Difícil no quedar atónito tras leer este cuento: El diluvio totonaco

Este cuento transmite una hilarante y funesta versión del mito del diluvio que forma parte de la tradición oral totonaca.

Maíz, hechicería –propiamente nahualismo–, imaginación salvaje y un final desconcertante, tal vez genial y harto lóbrego, son algunos de los ingredientes que se disfrutan en la versión totonaca del diluvio “universal”.    

Prácticamente todos hemos escuchado sobre este mito que en tiempos remotos embistió al planeta. Lo más probable es que la versión que nos es familiar sea la narrada en el Génesis, con Noé y su arca. Sin embargo, también existen versiones mesopotámica, hinduista, griega, maya y mexica, entre muchas otras, de este mismo acontecimiento.

La totonaca es una cultura que originalmente floreció en el territorio que hoy corresponde a una región de Veracruz y Puebla, y tuvo como ciudades principales Tajín, Papantla y Cempoala. Actualmente es el octavo grupo indígena más grande de México y entre su radiante riqueza cultural se incluye esta versión oral del diluvio, que por fortuna está ya documentada en la preciosa recopilación Cuentos populares mexicanos (2014), reunida por Fabio Morábito.

Combinando humor pagano, ingenio nihilista y un afable sinsentido, la versión totonaca del diluvio, como comprobarás tras leerla, pone en jaque cualquier posible expectativa frente una narrativa mítica y fomenta con épica crudeza una de las formas más siniestras, incluso catárticas, del azoro –así que disfrútalo.

El diluvio totonaco

Cuenta la leyenda que Dios preparaba una limpieza general del mundo y que, antes de lanzar un diluvio de cuarenta días y cuarenta noches, alertó a un hombre que le adoraba de forma consistente. Nuestro protagonista, cuyo nombre ignoramos, se preparó para el histórico evento montando una caja de madera en la cual se introdujo junto con su perra, una paloma y víveres suficientes.

indigena totonaca de mexico trabajando la milpa como en mito del diluvio

Al terminar el diluvio y ya en tierra firme, el hombre fue poco a poco familiarizándose de nuevo con ese mundo recién reseteado. “Añoraba platicar con alguien y tenía mucho miedo. Acompañado siempre de su perra, que nunca se separaba de él. La paloma, en cambio, lo dejaba durante horas, se iba lejos a buscar comida y regresaba antes que anocheciera. Un día no volvió y el hombre sintió una profunda tristeza”.

Tras hallar una casa que increíblemente se había logrado sostener entre las aguas, un día encontró una hilera de hormigas cargando granos de maíz y así dio con un sembradío repleto de mazorcas. “Fue una bendición volver a sentir el sabor del grano”. Eventualmente comenzó a sembrar los granos, los cuales constituían su nuevo alimento luego de terminarse los víveres, aunque extrañaba tener algo con que molerlos y prepararlos.

“Y un día algo extraño ocurrió. Volviendo de su siembra el hombre encontró unas tortillas dentro de su casa. Las agarró, las olió, las probó para saber si no era un sueño, y vio que eran tortillas reales, y sabían bien. Las comió todas, de tanta hambre que tenía, pero ¿quién las había preparado?”

Con extrañeza notó que mientras el sembraba su perra se alejaba, y fue entonces que decidió un día ocultarse cerca de la casa y la vio moliendo el maíz para preparar las tortillas. “Se había quitado su piel y ahora lucía un vestido de mujer. El hombre agarró un puñado de ceniza y lo esparció sobre la piel que se había quitado, la dizque mujer volteó espantada y vio como la piel, su piel, se deshacía al instante. Entonces al no poder volver a cobrar forma de perra quedo para siempre convertida en mujer”.

Así comenzó una nueva vida, acompañado de una mujer, y vivieron juntos y contentos. Un año después concibieron un hermoso niño.

Sin embargo, no le duró mucho tiempo, por que lo mató e hizo tamales con su carne. Lo hizo así por que el hombre, antes de ir a su milpa a sembrar, le había dicho: “Me haces ahora unos tamales de mis tiernos, los comeré cuando llegue”. Pero al decir “tiernos” se refería el hombre a las calabazas tiernas que había traído el día anterior. La mujer lo interpretó de otra manera y por eso mató al niño. Cuando llegó el hombre en la tarde se puso a comer sin saber que los tamales estaban llenos de la carne de su hijo. Lo supo hasta que encontró el puño de un niño dentro de un tamal. Entonces comenzó a gritarle a su mujer, a preguntarle que había hecho, y cuando ella le explicó que lo había matado para obedecer sus ordenes, se sintió invadido por una  profunda tristeza y siguió comiendo aquellos tamales mientras lloraba, a pesar de que estaban hechos de la carne del hijo de ambos.   

 

*Imagen principal: Ilustración del diluvio totonaca, por Ana Paula de la Torre Díaz. 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Escucha la hermosa leyenda oaxaqueña del Árbol del Tule (VIDEO)

En Santa María del Tule, Oaxaca, se yergue un árbol espectacular que tiene, por cierto, el tronco más ancho del mundo. Así explica su mítica presencia la comunidad mixe.

En Santa María del Tule, Oaxaca, se yergue un árbol espectacular que tiene, por cierto, el tronco más ancho el mundo. Se trata de un precioso ahuehuete que, según estimaciones, tiene más de 2,000 años de edad. Su tronco tiene 14 metros de diámetro y se necesitarían a unas 30 personas agarradas de las manos para envolverlo en un precioso abrazo.

El hermoso árbol es icónico y se le quiere tanto que el segundo lunes de octubre de cada año, le toca fiesta con castillos de cohetes, toritos, comida y bebida. Sin duda está bien presente en el imaginario colectivo de los oaxaqueños.

El “Tule” como le llaman cariñosamente los pobladores de la zona, protagoniza un par de mitos y múltiples leyendas y creencias. Se piensa que el sitio donde ha echado raíces es sagrado. Hoy adorna con su inmensa sombra el atrio de la iglesia del pueblo. Entre las intrincadas formas de su enorme tronco, a los pobladores se las han revelado figuras preciosas: la cabeza de un venado, un león, un cocodrilo.

Pero tal vez una de las leyendas más lindas está basada en un cuento popular de los mixes. En ella se relata la historia del Rey Kong Oy, que nació de un huevo y era un niño muy fuerte que, al crecer, se convirtió en protector del pueblo mixe. 

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Un día pasó por Tule y decidió descansar ahí, clavó su bastón en la tierra y de él surgió el enorme árbol, y él se quedó descansando en el cerro de los 20 picos. Dicen que mientras el Tule esté vivo, el rey seguirá protegiendo a su pueblo

El relato conmueve: el árbol enorme es símbolo de protección, cariño y pertenencia; y aunque es una explicación de su origen y apela al pasado mixe, también es un llamado hacia el futuro, nos recuerda lo importante que es mantener vivo al Árbol del Tule (que en más de una ocasión ha peligrado por la contaminación y la escasez de agua). Así como Kong Oy protegió a los mixes, hoy nosotros debemos cuidar este legado vital que es la tierra.

Aquí puedes mirar y escuchar la leyenda en mixe con subtítulos en español y preciosamente ilustrada. Este audiovisual dirigido por Gabriela Badillo e ilustrado por Estelí Meza es parte de la serie 68 voces, 68 corazones.

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Enseñar y no educar, el secreto de esta etnia indígena para sobrevivir los nuevos tiempos

Para los totonacas el aprendizaje no se trata de educar; se trata de enseñar, dialogar, comunicar, intercambiar y construirse a uno mismo...

Dice un pedagogo totonaca que el camino de la enseñanza se recorre poco a poco. Se transita despacio, sin buscar finalizarlo; se camina a través del diálogo constante y uno ha de detenerse para admirar la belleza de la trayectoria. Esta concepción hace un contraste evidente con la forma tradicional de entender ese proceso social que hemos llamado “educación”.

Pero es que la pedagogía de los totonacas (indígenas que habitan diversas regiones de Veracruz, Puebla e Hidalgo) no tiene como principio educar; pues esta acción coloniza la mente, traza parámetros y no panoramas, y, posiblemente lo más desolador, articula distancias, en lugar de generar relaciones.

Los totonacas y muchas otras sociedades indígenas buscan que los procesos de aprendizaje generen conexiones orgánicas: que se puedan modificar, discutir, reensamblar y que liguen, profundamente, al sujeto y a la naturaleza. Así, la pedagogía de muchos pueblos indígenas se constituye también por prácticas ceremoniales y cada palabras es densamente simbólica.

La pedagogía totonaca no es ecologista, en un sentido ideológico

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La conexión profunda con la naturaleza que sugiere la pedagogía totonaca, podría saber a ecologista; sin embargo no se trata de eso. Para esta cultura (como para muchas tradiciones indígenas) la naturaleza y el sujeto están unidos por el constante resonar de uno en el otro. Todos los objetos son naturales, pues emanan de la misma fuente y, entre sí, hacen emanar los mismos significados divinos.

Hablamos, entonces, de una cosmovisión y no de una ideología. Hablamos de una forma de asumirse a uno mismo en el mundo, en la vida y no de un discurso político. Hacer del bosque o la orilla del río un “salón de clases” no es una simple metáfora; es la respuesta a la necesidad de aprender de la Tierra misma; de dejarla hablar y escucharla con comprometida atención.

El don del conocimiento totonaca

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Cuenta la periodista Jay Griffiths que según los mitos totonacas, las “abuelas del cielo”, lanzan estrellas a los niños pequeños y las que se prenden a ellos, son sus dones o virtudes. El saber técnico y conceptual por igual sobre un fenómeno del mundo es entonces un regalo y también una posibilidad subjetiva.

Pero cualquier saber, cualquier don nos solicita un compromiso. La palabra totonaca, como explica Griffiths, significa “tres corazones” y, según la tradición un corazón es para pedir que se te revelen tus dones; el segundo corazón es para recibirlo, y el tercer corazón es para poder compartir tu don con el mundo.

Saber, entonces, es tanto el ejercicio de recorrer el camino como la puesta en práctica de las virtudes adquiridas. Será por eso que los totonacas no evalúan a sus alumnos a través de los infames exámenes. La práctica está en lugar de la examinación, pues el conocimiento sirve al sujeto, no el sujeto al conocimiento. El sujeto no debe probarse a través del conocimiento frente a los demás, sino practicarlo a través de la construcción de un mundo colectivo; en donde lo que se sabe, se discute, se transforma, se enriquece. También por ello, adquiren mucho valor en esta pedagogía las disciplinas ligadas al arte y a la manifestación de la subjetividad.

En la pedagogía totonaca, uno se encuentra consigo mismo en el exterior

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Para los totonacas todo tiene un significado que se liga con su cosmogonía. La educación tradicional a diferencia de estas enseñanzas es terriblemente impositiva e imponer es, sin duda, colonizar. Así, no podemos imponer el significado: hay que construirlo en comunión. El “arte de ser humano”, debería ser un proceso abierto. El conocimiento totonaca es un camino de poesía. Se trata de escucharse a uno mismo en el misterio y metáfora del afuera; de hacer sagrado el vínculo indisoluble que hay entre el sujeto y su exterioridad: el mundo y naturaleza. Dice Jay Griffiths:

Si la belleza está en el ojo del espectador, el significado está en la mente del otorgante, llenando el mundo con misterio y metáfora.

Collages de Miranda Guerrero

Historias y mitos de animales en náhuatl y español (libro bilingüe en línea)

Mitologías de animales de etnias tan distintas como de mayas, zapotecas, tarahumaras, nahuas, otomíes, purépechas y huicholes.

Para el hombre prehispánico, prácticamente sin importar a qué etnia pertenecía, los animales, cada uno, tenía un aura única, particular, una personalidad que era una comunicación de los dioses con los hombres. De esta manera los animales eran manifestaciones divinas y por lo tanto sagrados.

Y cada animal tenía un espíritu al que podía invocarse. Además, como cada uno de ellos solía estar vinculado a un dios particular, entonces, digamos, se trataba de una invocación doble.

Hoy, con una cultura que privilegia el materialismo, hemos degradado la naturaleza al punto que hemos olvidado de su rol en el equilibrio. Por ello, la manera en que continúan muchas etnias indígenas tratando a la naturaleza como lo que es: un mundo animado, con vida propia; su manera de entender la existencia, salta como una lección urgente para todos.

Los siguientes son cuentos sobre mitología animal (puedes descargar aquí la versión en PDF) narrados en náhuatl de la región de Acatlán de la Montaña de Guerrero y en español; los cuentos, sin embargo, pertenecen a etnias distintas como mayas, zapotecas, tarahumaras, nahuas, otomíes, purépechas y huicholes.

Te presentamos también el audiolibro de la CID, el título del texto es: Entre los Pueblso Andan, Mitos Indígenas Infantiles:

 

 

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