Mujeres se abren paso en el Son Jarocho: Caña Dulce y Caña Brava (VIDEO)

Desde 2008 Caña Dulce y Caña Brava ha dado un giro a las letras del alegre Son Jarocho; una nueva generación de mujeres incursiona en este género.

Como casi toda las artes en todo el mundo, la música mexicana conocida como Son Jarocho estuvo mayormente asociada a los hombres, por el sistema patriarcal que ha imperado. En el siglo XXI, luego de cientos de años de esfuerzos notables de mujeres por hacerse camino en el arte y la ciencia, cada vez más féminas incursionan con su talento en los distintos rubros.

El Son Jarocho nació como resultado de la simbiosis de la cultura mexicana con la influencia de afrodescendientes en la región conocida como Sotavento mexicano, que incluye a estados como Oaxaca, Tabasco y Veracruz). La alegría de esta música, característica por sus “versos” que son las estrofas cantadas por los dintintos músicos, es uno de los legados musicales de México más apreciados en el mundo.

Una de las expresiones del Son Jarocho donde las mujeres han incursionado con más fuerza es la del grupo Caña Dulce y Caña Brava, formado por tres mujeres y un hombre. Y más que como resultado de una ideología, se dio así como un proceso natural, pues cada vez más mujeres incursionan en este tipo de música.

Este grupo nació en el 2008, y aunque no es un grupo feminista, sí que han buscado dar un giro a las letras, donde ahora son las mujeres las que cantan a los hombres o a distintos temas. Caña Dulce y Caña Brava está formado por Adriana Cao Romero Alcalá, arpa y voz; Raquel Palacios Vega, jarana y voz; Violeta A. Romero Granados, jarana, voz y zapateado, y Alejandro Loredo. Al respecto del grupo Violeta Romero comenta:

Casi siempre en los fandangos hablamos de cosas de ellas… Ahí estamos cantándole a las mujeres, como para enamorarlas. Pues ahora nuestra propuesta es justo en ese sentido: en la versada. Tratamos de aportar versada para mujer. También en la sonoridad se nota una diferencia: tocamos un poco más suavecito, con otra intensidad.

Puedes conocer más de este grupo, acá.

*Imagen: imer.mx

Escucha el vibrante “jazzpango”: una mezcla insólita y encantadora de jazz y huapango

Música ingeniosa y divertida que demuestra nuestra infinita capacidad de reinventarnos.

La música tradicional mexicana es un mosaico que se construye infinitamente a partir de una multiplicidad, de pronto inabarcable, de expresiones culturales. Como tal, ningún género local está exento de la remezcla.

El mariachi, por ejemplo es una variación de las armonías típicas de los cocas (etnia jalisciense), pero que se toca con instrumentos europeos. Lo mismo el huapango o “son huasteco” un género originario de la región Huasteca (por lo que se toca en San Luis Potosí, Tamaulipas, Puebla, Hidalgo y Veracruz).

El huapango es una variación de los “fandangos”, cantos flamencos que, además de estar ligados a la tradición española, también tienen influencia de los gitanos (también migrantes).  Pero, además de esta herencia, el huapango goza de una riqueza musical enorme, pues también contiene elementos musicales de distintos grupos indígenas mexicanos y la influencia de los pueblos africanos en México.

Así, el huapango es indudablemente producto de un mestizaje desbocado e inmensamente creativo. Pero los mexicanos tenemos una capacidad imparable de reinventarnos y frenar en nuestros “géneros tradicionales” sería probablemente un error. Hay algo de nuestra compleja génesis identitaria y cultural que nos llama a seguir mezclando.

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Así nació el jazzpango, cortesía del compositor mexicano Pedro Dabdoub una expresión brillante que lleva la situación un poco más lejos. Resultado de una preciosa experimentación con otros talentosos jazzistas locales, el jazzpango mezcla ingeniosamente jazz, huapango, rock, funk, pop y hasta un poco de “world music”.

“Encantamiento” es un jazzpango de Dabdoub que encarna perfectamente el espíritu flexible de nuestra música. Interpretado por el mismo Pedro, en el piano y voz, Pavel Cal en la guitarra, Marco Rentería en el contrabajo y Roger Nuncio en la batería, es una pieza memorable.

Te advertimos que escucharla cambiará la forma en que entiendes el panorama de lo tradicional y probablemente te den más ganas de seguir mezclando:

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Ensamble Kafka: un entrañable homenaje a la música tradicional oaxaqueña

Estas increíbles piezas sonoras exploran y fragmentan los límites de una brillante tradición musical.

Oaxaca es uno de los más exquisitos territorios de México. Cada una de sus manifestaciones se desdobla múltiples veces develando la auténtica complejidad que la sostiene. Por eso su gastronomía es tan seductora y sus manifestaciones artísticas tan conmovedoras.

Como muestra está su extravagante tradición musical. Igual que su intrincada geografía, sus sonidos abarcan una inmensa gama de tonos y formas: desde las bandas de viento serranas; los sones y jarabes mixtecos; los huapangos de la cuenca de Papaloapan; la canción zapoteca; la música de marimba, y hasta las chilenas de la Costa, estas últimas, manifestación de los pueblos afromexicanos.

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La música oaxaqueña es inasible, pero es precisamente su sentido múltiple lo que invita a experimentar con ella, hacer lo posible por llevarla a sus límites y, al dar con ellos, hacerlos explotar. Y no se trata ni de cuestionarla o reivindicarla, sino de mantenerla activa a través de una exploración seria de la tradición.

Este es precisamente el ejercicio que realizó el Ensamble Kafka. Llevados por la inmensa curiosidad y atracción del músico y compositor Steven Brown, un genial grupo de músicos locales (Juanito Gutiérrez, tuba; Facundo Vargas, trombón; Onésimo García, trompeta; Julio García, guitarra) llevó a cabo una investigación de la música oaxaqueña, particularmente de las bandas de viento serranas.

A través de este ejercicio, Brown compuso una serie de espectaculares piezas que son, por un lado un entrañable homenaje a la tradición musical y por el otro, una cautivante revolución sonora con un acabado ciertamente contemporáneo.

Las 11 piezas que se suman en este singular proyecto resuenan con otro del compositor que tampoco te puedes perder; se trata de la banda sonora de “El informe Toledo” (2009), un documental sobre el brillante grabador mexicano. En ambos hay una rica influencia del jazz, algo de música tradicional de distintos sitios de Europa; pero el compás lo marca indudablemente Oaxaca.

Y el resultado es memorable. Las piezas del Ensamble Kafka invocan lo festivo y el inmenso colorido de este magnífico territorio; pero tampoco se escapan de un halo nostálgico, de la pesadez atmosférica (entre lluvias de bosque y calores costeños), del erotismo térreo; y, al fondo también, un ligero desgarre, eco, tal vez, del grito aguerrido de un pueblo siempre en pie de lucha.

Lo que acontece en uno mientras se experimenta este disco es denso; es embriagador: sabe profundamente a Oaxaca.

Esta es la Pirekua, hermosa música Purépecha (Grabación)

La palabra pirekua en su lengua p’urhépecha quiere decir "canción". Se trata de un medio muy expresivo para comunicar.

P’urhépecha o purepécha, es una de las etnias indígenas que todavía perviven en el mosaico de culturas mexicanas contemporáneas. Su lengua pertenece a las llamadas lenguas aisladas, ya que hasta hoy no se sabe con certeza la raíz de su lingüística.

Por esta razón es que sus cantos fulguran de entre muchos otros con especial relevancia. Se llaman Pirekua.

Foto: Dionysio Pulido junto al Volcan Parecutin / Derechos Indigenas Michoacan
Foto: Dionysio Pulido junto al Volcan Parecutin

La palabra pirekua en su lengua p’urhépecha quiere decir “canción”. A su vez, se trata de un medio muy expresivo para comunicar la nostalgia, pues gran parte de los cantos purepechas se desarrollan bajo temas como el amor y el desamor, las historias del pueblo –o las memorias vividas y sus sentires–, de la tierra pero también de las vivencias del día a día que a la par se convierten en una afectiva nostalgia cuando uno se acuerda de ellas mediante un sonido. 

Los cantos p’urhépecha son verdaderamente hermosos. Las melodías, en su mayoría, se desenvuelven bajo un perfil sosegado, que se disfrutan tanto como, quizás, un atardecer en las lejanías montañosas de Michoacán, su territorio oriundo.

Lo que hace a una pirekua, una composición diferente de otras es su ritmo. El llamado “son abajeño de 6/8” –aunque  también puede ser un “son valseado de 3/4″– orquesta cientos de melodías. Las pirekuas también se componen en su idioma, en español o mezclado. Las personas las interpretan en guitarra, violín, contrabajo y arpa. Uno o todos estos instrumentos. Puede ser en solitario, dueto o grupos sinfónicos, aunque también se les ha visto con una fuerte influencia de otros géneros musicales no tan ancestrales, como es el caso de la banda. 

A continuación te presentamos una bella melodía p’urhépecha muy tradicional interpretada por Tatá David Cohenete O., originario de Arantepacua; su nombre es “Flor de Canela”:

Aquí puedes escuchar poco más de este bellísimo sonido.

 

/ Imágenes

Principal: Volcán Paricutín y hombre con mulas; México en fotos – Edición: Jaen Madrid; 2) Dionysio Pulido junto al Volcan Parecutin; Derechos Indigenas Michoacan

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.