Phillip Glass y los músicos wixárikas: música que hace crecer flores en el desierto

El álbum Concert of the Sixth Sun es una colaboración entre el compositor Philip Glass y los músicos huicholes Daniel Medina de la Rosa y Roberto Carrillo.

“Flores y cantos”, decían los antiguos mexicanos para referirse a la cara sensible y estética del Universo, a esa que abre el corazón. Y precisamente flores y cantos es lo que nos da Concert of the Sixth Sun (2013), el álbum epifánico, que resultó de la colaboración entre Phillip Glass y los músicos wixárikas Daniel Medina de la Rosa y Roberto Carrillo.

Un encuentro, quizá improbable, es esta vez la fuente de esa música. Uno de los más inquietos compositores de la última mitad de siglo, cuyo paso quedará impreso en la la memoria creativa de la humanidad, siguió el camino hasta el territorio sagrado de Wirikuta. Ahí Glass se encuentra con una explosiva mezcla de arte y espiritualidad, y de la música que germina justo en medio; con músicos para quienes hacer música es “soñar música”, y que a través de ella le hablan a los viejos espíritus y las fuerzas naturales.   

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Este linaje musical wixárika se le aparece a Phillip Glass bajo el cuerpo de dos notables músicos: el violinista y cantor, Medina de la Rosa, y el guitarrista Carrillo. A partir de este acercamiento, que con el tiempo tomaría la forma de una intimidad creativa transcultural –y el forjamiento de una amistad–, se consuma una colaboración que ya lleva más de seis años.

Cabe mencionar que antes de coronar su colaboración, Phillip Glass vivió una suerte de iniciación wixárika: pasó una noche en vela “conversando con el fuego” (tatewari), y manteniéndolo vivo.  

Las cuatro piezas de Concert of the Sixth Sun (2013) son, sin duda, alimento para uno; sonidos que mueven, con amorosa gentileza, el punto de encaje. Y, por suerte para todos, Glass y Daniel ya preparan un siguiente álbum, ahora acompañados del también violinista y cantor, Erasmo medina.

Hay música que nos irriga con un algo radiante, que hace crecer flores en el desierto y nos recuerda que esas flores son las estrellas –y que nosotros estamos hechos de ellas–. Hay música que con algo nos nutre, que hace vibrar el pecho, y de ahí pasa al resto –y nos dice que también somos el resto–.

* Aquí puedes adquirir el disco, considerando que todas las ganancias van para Daniel, Roberto y su comunidad, decídelo después de escucharlo y atender lo que, asumo, provocará en ti.  

 

Concert of the Sixth Sun (2013) / Phillip Glass, Daniel Medina de la Rosa y Roberto Carrillo

1. Deer Flowers 10:53
2. Wise Man 10:44
3. Hikuri 9:46
4. Falling Rocks 7:55

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Huicholes: Los últimos Guardianes del Peyote (un documental tan hermoso como necesario)

Acompaña a los huicholes en su peregrinación a la tierra sagrada de Wirikuta, y en su lugar por proteger este territorio.

Huicholes: Los últimos Guardianes del Peyote es un documental tan fascinante como necesario. Fascinante por que nos permite adentrarnos en el corazón de uno de los grupos indígenas más queridos de México: los wixárika (mal llamados huicholes); nos sumerge en su cosmovisión, sus rituales y su colorida filosofía. Necesario, por que el lugar sagrado de este este grupo, Wirikuta, se ha visto amenazado desde hace unos años y a todos los mexicanos corresponde defender este territorio invaluable.

Fue en 2010 cuando se otorgaron concesiones a mineras canadienses para explorar y explotar la región. Desde entonces la comunidad wixárika y ciertos actores de la sociedad civil, comenzaron una lucha en defensa de Wirikuta, misma que se mantiene hasta la fecha y que, por ahora, ha logrado frenar la amenaza.

 
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Precisamente la historia de esta lucha, con todos los ingredientes que oscilan alrededor de ella, es la que se registra en Huicholes: Los últimos Guardianes del Peyote (2014). Desde su estreno, este documental ha obtenido reconocimientos internacionales y circulado alrededor del mundo; se trata de una oportunidad para acompañar a los huicholes a su peregrinación anual al territorio sagrado de Wirikuta, pero esta vez no solo para honrar su tradición espiritual, también para invocar ante sus deidades la petición de proteger estas tierras.

Una historia urgente acerca del Pueblo Wixárika, una de las últimas culturas pre-hispánicas vivas en Latinoamérica, y su lucha ante el gobierno mexicano y corporaciones transnacionales mineras para preservar Wirikuta, su territorio más sagrado, donde crece el peyote, la medicina ancestral que mantiene vivo el conocimiento de este pueblo emblemático de México.

Si estás en América Latina puedes ver gratis enlínea el documental completo (en este enlace) y si te encuentras en otro lugar puedes rentarlo, por $4 dólares, aquí (en este enlace).

Título: Huicholes: Los últimos Guardianes del Peyote (2014)

Protagonistas: Familia Ramírez

Director: Guionista: Hernán Vilchez

Productora: Paola Stefani

País: México – Argentina

Sitio oficial: HuicholesFilm.com

Conoce la increíble leyenda huichola del venado azul

Para entender la cosmovisión wixárika es fundamental conocer el valor sagrado entre el venado y el peyote.

La relación del pueblo wixárika (huichol) con el venado es muy profunda y antigua. Para ellos el venado es fuente de prosperidad (muy asociado con el peyote) todo ello se comprende al conocer su leyenda sobre el venado azul. De esta mitología emerge su adoración por el peyote y su agradecimiento a este generoso ciervo, cuyo espíritu salvó a este pueblo a través de esta planta sagrada.

Los ancianos nos contaban que hace mucho, mucho tiempo, en la Sierra Huichol los abuelos se reunieron para discutir sobre su situación. La gente se encontraba enferma, no había ni agua ni comida, no llovía y la tierra estaba seca. Ellos decidieron entonces, enviar a cuatro jóvenes de cacería, con la tarea de encontrar alimentos y llevarlos a la comunidad para compartirlos, no importando lo poco o mucho que obtuvieran cazando. Cada uno de los jóvenes representaría un elemento: fuego, agua, aire y tierra.

La mañana siguiente, los jóvenes comenzaron la jornada, cada uno cargando su arco y flechas. Caminaron durante días hasta que, una tarde, saltó detrás de unos arbustos, un venado grande y gordo. Los jóvenes se encontraban exhaustos y hambrientos pero, cuando vieron al venado, se olvidaron de todo y comenzaron a correr tras de él, sin perderlo de vista. El venado miró a los jóvenes y sintió compasión por ellos. Los dejó descansar una noche y, el siguiente día los incitó para que continuaran la persecución.

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Pasaron muchas semanas antes de llegar a Wirikuta (en el desierto de San Luis, camino sagrado de los Huicholes). Cuando los, jóvenes se encontraban en el camino de la colina, cerca del cerro de las Narices, vieron al venado saltar en dirección al lugar donde habita el espíritu de la tierra. Juraban que habían visto al venado correr en esa dirección, y trataron de encontrarlo sin éxito. De repente uno de los jóvenes disparó una flecha que cayó dentro de la figura de un venado, formada por las plantas de peyote que había en la tierra que, con el sol, brillaban como lo hacen las esmeraldas, mirando hacia una sola dirección.

Los jóvenes se encontraban confundidos por lo que había pasado, pero decidieron cortar las plantas formado la figura del Marratutuyari (venado) para llevarlas al pueblo. Después de caminar durante varios días, llegaron a la montaña Huichola, donde todos les estaban esperando. Dirigiéndose inmediatamente a los ancianos, les contaron su experiencia. Los ancianos comenzaron a repartir el peyote entre la población y, después de un tiempo, y no sintieron más hambre o sed.

Desde entonces, los huicholes adoran al peyote que, al mismo tiempo es venado y maíz, su espíritu guía. Así que, cada año desde entonces, continuan peregrinando, manteniendo la ruta viva desde la sierra Huichola hasta Wirikuta, para pedirle a Dios lluvia, comida y salud para su gente.

 

*Fuente: yoamocheran.wordpress.com

Wixarika Project: cantos chamánicos huicholes preciosamente musicalizados (VIDEO)

Esta iniciativa musical del mexicano Murcof canaliza con alta fidelidad el misticismo sonoro de los wixarikas y honra, con elegancia, su tradición musical.

De entre las decenas de grupos indígenas que engalanan la identidad cultural de México, los wixárikas (común e imprecisamente conocidos como huicholes) son, sin duda, de los predilectos del imaginario. Esto se debe tal vez a la viveza de  su misticismo, proyectado en su tierra sagrada, Wirikuta, sus portales entre mundos o nierikas, y a su asociación ritual con el hikuri o peyote. Otras razones son, seguramente, su arte –inmerso este en praderas de geometría y color–, su música tradicional, que ha fascinado a millones, entre ellos a músicos como Phillip Glass, y en general a una cosmogonía que nos remite al carácter ubicuo de lo sagrado. 

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Aunque muchos lo ignoran, uno de los más refinados compositores de la escena electrónica mundial es mexicano, riendo de Ensenada, y se llama Fernando Corona (mejor conocido como Murcof). Su excitante exploración sonora le ha llevado a materializar obras memorables. Y fue en 2011 cuando Murcof reunió a un par de brillantes músicos franceses, Erik Truffaz y Dominique Mahut, al maraakame Don José Luis Ramírez y a su hijo, músico, Enrique Ramírez, para presentar junto con su amigo y músico tijuanense, Edgar Amor, Wixarika Project.

Se trata, en palabras del propio Murcof, de “una aventura musical profundamente inspirada en la música huichola tradicional”. Originalmente el proyecto responde a una solicitud del Festival Grenoble, de Francia, en donde fue presentada la obra. Sin embargo, Wixarika Project también ha sido compartido en otros festivales y al parecer podría incluir futuros desdoblamientos. 

Por lo pronto el resultado de esta amalgama de fuerzas creativas y espirituales ha sido sublime: atmósferas orgánicas, casi hipnóticas y relajantes, sirven de lienzo idóneo para que Truffaz (con quien, por cierto, Murcof co-creó el álbum Mexico), imprima el sonido de su trompeta y Mahut el de sus percusiones.

Llama la atención el ánimo trascendental de la pieza, la cual invita sutil pero frontalmente a experimentar sensaciones o, mejor dicho, estados, que van más allá de la individualidad y se funden con ese “algo” que es más grande que cualquiera. Y es justo este proceso el que parecen avalar los cantos chamánicos de Don José Luis Ramírez, cuya gentileza penetra hasta lo más hondo, afianzando, incluso trascendiendo, la experiencia sonora.



Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.