El desconocido héroe mexicano que cedió su asiento en el Titanic

Fue el único mexicano en viajar en este mítico barco. Su familia sostiene que Uruchurtu tuvo un gesto de nobleza sorprendente.

Cuando los humanos enfrentamos momentos dramáticos, y más aún, peligrosos, desconocemos el tipo de reacción que tendremos. En estos momentos donde lo instintivo suplanta lo racional, los actos de nobleza son como perlas que valen mucho más; en este tipo de situaciones emergen los verdaderos héroes.

Existe un capítulo poco conocido que involucra la valentía de un mexicano, uno que sabía que al hacer lo que esta haciendo, moriría. Manuel Uruchurtu fue un sonorense de clase acomodada que había tenido la curiosidad de hacer el viaje en el transatlántico más grande jamás creado hasta su tiempo, el Titanic. Su boleto era de primera clase aunque jamás imaginó lo que sucedería más tarde.

En uno de los accidentes colectivos más dramáticos de la historia, el Titanic comenzó a hundirse luego de chocar contra un iceberg. Por ser Uruchurtu de primera clase, le fue ofrecido antes que a los demás pasajeros de otras clases, un lugar en un bote y un salvavidas.

Se cuenta que Uruchurtu estaba ya acomodado en el bote cuando una mujer con un pasaje de segunda clase se asomó al bote con un bebé en brazos e imploró a los empleados que le permitiesen subir, ante la negativa de estos últimos Uruchurtu dejó su lugar a esta inglesa que luego se descubrió su nombre era Elizabeth Ramell.

La única petición de Uruchurtu a esta chica revela el grado de valentía en el acto de este mexicano pues este ya sabía que moriría. Su petición era que Ramell revelara a su familia cómo había sido su muerte. 12 años después esta chica cumplió su promesa y llegó a Hermosillo, Sonora, para contar la historia como había prometido.

Desde entonces el capítulo de este político mexicano que al tiempo era diputado y estaba por postularse para senador, ha recorrido las anécdotas familiares, aunque según opina la familia, es una historia que debiera conocerse más en el país para despertar un sentimiento de respeto por las mujeres.

Antonio Uruchurtu ha conseguido el título de Héroe de la Caballerosidad para Manuel Uruchurtu en Sonora y ahora sus familiares buscan alcanzar este título a nivel nacional. Como parte de esta historia, la escritora Guadalupe Loaeza ha escrito el libro  El Caballero del Titanic aunque la autora recalca que no ha encontrado la documentación que verifique la historia como tal.

[Expansion.mx]

*Imagen: archivo.eluniversal.com.mx

Los chinacos, esos valientes guerrilleros

De extracción humilde, gran habilidad en el caballo y guerrera, estos héroes nacionales surgidos del pueblo defendieron a México de varias intervenciones extranjeras.

Yo soy libre como el viento, / pero tengo dignidad, / adoro la libertad, / con todo mi corazón.

Fragmento de una canción chinaca. Siglo XIX.

El origen de los chinacos y la etimología del nombre

Los famosos chinacos, los guerrilleros que pelearon contra las tropas americanas en la Guerra de Intervención de 1847, y contra los franceses en la guerra invasiva de 1864, fueron hombres del pueblo que no debemos confundir con los llamados “charros”. Su extracción era humilde, y solían emplearse en las haciendas de los ricos colonos españoles que empezaron a proliferar desde los inicios de la Nueva España.

Así pues, los chinacos tienen su origen en el virreinato. Durante el período colonial de México, una de las tantas castas que existieron, los mestizos –con tres cuartas partes de sangre india y una africana-, trabajaban como sirvientes, cargando cosas pesadas y llevando a cabo tareas que requerían un fuerte esfuerzo físico. Estos hombres fueron conocidos con el nombre de “chinos”, a causa de su pelo que frecuentemente era rizado y no porque provinieran de China. Con el paso del tiempo, el apodo de “chino” se convirtió en “chinaco”, como les llamaban los criollos (descendientes de padres españoles asentados en México) y los españoles colonizadores. Ya no importaba entonces con cuanto porcentaje de sangre india contaran.

Sin embargo, para otros investigadores del tema la palabra “chinaco” proviene del náhuatl tzinacan, que significa murciélago, porque era frecuente que salieran a luchar contra el enemigo por la noche, y que por el día se escondiesen en cuevas o grutas secretas, a la manera de los murciélagos.

 

Los chinacos montan caballos

Los mestizos libres del inicio del virreinato y principios del siglo XVII, tenía el derecho de montar en caballos, mismo que se les había negado hasta entonces, pero como se hacía necesaria la mano de obra de los mestizos en las haciendas ganaderas, el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón en el lapso de 1550-1564,y segundo virrey de la Nueva España, dio permiso para que los mestizos trabajadores de la Hacienda de San Javier, en Hidalgo, pudiesen montar caballo con silla, freno y espuelas. Poco a poco el uso del caballo se fue extendiendo entre los mestizos que trabajaban en otras haciendas.

Así pues, para finales del virreinato los chicanos podían poseer caballos con todos sus avíos, y se habían convertido en hábiles jinetes, que podían pasear a sus “chinas” en sus cabalgaduras, las mujeres por excelencia de los chinacos.

 

La vestimenta y avíos de los chinacos

Los chicanos llevaban un sombrero de alas anchas, calzón de manta que cubría un pantalón de gamuza, abierto por los lados externos que se abrochaba con botones y mostraban tablones de tela ligera; portaban una ancha faja a la cintura, chaquetilla de corta con hombreras externas, y un paliacate que se colocaban en la cabeza, a la manera que nos muestran los retratos de José María Morelos y Pavón. Para protegerse del frío usaban un sarape, muy similar al campero de Andalucía. Nunca un chinaco podía pasársela sin llevar una reata de ixtle que le permitía controlar al ganado y, cuando peleaba, siempre utilizaba una lanza.

La montura que empleaban los chinacos estaba elaborada con cuero, era un bello producto de la talabartería; llevaba cincho (faja de cuero), arciones (correa que pende del estribo) bastante amplias y un fuste (armazón de la silla de montar). La silla de los chinacos se caracterizaba por llevar por detrás de la “teja”, los llamados “vaquerillos” consistentes en dos piezas de piel, preferentemente de cabra, que servían para que el chinaco se tapara la espalda cuando lo sorprendía la lluvia; o bien, los vaquerillos servían de adorno para engalanar la montura, derivada de la española y de la árabe.

 

Los chinacos: guerrilleros de las luchas armadas de México

En la Guerra de Independencia de 1810, en la que combatieron los insurgentes y los trigarantes leales a México, contra las tropas realista españolas, comandados por Miguel Hidalgo y Francisco Xavier Venegas de Saavedra (sustituido posteriormente por Félix maría Calleja), respectivamente, la figura de los chinacos estuvo presente en muchas de las batallas que se llevaron a cabo, como guerrilleros populares, tan importantes en esta lucha independentista. Es conocido que el dirigente insurgente José María Morelos y Pavón gustaba de usar el traje de chinaco por encontrarlo cómodo y bonito, además de patriótico.

Por otra parte, en la guerra que conocemos como la intervención Norteamericana en México que duró de 1846 a 1848, provocada por la anexión de Texas a los Estados Unidos, y que culminó con el vergonzoso Tratado de Guadalupe Hidalgo, que costó a México la mitad de su territorio, los chinacos estuvieron al pie del cañón al mando de comandantes de la talla de Mariano Paredes, Mariano Arista, y Nicolás Bravo, entre otros más, siempre defendiendo las causas justas con sus tácticas netamente guerrilleras.

Asimismo, los chinacos estuvieron presentes en la Guerra de Reforma, llamada la Guerra de los Tres Años, que abarcó del 17 de diciembre de 1857, hasta el 1° de enero de 1861, conflicto en que se enfrentaron el bando liberal juarista contra el bando conservador. Esta guerra culminó con la victoria de los liberales y la entrada de Benito Juárez a la Ciudad de México. La participación de los chinacos fue destacada, aunque muchos cambiaban con frecuencia de bando: unas veces luchaban con los liberales y otras con los conservadores.

Durante la guerra contra las tropas francesas de Napoleón III, empeñado en sostener en el imperio a Maximiliano de Habsburgo, los chinacos pelearon en el ejército mexicano, hasta la derrota del emperador, y demostraron su tremenda valentía.

Un artículo aparecido en el Monitor Republicano del 24 de diciembre de 1862, relata la manera en que los chinacos ejercían su oficio de guerrilleros:

Nuestros guerrilleros pueden formar lazada con las dos extremidades o puntas de cada reata, y colocar la lazada a la cabeza de la silla. Cada par de guerrilleros tiene lo suficiente con una reata. Dos, tres o más pares de ellos pueden ir sobre los grupos franceses, que serán desbaratados rápidamente. La manteada debe ser soberana, y no dejará parado, sino muy maltratado, al grupo o grupos. Aconsejamos a nuestros intrépidos guerrilleros que pongan en práctica estas manteadas. Ellas los libran de la punta de las bayonetas francesas, y en el galope o carrera de nuestros caballos, no es fácil que las balas causen mal. Les aconsejamos que hagan lazada a cabeza de silla, y que no amarren a muerte, para que en un caso necesitado puedan desprender la lazada de la cabeza de la silla. Aún en el caso de que los caballos queden sin jinete, por si pueden tener lugar las manteadas, si los caballos siguen corriendo sobre el enemigo, lo cual puede conseguirse con caballos que busquen la querencia, como dicen algunos campiranos. 

En el periódico La Chinaca. Periódico escrito única y exclusivamente para el pueblo, que empezó a publicarse en 1862, apareció la letra de la “Marcha de la Chinaca” que empezaba:

A la armas chinacos, / nadie os meta los tacos. / Traca raca traca / Avance la Chinaca / ¡Ea, Chinaca! / Traca raca traca / A vengar con la vida / a la Patria querida / Hundiendo en sucia KK / a Pamuceno Traidor, / Traca,traca, traca / Nos espera valiente / Nuestra tropa en Oriente, / su ira sólo se aplaca / Matando al invasor / Traca, raca, traca / tendámonos las manos / Los buenos mexicanos, / Que no haya toma y daca / Lo que pasó pasó. / Traca raca, traca…

 

Los chinacos desaparecen

A partir de 1870, los chinacos comenzaron a desaparecer, pues las defensas nacionales adquirieron otro carácter con el cual se tratada de imitar a los ejércitos europeos del siglo XIX, y, sobre todo, al ejército de los Estados Unidos de Norteamérica. Con el gobierno de Porfirio Díaz las tropas de a caballo dejaron a un lado el machete, la lanza y la reata, para sustituirlas por armas de repetición y por ametralladoras. Fue la desgracia de los chinacos y de otros muchos guerrilleros de a caballo, como Albino García el Manco de Celaya, Nicolás Romero, Félix Bernal, y los hermanos Villagrán, por mencionar solamente a algunos.

 

Los “cuerudos” de Apatzingan

Renuentes a desaparecer del todo ha quedado un vestigio de los antiguos chinacos en las Defensas Rurales de la región de Apatzingan, en Michoacán, que con el tiempo llegaron a ser lo que conocemos ahora con el nombre de los “Cuerudos de Apatzingan”, que destacaron en los años cincuentas y setentas, pero que aún son conocidos en el mundo entero.

