La fachada del edificio mexicano que absorbe contaminación (FOTOS)

La Torre de Especialidades del Hospital General Manuel Gea González de la Ciudad de México es el primer edificio en Latinoamérica que absorbe la contaminación del medio ambiente .

La Torre de Especialidades del Hospital General Manuel Gea González de la Ciudad de México lleva un diseño que asemeja a un panal, absorbe el nitrógeno del ambiente y emite oxígeno.

¿Has escuchado sobre edificios capaces de comer smog y convertirlo en oxígeno? Esta dinámica que pareciera del futuro es realidad en el primer edificio con estas características en Latinoamérica y se encuentra en la Ciudad de México.

 

La fachada

A simple vista pareciera un diseño de arte contemporáneo que mezcla modernismo con minimalismo. Como una tejido de una colmena blanco, más que de diseño puro, se trata de ecoarquitecura.

Este blanco “panal” con orificios, como poros entre sus “tejidos”, es una reja que absorbe contaminación aunque muy pocos lo saben.

La fachada tiene dos mil quinientos metros cuadrados y es capaz de hacer un proceso fotosintético similar al de los árboles. Su material intercambia hidrógeno del medio ambiente por oxígeno: un trueque altamente conveniente en un ciudad con tantos automóviles.

 

El proceso

La pintura de los azulejos está compuesta por titanio (que le otorga el color blanco y funciona como un catalizador). Esta pintura al hacer contacto con los rayos ultravioleta, produce la reacción química de absorción de hidrógeno y expulsa el oxígeno.

 

Resultados

Según el director del hospital Mucio Moreno Portillo esta fachada tiene la capacidad de eliminar la contaminación de hasta mil vehículos diarios: “Es como si estuviera un pequeño bosque cerca del hospital”. Además, la estructura puede limpiarse sola con agua de lluvia (por lo que prescinde de mantenimiento).

Las aterradoras esculturas de Emil Melmoth muestran nuestro caótico y sombrío interior

Asociar muerte y belleza, descomposición y vitalidad es un ejercicio complejo, pero este artista mexicano lo hace con aterradora elegancia.

Asociar muerte y belleza, descomposición y vitalidad, dolor y placer, es un ejercicio realmente complejo. Pero en México lo hacemos constantemente. Tal vez las portadas de los periódicos amarillistas son un ejemplo preciso — aunque también, vulgar y evidente.

Y por otro lado, también se manifiesta esta peculiar capacidad nuestra en la forma en que celebramos y comprendemos a la muerte; en los aspectos que mantenemos vivos de los complejos dioses prehispánicos (que malavarean muy bien estas dicotomías) y en algunos de nuestros rituales contemporáneos.

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Es claro que la obra de Emil Melmoth —joven escultor mexicano— emerge de esta rica cualidad. Aunque, en su caso, lo hace con un estilo muy personal, que integra con aterradora elegancia una clara influencia del barroco europeo, referencias a la tradición judeo-cristiana y un naturalismo descarado.

Es eso, su descaro, lo que las hace a sus piezas —a sus personajes— inevitables, deliciosamente atractivos y a la vez, completamente repulsivos y de muy difícil aproximación. La suya es la materia de las más seductoras pesadillas. Pero pesadillas que son necesarias, esas que se atreven a develar nuestro caótico y sombrío interior.

Pocos gustan o encuentran placer al pensar de manera plástica en el interior del cuerpo, con sus vísceras que, según la esquemática ciencia, tienen un orden y un lugar; pero que tornadas hacia fuera vibran sin pulso fijo y se desparraman viscosas. Menos aún pensamos en lo “deforme”; a veces hacemos el esfuerzo por “dignificarlo”, pero nunca —o, por lo menos, casi nunca— lo usamos como contrapunto para poner en cuestión la forma que consideramos natural.

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El cuerpo es bellísimo, claro, por ser la superficie donde acontecen todos nuestros anhelos y lugar al que penetran todos los placeres posibles para nosotros. Pero también, por más sano que esté, por más cuidado y cercano a la norma estética que aprobamos, no deja de ser absolutamente desagradable, cuando se transgrede su superficie. Aunque eso sí, siempre resulta fascinante. Y las piezas de este mexicano nos ayudan a imaginar cómo sería experimentar con él, pasar de sus límites y desgarrar sus contornos.

Tequiografías: preciosas monografías colaborativas sobre asuntos vitales

El artista Daniel Godínez trabajó junto a la Asamblea de Migrantes Indígenas para hacer estas geniales monografías sobre música, salud, educación y esquemas de gobierno alternativos.

Si los saberes sobre nuestro mundo se construyeran siempre de forma colectiva, probablemente, nuestra sensibilidad sería infinitamente más grande.

Sin embargo el conocimiento suele articularse en pequeñas esferas “oficiales” y distribuirse de formas limitadas. Así, lo que sabemos, suele estar enmarcado en un solo punto de vista que, muchas veces, es difícil cuestionar.

Las monografías (esos gráficos con extraños dibujos y descripciones sobre un tema concreto que solías comprar en la papelería) son la representación perfecta de lo que te describimos. No solo abordan los temas desde una sola postura; también acostumbran representar el mundo desde abstracciones que poco conectan con la vivencia que cada uno de nosotros tiene del mismo.

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Esto puede tornarse muy injusto, sobre todo si la monografía describe formas de vida. Cuando el artista Daniel Godínez Nivón mostró algunas monografías escolares a los miembros de la Asamblea de Migrantes Indígenas, estas fueron motivo de risa y críticas.

Era de esperarse: la historia, ciencia, medicina, derecho y educación “oficiales” de México están absolutamente desligadas de los saberes y realidades de las comunidades indígenas del país. Con esto en mente, el artista y los integrantes de la Asamblea, decidieron hacer una serie de “tequiografías”.

El proyecto (2010) consistió en construir un producto con saberes útiles y ligados a la vida de todos los participantes. Todo el proceso fue realizado en conjunto; discutido en asamblea; consensuado, y contando con el aporte de todos. El trabajo, por ser tequio, fue no remunerado, colaborativo y obligatorio para quienes se comprometieron con él.

El resultado es precioso y demuestra que es posible coincidir no solo en el sentido de encontrarnos; sino de incidir cada uno, simultáneamente, de forma equilibrada en el mundo que estamos habitando juntos y en las formas que tenemos de comprenderlo.

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La primera biblioteca sustentable de Latinoamérica está en Tepoztlán, Morelos (FOTOS)

Cuenta con un acervo de más de 40 mil ejemplares entre libros y material audiovisual y la lógica ecológica de su estructura ha llamado la atención del mundo.

A veces algunos filántropos hacen magníficos trabajos no tan conocidos, discretos, pero legendarios. Un ejemplo de este tipo es el Castillo de Edward James enclavado en la selva de la Huasteca Potosina, con sus escaleras al cielo; y otra de estas expresiones lo suficientemente discreta y sorpresiva es la primera biblioteca 100% sustentable de América Latina, construida hace apenas un año en el hermoso Tepoztlán, Morelos: el Centro Cultural Pedro López Elías.

El Doctor en derecho Pedro López Elías, oriundo de los Mochis Sinaloa, en su niñez vivió con pocos recursos, luego con el tiempo y por su amor a la educación, consiguió un acervo de hasta 40 mil libros. Por ello, y su interés por una cultura ecológica, inició la construcción de la primera biblioteca 100% autosustentable de toda América Latina.

Primero esta inició como un proyecto privado, pero luego decidió hacerlo público, abierto  así para cualquier persona.

Los motivos por los que es es la biblioteca más ecológica de Latinoamérica

Eficiencia Energética: cuenta con 42 mil paneles solares que generan 10,000 Kilowatts de energía eléctrica.

El edificio aprovecha el fenómeno conocido como convención para reducir la necesidad de aire acondicionado. La inyección de aire frío permite que el aire caliente suba y sea extraído por chimeneas y posteriormente es atrapado en trampas en la azotea; luego ese calor es usado como energía renovable.

También sus equipos de cómputo, audiovisuales, de iluminación, ventanas y deshumidificadores, cuentan con la certificación Energy Star, lo que los hace energéticamente más eficientes.

Ventilación: su sistema de ventilación elimina el exceso de humedad, lo que a su vez protege los libros y también filtra los agentes contaminantes como polvo y suciedad y sustituye el aire añejo por fresco que proviene del exterior.

Captación de agua de lluvia y purificación: su sistema almacena hasta 653 m3 de agua, la cual, con su sistema, es filtrada y purificada para su autoconsumo.  Asimismo su biodigestor transforma las aguas negras en de riego.

Eficiencia de agua: tiene instalada un sistema de goteo y de migitorios secos, lo cual permite una reducción significativa del agua usada adentro y fuera de la biblioteca.

Iluminación: cuenta con lámparas LED de bajo consumo.

Los materiales ecológicos en el edificio: la pared del edificio está formada por papel periódico reciclable, su concha acústica está decorada a partir de botellas usadas; el tapete de la puerta está formado por residuos del edificio, el deck de la terraza ha sido hecho con aserrín y residuos de madera, etc…