Descubre el enigma de la leyenda del águila devorando una serpiente

El símbolo patrio, la del águila devorando una serpiente sobre un nopal, se convirtió en un ensamblaje cultural de cada mexicano –tanto dentro como fuera del país–.

Cuenta la leyenda que, tras años de errar desde Aztlán –cuya ubicación aún se desconoce–, el pueblo mexica encontró cobijo en un islote muy cercano a la ribera del Lago de Texcoco. Ahí, en el año de 1325, se vislumbró la reencarnación del dios Huitzilopochtli sobre un nopal devorando a una serpiente. Esta señal definió a la gran ciudad de Tenochtitlán, lugar que se convertiría en uno de los pueblos mesoamericanos más poderosos de su época.

Si bien la Crónica mexicana de Hernando de Alvarado Tezozómoc (1598) enaltece la leyenda afirmando que los mexicas llegaron a una tierra perdida…

[…] persuadidos por el demonio Huitzilopochtli, porque el día que llegaron a esta laguna mexicana en medio estaba y tenía un sitio de tierra y en él una peña y encima de ella un gran tunal; y en la hora que llegaron con sus balsas de caño y carrizo hallaron en el sitio la bella piedra y tunal y al pie de él un hormiguero, y hasta encima del tunal un águila comiendo y despedazando una culebra…

La realidad es que la historia de la fundación de Tenochtitlán está cargada de fantasías místicas que embellecen las estrategias de guerra de los mexicas. Pues, de acuerdo con excavaciones arqueológicas, el islote de México estuvo habitado antes del siglo XIV en la zona de México-Tlatelolco. Se trataba de la “gemela del norte de México-Tenochtitlán”–, la cual abarcaba la cuenca lacustre del valle de México. Por lo que, cuando los mexicas llegaron a la México-Tenochtitlan, tras años de recorrer y conocer perfectamente el territorio de alrededor, fueron capaces de someter los poblados de su gemela así como los lagos de  Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco.

Este sitio estratégico no sólo les permitió someter a los territorios de alrededor, también formar islas artificiales en los bajos de la laguna y así ganar tierras para cultivar y construir poblados. Tras el establecimiento de la México-Tenochtitlán, se estableció como un atlépetl –una entidad étnica y territorial con una organización social y política–, la cual gozaba de privilegiosas alianzas con Texcoco y Tlacopan.

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Se dice que el mito fundador se llegó a formular durante el gobierno de Itzcóatl (1472-1440). Como si al descubrir este estratégico sitio para dominar a los pueblos aledaños, Huitzilopochtli, el dios del Sol, bendijera a su pueblo con la presencia de su reencarnación. De hecho este gobernador mandó a hacer una quema general de libros para reescribir la historia al gusto de los mexicas sin que hubiera fuentes anteriores y contrarias al simbolismo nacional. Así, los símbolos mexicanos, el águila sobre un nopal devorando la serpiente, se convirtió en un escudo trascendental a lo largo de los años.

En el mito fundador, el águila representaba a Huitzilopochtli, al dios Sol; el nopal –tenochtli–, a la isla fundadora de Tenochtitlán; y la serpiente, la sabiduría. Sin embargo, con la llegada de los conquistadores españoles, el simbolismo de la serpiente se alteró del náhuatl “ihuan cohautl izomocayan”, que quiere decir “la serpiente silba”, a “la serpiente es destruida”. En consecuencia, la serpiente, símbolo de sabiduría de Quetzalcóatl, se transformó en la figura del mal y pecado. Con el paso de los siglos y una reinterpretación heráldica europea, el águila del sol se convirtió en la representación del pueblo mexicano cuya pose encarnaba la fuerza para enfrentar los retos de la tentación terrenal y espiritual, de la vida y el mundo.

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Es así que el escudo mexicano, el símbolo patrio con mayor reconocimiento a nivel mundial, se convirtió en un ensamblaje cultural de cada mexicano –tanto dentro como fuera del país–. Esta águila devorando a una serpiente sobre un nopal habla realmente de las experiencias, mestizas, empoderadas, trascendentales, de un pueblo que posee la capacidad de ser el más poderoso del mundo.

Imágenes: 1) Laguo de Garzas; 2)Águila del Códice Mendoza; 3) Fundación de México-Tenochtitlan en el Códice Durán.

Extravagantes descubrimientos arqueológicos que cambiaron nuestra visión sobre el pasado

Hemos dado con auténticas rarezas que la historia mexicana se tenía bien guardaditas…

En un país como este, donde la diversidad es inmensa, la historia cobra un sentido muy particular. Sin quererlo, tal vez, la hemos transformado en una especie de “pasado común”, un origen que todos compartimos y que por su aparente majestuosidad y profunda relación con lo divino, a cualquiera provoca orgullo.

Pero la verdad es que no tenemos idea de lo que significaba habitar los lugares que nuestra historia imagina; y menos las formas de pensar (y ser) de las personas que ahí estuvieron. Incluso las culturas “herederas” de algunas de estas antiguas tradiciones, los “pueblos indígenas”, tienen solo sospechas sobre ese pasado; lo que sí resguardan y es digno de explorarse y conocerse son leyendas, mitos y otras narraciones orales que los conectan con las de sus más antiguos abuelos.   

En ese sentido, los descubrimientos arqueológicos, las evidencias que constantemente brotan de la tierra y que nos dejan algunas pistas sobre el pasado, no dejan de sorprendernos y siempre ponen a prueba lo que ya teníamos por seguro. Además, muchas veces, en lugar de conectarnos con las vidas de antes, nos distancian, porque muchos vestigios son resultado de prácticas que están lejísimos de nuestra comprensión y hasta nos asustan (como los sacrificios).

Estas rupturas, estos “desengaños”, pero también las curiosidades que nos fascinan y los momentos de auténtica identificación, dicen mucho más de nosotros, del presente, que del pasado. Y tal vez por eso son tan emocionantes, porque nos están haciendo preguntas con las que no nos hubiéramos encontrado si, de manera incidental, nuestros ancestros no hubieran dejado por ahí, en lo profundo, piezas de un rompecabezas que nunca terminaremos de construir.

Te presentamos 10 extravagantes descubrimientos arqueológicos que cambiaron para siempre nuestra visión sobre el pasado.

Túnel al inframundo en Teotihuacán

En 2003 el investigador Sergio Gómez Chávez se encontró casi por accidente con un inmenso túnel debajo de la pirámide de Quetzalcóatl en Teotihuacán. Lo que hallaron ahí Gómez y su equipo es absolutamente fantástico y la investigación sobre el contenido hasta 2018 ha podido ser presentada en la forma del fantástico video de 360° que está arriba. El túnel estaba compuesto por tres cámaras mortuorias llenas de maravillas: ojos de cristal, esculturas de jade, figurillas de diorita y una especie de maqueta del inframundo, representando a escala montañas y lagos (que antaño estaban rellenos de mercurio, en representación de las aguas oscuras) y en las paredes de las cavernas, manchas de pirita, simulando estrellas.

También en Más de México: Entre reflejo y reflejo: la elusiva historia de Teotihuacán como un espejo

Ofrenda de finas joyas para Huitzilopochtli

En 2016 se encontró una ofrenda más (entre 205) a Hutzilopochtli en el Templo Mayor, en la CDMX. Pero esta tenía algo muy especial: los restos de un lobo de 8 meses ataviado con finísimas joyas de oro y conchas; según los investigadores que las descubrieron las piezas más magníficas hasta el momento. De acuerdo a los arqueólogos, se pensaba entre los mexicas al lobo como un guía para los muertos y, evidentemente, los antiguos indígenas estaban seguros del valor de las joyas y el oro, fetiche que extrañamente ligamos solo con “los españoles”.

Inmenso tzompantli, altar de cráneos

En 2015, en un predio en pleno centro de la Ciudad de México, se descubrieron múltiples maravillas insospechadas; entre ellas el Huey Tzompantli, una estructura mexica formada con cabezas de sujetos sacrificados o enemigos matados. Además, fue encontrada una ofrenda ritual cerca de un juego de pelota con los huesos cervicales de 32 personas. Por supuesto esta visión podría resultar escandalosa; pero antes de defenderla y argumentar que los mexicas y otras culturas antiguas “veían la muerte y vida distinto”, hay que recordad que los sacrificios tenían que ver con un asunto de orden cósmico, universal; del ritual dependía la mismísima existencia. Tendría algo de honorable, además, prestar la vida a esa causa. Aún ahora es preferible a otras salidas.

Peculiar entierro de perros prehispánicos

En múltiples entierros prehispánicos se han encontrado restos caninos y no es extraño pues se piensa que los perros eran guías para los muertos. Pero este es muy peculiar pues contenía 12 esqueletos de techichi y xoloitzcuintli.

Sacrificio infantil para el dios de la guerra

En 2017, arqueólogos del INAH encontraron un entierro infantil dedicado Huitzilopochtli y no es el primero: en 2005 se había descubierto uno muy similar. Los niños estaban ataviados con adornos corporales y motivos del dios de la guerra. El niño de esta segunda ofrenda tenía aproximadamente 5 años. Sin duda este es el tipo de descubrimientos que nos “alejan”; pero tendríamos que ponernos en unos zapatos muy distintos a los nuestros para poder entender en qué medida las necesidades (interpretadas por sujetos mundanos) de las divinidades eran implacables.

Reina Roja

Fue en Palenque donde se encontró una mujer de la realeza digna de ser enterrada con uno de los más lujosos ajuares jamás encontrados. Hoy sabemos que Hun K’Anleum fue una mujer destacada en la política de la ahora zona arqueológica, cambiando el prejuicio de que no había mujeres en ese tipo de cargos. La llamamos Reina Roja porque fue enterrada pintada de rojo con un mineral (cinabrio).

Historia gráfica de la bandera de México (FOTOS)

Solo en algunos casos fue radical el cambio estético de la bandera, aunque la mayor parte del tiempo ha prevalecido la insignia de la poderosa águila.

Cuando en la década de 1540 el primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, mandó a hacer a los escribanos mexicas (los tlacuilos) el Códice Mendoza (también conocido como Mendocino), quizá nunca imaginó que una de sus páginas se convertiría en la insignia de una nación durante siglos. La finalidad de este Códice era que los reyes de España comprendieran mejor la cultura a la que habían llegado.

En este Códice se narra la llegada de los mexicas a la Tierra Prometida, y en él se plasmó la imagen augurada por su dios Huitzilopochtli, el águila en el nopal, que luego de más de 200 años de peregrinación de los mexicas (antiguos habitantes de Aztlán), proclamó su nuevo hogar.

Desde la llegada de Hernán Cortés, distintos estandartes fueron empleados como signo de una nueva tierra. En esta nota hacemos un recorrido gráfico por distintas banderas y estandartes que representaron a México desde el arribo de los españoles, el águila presente, por los siglos, desde su poderoso significado: 

 

Capturan foto de un águila con una serpiente en las garras en nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México

Empleados del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México encontraron una inesperada réplica de la más escena del mito fundacional de este país.

Según la mitología mexica, este pueblo migró desde Aztlán en busca de su “tierra perdida” donde una señal de los dioses sería manifiesta. Fue cuando en un islote cercano a la ribera occidental del Lago de Texcoco econtraron un águila sobre un nopal devorando una serpiente: la señal que aguardaban –y que hoy protagoniza el escudo nacional de México–.

La Crónica Mexicana de Hernando de Alvarado Tezozómoc nos narra:

… llegaron a la bella ciudad, que es ahora Mexico Tenochtitlán, porque el día que llegaron en esta laguna mexicana en medio de ella estaba y tenía un sitio de tierra y en él una peña y encima de ella un gran tunal; y en la hora que llegaron con sus balsas de caño y carrizo hallaron en el sitio la bella piedra y tunal y al pie de él un hormiguero, y hasta encima del tunal una águila comiendo y despedazando una culebra; … [sic]

Recientemente ha circulado en internet una fotografía capturada por personal de la construcción del polémico Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y enviada a la redacción del diario 24 horas.  Según el testimonio que recogió este diario, el águila se posó en estos terrenos con una serpiente en el pico, luego se la puso en las patas y finalmente la devoró. Por cierto, llama la atención que el ave haya permitido que una persona se acercara tanto a ella, como se muestra en la fotografía. 

Curiosamente esta misma escena se registró otra vez en las inmediaciones del lago de Texcoco –que de acuerdo a grupos ambientalistas se encuentra hoy amenazado por la magna obra que se ha destinado a esta zona–. ¿Cuál será el mensaje de esto que replica lo que se describe en el mito fundacional de nuestro país? Y mientras cada quien cultiva su propia hipótesis, lo que por ahora queda claro es que, además de ser una preciosa coincidencia, se trata también de un recordatorio de ese instante crucial en nuestra historia como mexicanos. 

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