La “Otra Chilena”, un gran playlist de la música de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca

Esta compilación hace un merecido homenaje a La Chilena, música que ha alegrado y sorprendido por más de un siglo las playas de Oaxaca y Guerrero.

Se cree que la música La Chilena viene de este país del sur y de migración sudamericana de otros lugares en el siglo XIX. Esta se fusionó con la intensa mezcla cultural de la costa de Oaxaca y Guerrero, donde habitaban desde mixtecos, amuzgos, hasta afroamericanos

Cada año en Oaxaca se realiza el Festival de la Chilena en Santiago Jamiltepec, un género del México profundo que da acordes a los bailes de chilena, característicos por el uso de pañuelos coloridos que se agitan en el aire los hombres para señalar a la mujer los pasos que han de venir, con alegres zapateados. Nos dice la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas:

Versos picarescos, alegres, que hacen referencia al mar, la costa, las montañas, las flores, el amor y las mujeres. Es una almagama de las culturas sudamericanas impregnadas de la migración europea, que se funde en Oaxaca y en Guerrero con los pueblos mixteco, amuzgo y afromexicano. 

Este tipo de festivales recuerdan al mundo que aún existen personas que continúan esta tradición. Una de sus cualidades es la ingeniosa improvisación de los músicos, quienes hacen construcciones, casi siempre en doble sentido, que hacen del espectáculo uno más teatral. La siguiente compilación la hizo la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas a través de la Radiodifusora XEJAM “La Voz de la Costa Chica”.

 

 

Escucha el vibrante “jazzpango”: una mezcla insólita y encantadora de jazz y huapango

Música ingeniosa y divertida que demuestra nuestra infinita capacidad de reinventarnos.

La música tradicional mexicana es un mosaico que se construye infinitamente a partir de una multiplicidad, de pronto inabarcable, de expresiones culturales. Como tal, ningún género local está exento de la remezcla.

El mariachi, por ejemplo es una variación de las armonías típicas de los cocas (etnia jalisciense), pero que se toca con instrumentos europeos. Lo mismo el huapango o “son huasteco” un género originario de la región Huasteca (por lo que se toca en San Luis Potosí, Tamaulipas, Puebla, Hidalgo y Veracruz).

El huapango es una variación de los “fandangos”, cantos flamencos que, además de estar ligados a la tradición española, también tienen influencia de los gitanos (también migrantes).  Pero, además de esta herencia, el huapango goza de una riqueza musical enorme, pues también contiene elementos musicales de distintos grupos indígenas mexicanos y la influencia de los pueblos africanos en México.

Así, el huapango es indudablemente producto de un mestizaje desbocado e inmensamente creativo. Pero los mexicanos tenemos una capacidad imparable de reinventarnos y frenar en nuestros “géneros tradicionales” sería probablemente un error. Hay algo de nuestra compleja génesis identitaria y cultural que nos llama a seguir mezclando.

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Así nació el jazzpango, cortesía del compositor mexicano Pedro Dabdoub una expresión brillante que lleva la situación un poco más lejos. Resultado de una preciosa experimentación con otros talentosos jazzistas locales, el jazzpango mezcla ingeniosamente jazz, huapango, rock, funk, pop y hasta un poco de “world music”.

“Encantamiento” es un jazzpango de Dabdoub que encarna perfectamente el espíritu flexible de nuestra música. Interpretado por el mismo Pedro, en el piano y voz, Pavel Cal en la guitarra, Marco Rentería en el contrabajo y Roger Nuncio en la batería, es una pieza memorable.

Te advertimos que escucharla cambiará la forma en que entiendes el panorama de lo tradicional y probablemente te den más ganas de seguir mezclando:

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Ensamble Kafka: un entrañable homenaje a la música tradicional oaxaqueña

Estas increíbles piezas sonoras exploran y fragmentan los límites de una brillante tradición musical.

Oaxaca es uno de los más exquisitos territorios de México. Cada una de sus manifestaciones se desdobla múltiples veces develando la auténtica complejidad que la sostiene. Por eso su gastronomía es tan seductora y sus manifestaciones artísticas tan conmovedoras.

Como muestra está su extravagante tradición musical. Igual que su intrincada geografía, sus sonidos abarcan una inmensa gama de tonos y formas: desde las bandas de viento serranas; los sones y jarabes mixtecos; los huapangos de la cuenca de Papaloapan; la canción zapoteca; la música de marimba, y hasta las chilenas de la Costa, estas últimas, manifestación de los pueblos afromexicanos.

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La música oaxaqueña es inasible, pero es precisamente su sentido múltiple lo que invita a experimentar con ella, hacer lo posible por llevarla a sus límites y, al dar con ellos, hacerlos explotar. Y no se trata ni de cuestionarla o reivindicarla, sino de mantenerla activa a través de una exploración seria de la tradición.

Este es precisamente el ejercicio que realizó el Ensamble Kafka. Llevados por la inmensa curiosidad y atracción del músico y compositor Steven Brown, un genial grupo de músicos locales (Juanito Gutiérrez, tuba; Facundo Vargas, trombón; Onésimo García, trompeta; Julio García, guitarra) llevó a cabo una investigación de la música oaxaqueña, particularmente de las bandas de viento serranas.

A través de este ejercicio, Brown compuso una serie de espectaculares piezas que son, por un lado un entrañable homenaje a la tradición musical y por el otro, una cautivante revolución sonora con un acabado ciertamente contemporáneo.

Las 11 piezas que se suman en este singular proyecto resuenan con otro del compositor que tampoco te puedes perder; se trata de la banda sonora de “El informe Toledo” (2009), un documental sobre el brillante grabador mexicano. En ambos hay una rica influencia del jazz, algo de música tradicional de distintos sitios de Europa; pero el compás lo marca indudablemente Oaxaca.

Y el resultado es memorable. Las piezas del Ensamble Kafka invocan lo festivo y el inmenso colorido de este magnífico territorio; pero tampoco se escapan de un halo nostálgico, de la pesadez atmosférica (entre lluvias de bosque y calores costeños), del erotismo térreo; y, al fondo también, un ligero desgarre, eco, tal vez, del grito aguerrido de un pueblo siempre en pie de lucha.

Lo que acontece en uno mientras se experimenta este disco es denso; es embriagador: sabe profundamente a Oaxaca.

La música dentro de las comunidades Afromexicanas en Oaxaca (VIDEO)

La presencia de descendientes africanos en México es centenaria y sigue manifestándose en su legado musical.

Siempre decimos que la gente negra o la gente de la costa trae el ritmo por dentro

En el siglo XVI desembarcaron decenas de esclavos desde África para trabajar con los ganaderos coloniales en la región de Costa Chica, en el Pacífico de Oaxaca.

De este capítulo se dispersó una descendencia que hoy se distribuye mayormente en la costa de Guerrero y de Oaxaca. Un censo de 2015 arrojó que la población negra de México era de 1.4 millones, el 1,2% de la población.

Y la presencia de esta descendencia, desde luego diseminó su semilla cultural, mucho de ella vinculada a la música. Por primera vez en el México colonial sonaron instrumentos africanos como la quijada y el bote (un tambor de fricción que produce una especie de bramido).

De esta tradición musical tenemos los merequetengues, que luego se mezclaron con la chilena, música que se cree proviene de un grupo descendiente de Chile que llegó a México (aquí puedes escuchar un repertorio de este género).

Ahora, un proyecto llamado Somos negros de la Costa, está rescatando la música africana de la costa de Oaxaca, impartiendo talleres y recuperando instrumentos que habían dejado de usarse. El resultado es increíble, y, sobre todo, muestra que sí, los niños y jóvenes de la costa de este estado tienen un ritmo atípico, revelador.

Conoce más de este proyecto, acá.