La historia del español que apoyó a los mayas en su lucha contra los europeos

Gonzalo Guerrero fue ganándose la confianza y amistad de un jefe maya local en el caribe mexicano.

Algunas veces incluso en la historia oficial ocurren capítulos que son como paréntesis, salen de toda concordia respecto a su tiempo y también nos colman de esperanza en la especia humana.

Cuando en el mundo del siglo XVI toda Europa respiraba aires de conquista, algunos personajes comprendieron, por la fuerza de las experiencias, que la subyugación de otros humanos es simplemente contraria a nuestra naturaleza de igualdad, que tarde o temprano se manifiesta.

Bernal Díaz del Castillo, en sus famosas crónicas sobre la conquista de México, narra un episodio especial y loable. Se trata del caso de un español que había naufragado en las costas de Quintana Roo años antes de la llegada de Hernán Cortes a las tierras mexicanas.

Su nombre es Gonzalo Guerrero, y en 1519, mientras su carabela navegaba de Panamá a Santo Domingo esta naufragó, la tripulación sobrevivió usando botes salvavidas, luego de días a la deriva llegaron a las costas de Caribe, en Quintana Roo.

gonzalo guerrero español se hizo maya

Habían sobrevivido 20 tripulantes pero fueros sacrificados por los cocomes salvo por el fraile Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero. Y el de este último fue un caso muy especial: luego de que lo hicieran preso, fue ganándose la confianza de los mayas…. Para 1521 Guerrero se había convertido ya en capitán del ejército local, bajo las órdenes de Nachan can, señor de Chactemal.

Nachan can, además de hacer a Guerrero capitán, lo casó con su hija, Zazil Há, con quien tuvo 3 hijos: presumiblemente, los primeros mestizos de México. Cuando Cortés escribió a Guerrero para que se uniese al bando español, le respondió que con el tiempo se había convertido en un guerrero maya, tenía 3 hijos con una indígena y su cara y orejas habían sido “labradas”. Es decir, se había convertido en un maya.

Probablemente cualquier persona en su búsqueda por sobrevivir se habría adecuado a las circunstancias como Guerrero lo hizo, aunque lo más magnético de esta historia es que la de este atípico español parece mucho más una de verdadero acercamiento entre dos seres antagónicos, una amistad que fue forjándose en la confianza… Finalmente Guerrero murió en 1536, al defender a los mayas de las tropas del capitán Lorenzo de Godoy.

*Imagenes: alolami.blogspot.com

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

México aguerrido: 15 guerreros y guerreras de México

Hombres y mujeres que vivieron por una causa más allá de su bienestar individual; de convicciones éticas y morales ejemplares.

De vez en cuando, la historia gesta, y es testigo, de humanos con convicciones ideológicas, sentido de justicia, y demás atributos de la consciencia; y que además son valientes. Cuando esto sucede, grandes capítulos se desdoblan también. Y estos hombres y mujeres, aunque son resultado de un momento histórico, son también tesoros que aceleran procesos, generalmente humanistas, para un bien general, y para la posteridad…

En México tenemos guerreros y guerreras reconocidos por la historia oficial, algunos verdaderos, otros creados con fines nacionalistas, pero también existe una historia que queda registrada por la admiración que causaron algunos líderes, y son las mismas personas  las que se encargaron de mantenerlos vivos y con ello legar esta memoria hasta nuestros días.

Hoy te presentamos guerreros de México, hombres y mujeres que vivieron por una causa más allá de su bienestar individual; de convicciones éticas y morales, ejemplares:

Voluntarios y rescatistas del sismo del 19 de septiembre

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Decenas de miles de mexicanos, y de extranjeros que hoy son definitivamente mexicanos, se volcaron a  las calles tras el sismo de 7.1 que azotó al centro del país. Como relata Juan Villoro, la tierra se abrió y la gente se juntó, y un ejército de guerreras y guerreros, no dudaron en dejar todo para abrazar una sola causa: ayudar al prójimo, al “otro yo”, que se vio más afectado que uno y que merece toda nuestra solidaridad. Ese 19 de septiembre de 2017, los días posteriores, México se demostró a sí mismo, no solo tener la capacidad de fundirse en una sola voluntad, sino de hacerlo de la manera en que lo hacen los verdaderos guerreros… con el corazón. 

