El Tlacuache o el Dios ladino que robó el fuego para los antiguos mexicanos

Nuestra resistencia está en los mitos que conjuramos: este es el mito del Tlacuache, el Dios de la regeneración.

“La historia de la humanidad ha sido escrita por los vencedores”. Lo anterior lo escribió Brasillash antes de morir frente al patíbulo, acusado de colaborar con el nazismo. Sin embargo, no siempre se olvida aquello que los vencedores quisieron borrar, como tampoco se niega ese secreto aprendido en silencio y que modelan ­­–más que un itinerario de lucha para los pueblos frente a sus invasores– una filosofía para resistir.

Si los santos católicos ofrecieron un abanico de personalidades, y estas sirvieron como sustitutos para el antiguo panteón de dioses prehispánicos, estos modelos de probidad no pudieron allanar en su totalidad las diversas formas en la que los dioses de la antigüedad prehispánica se manifestaban.

Aquellos dioses desaparecieron poco a poco, pero el tlacuache, adorado como una deidad a la altura en que se tenía al jaguar, el conejo o el águila, pervivió. El tlacuache fue un animal divino para muchas culturas mesoamericanas. Parece que su fama se extendió por las propiedades curativas de su cola, con la que se asegura, robó el fuego privilegio de los dioses y lo metió en su marsupio para entregárselo a nuestros ancestros. Luego de la conquista también se dijo que el tlacuache había cometido aquella proeza porque el hijo de la virgen María, una noche fría necesitaba calor, fue entonces delante de la Vieja Avariciosa y le pidió calentarse en su fogata; en un descuido este robó la lumbre para entregársela al salvador.

Si la versión occidental hizo referencia a esta hazaña en la leyenda de Prometeo, donde un titán furibundo (aunque lleno de heroísmo y amor por los hombres) les regaló el fuego a estos últimos luego de robárselo a su padre Zeus, el Tlacuache lo hizo un día de parranda; se convirtió sin proponérselo en un Fénix de poca monta que no pudo ser exterminado gracias a su abundante reproducción:

Cuenta una antigua leyenda que un día el tlacuache invitó a comer a su compadre, cuando éste llegó se dio cuenta –siempre loco, olvidadizo y dicharachero– de que no tenía nada que ofrecerle de comer. Entonces el tlacuache se fue al río y le pidió a su esposa que lo matara y cocinara su carne. La esposa del tlacuache tuvo cuidado al hacerlo y dejó sus nervios pegados al hueso para que se regenerara pronto. Cuando la carne estuvo cocida y servida, el tlacuache regresó con su compadre y también comió de su propia carne como si nada hubiera pasado.

Las características del tlacuache

Este marsupial carga a sus hijos en una bolsa con un músculo que se contrae y distiende, esto le permite liberarlos a voluntad por si hubiese algún predador al asecho. Caza gallinas y roba el maíz. Su cola tiene propiedades maravillosas como ya dijimos, que van desde quitar el estreñimiento hasta acelerar el parto para las mujeres embarazadas y regresarles la regla si ésta les faltara. También su cola es útil para curar las vías urinarias, solo basta embarrar un ungüento, derivado de moler la cola, para hacer sanar cualquier miembro del cuerpo afectado.

tlacuache

No solo son sus propiedades una fuente de sanación, el carácter del tlacuache está bien definido en la siguiente anécdota:

Se dice que en el principio de los tiempos acudieron a este personaje para preguntarle si los ríos debían ser rectos o tener ondulaciones. El tlacuache que estaba ebrio dijo que debían ser curvos, porque eso detendría el cauce que vertiginoso correría si los ríos fueran rectos. Nadie podría pescar y a él le gustaban muchos los peces como para dejarlos pasar.

Este Dios representó el sabotaje de lo aparentemente perfecto, sus mayores laureles los obtuvo mintiendo, pero su engaño tuvo un motivo, y su mendicidad recuerda al viejo Diógenes el Perro.

El Dios Tlacuache y los múltiples mitos que se tejieron alrededor de él, recuerdan la característica ladina con la que luego fueron asociados los indígenas por permanecer fieles a sus antiguas creencias. A la vez, este prejuicio provocó que el mito cayera en desuso para las siguientes generaciones. Pero no todo se perdió, el tlacuache y su leyenda pudieron filtrarse en la “economía de guerra” con la que el indígena sobrevivió –se calcula que un aproximado 25 millones de indígenas perecieron durante la conquista–: engañar en esa tierra ahora de conquistadores fue su forma de sobrevivir como lo fue para el tlacuache.

Su adoración transmutó como un recurso histriónico, en el que había que actuar la propia muerte, demostrando poco valor pero mucha astucia; luego con esta actitud se representó a los héroes en la pantalla grande. El indio ladino, el chavo de barrio, el trabajador alburero que solía salirse con la suya de la forma más divertida. Su aparente falta de compromiso solo demostraba que su verdadera intención era más grande, pues aún sumido en su propia marginación osaba reírse de su destino.

¿Acaso la forma en la que los mitos se trasmitieron, ocupando una categoría moral no confesada dentro del imaginario nacional, pudieron darle sentido a una ideología secreta para resisitr a nuestro pueblo?

Posiblemente no haya sido solo la influencia del mítico tlacuache sino un cúmulo de circunstancias políticas, sociales, pero el mito en sí logra condensar una personalidad que sigue recorriendo el ser mexicano y que le guste o no a quien la vitupera y señala, permanecerá como una señal de lo que fuimos, quiero decir, somos.

A continuación, una receta de sanación contenida en el libro Los Mitos del Tlacuache del historiador Alfredo López Austin:

 

Medicamentos entre los que se encuentra la cola del tlacuache, según Martín de la Cruz

Huihuitzmallótic. Cohuanenepilli. Hierba para la vejiga, o halicacabo.

Cuando se ha tapado el conducto de la orina, para que se abra, muélanse brotes de las hierbas mamaxtla y cohuanenepelli, el tlatleuhqui amoxtli, la flor muy blanca del yolloxóchitl y la cola del animal llamado tlácuatl, en agua muy amarga, y mézclese semilla de la muy conocida chían. Todo en conjunto ha de macerarse. 

Cuauhaláhuac. Cihuapahtli. Quetzalhuéxotl. Remedio para la parturenta.

Cuando una mujer tiene dificultad para eliminar el feto, o simplemente, para facilitar el parto, beba el medicamento hecho de corteza de árbol cuauhaláhuac y de la hierba tlanextia. Quémense pelos y huesos del mono, un ala de águila, un poco de árbol quetzálhuéxotl, cuero de venado, hiel de gallo, hiel de liebre y cebollas descecadas al sol. Se agrega a todo eso sal, un fruto que llamamos nochtli y octli.

Todo se calienta y se unge al paciente con el jugo.

Coma carne de zorra y cuélguese del hombro una esmeralda verde al igual que una perla, también muy verde.

También puede beber puede un preparado de pulque, de caca molida de halcón y de pato y un poco de cola de tlacahuatzin. El pulque ha de ser dulce.

Báñese la vulva con líquido preparado con tallos de xaltómatl, cola de xaltómatl, cola de tlacutazin y hojas de cihuapahtli, molidas.

También muele en agua la cola de tlacautazin y la hierba cihuapahtli y aplícalo con un clisterio en el vientre para lavarlo y purgarlo.

Debe lavarse el vientre mediante un clisterio en agua caliente de hierbas molidas de ohuaxocoyolin. Y sino se aprovecha esta medicina, hay necesidad de recurrir a la médula de la palama muy tenúe, cubierta con poco de algodón unatada con miel y de la raíz de la hierba huihuitzmallótic, que se introduce con muchisímo cuidado en el meato del miembro viril, pues de este modo se abre la obturación de la orina.”

 

*Imágenes: 1) Ilustración de  Ana Paula de la Torre Díaz; 2) Figura de barro encontrada en Tlapacoya, Estado de México; se cree data del año 1000 A.C.

Rober Diaz
Autor: Rober Diaz
Escritor. Hiperrealista. Trabaja en LCD / Departamento de teorías conspiratorias.

Si la Luna fuera de pulque: un precioso mito ilustrado

En la versión de este ilustrador mexicano, las disputas entre el conejo y el tlacuache determinan las fases lunares…

Los mitos mexicanos son absolutamente entrañables. Especialmente porque resguardan en su interior una conexión indeleble con la naturaleza y las formas de vida que la conforman; particularmente con los animales y las plantas. Hay muchas leyendas antiguas en donde los animales son los protagonistas y de sus acciones dependen distintos ciclos o posibilidades del mundo.

Es natural en ese sentido, que estas historias continuen permeando el imaginario y sirvan de inspiración para los artistas mexicanos contemporáneos. Entre ellos resalta por su ingenio y simplicidad el trabajo del ilustrador David Álvarez, que en su libro “Noche antigua” hace un cuidadoso pastiche de diversas narraciones y mitos del México antiguo.

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Entre ellos hay una explicación preciosa que da razón a las fases lunares. En su versión, son las disputas entre el conejo y el tlacuache lo que las determina. Ambos animales son vitales en la cosmogonía nahua

El tlacuache, el conejo, el pulque y la Luna

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El tlacuache, por su parte, figura en una linda leyenda que lo describe como un astuto personaje que fue capaz de robarse el fuego para los hombres (algo así como el Prometeo griego). Siempre se le relaciona con el acto de robar, con la picardía, la fiesta y la embriaguez como cuenta Alfredo López Austin en su libro “Los mitos del tlacuache”.  

El pulque es su punto de encuentro con el conejo. El tlacuache gusta beberlo, pero el conejo es una suerte de deidad que lo domina. De hecho, deidades del pulque hay 400, todas representadas por conejos.

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Y entre el conejo y la Luna también hay una relación muy cercana. No solo está estampado el animal en el astro: ambos están asociados a la fertilidad, igual que la blanca bebida embriagante; igual que el maguey de donde es extraída el aguamiel. Otra leyenda cuenta que la Luna es una olla llena de pulque, que se va vaciando para fertilizar la tierra.

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Relata David Álvarez con sus delicadas ilustraciones que el conejo la hace de tlachiquero y extrae el aguamiel para rellenar de pulque la olla de la Luna; pero el tlacuache, ingenioso ladrón, perfora la olla y se bebe el brillante líquido.

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La explicación podría sonarnos infantil, pero, apreciada desde una óptica más sensible puede ser un recordatorio de que hay fuerzas ajenas a nosotros que se encargan de mantener activos esos fenómenos de la naturaleza que nos embelesan. Y tiene sentido tratarlos con la ternura con la que David Álvarez trató a estas leyendas.

Seres de la frontera: 40 tipos de brujos o magos del México antiguo

La tradición bruja es tan exquisita como antigua; este catálogo es sólo una probada de ese orgiástico linaje de magia y metafísica mexicanas.

La magia es algo latente en la realidad humana. Esto pareciera acentuarse cuando hablamos de la realidad mexicana. ¿Por qué? Tal vez se deba a las coyunturas históricas, multiculturales, de ecos que siguen imprimiéndose en la vida cotidiana; algo tendrá que ver con las particularidades meteorológicas o geográficas, o probablemente sea, sencillamente, un aspecto esencial de nuestra genética cultural –algo ubicuo, algo que “no podría ser de otra manera”–.

La riqueza ritual y metafísica de los “antiguos mexicanos” es bien sabida. Su vigencia, o literal trascendencia, se prueba al inspirar múltiples manifestaciones neo-místicas pero, también, al mantenerse en sus formas originales ahí, en rincones improbables, la mayoría discretos, y que por fortuna no son necesariamente accesibles para el resto de nosotros.

Los magos, brujos, hechiceros y otros, son figuras que navegan las fronteras entre esta y otras realidades –seres que se autocultivan al filo–. Y esa arena fantástica, pero plausible y con injerencia en esta, ofrece numerosas herramientas que pueden llegar a dominarse. Al menos, entre los antiguos mexicanos existía una compleja diversidad de funciones o habilidades sobrenaturales, las cuales eran practicadas por sus respectivos “especialistas”. 

Quizá la magia no sea territorio estéril ni uniforme; ese plano, al igual que este y probablemente otros, también exhibe una topografía intrincada, con ríos ramificados y caos geológico, con metáforas, tribus y jerarquías.   

Un catálogo de brujos nahuas

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El historiador Alfredo López Austin inventarió una buena cantidad de magos y brujos prehispánicos, específicamente del mundo nahua. “Cuarenta clases de magos del mundo nahua” (1967) no enlista, como advierte su autor, la totalidad de los linajes, pero sí los tipos “más importantes” entre los que ejercían estas artes. 

La distinción primaria en el ejercicio de la magia reside, como es de popular dominio, en el propósito original de su práctica: blanca o negra, para beneficio o perjuicio. Pero tras este plano vienen facultades particulares y ramificaciones minuciosas; por ejemplo, están los que hacen perecer algo con solo mirarlo, o quienes, por el contrario, devuelven la fuerza vital a una persona por medio del aliento. 

Tlatlacatecolos

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Amplia variedad de brujos, los hombres-tecolote, que “practicaban la magia en perjuicio de los hombres”; López Austin incluye trece variaciones en este grupo.

1. Tepan mizani “El que se sangra sobre la gente”.

Causaba la muerte por medio de su sangre (de verterla sobre la víctima).

2. Tlatztini “El que ve fijamente las cosas”

Mataba, literalmente, con la mirada. 

3. Flamatocani “El que toca las cosas”

Colocaba su mano sobre un bien para extraviarlo. 

4. Caltechtlatlacuiloani “El que pinta las paredes de las casas”

Por esta vía provocaba la muerte del dueño de la casa. 

5. Tetlepanqltetzqui “El que prepara el fuego para la gente”

Eliminaba a sus víctimas ya fuese codificando mediante un ritual alimento que posteriormente les convidaba, y morían; o recolectando su cabello y luego administrándoles, mediante este objeto, un hechizo de muerte.

6. Teyollocuani, tecotzcuani “El que come los corazones de la gente” o “el que come las pantorrillas de la gente”.

Inducía una perturbación de las facultades mentales de la víctima o un mal posiblemente muscular.

7. Momelzcopinqui “A la que se arrancaron las piernas” o “que se da golpes en las piernas”

Al parecer los practicantes eran mujeres “perjudiciales”; no se sabe más. 

8. Tlahuifruchtli  “El sahumador luminoso”

“Brujo que andaba de noche por las montañas echando fuego por la boca, o convertidos en fuego mismo, para asustar a sus enemigos y así infundirles locura o muerte.  

9. Nonotzale, pixe, teyolpachoani “El poseedor de conjuros”, “el dueño del depósito” o “el opresor del corazón de la gente”,

Según Sahagún, se trataba de asesinos a sueldo, que se ataviaban con la piel del ocelote.

10. Temacpalitotí, momacpalitoti, tcpopotza cuahuiquc “el que hace danzar a la gente en la palma de la mano”

Empleaban como instrumento una imagen de quetzalcóatl y el brazo de una mujer muerta de parto; iban a casa de sus víctimas, las dormían, robaban, violaban a las mujeres y luego cenaban tranquilamente.

11. Moyohualitoani “El que se acomide en la noche”

Atacaban sexualmente a sus víctimas, tanto mujeres como hombres.

12. Cihuanotzqui, xochihua, cihuatlatole “el que llama a la mujer”, “el que posee embrujos para seducir” o “el dueño de palabras para la mujer”.

Es, posiblemente, una variedad del moyohualitoani.

13. “El que trueca sentimientos” (No se encuentra su nombre en náhuatl)

Preparaban una bebida de maíz que, unida a los conjuros, cambiaba los sentimientos en una persona, de odio a amor y de amor a odio.

Los hombres con poder sobrenatural

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Aquí se incluye a los nahualli, que tiene el poder para transformarse en otro ser, y otra especie de magos que tienen la habilidad de hacerse de los poderes de alguna divinidad.

14. Nahualli (su significado es ampliamente debatido, elusivo en esencia)

Los nahuales, seres esencialmente misteriosos y elusivos, tienen el poder para transformarse en otros seres, comúnmente animales; su papel en la comunidad puede ser tanto benéfica como maléfica.

15. Teutlipan moquetzani “El que re­presenta a un dios”

Ataviado con las ropas del dios que representaba, se trataba de una figura particularmente querida y respetada. Infundía salud y confianza en sus seguidores a cambio de alimentos y vestido.

Los dominadores de los meteoros

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Su misión era dialogar con o encausar favorablemente las fuerzas meteorológicas, papel fundamental en una cultura francamente agrícola y cuya vida cotidiana resonaba plenamente con la naturaleza.  

16. Teciuhtlazqui o teciuhpetthqui “El que arroja el granizo o el que vence al granizo”

Fuertes soplos y violentos movimientos de cabeza formaban parte de los conjuros habituales de este linaje de magos del clima, cuya función era ahuyentar el granizo para proteger la siembra.  

17. Ocolizehecatlazqui y cocolizmixtlazqui “El que arroja los vientos y las nubes”

Se dedicaban a espantar los vientos y las nubes que se impregnaban negativamente en el cuerpo de los niños.

Los tlaciuhque

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 Se trata de “estrelleros” o “los que miran las cosas”, una suerte de adivinos que ven lo distante y lo oculto; sortilegios, dotes intuitivos, lecturas sagradas y trances visionarios eran algunas de sus herramientas. 

18. Tlachixqui y tlaciuhqui “El que busca o mira las cosas”

Su labor era prever la llegada de fuerzas contrarias y sus manifestaciones (enfermedades, sequías, tormentas o escasez), para alertar a la comunidad y determinar “qué potencias divinas estaban disgustadas y era necesario propiciar.”

19. Paini “El mensajero”

A través de la ingesta de plantas de poder emprendían aventuras visionarias en busca de respuestas que yacían en otros mundos. 

20. Matlaptnlhqui “El que cuenta (a través de] los ante­ brazos”

Invocando fuerzas celestes y mundanas, además de frotar alguna planta sagrada entre sus manos, se preparaba para examinar a un paciente su cuerpo utilizando para medirlo el antebrazo y analizando la correspondencia de medidas entre este y el cuerpo del paciente.

21. Tlaolxiniani “El que desbarata los granos de maíz”

“Huitzilopochtli y Quetzalcóatl dieron a la primera mujer, Cipactónal, los granos que debía arrojar para conocer la suerte de las personas.” A raíz de eso surge este linaje de magos que veían el futuro o la suerte en la disposición de los granos previamente arrojados. 

22. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que usa granos de maíz) “El que ve en el agua a la gente”

Según el comportamiento de los granos de maíz en un recipiente de agua podía diagnosticar al paciente. 

23. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que no usa granos de maíz) 

Utilizaban el agua como medio para determinar si un niño había perdido su tonalli o la gravedad y procedencia de una enfermedad en el paciente. 

24. Tlapachtlapouhqui “La que adivina con conchas”

Empleaba conchas para leer los designios y futuros. 

25. Mecatla ponhqui “El que cuenta [el significado de] los corde­les”

“Ataba sus cuerdas en presencia del enfermo y luego tiraba fuertemente de ellas”; si estas se desataban, sanaría, si en cambio se hacían nudos, quizá moriría.

26. Polocatlapouhqtti o zacatlaponhqui “El que mide con pajas”

El adivino me­día con una paja al enfermo y así descifraba su verdadero estado.

27. Cóatlquiyolítiani  “El que hace vivir a la serpiente”

Se encargaba de, por medio de su serpiente, descubrir a aquel que hubiese cometido un delito, por ejemplo el rapto de una persona. 

28. Tlaponhqui, tonalpouhqui “El que cuenta las co­sas o el que cuenta el destino”.

Una figura compleja y muy rica, “sin duda alguna, el adivino de mayor importancia, puesto que su labor está relacionada con todos los actos im­ portantes de la vida del hombre”. Este linaje de sacerdotes poseían e interpretaban los libros sagrados del destino, los tonalámatl.

29. Temiquiximati, temicmzmictiani “El cono­ cedor de los sueños o el intérprete de los sueños”

Con frecuencia se les cita interpretando los sueños de los señores y, a diferencia de los anteriores, ellos se basaban no en los tonalámatl, sino en los libros de los sueños, los temicámatl.

Los titici

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Una suerte de médicos que combatían las enfermedades vía recursos mágicos, sin que las enfermedades enfermedades apelaran necesariamente a un carácter sobrenatural. 

30. Tetonalmacani, tetonaltiqui, tetonallaiqui “El que da el tonalli a la gente o el que asienta el tonalli en la gente”

Regresaban el tonalli (algo así como el aliento vital) al cuerpo del enfermo, por medio de conjuros y, en ocasiones, luego de atraerlo a un recipiente con agua, lo esparcía sobre el paciente con la boca. 

31. Tcapahtiani “El que anula la curación a la gente o el que contrarresta a la gente un veneno que se le ha dado”.

Extraía el tonalli nocivo inducido por error en un niño y, tal vez, también se encargaba de ahuyentar algún hechizo perjudicial. 

32. Desconocido “El que pinta figuras en el cuerpo”

Producía sangrías en el cuerpo del paciente o, en otros casos, simplemente hacía trazos sobre su cuerpo o su cabeza (a veces en forma de serpiente enroscada).

33. Tetlacuicuiliqui “El que saca algo a la gente”

Rociaba y frotaba al enfermo con estafiate y luego “extraía” objetos del cuerpo del enfermo, que presuntamente eran la materialización de sus enfermedades.  

34. Techichinani “El que chupa a la gente”

También empleando el estafiate o iztáuhyatl, succionaba la parte adolorida y extraía los males materializados en objetos. 

35. Tepoztecpahtiani “El que reduce fracturas de huesos”

Usaban simultáneamente procedimientos médicos y mági­co. Entablillaban el miembro fracturado y luego complementaban esto con el pronunciamiento de fórmulas mágicas 

36. Desconocido “El que cura piquetes de alacrán”

Con un torniquete o liga frenaban la propagación del veneno, aplicaban tabaco sobre el piquete, y luego hacían representaciones actuadas de la diosa Xochiquétzal (aludiendo a un mito pertinente). 

37. Teiczaliztli “El que cura por teiczaliztli (acción de pisar a la gente)”

Calentaba las plantas de sus pies hasta experimentar dolor y luego caminaba sobre la espalda del enfermo, mientras pronunciaba las fórmulas mágicas.

38. Pacholiztli “El que cura por pllcholiztli (acción de presio­nar)”

Apretaba con sus manos el pecho del enfermo, generalmente niños. 

39. Desconocido “El que cura con su aliento”

Transmitía, mediante su aliento, energía vital al paciente; para lograrlo invocaba al señor del viento, Ehecatéotl.   

Los magos no profesionales

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40. Desconocido “El que usa ocasionalmente de la magia”

Personajes que no realizan actos mágicos como oficio, pero que usan su conocimiento de fórmulas y procedimientos para su propio beneficio. “Como ejemplos pueden citarse el de los caminantes, que invocan a las fuerzas sobrenaturales propicias y deprecan a las nocivas antes de iniciar el viaje; el de los cazadores, el de los recolectores de miel, el de los leñadores, el de los pescadores, que usan fórmulas mágicas para realizar en forma más productiva sus labores coti­dianas”

 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

La Rotonda del Mar: monstruos de cobre en el inadvertido paisaje

Figuras surrealistas y mágicas dan un nuevo sentido al turismo en Puerto Vallarta y nos invitan a ejercer el acto de contemplar.

Maravilladas por el movimiento de las olas, las esculturas con cabeza de pulpo o caballo de mar apenas y pueden permanecer así, impávidas y sin que el viento las devore. Ocho piezas componen una colección de esculturas surrealistas en Puerto Vallarta, realizadas en 1996 por Alejandro Colunga. Cada una de ellas conforma la Rotonda del Mar, y están colocadas en de manera que observan el mar, postradas ahí, como si esperaran algo o a alguien.

El malecón de Puerto Vallarta es una de las zonas más turísticas de la región. Aquí no sólo se admira el mar y la luz solar, también se observan estos seres que salvaguardan el camino y al viajero que va de paso.

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La esencia antropomórfica que aún conservan de su realizador puede constatarse en su apariencia fantástica y soñadora. La contorsión de sus bocas es un largo grito al viento y, la pequeñez de sus manos, su incapacidad de zambullirse y desaparecer del malecón. Sin darnos cuenta, estamos parados frente a un montón de seres oníricos que nos invitan a cambiar el significado de nuestro viaje, por uno más contemplativo. 

Algunas de las nostálgicas criaturas, si se les puede llamar así, poseen un esqueleto que emula el respaldo y patas de una silla. Un deleite para los turistas transeúntes que gustan de parar justo ahí, a mirar el paisaje. La similitud de dichas esculturas con un mueble no es fortuita. El autor lo hizo con la intención de que los viajeros les hicieran compañía en un largo viaje hacia la eternidad. 

Vivir no es fácil y menos si es para siempre. Por eso, cada figura tiene los pies en la tierra y, conscientes de su destino, deciden jamás irse. Y, aunque pudieran, sería en vano. Cuando el tiempo es interminable, el escapar se vuelve una ruta circular, en la que cada pieza encuentra su sitio y sólo queda como consolación, ver el mar, el espejo de nosotros mismos. 

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rotonda del mar puerto vallarta

/ ¿Cómo llegar?

 

*Imágenes: 1) On The Road In Mexico2, 3) Ernest McGray Jnr. – flickr / Creative Commons; 4) Wikimedia Commons; 5) J. David Villalpando – flickr / Creative Commons