El paraíso es rosa y dura solo una noche: fotografías de lujosos atuendos de quinceañeras

Muchas chicas mexicanas y latinoamericanas esperan con ansias el día de portar el exuberante vestido que celebra su recién adquirida adultez.

Después de los aplausos, los vals y casi 100,000 pesos gastados, dicen las quinceañeras que sus ilusiones fueron cumplidas. Y es que uno de los rituales de paso a la edad adulta en México y otros países de América Latina, se trata, en pocas palabras, de hacer realidad un sueño. Este sueño no es, sin embargo, una aspiración personal, sino cultural. La fiesta de quince años es el regalo que se le promete a muchas niñas desde que son pequeñas y estas no dudarán en ensamblar un paraíso de una noche.

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No olvidemos los icónicos quinces de Rubí. Imagen: AFP/Ronaldo Schmeidt

La fiesta que, sin duda, tiene un vínculo con la sexualidad femenina, representa “el paso de ser niña a mujer”. El evento es un despliegue de una feminidad rosa, en todo su esplendor. Así, desde la extravagante decoración y hasta el exuberante traje casi barroco que porta la festejada, la fiesta de quince años es un acontecimiento memorable que sorprende a otras culturas.

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AFP/ronaldo Schmeidt

Todo gira en torno al vals. Por ello las quinceañeras se preparan con varios meses de antelación para hacer gala –frente a todos sus conocidos– de su recién adquirida adultez, compartiendo unos pasos con “el chambelan”. Este es un joven que ya tiene permiso de los padres para tomar a la chica de la cintura y bailar. Aún así, estos significados ligados a la grandilocuente celebración –en donde los 100,000 pesos se van en iluminación, DJ, banda, comida y bebida para los asistentes y por supuesto el vestido–, no están limpios de críticas y cuestionamientos más postmodernos.

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Quinceañera siendo maquillada. AFP/Ronaldo Schmeidt

Y aunque toda mujer tiene la responsabilidad de cuestionar la feminidad que ella misma se ha narrado; sin duda todas las quinceañeras que protagonizan nuestra galería son preciosas chicas que, como cualquier otra persona, continúan construyendo los parámetros de su propia identidad.

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Foto: AFP/Rolando Schmeidt
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La fiesta de quince es tan importante para estas chicas latinas que en Los Ángeles su casa hogar les organizó una con todos los elementos importantes. Imagen: Araceli Martínez/La Opinión.
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Imagen: thisisrocio.com
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Aquí las chicas sostienen una muñeca: la última que se les regalará, pues ya no son niñas. Imagen: Araceli Martínez/La Opinión.

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AFP/Rolando Schmeidt
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AFP/Rolando Schmeidt
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AFP/Rolando Schmeidt
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Araceli Martínez/La Opinión
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De pilón, un poco más de baile. Imagen: AFP/ ronaldo Schmeidt.

 

13 raros y cómicos exvotos de la devoción popular (FOTOS)

La ironía del mexicano se manifiesta exquisitamente en estos exvotos.

Está comprobado que ser agradecido promueve enormemente la felicidad y sentido de la vida. México ha sido siempre un país muy religioso, y entre sus expresiones místicas el agradecimiento ha sido uno fundamental.

Desde época prehispánica miles acudían al cerro de Tepeyac a agradecer a Tonantzin (Nuestra Madre). Hoy millones continúan haciendo peregrinaciones, mucho para pedir favores, aunque en gran parte para agradecer por lo recibido.

Luego de la conquista, con la religión católica adoptada, los exvotos en las iglesias fueron convirtiéndose en una de las manifestaciones de gratitud más comunes, y sin intención de por medio, una de las maneras de arte popular más naïf y sincero.

El proyecto Autopsia de la Psique realizó una increíble selección de ex votos que forman parte del acervo de la Basílica de Guadalupe; esta iglesia es la única que lleva un total control y documentación de sus exvotos (con al menos 1,300, fotografiados y guardados).

La ironía del mexicano, naturalmente, se expresa en esta forma de arte y quizá de la manera más honesta, puesto que en estos se habla hacia lo divino, sin tapujos; desde la idiosincrasia más pura.

 

¡Cae un ídolo al vacío: retan al señor de Tepoztlán!

A lo largo de la historia del hombre, muchos pueblos, muchos individuos, han sido forzados a adoptar creencias ajenas mediante actos de violencia.

 

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I

El pueblo de Tepoztlán, demarcación del estado de Morelos, abrazado por la sierra volcánica del Chichinautzin, en el centro de México, fija y celebra su identidad en referencia a un acontecimiento mítico singular, en la víspera de cada 8 de septiembre, cuando se conmemora la natividad de la virgen María, patrona de la localidad.

Sus pobladores, los tepoztecos, se distinguen en el medio nacional por su apego a las tradiciones –algunas muy antiguas–, cuya memoria mantienen viva año tras año, mediante una activa participación social que cubre un extenso calendario de efemérides culturales.

Tales prácticas dan cohesión a la colectividad y afirman su recia identidad.

Entre las celebraciones destaca la que recuerda el reto que enfrentaría el personaje singular que representa al Pueblo. 

Dice el mito que el héroe y semidios Tepozteco habría nacido del contacto de un ave con una doncella en la barranca que da cauce al arroyo de Atongo, justo en el paraje de Axitla.

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Narra la leyenda que los padres de dicha doncella quisieron de varias maneras, siempre infructuosas, deshacerse de la criatura, por considerarla ilegítima; para ello, la arrojaron a un hormiguero, cuyas moradoras, lejos de picarla y devorarla la habrían alimentado; luego, la abandonaron en un magueyal, con el efecto de que las plantas doblaron hacia su boca las puntas para suministrarle aguamiel;  finalmente, la echarían al río dentro de una cesta.

Prosigue el relato diciendo que una pareja de ancianos adoptó a Tepozteco y que este le habría retribuido sus cuidados cuando decidió acudir en vez del padre adoptivo a enfrentar a una terrible sierpe, en Xochicalco, la cual reclamaba el sacrificio periódico de los viejos, a los cuales tragaba.

Tepozteco se proveyó en el camino de lascas de obsidiana (aiztli) y, llegado el momento, encaró a la fiera, la cual, como era predecible, lo zampó. Desde el interior, el héroe destrozó las entrañas de Mazacoatl –tal era el apelativo del monstruo– con las esquirlas de la piedra obscura y emergió de entre ellas ileso.

El personaje, victorioso, se dirigió hacia la ciudad rival de Cuernavaca, cuyo señor festejaba; al ver su estado tan sucio y menesteroso, los guardias le habrían negado el acceso a la fiesta; Tepozteco invocó a Ehécatl, dios del viento, de quien obtuvo una elegante indumentaria, gracias a la cual le franquearon el paso y le ofrecieron néctares y viandas. Tepozteco untó sus ropas con tales vituallas diciendo que, puesto que antes se las habían negado a su persona, era su ropaje el que lo merecía, y no él.

En el curso del ágape y nuevamente con el auxilio del Viento, se habría producido una gran polvareda, ocasión que Tepozteco  aprovechó para hacerse de un vistoso teponaztle  y huyó con él rumbo a sus lares en Tepoztlán.

El señor de Cuernavaca y sus hombres lo persiguieron para hacerle pagar por su afrenta; cercenaron en su búsqueda el cerro del Viento (de ahí se crearían los llamados Corredores del Aire), pero Tepozteco logró escabullirse, encumbrarse y así burlarlos.

Tales hazañas le merecerían convertirse en Señor de Tepoztlán y sacerdote del dios Ometochtli (dos conejo), deidad asociada al pulque ritual.

II

Tepozteco, o alguno de sus sucesores dinásticos, enseñoreaba Tepoztlán a la llegada de los españoles. Se dice que, en 1538, Fray Domingo de la Anunciación, de la orden dominica, cofradía tolerante con los abusos del poder civil, a diferencia de sus predecesores franciscanos, desafió a Tepozteco a probar la verdad de su religión arrojando desde lo alto del cerro que aloja al templo la efigie de su dios Ometochtli, un monolito. Si este se quebraba, el señor del lugar se convertiría a la fe cristiana.

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Como era de suponerse, no superó tal prueba la piedra del Conejo.

Tepozteco fue bautizado de acuerdo con la religión católica, abjurando de sus creencias politeístas ancestrales. 

Al conocer la apostasía de Tepozteco, los señores de Cuernavaca, Tlayacapan, Oaxtepec y Yautepec, deciden enfrentarlo y hacerle pagar por su traición. Para ello, arriban subrepticiamente a Tepoztlán y lo encaran. Tepozteco les recrimina su desconfianza y les recuerda que él domina cuatro cerros, siete barrancas y siete cuevas, significando con tales datos que Tepoztlán no era cualquiera, sino un lugar sagrado, e insinuando que su decisión de convertirse buscaba preservar el santuario y mantener la integridad de su gente.

El discurso convence a los opositores, quienes expresan su arrepentimiento y se aprestan a abrazar ellos mismos la religión católica.

A este episodio se le conoce en Tepoztlán como “El reto al Tepozteco”, y a él dedican sus pobladores la fiesta principal del año: por la tarde del 7 de septiembre ascienden al templo que corona el cerro del Tepozteco; allí velan y realizan plegarias y ofrendas para de ahí descender posteriormente, representar el bautizo de Tepozteco y marchar en procesión hacia la Plaza Cívica, en la cual se reproduce el diálogo que habrían sostenido los cinco señores regionales antes de adoptar la nueva fe, persuadidos por el parlamento de Tepozteco.

III

Todo bien hasta aquí, salvo que los tepoztecos han dado siempre ejemplo de rebeldía y son más bien, según parece, un pueblo indómito que no acepta imposiciones.

¿Por qué, entonces, renegar de sus antiguos ideales e incluso convencer a sus vecinos de imitarles?

Decía arriba que los dominicos, a diferencia de los franciscanos, carecieron de empatía respecto de los indios y prefirieron asociarse con el poder político en contra de ellos, en sus afanes de dominación. Dado este hecho, debiera quizá preguntarse cuáles fueron las condiciones que habría impuesto o las prerrogativas que habría ofrecido la Orden al señor de Tepoztlán, para que este se allanara. Al cabo de la cuarta década del XVI, el dominio español en el centro de México y, en general, sobre todos los pueblos de lo que ahora es este país, con excepción de los grupos nómades, era abrumador: la suerte estaba echada. No había duda acerca de quiénes eran los vencedores y quiénes los vencidos pero, ¿convencidos?

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La decisión de Tepozteco ¿habría correspondido a un pacto del que nada sabemos pero podemos deducir, en el sentido de mantener la vida y acaso las propiedades de los lugareños, a cambio de adorar a los mismos dioses de siempre aunque ahora en templos cristianos?

La idea de la apuesta para explicar la conversión, ¿sería un modo de trivializarla? Una apuesta es, finalmente, un juego de azar.

¿O tal vez implicaba dejar la decisión justamente a los dioses?

A lo largo de la historia del hombre muchos pueblos, muchos individuos, han sido forzados a adoptar creencias ajenas mediante actos de violencia. El resultado ha sido diverso y un tanto enigmático: sincretismos, amalgamas, asimilaciones, yuxtaposiciones, exterminaciones, resentimientos y venganzas latentes…

La celebración del Tepozteco pervive y pronto tendrá lugar otra vez: ningún momento más propicio para preguntarse críticamente si la visión de los vencidos no es una visión ajena e impuesta y, en su caso, elaborar una propia que recupere la memoria ancestral y afirme verdaderamente la esencia y el destino de la colectividad. 

P.s.: Agradezco a mi querida amiga Olivia Martínez, celosa custodia del patrimonio y de las tradiciones locales, por su información y su invariable estímulo. A través de ella, expreso mi gratitud también a Jaime Reséndiz: son valiosos su contexto y su interpretación del parlamento del Tepozteco ante Cuernavaca y sus aliados.

 

*Imágenes:1) bestwestern.com.mx; 2)cultura.morelos.gob.mx; 3)Grabado de Francisco Moreno Capdevila

 

Javier Barros Valero
Autor: Javier Barros Valero
Politólogo y administrador. Sus campos de trabajo son la educación, la cultura y la diplomacia. Le gusta la música y andar por los cerros.

Fe y testosterona: la fiesta de la Santa Cruz (VIDEO Y FOTOS)

Cada año una monumental cruz es descendida del cerro de Xochitepec en Santa Cruz Xochitepec. Con la fe como aliciente decenas de hombres hacen este improbable trabajo.

Don Braulio cayó por la pendiente obteniendo como resultado una cortadura en la pantorrilla que le sangró abundantemente. Y sin embargo, tuvo mejor suerte que Joaquín, quien resbaló cuesta abajo entre las rocas y terminó con dos costillas rotas…  Estas escenas; raspones, golpes y eventualmente uno que otro hueso fracturado son el típico resultado de las celebraciones de la Santa Cruz que se realizan en la comunidad de Santa Cruz Xochitepec, en la delegación Xochimilco, al sur de la Ciudad de México.

¿Qué sucede en esta celebración que da como resultado escenas dignas de una sala de urgencias?  En el extremo poniente de esta comunidad se encuentra el cerro de Xochitepec (Cerro de las flores) y en él, año con año, se lleva a cabo la celebración de la Santa Cruz durante la cual, una cruz monumental, realizada en madera de encino, con ocho metros de altura y una tonelada de peso, es transportada sobre las hombros de cerca de cincuenta hombres a través del agreste terreno del bosque. 

Es en estas condiciones; a veces bajo lluvia torrencial o en la semi oscuridad de la noche, que estos hombres se desplazan por una larga pendiente que en ciertos puntos llega a alcanzar cuarenta y cinco grados de inclinación.

Este auténtico vía crucis es físico y espiritual. Cuando el músculo se agota por el esfuerzo realizado, entra la fe a dar lo necesario para completar el trabajo: “es nuestro deber” señala Agustín; uno de los hombres que carga a la cruz, “la Santa Cruz nos protege. Así es como le pagamos”.

Contemplar este auténtico torrente humano que se desliza por las laderas de la montaña con su pesada carga a cuestas, inevitablemente trae a la mente las notables construcciones de la antigüedad, en donde grandes volúmenes de materiales tales como rocas y troncos eran transportados por cientos de hombres para la edificación de monumentos y edificios, utilizando tan solo rudimentarias cuerdas y poco sofisticados sistemas de palancas y poleas… Así, en Xochitepec, la pesada faena se realiza de la siguiente manera: los hombres más robustos soportarán el peso de la cruz directamente y a fuerza de brazos y piernas. Lo que les motiva es la fe… Pero lo que les da energía son las rodajas de naranjas frescas que son repartidas entre ellos en cada descanso, junto con el agua y los tragos de refresco con tequila. Todo esto en medio de cantos religiosos, vítores, porras y canciones de mariachis.

Por otra parte, los hombres más delgados, los adolescentes e incluso algunos niños, participan en la tarea tirando de la cruz con cuerdas, ya sea para ayudar a soportar el peso o para guiar !cual timoneles¡ a la cruz que “flota” sobre el torrente de espaldas hasta llegar a su destino: la iglesia de la comunidad.

Así, las celebraciones de la Santa Cruz continuarán en el poblado durante varios días con la participación de todos los habitantes; sin embargo, en lo que se refiere al acarreo de Cruz, esta es una tarea que por tradición (y quizá derivada del propio esfuerzo físico que requiere) es realizada exclusivamente por hombres.   

En otros pueblos de Xochimilco se realizan celebraciones semejantes y en algunas de esas comunidades se transportan cruces de dimensiones mucho más modestas que son  acarreadas por mujeres a través de terrenos más accesibles y en distancias mucho mas cortas… Pero en Xochitepec, por lo menos en lo que al transporte de la Cruz se refiere, esta celebración es exclusivamente “cosa de hombres”.

Eduardo Bonilla
Autor: Eduardo Bonilla
Diseñador gráfico de profesión. Apasionado de la historia del arte y la arqueología. Se desempeñó en la publicidad por casi 10 años y actualmente es productor independiente de video. Se considera a sí mismo como un “viajero poco tradicional”. Ha sido conductor de series del canal History y colaborador en Discovery Channel.