Seres de la frontera: 40 tipos de brujos o magos del México antiguo

La tradición bruja es tan exquisita como antigua; este catálogo es sólo una probada de ese orgiástico linaje de magia y metafísica mexicanas.

La magia es algo latente en la realidad humana. Esto pareciera acentuarse cuando hablamos de la realidad mexicana. ¿Por qué? Tal vez se deba a las coyunturas históricas, multiculturales, de ecos que siguen imprimiéndose en la vida cotidiana; algo tendrá que ver con las particularidades meteorológicas o geográficas, o probablemente sea, sencillamente, un aspecto esencial de nuestra genética cultural –algo ubicuo, algo que “no podría ser de otra manera”–.

La riqueza ritual y metafísica de los “antiguos mexicanos” es bien sabida. Su vigencia, o literal trascendencia, se prueba al inspirar múltiples manifestaciones neo-místicas pero, también, al mantenerse en sus formas originales ahí, en rincones improbables, la mayoría discretos, y que por fortuna no son necesariamente accesibles para el resto de nosotros.

Los magos, brujos, hechiceros y otros, son figuras que navegan las fronteras entre esta y otras realidades –seres que se autocultivan al filo–. Y esa arena fantástica, pero plausible y con injerencia en esta, ofrece numerosas herramientas que pueden llegar a dominarse. Al menos, entre los antiguos mexicanos existía una compleja diversidad de funciones o habilidades sobrenaturales, las cuales eran practicadas por sus respectivos “especialistas”. 

Quizá la magia no sea territorio estéril ni uniforme; ese plano, al igual que este y probablemente otros, también exhibe una topografía intrincada, con ríos ramificados y caos geológico, con metáforas, tribus y jerarquías.   

Un catálogo de brujos nahuas

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El historiador Alfredo López Austin inventarió una buena cantidad de magos y brujos prehispánicos, específicamente del mundo nahua. “Cuarenta clases de magos del mundo nahua” (1967) no enlista, como advierte su autor, la totalidad de los linajes, pero sí los tipos “más importantes” entre los que ejercían estas artes. 

La distinción primaria en el ejercicio de la magia reside, como es de popular dominio, en el propósito original de su práctica: blanca o negra, para beneficio o perjuicio. Pero tras este plano vienen facultades particulares y ramificaciones minuciosas; por ejemplo, están los que hacen perecer algo con solo mirarlo, o quienes, por el contrario, devuelven la fuerza vital a una persona por medio del aliento. 

Tlatlacatecolos

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Amplia variedad de brujos, los hombres-tecolote, que “practicaban la magia en perjuicio de los hombres”; López Austin incluye trece variaciones en este grupo.

1. Tepan mizani “El que se sangra sobre la gente”.

Causaba la muerte por medio de su sangre (de verterla sobre la víctima).

2. Tlatztini “El que ve fijamente las cosas”

Mataba, literalmente, con la mirada. 

3. Flamatocani “El que toca las cosas”

Colocaba su mano sobre un bien para extraviarlo. 

4. Caltechtlatlacuiloani “El que pinta las paredes de las casas”

Por esta vía provocaba la muerte del dueño de la casa. 

5. Tetlepanqltetzqui “El que prepara el fuego para la gente”

Eliminaba a sus víctimas ya fuese codificando mediante un ritual alimento que posteriormente les convidaba, y morían; o recolectando su cabello y luego administrándoles, mediante este objeto, un hechizo de muerte.

6. Teyollocuani, tecotzcuani “El que come los corazones de la gente” o “el que come las pantorrillas de la gente”.

Inducía una perturbación de las facultades mentales de la víctima o un mal posiblemente muscular.

7. Momelzcopinqui “A la que se arrancaron las piernas” o “que se da golpes en las piernas”

Al parecer los practicantes eran mujeres “perjudiciales”; no se sabe más. 

8. Tlahuifruchtli  “El sahumador luminoso”

“Brujo que andaba de noche por las montañas echando fuego por la boca, o convertidos en fuego mismo, para asustar a sus enemigos y así infundirles locura o muerte.  

9. Nonotzale, pixe, teyolpachoani “El poseedor de conjuros”, “el dueño del depósito” o “el opresor del corazón de la gente”,

Según Sahagún, se trataba de asesinos a sueldo, que se ataviaban con la piel del ocelote.

10. Temacpalitotí, momacpalitoti, tcpopotza cuahuiquc “el que hace danzar a la gente en la palma de la mano”

Empleaban como instrumento una imagen de quetzalcóatl y el brazo de una mujer muerta de parto; iban a casa de sus víctimas, las dormían, robaban, violaban a las mujeres y luego cenaban tranquilamente.

11. Moyohualitoani “El que se acomide en la noche”

Atacaban sexualmente a sus víctimas, tanto mujeres como hombres.

12. Cihuanotzqui, xochihua, cihuatlatole “el que llama a la mujer”, “el que posee embrujos para seducir” o “el dueño de palabras para la mujer”.

Es, posiblemente, una variedad del moyohualitoani.

13. “El que trueca sentimientos” (No se encuentra su nombre en náhuatl)

Preparaban una bebida de maíz que, unida a los conjuros, cambiaba los sentimientos en una persona, de odio a amor y de amor a odio.

Los hombres con poder sobrenatural

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Aquí se incluye a los nahualli, que tiene el poder para transformarse en otro ser, y otra especie de magos que tienen la habilidad de hacerse de los poderes de alguna divinidad.

14. Nahualli (su significado es ampliamente debatido, elusivo en esencia)

Los nahuales, seres esencialmente misteriosos y elusivos, tienen el poder para transformarse en otros seres, comúnmente animales; su papel en la comunidad puede ser tanto benéfica como maléfica.

15. Teutlipan moquetzani “El que re­presenta a un dios”

Ataviado con las ropas del dios que representaba, se trataba de una figura particularmente querida y respetada. Infundía salud y confianza en sus seguidores a cambio de alimentos y vestido.

Los dominadores de los meteoros

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Su misión era dialogar con o encausar favorablemente las fuerzas meteorológicas, papel fundamental en una cultura francamente agrícola y cuya vida cotidiana resonaba plenamente con la naturaleza.  

16. Teciuhtlazqui o teciuhpetthqui “El que arroja el granizo o el que vence al granizo”

Fuertes soplos y violentos movimientos de cabeza formaban parte de los conjuros habituales de este linaje de magos del clima, cuya función era ahuyentar el granizo para proteger la siembra.  

17. Ocolizehecatlazqui y cocolizmixtlazqui “El que arroja los vientos y las nubes”

Se dedicaban a espantar los vientos y las nubes que se impregnaban negativamente en el cuerpo de los niños.

Los tlaciuhque

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 Se trata de “estrelleros” o “los que miran las cosas”, una suerte de adivinos que ven lo distante y lo oculto; sortilegios, dotes intuitivos, lecturas sagradas y trances visionarios eran algunas de sus herramientas. 

18. Tlachixqui y tlaciuhqui “El que busca o mira las cosas”

Su labor era prever la llegada de fuerzas contrarias y sus manifestaciones (enfermedades, sequías, tormentas o escasez), para alertar a la comunidad y determinar “qué potencias divinas estaban disgustadas y era necesario propiciar.”

19. Paini “El mensajero”

A través de la ingesta de plantas de poder emprendían aventuras visionarias en busca de respuestas que yacían en otros mundos. 

20. Matlaptnlhqui “El que cuenta (a través de] los ante­ brazos”

Invocando fuerzas celestes y mundanas, además de frotar alguna planta sagrada entre sus manos, se preparaba para examinar a un paciente su cuerpo utilizando para medirlo el antebrazo y analizando la correspondencia de medidas entre este y el cuerpo del paciente.

21. Tlaolxiniani “El que desbarata los granos de maíz”

“Huitzilopochtli y Quetzalcóatl dieron a la primera mujer, Cipactónal, los granos que debía arrojar para conocer la suerte de las personas.” A raíz de eso surge este linaje de magos que veían el futuro o la suerte en la disposición de los granos previamente arrojados. 

22. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que usa granos de maíz) “El que ve en el agua a la gente”

Según el comportamiento de los granos de maíz en un recipiente de agua podía diagnosticar al paciente. 

23. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que no usa granos de maíz) 

Utilizaban el agua como medio para determinar si un niño había perdido su tonalli o la gravedad y procedencia de una enfermedad en el paciente. 

24. Tlapachtlapouhqui “La que adivina con conchas”

Empleaba conchas para leer los designios y futuros. 

25. Mecatla ponhqui “El que cuenta [el significado de] los corde­les”

“Ataba sus cuerdas en presencia del enfermo y luego tiraba fuertemente de ellas”; si estas se desataban, sanaría, si en cambio se hacían nudos, quizá moriría.

26. Polocatlapouhqtti o zacatlaponhqui “El que mide con pajas”

El adivino me­día con una paja al enfermo y así descifraba su verdadero estado.

27. Cóatlquiyolítiani  “El que hace vivir a la serpiente”

Se encargaba de, por medio de su serpiente, descubrir a aquel que hubiese cometido un delito, por ejemplo el rapto de una persona. 

28. Tlaponhqui, tonalpouhqui “El que cuenta las co­sas o el que cuenta el destino”.

Una figura compleja y muy rica, “sin duda alguna, el adivino de mayor importancia, puesto que su labor está relacionada con todos los actos im­ portantes de la vida del hombre”. Este linaje de sacerdotes poseían e interpretaban los libros sagrados del destino, los tonalámatl.

29. Temiquiximati, temicmzmictiani “El cono­ cedor de los sueños o el intérprete de los sueños”

Con frecuencia se les cita interpretando los sueños de los señores y, a diferencia de los anteriores, ellos se basaban no en los tonalámatl, sino en los libros de los sueños, los temicámatl.

Los titici

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Una suerte de médicos que combatían las enfermedades vía recursos mágicos, sin que las enfermedades enfermedades apelaran necesariamente a un carácter sobrenatural. 

30. Tetonalmacani, tetonaltiqui, tetonallaiqui “El que da el tonalli a la gente o el que asienta el tonalli en la gente”

Regresaban el tonalli (algo así como el aliento vital) al cuerpo del enfermo, por medio de conjuros y, en ocasiones, luego de atraerlo a un recipiente con agua, lo esparcía sobre el paciente con la boca. 

31. Tcapahtiani “El que anula la curación a la gente o el que contrarresta a la gente un veneno que se le ha dado”.

Extraía el tonalli nocivo inducido por error en un niño y, tal vez, también se encargaba de ahuyentar algún hechizo perjudicial. 

32. Desconocido “El que pinta figuras en el cuerpo”

Producía sangrías en el cuerpo del paciente o, en otros casos, simplemente hacía trazos sobre su cuerpo o su cabeza (a veces en forma de serpiente enroscada).

33. Tetlacuicuiliqui “El que saca algo a la gente”

Rociaba y frotaba al enfermo con estafiate y luego “extraía” objetos del cuerpo del enfermo, que presuntamente eran la materialización de sus enfermedades.  

34. Techichinani “El que chupa a la gente”

También empleando el estafiate o iztáuhyatl, succionaba la parte adolorida y extraía los males materializados en objetos. 

35. Tepoztecpahtiani “El que reduce fracturas de huesos”

Usaban simultáneamente procedimientos médicos y mági­co. Entablillaban el miembro fracturado y luego complementaban esto con el pronunciamiento de fórmulas mágicas 

36. Desconocido “El que cura piquetes de alacrán”

Con un torniquete o liga frenaban la propagación del veneno, aplicaban tabaco sobre el piquete, y luego hacían representaciones actuadas de la diosa Xochiquétzal (aludiendo a un mito pertinente). 

37. Teiczaliztli “El que cura por teiczaliztli (acción de pisar a la gente)”

Calentaba las plantas de sus pies hasta experimentar dolor y luego caminaba sobre la espalda del enfermo, mientras pronunciaba las fórmulas mágicas.

38. Pacholiztli “El que cura por pllcholiztli (acción de presio­nar)”

Apretaba con sus manos el pecho del enfermo, generalmente niños. 

39. Desconocido “El que cura con su aliento”

Transmitía, mediante su aliento, energía vital al paciente; para lograrlo invocaba al señor del viento, Ehecatéotl.   

Los magos no profesionales

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40. Desconocido “El que usa ocasionalmente de la magia”

Personajes que no realizan actos mágicos como oficio, pero que usan su conocimiento de fórmulas y procedimientos para su propio beneficio. “Como ejemplos pueden citarse el de los caminantes, que invocan a las fuerzas sobrenaturales propicias y deprecan a las nocivas antes de iniciar el viaje; el de los cazadores, el de los recolectores de miel, el de los leñadores, el de los pescadores, que usan fórmulas mágicas para realizar en forma más productiva sus labores coti­dianas”

 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.
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Brujería y política en México: un viejo y sombrío noviazgo

Curanderos, videntes, chamanes, conjuros, vudú, santería, New Age, amarres y mucho espiritismo, también son ingredientes históricos en la política mexicana.

México es un país que desborda misticismo. Y uno de los cauces que esa pulsión ha tomado es, evidentemente, el de las prácticas asociadas a la brujería y la magia. Desde el Mercado de Sonora y el linaje oaxaqueño de curanderos y hechiceros, pasando por las sesiones espiritistas de Francisco I. Madero, Elías Calles y muchos otros, el amplio catálogo de magos prehispánicos, la meca brujo-selvática de Catémaco y la meta-ficción de Carlos Castaneda y Don Juan Matus, la magia en México ocupa prácticamente todos los rincones –a veces de forma vistosa y otras, muchas, con elusiva discreción–.

Considerando lo anterior no debiera sorprendernos que en este país también se ha forjado una estrecha relación entre política y brujería. Incontables políticos mexicanos han recurrido a hechiceros, brujos y otras figuras similares, en busca de protección, de apoyo metafísico para sus causas y, ocasionalmente, por simple curiosidad. 

Magia negra VS Magia blanca

Recordemos que a fin de cuentas las artes ocultas apuntan a ejercer una modificación de la realidad mediante la voluntad dirigida, por medio de conjuros, rituales y otras herramientas; también, es importante distinguir entre lo que popularmente se conoce como magia blanca y magia negra, cuya diferencia fundamental depende del fin con que se ejerce: si se usan estos conocimientos sin un interés personal de por medio, entra en la primera categoría; mientras que si lo que se busca es el beneficio o, aún más allá, el poder, entonces se estaría practicando magia negra. Sobra decir que en el caso de la política, cuando esta recurre a la magia o la brujería, generalmente resuena con una franca ambición de poder, y por lo tanto caería en el más oscuro de los cuadrantes.

Los brujos y el poder

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Si quisiéramos hacer un recuento de política y brujería en México seguramente tendríamos que comenzar por los tlatoanis mexicas y líderes políticos del resto de las culturas originarias del país. En ese contexto el poder político y la magia eran fuerzas indisociables y explícitamente unidas. Pero pasemos a los vínculos posteriores, aquellos cultivados en momentos donde esta relación no era intrínseca.

Tras la etapa colonial, durante la cual estaban prohibidas este tipo de prácticas, poco se sabe, al menos hasta el siglo XX. Es luego de la Revolución Mexicana, cuando las alusiones metafísicas comienzan a poblar el imaginario político de México. Quizá por eso el recuento de asociaciones entre brujería y política que hizo Jesús Gil Olmos, en su libro Los brujos y el poder (2009), comienza precisamente en esta etapa, con el capítulo “Los espiritistas de la Revolución”

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El espiritismo en México

En él se cita la afición espiritista de presidentes mexicanos, incluido Francisco I Madero –quien además era estudioso del Bhagavad-Gita–, Plutarco Elías Calles –que también se apoyaba en curanderos, entre ellos el Niño Fidencio–, y Miguel Alemán. Todo apunta a que estos tres mandatarios, y muchos de sus subordinados, tomaron decisiones importantes aconsejados por los espíritus a los que contactaban en las sesiones.

Es decir, podríamos afirmar que el rumbo del país estuvo influenciado por los mandatos de entidades etéreas. El espiritismo seguiría siendo popular al menos durante el medio siglo posterior a la Revolución, periodo en el cual tuvo incontables adeptos, en México y el mundo, entre políticos y figuras públicas. 

Catemaco, la capital metafísica del PRI

Hace 25 años, un niño tuvo la oportunidad de visitar Catemaco, Veracruz. Este sitio se hizo mundialmente famoso por la cantidad de brujos que lo habitan y ofrecen “consultas”. Cuando el niño entró al recinto descansó su mirada –quizá tomando algo de aire antes de mirar al “gran brujo” a los ojos–, en una gran mesa que recibía a los visitantes. Ahí, entre la superficie de madera y un grueso vidrio, se encontraban “enmarcadas” varias fotografías. Al centro estaba una especialmente llamativa: aparecía el presidente Carlos Salinas tomado del brazo del brujo. 

Al parecer, y por lo menos desde el propio Alemán, hasta Ernesto Zedillo, los presidentes mexicanos, todos provenientes del PRI, acostumbraban visitar Catemaco y, según Gil Olmos, tenían sus respectivos brujos de cabecera –a quienes por cierto se les conocía como los “asesores presidenciales”–.

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New Age, vudú y política a la mexicana

A finales del siglo XX y durante las décadas posteriores, la asociación entre brujería-magia y política adquirió una diversidad espectacular. En esta etapa los casos han sido tan variados que optaremos por enlistar brevemente algunos, todos citados en Los brujos y el poder, con el afán de evidenciar este extraño mosaico que protagonizan figuras políticas de distintas procedencias y años:

El Maharishi en Tamaulipas (1993)

El entonces Gobernador de Tamaulipas, Manuel Cavazos Lerma, seguía fanáticamente el “pensamiento” del famoso líder espiritual de la India, Maharishi Mahesh Yogi –creador de la Meditación Trascendental, y guía de celebridades como los Beatles y David Lynch. Cavazos Lerma implementó en su gobierno, incluso en programas de educación pública, un sistema misticoide de autosuperación inspirado en las enseñanzas del indio. 

Elba Ester Gordillo, vudú, santería y otras (1994)

Uno de los episodios más sombríos de brujería en la política mexicana es protagonizado por Elba Esther, la líder sindical. De acuerdo con el libro citado, su sed de poder y afición por las artes ocultas la llevaron a Nigeria, donde realizó un conjuro con un gran brujo de vudú –que consistió en un ritual donde se mató a un león y “la maestra” se bañó en la sangre del mismo. Lo anterior como un protocolo de protección luego de que su enemigo político, Ernesto Zedillo, asumiera la presidencia.  

“La Paca” (1996)

Para sopresa de miles, la PGR de entonces, encabezada por el panista Lozano Gracia, recurrió a una vidente para tratar de resolver el asesinato del diputado Manuel Muñoz Rocha. Muchos recordamos el embrollo que se hizo, cuando supuestamente encontraron el cadaver en el rancho de Raúl Salinas auxiliados por “La Paca” –quien por cierto era consejera metafísica del hermano del ex-presidente. La historia fue un fiasco, y terminó con la ridiculización de la justicia en México. 

Vicente Fox, el nuevo despertar que terminó en amarre (2000)

Estrenando el siglo XXI y con bríos renovados por la posible alternancia histórica, la campaña de Vicente Fox se rodeó de un grupo que percibía en su potencial triunfo la señal de un despertar de la conciencia en México. Estos personajes se encargaron de confeccionar rituales e imprimir un espíritu esperanzador a la campaña. Tras el triunfo del panista no solo no se confirmó este despertar masivo, sino que la línea metafísica de su gobierno terminaría dictada por Martha Sahagún.

Gil Olmos asegura en su libro que Sahagún, quien fungió primero como vocera y luego como Primera Dama, habría hecho varios “trabajos” a Fox para que se casara con ella y, posteriormente, para que obedeciera buena parte de sus ocurrencias. Desde pastillas y brebajes hasta conjuros puntuales, proceso en el cual estuvo asesorada por Elba Esther Gordillo, Sahagún habría recurrido a lo que fuera para conquistar al mandatario –incluidos los tradicionales “amarres”–. Su origen híper católico, combinado con brujería y new age. se combinarían para servir a la ambición de una figura esencialmente desagradable pero que, aunque no sabemos a qué costo, termino consiguiendo lo que buscaba.   

Políticas públicas embrujadas

Aunque para muchos parezca inverosímil, la brujería ha estado y probablemente seguirá estando francamente presente en la política mexicana. Sin importar si reconocemos o no en estas prácticas algo de poder fáctico, lo cierto es que dicha fuerzas o creencias han influido, históricamente, en decisiones políticas e incluso filosofías de gobierno, en México. Es decir, este fenómeno tiene un valor histórico en nuestro país y, aunque te sorprenda, parte de tu vida cotidiana está, por ende, influidas  por ellas. Además, repasar dicho binomio, brujería y política, nos recuerda lo que mencionábamos al principio: la magia y la metafísica están presentes en la esencia de México, y esto se manifiesta en absolutamente todos los campos.   

Mujeres mágicas de México y Mesoamérica: brujas, hechiceras y otras místicas criaturas

Desde embrujos, la habilidad de respirar bajo el agua o hasta la castración: así eran el poder y la magia de la mujeres en antiguos imaginarios.

Desde embrujos, la habilidad de respirar bajo el agua o hasta la castración; así era el  poder y la magia en la mujeres. Y es que, en un mundo en el que la mujer y el hombre son vistos de manera diferente; resulta realista plantearnos una pregunta: ¿por qué siempre se ha observado el poder y el conocimiento en la mujer como algo peligroso?

La respuesta ante esta incógnita siempre será un debate, pero suponer que el género no tiene una relación respecto a esto sería inocente. En la antigüedad, cuando una mujer tenía conocimientos sobre la naturaleza y el ser humano, se decía que tenía magia baja; mientas que, cuando un hombre poseía el mismo tipo de habilidades, se le asociaba con la magia alta.

Dichos deméritos llegaron a su punto más alto cuando se le asoció con seres sobrenaturales con connotaciones negativas, tanto en Europa como en Mesoamérica. Este es el caso de las brujas, las sirenas y la mujer volcán de vagina dentada.

La bruja medieval

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Al hablar de ellas, el estereotipo de una anciana, con sombrero puntiagudo y escoba, podría resultar inevitable y no es casualidad. Durante mucho tiempo ha existido un imaginario colectivo en el que la bruja —ya sea anciana o joven— tiene poderes sobrenaturales y atormenta a la sociedad y, sobre todo, a los hombres.

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La sirena o de cómo la mujer de escama también asusta

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Mitad torso de mujer y mitad cola de pescado, las sirenas eran una representación tanto del hombre y la mujer. Ya que, su cola de pez tenía una gran similitud con las serpientes —figura fálica en muchas culturas—, pero también femenina porque su interior era húmedo y, por ende, aludía a los órganos sexuales femeninos. 

Su asociación al sexo, el amor y la concupiscencia provocó que fueran muy mal vistas en la Edad Media. Por lo se les retrataba de una manera muy negativa en la literatura medieval: 

La sirena vive en el mar, canta contra la tormenta y llora si hace buen tiempo, pues tal es su naturaleza […] Cuando quiere divertirse, canta en voz alta y clara; si la oye el marinero que navega por la mar, olvida su nave y se duerme al instante (Philippe de Thaün, Bestiario, 1121-1152, 1361-1414).

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No obstante, las sirenas y brujas no fueron las únicas mujeres imaginadas de manera negativa por no cumplir los roles tradicionales. En el caso de América, también existió una persecución de la figura femenina en el imaginario colectivo, sólo que con diferentes personajes.

La  Cihuacóatl o la temida mujer serpiente

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En la sociedad prehispánica, todos temían a la Cihuacóatl o la temida mujer serpiente. En palabras de Sahagún, ella salía en las noches en busca de su progenie. En cuanto al aspecto de esta alma en pena, el fraile dijo lo siguiente:

Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente.Dicen también que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella y poníase en el tianguis entre las otras mujeres, y desapareciendo dejaba allí la cuna […]

La mujer  de vagina dentada 

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De acuerdo a la historia, en las inmediaciones del Chichonal, en Chiapas, vivía Piowacwe, una mujer que se quería casar con un hombre llamado Tunsawi.

Pero Piowacwe tenía un oscuro secreto y es que, durante la noche, la joven se convertía en una anciana de fealdad descomunal y con dientes en sus genitales. Es por esto que Tunsawi decidió no tener relaciones sexuales con ella y Piowacwe enfureció. A tal grado que después seducía hombres para  castrarlos.

La presentación de estas mujeres terroríficas es una muestra de los antiguos horrores, pero más que nada, significan la visión fragmentada que aún se tiene de las mujeres hoy en día. Debemos verlas más allá de la incomprensión, de los estereotipos y verlas como lo que son, personas y no monstruos

Los extraterrestres y la magia, una creencia muy a la mexicana

Soñadores o visionarios, los mexicanos parecen creer en la vida más allá de la muerte y los extraterrestres. Un nuevo estudio lo afirma.

El misticismo y los extraterrestres, una creencia mexicana. Al menos eso es lo que apunta un estudio realizado por Martijn Lamper, quien con su trabajo Majority of humanity say we are not alone in the universe, ha arrojado nuevos datos sobre qué más creen en la vida extraterrestre y la magia. Los mexicanos ocupamos el segundo lugar.

La asociación entre el misticismo y la vida extraterrestre no es arbitraria. Tampoco es una señal del bajo grado de educación o ignorancia del pueblo o nación que cree en ellas. Al contrario, refleja una apertura a las nuevas posibilidades, el atrevimiento de romper nuevos paradigmas y, sobre todo, la humildad de reconocer que en un universo tan grande, la raza humana no podría estar sola.

Los datos del estudio son claros en cuanto a esto. Según sus resultados, las personas más propensas a creer en la vida extraterrestre están altamente interesadas en la ciencia, son de mente abierta, son tolerantes, son pensadores holísticos y son fervientes creyentes de que la imaginación y los sueños pueden de alguna manera afectar la realidad. Entre otras de las características que salieron a relucir resaltó que, de las 47% personas que creían en la existencia de los extraterrestres, muchas estaban a favor de buscar una manera de contactarlos, mientras una porción pequeña de gente aseguraba que lo mejor era no intentar algún tipo de comunicación.

La renuencia, como la atracción hacia lo desconocido, es una característica muy humana. La seducción que ha sentido el ser humano por estos temas se ha remontado desde sus inicios, como, por ejemplo, la manera en que se descubrió el fuego. Sin este tipo de necesidad que tiene el hombre y la mujer, de buscar lo extraño, los avances de la raza humana se hubieran entorpecido. De ahí que, pensar que la existencia extraterrestre es algo ignorante no es correcto. Simplemente es un raciocinio que se fundamenta en la fuerte premisa de que, en un cosmos tan inmenso, el planeta tierra no podría ser el único con vida inteligente.

Lo mismo sucede en cuanto a ver en los sueños y la magia un cierto poder. Esto no necesariamente significa que hay una falta de inteligencia. Muestra el grado de espiritualidad de la gente, su búsqueda de respuestas más allá de verdades absolutas. Algo que, lamentablemente, la ciencia aún no ha podido descifrar. Además, resulta muy pertinente recordar que el valor de los sueños es innegable. Tanto así que, en Europa, Freud decidió analizarlos para comprender de una manera más óptima la psique del ser humano.

El ver en el misticismo y la magia una nueva manera de autodescubrimiento y curación, como en el chamanismo y los rituales, también es una manera de abordar la complejidad del ser humano, así como buscar nuevas alternativas a la medicina tradicional, altamente cuestionable a lo largo de la historia. Es por esto que, muchos de los habitantes de México, buscan alternativas en la herencia de sus antepasados. Después de todo, como en muchos otros países de América, en México se transpira la nigromancia hasta en sus poros.

Estas creencias ancestrales han sobrevino la llegada de los europeos, la conquista y todavía ahora se les puede encontrar. Tanto así que, para muchas personas, son consideradas ya parte de la realidad. Debido a esto, no resulta sorpresivo que varios habitantes de México aún crean en la magia. Otro de los factores que ha favorecido la visión de lo místico como algo verdadero o parte de la realidad, reside en la riqueza de culturas mágicas que hay en el país. Algunos ejemplos pueden verse en los médicos curanderos, conocidos como los jíteberes en las comunidades indigenas, o la existencia de mujeres como Luz Irene Bacasegua, curandera de la etnia de los mayos en Sinaloa.

Este misticismo, alimentado por la medicina herbolaria y las figuras míticas de brujas o hechiceras, ha convertido al mexicano en una persona abierta a nuevas posibilidades y, tal vez, a encuentros cercanos con el tercer tipo. Aunque algo es claro: en un universo en el que la realidad parece volverse cada vez más frágil, el mexicano aprende a ver tras sus grietas con la valentía de descubrir la magia o vida planetaria en el caos.

*Referencias de imágenes: 4) Gustavo M