 

 

Tzoyectzin, Temoctzin yTzilcatzin

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Cuando comenzó la cruenta lucha entre los españoles y los mexicas, los de Tlatelolco fueron de los más reacios en rendirse, mucho les temían los europeos. Y según nos narra Miguel León Portilla apoyado en las versiones de los informantes de Bernardino de Sahagún:

Solo hubo tres capitanes que nunca retrocedieron. Nada les importaban los enemigos; ningún aprecio tenían de sus propios cuerpos.

El nombre de uno es Tzoyectzin, el del segundo es Temoctzin y el del tercero es el del mentado Tzilacatzin.

Se hicieron legendarios aún cuando estaban vivos, más aún, ya que Moctezuma mantenía una actitud, según los historiadores, más inclinada hacia la paz, pero interpretada por muchos en su pueblo como una pasividad cobarde.

 

Gonzalo Guerrero

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Antes de la llegada de Hernán Cortés, ya había naufragado un barco español en Quintana Roo; los sobrevivientes fueron aprehendidos por los mayas, pero uno de ellos, Gonzalo Guerrero, fue ganándose su apreciación y fue convertido en uno de ellos, casándose, incluso, con, Zazil Há, la hija del jefe militar Nachan can. Sus hijos, presumiblemente, son considerados como los primeros mestizos del hoy México. Cuando llegaron la tropas del capitán Lorenzo de Godoy, Guerrero se quedó del lado de su nueva comunidad, luchó para defenderlos, y finalmente murió en una de estas batallas.

 

Canek

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Popularmente conocido como CanekJacito U C de los Santos fue un indígena maya que luego de doscientos años de conquista española originó una rebelión sin precedentes en Yucatán. Por muchos es considerado un héroe, uno que tuvo la valentía de retar a la corona española y que consiguió cientos de seguidores en muy poco tiempo. 

 

Leona Vicario

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La independentista más conocida es Josefa Ortíz de Domínguez (cuya labor fue imprescindible) pero la historia de Leona Vicario es interesantísima. Fue intelectual, periodista, independentista, humanista y progresista. Ella se convirtió en un enlace importantísimo para los insurgentes, ya que en su casa confluía la correspondencia de los revolucionarios. En 1813 interceptaron sus correos y consiguió huir a Michacán y recluirse en un Colegio de monjas; ese mismo año la rescataron los insurgentes escondidos en burros cargados con pulque, entonces se vistió de pordiosera. Participó como periodista, volvió a ser perseguida en 1817 y por ello debió dar a luz a su primera hija en una  cueva en Achipixtla. Su historia tuvo un final feliz. Luego de la Independencia, sus bienes le fueron regresados y la Villa de Saltillo fue nombrada en su honor; su valentía e inteligencia fueron fascinantes.

Emiliano Zapata

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Quizá el revolucionario más respetado de todos. Emblema de numerosos movimientos sociales en todo el mundo hasta ahora. Cuando tenía 9 años fue testigo de un despojo de tierras a campesinos para entregarlas a hacendados, y le dijo a su padre, “¿No se puede? Pues cuando yo sea grande, haré que las devuelvan”. Se convirtió en un ideólogo, y su frase “La tierra es de quien la trabaja” sigue despertando conciencias y llamados sociales.

Carmen Serdán Alatriste

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Participó, junto a su hermano, en el primer enfrentamiento armado de la Revolución. Su principal motor, encarar la dictadura de Porfirio Díaz; ella y sus hermanos apoyaron enormemente la causa antireeleccionista de Francisco I. Madero. Por su valentía, hoy su casa se nombró como el Museo de la Revolución de Puebla.

Amelia Robles Ávila

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Una de las primeras transexuales que lo reconocieron públicamente, además de su homosexualidad. Amelia peleó en la Revolución, y no solo eso, se convirtió en Coronel y cambió su nombre a Amelio; su actitud y valentía fue crucial en la lucha por los derechos sexuales y de la diversidad en México, e incluso, ya como hombre, se casó en varias ocasiones.

