Diccionario de cosmovisiones mexicanas, un obsequio de Juan Rulfo

Escarbando en los apuntes inéditos rulfianos, se alcanza a observar esta lista práctica, con algunos de los más lustrosos secretos de cultura mexicana.

Hay en la pluma de Juan Rulfo un incesante recuerdo del pasado mexicano. Memorias prehispánicas que hoy sólo viven en forma de ecos en el universo; silenciosas, pero muy presentes en la reproducción indefinida de una cosmovisión que ha sido siempre sanguínea.

Juan Rulfo fue el hombre que dedicó su vida a interpretar secretos de cultura bajo los territorios de la literatura. Todos ellos, fundidos en la delicia de una ficción atemporal y una acentuada inclinación por la muerte.

Para el mexicano –bien enterado de su cultura primigenia– es fácil imaginarse escenarios como los rulfianos con cierta devoción –por ejemplo a Comala, ese no-lugar que conserva las almas en pena, donde se habita eternamente en el recuerdo–.

Sus cuentos, y sus dos únicas novelas publicadas, han bastado para enterarnos de que su obra escrita no es sino una reproducción del conocimiento indígena, cuya base histórica se encuentra ciertamente en la transmisión del conocimiento de boca en boca. Esto se confirma luego de que el mismo Rulfo advirtiera haber abandonado la escritura tras la muerte de su tío Celerino, nada menos que su acompañante viajero, junto al que fue partícipe de innumerables experiencias de corte esotérico a lo largo y ancho de la República Mexicana. Aquel personaje fue también dador de un sin fin de secretos de cultura e historias de las que Rulfo no dudó en permearse para escribir sus dos célebres obras: Pedro Páramo y El llano en llamas.

De su discreto pero astronómico catálogo de vida se desprenden también obras fotográficas –unas 6 mil imágenes–, y algunos guiones de cine consolidados y borradores diseñados también para llevarse a la pantalla grande. Precisamente algo de este material, entre otros esbozos y anotaciones, se encuentran impresos en el libro Los cuadernos de Juan Rulfo, que salieron a la luz gracias a su esposa Clara Aparicio Reyes.

Fotografía y fragmento de Rulfo.

Dicen muchos avezados del escritor, que la publicación de estos fragmentos –que básicamente son ideas al aire, algunos retazos de sus obras completas, y en general los textos encontrados en la libreta experimental de un escritor– no es de celebrarse, puesto que deja al desnudo los procesos, aún jóvenes, de un gran autor. Y en efecto, a consideración personal, me parece que este es en realidad un catálogo de ideas que le iban ocurriendo a Rulfo, o que en sus días de viaje escuchaba pronunciar por ahí. De manera que en esta publicación no encontrarás una obra inédita, pero sí interesantes percepciones rulfianas que nos ayudan a imaginar –incluso a afirmar– que definitivamente la información de corte “fantástico” en sus obras, proviene de meras realidades indígenas. 

El ejemplo claro es el siguiente fragmento que me he encontrado; una especie de lista o lluvia de ideas que, a vista de ojeada, se puede entender como un breve diccionario de cosmovisiones mexicanas. Creencias del todo mágicas –muchas de ellas estrechamente relacionadas a la cultura rarámuri–, que pudieron o no estar encubiertas en alguno de sus cuentos:

cuadernos de juan rulfo-mas de mx

-La semilla llamada “ojo de venado” libra de una mala mirada.

-Una hojita de ruda libra de la alferecía.

-A los niños hay que colgarles al cuello un colmillo de perro para que les salgan los dientes.

-El talisman sirve para lograr lo que se quiere.

-El amuleto para librar del mal.

-El brujo cobra caro sus exorsismos. Usa gallinas, cambujas y huevos frescos.

-Los sapos cornudos pidieron que mandaran las enfermedades, porque los hombres iban siendo demasiados.

-El olimá, es un pajáro pequeño que hace mucho mal al hombre, no duerme en las noches cuando hay estrellas fugaces.

-(Es peligroso). No es bueno dormir con la boca abierta porque el diablo puede facilmente apoderarse del alma.

-Los nahuales se esconden en los montes y en las sierras.

-Los orines son buenos para bajarle el coraje a los niños (Darles de beber).

-A los cadáveres se les dice al oído que ya están muertos y que no vengan a dar guerra a los vivos. 

-La mujer, por tener los músculos más débiles, tarda más en llegar al otro mundo.

-Hay que poner ramos de zapote en la vereda y tapar la olla de los frijoles.

-El rayo se pasea cuando viene la lluvia.

-Los rayos salen a pasearse sobre la tierra.

-Los naguales ya se acabaron.

-Marcarle una cruz a la bola para que atines al tiro.

-El coyote es un animal que da mucho que pensar. Atraen con la mirada y el vaho a las gallinas.

-Tienen más fuerza de atracción que la mirada de las víboras.

-Cuando un coyote fija la mirada en el cazador, entonces la bala no sale del cañón, la vista se ofusca, la quijada se le cae, y sólo puede lanzar gritos inarticulados.

-Caldo de venado (produce buen efecto en el alma y cuerpo).

-La vara (el cargo-poder) es lo que respetan los indios, no al portador.

-La enfermedad es un castigo de Dios.

-Cuando alguien enloquece, es porque lo cogió un remolino en el campo que le revolvió el pensamiento. 

-Cuando el hombre enferma, esto proviene de que el alma abandona el cuerpo y vaga fuera de él, asustándose y extraviándose, o siendo devorada por los remolinos. No toda el alma sale del cuerpo; pero lo poco que de ella queda en él es insuficiente (esto significaría la muerte) para defender al cuerpo de las enfermedades.

-Hagan rezos a las cruces de los caminos.

-Piedra bezoar de los venados (está en el “cuaje” tiene fuerza mágica. La llevan en una bolsita y cuidan de remojarla cada tres días).

-La muerte sobreviene cuando el alma abandona el cuerpo, aunque éste todavía esté vivo.

-La enfermedad y el dolor oyen cuando les hablan.

-Tenía por misión que no cayera (que no se caiga) el mundo.

-Veneran la planta jículi (peyote).

juan rulfo

*Imágenes: 1) collage “Rulfo sobre jade”, de Jaen Madrid; 2, 3) “Los cuadernos de Juan Rulfo” / Archivo Más de México

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

¿Puedes adivinar el título de estos libros mexicanos sólo con emojis? (TEST)

¿Te dices amante de la literatura mexicana? Entonces seguro te las sabes todas…

Hay que ser honestos con nosotros mismos: en la escuela no nos vendieron la literatura mexicana con suficiente entusiasmo. En consecuencia, no todos conocemos a profundidad las joyas que nuestros escritores han producido a lo largo de la historia. Y son muchísimas, porque en México la tradición literaria es muy sólida.

Por doquier se nombra a los grandes Carlos Fuentes, Juan Rulfo y Octavio Paz (quien ganó un Nobel de literatura, por cierto); en sitios menos internacionalistas y bastante exquisitos se admira a Juan José Arreola y a Alfonso Reyes; pero no solo tenemos escritores modernos, también hay grandes pilares en el pasado y en el presente.

Pero, bueno, tú estás aquí para poner a prueba tus saberes, así, si te consideras amante de la literatura mexicana, no te será muy complicado adivinar algunos de los títulos icónicos sólo con emojis. Aunque, si la verdad no te las sabes todas, esta es la oportunidad perfecta para descubrir algunas maravillas y dejarte seducir por las ganas de leer y leer.

También en Más de México: Alfonso Reyes: sobre por qué la originalidad no debe ser forzada

 

 

Honestamente ¿a cuántos le atinaste? 😝

Los geniales atuendos del brillante escritor Fernando Del Paso (GALERÍA)

Si el genial Fernando Del Paso no te inspira a escribir, por lo menos permite que te contagie su incomparable estilo…

Aunque los millennials lo nieguen, o simplemente no lo sepan, la historia mexicana está plagada de fantásticos artistas, cineastas y escritores. Además, muchos de ellos no tuvieron miedo de explorar a profundidad los confines de este, su país de origen, porque sabían que no era necesario caer en ningún cliché, que la inmensidad de México da para inventar toda clase de narrativas.

Uno de ellos es (aunque ya nos dejó) Fernando Del Paso, escritor, pintor, académico y “fashionista”. Este hombre se volvió inmortal gracias a sus épicos textos, especialmente tres novelas, las más queridas y reconocidas por sus paisanos: “José Trigo”, llamada una de las mejores 100 novelas escritas en español, por el periódico “El Mundo”; “Palinuro de México”, publicada en 1977 y, la favorita del propio escritor, y, por supuesto, “Noticias del Imperio”, en donde relata desde múltiples voces las vidas de los excéntricos Maximiliano y Carlota.

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¡Wow!

La narrativa de Del Paso es indispensable porque el hombre no se definía simplemente como escritor; sobre todo se llamó a sí mismo (y también a esos con quienes comparte oficio) poeta. Y, sí, en efecto: su forma de quebrar la realidad con momentos surreales que de alguna manera parecieran perfectamente posibles en nuestro México, no es menos que poesía.

Sí, Fernando Del Paso no cuadraba con esa realidad narrada por la historia politizada que compartimos. Y en muchos sentidos. Tal vez por eso simplemente no podía evitar señalar cómo se sentía con la situación social del país, especialmente en sus discursos de aceptación de premios y reconocimientos, en palabras de Juan Villoro: “En momentos de aceptación, refrendaba su inconformidad”.

Por suerte de él nos quedan todas esas palabras, pero, francamente, eso no es todo: “Ningún escritor mexicano se ha vestido con más colores”, dice también Villoro, con una innecesaria modestia, porque los geniales atuendos de Fernando del Paso no merecen menos que un intenso asombro. Como su narrativa, tienen algo de surreal y como sus discursos, denuncian que lo real necesita necesita consumirse en cientos de deliciosas texturas.

Sí, el tipo escribía increíble (y hay que leerlo), pero si sus palabras no se te pegan, seguro te inspira su estilo. Así, recuperamos para ti una fantástica curaduría propuesta por el también poeta mexicano Horacio Warpola en Twitter.

Herzog y Rulfo: el encanto en lo marginado

Uno de los mejores cineastas del mundo, Werner Herzog, encontró su inspiración entre las letras del escritor Juan Rulfo

Hay un algo en común entre Juan Rulfo y Werner Herzog: la precariedad económica de su juventud y la necesidad que tuvieron de combinar el trabajo liberador del arte con cansadas jornadas laborales.

Herzog, ahora de 74 años, tuvo que trabajar en fábricas como soldador para poder realizar sus películas. Rulfo, de quien se festeja este año el centenario de su natalicio, tuvo que trabajar en Goodrich-Euzkadi de 1946 a 1952 como agente viajero, años en los que habría escrito sus obras El llano en llamas y Pedro Páramo.

No es casual entonces que el gran cineasta alemán sienta la profunda admiración que ha expresado por el entrañable escritor Juan Rulfo, pues en el origen precario de ambos genios radica su sensibilidad hacia el mundo de los marginados y los olvidados. Dice Juan Preciado, hablando con quien pudo ser su madre:

Ahora, desventuradamente, los tiempos han cambiado, pues desde que esto está empobrecido ya nadie se comunica con nosotros.

Y sin embargo en esos mundos llenos de olvido y dificultades también hay personajes felices, como el enano que ríe permanentemente en la primera película de Herzog, También los enanos empezaron pequeños:

Me hace gracia la idea de que haya un personaje que se ríe durante toda la película. Sólo se ríe.

 

Otra cosa en común es que ambos volcaron dicha sensibilidad a la posibilidad de expresarla vía el séptimo arte. En ello Herzog fue mucho más prolífico que Rulfo (quien no fue en realidad muy fecundo ni siquiera en la literatura, pero es un misterio si fue por voluntad o por falta de inspiración, aunque esto último no es muy probable). Y Herzog, además, inauguró toda una nueva forma de hacer cine, en la cual ficción y documental se mezclan de manera insólita para realzar el mensaje implícito en cada uno de sus trabajos, mismos que están impregnados de una preocupación constante por aquellos que no tienen voz en el mundo hegemonizado del arte, como los aborígenes australianos de Donde sueñan las hormigas verdes.

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“Anciana sentada en ele umbral de la casa de un pueblo”, fotografía de Juan Rulfo

A Juan Rulfo seguramente le habría parecido una gran simbiosis aquella entre ficción y documental realizada por el alemán, pues los relatos de Rulfo son algo similar en tanto que reflejan las entrañas de un México desconocido sin ser, no obstante, basados en historia real alguna. En este caso, las fotografías del jalisciense son la parte documental que viene a complementar sus novelas y cuentos, que pese a su realismo son, ultimadamente, mundos creados por él en los cuales, incluso, dotó a sus personajes de una forma de hablar única donde se combina el lenguaje popular más coloquial con una suerte de recreación artística del mismo. Con este regionalismo tan paradójicamente universal, Rulfo impregnó la mexicanidad de un aura donde es difícil discernir dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción.

Había estrellas fugaces. Caían como si el cielo estuviera lloviznando lumbre.
—Miren nomás —dijo Terencio— el borlote que se traen allá arriba.

No es raro, en ese sentido, que Herzog hable de Pedro Páramo como de la mejor obra literaria de América Latina, y del propio Rulfo como quien “viajó por todo México vendiendo llantas y era un gran poeta”. Herzog aseguró también, durante su visita a México en 2011, que se sabe de memoria los pasajes de Pedro Páramo; no es casual porque Herzog, aquel hombre de inteligencia callejera, al igual que Rulfo (y probablemente inspirado por él), ha sabido recoger lo feo, lo vulgar y todo lo más polvoso, pero dotándolo de su propia concepción del arte y la estética, lo que le concede a sus mundos un aura de dignidad y una belleza de aquellas que rompen parámetros.

Juan Rulfo tiene una visión única, los personajes que narra son poderosos. Hay que leerlo para saber cómo desarrollar personajes, lo leo antes de calentar motores para escribir.

Por eso, tanto él como Rulfo son dos titanes del arte, pues supieron reconocer, como expresara la poeta Alejandra Pizarnik, que una mirada a la alcantarilla puede ser una visión del mundo. Y nosotros añadiríamos que no sólo puede ser, sino que es la visión del mundo por excelencia; la visión verdaderamente humana ante la cual el arte se desdobla en su cualidad liberadora, y rompe las fronteras que buscan constreñirla a ser una práctica de unos cuantos para poder pasar, en cambio, a ser el lenguaje universal que realmente es.

Sandra Vanina Celis
Autor: Sandra Vanina Celis
Hija de tiempos posmodernos, pero aún así terca en la necesidad de construir el socialismo. Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio.