Los mártires del Batallón de San Patricio

Comandado por el famoso John O’Reiley, el Batallón de San Patricio estuvo formado por cientos de soldados irlandeses que se unieron a México para defender al país de los estadounidenses.

En el año de 1846, México se encontraba en guerra contra los Estados Unidos de Norteamérica. El conflicto bélico duró hasta 1848, y se inició debido a las ambiciones del gobierno americano de extender sus fronteras, ambiciones que comenzarían con el establecimiento de la República de Texas, en el estado mexicano, y la toma de parte de los estados de Coahuila y Tamaulipas. Ocupación que terminaría con la fatal anexión de Texas a los Estados Unidos. La República de Texas duró del 2 de marzo de 1836 al 29 de diciembre de 1945. El primer presidente de esta ofensiva República fue David G. Burnet, y el vicepresidente Lorenzo de Zavala.

La toma de territorios mexicanos, más la petición de indemnizaciones por parte del gobierno mexicano al estadounidense por los daños que sufrió Texas, fueron los detonantes de la guerra. La primera batalla se libró el 24 de abril de 1846, al norte del río Bravo, en un sitio que se conocía con el nombre de Rancho Carricitos. En ella se enfrentaron las tropas al mando del capitán Seth Thornton con las del general Anastasio Torrejón. Así daba comienzo la injusta lucha armada entre México y los Estados Unidos de Norteamérica.

De cómo se fundó el Batallón de San Patricio

Sean Pádraic O Raghallaigh, más conocido como Jon Riley o John O’Reiley, junto con Patrick Dalton formaron el Batallón de San Patricio, del cual O’Riley fue comandante durante la guerra de Intervención. John nació en Irlanda, pero dejó su terruño para partir a los Estados Unidos, en donde ingresó en el ejército y alcanzó rápidamente el grado de teniente. Es muy posible que el batallón se haya formado a causa de los castigos severos, a veces injustos, que los irlandeses sufrían por parte de los mandos militares, que no les tenían ninguna confianza por ser católicos y no protestantes. El Batallón de San Patricio, estaba formado por irlandeses y alemanes, más una minoría de escoceses, ingleses, canadienses, italianos, polacos y franceses. El nombre lo tomaron en honor al santo patrón de Irlanda, predicar y misionero cristiano, que introdujo la religión cristiana en ese país.

Una leyenda relata que cuando se encontraba el ejército norteamericano en la ciudad de Matamoros, O’Riley se fue a la iglesia de la ciudad a rezar, previo permiso de sus superiores, y así se hizo costumbre, hasta que un cierto día desertó y se pasó a las filas del ejército mexicano, donde se encontraban tres mil elementos. Su deserción ocurrió un poco antes de que se declarara formalmente la guerra entre los dos países, razón por la cual O’Riley se salvó de la corte marcial efectuada en la ciudad de México.

Las batallas y la derrota

El Batallón estaba formado por cientos de soldados, casi todos irlandeses. Lucharon en las batallas más importantes como la de Monterrey, en Nuevo León, que se efectuó en el mes de septiembre de 1846, junto con las tropas del coronel José López Uraga; esta fue la primera batalla del Batallón de San Patricio, y cuyo término resultó en un armisticio y en la capitulación del ejército mexicano. La batalla de la Angostura, o de Buena Vista, enfrentó a los dos ejércitos en el sitio denominado Puerto de la Angostura, no lejos de la Ciudad de Saltillo, en el estado de Coahuila, el 22 de febrero de 1847. En esta lucha el ejército mexicano se retiró y las fuerzas al mando de Zachary Taylor, se marcharon para apoyar a las tropas de Winfield Scott. En la batalla de Cerro Gordo del 18 de abril de 1847, cerca de Jalapa, Veracruz, la victoria fue para los estadounidenses, quienes viéndose rodeados por el enemigo tuvieron forzosamente que huir. El Batallón participó en la memorable batalla de Churubusco que se realizó el 20 de agosto de 1847, lugar donde se encontraban replegadas las tropas mexicanas en el Convento de Santa María. Las tropas mexicanas contaban con mil trescientos elementos, a los que se unió el Batallón de San Patricio. La lucha fue terrible, pero los estadounidenses superaban en número a los mexicanos, dirigidos por Manuel Rincón y Pedro María Anaya. En el puente de Churubusco las tropas resistieron por dos horas y media; al caer el puente el ejército mexicano se refugió en el convento. Después de varias horas de combate, las municiones se agotaron y una bomba explotó la reserva de pólvora, lo que facilitó la entrada al convento del general David E, Twiggs. Fue entonces cuando el General Anaya, pronunció su famosa frase dirigida al coronel: “¡Si hubiera parque no estaría usted aquí!”.

batalla de churubusco batallón de san patricio

Apresados los soldados del Batallón de San Patricio se les llevó a juicio. Los soldados que se unieron al ejército mexicano cuando se había formalizado la declaración de guerra entre los dos países, fueron ahorcados en Mixcoac y San Ángel, mientras ondeaba la bandera estadounidense en la Ciudad de México; a los otros se les azotó, se les marcó con fuego la letra “D” (de desertor) en la mejilla, y se les sentenció a trabajos forzados sin comida ni bebida. Algunos soldados del batallón lograron huir, y algunos, posteriormente, reclamaron tierras al gobierno mexicano por sus actos en batalla.

El valiente John Riley, cuyo nombre mexicanizado fue Juan Reley, murió en agosto de 1860, y se le enterró en tierras veracruzanas el 31 de agosto. El Batallón de San Patricio quedaba disuelto.

Los emblemas

Al formar parte del ejército mexicano, los patricios tuvieron una bandera que tenía como el fondo el color verde: en una cara se podía ver un arpa dorada y las palabras Erin Go Bragh, “Irlanda por Siempre”, y por la otra tenía la efigie de San Patricio, el patrono. Existe una canción escrita por David Rovics titulada Saint Patrick’s Battalion que empieza de la siguiente manera:

My name is John Riley/ I’ll have your ear only a while/ I left my dear home in Irelan/ Its was death, satrvation or exile/ And when I got America/ it was my duty to go/ Enter tha Army andi slog across Texas/ To join in the war against Mexico.

Cerca del ex Convento de Churubusco existe una calle dedicada a los mártires que se llama Mártires Irlandeses, donde cada año se lleva a cabo un concierto de gaitas, ejecutado por algunos de los descendientes del heroico Batallón. Sus días conmemorativos son el 12 de septiembre, día de las ejecuciones, y el 17 de marzo, día de San Patricio.

 Blog de la autora: Komoni

*Imagen: 1) Los San Patricios en la Batalla de la Angostura; 2) Batalla de Churubusco.

Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.

Los mestizos en la Nueva España

Los primeros mestizos en la Nueva España se enfrentaron a un rechazo sistémico; curiosamente, de ahí venimos la mayoría de los mexicanos.

 

 

Vivamos como hermanos y congregados en un solo cuerpo. Cuidemos de la protección y conservación de los españoles, criollos, mestizos, zambos e indios, por ser todos compatriotas, como nacidos en estas tierras y de un mismo origen.

Tupac Amaru, último inca rebelde de Vilcabamba.

Quiénes fueron los mestizos.

Durante la época colonial se llamaba mestizos a las personas nacidas de un español y un indígena, o al revés, lo cual no era muy frecuente. A veces se les tomaba como españoles y otras como indígenas, dependiendo de su físico predominante; sin embargo, nunca fueron realmente aceptados ni por los españoles ni por los indígenas. No tenían cabida en ningún grupo. Muchas veces los mestizos y las mestizas recibieron una educación como si fuesen españoles, pues se consideraba que un hijo de español no debía ser educado como indio. Los padres de los mestizos muchas veces pagaban a la administración para que sus hijos apareciesen en las actas de nacimiento como “españoles”. Pero a pesar de todo, siempre fueron considerados como “gente vil”, sin derecho para ocupar puestos reales o eclesiásticos, tampoco podían ser funcionarios públicos ni gozar de repartimiento, por orden expresa de Carlos V en el año de 1549.

Constituían un grupo inestable por excelencia, que convivieron con otras castas igualmente no privilegiadas, a pesar de ser muy numeroso, y sometido al capricho de los españoles y los criollos; es decir, de aquellos hijos de españoles que habían nacido en la Nueva España. Ambos grupos, criollos y españoles, ejercían una tremenda discriminación sobre los mestizos y otras castas. La minoría de españoles ricos e influyentes recibía el nombre de “gachupines”. La palabra gachupin en el Diccionario de Autoridades de 1729, se describía como El Español que pasa y mora en las Indias, que en el Perú llaman Chapetón. Es voz traída de aquellos países y muy usada en Andalucía y entre los comerciantes en la carrera de Indias

Los descendientes de los mestizos.

Obviamente los mestizos se aparejaron con otras de las múltiples castas que convivían en la Nueva España, y que recibían su nombre propio en atención a su mezcla sanguínea y a su color de piel. Así pues, si un mestizo se relacionaba con un español, los hijos se llamaban “castizos”; si la mezcla era con un indio, el resultado era un “cholo” o “coyote”; si con un mulato, “apiñonado”; pero si la mezcla tenía lugar con un castizo, entonces surgía un “harnizo”.

primeros mestizos nueva espana

Las madres de los mestizos.

Como es de suponer las mujeres indígenas contribuyeron mayormente al mestizaje por los hijos que tuvieron con los españoles, a los que se vieron sometidas sexualmente más por fuerza que por gusto. La violación a las mujeres indígenas no comenzó con la conquista de México, sino que fue iniciada por los hombres de Cristóbal Colón, como lo prueba el testimonio de Michel de Cúneo que escribió cínicamente: Mientras estaba en la barca, hice cautiva a una hermosísima mujer caribe, que el susodicho Almirante me regaló, y después que la hube llevado a mi camarote, y estando ella desnuda según es su costumbre, sentí deseos de holgar con ella. Quise cumplir mi deseo pero ella no lo consintió y me dio tal trato con sus uñas que hubiera preferido no haber empezado nunca. Pero al ver esto (y para contártelo todo hasta el final), tomé una cuerda y le di de azotes, después de los cuales echó grandes gritos, tales que no hubieras podido creer tus oídos. Finalmente llegamos a estar tan de acuerdo que puedo decirte que parecía haber sido criada en una escuela de rameras.

Aunque a la primaria conquista de México habían llegado algunas mujeres españolas, están eran aún pocas, lo que propició el rapto y la violación de las mujeres indias, o en algunos casos el amancebamiento, pues los matrimonios de un español con una nativa fueron sumamente escasos y a veces eran sustituidos por la barraganía; es decir, cuando un español tomaba a una india por concubina para vivir con él, como en el sonado caso de Hernán Cortés con la Malinche quienes tuvieron por hijo al mestizo Martín Cortés. Obviamente, la mujer no tenía ningún derecho civil. Costumbre hispana muy usada en la desde la Edad Media. El español solía hacerse cargo de los mestizos habidos. Solamente muy de vez en vez tenía lugar el matrimonio de una nativa con un español. Jesús Bustamante, el historiador, añade al respecto: Las relaciones «libres», estables o temporales, de blancos con mujeres indígenas, se siguieron manteniendo como norma aceptada incluso cuando, a finales del siglo XVI, se equilibró el porcentaje de mujeres de origen europeo dentro del grupo dominante. Ello afectó a la estructura familiar, ya que junto al núcleo «legítimo» pervivieron otro u otros núcleos no legitimados, pero relativamente estables. La situación se complicó por la práctica del «reconocimiento »de los hijos naturales, ampliamente desarrollada desde los primeros años de la conquista.

El mestizaje en la Nueva España se realizó mucho más entre un español y una india que entre una española y un indio. Pues las mujeres hispanas consideraban una absoluta deshonra el acostarse voluntariamente con un nativo, y era muy extraño el caso de que las mujeres blancas aceptaran tener relaciones sexuales. Cuando esto se producía por voluntad o por violación, las mujeres preferían ya no regresar con sus compatriotas y seguir en amancebamiento con el indígena.

Situación social de los mestizos.

En la sociedad de castas que se había formado en la Nueva España, el ser mestizo era una tragedia, pues los españoles consideraban a las culturas indígenas como inferiores y a los nacidos de uniones tan desiguales unos seres sin ninguna valía social ni racial. Los mestizos fueron explotados terriblemente por los blancos, quienes se aprovechaban de su condición marginada e ilegítima. Los mestizos podían casarse legítimamente con otras castas, pero nunca con una española o una criolla. Podían hacerlo con indias y mulatas, pero nunca con mujeres blancas.

Los mestizos estuvieron sometidos a muchas prohibiciones: no podían portar armas, ser escribanos, caciques, corregidores, alcaldes mayores ni protectores de los indios. Tampoco podían ser soldados, estudiar en las universidades o pertenecer a ningún cargo religioso. Solamente se les aceptaba cuando podían comprobar que eran hijos legítimos. Así pues, los trabajos que les eran permitidos a los mestizos eran muy pocos; podían ser: artesanos, carpinteros, albañiles, o peones. Todo ello se mantenía a pesar de que el número de mestizos fue aumentando considerablemente en el transcurso de la Colonia.

Gonzalo Guerrero, el padre de los primeros mestizos

El primer mestizo de la Nueva España no fue el primer hijo de Cortés habido con doña Marina, sino los hijos engendrados por Gonzalo Guerrero y una mujer maya. Este soldado después de participar en luchas de poder entre Nicuesa y Alonso de Ojeda, navegante y gobernador, participó en la expedición de Pedro de Valdivia con rumbo a la isla de Santo Domingo. El barco en que navegaban naufragó, y solamente lograron salvarse ocho marineros que llegaron a las costas de Yucatán, entre ellos se encontraba Gonzalo y Valdivia. Después de luchar contra los indios cocomes, fueron apresados. Cuatro españoles sirvieron de alimento a los indios, y los restantes fueron encerrados en jaulas de ramas, pero lograron escapar. Llegaron con los tutul xiúes, a la cuidad de Maní, donde el cacique Taxmar, los entregó como esclavos a su sacerdote Teohom. Debido a los duros trabajos a los que fueron sometidos, sólo sobrevivieron Gonzalo y su compañero Gerónimo de Aguilar. Taxmar donó al sacerdote Na Chan Can a Gonzalo, quien a su vez lo cedió a Nacom Balam, un jefe guerrero.

Poco a poco, Gonzalo se adaptó a la cultura maya, la hizo suya, se hizo tatuajes rituales, mutilaciones dentarias, y ostentaba bezote de oro en el belfo inferior. Cuando llegó Hernán Cortés en 1519, Aguilar, su compañero, se unió a los conquistadores, mientras que Gonzalo decidió quedarse con los indios, pues se había casado con la hija del cacique de Chetumal llamada Zazil Ha, hija de Na Chan Can, con la que había procreado tres hijos a los que permitió se les hiciese la deformación craneana. Tanta era su aculturación que permitió que su primera hija fuese sacrificada en el cenote sagrado de Chichén Itzá. Así dio inicio nuestro mestizaje.

Por lo tanto, cada uno de nosotros, los mexicanos, llevamos en las venas sangre india, lo cual debería ser suficiente para alejarnos de cualquier tipo de discriminación hacia nuestros conciudadanos indígenas, nuestros hermanos, o de cualquier persona de piel morena.

 

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Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.

Los chinacos, esos valientes guerrilleros

De extracción humilde, gran habilidad en el caballo y guerrera, estos héroes nacionales surgidos del pueblo defendieron a México de varias intervenciones extranjeras.

Yo soy libre como el viento, / pero tengo dignidad, / adoro la libertad, / con todo mi corazón.

Fragmento de una canción chinaca. Siglo XIX.

El origen de los chinacos y la etimología del nombre

Los famosos chinacos, los guerrilleros que pelearon contra las tropas americanas en la Guerra de Intervención de 1847, y contra los franceses en la guerra invasiva de 1864, fueron hombres del pueblo que no debemos confundir con los llamados “charros”. Su extracción era humilde, y solían emplearse en las haciendas de los ricos colonos españoles que empezaron a proliferar desde los inicios de la Nueva España.

Así pues, los chinacos tienen su origen en el virreinato. Durante el período colonial de México, una de las tantas castas que existieron, los mestizos –con tres cuartas partes de sangre india y una africana-, trabajaban como sirvientes, cargando cosas pesadas y llevando a cabo tareas que requerían un fuerte esfuerzo físico. Estos hombres fueron conocidos con el nombre de “chinos”, a causa de su pelo que frecuentemente era rizado y no porque provinieran de China. Con el paso del tiempo, el apodo de “chino” se convirtió en “chinaco”, como les llamaban los criollos (descendientes de padres españoles asentados en México) y los españoles colonizadores. Ya no importaba entonces con cuanto porcentaje de sangre india contaran.

Sin embargo, para otros investigadores del tema la palabra “chinaco” proviene del náhuatl tzinacan, que significa murciélago, porque era frecuente que salieran a luchar contra el enemigo por la noche, y que por el día se escondiesen en cuevas o grutas secretas, a la manera de los murciélagos.

 

Los chinacos montan caballos

Los mestizos libres del inicio del virreinato y principios del siglo XVII, tenía el derecho de montar en caballos, mismo que se les había negado hasta entonces, pero como se hacía necesaria la mano de obra de los mestizos en las haciendas ganaderas, el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón en el lapso de 1550-1564,y segundo virrey de la Nueva España, dio permiso para que los mestizos trabajadores de la Hacienda de San Javier, en Hidalgo, pudiesen montar caballo con silla, freno y espuelas. Poco a poco el uso del caballo se fue extendiendo entre los mestizos que trabajaban en otras haciendas.

Así pues, para finales del virreinato los chicanos podían poseer caballos con todos sus avíos, y se habían convertido en hábiles jinetes, que podían pasear a sus “chinas” en sus cabalgaduras, las mujeres por excelencia de los chinacos.

 

La vestimenta y avíos de los chinacos

Los chicanos llevaban un sombrero de alas anchas, calzón de manta que cubría un pantalón de gamuza, abierto por los lados externos que se abrochaba con botones y mostraban tablones de tela ligera; portaban una ancha faja a la cintura, chaquetilla de corta con hombreras externas, y un paliacate que se colocaban en la cabeza, a la manera que nos muestran los retratos de José María Morelos y Pavón. Para protegerse del frío usaban un sarape, muy similar al campero de Andalucía. Nunca un chinaco podía pasársela sin llevar una reata de ixtle que le permitía controlar al ganado y, cuando peleaba, siempre utilizaba una lanza.

La montura que empleaban los chinacos estaba elaborada con cuero, era un bello producto de la talabartería; llevaba cincho (faja de cuero), arciones (correa que pende del estribo) bastante amplias y un fuste (armazón de la silla de montar). La silla de los chinacos se caracterizaba por llevar por detrás de la “teja”, los llamados “vaquerillos” consistentes en dos piezas de piel, preferentemente de cabra, que servían para que el chinaco se tapara la espalda cuando lo sorprendía la lluvia; o bien, los vaquerillos servían de adorno para engalanar la montura, derivada de la española y de la árabe.

 

Los chinacos: guerrilleros de las luchas armadas de México

En la Guerra de Independencia de 1810, en la que combatieron los insurgentes y los trigarantes leales a México, contra las tropas realista españolas, comandados por Miguel Hidalgo y Francisco Xavier Venegas de Saavedra (sustituido posteriormente por Félix maría Calleja), respectivamente, la figura de los chinacos estuvo presente en muchas de las batallas que se llevaron a cabo, como guerrilleros populares, tan importantes en esta lucha independentista. Es conocido que el dirigente insurgente José María Morelos y Pavón gustaba de usar el traje de chinaco por encontrarlo cómodo y bonito, además de patriótico.

Por otra parte, en la guerra que conocemos como la intervención Norteamericana en México que duró de 1846 a 1848, provocada por la anexión de Texas a los Estados Unidos, y que culminó con el vergonzoso Tratado de Guadalupe Hidalgo, que costó a México la mitad de su territorio, los chinacos estuvieron al pie del cañón al mando de comandantes de la talla de Mariano Paredes, Mariano Arista, y Nicolás Bravo, entre otros más, siempre defendiendo las causas justas con sus tácticas netamente guerrilleras.

Asimismo, los chinacos estuvieron presentes en la Guerra de Reforma, llamada la Guerra de los Tres Años, que abarcó del 17 de diciembre de 1857, hasta el 1° de enero de 1861, conflicto en que se enfrentaron el bando liberal juarista contra el bando conservador. Esta guerra culminó con la victoria de los liberales y la entrada de Benito Juárez a la Ciudad de México. La participación de los chinacos fue destacada, aunque muchos cambiaban con frecuencia de bando: unas veces luchaban con los liberales y otras con los conservadores.

Durante la guerra contra las tropas francesas de Napoleón III, empeñado en sostener en el imperio a Maximiliano de Habsburgo, los chinacos pelearon en el ejército mexicano, hasta la derrota del emperador, y demostraron su tremenda valentía.

Un artículo aparecido en el Monitor Republicano del 24 de diciembre de 1862, relata la manera en que los chinacos ejercían su oficio de guerrilleros:

Nuestros guerrilleros pueden formar lazada con las dos extremidades o puntas de cada reata, y colocar la lazada a la cabeza de la silla. Cada par de guerrilleros tiene lo suficiente con una reata. Dos, tres o más pares de ellos pueden ir sobre los grupos franceses, que serán desbaratados rápidamente. La manteada debe ser soberana, y no dejará parado, sino muy maltratado, al grupo o grupos. Aconsejamos a nuestros intrépidos guerrilleros que pongan en práctica estas manteadas. Ellas los libran de la punta de las bayonetas francesas, y en el galope o carrera de nuestros caballos, no es fácil que las balas causen mal. Les aconsejamos que hagan lazada a cabeza de silla, y que no amarren a muerte, para que en un caso necesitado puedan desprender la lazada de la cabeza de la silla. Aún en el caso de que los caballos queden sin jinete, por si pueden tener lugar las manteadas, si los caballos siguen corriendo sobre el enemigo, lo cual puede conseguirse con caballos que busquen la querencia, como dicen algunos campiranos. 

En el periódico La Chinaca. Periódico escrito única y exclusivamente para el pueblo, que empezó a publicarse en 1862, apareció la letra de la “Marcha de la Chinaca” que empezaba:

A la armas chinacos, / nadie os meta los tacos. / Traca raca traca / Avance la Chinaca / ¡Ea, Chinaca! / Traca raca traca / A vengar con la vida / a la Patria querida / Hundiendo en sucia KK / a Pamuceno Traidor, / Traca,traca, traca / Nos espera valiente / Nuestra tropa en Oriente, / su ira sólo se aplaca / Matando al invasor / Traca, raca, traca / tendámonos las manos / Los buenos mexicanos, / Que no haya toma y daca / Lo que pasó pasó. / Traca raca, traca…

 

Los chinacos desaparecen

A partir de 1870, los chinacos comenzaron a desaparecer, pues las defensas nacionales adquirieron otro carácter con el cual se tratada de imitar a los ejércitos europeos del siglo XIX, y, sobre todo, al ejército de los Estados Unidos de Norteamérica. Con el gobierno de Porfirio Díaz las tropas de a caballo dejaron a un lado el machete, la lanza y la reata, para sustituirlas por armas de repetición y por ametralladoras. Fue la desgracia de los chinacos y de otros muchos guerrilleros de a caballo, como Albino García el Manco de Celaya, Nicolás Romero, Félix Bernal, y los hermanos Villagrán, por mencionar solamente a algunos.

 

Los “cuerudos” de Apatzingan

Renuentes a desaparecer del todo ha quedado un vestigio de los antiguos chinacos en las Defensas Rurales de la región de Apatzingan, en Michoacán, que con el tiempo llegaron a ser lo que conocemos ahora con el nombre de los “Cuerudos de Apatzingan”, que destacaron en los años cincuentas y setentas, pero que aún son conocidos en el mundo entero.

Los jinetes “cuerudos” surgieron para combatir la delincuencia, y para mantener el orden en la zona de Tierra Caliente en la época anterior a la Independencia de México. Deben su nombre al traje que usan, elaborado de cuera de venado que les permitía aguantar el frío de las sierra cuando se encontraban en combate. Más tarde, los “cuerudos” participaron en la Revolución Mexicana, y después se anexaron al Ejército Mexicano como Cuerpo de Caballería de Defensa Rural.

El traje de los cuerudos es igual, o al menos muy parecido, al de los antiguos chinacos, pero sin los laterales de los pantalones abiertos y con tela plisada. Aún se les puede ver en los desfiles conmemorativos del 16 de septiembre en Apatzingan y en la Ciudad de Morelia. Nos preguntamos si el mítico Juan Colorado no sería uno de los “cuerudos de Apétzingan”, cuando afirma en su corrido que: Ya se va Juan Colorado, / Ya los vino aquí a saludar / Y el que me busque me encuentra / Por el rumbo de Apatzingan.

 Blog de la autora: Komoni

*Imagen: pintura al óleo del siglo XIX de batalla de chinacos a caballo

Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.

De cuando México recibió miles de inmigrantes estadounidenses

En el siglo XIX México recibió miles de inmigrantes estadounidenses y esto es un hecho histórico que hoy sería bueno recordar.

La historia de la migración es en sí la historia del hombre. Recordemos que, como especia, salimos de África y fuimos poblando el mundo. La conformación de las naciones fue resultado de este masivo y permanente movimiento, y durante proceso es que fueron conformándose diversas identidades culturales que hoy nos distinguen, pero a la vez nos enriquecen mutuamente.  

Lo curioso es que las tierras que hoy son expulsoras de migrantes, quizá en algún momento fueron destinatarias de los mismos: cambian los tiempos y con ellos las direcciones migratorias. Hoy que está tan en boga el rechazo al fenómeno migratorio, agudizado por diversos sucesos geopolíticos personajes como el brixton o nefastos discursos como el que protagoniza Donald Trump. Y respecto a este último, sería pertinente recordar que la vida da muchas vueltas y su mismo país colmó de inmigrantes la frontera de México. Este capítulo, que hoy pareciera un tanto paradójico, fue recién retomado por Jstor Daily.

Allá por 1829, México había abolido la esclavitud y los migrantes estadounidenses se aferraban a mantener sus esclavos afroamericanos en tierras mexicanas. Los mexicanos recién habían obtenido su independencia y en los estados del norte, sobre todo en Texas, llegaban cada vez más inmigrantes norteamericanos con costumbres distintas (como su religión protestante), caracterizados por una pobre educación, por hablar otra lengua, y cuya agenda respondía a la instalación de   sus esclavos en tierras mexicanas.

El gobierno mexicano, entonces, buscó en un intento de paz que estas migraciones estuvieran integradas por norteamericanos más afines a los mexicanos y un caso así podría ser el de los irlandeses católicos. Sin embargo para 1820 habían hasta 4 mil estadounidenses en Texas y en la siguiente década el número se multiplicó cinco veces más.

Los “gringos”que llegaron a Texas no solo fueron tomando el territorio aún cuando las leyes mexicanas les habían permitido su estancia, con el tiempo buscaron su independencia y para la mitad de 1800 México había perdido la mitad de su tierra.

Este capítulo memora cómo la historia ha estado formada por migraciones. Quizá la diferencia en este fenómeno histórico sea la actitud de este flujo de personas en las tierras que los acogen. Y en el caso de Texas, los migrantes bienvenidos terminarían por apropiarse de ese territorio, algo que, por cierto, los mexicanos que van a EUA jamás han mostrado intención de consumar.

*Imagen: mapa del territorio mexicano de 1835