Los presagios purépecha de la conquista española

Diversos registros relatan cómo los purépecha sabían que alguien más los conquistaría, aunque jamás imaginaron que vendrían de tan lejos.

El último caltzontzin, Tangáxoan II nació en fecha desconocida. Hijo mayor de Henziua (Zuangua), Señor de Cumanchen, fue el último cazonci (caltzontzin o irecha) de Tzintzuntzan, “donde está el templo del colibrí mensajero”, ciudad que fuera fundada por Tariácuri en 1325, junto al Lago de Pátzcuaro, en la región de la Meseta Tarasca.

Tangáxoan recibió de su padre, Zuanga, el reinado en el año de 1521. Zuanga fue hijo del décimo sexto irecha llamado Harame, quien luchó valientemente en la famosa Guerra del Salitre, y murió muy viejito a causa de una epidemia de viruela. Fue a Tangáxoan a quien le tocó, en mala hora, recibir los terribles presagios que anunciaban la llegada de una inconcebible catástrofe para los pueblos purépecha.

Los presagios.

Al igual que aconteció con los mexicas en la ciudad de Tenochtitlan, los purépecha recibieron anuncios casandrescos de la terrible fatalidad que estaba por ocurrir al pueblo. En la Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán, famoso códice purépecha, de valor incalculable para reconstruir la historia antigua de Michoacán, escrita por el franciscano Jerónimo de Alcalá por expreso encargo del primer virrey de la Nueva España don Antonio de Mendoza, se encuentran escritos los presagios de tan nefasto acontecimiento.

El primero de los presagios sucedió cuando los indígenas se percataron de que sus templos se cuarteaban (hendían en la Relación) misteriosamente. Se ordenaba a los albañiles que repararan el mal, pero en cuanto lo hacían, las paredes de los templos volvían a abrirse. Este fenómeno ocurrió por cuatro años. Los sacerdotes no conocían la causa, pero estaban seguros de que era un mal agüero, pues los templos eran los lugares sagrados por excelencia, habitados por los dioses, y lugares de tránsito y comunicación entre el mundo de las deidades y el de los simples mortales. Se trataba de espacios psicopompes. La Relación de Michoacán constata:

Dice esta gente que antes que viniesen los españoles a esta tierra, cuatro años seguidos se les hendían los cues desde lo alto hasta abajo, y que los tornaban a cerrar y luego se tornaban a hender y caían piedras, como estaban hechos de lajas sus cues, y no sabían la causa de esto, mas lo tenían por agüero.

El segundo presagio hace referencia a la aparición de dos cometas: Y pensaban que sus dioses habían de conquistar o destruir algún pueblo y que ellos habían de ir a destruirle. Es decir, que los cometas eran señales de los dioses que anunciaban terribles catástrofes como la muerte de algún gobernante; o bien, el inicio de guerras y conquistas. En un principio los sacerdotes interpretaron la noticia como la conquista de nuevos pueblos por los tarascos, pero posteriormente se percataron de su equivocación ya que ellos serían los conquistados.

El tercer presagio aconteció cuando una de las concubinas de Uiquixco, gobernante de Ucareo, acudió a una junta de dioses. A la dama la visitó la diosa Cuerauáperi, quien la llevó ante el dios Curicaveri, convertido en un águila blanca, a un lugar donde se encontraban otros dioses. Ahí le informaron que unos dioses habían creado a otros hombres que llegarían a las tierras habitadas por los indios, lo cual desconcertó terriblemente a las deidades, pues desconocían tal suerte que alteraba el orden divino y que afectaba al sagrado panteón purépecha, pues trastocaba los conceptos de la religión indígena y la desaparición de la misma:

… todo ha de quedar desierto porque ya vienen otros hombres a la tierra, que de todo en todo han de ir por todos los confines de la tierra, a la mano derecha y a la mano izquierda y de todo en todo irán hasta la rivera del mar y pasarán adelante y el cantar sea todo uno y que no habrá muchos cantares como teníamos, mas uno solo por todos los términos de la tierra.

Cuando terminó la reunión la mujer regresó y comunicó lo visto y oído al cacique de Ucareo y a los sacerdotes que le acompañaban. Asustado, el señor de Ucareo preguntó de qué hombres se trataba; pensó que se hacía referencia a los mexicas, a los otomíes o a los chichimecas. Los sacerdotes decidieron ir a ver al caltzontzin para comunicarle lo dicho por la mujer. Entonces exclamó:

¡Dónde han de ir los señores que están? ¿Quién nos ha conquistar? ¿han de venir los mexicanos o los atomíes (sic) a conquistarnos, o los chichimecas?  Dice que todo el reino ha de estar solo y desierto. Idlo a decir al rey.

Cuando se enteró el supremo gobernantes de los purépecha pensó que el linaje purépecha se encontraba en grave peligro, se dio cuenta de que estaba en peligro de muerte, y que uno de sus hijos sería el que afrontaría a los nuevos hombres y sería torturado. Como sucedió efectivamente con el despiadado Nuño de Guzmán. Y dijo:

Aquél oirá todo eso y el pobre no será mucho tiempo señor, porque será maltratado… cuatro años será maltratado, después de los cuales sosegará el señorío y yo no lo oiré que primero moriré.

El cuarto presagio aconteció cuando un pescador fue raptado por un caimán que se lo llevó a una casa que se encontraba debajo del agua. Se trataba de un dios que deseaba prevenirlo de la horrible desgracia que pasaría y le dijo al pescador:

Ve a la ciudad de Michoacán (TzinTzunTzan) y di al rey que nos tiene a todos en cargo, que se llama Zuangua, que ya se ha dado sentencia, que ya son hombres, y ya son engendrados los que han de morar en la tierra, por todos los términos.

Los purépecha estaban ansiosos por saber de quiénes se trataba, y así recordaron otro presagio.

El quinto presagio aludía a una anciana que se encontró con los dioses Tiripemencha, que eran los hermanos de Curicaveri, y le dicen a la mujer que los gobernantes de Coyoacán han cometido muchas faltas religiosas como no haber llevado leña a los templos de los dioses, y que a causa de ello los dioses creadores están enojados, y añade:

No son sabios los señores de Coyoacán ni se acuerdan de traer leña para los cues, ya no tienen cabezas consigo, que a todos han de conquistar, que se han enojado los dioses engendradores. Cuéntaselo así a Ticatame, que de ahí a poco tiempo nos levantaremos de aquí de Coyoacán, donde ahora estamos, y nos iremos a Michoacán y estaremos allí algunos años y nos tornaremos al levantar y nos iremos a nuestra primer morada llamada Uayameo. Esto nomás te decimos.

Con lo que se quería decir que los mexicas no cumplían como debía ser con sus deberes religiosos y que eso traería consecuencias nefastas, y la pérdida de su hegemonía.

El último presagio aconteció –pasada la conquista- cuando un sacerdote informante del fraile compilador de la Relación, le confió haber soñado con gente extraña que venía a caballo y profanaban los templos de los dioses purépecha:

…que venía una gente y que traía bestias… que él no conocía, y que entraban en las casas de los papas y dormían ahí… y traían muchas gallinas que ensuciaban en sus cues.

Y efectivamente los presagios se cumplieron, y el mundo de los purépecha desapareció para ser reemplazado por otro en el cual se convirtieron en esclavos de los extranjeros montados en bestias, y con la espada en la mano. Todo había terminado.

 

Conoce más sobre el trabajo de Sonia Iglesias visitando su blog en Komoni 

 

 

*Imagen: página de Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán.

Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.

Conoce la leyenda purépecha que predijo la llegada de los españoles

Pero antes de la llegada de los españoles, cuenta la leyenda que los dioses principales de los purépechas se reunieron en una ocasión para sentenciar el fin de su presencia en La puerta del cielo.

En La puerta del cielo, actualmente conocida como Pátzcuaro, la cultura purépecha floreció en Michoacán durante el año 1200 d.C. hasta el 1400. No fue sino hasta que en 1530 los conquistadores españoles invadieron el esplendor p’urhépecha y le nombraron, erróneamente, tarasco.  

El término de tarasco, de la voz tarasqué que significa “mi yerno” o “mi suegro”, fue utilizada por los españoles cuando los miembros de la corte purépecha procuraron ganarse su amistad y dieron a sus hijas como esposas. Los llamaron “tarascos” como para integrarlos a la línea familiar. Frente a esto, los españoles creyeron que ése era el significado del pueblo, llamándolos así desde entonces. Quizá por esta razón, y desde aquel entonces entonces, el calificativo de tarasco fue considerado como un término despectivo por los descendientes modernos. Actualmente este pueblo indígena se autodenominan como purhépechas para autoafirmarse como seres humanos, como un pueblo en general. 

Pero antes de la llegada de los españoles, cuenta la leyenda que los dioses principales de los tarascos se reunieron en una ocasión para sentenciar el fin de su presencia en La puerta del cielo. Entre ellos se encontraban Curivaveri, el dios del fuego y la deidad más antigua; Kuerajperi, la esposa de Curicaueri y la representación de la Luna, de la tierra y la lluvia, la madre y el padre todos los dioses; Xarátanga, la advocación de la Luna nueva; Pehuame, la parturienta y esposa del Sol; Nana Cutzi, la madre encorvada o la Luna; y Tata Jurhiata, el padre sol. 

En esa reunión, cuenta el escritor Walter Krickeberg en su libro Mitos y leyendas de los aztecas, incas, mayas y muiscas, cómo una de las mujeres del señor del pueblo Ucareo fue escogida por la diosa Kueravajperi, madre de todos los dioses terrestres, para llevarla hacia el camino de México. Fue ahí que, de regreso en el camino de Araro, la diosa se desató una jícara que tenía atada en sus naguas para ofrecerle un brevaje con un simiente blanca, y así mudarle el sentido. Luego le dijo: “Vete, que yo no te tengo que llevar. Allí está quien te ha de llevar. Yo no te tengo que hacer mal ni sacrificarte. Tampoco aquel que te lleva te ha de hacer mal. Oirás muy bien lo que se diga donde te llevará, puesto que habrá allí concilio y le harás saber al rey Tsiuanga, que nos tiene a todos en cargo, [todo lo que oigas]”. Y esto fue lo que sucedió previo a la advertencia de la diosa: 

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Kueravajperi

Fuese por el camino aquella mujer y luego encontró un águila blanca que tenía una verruga grande en la frente. El águila empezó a silbar y a erizar las plumas. Tenía unos ojos grandes y decían que era del dios Curicaveri. El águila la saludó y le dijo que fuese bienvenida, y ella también le saludó y le dijo: “Señor, estés en buena hora.” El águila le dijo: “Sube aquí encima de mis alas y no tengas miedo a caer”. Cuando se subió la mujer, se levantó el águila con ella y empezó a silbar. La llevó a un monte donde estaba una fuente caliente en la cual hay piedra de azufre. Era ya que quebraba el alba cuando la llevó al pie de un monte muy alto que está allí cerca, llamado Xanuuata hucachtzio. La levantó muy alto y aquella mujer vio que estaban sentados todos los dioses de la provincia, todos tiznados. Unos tenían guirnaldas de hilo de colores en la cabeza y otros estaban tocados. Otros tenían guirnaldas de trébol, otros unas entradas en las molleras y otros peinados de muchas maneras. Tenían muchas clases de vino tinto y blanco de maguey, de ciruelas y de miel. Todos llevaban sus presentes, muchos de frutas, a otro dios llamado Curta kaheri, que era el mensajero de los dioses, y le llamaban todos ‘abuelo’. Le parecía a aquella mujer que estaban todos en una casa muy grande y el águila le dijo: “Siéntate aquí y de aquí oirás lo que se dice”. El sol ya había salido, y aquel dios Curita kaheri se lavaba la cabeza con jabón y no tenía el trenzado, puesto que solía tener una guirnalda de colores en la cabeza, unas orejeras de palo en las orejas y unas tenazuelas pequeñas al cuello y una manta delgada que le cubría. Con él vino su hermano llamado Tiripame quarencha. Todos estaban muy hermosos. Los otros dioses les saludaron y les decían: “¡Séais bienvenidos!”. Curita kaheri respondió: “Pues, ¿habéis venidos todos? Mira, no se haya quedado alguno por olvido, debido a que no lo halláis llamado”. Respondieron “Señor, todos hemos venido”, y aquél volvió a preguntar: “¿Han venido también los dioses de la mano izquierda?” y ellos respondieron que sí… Dijo [Curita kaheri]: “Que diga mi hermano lo que se ha de decir y yo quiero entrar en la casa.” Tiripame quarencha les dijo: “Acercaos aquí, dioses de la mano izquierda y de la mano derecha. El pobre de mi hermano dice lo que yo diré. Él fue hacia el oriente donde está la madre Kueravajperi, y estuvo algunos días con la diosa. Allá estaba Curicaveri, nuestro nieto, y [la diosa] Xaratanga y [los dioses] Urendequa vecara y Querenda angapeti. Todos intentaron contradecir a la madre Kueravajperi, pero no se les creía lo que querían hablar y sus palabras fueron rechazadas y no les quisieron recibir lo que querían decir. Ya han aparecido otros hombres, [los españoles], y han de venir a las tierras; esto es lo que ellos querían que Kueravajperi no permitiera, y no fueron oídos. Les dijeron: Dioses primogénitos, esforzados a sufrir, y vosotros, dioses de la mano izquierda. Si así está determinado por los dioses [supremos], ¿cómo podremos contradecir lo que está así determinado? No podemos saber lo que es esto; a la verdad, ¿no fue determinación al principio, que estaba ordenado que no anduviésemos dos dioses juntos, antes que viniese la luz, para que no nos matásemos y perdiésemos la deidad? Entonces estaba ordenado que una vez que se sosegase la tierra, que esto volviese [a suceder] dos veces, y que para siempre se había de quedar así, que no se había de cambiar esto que teníamos concertado todos los dioses antes de que viniese la luz, y ahora no sabemos qué palabras son éstas… Vosotros, dioses primogénitos y de la mano izquierda, idos todos a vuestras casas, no traigáis con vosotros ese vino que traéis, quebrado todos esos cántaros, ya que de aquí en adelante ya no será como hasta ahora, cuando estábamos muy prósperos. Quebrad por todas partes las tinajas de vino, dejad los sacrificios de hombres y no traigáis más ofrendas con vosotros, ya que de aquí en adelante no ha de ser así, no han de sonar más atabales, rajadlos todos; no han de aparecer más templos ni fogones, ni se levantará más humo [del fuego sagrado]. Todo ha de quedar desierto, porque ya vienen otros hombres a la tierra, que han de ir por todos los fines de la tierra, hacia la mano derecha y la mano izquierda e irán hasta la ribera del mar y pasarán adelante. El cantar será todo uno y ya no habrá muchos cantares como teníamos, sino uno sólo por todos los términos de la tierra. Tú, mujer que estás ahí y nos oyes, publica esto [entre los hombres] y hácelo saber al rey Tsiuangua, que nos tiene a todos en cargo.”

La mujer entonces contó cómo todos los dioses, frente a este presagio, respondieron que así sería y empezaron a secarse las lágrimas que salían de sus ojos: “Entonces se deshizo el concilio y no apareció más aquella visión.”

*Imágenes: 1) Villa Pátzcuaro; 2) Wikicommons

Así fue el primer encuentro entre los mexicas y Hernán Cortés

Antes de que los españoles pisaran tierras mexicas, enviados de Moctezuma subieron a sus naves con mensajes del emperador y esto sucedió.

En la cultura popular sabemos que los españoles llegaron a Tenochtitlán, y que los mexicas quedaron atónitos y fueron atacados. Sin embargo, poco se conoce de que el emperador Moctezuma supo cuando los barcos arribaron a las costas del Golfo en 1519 y que envió a funcionarios para que entregaran regalos preciosos, todos asociados a lo divino, con el fin de que los entregaran al que se creía había llegado finalmente: el dios bueno Quetzalcóatl.

La leyenda contaba que este habría de regresar y al menos 10 años antes de la llegada de los españoles a tierras mexicanas, sucedieron una serie de presagios que alertaron a Moctezuma y fortalecieron la profecía.

En el libro La Visión de los Vencidos de Miguel León Portilla se narra un episodio importante y poco conocido: los primeros encuentros en las embarcaciones españolas. El grupo de funcionarios de Moctezuma llega hasta estos barcos, anclados en las aguas del Golfo de México, para entregar los preciados regalos a “Quetzalcóatl”. Cortés, para infundirles temor, hace uso de los cañones, disparando al aire, y luego acepta, seguramente maravillado por la opulencia del tributo, los regalos.

La siguiente narración es extraída de La Visión de los Vencidos que a su vez está fundamentada mayormente en los informantes de Sahagún:

Llegan los mensajeros ante los españoles

Pues cuando hubieron llegado al borde del mar, los transportaron, en barcas se los llevaron a Xicalanco. (…) Y metidos ya en sus canoas por el río fueron, llegaron a las barcas de aquellos [de los españoles], se repegaron a sus barcas. (…) Subieron a la nave. Iban llevando en los barcos los objetos. Uno a uno hicieron la ceremonia de tocar la tierra con la boca delante del capitán. (…) Atavían al capitán, le pusieron con esmero la mascara de turquesas.

 

Cortés trata de poner temor en los mexicas

cortés enseña cañones indígenas

Entonces dio órdenes el capitán; en consecuencia, fueron atados [los mexicas]; les pusieron hierros en los pies y en el cuello. Hecho eso, dispararon el canon grande.

Y en ese momento los enviados perdieron el juicio, quedaron desmayados. Cayeron, se doblaron cada uno por su lado: ya no estuvieron en sí.

Los españoles, por su parte, los levantaron, los alzaron, les dieron a beber vino y enseguida les dieron de comer, los hicieron comer. Con esto recobraron su sliento, se reconfortaron.

Luego de esto es narrado cómo Cortés intentó que los visitantes hicieran un duelo con algunos españoles al siguiente día con el fin de conocer sus habilidades guerreras, sin embargo estos se apresuraron al llegar a tierra para darle noticias sobre estos extraños hombres al señor Moctezuma, quien luego de estos reportes, quedó muy atemorizado.

 

*Imágenes: 2) proyectosalonhogar.com

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Las ocho profecías que anticiparon la caída del Imperio azteca

De acuerdo con Bernardino de Sahagún, autor de Historia general de las cosas de la Nueva España, existieron ocho presagios y supersticiones que marcaron el fin del glorioso imperio.

Se dice que la Conquista española fue realmente el año cero para los mexicanos. Un evento que marcó desde el savoir-vivre hasta la cosmogonía de los indígenas, y la cual dio vida a una nueva raza cargada de dolor, ironía y pasión. Hay quienes incluso se atreven a decir que el Imperio azteca regiría al mundo entero si no hubiera sido vencido con artimañas por los españoles. Pero, ¿qué fue lo que hizo que los mexicas perdieran la batalla y, con ello, su legado?

De acuerdo con Bernardino de Sahagún, autor de Historia general de las cosas de la Nueva España, existieron ocho presagios y supersticiones que marcaron el fin del glorioso imperio. Este misionero franciscano inclusive tradujo del nahuatl cómo los sacerdotes y adivinos que explicaron la presencia de algunos eventos anómalos como señales del fin de su civilización. Te compartimos lo que él registró en su libro:

Primer presagio. Diez años antes de la llegada de los españoles, en el cielo hubo una llama de fuego grande y resplandeciente que duró un año. Incluso, este fuego llegó a brillar durante las noches.

Segundo presagio. Por cuenta propia y de manera espontánea, la casa de Huitzilopochtli ardió en llamas. Este sitio era divino, y se le denominaba Tlacatecan o “Casa del mundo”.

Tercer presagio. El templo de Tzummulco recibió un rayo como un golpe del sol. Pues no llovía recio ni se escuchó trueno alguno. 

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Cuarto presagio. Cuando había aún sol, cayó un fuego. Salió de donde el Sol se mete, iba derecho hacia a donde sale el Sol, y como si fuera brasa, iba cayendo en lluvia de chispas. Hubo un gran alboroto, como si estuvieran tocando cascabeles.

Quinto presagio. En uno de los lagos que rodeaban a la ciudad, se elevaron grandes olas sin haber ningún viento: “El agua parecía hervir. Las olas llegaron hasta las casas y se destruyeron algunas de ellas. El hecho fue tomado como mal augurio, pues fue muy extraño que el agua se levantara sin haber viento de por medio.”

Sexto presagio. En muchas ocasiones, una mujer lloraba y gritaba por la noche. Se cree que de ahí nace la leyenda de la Llorona.

Séptimo presagio. Los cazadores de la laguna consiguieron un ave parda del tamaño de una grulla; la cual tenía un espejo redondo en medio de la cabeza en el que se veían el cielo y las estrellas. Se dice que la segunda vez que Moctezuma miró el espejo vio mucha gente que venía armada y montada sobre animales.

Octavo presagio. Muchas veces se mostraban hombres deformes, personas monstruosas: de dos cabezas y un solo cuerpo. Las llevaban a la Casa de lo negro, se los mostraban a Moctezuma; y cuando las vio, luego desaparecían.

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Después, frente a la llegada de los españoles, se asumió la profecía del retorno de Quetzalcóatl. El culto a este dios se remontaba a civilizaciones que precedieron a los mexicas y los toltecas, considerándolo como dios benefactor, enemigo de la guerra y los sacrificios humanos. Solían decir que era alto, corpulento, de piel blanca, frente ancha, cabello largo y barba cerrada. Y según Clavijero, lo desterraron y por voluntad de otros dioses, partió hacia la tierra de Tlapalan. Ya en Coatzacoalcos, antes de embarcarse, dijo que algún día regresaría a reinar sobre la tierra que abandonaba.

En sus reportes, Sahagún explica que los guardacostas mexicas vieron por primera vez los barcos españoles, se acercaron a las proas de las naves para besarlas una vez que observaron a los hombres blancos y barbados. Pensaron que el dios había cumplido su promesa.

Cuando los guardacostas avisaron al monarca, le dijeron: “hemos visto unos dioses dentro de la mar y fuimos a recibirlos”. Por esta razón, de acuerdo con el historiador Héctor González Aguilar, Moctezuma adoptó una posición ambigua respecto a los extranjeros.

*Imágenes: 1)ABC.es, 2)Pinterest, 3)Youtube