Conoce la leyenda purépecha que predijo la llegada de los españoles

Pero antes de la llegada de los españoles, cuenta la leyenda que los dioses principales de los purépechas se reunieron en una ocasión para sentenciar el fin de su presencia en La puerta del cielo.

En La puerta del cielo, actualmente conocida como Pátzcuaro, la cultura purépecha floreció en Michoacán durante el año 1200 d.C. hasta el 1400. No fue sino hasta que en 1530 los conquistadores españoles invadieron el esplendor p’urhépecha y le nombraron, erróneamente, tarasco.  

El término de tarasco, de la voz tarasqué que significa “mi yerno” o “mi suegro”, fue utilizada por los españoles cuando los miembros de la corte purépecha procuraron ganarse su amistad y dieron a sus hijas como esposas. Los llamaron “tarascos” como para integrarlos a la línea familiar. Frente a esto, los españoles creyeron que ése era el significado del pueblo, llamándolos así desde entonces. Quizá por esta razón, y desde aquel entonces entonces, el calificativo de tarasco fue considerado como un término despectivo por los descendientes modernos. Actualmente este pueblo indígena se autodenominan como purhépechas para autoafirmarse como seres humanos, como un pueblo en general. 

Pero antes de la llegada de los españoles, cuenta la leyenda que los dioses principales de los tarascos se reunieron en una ocasión para sentenciar el fin de su presencia en La puerta del cielo. Entre ellos se encontraban Curivaveri, el dios del fuego y la deidad más antigua; Kuerajperi, la esposa de Curicaueri y la representación de la Luna, de la tierra y la lluvia, la madre y el padre todos los dioses; Xarátanga, la advocación de la Luna nueva; Pehuame, la parturienta y esposa del Sol; Nana Cutzi, la madre encorvada o la Luna; y Tata Jurhiata, el padre sol. 

En esa reunión, cuenta el escritor Walter Krickeberg en su libro Mitos y leyendas de los aztecas, incas, mayas y muiscas, cómo una de las mujeres del señor del pueblo Ucareo fue escogida por la diosa Kueravajperi, madre de todos los dioses terrestres, para llevarla hacia el camino de México. Fue ahí que, de regreso en el camino de Araro, la diosa se desató una jícara que tenía atada en sus naguas para ofrecerle un brevaje con un simiente blanca, y así mudarle el sentido. Luego le dijo: “Vete, que yo no te tengo que llevar. Allí está quien te ha de llevar. Yo no te tengo que hacer mal ni sacrificarte. Tampoco aquel que te lleva te ha de hacer mal. Oirás muy bien lo que se diga donde te llevará, puesto que habrá allí concilio y le harás saber al rey Tsiuanga, que nos tiene a todos en cargo, [todo lo que oigas]”. Y esto fue lo que sucedió previo a la advertencia de la diosa: 

tarasco, pueblo tarasco, purepechas
Kueravajperi

Fuese por el camino aquella mujer y luego encontró un águila blanca que tenía una verruga grande en la frente. El águila empezó a silbar y a erizar las plumas. Tenía unos ojos grandes y decían que era del dios Curicaveri. El águila la saludó y le dijo que fuese bienvenida, y ella también le saludó y le dijo: “Señor, estés en buena hora.” El águila le dijo: “Sube aquí encima de mis alas y no tengas miedo a caer”. Cuando se subió la mujer, se levantó el águila con ella y empezó a silbar. La llevó a un monte donde estaba una fuente caliente en la cual hay piedra de azufre. Era ya que quebraba el alba cuando la llevó al pie de un monte muy alto que está allí cerca, llamado Xanuuata hucachtzio. La levantó muy alto y aquella mujer vio que estaban sentados todos los dioses de la provincia, todos tiznados. Unos tenían guirnaldas de hilo de colores en la cabeza y otros estaban tocados. Otros tenían guirnaldas de trébol, otros unas entradas en las molleras y otros peinados de muchas maneras. Tenían muchas clases de vino tinto y blanco de maguey, de ciruelas y de miel. Todos llevaban sus presentes, muchos de frutas, a otro dios llamado Curta kaheri, que era el mensajero de los dioses, y le llamaban todos ‘abuelo’. Le parecía a aquella mujer que estaban todos en una casa muy grande y el águila le dijo: “Siéntate aquí y de aquí oirás lo que se dice”. El sol ya había salido, y aquel dios Curita kaheri se lavaba la cabeza con jabón y no tenía el trenzado, puesto que solía tener una guirnalda de colores en la cabeza, unas orejeras de palo en las orejas y unas tenazuelas pequeñas al cuello y una manta delgada que le cubría. Con él vino su hermano llamado Tiripame quarencha. Todos estaban muy hermosos. Los otros dioses les saludaron y les decían: “¡Séais bienvenidos!”. Curita kaheri respondió: “Pues, ¿habéis venidos todos? Mira, no se haya quedado alguno por olvido, debido a que no lo halláis llamado”. Respondieron “Señor, todos hemos venido”, y aquél volvió a preguntar: “¿Han venido también los dioses de la mano izquierda?” y ellos respondieron que sí… Dijo [Curita kaheri]: “Que diga mi hermano lo que se ha de decir y yo quiero entrar en la casa.” Tiripame quarencha les dijo: “Acercaos aquí, dioses de la mano izquierda y de la mano derecha. El pobre de mi hermano dice lo que yo diré. Él fue hacia el oriente donde está la madre Kueravajperi, y estuvo algunos días con la diosa. Allá estaba Curicaveri, nuestro nieto, y [la diosa] Xaratanga y [los dioses] Urendequa vecara y Querenda angapeti. Todos intentaron contradecir a la madre Kueravajperi, pero no se les creía lo que querían hablar y sus palabras fueron rechazadas y no les quisieron recibir lo que querían decir. Ya han aparecido otros hombres, [los españoles], y han de venir a las tierras; esto es lo que ellos querían que Kueravajperi no permitiera, y no fueron oídos. Les dijeron: Dioses primogénitos, esforzados a sufrir, y vosotros, dioses de la mano izquierda. Si así está determinado por los dioses [supremos], ¿cómo podremos contradecir lo que está así determinado? No podemos saber lo que es esto; a la verdad, ¿no fue determinación al principio, que estaba ordenado que no anduviésemos dos dioses juntos, antes que viniese la luz, para que no nos matásemos y perdiésemos la deidad? Entonces estaba ordenado que una vez que se sosegase la tierra, que esto volviese [a suceder] dos veces, y que para siempre se había de quedar así, que no se había de cambiar esto que teníamos concertado todos los dioses antes de que viniese la luz, y ahora no sabemos qué palabras son éstas… Vosotros, dioses primogénitos y de la mano izquierda, idos todos a vuestras casas, no traigáis con vosotros ese vino que traéis, quebrado todos esos cántaros, ya que de aquí en adelante ya no será como hasta ahora, cuando estábamos muy prósperos. Quebrad por todas partes las tinajas de vino, dejad los sacrificios de hombres y no traigáis más ofrendas con vosotros, ya que de aquí en adelante no ha de ser así, no han de sonar más atabales, rajadlos todos; no han de aparecer más templos ni fogones, ni se levantará más humo [del fuego sagrado]. Todo ha de quedar desierto, porque ya vienen otros hombres a la tierra, que han de ir por todos los fines de la tierra, hacia la mano derecha y la mano izquierda e irán hasta la ribera del mar y pasarán adelante. El cantar será todo uno y ya no habrá muchos cantares como teníamos, sino uno sólo por todos los términos de la tierra. Tú, mujer que estás ahí y nos oyes, publica esto [entre los hombres] y hácelo saber al rey Tsiuangua, que nos tiene a todos en cargo.”

La mujer entonces contó cómo todos los dioses, frente a este presagio, respondieron que así sería y empezaron a secarse las lágrimas que salían de sus ojos: “Entonces se deshizo el concilio y no apareció más aquella visión.”

*Imágenes: 1) Villa Pátzcuaro; 2) Wikicommons

Los presagios purépecha de la conquista española

Diversos registros relatan cómo los purépecha sabían que alguien más los conquistaría, aunque jamás imaginaron que vendrían de tan lejos.

El último caltzontzin, Tangáxoan II nació en fecha desconocida. Hijo mayor de Henziua (Zuangua), Señor de Cumanchen, fue el último cazonci (caltzontzin o irecha) de Tzintzuntzan, “donde está el templo del colibrí mensajero”, ciudad que fuera fundada por Tariácuri en 1325, junto al Lago de Pátzcuaro, en la región de la Meseta Tarasca.

Tangáxoan recibió de su padre, Zuanga, el reinado en el año de 1521. Zuanga fue hijo del décimo sexto irecha llamado Harame, quien luchó valientemente en la famosa Guerra del Salitre, y murió muy viejito a causa de una epidemia de viruela. Fue a Tangáxoan a quien le tocó, en mala hora, recibir los terribles presagios que anunciaban la llegada de una inconcebible catástrofe para los pueblos purépecha.

Los presagios.

Al igual que aconteció con los mexicas en la ciudad de Tenochtitlan, los purépecha recibieron anuncios casandrescos de la terrible fatalidad que estaba por ocurrir al pueblo. En la Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán, famoso códice purépecha, de valor incalculable para reconstruir la historia antigua de Michoacán, escrita por el franciscano Jerónimo de Alcalá por expreso encargo del primer virrey de la Nueva España don Antonio de Mendoza, se encuentran escritos los presagios de tan nefasto acontecimiento.

El primero de los presagios sucedió cuando los indígenas se percataron de que sus templos se cuarteaban (hendían en la Relación) misteriosamente. Se ordenaba a los albañiles que repararan el mal, pero en cuanto lo hacían, las paredes de los templos volvían a abrirse. Este fenómeno ocurrió por cuatro años. Los sacerdotes no conocían la causa, pero estaban seguros de que era un mal agüero, pues los templos eran los lugares sagrados por excelencia, habitados por los dioses, y lugares de tránsito y comunicación entre el mundo de las deidades y el de los simples mortales. Se trataba de espacios psicopompes. La Relación de Michoacán constata:

Dice esta gente que antes que viniesen los españoles a esta tierra, cuatro años seguidos se les hendían los cues desde lo alto hasta abajo, y que los tornaban a cerrar y luego se tornaban a hender y caían piedras, como estaban hechos de lajas sus cues, y no sabían la causa de esto, mas lo tenían por agüero.

El segundo presagio hace referencia a la aparición de dos cometas: Y pensaban que sus dioses habían de conquistar o destruir algún pueblo y que ellos habían de ir a destruirle. Es decir, que los cometas eran señales de los dioses que anunciaban terribles catástrofes como la muerte de algún gobernante; o bien, el inicio de guerras y conquistas. En un principio los sacerdotes interpretaron la noticia como la conquista de nuevos pueblos por los tarascos, pero posteriormente se percataron de su equivocación ya que ellos serían los conquistados.

El tercer presagio aconteció cuando una de las concubinas de Uiquixco, gobernante de Ucareo, acudió a una junta de dioses. A la dama la visitó la diosa Cuerauáperi, quien la llevó ante el dios Curicaveri, convertido en un águila blanca, a un lugar donde se encontraban otros dioses. Ahí le informaron que unos dioses habían creado a otros hombres que llegarían a las tierras habitadas por los indios, lo cual desconcertó terriblemente a las deidades, pues desconocían tal suerte que alteraba el orden divino y que afectaba al sagrado panteón purépecha, pues trastocaba los conceptos de la religión indígena y la desaparición de la misma:

… todo ha de quedar desierto porque ya vienen otros hombres a la tierra, que de todo en todo han de ir por todos los confines de la tierra, a la mano derecha y a la mano izquierda y de todo en todo irán hasta la rivera del mar y pasarán adelante y el cantar sea todo uno y que no habrá muchos cantares como teníamos, mas uno solo por todos los términos de la tierra.