Rubén Jaramillo

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Ingresó a sus solo 14 años a las líneas revolucionarias zapatistas; luego de la muerte de zapata lo encarcelaron, y desde ahí luchó en contra de los caciques del sur a favor de las reformas agrarias del Plan de Ayala y se convirtió en un oficial apreciado y querido por los habitantes de Morelos y sur de Puebla. Pero luego de esta lucha, continuó luchando por los derechos de los campesinos, nuevos ejidararios, y de hecho, surgió un movimiento por su influencia llamado Jaramillista. Al comenzar la década de los años treinta, era el más conocido y respetado de los dirigentes campesinos del poniente de Morelos.

Lucio Cabañas

Lucio Cabanas

Maestro rural, egresado de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, líder estudiantil y jefe del grupo armado Partido de los Pobres en la sierra de Guerrero durante la década de 1970. Luego de las promesas incumplidas de la Revolución, el movimiento de Lucio clamó por volver a entender la pobreza como un problema de justicia, su lucha fue una reivindicación que fue cimiento de movimientos posteriores como el levantamiento del EZLN. Cabe mencionar que los campesinos de la zona simpatizaban enormemente con él, le daban su apoyo.

Genaro Vázquez

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Guerrillero, maestro como Lucio de la de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Fue primero líder sindical, pero luego se volcó más en una lucha a favor de los pobres y formó uno de los varios grupos armados que se desarrollaron en la Sierra Madre del Sur durante las décadas de 1960 y 1970. Simpatizó con el Partido de los Pobres. Junto con el movimiento de Lucio, en la décadas de los 60´s, fue un personaje imprescindible que después inspiró también en las movilizaciones estudiantiles del 68.

Sub comandante Galeano, antes Marcos

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Aunque nunca se ha confirmado oficialmente su identidad, según la versión del gobierno desde 1994, se trata de Rafael Sebastián Guillén Vicente. Egresado de la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Guillén fue un indignado de la matanza de Tlateloloco; se sabe que tuvo influencia maoista, pero luego se volcó a visiones revolucionarias más posmodernistas, influidas enormemente por Antonio Gramsci. Sin embargo, lo que más le influyó fue la forma de organización de las comunidades indígenas chiapanecas, por lo que se les unió, haciendo uso de su habilidad literaria y conocimiento de estrategias de comunicación, con lo que gritó al mundo en un contexto en el que se adulaba el Neoliberalismo, que había una realidad ignorada por los que se envolvían en aspiraciones que convienen, finalmente, a una minoría.

Los periodistas caídos

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Desde hace 10 años más de 800 periodistas han sido asesinados. En un contexto de combate al narcotráfico y de impunidad, cada uno de estos comunicadores que murieron por informar a los ciudadanos son los héroes de tiempos difíciles a la par de los activistas ambientales y sociales.

 

*Imágenes: 2)Guerreros aztecas /Códice Mendoza; 3)alolami.blogspot.com12)Reuters

Lucio Cabañas: el bosque como derecho humano

Pocos recuerdan este acto breve pero heroico, que el revolucionario Lucio Cabañas protagonizó a lo largo de su trayectoria en rebeldía: la protección de los bosques mexicanos y el derecho de las comunidades a vivir de sus recursos naturales.

Cuentan quienes estuvieron ahí, que la vida de Lucio Cabañas se escribió con la misma tinta que el de aquel revolucionario mexicano de apellido Zapata. Su abuelo de hecho, había formado parte de las tropas zapatistas y su tío Pablo encontró un lugar en la lucha armada de los hermanos Vidales, durante la década de 1920. Estos personajes reclamaban causas similares a las de Cabañas: el derecho del mexicano a poseer y vivir dignamente su territorio. Porque si bien se recuerda, la lucha del mexicano ha sido siempre la de reclamar la tierra –su naturaleza y sus espíritus– como un derecho humano del hombre en conexión con ésta.

El nombre de Lucio Cabañas hace ruido en todo aquel que ha seguido los pasos de las constantes rebeliones concretadas por la voluntad pura del mexicano. Fue estudiante y maestro rural de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa –la “cuna de la conciencia social”, guerrerenses de nacimiento y espíritu–, y posterior jefe del grupo armado Partido de los Pobres y de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento.

Cabañas era oriundo de Guerrero, del municipio de Atoyac de Álvarez, donde vivió junto a su familia campesina. En la Rural de Ayotzinapa no tardó en pronunciarse como líder estudiantil, protector del derecho a la educación, vindicador de los pobres, y unos años más tarde, promotor de una lucha indomable en contra del gobierno de Guerrero y sus caciques. 

A sus 27 años, y poco después de egresar de la Normal Rural, le es encomendada una labor histórica que por décadas –y hasta nuestros días– ha germinado innumerables luchas prácticamente silenciosas: los derechos a la tierra forestal de las comunidades indígenas.

bosques lucio cabañas

Pareciera que el bosque es un espíritu que puede cuidarse solo pero no es así. Al bosque hay que conservarle, mejorarle. Frente al bosque, el ser humano, antes que mirarse como depredador, debe hacerlo como un protector. Porque a lo largo de la historia, hombres y mujeres nativos de las zonas forestales han cuidado de ellos. La mayoría de estas comunidades son indígenas.

Cabañas lo sabía: los bosques ejidales son de quien los cuida, los vive y los trabaja. A raíz de esto, en 1963 se ocupa por defender el derecho humano al bosque de la comunidad Mexcaltepec, en la sierra guerrerense. Aquí concentró su mayor preocupación en convertirse en guardián de los árboles junto a la comunidad, y sacar a los talamontes que entonces se habían hecho cargo de la extracción de madera ilegal y la explotación de otros recursos naturales que por derecho consuetudinario le pertenecían al pueblo.

Zapata había ganado ya buena parte de esta lucha, contribuyendo con la restitución de tierras ejidales forestales a las comunidades locales. Sin embargo, la batalla comenzó a desarrollar otras dificultades que paradójicamente estaban conectadas a una normatividad difusa. Incluso hoy en día la ley forestal mexicana no esclarece el papel fundamental de estos núcleos (en su mayoría campesinos), y el potencial que tienen para generar una economía forestal local y nacional sólida, de la mano de un plan de manejo sustentable. 

Lucio Cabanas

Pocos recuerdan este acto breve pero heroico de Cabañas como protector de bosques y comunidades vulnerables. Se dice que durante su lucha (entre 1963 y 1974) y hasta su asesinato, el guerrerense concentró la mayor fuerza armada rural del país, y fue protegido incontables veces por las mismas personas que ayudaba.

Finalmente, y después de una mala planeación del secuestro del cacique Rubén Figueroa, Lucio Cabañas es perseguido y sorprendido por el Ejercito Mexicano en la selva de El Otatal, un 2 de diciembre de de 1974, donde es condenado a muerte. 

Como todos los grandes líderes revolucionarios, Cabañas fue perseguido y su guerrilla, secuestrada, torturada, perseguida o desaparecida. Su espíritu rebelde fue sentenciado por una bala, al igual que Zapata. 

*Imágenes: Creative Commons / edición – Jaen Madrid.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

Los mestizos en la Nueva España

Los primeros mestizos en la Nueva España se enfrentaron a un rechazo sistémico; curiosamente, de ahí venimos la mayoría de los mexicanos.

 

 

Vivamos como hermanos y congregados en un solo cuerpo. Cuidemos de la protección y conservación de los españoles, criollos, mestizos, zambos e indios, por ser todos compatriotas, como nacidos en estas tierras y de un mismo origen.

Tupac Amaru, último inca rebelde de Vilcabamba.

Quiénes fueron los mestizos.

Durante la época colonial se llamaba mestizos a las personas nacidas de un español y un indígena, o al revés, lo cual no era muy frecuente. A veces se les tomaba como españoles y otras como indígenas, dependiendo de su físico predominante; sin embargo, nunca fueron realmente aceptados ni por los españoles ni por los indígenas. No tenían cabida en ningún grupo. Muchas veces los mestizos y las mestizas recibieron una educación como si fuesen españoles, pues se consideraba que un hijo de español no debía ser educado como indio. Los padres de los mestizos muchas veces pagaban a la administración para que sus hijos apareciesen en las actas de nacimiento como “españoles”. Pero a pesar de todo, siempre fueron considerados como “gente vil”, sin derecho para ocupar puestos reales o eclesiásticos, tampoco podían ser funcionarios públicos ni gozar de repartimiento, por orden expresa de Carlos V en el año de 1549.

Constituían un grupo inestable por excelencia, que convivieron con otras castas igualmente no privilegiadas, a pesar de ser muy numeroso, y sometido al capricho de los españoles y los criollos; es decir, de aquellos hijos de españoles que habían nacido en la Nueva España. Ambos grupos, criollos y españoles, ejercían una tremenda discriminación sobre los mestizos y otras castas. La minoría de españoles ricos e influyentes recibía el nombre de “gachupines”. La palabra gachupin en el Diccionario de Autoridades de 1729, se describía como El Español que pasa y mora en las Indias, que en el Perú llaman Chapetón. Es voz traída de aquellos países y muy usada en Andalucía y entre los comerciantes en la carrera de Indias

Los descendientes de los mestizos.

Obviamente los mestizos se aparejaron con otras de las múltiples castas que convivían en la Nueva España, y que recibían su nombre propio en atención a su mezcla sanguínea y a su color de piel. Así pues, si un mestizo se relacionaba con un español, los hijos se llamaban “castizos”; si la mezcla era con un indio, el resultado era un “cholo” o “coyote”; si con un mulato, “apiñonado”; pero si la mezcla tenía lugar con un castizo, entonces surgía un “harnizo”.

primeros mestizos nueva espana

Las madres de los mestizos.

Como es de suponer las mujeres indígenas contribuyeron mayormente al mestizaje por los hijos que tuvieron con los españoles, a los que se vieron sometidas sexualmente más por fuerza que por gusto. La violación a las mujeres indígenas no comenzó con la conquista de México, sino que fue iniciada por los hombres de Cristóbal Colón, como lo prueba el testimonio de Michel de Cúneo que escribió cínicamente: Mientras estaba en la barca, hice cautiva a una hermosísima mujer caribe, que el susodicho Almirante me regaló, y después que la hube llevado a mi camarote, y estando ella desnuda según es su costumbre, sentí deseos de holgar con ella. Quise cumplir mi deseo pero ella no lo consintió y me dio tal trato con sus uñas que hubiera preferido no haber empezado nunca. Pero al ver esto (y para contártelo todo hasta el final), tomé una cuerda y le di de azotes, después de los cuales echó grandes gritos, tales que no hubieras podido creer tus oídos. Finalmente llegamos a estar tan de acuerdo que puedo decirte que parecía haber sido criada en una escuela de rameras.

Aunque a la primaria conquista de México habían llegado algunas mujeres españolas, están eran aún pocas, lo que propició el rapto y la violación de las mujeres indias, o en algunos casos el amancebamiento, pues los matrimonios de un español con una nativa fueron sumamente escasos y a veces eran sustituidos por la barraganía; es decir, cuando un español tomaba a una india por concubina para vivir con él, como en el sonado caso de Hernán Cortés con la Malinche quienes tuvieron por hijo al mestizo Martín Cortés. Obviamente, la mujer no tenía ningún derecho civil. Costumbre hispana muy usada en la desde la Edad Media. El español solía hacerse cargo de los mestizos habidos. Solamente muy de vez en vez tenía lugar el matrimonio de una nativa con un español. Jesús Bustamante, el historiador, añade al respecto: Las relaciones «libres», estables o temporales, de blancos con mujeres indígenas, se siguieron manteniendo como norma aceptada incluso cuando, a finales del siglo XVI, se equilibró el porcentaje de mujeres de origen europeo dentro del grupo dominante. Ello afectó a la estructura familiar, ya que junto al núcleo «legítimo» pervivieron otro u otros núcleos no legitimados, pero relativamente estables. La situación se complicó por la práctica del «reconocimiento »de los hijos naturales, ampliamente desarrollada desde los primeros años de la conquista.

El mestizaje en la Nueva España se realizó mucho más entre un español y una india que entre una española y un indio. Pues las mujeres hispanas consideraban una absoluta deshonra el acostarse voluntariamente con un nativo, y era muy extraño el caso de que las mujeres blancas aceptaran tener relaciones sexuales. Cuando esto se producía por voluntad o por violación, las mujeres preferían ya no regresar con sus compatriotas y seguir en amancebamiento con el indígena.

Situación social de los mestizos.

En la sociedad de castas que se había formado en la Nueva España, el ser mestizo era una tragedia, pues los españoles consideraban a las culturas indígenas como inferiores y a los nacidos de uniones tan desiguales unos seres sin ninguna valía social ni racial. Los mestizos fueron explotados terriblemente por los blancos, quienes se aprovechaban de su condición marginada e ilegítima. Los mestizos podían casarse legítimamente con otras castas, pero nunca con una española o una criolla. Podían hacerlo con indias y mulatas, pero nunca con mujeres blancas.

Los mestizos estuvieron sometidos a muchas prohibiciones: no podían portar armas, ser escribanos, caciques, corregidores, alcaldes mayores ni protectores de los indios. Tampoco podían ser soldados, estudiar en las universidades o pertenecer a ningún cargo religioso. Solamente se les aceptaba cuando podían comprobar que eran hijos legítimos. Así pues, los trabajos que les eran permitidos a los mestizos eran muy pocos; podían ser: artesanos, carpinteros, albañiles, o peones. Todo ello se mantenía a pesar de que el número de mestizos fue aumentando considerablemente en el transcurso de la Colonia.

Gonzalo Guerrero, el padre de los primeros mestizos

El primer mestizo de la Nueva España no fue el primer hijo de Cortés habido con doña Marina, sino los hijos engendrados por Gonzalo Guerrero y una mujer maya. Este soldado después de participar en luchas de poder entre Nicuesa y Alonso de Ojeda, navegante y gobernador, participó en la expedición de Pedro de Valdivia con rumbo a la isla de Santo Domingo. El barco en que navegaban naufragó, y solamente lograron salvarse ocho marineros que llegaron a las costas de Yucatán, entre ellos se encontraba Gonzalo y Valdivia. Después de luchar contra los indios cocomes, fueron apresados. Cuatro españoles sirvieron de alimento a los indios, y los restantes fueron encerrados en jaulas de ramas, pero lograron escapar. Llegaron con los tutul xiúes, a la cuidad de Maní, donde el cacique Taxmar, los entregó como esclavos a su sacerdote Teohom. Debido a los duros trabajos a los que fueron sometidos, sólo sobrevivieron Gonzalo y su compañero Gerónimo de Aguilar. Taxmar donó al sacerdote Na Chan Can a Gonzalo, quien a su vez lo cedió a Nacom Balam, un jefe guerrero.

Poco a poco, Gonzalo se adaptó a la cultura maya, la hizo suya, se hizo tatuajes rituales, mutilaciones dentarias, y ostentaba bezote de oro en el belfo inferior. Cuando llegó Hernán Cortés en 1519, Aguilar, su compañero, se unió a los conquistadores, mientras que Gonzalo decidió quedarse con los indios, pues se había casado con la hija del cacique de Chetumal llamada Zazil Ha, hija de Na Chan Can, con la que había procreado tres hijos a los que permitió se les hiciese la deformación craneana. Tanta era su aculturación que permitió que su primera hija fuese sacrificada en el cenote sagrado de Chichén Itzá. Así dio inicio nuestro mestizaje.

Por lo tanto, cada uno de nosotros, los mexicanos, llevamos en las venas sangre india, lo cual debería ser suficiente para alejarnos de cualquier tipo de discriminación hacia nuestros conciudadanos indígenas, nuestros hermanos, o de cualquier persona de piel morena.

 

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Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.