Esta poco conocida ciudad maya está lista para fascinar al mundo (VIDEO)

Estuvo resguardada durante siglos en la selva virgen, hace apenas 10 años fue descubierta, Ichkabal será abierta al público con gran expectación el próximo año.

Es la más grande de las ciudades mayas antiguas, (sí, más que Chichén Itzá y Uxmal). Apenas fue encontrada hace 10 años, su nombre es Ichkabal. Como es tan grande y estuvo inmersa e intacta durante siglos entre la espesura de la selva, rescatarla ha sido una labor titánica, pero este 2018 por primera vez abrirá sus puertas al público.

Conformada por 5 edificios principales, dos de ellos son tan altos que alcanzan los 40 metros. También, es importantísima, ya que estuvo habitada prácticamente durante todo el periodo maya. Se han hallado vestigios en su interior que abarcan desde el 1000 A.C. hasta el 320 de nuestra, y existe evidencia de que estuvo habitada hasta el 900 D.C, año en que se cree que hubo un masivo abandono de las ciudades mayas.

Ubicada a 40 kilómetros al poniente de la laguna de Bacalar, este misterioso complejo arquitectónico es materia de gran interés tanto para investigadores como para documentalistas. El próximo año, como ejemplo, National Geogrpahic le dedicará un programa especial. Es, además, la primera vez que las personas comunes podremos visitar este sitio; la expectación es enorme, es la ciudad maya más prometedora.

*Imagen: mexicovacationtravels.com

Sobre la influencia geométrica de la piel de serpiente en la arquitectura maya

El lazo entre naturaleza, geometría y arquitectura encontró un cause fascinante en el escenario maya: la figura del canamayté, inscrita en la piel de la serpiente de cascabel.

La geometría es uno de los canales favoritos de la naturaleza para manifestarse. Tal predilección tiene gran peso en las tradiciones que forjan su cosmovisión a partir del mundo natural. Por eso, suponemos, la geometría es considerada entre muchas culturas como un lenguaje divino.

En el caso de los mayas, su manejo de la astronomía y las matemáticas, aunado a una facilidad para acceder a la exquisitez estética, obvian el protagonismo geométrico en las artes y rituales de esta cultura. Pero quizá el punto culminante de la geometría maya se encuentra en su arquitectura. Es emocionante imaginar un cúmulo de fuerzas, orquestados con gran precisión, fundiéndose para materializar las increíbles edificaciones que acuñó este grupo: el movimiento de los astros, la ritualidad, los elementos naturales, la ingeniería acústica y un notable sentido de refinamiento, entre otros. 

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El lazo entre naturaleza, geometría y arquitectura encontró un cause fascinante en el escenario maya. El cascabel yucateco (Crotalus durissus tzabcan) es una serpiente endémica del sureste de México y parte de Centroamérica,  y era considerada un animal particularmente sagrado –se decía que dentro de su cascabel se encontraba el secreto de la vida y la regeneración–. En el patrón impreso en la piel de esta serpiente los mayas encontraron una figura llamada canamayté, la cual inspiró diseños arquitectónicos y se consagraría como una constante iconográfica.

El canamayté es el rombo central en la secuencia o hilada que presume la piel de la cascabel. Esta figura dictó entre los mayas un modelo regido por la subdivisión de cuadrados (cuadros dentro de cuadros), el cual aplicaron en numerosas ciudades y estructuras, por ejemplo el Castillo, en Chichen Itzá, o en los edificios de Uxmal. Además, se corresponde con el diseño cuadrivértice, o los cuatro rumbos, que sostenían el mundo según esta cultura.        

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Se ha aventurado la versión de que el canamayté habría fungido como eje en la cosmovisión maya, influyendo significativamente en sus artes y ciencias. Incluso, el antropólogo y escritor José Díaz Bolio Díaz Bolio sugiere la existencia de un “culto crotálico” entre los mayas. También, al parecer, la influencia de esta suerte de brújula geométrica habría trascendido hasta los tiempos posteriores la conquista; de acuerdo con el investigador Leonardo Icaza Lomelí, el canamayté se aplicó en conventos franciscanos de la zona, durante el siglo XVI, para ingeniar ruedas hidráulicas (engranajes compuestos por una rueda horizontal y otra vertical), y así resolver el abastecimiento de agua.   

Pero dejando a un lado las conjeturas históricas en torno al canamayté, nos encontramos con una noción preciosa, aplicada entre los mayas y otras culturas milenarias: la concepción de la naturaleza como un texto –quizá el más sagrado y didáctico de todos. Por medio de la contemplación de la naturaleza, llevada hasta el punto de la comunión, podemos extraer básicamente todas las respuestas que necesitamos. Y para confirmarlo tenemos encantadores ejemplos, que van desde el conjuro todopoderoso inscrito en la piel del jaguar, que propuso Borges en alguno de sus cuentos, hasta el aprovechamiento del patrón de una serpiente para orientar aplicaciones geométricas entre una de las culturas más precisas, y más exquisitas, que hayan existido, la maya.      

Imagen principal: Fernando Maza Gamboa. 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Descubren un edificio oculto dentro de la Pirámide de Kukulkán en Chichén Itzá

Esta segunda estructura en la Pirámide de Kukulkán podría dar pistas sobre los mayas primigenios.

Si algo nos diferencia a la sociedad occidentalizada de las civilizaciones antiguas, quizá sea la banalidad. La vida en las antiguas civilizaciones estuvo colmada de un sentido de trascendencia que permeaba aspectos tan disímiles como el arte, la mitología, la vida cotidiana.

Lo anterior se manifestó enormemente en la arquitectura. Toda ella estuvo colmada de símbolos sobre la trascendencia; no existía tal cosa como arquitectura al servicio de lo práctico y estético únicamente, y tenía qué ver profundamente con la divinidad. Por ello es que encontramos más y más símbolos con el tiempo en la disposición y estructura arquitectónica de las antiguas civilizaciones.

En México la maya ha sido una de las sociedades más asombrosas. Su profundo sentido estético y ritual, astronómico, y científico en general, no deja de sorprendernos. Hace poco fue descubierto cómo en Palenque, debajo de la tumba de Pakal yace un complejo sistema hidráulico, que no solo presume una precisión técnica asombrosa, también es una representación cosmológica increíble: se trata de una metáfora material del canal de aguas para descender al inframundo.

Y en estos días, luego de dos años de investigación, un grupo de investigadores confirmó en rueda de prensa con el INAH que fue descubierta una subestructura al interior de la Pirámide de Kukulkán (deidad asociada al viento, agua, Venus). Lo importante del hallazgo es que puede dar pistas sobre los primeros mayas asentados en el lugar, mismos que prescindieron de la influencia de los habitantes de mesoamérica central, eran, por así decirlo, mayas más “puros”. 

Una investigación anterior había determinado que debajo de la Pirámide existe un cuerpo de agua, y sobre este fue erigida la subestructura enocontrada. La Pirámide se reconstruía, según la investigadora del proyecto Denisse Lorenia Argote Espino pues ese lugar figuraba como: 

Eje cósmico; son lugares en lo que los gobernantes o los sacerdotes estaban en contacto con los otros planos espirituales, por lo tanto no pueden ser simplemente destruidos.

La tecnología con que se concretó el hallazgo fue desarrollada por la UNAM y es única, según René Chavez Segura, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM:

 Una novedad es que utilizamos electrodos planos en una zona en donde no se puede clavar o hacer algún tipo de obra porque, se puede decir, que todo el suelo de Chichen Itza es sagrado.