Cuando terminó la reunión la mujer regresó y comunicó lo visto y oído al cacique de Ucareo y a los sacerdotes que le acompañaban. Asustado, el señor de Ucareo preguntó de qué hombres se trataba; pensó que se hacía referencia a los mexicas, a los otomíes o a los chichimecas. Los sacerdotes decidieron ir a ver al caltzontzin para comunicarle lo dicho por la mujer. Entonces exclamó:

¡Dónde han de ir los señores que están? ¿Quién nos ha conquistar? ¿han de venir los mexicanos o los atomíes (sic) a conquistarnos, o los chichimecas?  Dice que todo el reino ha de estar solo y desierto. Idlo a decir al rey.

Cuando se enteró el supremo gobernantes de los purépecha pensó que el linaje purépecha se encontraba en grave peligro, se dio cuenta de que estaba en peligro de muerte, y que uno de sus hijos sería el que afrontaría a los nuevos hombres y sería torturado. Como sucedió efectivamente con el despiadado Nuño de Guzmán. Y dijo:

Aquél oirá todo eso y el pobre no será mucho tiempo señor, porque será maltratado… cuatro años será maltratado, después de los cuales sosegará el señorío y yo no lo oiré que primero moriré.

El cuarto presagio aconteció cuando un pescador fue raptado por un caimán que se lo llevó a una casa que se encontraba debajo del agua. Se trataba de un dios que deseaba prevenirlo de la horrible desgracia que pasaría y le dijo al pescador:

Ve a la ciudad de Michoacán (TzinTzunTzan) y di al rey que nos tiene a todos en cargo, que se llama Zuangua, que ya se ha dado sentencia, que ya son hombres, y ya son engendrados los que han de morar en la tierra, por todos los términos.

Los purépecha estaban ansiosos por saber de quiénes se trataba, y así recordaron otro presagio.

El quinto presagio aludía a una anciana que se encontró con los dioses Tiripemencha, que eran los hermanos de Curicaveri, y le dicen a la mujer que los gobernantes de Coyoacán han cometido muchas faltas religiosas como no haber llevado leña a los templos de los dioses, y que a causa de ello los dioses creadores están enojados, y añade:

No son sabios los señores de Coyoacán ni se acuerdan de traer leña para los cues, ya no tienen cabezas consigo, que a todos han de conquistar, que se han enojado los dioses engendradores. Cuéntaselo así a Ticatame, que de ahí a poco tiempo nos levantaremos de aquí de Coyoacán, donde ahora estamos, y nos iremos a Michoacán y estaremos allí algunos años y nos tornaremos al levantar y nos iremos a nuestra primer morada llamada Uayameo. Esto nomás te decimos.

Con lo que se quería decir que los mexicas no cumplían como debía ser con sus deberes religiosos y que eso traería consecuencias nefastas, y la pérdida de su hegemonía.

El último presagio aconteció –pasada la conquista- cuando un sacerdote informante del fraile compilador de la Relación, le confió haber soñado con gente extraña que venía a caballo y profanaban los templos de los dioses purépecha:

…que venía una gente y que traía bestias… que él no conocía, y que entraban en las casas de los papas y dormían ahí… y traían muchas gallinas que ensuciaban en sus cues.

Y efectivamente los presagios se cumplieron, y el mundo de los purépecha desapareció para ser reemplazado por otro en el cual se convirtieron en esclavos de los extranjeros montados en bestias, y con la espada en la mano. Todo había terminado.

 

Conoce más sobre el trabajo de Sonia Iglesias visitando su blog en Komoni 

 

 

*Imagen: página de Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán.

Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.

Difícil no quedar atónito tras leer este cuento: El diluvio totonaco

Este cuento transmite una hilarante y funesta versión del mito del diluvio que forma parte de la tradición oral totonaca.

Maíz, hechicería –propiamente nahualismo–, imaginación salvaje y un final desconcertante, tal vez genial y harto lóbrego, son algunos de los ingredientes que se disfrutan en la versión totonaca del diluvio “universal”.    

Prácticamente todos hemos escuchado sobre este mito que en tiempos remotos embistió al planeta. Lo más probable es que la versión que nos es familiar sea la narrada en el Génesis, con Noé y su arca. Sin embargo, también existen versiones mesopotámica, hinduista, griega, maya y mexica, entre muchas otras, de este mismo acontecimiento.

La totonaca es una cultura que originalmente floreció en el territorio que hoy corresponde a una región de Veracruz y Puebla, y tuvo como ciudades principales Tajín, Papantla y Cempoala. Actualmente es el octavo grupo indígena más grande de México y entre su radiante riqueza cultural se incluye esta versión oral del diluvio, que por fortuna está ya documentada en la preciosa recopilación Cuentos populares mexicanos (2014), reunida por Fabio Morábito.

Combinando humor pagano, ingenio nihilista y un afable sinsentido, la versión totonaca del diluvio, como comprobarás tras leerla, pone en jaque cualquier posible expectativa frente una narrativa mítica y fomenta con épica crudeza una de las formas más siniestras, incluso catárticas, del azoro –así que disfrútalo.

El diluvio totonaco

Cuenta la leyenda que Dios preparaba una limpieza general del mundo y que, antes de lanzar un diluvio de cuarenta días y cuarenta noches, alertó a un hombre que le adoraba de forma consistente. Nuestro protagonista, cuyo nombre ignoramos, se preparó para el histórico evento montando una caja de madera en la cual se introdujo junto con su perra, una paloma y víveres suficientes.

indigena totonaca de mexico trabajando la milpa como en mito del diluvio

Al terminar el diluvio y ya en tierra firme, el hombre fue poco a poco familiarizándose de nuevo con ese mundo recién reseteado. “Añoraba platicar con alguien y tenía mucho miedo. Acompañado siempre de su perra, que nunca se separaba de él. La paloma, en cambio, lo dejaba durante horas, se iba lejos a buscar comida y regresaba antes que anocheciera. Un día no volvió y el hombre sintió una profunda tristeza”.

Tras hallar una casa que increíblemente se había logrado sostener entre las aguas, un día encontró una hilera de hormigas cargando granos de maíz y así dio con un sembradío repleto de mazorcas. “Fue una bendición volver a sentir el sabor del grano”. Eventualmente comenzó a sembrar los granos, los cuales constituían su nuevo alimento luego de terminarse los víveres, aunque extrañaba tener algo con que molerlos y prepararlos.

“Y un día algo extraño ocurrió. Volviendo de su siembra el hombre encontró unas tortillas dentro de su casa. Las agarró, las olió, las probó para saber si no era un sueño, y vio que eran tortillas reales, y sabían bien. Las comió todas, de tanta hambre que tenía, pero ¿quién las había preparado?”

Con extrañeza notó que mientras el sembraba su perra se alejaba, y fue entonces que decidió un día ocultarse cerca de la casa y la vio moliendo el maíz para preparar las tortillas. “Se había quitado su piel y ahora lucía un vestido de mujer. El hombre agarró un puñado de ceniza y lo esparció sobre la piel que se había quitado, la dizque mujer volteó espantada y vio como la piel, su piel, se deshacía al instante. Entonces al no poder volver a cobrar forma de perra quedo para siempre convertida en mujer”.

Así comenzó una nueva vida, acompañado de una mujer, y vivieron juntos y contentos. Un año después concibieron un hermoso niño.

Sin embargo, no le duró mucho tiempo, por que lo mató e hizo tamales con su carne. Lo hizo así por que el hombre, antes de ir a su milpa a sembrar, le había dicho: “Me haces ahora unos tamales de mis tiernos, los comeré cuando llegue”. Pero al decir “tiernos” se refería el hombre a las calabazas tiernas que había traído el día anterior. La mujer lo interpretó de otra manera y por eso mató al niño. Cuando llegó el hombre en la tarde se puso a comer sin saber que los tamales estaban llenos de la carne de su hijo. Lo supo hasta que encontró el puño de un niño dentro de un tamal. Entonces comenzó a gritarle a su mujer, a preguntarle que había hecho, y cuando ella le explicó que lo había matado para obedecer sus ordenes, se sintió invadido por una  profunda tristeza y siguió comiendo aquellos tamales mientras lloraba, a pesar de que estaban hechos de la carne del hijo de ambos.   

 

*Imagen principal: Ilustración del diluvio totonaca, por Ana Paula de la Torre Díaz. 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Mitos de la Creación: Los Cinco Soles

Según la mitología nahua, el hombre había atravesado por cuatro eras catastróficas que ocasionaron la destrucción y renacimiento del mundo.

Como muchas de las culturas que habitaron alrededor del mundo, los nahuas creaban mitos relacionados con sus dioses para justificar lo que no entendían como por ejemplo la creación del mundo, del sol, de la luna y del mismo hombre. Gracias a los esfuerzos de los descendientes de los grandes señores indígenas y algunos religiosos europeos, viendo como desaparecía una civilización milenaria, se dieron a la tarea de registrar su historia, modus vivendi y mitos, hoy podemos recrearnos al aprender y estudiar su cultura. Entre la información que ha llegado a nosotros se encuentra el mito de la creación de los cinco soles. 

piedra del sol

Los 4 soles  flanqueando a Tonatiuh en la Piedra del Sol 

Los nahuas creían que habían existido 5 grandes eras, cada una representado por la creación de un sol. En cada uno de estos periodos existieron humanos que habitaron la tierra hasta que un cataclismo de proporciones apocalípticas los destruía. Este “ejercicio creacionista” era el vivo reflejo de la rivalidad que existía entre dos importantes deidades: Quetzalcóatl (La Serpiente Emplumada) y Tezcatlipoca (El Espejo Humeante). Dicha competencia existía día a día en la ciudad de Tenochtitlán ya que el primero era el dios patrono del Calmécac, el colegio de nobles y sacerdotes, y el segundo de los Telpochcalli, donde se preparaban los plebeyos en el uso de las armas, del canto y la danza. Dentro del mito de los soles la mecánica de rivalidad era la siguiente: si Quetzalcóatl creaba a un nuevo sol, Tezcatlipoca esperaría el menor error de su oponente o de los humanos que lo habitaban para destruirlo y él tener la posibilidad de crear uno nuevo. 

La primera era fue llamada Sol de tierra y fue creado por Tezcatlipoca. Tuvo una duración de 676 años hasta que Quetzalcóatl decidió intervenir y desencadenar un cataclismo en el cuál los jaguares devoraron a sus habitantes al tiempo que la bóveda celeste descendía y colapsaba sumiendo al mundo en una completa obscuridad. El segundo sol fue creado por Quetzalcóatl y se llamó Sol de Viento. Recordemos que para los mexicas Ehécatl representaba a Quetzalcóatl. Representaba al viento divino y creador que en repetidas ocasiones había dado el aliento de la vida al hombre. Regresando al segundo sol, al pasar 676 años Tezcatlipoca derrotó a Quetzalcóatl haciendo que violentas ráfagas de viento y torbellinos destruyeran al mundo. La humanidad para poder refugiarse tuvo que subir a los arboles donde se transformaron en simios. La tercera era fue llamada Sol de fuego y fue creado por Tezcatlipoca. Tuvo una duración de 364. Quetzalcóatl volvió arremeter contra su hermano obscuro desencadenando una lluvia de fuego que transformó a los hombres en guajolotes. La serpiente emplumada creó la cuarta era, llamada Sol de agua que solamente duró 312 años. Un diluvio ocasionado por Tezcatlipoca inundó la faz de la tierra transformando a los hombres en peces. Es importante notar que cada uno de los soles representa a uno de los 4 elementos: tierra, viento, fuego y agua. El quinto sol era la unión de los 4 elementos a través del movimiento. Este mito está basado en la versión oficial mexica-chichimeca títulada La leyenda de los soles. Existe otra versión detallada en el códice Vaticano A donde solamente existían 4 soles en el siguiente orden: Agua, Viento y Fuego y la era actual regida por Quetzalcóatl de Tierra. Este cómputo empezó alrededor del 700 d.C. y se usaba hasta tiempos del posclásico en ciudades donde Quetzalcoatl era la deidad oficial del estado como por ejemplo Cholollan o Cholula. Recordemos que entre los mexicas la deidad rectora era Huitzilopochtli, cercanamente asociada a Tezcatlipoca por sus atributos y por advocaciones como Tlacahuepan

Y ¿cómo se creó el quinto sol? Pues de acuerdo a los nahuas se llevó a cabo en Teotihuacán, la ciudad donde los hombres se vuelven dioses. En este lugar sagrado (y por cierto abandonado desde el 650 aproximadamente) se reunieron los dioses alrededor de una gran hoguera meditando cómo volver a crear el sol. Llegan a la conclusión que se tienen que inmolar en el gran fuego para crearlo. Tecciztecatl (El que porta la concha), noble y orgulloso decide sacrificarse sin embargo es tan intenso el calor que retrocede cuatro veces. 

Tecciztecal, Códice Borgia

Tecciztecal, Códice Borgia  

Detrás de él aparece Nanahuatl (El buboso), un dios menor, enfermo y que tenía la característica de tener pies bot. Sin pensarlo se arroja al fuego a la media noche. Los dioses expectantes observan el firmamento esperando a que aparezca personificado como el sol. Solamente Ehécatl-Quetzalcóatl y Tezcatlipoca que observan el oriente, adivinan por donde aparecería el astro rey. Al ver el valor de un dios menor, Tecciztecatl se inmola creando otro sol. Los dioses deciden que no puede haber dos soles por lo que Ehecatl lanza un conejo para apagarlo creando la luna. La tarea estaba finalizada. La felicidad de los dioses que observaban dura poco al darse cuenta que los dos astros están estáticos. Todos deciden sacrificarse para dotarlos de movimiento y evitar que el astro rey queme la tierra con su intenso calor.

Existe otra versión en la que Ehecatl los sacrifica extrayéndoles el corazón para nutrir al sol el cuál no se mueve hasta que el viento sopla y lo empieza a “menear”. El tema central de este mito, aparte de justificar la creación del quinto sol y de la luna, radica en cómo a través de la muerte y el sacrificio uno puede renacer y tener acceso a una mejor existencia, en este caso una vida eterna y celeste. 

Texto basado en La leyenda de los soles y La Historia General de las Cosas de la Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún. La ayuda e interpretación de Michel Graulich siempre fue valiosa. 

Nanahuatzin, Códice Borgia

Nanahuatzin, Códice Borgia 

 

Sitio del autor: www.el-espejo-humeante.blogspot.mx 

 

Enrique Ortiz
Autor: Enrique Ortiz
Escritor, conferencista y divulgador de la historia mesoamericana. En busca de las raíces de una nación llamada México. Mejor conocido en el mundo digital como Tlahtoani Cuauhtemoc