estudiosos de estos códices, y los comisionados por el franciscano Bernardino de Sahagún, nos han permitido conocer qué significaban las figuras de este tipo de escritura para los pueblos originarios, sobre todo de los mexicas.

Poco se ha escrito sobre el llanto en particular entre las culturas prehispánicas, pero un interesante artículo de Daniel Graña Behrens, publicado por la UNAM, desentraña cómo al menos para las culturas nahuas (de habla náhuatl) el llanto tenía significados profundos y muy rituales: era una manera de demostrar y generar humildad; de conmover a los dioses, no como un chantaje, más como un diálogo desde la aceptación de la vulnerabilidad misma.

llorar nahuas

A continuación presentamos los distintos significados del llanto en la cultura nahua, sobre todo entre los aztecas.

1. El llorar religioso- ritual

Las lágrimas eran consideradas como un “buen discurso.” El llanto ritual era un asunto serio. Se consideraba que las lágrimas empleadas en el momento correcto tenían una fuerza ética y, en cambio, empleadas en un momento inoportuno eran nefastas. Como ejemplo, delante de Tezcatlipoca se lloraba con humildad y profunda tristeza para recibir una buena vida y salvación de la pobreza. Los gobernantes, en su entronación, debían también llorar ante esta deidad. El llanto era provocado como a manera de diálogo. En la ceremonia de la lluvia Sahagún menciona dos fiestas en las que se lloraba: la Atlcahualo o Quauitleua (donde el llanto de los niños sacrificados era equivalente al temporal), en el  Atemalcualiztli, una fiesta de cosecha de cada 8 años, la gente lloraba gravemente. Mientras tanto, en otras festividades llorar significaba todo lo contrario: el mal augurio, como en el caso de la Ochpaniztli, en la cual la mujer a ser sacrificada no debía llorar.

2. Llorar durante las visiones

En algunas fiestas donde eran utilizados hongos alucinógenos llorar era también una forma de adoración. Como ejemplo, está la fiesta de los mercaderes aztecas (pochtecas), quienes durante toda la noche, bebían chocolate y comían hongos con miel; tenían alucinaciones angustiosas y bailaban y lloraban.

3. Durante las crisis políticas

Existen distintos casos en los que está documentado cómo el llanto estuvo presente en momentos determinantes donde estaba involucrado el poder. Cuando Nezahualpilli, aliado y gobernante de Texcoco, predijo a Moctezuma el cercano fin del reinado mexica, este rompió a llorar, y lo mismo sucedió cuando este informó a sus seguidores que se subyugaba al destino y a los españoles (todos reaccionaron en un llanto que conmovió a los conquistadores mismos según apuntan cartas del mismo Hernán Cortés). También se sabe que los aztecas lloraron antes de encontrar su mítico Aztlán; o cuando en un inicio se asentaron, malviviendo en un principio, más que llorar por su suerte lo hacían a manera de imploración.

4. Durante las separaciones

En un compromiso, como una boda, los aztecas lloraban y derramaban “lágrimas buenas” por la separación con las familias. En los funerales las personas también lloraban, pero no solo de tristeza, también como una especie de purificación para el que moría. Cuando un gobernante perecía, eran armadas las conocidas “lloraderas” que involucraban a todas las clases sociales y que duraban cuatro días; entonces el llanto acompañaba al difunto hacia el lugar de los muertos.

5. En alivio luego del cumplimiento de una profecía

En la Crónica mexicáyotl se narra cómo los aztecas cuando vieron la insignia legendaria (del águila y el nopal) donde debían apostarse, lloraron, ello como “un saludo ritual de alegría sin intención especial”.

6. Como remordimiento o amonestación

Cuando un gobernante castigaba a un súbdito, terminaba la amonestación silenciando las lágrimas de los culpables con las propias. Los niños, por ejemplo, lloraban no por tristeza en el castigo, lo hacían más como un ejercicio de remordimiento.

7. Llorar durante el sacrificio

En el códice mixteco Zouche-Nuttall (láminas 83 y 84) se presentan imágenes de prisioneros y frente a ellos  guerreros disfrazados de águila o jaguar que lloran. De esta imagen se desprende que el llanto pre sacrificio acompañaba a algunos de ellos como parte del sentido de ofrenda.

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )