Recorre los trajes típicos mexicanos con este increíble catálogo que creó el pintor Carlos Mérida

Con figuras sencillas y pocos colores Mérida consigue, paradójicamente, llevarnos la complejidad y belleza de los atuendos tradicionales.

Carlos Mérida ha sido uno de los artistas imprescindibles que reivindicó la esencia indígena en el arte contemporáneo. Aunque nació en Guatemala, fue naturalizado mexicano; cuando formó parte del muralismo mexicano, de algún modo lo permeó de geometría abstracta pero que siempre llevaba algo en su esencia de la estética de las culturas primigenias.

Mérida tenía descendencia maya-quiché y ello fue siempre su orgullo. Su búsqueda por reconocer y preservar el valor artístico prehispánico lo llevó a adoptar series que engrandecían sus cualidades. Como ejemplo hoy presentamos su serie de veinticinco litografías que hizo en 1945 llamada “Trajes Regionales Mexicanos”.

De una estética completamente distinta a la de su plástica muralística y pictórica, Mérida parece adelantarse a los tiempos y retar a la ilustración digital. Sus figuras son todas muy sencillas y con patrones algo minimalistas nos da una idea de la creatividad y compleja minuciosidad en los textiles mexicanos de los trajes típicos de los grupos indígenas y del flocor popular luego de la conquista.

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Consejos mágicos para crear un sistema planetario en casa (cortesía de Remedios Varo)

Un inesperado ritual alquimista donde tienen lugar los objetos que constituyen nuestro universo; meras representaciones de la voluntad psíquica pura.

En un planeta donde impera la lógica y las ciencias poco intuitivas, Remedios Varo fue una revelación. Una mente atestada de símbolos, azufres volátiles y de una imaginación plegada de información de carácter esotérico.

Si hay algo valioso que rescatarle a Remedios Varo  (Anglés, España, 16 de diciembre de 1908 – Ciudad de México, 8 de octubre de 1963), además de su filosofía hermética en el mundo de los pinceles y el lienzo, es su aficionada inquietud por las disciplinas de orden natural, esas que unen al hombre a la tierra y reclaman su origen. Antes de erigirse como una de las pintoras surrealistas más importantes del siglo XX, Varo se perfiló como una activista en contra de las acciones fascistas del gobierno español, se introdujo al inconsciente de los surrealistas de post-guerra, se dedicó a la astronomía, a la entomología y principalmente a las ciencias ocultas y espirituales. 

El pensamiento creador de Varo no se hallaba sencillamente en un trazo y un lienzo. Parte de su imaginario se encontraba en antiguos tratados de materias como música, física, aritmética, arquitectura, botánica, astrología o criptología, en la lectura de la cábala, la alquimia y el hermetismo. Su afición oscilaba entre autores rigurosos: desde Meister Eckart, Eliphas Lévi, el sufismo, Carl Jung, la geometría sagrada y el místico texto de I Chinghasta las políticas de vida de Hermes Trismegisto. De hecho en su biblioteca personal, investigadores como Lois Parkinson hallaron títulos realmente geniales, entre ellos la obra de George GurdjieffRelatos de Belcebú a su nieto. 

Así transmutó literatura y textos ocultos en portentosas pinturas.

Con toda esta información era difícil que Remedios Varo se negara a timonear el oceánico territorio de la escritura. Y así lo hizo. Aunque es poco común mencionar sus escritos, Varo fue una extraordinaria pensadora surrealista de su tiempo. A mediados de los años 30, y a la par que expuso su primera obra pictórica, Composición– se entregó al impredecible mundo de los cadáveres exquisitos, uno de los métodos clásicos del surrealismo para hacer valer la voluntad de la mente por medio de la escritura. En aquellos años empezaba a introducirse al grupo de surrealistas parisinos –con los que habría de reencontrarse prontamente en su exilio a México– y más tarde congeniaría con Leonora Carrington, una figura esencial en sus relaciones amistosas. 

A propósito de su obra escrita, existe una serie de cartas dirigidas a personajes desconocidos, místicos y probablemente inasibles, con los que intercambiaba planes y pensamientos. En una de ellas –escrita a mano en francés y hallada en uno de sus cuadernos de dibujo–, Varo desglosa una serie de sorpresivos consejos para reconfigurar un sistema planetario en casa. Se trata de un ritual donde tienen lugar los objetos que constituyen nuestro universo; meras representaciones de la voluntad psíquica pura:

(…) Poco tiempo antes de que tuvieran lugar estos fenómenos pictóricos, me había entregado a la labor de reacomodar el sistema solar en mi mesa, tarea que es necesario realizar cada 210 días, ya que esta actividad constituye una tarea obligatoria para todos los adeptos del grupo “los observadores de la interdependencia de los objetos domésticos y su influencia sobre la vida cotidiana.” Este grupo, activo desde hace mucho tiempo, ha hecho ya constataciones notables que hacen la vida más simple desde el punto de vista práctico. Por ejemplo: muevo un bote de pintura color verde unos cinco centímetros hacia la derecha, clavo una chinche junto a un peine y, si el señor A… (adepto que trabaja en coordinación conmigo) pone en ese mismo momento su libro sobre apicultura al lado de un patrón para cortar un chaleco, entonces estoy seguro de que se dará, en la avenida Madero, el encuentro con una mujer que me interesa y cuyo origen no he podido averiguar hasta ahora, así como tampoco su dirección. Hemos logrado algunas conquistas sobre la vida de cada día, como usted puede observar.

Al manipular un viejo directorio telefónico, un ramo de laurel, una chinche, un peine, un bote de pintura verde, un zapato de mujer de terciopelo violeta bordado de perlas y una moneda falsa de 5 pesos (este conjunto de objetos es mi universo instrumental, cuyo funcionamiento es concordante e interdependiente con el de los otros miembros del grupo), me permití introducir, hace poco, como novedad, un colibrí disecado y relleno de polvo magnético, todo bien ligado con un mecate como se envuelven las momias, utilizando un hilo rojo de seda. Lo hice sin prevenir a mis colegas, transgresión muy grave dentro del reglamento del grupo. Tan sólo nuestro jefe, con su larga experiencia y su alto grado de conocimientos, puede hacer una cosa así sin provocar graves consecuencias. Más aún, expresamente coloqué el bote de pintura verde bajo un rayo de luz roja que se filtraba a través del vidrio coloreado de mi ventana (¡horror complementario!) Hice todo esto, sin medir sus consecuencias (teniendo poco tiempo de haber ingresado al grupo, mi control alcanza exclusivamente a los objetos que mencioné anteriormente). Como era previsible, ciertos incidentes se han producido desde el día de mi transgresión: mi mejor camisa se ha quemado, un gran depósito de sal se ha acumulado debajo de mi cama, y al día siguiente tuvo lugar el inicio de la sorprendente transformación de mi inspiración pictórica.

still-life-revived-remedios-varo
                                                        Naturaleza Muerta Resucitando, 1963

Otra de sus cartas, expresa la posibilidad de que este sistema solar sea una gráfica imprescindible de lo que acontece en nuestras vidas, un recuento del imaginario proyectado en simples objetos del hogar:

(…) Después de largos años de experimentación, he llegado a poder ordenar de manera conveniente los pequeños sistemas solares del hogar, he comprendido la interdependencia de los objetos y la necesidad de colocarlos en determinada forma para evitar catástrofes, o de cambiar súbitamente su colocación para provocar hechos necesarios al bienestar común. Por ejemplo, eligiendo mi gran sillón de cuero como astro central, teniendo a su alrededor y a 50 centímetros de distancia en posición de este a oeste una mesa de madera (primitivamente, banco de carpintero y fuertemente impregnada de emociones artesanales); detrás de sillón, a dos metros y medio de distancia, el cráneo de un cocodrilo; a la izquierda del sillón, entre otros objetos, una pipa incrustada de falsos brillantes, y, a la derecha, a tres metros de distancia, un jarro verde de cerámica ordinaria; tengo un sistema solar (no entro en una descripción detallada de todo él, sería demasiado largo), que puedo mover a voluntad, conociendo de antemano los efectos que puedo producir, aunque a veces lo incalculable se produzca, provocado por la rápida trayectoria de un meteoro inesperado, a través de mi orden establecido. El meteoro no es otro que mi gato, pero poco a poco estoy llegando a dominar este factor azaroso, ya que he descubierto que, alimentando al gato exclusivamente con leche de oveja, su trayectoria no produce casi ningún efecto.

Desde luego, mis amigos se ocupan también de arreglar en forma conveniente pequeños sistemas solares en sus casas, y hemos establecido una interdependencia entre todos ellos. A veces cambiamos astros de una casa a otra y, desde luego, nunca se hace una modificación sin ponernos todos de acuerdo, pues, de otra manera, suceden cosas a veces desagradables. Debo decir que hemos llegado a realizar todo esto gracias a un larguísimo y profundo estudio de las variaciones y combinaciones matemáticas, pero sirviéndonos para ello de la capacidad natural que tiene uno de nuestros miembros para agrupar los seres y objetos según su verdadera naturaleza. El primer paso fue la fulminante revelación que nuestro amigo tuvo de que su zapato derecho, una cortina de terciopelo rojo y un trozo de ópera (que se oía en ese momento) eran exactamente equivalentes. A partir de entonces, todo fue fácil, ya que, resumiendo las cosas en grandes grupos, los trabajos matemáticos sobre variaciones y combinaciones se hacen rápidamente.

Con una imaginación, diría el alquimista, atestada de sal, mercurio y fuego, Remedios Varo ideó éstas y otras cartas más que fueron expuestas en 1994 gracias al Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. En estos textos Varo nos enseña que, quien sintetiza o fusiona los ingredientes de su universo con cierto ángulo intuitivo y calculador, supera incluso las capas astrales y las leyes universales del todo. Si agregamos a esto un ejemplo ilustrativo (por ejemplo su pintura Naturaleza Muerta Resucitando) como parte de una aleación multifacética de su trabajo, en suma, obtenemos una de las escasas revelaciones que nos ha otorgado la fusión de la alquimia y la magia mexicana.

Espíritus sulfúreos.

 *Con material extraído desde el libro “Remedios Varo: Cartas, sueños y otros textos”, Ediciones ERA.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

7 consejos de Rufino Tamayo para jóvenes artistas

El maestro oaxaqueño Rufino Tamayo dejó una serie de principios especialmente útiles para los jóvenes artistas.

Si pudiéramos recorrer una representación visual de la historia completa de México, entre muchos segmentos llamativos de esta línea del tiempo, habría uno que seguramente atraería nuestra atención por sus colores y formas. Y cuando nos acercásemos a ver de qué se trata, encontraríamos un nombre familiar: Rufino Tamayo

tamayo-rufino-retrato-foto

La mente colectiva de México, y más aún su visualización, no sería la misma de no haber existido Rufino del Carmen Arellanes Tamayo (1899-1991). El eco que dejaron sus colores, comenzando por sus azules, así como sus trazos y seres, quedarían, y sin duda se mantendrán, impresos en la memoria gráfica de este país. 

Nacido en Oaxaca de Juárez, y por lo tanto uno de los miembros más destacados de ese notable linaje oaxaqueño que tan generoso ha sido con el arte, Tamayo además nos legó “una especie de declaración de principios” que, resumida en siete recomendaciones puntuales, bien podría considerarse como un hermoso racimo de consejos para jóvenes artistas –lo cual viene hoy de maravilla, en tiempos en los que el arte parece más confundido y más pretencioso que nunca–.

Estas recomendaciones surgieron a partir de una conversación que Tamayo sostuvo con en el escritor Victor Alba, y que más tarde el propio maestro oaxaqueño retomaría para escribirlas. Así, estas aparecen en la compilación Textos de Rufino Tamayo, de Raquel Tibol (cuya primera edición fue de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1987).  

A continuación te compartimos los siete consejos de Rufino Tamayo, quien por cierto, al comienzo del texto donde estos se incluyen, advierte:

Mi verdadero, mi único lenguaje está hecho de formas. De las palabras he prescindido lo más posible quizá por que jamás logré expresarme a través de ellas con la eficacia y la sinceridad de mis pinturas. 

1. Partir de la idea de que la pintura es un vehículo propio, personal, de expresión, independientemente de que sea buena o mala.

2. Trabajar con humildad, es decir, tener el orgullo de soportar el aislamiento, el silencio, la soledad y sobretodo la dureza del trabajo y las privaciones. 

3. Pintar no para vivir, sino por que se tiene necesidad de hacerlo. 

4. No tener prisa. 

5. Ser ciego para los obstáculos que colocan en el camino la envidia y la rivalidad. 

6. Preguntarse de una vez por todas ¿qué es la pintura? y estar seguros de la respuesta. Cuando se tiene ya no existen problemas ni peligro de seguir por caminos torcidos. Anteponer los problemas plásticos a todos los demás.

7. No descartar la existencia de otros problemas, ya que puede haber otros valores además de los plásticos. No hay que desdeñarlos ni ignorarlos, pero mucho menos hay que anteponerlos. 

* Imagen principal: fragmento de La gran galaxia (1978)

 

Los azules infinitos y los personajes entrañables de Joy Laville (FOTOS)

Cuando niña, Laville creció en el mar, y quizá con sus grandes ojos azules absorbió su esencia y nos la trajo en sus pinturas.

Los floreros, mares, azules, montañas, una vez más, los azules… personas cuyo cuerpo son solo fragmentos como en los dibujos de los niños. El estilo pictórico de Joy Laville es tan innovador como discreto… Sus pinturas abrazan; sus azules lo hacen.

Joy Laville es inglesa-mexicana. Pasó su niñez temprana en la isla de Wight,  donde nació, y su pintura ha estado influenciada por esos paisajes por los que paseó en sus primeros años dibujando, corriendo, contemplando… Vivió en Canadá por 9 años y luego fue a vivir a México en 1956.

Vivió en San Miguel Allende por 12 años y ahí conoció a Jorge Ibargüengoitia con quien sostuvo un matrimonio de 20 años, hasta que este murió. Aunque las pinturas de Laville no son tan conocidas como las de otros artistas de la Generación de la Ruptura (asociados con el rompimiento de la plástica mexicana muralista- revolucionaria) como Rufino Tamayo, Vicente Rojo, José Luis Cuevas, Juan Soriano, Pedro Coronel, Francisco Toledo, Mathias Goeritz, etc., su trabajo va haciéndose cada vez de más seguidores que encuentran en sus imágenes una apacibilidad que en un tiempo como el nuestro es necesaria.

Sus pinturas son en su totalidad como siluetas, preciosas insinuaciones. Todo en sus imágenes son como un recuerdo, llevan algo de lejanía, atemporales y distantes; quizá como una reflexión fugaz de que todo es finalmente un sueño.

Sus colores pasteles siempre llevan al mar que debió haber visto de niña. Las figuras humanas en sus cuadros son secundarias, porque no existe detalle en ellas, como dibujadas por un niño y siendo parte de un escenario donde los colores son los protagonistas, porque transmiten la quietud del mar. Sí, aunque se trate de un rosa o un naranja.

En los cuadros de Laville todo es apacible, como reconfortante, incluso esperanzador. Como si en este mundo que vivimos fuera posible un estado similar al de sus cuadros con solo observarlos…

joy laville

joy laville

joy laville

joy laville

joy laville

joy laville

Joy Laville 09-09-2015 (3)

joy laville

joy laville

joy laville

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )