Descarga gratis los libros de Juan Rulfo aquí, a 100 años de su nacimiento

Más de 17 cuentos, una novela corta y fragmentos inéditos de relatos de Juan Rulfo, celebrándolo a 100 años de su nacimiento.

Juan Rulfo nos ha conmovido durante años. Por un lado gracias a su aguda manera de entender el México Profundo, y de hacerlo con los ojos y la capacidad de admiración de las personas que poseen muy poco, desde su sencillez y humildad (y asimismo desde su sufrimiento). También desde una narrativa hermosa, llena de imágenes, metáforas y un ambiente de realismo mágico que envuelve y hace que palmemos esos lugares y sus personajes.

Hasta hoy Juan Rulfo es el autor más leído y estudiado de México en todo el mundo, aún cuando solo publicó dos libros El Llano en Llamas (que reúne hasta 17 cuentos) y Pedro Páramo, su única novel corta. Un gran tramo de su vida lo pasó como fotógrafo, y también en esta arista, nos desentrañó un México olvidado que aún sigue vigente.

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, de una sensibilidad encantadora, enamorado eterno de su Clara Aparicio, este 2017 cumpliría 100 años, específicamente el 16 de mayo. Compartimos sus libros listos para leerse gratuitamente en línea, en un homenaje a su pluma y grandiosa imaginación y sensibilidad.

 

 Da click a cada título:

 

 Pedro Páramo

 

El Llano en Llamas

 

Acuérdate

Anacleto Morones

¡Diles que no me maten!

Es que somos muy pobres

En la madrugada

El día del derrumbe

El llano en llamas

El hombre

La noche que lo dejaron solo

La cuesta de las comadres 

La herencia de Matilde Arcángel 

Luvina 

Macario

No oyes ladrar a los perros

Nos han dado la Tierr

Paso del Norte

Talpa

 

Por su natalicio, la Fundación Juan Rulfo y editorial RM han lanzado un libro con relatos poco conocidos llamado EL Gallo de Oro

 

Fragmentos de El Gallo de Oro

 

 

*Imagen: Una de las pocas imágenes tomadas a Juan Rulfo, de Manuel Álvarez Bravo

¿Por qué Juan Rulfo es tan célebre si escribió poco?

Se trata de una especie de voz humana, de tono, que Rulfo entendió, quizás por su sencillez misma.

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo cuando ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo”.

A todos se nos queda en la mente para siempre el profundo comienzo de Pedro Páramo, pero. ¿Por qué?

Todos albergamos frases aprendidas e inclinaciones artísticas inculcadas. La historia nos enseña que tal o cual creador es de gran calidad, y en ocasiones ello es tan obvio que no suscita cuestionamiento, pero en otras, surge polémica sobre ciertas eminencias. Existen otros casos, sin embargo, donde el consenso es simplemente un hecho, una cierta reverencia colectiva, muy silenciosa, como discreta y a lo largo del tiempo, y con Juan Rulfo pasa esto

Resulta extraño, pues en total, Rulfo no escribió más que un puñado de 200 páginas, solo dos novelas y un libro de cuentos, y luego decidió no escribir más, como si supiera que en el mundo de las letras su aportación ya estaba dada. A Rulfo se le incluye en el rubro de realismo mágico, por este surrealismo que se desdobla entre lo real y lo fantasmal-onírico-fantasía, pero su hechizo, va mucho más allá.

Se trata de una especie de voz humana, de tono, que Rulfo entendió, quizá por su sencillez misma. Su obra, sin embargo, ha sido a nivel mundial de las más traducidas a mayor número de idiomas. Es, reconociblemente, el autor mexicano más estudiado y leído. Y es que, algo resuena, Rulfo entendió la voz y manera elocuente y hermosa de entender el mundo de los que no tienen nada que perder pues no tienen nada, que solo son ellos mismos y sus experiencias:

Rulfo se fijaba en las personas comunes, pero extraordinarias, no iba en busca de la poesía rebuscada, su sensibilidad era real, en una anécdota a Fernando Benítez, por ejemplo, apuntó:

Un día habló de unas milpas de por el rumbo de Zapotlán donde se metían unos fulanos a escondidas a hacer sabe qué cosas. Hacían mecerse las milpas de mala manera. Entraban y salían. Entraban otros y salían los de antes. Algunos no salían. Las milpas seguían moviéndose. Sucedía todo esto todo el tiempo en ese tiempo en Zapotlán, pero nadie hablaba de eso en ese tiempo en Zapotlán.

Elogiado por autores tan disímiles como José María Arguedas, Jorge Luis Borges, Tahar ben Jelloun, Kenzaburo Oé, Susan Sontag, Mario Vargas Llosa, Urs Widmer y Gao Xingjian, o incluso por inmortales del cine como Werner Herzog, quien en algún dijo: “Juan Rulfo tiene una visión única, los personajes que narra son poderosos. Hay que leerlo para saber cómo desarrollar personajes, lo leo antes de calentar motores para escribir.”

A continuación compartimos fragmentos de otros autores que intentan explicar y reconocer el porqué de este encanto casi inefable de Rulfo, una especie de honestidad que viene desde la vos humana más honda, sincera:

  • “Pedro Páramo es una novela perfecta, escrita por uno de los cinco mejores narradores del siglo pasado. Es tan perfecta que apenas se puede añadir algo más a esto, acaso tan solo añadir: sin comentarios.” Enrique Vila-Matas.
  • “El lenguaje refinado que él mismo se ha inventado y que no encontré nunca en ningún escritor (…)Contaba con una prodigiosa imaginación”. Fernando Benítez
  • “Su obra no tiene edad. El México de ayer, de hoy y de mañana es el México de Rulfo. Rulfo lo recreó y en algún sentido lo creó(..) Muertos y vivos susurran en sus páginas.” Enrique Krauze.
  • “Como todo clásico, por que Rulfo ya lo es, nos habla tanto de su tiempo como el nuestro”. Jorge Volpi
  • “Corremos el riesgo de repetir tanto que Rulfo es un símbolo de la mexicanidad que quizá acabemos convirtiéndolo el el nuevo Frida Kahlo. La obra de Rulfo va mas allá. Es un autor fundamental del idioma.” Antonio Ortuño.
  • “Es el tipo de escritor que tiene el don puro, es decir un escritor misterioso”. Tomás Segovia.

¿Y tú, podrías explicar por qué Rulfo resuena de una manera profunda?. *Compártelo con nosotros en los comentarios.

 

Imagen: Sonia Basch
Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

100 años de Rulfo: el momento perfecto para desmentir una leyenda en torno a “Pedro Páramo”

¿Es cierto que Juan Rulfo recibió ayuda para lograr el orden genial, único en la literatura mexicana, de su obra maestra?

Muchos de nosotros conocemos Pedro Páramo o, cuando menos, es un título que nos es familiar. Sea porque lo leímos en la escuela o porque de continuo lo encontramos enlistado entre las obras capitales de la literatura mexicana (esos clásicos que, como decía Mark Twain, muchos alaban pero pocos leen), la novela de Rulfo tiene una gran estima en la conciencia nacional.

Los elogios, por supuesto, no son gratuitos, y cabe incluso la posibilidad de que ni siquiera sean suficientes. En el panteón de nuestra literatura, el poeta nacional por antonomasia es Octavio Paz, quien hizo todo lo necesario –literaria, cultural y políticamente– para ganarse ese puesto, y poco después de él figuran algunos otros como Carlos Fuentes, Alfonso Reyes, José Emilio Pacheco o Carlos Monsiváis, quizá Sor Juana Inés de la Cruz (aunque por razones muy distintas), pero pocos más que ellos. Rulfo, en este catálogo, figura un tanto arrinconado, a la sombra, como si pagara el precio de no haber publicado más que un par de libros, de no haber figurado en la televisión nacional ni haber querido convertirse en el intelectual público a quien se podía acudir en busca de respuesta y clarificación.

La figura de Rulfo es engañosamente humilde, apocada. Acostumbrados como estamos a la monumentalidad y el barroquismo, resulta difícil convencernos de que un escritor con apenas dos títulos archiconocidos (El llano en llamas, 1953; Pedro Páramo, 1955) y uno que tiene aroma a póstumo a pesar de haber sido publicado en vida (El gallo de oro, 1980), sea también un gran escritor.

Con todo, lo es. En un artículo publicado hace algunos años en la revista La Tempestad, el escritor tijuanense Heriberto Yépez sostuvo que Pedro Páramo era el mejor poema de la literatura mexicana, por encima de Piedra de sol o de Muerte sin fin, y esto sin que, a primera vista, Pedro Páramo sea poesía.

pedro-paramo-juan-rulfo

La afirmación de Yépez puede considerarse hiperbólica, un atrevimiento retórico tan propio de su actitud ante la literatura y su forma de expresarla, pero contiene un germen de verdad o de juicio literario válido. Pedro Páramo puede considerarse un poema (con cierta lasitud en el uso del término), porque Rulfo despliega ahí un manejo estético del lenguaje portentoso, autónomo como obra de arte. Es posible tomar cualquier fragmento al azar y, al azar mismo, encontrarse con una perla literaria cuidadosamente labrada, una conjunción de palabras elegidas con conocimiento cabal de su capacidad expresiva y, por último, con un poder admirable de evocación para el lector (en especial el mexicano, aunque no exclusivamente).

En breve, eso basta para hacer de Pedro Páramo una gran obra de la literatura mexicana, para ponerla al lado (o por encima) de El laberinto de la soledad o de La región más transparente, sin embargo, no ocurre así, y peor aún, en torno a su hechura corre una leyenda engañosa e incluso un tanto malintencionada (una que, por otro lado, nadie se atrevería a lanzar a propósito de una obra de Paz o de Fuentes).

Quien haya leído artículos, notas o libros sobre Pedro Páramo quizá se haya encontrado con la historia de que Juan Rulfo recibió ayuda para ordenar los parágrafos de su novela. Los autores de tan samaritano gesto varían según la versión del rumor, pero casi siempre se reducen a tres personajes: Alí Chumacero, Antonio Alatorre y Juan José Arreola, quienes tienen en común haber trabajado en el Fondo de Cultura Económica más o menos en la misma época en que Rulfo escribió Pedro Páramo y entregó el manuscrito a esta editorial del Estado mexicano para su publicación. Arreola y Alatorre eran además paisanos de Rulfo, y Arreola pasaba por ser uno de sus amigos más cercanos, circunstancias que afianzan su papel supuestamente decisivo en la confección de la novela de Rulfo.

Grosso modo, la historia asegura que alguien (Chumacero y Arreola; Chumacero, Arreola y Alatorre en distintos tiempos; o Arreola solamente) ayudó a Rulfo a ordenar las distintas secciones de Pedro Páramo. Como sabemos, la de Rulfo no es una novela narrativamente “convencional”, es decir, no es una en donde los sucesos se desarrollen linealmente ni en el tiempo ni en el espacio ficticio de la narración. La línea de tiempo, por señalar el rasgo más evidente, va del presente de la novela al pasado y por momentos los planos temporales incluso se superponen; y con éstos, los personajes y las líneas narrativas: aquellos que corresponderían al “presente” conviven con los del pasado y las historias de cada uno se cruzan, en una mezcla inquietante y, sin embargo, adscrita a su propia lógica temporal y narrativa. Como han insistido tantos críticos, ese, en buena medida, es uno de los rasgos geniales de Pedro Páramo.

Esta genialidad, sin embargo, se ve disminuida por ese rumor sostenido durante casi 60 años: todavía en agosto de 2015, El Universal publicó en su suplemento cultural Confabulario una entrevista en la que Emmanuel Carballo insiste en la participación determinante de Arreola y Chumacero en la versión final de Pedro Páramo.

Y no es que recibir ayuda sea demeritorio por sí mismo, pero, como alguna vez señaló José Emilio Pacheco al respecto de esta misma historia, por principio de cuentas, en México nunca ha existido esa figura del editor como se entiende en la tradición libresca anglosajona, el editor que poda, modifica, embellece, tachonea, añade, resta, editores como Maxwell Perkins o Gordon Lish, sin cuya intervención no conoceríamos las obras de Francis Scott Fitzgerald o Raymond Carver tal y como ahora las leemos. En segundo lugar, porque aceptar que Rulfo recibió ese tipo de ayuda es contribuir a que su obra continúe en las márgenes de nuestra tradición literaria y no en el eje mismo, que es adonde pertenece.

A la fecha, el principal investigador que ha aportado testimonios que desmienten la participación de los tres personajes mencionados en el “ordenamiento” de Pedro Páramo es Víctor Jiménez, quien en un libro de reciente publicación, Pedro Páramo en 1954 (UNAM-Fundación Juan Rulfo-Editorial RM) reconstruye la historia no tanto del rumor como del esquema narrativo que el propio Rulfo ideó para el desarrollo de su novela.

En dicho libro, Jiménez se sirve de tres tipos de “evidencia” para probar que el carácter fragmentario de Pedro Páramo estuvo más o menos desde el origen en la cabeza de Rulfo. En primer lugar, los informes que Rulfo rindió al Centro Mexicano de Escritores sobre su actividad como becario, en donde al referirse a la novela que escribió con el apoyo recibido por esta institución, habla de una narración en “fragmentos” y cuyo orden no es “evolutivo” ni “determinado”.

Estas aportaciones pueden tomarse como sólo sugerentes, y no conclusivas, pero para fortalecer su caso, el investigador suma las publicaciones que Rulfo realizó de extractos de Pedro Páramo antes de la publicación canónica de su novela (antes, incluso, de que esta tuviera su forma final). A decir de Jiménez, es un tanto increíble, y no en el mejor sentido del adjetivo, que numerosos críticos, académicos o periodistas hayan pasado por alto el hecho de que Rulfo publicó en tres ocasiones “adelantos” de Pedro Páramo que al parecer nadie se tomó la molestia de buscar, los tres en 1954: en el número 1 de Las Letras Patrias (enero-marzo), en el número 10 del volumen VII de Universidad de México (junio) y, finalmente, en el número 6 de Dintel (septiembre).

Rulfo entregó a las tres revistas partes distintas de una especie de proto-Pedro Páramo, es decir, una versión anterior a la novela que ahora conocemos. En el extracto de Las Letras Patrias, por ejemplo, la emblemática Comala lleva por nombre Tuxcacuexco, con lo cual el inicio de la novela, que también muchos sabemos de memoria, dice así:

Fui a Tuxcacuexco porque me dijeron que allá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.

En la revista Universidad de México, por otro lado, el episodio publicado se presenta como parte de la novela Los murmullos, uno de los varios títulos que Rulfo pensó para su novela (antes, para Las Letras Patrias, dio el de Una Estrella junto a la luna). Se trata del fragmento en que Eduviges recuerda, en presencia de Juan Preciado, a Susana San Juan y a Pedro Páramo; estos dos personajes aparecen ya con esos nombres, al igual que Comala.

En cuanto a la publicación de Dintel, el nombre de la novela de la que se presenta un avance se maneja, indistintamente, como Los murmullos y como Comala, y de esta se da a conocer el monólogo de Pedro Páramo que comienza con “Hace ya tiempo que te fuiste, Susana” y que, más allá de esta particularidad, contiene un par de frases que evocan claramente otros fragmentos de la novela, entonces no conocidos y, en la versión final, distantes entre sí pero coherentes con su propia lógica narrativa.

Por último, Jiménez añade tres secciones del “mecanuscrito” que Rulfo entregó al Centro Mexicano de Escritores como parte de los informes antes señalados, los cuales requerían de justificantes de actividad relacionada con la beca recibida. Los facsímiles reproducidos corresponden a los extractos dados a la publicación por Rulfo durante 1954 en las revistas mencionadas. De esta forma, redondea la presentación de su caso y, con ello, desmonta la leyenda tejida en torno a la confección de Pedro Páramo.

Basta leer tanto el manuscrito presentado como los fragmentos de la novela antes de su publicación final para darse cuenta de que Rulfo tenía una idea hecha del armazón narrativo que daría a Pedro Páramo. Su habitual reserva (que llega hasta nuestros días, a casi 100 años de que nació y más de 30 de su fallecimiento), nos niega también la idea de Rulfo como un gran conocedor de la literatura, de las técnicas narrativas, de las vanguardias artísticas y de los experimentos literarios que se realizaban en otras latitudes de su propio tiempo. Esa misma reserva nos ha heredado un Rulfo criado en la lejanía de la provincia mexicana, formado con nada más que historias que escuchó de boca de sus familiares, sus amigos o sus tutores, que si acaso leyó libros religiosos y de adoctrinamiento, que caminó y habló con sus coetáneos, pero poco más que eso. ¿Cómo podría alguien así elaborar una obra maestra que funde las cadencias del español del Siglo de Oro con los lances narrativos de Faulkner o de Joyce? ¿Cómo podría un escritor provinciano, tímido, callado, confeccionar por sí mismo una obra admirada por lectores disímiles pero igualmente voraces e inteligentes como Jorge Luis Borges o Susan Sontag? ¿Cómo pudo alguien que rehuyó tanto a las mieles públicas del intelectual célebre escribir una de las mejores obras narrativas de la literatura mexicana?

En este sentido, la investigación de Jiménez es sin duda la más sólida que se ha hecho para desmentir, quizá de una vez por todas, la leyenda en torno a Pedro Páramo, y devolver así a Rulfo el lugar que se ganó, con su genio irrebatible, en nuestra tradición literaria.

Adenda

Hay una historia que Víctor Jiménez sí reconstruye en su investigación: la historia de la insistencia de Juan José Arreola. Vale la pena consultar el relato completo porque, además de que Arreola adquiere aquí una dimensión “humana, demasiado humana” de la que usualmente carece cuando se le recuerda, se recrea una escena que a luz de la evidencia aportada resulta risible cuando no ridícula: aquella en la que Arreola visita a Rulfo en su departamento de Río Nazas, en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México y, después de darle ánimos para que finalmente entregue el manuscrito de Pedro Páramo para su publicación, salva una parte de éste (Rulfo, supuestamente, había ya quemado varios folios), distribuye las cuartillas restantes sobre una mesa como si se tratara de una baraja y, en un acto de prestidigitación, da a los párrafos de Rulfo el orden con que ahora leemos su libro. Sin duda una conjunción del azar que haría ruborizar a Mallarmé. Además de los testimonios hemerográficos y bibliográficos reunidos, Jiménez ofrece una prueba final, contundente, de la nula participación de Arreola en la confección de Pedro Páramo.

Recomendamos ampliamente la lectura de Pedro Páramo en 1954, editado por la UNAM, la Fundación Juan Rulfo y la Editorial RM en 2014.

 

Juan Pablo Carrillo Hernández
Autor: Juan Pablo Carrillo Hernández
Escritor y lector. Colaborador en los sitios web Pijama Surf, Petite Mort y otros.

Una fuente, una mojonera, una troje y un linaje: descubre las raíces de Juan Rulfo

El próximo 16 de mayo se cumplen 100 años del nacimiento de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo. En homenaje a su memoria compartimos esta historia con los lectores de Más de Mx.

Tal como afirman las fuentes más cercanas a Juan Rulfo, el afamado escritor jalisciense apreciaba ante todo la tranquilidad que muchas veces se veía amenazada por las constantes visitas que recibía en su estudio. Para mantener su espacio y paladear la quietud y el silencio, utilizaba casi siempre una estrategia del lenguaje donde mezclaba literariamente la ficción con la realidad hasta convertir la conversación en una Experiencia intemporal, que llevaba el sello inconfundible de su personalidad.    

Sus allegados cuentan que en cierta ocasión, durante una entrevista con Heriberto Fiorillo,-periodista y escritor colombiano -director de la Fundación La Cueva– este le pregunto sobre el origen de sus antepasados.

Rulfo le contestó:

Puro cascajo. Hace años, desenterré las tumbas de mis padres y solo halle cascajo. Lo único que averigüé fue que mi abuelo paterno fue abogado y el materno hacendado.   Al parecer mi primer antecesor llego a México hacia 1790 procedente del norte de España. Mis padres son del norte de Jalisco, no sé cómo fueron a dar al sur.

Cuando Rulfo afirmaba que sus antepasados eran del norte de Jalisco, este se sumía de nuevo en la penumbra entre lo imaginario y lo real, ya que el único antepasado alteño del escritor, fue su abuelo paterno, el abogado Severiano Pérez Jiménez.

La verdadera historia de sus antepasados, salió a la luz hace apenas unos años, cuando la investigadora María Guadalupe Paredes López -originaria de Estipac, Jalisco- publicó en el año 2009 los datos referentes a los antepasados de Rulfo que incluyen más de 79 familias, cuyo origen comienza en el Real de Minas de Tlalpujahua, Michoacán y no en los Altos de Jalisco como se había difundido con anterioridad.

Para confirmar estos reveladores datos, la Secretaría de Cultura del Estado de Michoacán, en conjunto con la Fundación Juan Rulfo, A.C., realizaron una serie de investigaciones y estudios durante casi 5 años, del 2005 al 2009- que contó con la participación de un nutrido grupo de escritores e investigadores, apasionados todos por las lecturas de Rulfo.  

Uno de los aspectos de mayor interés sobre el origen de sus antepasados, se relaciona con la memoria y los gustos del propio Rulfo que siempre mostro un afecto muy especial por Michoacán, el cual quedó grabado en innumerables textos, papeles autógrafos y fotografías que han sido recopilados por su hijo Juan Francisco y que se encuentran en la biblioteca de la Fundación Juan Rulfo. Uno de los documentos de mayor relevancia es sin duda el Códice Plancarte que Rulfo transcribió del idioma purépecha, así como el diccionario de voces derivadas del tarasco.    

raices familiares juan rulfo

    Puente viejo en Tlalpujahua, Michoacán. Foto Vox Populi

 

Al pie de la cuesta nacen tres ojos de agua y en medio esta un sauz grande

El ojo de agua que esta en medio es grande que es agua lonca

El otro ojo de agua llamase ayaloyo

Codex Plancarte

Transcripción de Juan Rulfo    

Sin embargo, resulta un tanto paradójico y contradictorio, que siendo Rulfo un apasionado amante de la historia de Michoacán, el origen de sus antepasados haya quedado enterrado en el olvido durante más de 200 años.

Para los que conocieron a Rulfo, es posible que estos datos sobre sus lazos familiares hayan sido soslayados para encumbrar la relación de sus familiares con el movimiento cristero de los Altos de Jalisco y dotar de cierto antagonismo y fantasía los relatos rurales de El Llano en llamas. También es posible que la temprana muerte de sus padres y la orfandad que marco su vida, hayan sido motivo para olvidar sus raíces familiares.

El hecho concreto es que de acuerdo con los registros parroquiales encontrados en Tlalpujahua, el 25 de junio de 1772, fue bautizado en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, Juan Manuel Zenón Rulfo Bermúdez, hijo del matrimonio del español Joseph Rulfo y Juana Antonia Bermúdez de Castro. A la sazón, este niño sería el tatarabuelo de Juan Rulfo, y junto con sus nueve hermanos que también nacieron en Tlalpujahua, estuvieron presentes durante más de 20 años, antes de trasladarse a Zapotlán El Grande, en el sur de Jalisco.

Adicionalmente a los hermanos del tatarabuelo de Juan Rulfo, el Real de Minas de Tlalpujahua, albergó todo un linaje de esta familia de origen español dedicada a la minería, ya que Antonio Rulfo, hermano de Joseph- también registró y vio nacer a sus ocho hijos en este pequeño pueblo dotado de ricos filones de oro.  

De tal forma la estirpe de los Rulfo, creo toda una historia difícil de olvidar. Más aún existe también el registro de otro personaje de gran importancia para la historia. Se trata de Doña María Anna Pascasia Josefa Martínez Rulfo, esposa nada menos que del Licenciado y General Don Ignacio López Rayón, quien también es originario de Tlalpujahua.

El último vestigio de la familia Rulfo en Tlalpujahua, apareció todavía en el año de 1835 cuando María Encarnación Rulfo caso con José María Ortiz; y finalmente en el año de 1841, aparece el casamiento de Anastacia Rulfo con Dionisio Alaniz. A pesar de haber sido una familia adinerada y numerosa, la gente del pueblo ha olvidado a los Rulfo, aunque la fuente es la prueba de que a veces solo quedan las letras de las palabras escritas.

 ntecedentes familiares juan rulfo michoacan Tlalpujahua

                                                              Real de Minas de Tlalpujahua, población minera fundada en 1530. Fotografía de Vox Populi

Lo más extraño y curioso de la historia, es que al buscar en los registros parroquiales y en las actas de cabildo de 1880, Gustavo Bernal – uno de los investigadores dotado también de imaginación y suspicacia- haya encontrado a su paso las escrituras de una gran casona abandonada en el centro de Tlalpujahua, a la que llamaban La Troje.

                                                                 antepasados famiiares juan rulfo     antepasados familiares juan rulfo

  ” La fuente de piedra, situada en la Plaza de la Puerta del Sol en Tlalpujahua, es quizá el símbolo que nos acerca más a Rulfo, un escritor nuestro, de todos los mexicanos.” G. Bernal

Igualmente protegió y trato de revalorar la célebre fuente con una inscripción en piedra que data del año de 1888 con el nombre perpetuo de Juan Rulfo; así como la mojonera de una de tantas propiedades de esta familia. De acuerdo con G. Bernal. la fuente situada en la Plaza de la Puerta del Sol, es quizá el símbolo que nos acerca más a Rulfo, un escritor nuestro, de todos los mexicanos.    

Si ustedes desean acercarse a la historia de esta familia, es probable que encuentren solo ruinas y olvido entre los escombros. Incluso como Bartolomé –uno de los personajes de su novela- podrán visitar una mina llamada La Andrómeda, que según cuenta Rulfo, esta muy lejos en el universo más allá de la Vía Láctea Se supone que allí es donde él va a vivir, pero también significa eso, ¿no?, significa que no está en ninguna parte.(Fragmento de Pedro Páramo).      

*Fuentes:

Nuevos Indicios sobre Juan Rulfo: genealogía, estudios, testimonios.  

Coordinación de Jorge Zepeda. Editorial Juan Pablos y La Fundación Juan Rulfo .2010

Archivo Parroquial de Tlalpujahua.

Archivos de Cabildo de Tlalpujahua, Michoacán  

 

Luis Bringas Guedea
Autor: Luis Bringas Guedea
Consultor técnico y editor asociado de publicaciones especializadas en agricultura y desarrollo rural con 20 años de experiencia en la transferencia de tecnologías. Especialista en comercio agrícola y agroindustrias. Coofundador de Siac, Agrored y Productores de Hortalizas.