Conoce los 120 mejores restaurantes de México según la Guía México Gastronómico (lista 2017)

Este ranking de Culinaria Mexicana es probablemente el más completo en su tipo. Conoce los 120 mejores restaurantes de México para este 2017.

Sobra decir que cualquier lista lleva un dejo subjetivo por parte de los que la elaboran. Con ello en mente, hoy te compartimos el ranking de los 120 mejores restaurantes de México, realizada por Culinaria Mexicana, la Guía México Gastronómico 2017.

Cabe apuntar que en los últimos años los restaurantes mexicanos han estado sonando en los listados mundiales más reconocidos. Como ejemplo, 9 restaurantes mexicanos fueron ubicados entre El ranking anual Latin America´s 50 Best Restaurants. También en los últimos años México ha brillado en la gastronomía internacional con nombres de chefs como Enrique Olvera, Jorge Vallejo, Ricardo Muños Zurita,Elena ReygadasMikel AlonsoGerard BellveGuillermo González Beristáin, etc.

Los resultados de la Guía México Gastronómico son los siguientes; si quieres revisar la lista pasada con el fin de cotejarla, puedes verla en este link.

Cabe anotar que la lista no está por orden de calidad, sino organizada solo alfabéticamente. Este ranking engloba a los 120 mejores restaurantes sin otorgarles un grado sobre otro.

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*Imagen:chilanguito.mx

5 lugares en la CDMX para comer maíz nativo en todo su esplendor

La experimentación con este ingrediente fantástico nunca se agota… Estos restaurantes están para demostrarlo.

Recientemente la CDMX fue reconocida como el destino más excitante del mundo para viajar, por la revista National Geographic. ¿La razón? Se trata de la explosiva cruzada para salvar al maíz nativo que se ha estado gestando en nuestra capital. 

Campesinos y campesinas, cocineros y cocineras, tortilleras y amantes del maíz han lanzado toda clase de proyectos culinarios, sustentables, creativos y comunitarios para que los mexicanos nos volvamos a enamorar de la planta maravillosa.

También en Más de México: ¿Qué es el maíz nativo y por qué todos deberíamos estarlo consumiendo?

Sin duda, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de protegerla y mantenerla floreciendo a pesar de que la milpa ha perdido terreno —frente a la creciente agricultura extensiva— y que el maíz transgénico domina el mercado, poniendo en peligro la existencia de nuestras especies nativas . Afortunadamente, no hay mejor manera de contribuir que comiendo buen maíz. 

Y precisamente en la CDMX hay múltiples sitios que demuestran que la exploración y el amor por este ingrediente nunca se agotan. Te presentamos 5 lugares para comer maíz nativo en todo su esplendor.

También en Más de México: 5 exquisitas tortillerías para auténticos amantes del maíz

1: PIXZA

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Imagen: adn40

Este sitio llega con una delicia inédita: pizzas cuya costra está hecha con deliciosa masa de maíz azul. Su propuesta pone a prueba a toda clase de “puristas” gastronómicos y eso nos encanta. El menú ofrece “pixzas” con salsa de jitomate, hoja santa y chiplote o de frijol negro y los ingredientes pueden ir desde la flor de calabaza, huitlacoche y setas (ideales para vegetarianos) hasta otras delicias más arriesgadas como chapulines, carnitas y esquites. 

Visítalos en Calle Liverpool 162, Colonia Juárez y llama al teléfono 5207 0287 para más información.

2: Cal y Maíz

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Cal y maíz

Su misión es “conservar el sistema tradicional de creación de tortillas de México” Esto va de la milpa al chiquihuite (canasta de las tortillas). Entre sus productos ofrecen tortillas de todos los colores posibles y delicioso pinole. 

Están en Málaga 94, Colonia Insurgentes Mixcoac, encuéntralos también en el teléfono 5586629194.

3: Expendio de maíz

 

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Fotografía: Charlie Donath

Se llama así, “Expendio de maíz” y es una propuesta preciosa. La idea es desayunar comida tradicional, de esa que se prepara en las sierras de México. Platos deliciosos, hechos al fuego vivo. La cocina en sí misma es muy particular, por un lado, está abierta a los comensales, como auténtico hogar de una casa mexicana; además tiene la intención de emular la franqueza de la gastronomía rural.

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Imagen: local.mx

No te pierdas delicias como los sopes con masa de comino tostado bañados en salsa y decorados con queso o el mole de plátano y el mole de longaniza, ambos montados sobre una tortilla cachonda (muy grande) y servidos con un huevo frito encima. De tomar, tienes que probar el tejuino: masa ligeramente fermentada, con caña hervida y limón.

Visita su página de Facebook aquí. Puedes visitar esta mágica cocina en Av. Yucatán 83, Colonia Roma. 

4: Maíz de cacao

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Crédito no especificado

Este lugar está estrenando presencia y promete volverse un nuevo clásico. Se describen a sí mismos como un “pequeño restaurante de antojitos de la Huasteca” y se ve delicioso. En su menú hay cosas maravillosas como tamales, gorditas de queso y huevo, huevos asados (en hoja de plátano), esquites, enchiladas y paletas heladas de tascalate,de atole de elote tierno y de maíz azul con piloncillo. 

La antojería se encuentra en la calle Córdoba, 148 en la colonia Roma. Visita aquí su cuenta de Twitter.

5: Tamales madre

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Imagen: Time Out.

Tamales hay por todos lados en la CDMX y en todo el país, pero en la capital es cada vez más difícil encontrarlos de auténtica masa de maíz nixtamalizado. Y aunque hay opciones ricas, nada se compara a un tamal de verdad. La textura es simplemente deliciosa, no te caen pesados como los que se hacen con harina blanca de maíz y son muchísimo más saludables y nutritivos. 

En Tamales madre se dedican a ofrecer estas delicias, tan necesarias. Algunos de los sabores más atractivos son frijol y hierba santa, mole y plátano macho, cacao con natilla de pinole. Además, no dejes de probar sus atoles de temporada y  chocolate caliente. 

Encuéntralos en Liverpool 44, Colonia Juárez y descubre su menú completo aquí.

El mole es mujer: una delicada y sensual fantasía de Enrique Olvera (VIDEO)

El mole es una fantasía explosiva, que invita a jugar con los sentidos. Por lo menos así lo sueña uno de los mejores chefs mexicanos…

La magia de nuestra comida no es ninguna fantasía, aunque deviene absolutamente de su sensualidad. Pocas cosas apelan a nuestros sentidos de forma tan intensa como nuestros complejos platillos. Entre suspiros de picante, gemidos de deleite, manos manchadas de salsa, es inevitable involucrarse completamente en el acto tan evidentemente físico. Y tal vez, entre todas las muestras de nuestro ingenio culinario, el mole bien podría ser considerado, la máxima expresión.

Su historia, sus cualidades físicas, su composición química, su inmensa complejidad lo transforman en una perfecta analogía de nuestra tierra. Dice Enrique Olvera, hombre que fantasea y juega delicadamente con nuestra comida, que el mole es caos. Que cada uno de los ingredientes que componen su complejo entramado está dispuesto a renunciar a sí mismo para convertirse en mucho más que la suma de sus partes. Que el mole es una fiesta en la boca (aunque bien pudo decir orgía y nos tendría igualmente convencidos).

Su oda al mole fue finamente retratada en un episodio de “Chapters of Food”, brillante proyecto audiovisual de Nowness que explora y celebra de manera polisémica la existencia de algunos de los alimentos más queridos del planeta. Al mole le dedica un sueño de Enrique Olvera, narrado en sus propias palabras y deliciosamente ilustrado por Barbara Anastacio, a la manera de Luis Buñuel (haciéndole también un pequeño homenaje).

En la representación ofrecida, vemos un precioso ensayo que argumenta que el mole es una metonimia perfecta de la diversidad que articula a México. Mole no hay solo uno, aunque el ”mole madre” de Enrique Olvera, un mole negro que se renueva en un extraño proceso de fermentación y es alimentado constantemente con mole fresco se quiere perfilar como el mole de moles o “mero mole”.

La cosa es que moles hay de dulce, chile y pozole, no literalmente, claro, pero sí es absurda la cantidad de versiones del platillo y, al interior del mole como concepto, es aún más impresionante la cantidad de ingredientes que pueden llegar a componerlo (a veces hasta 100).

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Este entretejido de sabores, termina en una textura terrosa, como de un sensual y aromático lodo, que alimenta cada rincón del cuerpo. Por eso el mole es una fiesta, una eterna celebración. Y por eso el mole es mujer: un sujeto que te envuelve de calores, de placeres, pero con una insistencia maternal y absolutamente irreprochable.

El mole es complejo, no tiene solo una cara, es flexible, es migrante, es fértil, es tierra de nuevos moles y la única manera de disfrutarlo es embarrándose, dejándose seducir hasta el final. Aunque pique. Aunque manche. El mole es México.

Lecciones de Anthony Bourdain para mexicanos y estadounidenses

Su amor por México, siendo estadounidense, llevó a Bourdain a entender con claridad la inevitable hermandad entre estos dos países.

Anthony Bourdain (1956-2018) fue un tipo que entendió que al alma de una cultura se puede llegar, y directamente, vía la comida. Amaba la cocina y, por ende, amaba la diversidad cultural de nuestro planeta. En este sentido no debiera sorprendernos que México, con su apabullante tradición gastronómica, ocupara un lugar especial en el corazón del chef y conductor televisivo. 

Para presentar un episodio de Parts Unknown, el programa que conducía para CNN, dedicado a México, Bourdain publicó en su blog un texto memorable bajo el título de “Under the Volcano”. En este, el estadounidense repasa una serie de fenómenos psicoculturales que distinguen la relación entre México y Estados Unidos –esa viva complejidad que los une y separa. Se trata de dos países cuya proximidad cultural les impone una intimidad que supera, por mucho, la simple coincidencia geográfica lo cual resulta en una fusión intensa, desorganizada y, hastía cierto punto, desaprovechada.

México es más guerrero que belicoso, más colorido que estéril, un país que goza de las bondades del surrealismo; generalmente cuenta con la magia de su lado, y puede presumir un linaje histórico como pocos. Estados Unidos, su hermanastro, vive mejor orientado hacia el futuro, procede de un experimento multicultural y filosófico que cambió la historia del mundo, es más funcional y ciertamente poderoso –incluso logró construir e imponer ese tablero en el que hoy se desarrolla buena parte del juego global.  

En esta relación tan improbable como intensa, surgen fenómenos que ayudan a entender las respectivas identidades. Y es que el vivo intercambio de insumos culturales no podría tener otro desenlace que impregnar a ambos de una manera entrañable. Justo en el instante en que uno, o millones, de estadounidenses están consumiendo un ‘tortilla chips’, planeando sus vacaciones a Playa del Carmen, o aplaudiendo el Oscar a Del Toro, uno, o millones, de mexicanos estamos viendo la última serie de HBO, planeando nuestro próximo viaje a California (no importa si es vía un pollero o una agencia de viajes), o portando un jersey de los Patriotas de Nueva Inglaterra. 

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En su texto, Bourdain recuerda lo que muchos sabemos: que la economía y sociedad estadounidenses difícilmente funcionaría sin su ingrediente estrella, México. Además, increpa a sus compatriotas a que incluyan dentro de sus intereses (más allá de la stripper o el springbreak),  lo que sucede al otro lado, a que se informen, por ejemplo, sobre los costos de una guerra contra las drogas impulsada, principalmente, por Estados Unidos, y que México ha tenido que pagar con cientos de miles de vidas  –considerando que el origen de esta tragedia radica en la demanda que su país genera.

Pero si por parte de EUA hay una comunión tan intensa y gustosa con la cultura mexicana, ¿porqué no se traduce esto es una postura más empática, incluso responsable, ante a lo que sucede en México? 

Amamos las drogas mexicanas. Tal vez no tú personalmente, pero nosotros, como nación, consumimos cantidades monumentales de ellas –y recorremos extraordinarias distancias y gastamos grandes sumas para obtenerlas. Amamos la música mexicana, las playas mexicanas, la arquitectura mexicana, el diseño de interiores, y las películas mexicanas. Entonces, ¿porqué no amamos México?

Desestimamos lo que ocurre apenas cruzando la frontera. Quizá estamos avergonzados. Después de todo México ha estado ahí siempre para nosotros, para satisfacer nuestros más oscuros deseos y necesidades. Ya sea para vestirnos como idiotas, alcoholizarnos y broncearnos con el sol de Cancún, arrojar unos pesos a strippers en Tijuana, o pasonearnos con drogas mexicanas, estamos lejos de nuestro mejor comportamiento en México. Nos han visto a muchos de nosotros en neutro peor plano. Conocen nuestros deseos más oscuros. 

Como mexicano el texto del chef neoyorquino resulta conmovedor. La sola idea de que haya estadounidenses que perciben así la relación con México, demuestra, al contrario que sus embajadores ‘springbreakeros’, el lado más luminoso de esta cultura –una faceta sensible, responsable ante la sincronía obvia y abierta a la riqueza del ‘otro’. Pero también me gustaría señalar que, aunque de forma distinta, nuestros hermanos mexicanos que están al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, representan (como víctimas y no como causantes) una buena porción de los más oscuro de México: un país ineficiente, confundido, incapaz de proveer con oportunidades a sus propios habitantes, vulnerable por las carencias educativas de su población, permisivo ante la irresponsabilidad de sus élites,  y resignado frente a la ineptitud y corrupción de gobiernos disfuncionales.  

En todo caso, más allá de las dos caras de la moneda que, respectivamente, evidenciamos tanto mexicanos como estadounidenses, más allá de reclamos o deudas, lo que parece indiscutible es que ambos estamos ‘condenados’ a convivir hombro a hombro. Y considerando lo anterior, resulta aún más benéfico para todos los involucrados, que existan posturas como la que Bourdain expresa en su texto. A fin de cuentas, como bien señala, nos guste o no, ambas culturas estamos inexorable y profundamente envueltas en un abrazo. 

En México lo vamos a extrañar, a Bourdain.