Historia gráfica de la bandera de México (FOTOS)

Solo en algunos casos fue radical el cambio estético de la bandera, aunque la mayor parte del tiempo ha prevalecido la insignia de la poderosa águila.

Cuando en la década de 1540 el primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, mandó a hacer a los escribanos mexicas (los tlacuilos) el Códice Mendoza (también conocido como Mendocino), quizá nunca imaginó que una de sus páginas se convertiría en la insignia de una nación durante siglos. La finalidad de este Códice era que los reyes de España comprendieran mejor la cultura a la que habían llegado.

En este Códice se narra la llegada de los mexicas a la Tierra Prometida, y en él se plasmó la imagen augurada por su dios Huitzilopochtli, el águila en el nopal, que luego de más de 200 años de peregrinación de los mexicas (antiguos habitantes de Aztlán), proclamó su nuevo hogar.

Desde la llegada de Hernán Cortés, distintos estandartes fueron empleados como signo de una nueva tierra. En esta nota hacemos un recorrido gráfico por distintas banderas y estandartes que representaron a México desde el arribo de los españoles, el águila presente, por los siglos, desde su poderoso significado: 

 

De Pancho Villa a Burroughs: presos legendarios de ‘El Palacio Negro de Lecumberri’

La diversidad de mentes que pisaron esta cárcel es una muestra de que el lugar también sirvió como un depósito de conciencia y libertad.

A veces lo que es ‘ilegal’, no tiene nada que ver con lo éticamente correcto. En este sentido, muchas épocas han tenido en sus cárceles a los verdaderos héroes,  los que tuvieron la entereza para ser los disidentes de las mentiras en boga. No estamos diciendo que todos los personajes que enlistamos a continuación lo sean, pero sí creemos que de 1900 a 1976 el ‘Palacio de Lecumberri’, también conocido el ‘Palacio Negro de Lecumberri’, se convirtió en un hoyo negro en el que convergieron personajes que siguiendo su conciencia o llamados, también fueron muy incómodos a la élite. 

Esta icónica  cárcel se convirtió en el hoyo oscuro de México, donde, se sabe, las atrocidades y promiscuidades más impensables sucedieron.

Algunos de los emblemáticos personajes que conocieron desde dentro aquellas rejas.

 

David Alfaro Siqueiros

 

El muralista fue encarcelado en 1960. Estuvo preso por 4 años, acusado de disolución social, pues era el presidente del ‘Comité de Presos Políticos y la Defensa de Libertades Democráticas’. Parte de su estilo estético lo desarrolló ahí, entre los muros. La fotografía que presentamos de él, una de las más icónicas, fue también tomada ahí.

 

Pancho Villa

 

El rebelde de la Revolución fue acusado de insubordinación, desobediencia y robo. Estuvo recluido en Lecumberri del 7 de junio al 7 de noviembre de 1912. A punto de ser fusilado, fue perdonado.

 

William Burroughs

 

Este escritor de la ‘Generación Beat’, uno de los más importantes de la historia, estuvo en Lecumberri por haber matado por accidente a su esposa cuando en una fiesta le disparó al vaso de ginebra que tenía en la cabeza tratando de imitar la hazaña de Guillermo Tell. Permaneció 14 días en la prisión.

 

José Revueltas

 

El icónico escritor estuvo recluido durante 2 años y medio. Fue detenido solo por ser parte del movimiento estudiantil del 68 en noviembre de ese mismo año.

 

Juan Gabriel (Alberto Aguilera Valadez)

El cantante estuvo preso durante año y medio, entre 1970 y 1971, acusado de robo. La cantante Enriqueta Jiménez, “La Prieta Linda”, consiguió el dinero para pagar su fianza.

 

¿Qué otro caso más conoces?

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Zapata en la UNAM: un extenso archivo en línea para que te empapes del espíritu revolucionario

Explora este espectacular archivo de la UNAM con más de 400 fotografías y documentos sobre Emiliano Zapata y la Revolución Mexicana.

Emiliano Zapata murió hace 100 años. Sin embargo sus palabras, sus acciones y —particularmente— su lucha, continúan resonando (y fuerte) entre muchos mexicanos. Y, aunque sobre él se han construido cientos de mitos y su figura es constantemente utilizada para sostener movimientos ideológicos ultra diversos, hay algo verdaderamente valioso en la romantización del “Caudillo del Sur”.

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Tal vez lo más destacado del personaje sea la enorme sensibilidad con la que se refirió al “pueblo”; un concepto cada vez más engañoso y, al mismo tiempo, más relevante que nunca. “Pueblo” no era una entidad abstracta, un estandarte o un grupo marginado. “Pueblo” fue para Zapata sinónimo de casa, familia, pertenencia y fuente de energía vital.

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Y, estrechamente ligada, estaba la idea de “tierra”, como sustento del pueblo, como principio absoluto, origen de la vida, destino y causa. Ambas nociones y, sobre todo, la forma de tratarlas, hacen mucha falta en nuestro tiempo. ¿Pero cómo conectarnos con Zapata más allá de las mitologías y las especulaciones de líderes políticos o de maestros de historia que pronuncian el nombre sin evocar lo que verdaderamente implica el hombre?

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También en Más de México: Los manifiestos en náhuatl de Emiliano Zapata

Un buen lugar para empezar es, sin duda, el precioso e inmenso repositorio en línea de la UNAM dedicado al General. Se trata de una sección del Archivo Histórico de la Universidad que comprende más de 400 fotografías y documentos históricos relacionados con la vida de Zapata, el zapatismo y la época revolucionaria.

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Entre los documentos hay, sobre todo, decretos y manifiestos redactados o promulgados por este personaje histórico. Y entre las imágenes hay algunas muy particulares, que probablemente no habías visto.

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Destacan retratos poco conocidos del General; escenas de la vida cotidiana; los rostros de otros revolucionarios y revolucionarias que no necesariamente se mencionan en la historia oficial, y las peculiares fotografías de Cruz Sánchez, presidente municipal de Yautepec, Morelos y que también peleó con los zapatistas.

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El material en físico perteneció a los hermanos Gildardo y Octavio Magaña Cerda, zapatistas que militaron en tiempos de Emiliano. Cuando quedó como dirigente del Ejército Liberador del Sur tras la muerte de Zapata, Gildardo heredó el archivo.

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Y entre las décadas de los 60 y 70, Octavio entregó todos los documentos que mantenía su hermano de la Revolución al Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Finalmente, han sido digitalizados y abiertos al público.

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Sin duda la curiosidad sobre el pasado y las preguntas sobre nuestra propia historia nos seducen y convencen de contemplar y explorar el archivo. Pero este ejercicio podría genuinamente ayudarte a invocar el espíritu de la época y posiblemente empatizar con las causas que entonces movilizaron a miles de mexicanos y que hoy siguen reclamando nuestra lucha.

Consulta el repositorio aquí.

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Descubre el enigma de la leyenda del águila devorando una serpiente

El símbolo patrio, la del águila devorando una serpiente sobre un nopal, se convirtió en un ensamblaje cultural de cada mexicano –tanto dentro como fuera del país–.

Cuenta la leyenda que, tras años de errar desde Aztlán –cuya ubicación aún se desconoce–, el pueblo mexica encontró cobijo en un islote muy cercano a la ribera del Lago de Texcoco. Ahí, en el año de 1325, se vislumbró la reencarnación del dios Huitzilopochtli sobre un nopal devorando a una serpiente. Esta señal definió a la gran ciudad de Tenochtitlán, lugar que se convertiría en uno de los pueblos mesoamericanos más poderosos de su época.

Si bien la Crónica mexicana de Hernando de Alvarado Tezozómoc (1598) enaltece la leyenda afirmando que los mexicas llegaron a una tierra perdida…

[…] persuadidos por el demonio Huitzilopochtli, porque el día que llegaron a esta laguna mexicana en medio estaba y tenía un sitio de tierra y en él una peña y encima de ella un gran tunal; y en la hora que llegaron con sus balsas de caño y carrizo hallaron en el sitio la bella piedra y tunal y al pie de él un hormiguero, y hasta encima del tunal un águila comiendo y despedazando una culebra…

La realidad es que la historia de la fundación de Tenochtitlán está cargada de fantasías místicas que embellecen las estrategias de guerra de los mexicas. Pues, de acuerdo con excavaciones arqueológicas, el islote de México estuvo habitado antes del siglo XIV en la zona de México-Tlatelolco. Se trataba de la “gemela del norte de México-Tenochtitlán”–, la cual abarcaba la cuenca lacustre del valle de México. Por lo que, cuando los mexicas llegaron a la México-Tenochtitlan, tras años de recorrer y conocer perfectamente el territorio de alrededor, fueron capaces de someter los poblados de su gemela así como los lagos de  Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco.

Este sitio estratégico no sólo les permitió someter a los territorios de alrededor, también formar islas artificiales en los bajos de la laguna y así ganar tierras para cultivar y construir poblados. Tras el establecimiento de la México-Tenochtitlán, se estableció como un atlépetl –una entidad étnica y territorial con una organización social y política–, la cual gozaba de privilegiosas alianzas con Texcoco y Tlacopan.

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Se dice que el mito fundador se llegó a formular durante el gobierno de Itzcóatl (1472-1440). Como si al descubrir este estratégico sitio para dominar a los pueblos aledaños, Huitzilopochtli, el dios del Sol, bendijera a su pueblo con la presencia de su reencarnación. De hecho este gobernador mandó a hacer una quema general de libros para reescribir la historia al gusto de los mexicas sin que hubiera fuentes anteriores y contrarias al simbolismo nacional. Así, los símbolos mexicanos, el águila sobre un nopal devorando la serpiente, se convirtió en un escudo trascendental a lo largo de los años.

En el mito fundador, el águila representaba a Huitzilopochtli, al dios Sol; el nopal –tenochtli–, a la isla fundadora de Tenochtitlán; y la serpiente, la sabiduría. Sin embargo, con la llegada de los conquistadores españoles, el simbolismo de la serpiente se alteró del náhuatl “ihuan cohautl izomocayan”, que quiere decir “la serpiente silba”, a “la serpiente es destruida”. En consecuencia, la serpiente, símbolo de sabiduría de Quetzalcóatl, se transformó en la figura del mal y pecado. Con el paso de los siglos y una reinterpretación heráldica europea, el águila del sol se convirtió en la representación del pueblo mexicano cuya pose encarnaba la fuerza para enfrentar los retos de la tentación terrenal y espiritual, de la vida y el mundo.

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Es así que el escudo mexicano, el símbolo patrio con mayor reconocimiento a nivel mundial, se convirtió en un ensamblaje cultural de cada mexicano –tanto dentro como fuera del país–. Esta águila devorando a una serpiente sobre un nopal habla realmente de las experiencias, mestizas, empoderadas, trascendentales, de un pueblo que posee la capacidad de ser el más poderoso del mundo.

Imágenes: 1) Laguo de Garzas; 2)Águila del Códice Mendoza; 3) Fundación de México-Tenochtitlan en el Códice Durán.