Los jinetes “cuerudos” surgieron para combatir la delincuencia, y para mantener el orden en la zona de Tierra Caliente en la época anterior a la Independencia de México. Deben su nombre al traje que usan, elaborado de cuera de venado que les permitía aguantar el frío de las sierra cuando se encontraban en combate. Más tarde, los “cuerudos” participaron en la Revolución Mexicana, y después se anexaron al Ejército Mexicano como Cuerpo de Caballería de Defensa Rural.

El traje de los cuerudos es igual, o al menos muy parecido, al de los antiguos chinacos, pero sin los laterales de los pantalones abiertos y con tela plisada. Aún se les puede ver en los desfiles conmemorativos del 16 de septiembre en Apatzingan y en la Ciudad de Morelia. Nos preguntamos si el mítico Juan Colorado no sería uno de los “cuerudos de Apétzingan”, cuando afirma en su corrido que: Ya se va Juan Colorado, / Ya los vino aquí a saludar / Y el que me busque me encuentra / Por el rumbo de Apatzingan.

 Blog de la autora: Komoni

*Imagen: pintura al óleo del siglo XIX de batalla de chinacos a caballo

Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.

Canek, el guerrero maya que encabezó una rebelión contra los españoles

Este personaje es hoy un ícono de la rebeldía contra la opresión. Su personalidad fue compleja y fascinante.

Popularmente conocido como Canek, Jacito U C de los Santos fue un indígena maya que luego de doscientos años de conquista española originó una rebelión sin precedentes en Yucatán. Por muchos es considerado un héroe, uno que tuvo la valentía de retar a la corona española y que consiguió cientos de seguidores en muy poco tiempo. 

 

¿Quién era?

Se sabe que Canek era del barrio de Laboríos del Puerto de Campeche. Fue un personaje muy singular que actuaba como un chamán; peregrinaba a través de la provincia como mendigo y adivinador, curaba a los enfermos, también participaba en rituales marginales. Se dice, también, que en algún momento de su infancia habría recibido educación por parte de los franciscanos.

 

Su movimiento

En octubre de 1761 apareció en el pueblo de Chikindzonot, en Yucatán central, y dijo ser el rey profetizado en la biblia, también decía ser mayordomo de Jesús de Nazaret.

En un interesante documento sobre esta rebelión, Robert W. Patch, afirma que los mayas en aquel tiempo, pese a la influencia colonizadora española, concebían el tiempo como en ciclos (como apunta su calendario) y entonces creían que así como los españoles estaban dominándolos, ellos lo harían de vuelta a algún día. Creían asimismo en el regreso de un rey como se profetizaba en los libros del Chilam Balam.

Por ello las palabras de Jacito U C de los Santos les resonaba, también por el nuevo sincretismo religioso (en la biblia cristiana se habla también del regreso de un liberador). En poco tiempo este personaje había conseguido convencer a caciques de pueblos aledaños de su legitimidad como autoridad e incluso al teniente del pueblo de teniente de Cisteil.

Su popularidad fue creciendo y se dice que mayas de la totalidad de la provincia iban a verlo. Entonces Canek fue formándose su propia organización política religiosa y comenzó a ordenar autoridades. También permitía, y de algún modo lideraba, la celebración de rituales que confluían entre lo católico y lo maya.

 

La primera batalla

La primera la ganaron, y con ello Canek fue sumando aún más seguidores. Esta se hizo en Cisteil cuando un destacamiento de 20 hombres españoles llegó bajo el mando de Tiburcio Cosgaya. Los mayas atacaron a los españoles con palos, machetes y algunas pocas armas de fuego. Solo 4 integrantes del destacamiento consiguieron huir.

Cuando muchos más mayas fueron uniéndose como seguidores del nuevo rey, entonces los españoles pusieron empeño en el asunto y apagaron esta sublevación con una estrategia del capitán Calderón. Este por medio de un espía identificó la debilidad de fortificación maya (para este momento la iglesia del pueblo contaba ya con importantes fortificaciones). El ataque español comenzó a las tres de la tarde el 26 de noviembre de 1761 con la colocación de dos cañones en el punto débil de la fortificación de Cisteil; las fuerzas de Calderón eran de unos 500 hombres. Finalmente más de 500 indígenas perecieron y solo unos 40 españoles.

Desde ahí comenzaron a hacerse juicios a los indígenas que participaron, paulatinamente fue liberándose a la mayoría pues aceptaban haber creído de Canek era un legítimo rey, más allá de una intención de sublevación de la corona española.

canek

Suplicio de Jacinto Canek. Mural de Fernando Castro Pacheco

El juicio

A Canek le hicieron un juicio el 8 y 9 de diciembre. Cuando le preguntaron su oficio (según las versiones españolas de registro) este dijo que era mayordomo de Jesús Nazaret; hubieron 258 personas sentenciadas y se les dio muerte a Canek y ocho más. De todas estas personas solo una era originaria de Cisteli, los de mayor presencia fueron los del pueblo de Tixcacaltuyú, luego seguían en número los de Tahdziu y Tiholop.

Este levantamiento es considerado por muchos como un sinónimo de valentaía y rebeldía. Uno que fue haciéndose fuerte y que conjugaba un sincretismo religioso que le concedió el “beneficio de la duda” a Canek. Un hombre legendario, único, que había llevado una vida parecida al de un asceta y estaba convencido de la liberación que él implicaba para el pueblo; una que los mayas como cultura tenían muy bien merecida.

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

La historia del español que apoyó a los mayas en su lucha contra los europeos

Gonzalo Guerrero fue ganándose la confianza y amistad de un jefe maya local en el caribe mexicano.

Algunas veces incluso en la historia oficial ocurren capítulos que son como paréntesis, salen de toda concordia respecto a su tiempo y también nos colman de esperanza en la especia humana.

Cuando en el mundo del siglo XVI toda Europa respiraba aires de conquista, algunos personajes comprendieron, por la fuerza de las experiencias, que la subyugación de otros humanos es simplemente contraria a nuestra naturaleza de igualdad, que tarde o temprano se manifiesta.

Bernal Díaz del Castillo, en sus famosas crónicas sobre la conquista de México, narra un episodio especial y loable. Se trata del caso de un español que había naufragado en las costas de Quintana Roo años antes de la llegada de Hernán Cortes a las tierras mexicanas.

Su nombre es Gonzalo Guerrero, y en 1519, mientras su carabela navegaba de Panamá a Santo Domingo esta naufragó, la tripulación sobrevivió usando botes salvavidas, luego de días a la deriva llegaron a las costas de Caribe, en Quintana Roo.

gonzalo guerrero español se hizo maya

Habían sobrevivido 20 tripulantes pero fueros sacrificados por los cocomes salvo por el fraile Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero. Y el de este último fue un caso muy especial: luego de que lo hicieran preso, fue ganándose la confianza de los mayas…. Para 1521 Guerrero se había convertido ya en capitán del ejército local, bajo las órdenes de Nachan can, señor de Chactemal.

Nachan can, además de hacer a Guerrero capitán, lo casó con su hija, Zazil Há, con quien tuvo 3 hijos: presumiblemente, los primeros mestizos de México. Cuando Cortés escribió a Guerrero para que se uniese al bando español, le respondió que con el tiempo se había convertido en un guerrero maya, tenía 3 hijos con una indígena y su cara y orejas habían sido “labradas”. Es decir, se había convertido en un maya.

Probablemente cualquier persona en su búsqueda por sobrevivir se habría adecuado a las circunstancias como Guerrero lo hizo, aunque lo más magnético de esta historia es que la de este atípico español parece mucho más una de verdadero acercamiento entre dos seres antagónicos, una amistad que fue forjándose en la confianza… Finalmente Guerrero murió en 1536, al defender a los mayas de las tropas del capitán Lorenzo de Godoy.

*Imagenes: alolami.blogspot.com

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )