¿Cómo era un día en la vida de un noble mexica?

La vida cotidiana de la nobleza en una Tenochtitlán que funcionaba a detalle.

Como Tenochtitlán estaba tan bien organizada, trazada con maestría y bajo una ingeniería y sistema agrícola loables; con servicios de limpieza eficientes y con métodos de limpieza tan sorprendentes, no es ajeno imaginar que su funcionamiento colectivo eran también muy ordenado.

Y fue así, una ciudad tan meticulosamente organizada que su despertar y dormir se hacía de una manera tan general y armónica, que en sus memorias el cronista español Diego Durán apuntó sobre el anochecer en la urbe:

Se ponía la ciudad en tanto silencio que parecía que no había hombre en ella, desbaratándose los mercados, recogiéndose la gente, quedando todo en tanta quietud y sosiego que era extraña cosa.

La nobleza, integrada por sacerdotes, guerreros y funcionarios, y familiares del tlatoani, también debía cumplir con los llamados de tiempo y orden de la ciudad. La vida de la urbe iniciaba con el sonido de tambores, y así terminaba.

A continuación te compartimos un día en la vida de la nobleza mexica según una investigación de National Geographic, basada, a su vez, en  La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista de  Jaques Soustelle:

Inicio del Día

A lo alto de los templos los sacerdotes tocaban los tambores anunciando el inicio del día. Todos debían levantarse, nobles y hombres comunes. Describió Durán:

Los caminantes y forasteros se aprestaban para sus viajes, los labradores iban a sus labranzas, los mercaderes y tratantes a sus mercados y se levantaban las mujeres a barrer.

Hace poco publicamos un texto sobre cómo la ciudad estuvo tremendamente cuidada en su limpieza. Así, un ejército de barrenderos se despertaba a comenzar el día con una urbe limpísima.

El baño y el arreglo

Cada mañana los nobles se bañaban con una especie de jabón hecho con copalxocotl o de la raíz de la saponaria y se secaban con suaves paños de algodón. Cabe apuntar que esta práctica (la de bañarse una vez al día) fue generalizada entre la población. Los nobles se colocaban una especie de paño rojo en la cabeza y le agregaban plumas de aves tropicales que fungían como símbolo de su status. Su vestimenta estaba integrada por un maxtlatl o taparrabos que se ataba bajo el ombligo, también se colocaban un tilmatli, una manta que se anudaba sobre el hombro izquierdo.

Por su parte, las mujeres se hacían un partido en medio y dos trenzas, y luego subían las puntas de las mismas a la parte superior de la cabeza (cuando estaban casadas). Tenían cosméticos, pero más bien llevaban la cara lavada, ya que las mujeres muy maquilladas solían ser las ahuianime, las mujeres del placer para los guerreros o víctimas del sacrificio, o las prostitutas.

El desayuno

Luego de bañarse y vestirse, el desayuno de los nobles solía incluir una jícara de chocolate y tortillas de maíz recién tostadas con algún relleno de carne o pescado. La gente del pueblo no comía esta primera comida del día, sino a las 9 de la mañana, cuando los tambores marcaban la segunda hora del día.

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Vestimenta de la nobleza mexica/ Códice Mendoza

 Al trabajo

Luego de su primera comida del día, los nobles, todos, se dirigían al trabajo.  Todos tenían labores, mayormente en el centro de la ciudad, en el centro ceremonial donde se hallaban los palacios reales, dependencias administrativas y las principales escuelas. Algunos funcionarios asesoraban al tlatoani, otros hacían labores de jueces, otros hacían labores administrativas, etc.,

De regreso a casa, al temazcal

Los nobles tenían temazcales en una estancia en sus propios aposentos que tenía una pared pegada al fuego de la cocina, siempre encendido, por lo que el temazcal podía usarse en cualquier momento. Entre plantas aromáticas recibían masajes (generalmente por enanos que no tenían qué agacharse).

 

La cena

Luego de salir del baño de vapor la nobleza se sentaba a la mesa y comía carne, pescado y verduras “cuchareados” por tortillas. De bebidas, lo común que ingirieran agua, aguamiel o zumos, ya que el alcohol estaba solo permitido a los mayores de 52 años.

 

Antes de acostarse

Solían tomar chocolate espumoso y fresco (endulzado con miel y vainilla o condimentado con chile) en el patio principal de sus aposentos, entre fuentes y cojines, fumando alguna pipa de tabaco.

 

La noche

Los sonidos de los tambores volvían a sonar, era la hora de dormir para toda la ciudad. Los nobles dormían en una estera o petate con suaves  mantas de algodón que servían como colchón.

 
*Imágenes: 1 y 2)Códice Mendoza/Vestimenta de los nobles

Hermosa poesía prehispánica para millennials sensibles

Si es auténtica poesía, no tiene fecha de caducidad. Cultiva tu sensibilidad contemporánea con estas joyas eternas.

A los millennials nos hace falta poesía. Entre tantos memes y contenido express, poco nos detenemos a poetizar el entorno: mirar más allá de sus posibilidades inmediatas y reconocer que la forma en que las cosas están ensambladas es arbitraria, relativa a nuestra cultura y, por eso mismo, susceptible de ser transformada.

Esta falta de poesía y exceso de contenidos virales —y por lo tanto, desechables— tal vez sea precisamente lo que nos vuelve a los millennials tan melancólicos. La falta de perdurabilidad y trascendencia de los productos culturales que consumimos nos deja con un extraño vacío que no podemos más que llenar con más contenido fácil.

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Un poco de poesía para reinventar y re valorar tu cotidianidad…

Así, si te sientes sensible y tienes este problema generacional, vale la pena explorar un poco de poesía antigua. Y nada como la poesía prehispánica, textos que encarnaban la auténtica riqueza de la vida cotidiana: desde la belleza explosiva de las joyas de oro y jade, el sabor espumoso y sedoso del cacao y el maíz, o la simple delicia de ser poeta y hacer de tus palabras, auténticas flores.   

Cuando estás melancólico, perdido en esta vida, estresado por el hecho ineludible de tu muerte, millennial deprimido, nada como leer a Nezahualcóyotl o a Cuacuahtzin, quienes, aunque no lo creas, sufrían de sensaciones similares, pero las sublimaban, soltando sus preguntas al aire de la forma más exquisita posible.

Así, te dejamos un poco de hermosa poesía prehispánica, para consolarte e inspirarte.

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Canto de huida de Nezahualcóyotl

Fragmento

En vano he nacido,
en vano he venido a salir
de la casa del dios a la tierra,
¡yo soy menesteroso!

Ojalá en verdad no hubiera salido,
que de verdad no hubiera venido a la tierra.
No lo digo, pero…
¿Qué es lo que haré?,

¡Oh, príncipes que aquí habéis venido!,
¿Vivo frente al rostro de la gente?,
¿Qué podrá ser?,
¡Reflexiona!

¿Habré de erguirme sobre la tierra?
¿Cuál es mi destino?,
yo soy menesteroso,
mi corazón padece,
tú eres apenas mi amigo
en la tierra, aquí.

¿Cómo hay que vivir al lado de la gente?
¿Obra desconsideradamente,
vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
¡Vive en paz,
pasa la vida en calma!

Canto triste de Cuacuahtzin

Fragmento

Flores con ansia mi corazón desea.
Que estén en mis manos.
Con cantos me aflijo,
sólo ensayo cantos en la tierra.

Yo, Cuacuauhtzin,
con ansia deseo las flores,
que estén en mis manos,
yo soy desdichado.

¿Adónde en verdad iremos
que nunca tengamos que morir?
Aunque fuera yo piedra preciosa,
aunque fuera oro,
seré yo fundido,
allá en el crisol seré perforado.

Sólo tengo mi vida,
yo, Cuacuauhtzin, soy desdichado.
Tu atabal de jades,
tu caracol rojo y azul así los haces ya resonar,
tú, Yoyontzin.

Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.

Por poco tiempo alegraos,
vengan a presentarse aquí
los que tienen triste el corazón.

Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.

Deja abrir la corola a tu corazón,
deja que ande por las alturas.

Tú me aborreces,
tú me destinas a la muerte.
Ya me voy a su casa,
pereceré.

Canto de Cuauhchinanco de Tlaltecatzin

Fragmento

En la soledad yo canto
a aquel que es mi Dios
En el lugar de la luz y el calor,
en el lugar del mando,
el florido cacao está espumoso,
la bebida que con flores embriaga.

Yo tengo anhelo,
lo saborea mi corazón,
se embriaga mi corazón,
en verdad mi corazón lo sabe:
¡Ave roja de cuello de hule!,
fresca y ardorosa,
luces tu guirnalda de flores.

¡Oh madre!
Dulce, sabrosa mujer,
preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

Aquí tú has venido,
frente a los príncipes,
tú, maravillosa criatura,
invitas al placer.

Sobre la estera de plumas amarillas y azules
aquí estás erguida.
Preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

El floreciente cacao
ya tiene espuma,
se repartió la flor del tabaco.
Si mi corazón lo gustara,
mi vida se embriagaría.

El sueño de una palabra de Cuacuauhtzin de Tepechpan

Y ahora, oh amigos,
oíd el sueño de una palabra:
Cada primavera nos hace vivir,
la dorada mazorca nos refrigera,
la mazorca rojiza se nos torna un collar.
¡Sabemos que son verdaderos
los corazones de nuestros amigos!

Poema de Cuacuauhtzin

Ante ti, a tus pies,
te abrazo afectuosamente,
agradecido contigo,
gracias por rezumar perfume para mí.

Ya estás viejo,
yo más que tú,
ya lo sé,
pero vives y vivo.

Yo te veo vivir frondoso,
tú eres mucho más fuerte que yo,
y con tus lágrimas que yo pongo en el fuego,
el frescor de tu perfume como nube,
todas las noches sueño.

7 lecciones de urbanismo de Tenochtitlán

Su sistema de tránsito, tratamiento de agua, cimentación de edificios, y agricultura urbana, etc., hacen del urbanismo de Tenochtitlán uno admirable.

«…Y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos que decir, o si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas y en la calzada muchos puentes de trecho en trecho, y por delante estaba la gran Ciudad de México …»

Bernal Díaz del Castillo

Al imaginar la llegada de los españoles a la capital del imperio mexica, Tenochtitlán, resulta casi inevitable proyectar a los conquistadores contemplado la vastedad y grandeza de esta ciudad. Además de una fundación fuertemente ligada a los mitos (la señal divina del águila devorando la serpiente que buscaban las tribus provenientes de  Aztlán), México-Tenochtitlan fue un notable centro urbano que destacaba, entre otras cosas, por su magnífica organización y planeación urbana.  

Hacia 1521, cuando llegaron los conquistadores, cotidianamente confluían hasta 60 mil canoas por toda la ciudad; 50 grandes edificios destacaban de las casas que eran de un solo piso, los barrios calpullis tenían sus propias tierras comunales, mercado, escuela. Se calcula que vivían en la ciudad unos 200 mil habitantes, lo cual hacía de Tenochtitlán una urbe más grande que cualquiera europea.

La vida de la ciudad estaba perfectamente organizada y presumía una ingeniería que hasta hoy continua sorprendiendo a los estudiosos (sobretodo si consideramos que buena parte de la ciudad había sido erigida sobre agua. 

Presentamos algunas de las maravillas urbanas de Tenochtitlán, lecciones que habríamos de retomar y que, por cierto, algunas de ellas están asociadas a la vanguardia urbanística de la actualidad (como la práctica de la agricultura urbana).

Había un urbanista general

Un funcionario denominado calmimilócatl supervisaba las construcciones y evitaba que estas invadieran las calles y canales. Había, así, una constante revisión para evitar que la ciudad perdiese su simetría.

Tránsito

Las calles (tlaxilacalli) fueron muy útiles, efectivísimas para recorrer la ciudad. Se hicieron con tierra apisonada; eran usadas mayormente para el tránsito humano y en algunas calles adyacentes se hacía un canal donde transitaban las canoas.

Tres amplias calzadas (elevaciones artificiales hechas con piedra, arcilla, argamasa y plantas al fondo del lago con pilotes de madera) cruzaban todo Tenochtitlán, todas se extendían a tierra firme, por lo que estas (tipo avenidas) permitían inteligentemente recorrer en tierra firme toda la ciudad.

Los canales eran muy eficientes sitios de circulación para las barcas. Estos a su vez eran cruzados por puentes de madera, que por las noches, eran retirados para regular las corrientes naturales del lago, y también como estrategia militar.

Limpieza

Habían hasta mil personas encargadas de la limpieza de las calles que se barrían y limpiaban diariamente. Existían también macehuales dedicados a recoger excrementos para luego venderlos como fertilizante natural o bien se depositaban en las letrinas privadas o públicas.

La basura, por su parte, se incineraba en enormes hogueras que servían para iluminar de noche las calles.

Agua

Aunque pocos los saben, Texcoco era de agua salada, por ello los mexicas debían hacerse de agua pura. Para ello construyeron diques que concentraban el agua de los ríos que alimentaban el gran lago.

Los mexicas construyeron dos grandes acueductos (cada uno tenía dos canales). Mientras uno de los canales estaba en operación el otro recibía mantenimiento; el agua de estos acueductos era sobre todo empleada para el meticuloso aseo de los mexicas, que era diario.

Los barrios

La ciudad se dividía primero en altépetl y luego en los famosos calpullis (barrios). Hubieron 4 principales calpullis: Cuepopan (al noroeste), Aztacalco (al noreste), Moyotla (al suroeste) y Zoquiapan (al sureste) y al norte el gran Tlatelolco (ciertos vestigios arqueológicos apuntan a que fue incluso más viejo que Tenochtitlán).

Cada calpulli tenía su zona de tierra cultivable (tierras comunales) donde todos compartían las cosechas y el trabajo, era, además, una manera de generar cohesión social entre los vecinos. Cada calpulli, además, tenía se escuela y mercado (tianguis) aunque el más grande y concurrido era el de Tlatelolco con hasta 40 mil asistente los días de fiesta y en día usual 20 mil, según reportes de Bernardino de Sahagún.

tenochtitlan ciudad

Agricultura urbana

Se cultivaba, tanto en tierra firme, como en las famosas chinampas (los cultivos flotantes). Las chinampas estaban sostenidas con pilotes; eran gruesas capas de tierra regadas con canales que llegaban a donde estaban colocadas.

Los fertilizantes los obtenían del excremento humano.

Otros sistemas de riego que idearon fueron presas (de madera, piedra o lodo) diques, y depósitos pluviales.

Era una ciudad que practicaba una fabulosa agricultura urbana; la misma urbe abastecía a sus habitantes, a diferencia de hoy, que los alimentos son producidos a gran escala en enormes campos devastados.

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Edificios

Como todo se hundía, desarrollaron un inteligente sistema de cimentación de los edificios. Estacas de 5 a 10 metros se colocaban debajo del área del edificio y se encajaban en la tierra más firme posible. Luego, un parte descubierta de la estaca, era cubierta con una mezcla de tezontle y cimentante. El tezontle proveía de una base al edificio bajo el principio de flotación; estos principios pueden observarse en la zona arqueológica del Templo Mayor.

 *Fuentes:

La civilización de Tenochtitlan.Historia de México, Rico Galindo, Rosario

*Imágenes: Principal) Tenochtitlán, mural de Diego Rivera; 2) Tenochtitlán, óleo de Luis Covarrubias.

Los curiosos personajes de Tenochtitlán

Tenochtitlán era una ciudad cosmopolita y no podía dejar de tener personajes extraordinarios que se paseaban por las calles y que atraían la curiosidad de la gente.

La Ciudad de Tenochtitlan era una ciudad cosmopolita. No en vano fue la capital de un gran imperio. A ella acudían personas de otras regiones, de lo que sería con el tiempo la República Mexicana, atraídas por la belleza de su entorno, los lagos, la ciudad y la maravilla del Templo Mayor, que resplandecía majestuosamente a la luz del sol. Siendo tan cosmopolita no podía dejar de tener personajes extraordinarios que se paseaban por las calles y que atraían la curiosidad de la gente. De muchos de ellos no han quedado huellas, pero de otros podemos tener la certeza de que existieron, como asentaron algunos cronistas hispanos de la época de la conquista.

Con algunos de los personajes de la Ciudad había que tener cuidado. Por ejemplo, podía ser que uno se encontrara con El Nahualli, quien de noche salía a espantar a los personas y sobre todo a chupar a los infantes. Personaje astuto, engañador y envidioso, del que se debía tener mucho cuidado, pues sus hechicerías eran capaces de producir la muerte, la enfermedad, o la mala suerte. Un nahualli podía convertirse en Tlacatecólotl, los hombres tecolotes, con poderes para dañar, pero también para hacer el bien a las personas si ese era su deseo. Pero que gustaba más de asustar a las personas por las noches. Alfredo López Austin afirma que: …el Tlacatecólotl recibe también los apelativos de teipitzani “el que sopla (maleficios) sobre la gente”; texoxani, “el que hechiza a la gente”, aunque también puede traducirse como El que envía granos a la gente”… Entre muchos otros nombres más.

También se podía uno topar con El Embaucador, cuya especialidad consistía en engañar a las personas con la labia de sus palabras, para conseguir lo que quisiera: dinero, una invitación, comida. Los embaucados quedaban lelos, como idos por un buen tiempo hasta que recobraban la razón.

Los Juglares eran personajes muy solicitados porque decían cosas humorísticas y simpáticas que hacían reír al auditorio que solía escucharlos divertido, bien en la calle bien en las casas de los señores. Manifestaban destreza con las palabras, por lo cual recibían “monedas”, cacao, o lo que los asistentes quisieran darles.

Los Aparecidos. Si por casualidad alguien llegaba a oír el Youaltepuztli, el Hacha Fantasma, podía estar seguro de que se trataba de una ilusión del dios Tezcatlipoca, que gustaba de espantar a los hombres que salían a caminar de noche. Los tenochcas afirmaban que oír al Hacha Fantasma, constituía un mal presagio. Si algún valiente se atrevía a ir a ver al espanto y lograba verlo, el Hacha se le aparecía como un hombre sin cabeza, con el cuello como si fuera un tronco y el pecho abierto como una puertecita que se cerraba y se abría. Si lograba agarrarle el corazón al Hombre sin Cabeza, podía pedirle algún favor o gracia que sería concedido por el espectro.

Los Tlacanexquimilli solían aparecerse por la noche. No tenían pies ni cabeza y rodaban por el suelo, a la vez que proferían tremendos gemidos. Los que los llegaban a ver sabían que pronto iban a morir, bien en la guerra, bien de alguna mala enfermedad. Eran ilusiones de Tezcatlipoca de las cuales había que huir. Algunos valientes, sobre todo los guerreros viejos, llegaban a atrapar a los Tlacanexquimilli, no los soltaba y luchaba con ellos, hasta que los aparecidos cansados de no poder desasirse le prometían al guerrero darle las suficientes espinas mágicas que le traerían gloria y fortuna.

Algunas veces la que se aparecía era una mujer enana llamada Cuitlapanton de largo pelo negro y andares de pato. El que la llegaba a ver sabía que pronto moriría o que le ocurriría alguna desgracia terrible. Nadie podía atraparla, porque era muy escurridiza y escapaba.

Otro aparecido era una Calavera de Muerto que salía por la noche a morder las pantorrillas de los desafortunados, quienes corrían despavoridos llevando por detrás al fantasma que se divertía muchísimo.

Los Acróbatas. Entre estos personajes destacados de Tenochtitlan se encontraba el que practicaba el Xocuahpatollin, “juego del madero con los pies”, el antipodista que realizaba malabares empleando las plantas de los pies. Un hombre se tendía en el suelo y levantaba los pies; en ellos se colocaba una viga de madera a la que movía con destreza haciéndola girar de mil maneras. A veces colocábanse dos personas en los extremos del madero a las cuales sostenía. El cronista Francisco López de Gomara dice el respecto: Jugadores que allí hay de pies, como aquí de manos, los cuales llevan en los pies un palo como especie de cuartón, rollizo, parejo y liso, que arrojan a lo alto y lo recogen, y le dan 2 mil vueltas en el aire tan bien y rápidamente, que apenas se ve cómo…

El Contorsionista hacía acrobacias con su cuerpo, adoptando las posturas más inverosímiles, para regocijo de quienes le veían. Tales posturas tenían sus nombres: el árbol cósmico, cuahuitl; la llama, tlepilli, donde se simbolizaba la unión de los tres planos del universo; el acróbata, tlatlamati; el puente, pantli; el arquero, minani; y el ocelote, océlotl. Solían ser antiguos guerreros que habíanse ejercitado el cuerpo, adoptando actitudes con connotaciones sagradas.

Los adivinos eran muy solicitados, empleaban los granos de maíz para llevar a cabo sus pronósticos. Las personas enfermas deseaban saber si sanarían, y otras deseaban encontrar cosas que hubiesen perdido. Los adivinos echaban las semillas sobre una tablilla ayudándose de una concha; unos empleaban veinte granos, mientras que a otros les gustaba emplear también frijoles. El Códice Tudela anota al respecto: unos granos de maíz y frijoles, y que si los primeros al caer en medio un vacuo [vacío] a manera de campo, de tal modo que estuvieran alrededor, era señal que le iban a enterrar [al enfermo], si los granos de maíz se apartaban la mitad a una parte y la mitad a otra, para que pudiese hacerse una raya derecha de por medio, sin tocar a ningún grano, era señal que la enfermedad se había apartado del enfermo y sanar. Otra manera de adivinar consistía en que el adivinador llenaba un cajete de color azulado con agua, luego ponía siete semillas de maíz cortada la punta con los dientes. Decía conjuros y agitaba el recipiente. Si el maíz se iba al fondo del cajete era señal inequívoca de que el enfermo se pondría sano; pero, si el maíz flotaba en el agua, quería decir que moriría. Los adivinos más conocidos eran El Tlachixqui, “el que mira las cosas” y El Tlaolxiniani “el que desbarata los granos de maíz”.

Otros personajes destacados en la vida cotidiana de los mexicas fueron los Temiquiximalli, que eran adivinos que interpretaban los sueños, y los Temicnamictiani, también intérpretes de los sueños, muy solicitados por los nobles señores. Estos personajes acudían a sus casas portando sus libros llamados Temicámatl. A través de la interpretación de los sueños se podían curar algunas enfermedades y saber el destino que tendría el consultante, más otras respuestas que requiriese saber.

Entre los adivinos se encontraban las mujeres que predecían calamidades, enfermedades y toda clase de calamidades o cosas faustas, por medio de unas conchas llamadas ticicáxitl, “cajetes de curandera”; asimismo, estaban los Mecatlapouhqui, que como su nombre lo indica llevaban a cabo la adivinación por medio de mecates que amarraban y jalaban, si los cordeles se desataban, el enfermo sanaría, pero sino no se desataban, el enfermo moriría irremediablemente.

Los ilusionistas iban por la calles a fin de encontrar casas de nobles señores que los solicitaran para su entretenimiento. Entre ellos estaba el ilusionista que echaba granos de maíz en su mano y éstos empezaban a abrir hasta que se convertían en “palomitas”; es decir en granos tostados que se abrían como copos de algodón. Otro ilusionista a un movimiento de su manto hacía que las personas vieran que su casa se estaba quemando, pero todo se debía a una mera ilusión. El Volteador de Agua entraba a la casa de los señores para mostrar sus habilidades que consistían en poner en una cazuela ancha agua hasta el borde. Ya llena la cazuela le imprimía movimiento y le daban vueltas… sin que el agua se cayese! Por su parte, El Destrozador se cortaba las manos y los pies por las articulaciones, y las dejaba aparte; colocaba sobres las piezas una manta de color rojo, poco después la levantaba y las manos y los pies mágicamente, regresaban a su sitio. Obviamente contaba con un ayudante.

Las prostitutas, las Ahuianime, quienes para vender su cuerpo, se colocaban en las encrucijadas de los caminos, en el mercado y en el Cuicacalli, la Casa del Canto, y ofrecían un cajete al futuro cliente, que contenía carne de mazacóatl (especie de caracoles), que se creía para provocaba una lujuria desbordante en el solicitante. Fray Bernardino de Sahagún en su obra Historia general de las cosas de Nueva España, nos dice que las mujeres públicas vendían sus cuerpos desde que eran jóvenes hasta que eran viejas. Que eran desvergonzadas, borrachas, sucias, habladoras, y viciosas durante el acto carnal; que se arreglaban mucho y se untaban axin en el rostro para que brillara. Dice el buen fraile que acostumbraban teñirse los dientes de color rojo, dejarse el cabello suelto para verse más bellas o trenzárselo en forma de cornezuelos sobre la mollera; además, se impregnaban de olores exquisitos y masticaban chicle, sonoramente, como si fueran castañuelas, a fin de mantener los dientes limpios y sin olores molestos. (Cfr. Las Ahuianime, Komoni.)

Un personaje muy singular lo fue El titiritero, quien acostumbraba a entrar a los patios de las casas de los nobles señores y del tlatoani, para exhibir sus habilidades. De su morral sacaba títeres articulados de barro que hacia danzar y ejecutar movimientos. Eran pequeños y estaban ataviados de hombres con su capa y su maxtlatl, o mujeres que lucían enaguas y huipiles, a la manera de las divinidades, ya que los muñecos representaban dioses. Cuando terminaban de hacer su acto, con suma habilidad, el titiritero los volvía a meter a su morral. Se le conocía con el nombre de El que hace Saltar a los Dioses.

El Disfrazado era un hombre que solía ponerse los atavíos de algún dios, y salía a las calles vestido de tal guisa. Lo acompaña un muchacho que lo iba guiando. Caminaba con orgullo por las calles, y las personas le obsequiaban comida, bebida y ropa. Lo respetaban mucho, y los enfermos que llegaban a verlo, podían sanar por este solo hecho.

Finalmente, mencionemos a El que Hace Vivir la Serpiente. Este hombre acudía a la casa de quien lo solicitaba porque había sido víctima de robo. Al entrar en la casa pedía a los que en ella habitaban que se tendiesen en el suelo. Entonces, destapaba una cazuela de donde salía una víbora enhiesta; miraba para todos lados, observaba a los acostados, y luego de haber efectuado su revisión, la serpiente optaba por subirse al cuerpo de una de las personas a la que consideraba el ladrón. El elegido confesaba ser el culpable y devolvía lo robado.

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Sonia Iglesias
Autor: Sonia Iglesias
La antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera nació en la Ciudad de México. Por más de treinta años se dedicó a la investigación de las tradiciones y el folklore de México en la Dirección General de Culturas Populares. Actualmente sigue investigando y publica artículos en diferentes sitios web.