19S: el día que “glitcheó” mi subjetividad (CRÓNICA)

Si México fuera “uno solo” no aguantaríamos nada. Son nuestros quiebres los que nos hacen resilientes.

Con cariño para las chicas de LCD y Sandra, Marén, Yolanda, Andrea, Ian y Javier

Por comprenderme.

Glitch: un quiebre y/o una disrupción en el flujo esperado de un sistema.

Nick Briz

“Únicamente quien supiera contemplar su propio pasado como un producto de la coacción y la necesidad, sería capaz de sacarle para sí el mayor provecho en cualquier situación presente. Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”.

Walter Benjamin, Dirección única, 1928


La muerte nos va a agarrar parejo. Por eso en secreto la llamaré “la democrática”, la horizontal, la incluyente. Lo que plantea su materialidad  no discrimina, como invariablemente hacemos nosotros, los sujetos.

El 19 de septiembre de 2017 llegué tarde a la oficina en la Condesa, CDMX. Estaba decidiendome entre escribir una nota sobre Alberto Kalach y una sobre maíz transgénico, cuando de pronto, a pesar del simulacro, de la efeméride y de todo pronóstico sobre lo poco poéticas que son nuestras vidas, empezó a temblar. Lo sentí inmediatamente, como un jalón que, específicamente se enganchó a mi corazón. Este, haciendo lo posible por no frenarse, dio un vuelco y luego otro. Mi mirada buscó la de la chica que estaba escribiendo junto a mí: corre. Una confirmación extraña y después los gritos, anunciando a todos, que paradójicamente, había que abandonar la casa: estaba temblando.

No era como otras veces. La intensidad, la tierra haciendo resonar sus benditas entrañas lacustres, nunca había conocido esa sensación. Pero fue en ese instante, cuando miré hacia arriba y los cables en el cielo dejaron de formar patrones cuadrados y se transformaron en ondas intensas, imparables —como olas de la costa de Oaxaca—  que comprendí que algo en mí estaba quebrándose para siempre.

 
 
 
 
 
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Mi cuerpo quería desparramarse, fracturarse. El enfrentamiento con La Democrática, que siempre había esperado —como supongo que hace casi cualquier mexicano, desde que empezó la guerra contra el narco— no se anunció, no me alertó y en ese aparecer espontáneo me hizo hincarme. “Párate, no puedes estar en el piso”, que, por cierto, estaba rompiéndose, también, como yo. El abrazo de la otra redactora me contuvo y su rostro, implorando mi calma que, francamente, nunca llegó. Pero me levanté, a tiempo para ver caer pedazos enteros del edificio de enfrente, sobre todo ese grande que cayó sobre un perrito o gatito negro, cuyo torso terminó aplastado y funcionó, para mí, como evidencia suficiente de que el mundo que conocía había terminado.

“Mi hermana”, murmuré y luego grité múltiples veces, desnudando mi propia estructura y anunciando que, en efecto, solo quería confirmación de que mi hermana estaba bien. Los momentos que siguen son confusos, el gas inundó las calles y un par de ventanas estallaron. Corre. De nuevo. Corre. Cientos de sujetos corriendo sin rumbo, solo para encontrarse con otros cientos. El control: lo perdí. Fue inmediato. Perdí el control. Pasaba de la ansiedad, de la risa, a los gritos, al llanto incontenible. Perdí el control: mi estructura se evidenció de tal manera, con tanta transparencia, que desaparecí.

Confirmé rápidamente el bienestar de mi hermana y de tantos otros queridos. Por el momento, las cosas estaban estables. Ironía. La calle era un caos y la noticia repentina de que el epicentro había sido en Morelos me cayó terrible, soy de allá y mi casa allá está, con mi mamá y otra hermana. Y mis amigos de antes. Y los cerros. Y las cosas que conozco.

Mi papá me compartió un mensaje que dejó más en claro el panorama: la lista de edificios que, hasta el momento, habían sido registrados como colapsados. Escuelas, primarias, multifamiliares completos. Muchos cerca de mi casa.

Una buena amiga me recogió y realizamos una travesía inmensa desde la Condesa, hasta la Alberca Olímpica.

Algunos episodios notables:

  1. Insurgentes, abarrotada de seres humanos, anticipando que los próximos días, las calles iban a pertenecer a los peatones y no a los coches.
  2. La farmacia, donde compré sueros a 30 pesos (“Lucrando con el temblor”, le dije cínicamente a la tendera) y un par de cajas de ketorolaco, estaba prácticamente vacía; delatando a mi ser paranoico que probablemente habría escasez, pero estaba equivocada, en los días que siguieron, no faltó nada.
  3. Una mujer vendiendo plátanos, hizo eco en lo que restaba de humanidad en mí y compré un par de kilos que cargué psicoticamente hasta la casa y terminé regalando a brigadistas.
  4. Una señora de 90 años en silla de ruedas, y su cuidadora de más de 60, que me llevé conmigo y mi amiga, y los plátanos, en una escena que me recuerda (y no sé bien por qué) a El Viaje de Chihiro.
  5. Los de la marina corriendo formados, cargando picos y la visión lejana del primer edificio colapsado que presencie en la vida.

Llegar al departamento no fue agradable. Mi pésima reacción había marcado una distancia seria entre mi subjetividad y las de los demás. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. De ahí en adelante se hizo mucho: además de ayudar a controlar el tráfico en una ciudad sin semáforos, no dormir por 6 días, ayudar en los acopios, cargar, perseguir derrumbes, el momento más importante fue la breve participación que tuve en las brigadas.

No quisiera repetir lo que posiblemente todos han pensado. Sí, la solidaridad fue inmensa. Escuché por ahí la frase: “tranquilos, todos tienen derecho a ayudar”, mientras nos formaban y vestían con cascos y guantes para acercarnos más o menos protegidos a los derrumbes a cargar piedra. Éramos tantos. Pero lo increíble, lo que realmente me marcó fue que “no éramos uno”, México no “fue uno” ese día, para nada. La Democrática no agarró parejo. No ese día. Éramos un chingo, eso sí, y éramos absurdamente distintos y era obvio que no veníamos ni del mismo lado, ni estábamos cortados con la misma tijera; pero estábamos juntos.

El glitch, la falla espontánea en el sistema, la acumulación de tensiones que culminó en caos, me partió en miles, me hizo perder el control y cuando me encontré con mis cimientos, no había nada (en serio, nada, carajo, es carne), pero entre esas grietas, lo que vi, lo que sentí, fue a un chingo de personas. Unas me dieron comida, otras café, unas me abrazaron, me protegieron, me llamaron, me buscaron. Me subí al coche de un hombre desconocido: ¿en qué clase de circunstancia haría tal estupidez?  El señor nos llevó a varias chicas apretujadas a un derrumbe. Feliz de hacer algo, de poner en marcha el coche, de funcionar como un puente entre la geografía y la materialidad-peatón y no ser un vehículo predominante en el diseño de lo urbano.

Una anécdota divertida, que resume para mí el estar-juntos:

19-septiembre-19s-sismo-temblor-reflexion-cronica
Todos dieron lo que tenían. Por suerte lo que ellos tenían eran tacos al pastor…

El 20 de septiembre de 2017, llevábamos horas formados intentando pasar al derrumbe en Petén (lugar que nunca voy a olvidar), acababan de sacar a alguien, pero sin vida: los ánimos bajaron. Estaba lloviendo. Hacía frío. Estaban al borde de sacar a otra persona más, con vida. “¡Mazos! ¡Mazos!” comenzaron a gritar todos. Necesitaban mazos. Así, todos gritabamos, el mensaje se corría y alguien en algún momento llegaría con un mazo; un pinche mazo, era la distancia entre el afuera y el adentro para alguien. No llegaba, gritábamos como idiotas y no llegaba. Llegó. Silencio. Puño en alto. A la espera. Tal vez sale. Tal vez sale y bien. En eso, de la nada, un tipo llega corriendo a la zona con una cantidad absurda de vasos, desbordando vasos. “¡Aquí están, aquí están los vasos!” gritó emocionado, convencido de su utilidad. “Mazos, pendejo” le dijo alguien. Todos nos empezamos a reír, también el de los vasos, risas y llanto, claro. Risas a lo cabrón. Unos minutos después se alzaron los puños. Los mazos (y los vasos) cumplieron su cometido. Alguien salió con vida. ¿Quién? Pues qué chingados importa. Estaba vivo.

No tengo nada contra La Democrática. En cualquier caso, nos va a agarrar parejo. Ese día aprendí eso. Pero así como ella, también entendí que nuestra identidad, la narración de estas subjetividades trabajando en conjunto, también puede ser como la muerte, agarra parejo. Yo lo viví, no se me olvida. Cada vez que aparecen los gandallas, que matan a alguien o lo desaparecen, me acuerdo de que ustedes también pueden agarrar parejo. De que si hoy tiembla (bendita poesía), van a venir por mí. Y yo voy a ir por ustedes. Hoy, solo hoy, no importa lo que significa ser mexicano.

Cortesía de Juan Villoro, para quienes no saben quiénes son: son el lugar donde habitan; son el espacio que administran. ¿Y de dónde son? Son del lugar donde recogen la basura. Y yo también. Ahí te espero.

Epílogo

 
 
 
 
 
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La muerte natural no existe: cualquier muerte es un asesinato. Y si no se protesta, se consiente. Yo desconfiaría aún con el dedo en Su llaga.

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El 23 de septiembre de 2017 volvió a temblar. Una cosa llevó a la otra y terminé con un ataque de ansiedad imparable y terrible. Como nunca antes sentí la distancia entre mi subjetividad y la de otros. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. Perdí mucho ese día. Además del control, la confianza de mis amigos.

Estaba tan quebrada que tuve que delegar mi propia vida a otras personas. Tuve que pedir cuidados y protección, explícitamente. Me dio coraje, hoy todavía me da coraje, tenerle tanto miedo a la muerte. Me da coraje no hablar de eso. Me da coraje que tú o tus amigos, o tu familia, hayan vivido una desgracia. Una “pérdida irreparable”. La pérdida de la vida es reprochable, porque siempre implica una pérdida de la posibilidad. Y hace parecer que los cuidados en vida son inútiles. Pero no creo que lo sean.

A todos los que están sufriendo, por esta y otras catástrofes hago una promesa solemne: prometo cuidar la vida, prometo luchar por la posibilidad dentro de la posibilidad. Prometo mantener la calma, hasta donde me sea posible. Claro que también prometo permitir mis quiebres, porque a ellos les debo estas lecciones vitales. Estas vivencias.

Sigo en la CDMX, todavía no estoy lista para despedirme.

Con el puño en alto.

También en Más de México: Reflexiones de grandes escritores mexicanos sobre el sismo de 1985 que hoy valiera releer

*Imágenes: Destacada: AFP; Cuartoscuro.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Campesinos mexicanos: los guardianes de nuestro vínculo con la tierra

Hemos desplazado a la tierra de nuestro imaginario, pero ¿sabías que con lo que producen los campesinos mexicanos podríamos alimentar a la mitad del país?

La diversidad natural en México es enorme. Y también la cultural. ¿Has pensado en la posibilidad de que exista una relación entre ellas?

No podemos evitar cargar de significado lo que nos rodea y, en ese sentido, si tanta vida nos envuelve, estamos deliciosamente rodeados de simbolismo. Así, está claro: a la tierra mexicana no le debemos solo nuestra seguridad alimentaria, también nuestro abanico infinito de tradiciones y manifestaciones culturales.

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¿Y quién resguarda este vínculo increíble entre los mexicanos y la tierra que habitan? Son los campesinos, los sujetos que se encargan de cultivar nuestra biodiversidad (y tal vez sin sospecharlo, también nuestra diversidad cultural).

Tenemos un vínculo indeleble con la tierra

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Nuestro vínculo indeleble con la tierra es innegable sobre todo si pensamos, por ejemplo, que nuestra gastronomía es fundamental para la identidad. Y en México, evidentemente lo es. Si hay algo que compartimos (sin importar particularidades como la clase social, sexualidad, etnia, lengua y más) es el maíz. Y si le rascamos tantito, la otra cosa que compartimos es el chile y si le insistimos, tenemos al frijol.

Claro que en gustos se rompen géneros. Pero es claro que todos los mexicanos tenemos una conexión estrecha con los alimentos de nuestro campo. Y esa conexión, que para algunos es sagrada, para otros pasa desapercibida; pero está ahí, reuniéndonos discretamente.

Así, aunque hemos desplazado al campo del gran imaginario cotidiano y colectivo (especialmente desde los medios), los campesinos se resisten a desaparecer, porque, aunque no lo sepamos, seguimos invocando a estos guardianes.

También en Más de México: ¿Qué es el maíz nativo y por qué todos deberíamos estarlo consumiendo?

No solo protegen la conexión, también la diversidad biocultural

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La milpa, el sistema ancestral de cultivo (y sin duda ecosistema ideal) también es una estrategia de resistencia que defiende la diversidad de lo que se siembra, frente a los esquemas de agricultura extensiva, de monocultivo y que utilizan semillas transgénicas.

En ese sentido, los campesinos mexicanos mantienen la diversidad genética de las plantas, especialmente del maíz. Además de sembrar comida, están secretamente encargados de evitar la desaparición de nuestras especies endémicas; un servicio por el que no les estamos agradeciendo suficiente.

¿Sabías que en México hay casi 60 variedades de maíz y que todas se la debemos a una tradición campesina milenaria que se ha encargado de cultivar, proteger y asegurar la variabilidad de la planta? Los campesinos conocen los procesos de la tierra, de las plantas, de los animales y los insectos y los traducen en ciclos de vida ligados a su propia existencia; desde la forma en la que organizan su día a día, hasta sus fiestas religiosas, comúnmente definidas por el calendario de siembra.

Olvidarse de la tierra es olvidarse del cuerpo

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Por otro lado, nos estamos olvidando de la tierra. Se puede decir así, porque, en general, ya no aspiramos a ella; es decir, ya no añoramos trabajarla y son pocos los estímulos que nos invitan a volver a ella. Pero ¿has pensado que cuando te olvidas del campo, también te estás olvidando de tu cuerpo?

Podría parecer una asociación forzada, pero si dejas de pensar en cómo se está administrando y cuidando la tierra, dejas de enterarte sobre qué es realmente lo que estás comiendo, qué tipo de procesos (sociales, políticos, económicos y también agrícolas) dan lugar a tus alimentos. Al mismo tiempo, delegas el cuidado de tu vínculo con la tierra a otros que no reconoces. ¿Te imaginas, por ejemplo, un México sin tortillas? Por otro lado, ¿qué estás haciendo tú para cuidar el maíz?

Los campesinos son figuras que asociamos a clases sociales o a momentos de la historia determinados, que aislamos de la realidad colectiva, pero, la verdad es que, aunque pasen desapercibidos, ellos están haciendo por nosotros mucho más de lo que imaginas.

La realidad: los campesinos podrían alimentar a la mitad del país

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Un estudio reciente de la CONABIO se dedicó a probar la importancia real del trabajo de los campesinos como productores de alimentos y también como guardianes de la biodiversidad, especialmente del maíz. Demostrando que la agricultura campesina podría alimentar a más o menos 54.7 millones de personas en México, el estudio define el trabajo de los campesinos como un componente vital para obtener seguridad alimentaria en el país.

Este reconocimiento simbólico, pero también económico y político, es urgente. Los consumidores tenemos que empezar a cuidar a nuestros campesinos, así como ellos nos cuidan a nosotros y a nuestra diversidad biológica y cultural.

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Para ayudarles, podemos empezar apoyando a los pequeños productores, comprando productos hechos con plantas nativas (como buenas tortillas hechas con maíces no transgénicos); podemos pensar nuestras dietas con base a lo que se produce de forma local, y, sobre todo, apoyar el comercio justo. Tenemos que remunerar a estos guardianes.

Por otro lado, el estudio de la CONABIO señala que otro riesgo es que “la población campesina está envejeciendo”, esto quiere decir que los campesinos son sujetos de generaciones anteriores y ya no hay jóvenes en el campo. Pero ¿sabías que tienes derecho a ser campesino? ¿Que podrías sembrar tus alimentos? ¿Que puedes hacerlo en pequeña escala, incluso en el más pequeño departamento? ¿Sabías que puedes tomar esa responsabilidad y convertirte también en guardian de lo diverso?

La tierra nos está llamando y ya no tan discretamente nos susurra: haz milpa.

También en Más de México: ¿Y tú comes la tortilla que crees que te mereces?

*Imágenes: 1) Tzitziki Talue; 2) Karla Zepeda; 3) No especificado; 4, 6 y 7) Redd+ México; 5) Juan Carlos Ibarra.

La sociedad civil de México frente a un desastre: una reflexión práctica

Un encomiable y muy útil reflexión para guiar los esfuerzos de solidaridad y colaboración entre mexicanos frente a un desastre.

Más que nunca, hoy, a partir de los últimos acontecimientos sucedidos en nuestro país, hago esta reflexión con la esperanza y experiencia de que pueda ser de utilidad. Además de responder a las necesidades inmediatas, se pueda convertir en oportunidades de crear estrategias de desarrollo sostenible.

Para escribir esta reflexión, parto de las siguientes premisas fundamentales:

  1. Creo que el dolor humano compartido es mucho más llevadero
  2. Creo en el servicio como sentido de vida
  3. Creo que toda crisis presenta ventanas de oportunidades
  4. Creo que acceder a las oportunidades de una crisis es la mejor manera de alcanzar un desarrollo sostenible.
  5. Creo en el desarrollo social como motor de crecimiento
  6. Creo en la necesidad de la asistencia social y su valor si cumple con el propósito de ayudar para generar desarrollo
  7. Creo en la sociedad civil como el recurso más valioso para lograr un desarrollo eficaz y sostenible.
  8. Creo que la riqueza de una nación radica más en el compromiso de su ciudadanía que en la función pública.

Asistencia y desarrollo social

A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de prestar mis servicios personales y profesionales en situaciones de vulnerabilidad.   He visto cómo de las peores historias, surgen, como hoy, personas con grandes talentos para construir condiciones de vida, personales y comunitarias ejemplares.

Confiar en ese potencial latente en las personas y en las comunidades y ofrecer oportunidades para que emerja y se desarrolle, es y ha sido mi quehacer por más de 40 años. Estoy cierta de que es posible lograr que las personas sean protagonistas en la construcción de sus propias historias, y que utilicen su creatividad para encontrar, por si mismos, las alternativas que les permitan vivir con dignidad y convivir en armonía.

Afirmo que los programas asistenciales son necesarios y muy relevantes para paliar algunas situaciones de vulnerabilidad.  Por ejemplo:  condiciones de pobreza extrema, víctimas de violencia, accidentes, abandono, riesgo de muerte, dificultades en la salud, pérdida del patrimonio, incapacidad de subsistencia, etc. Todas ellas reunidas en nuestra situación actual y que requieren de asistencia inmediata.

Estoy convencida de que los criterios que favorecen una sana asistencia social necesitan de programas y acciones que:

  1. Partan de la dignidad del ser humano
  2. Satisfagan necesidades reales de subsistencia
  3. Sean temporales, en la medida de lo posible
  4. Sean incondicionales, sin agendas ocultas (ej. Adquisición de votos, utilización para intereses personales o imagen institucional, etc.)
  5. Que favorezcan condiciones para impulsar un desarrollo sostenible
  6. Que impulsen la responsabilidad que permita el uso adecuado del subsidio y el compromiso con otros que también viven situaciones críticas.
  7. Que ofrezcan posibilidades de generar alternativas para que las personas y las comunidades puedan orientarse hacia la proactividad y la autogestión, evitando el paternalismo y la dependencia.
  8. Que tomen en cuenta la cultura e identidad de quienes reciben el servicio asistencial.

La participación de la sociedad civil

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Los desastres naturales sorprenden, causan incertidumbre y dolor, provocan miedo e inseguridad.

Los desastres naturales arrojan un caudal de pérdidas. Perdidas de vida, de salud, de seres queridos, de bienes materiales, de confianza, de seguridad, de estabilidad.

También, los desastres naturales, mueven el piso, reacomodan estructuras y nos ponen de frente ante nuestra propia vulnerabilidad.

Dentro de su capacidad destructiva, pueden sacudir el polvo. El polvo de la indiferencia, del individualismo, de las divisiones, del racismo. El polvo de la comodidad, la monotonía y el sinsentido. El polvo de la ceguera, la miopía y la zona de confort.

Durante la historia de la humanidad, es a partir de las crisis, cuando se encuentran paradigmas nuevos y constructivos que impulsan el desarrollo de las naciones.

Traen consigo la posibilidad de derramar las mejores características del ser humano: la sensibilidad, la empatía, la solidaridad, la creatividad, la generosidad, la disposición y el encuentro de miradas hacia un fin común: una vida digna para todos y una convivencia armónica entre todos.

Los mexicanos nos caracterizamos por nuestra sensibilidad y generosidad. Somos testigos de la capacidad que nos distingue para solidarizarnos en momentos de imperiosa necesidad. La ayuda surge como impulso innato, y ante las catástrofes nos volcamos en el servicio al desprotegido, aun arriesgando la propia vida. Actitudes como las que vivimos en éste y otros momentos críticos, son verdaderamente dignas de admiración y de orgullo.

Si este espíritu solidario se mezcla con organización y sentido de eficacia, somos capaces de lograr imposibles. Si nuestro apoyo, además de responder a las necesidades inmediatas, se convierte en oportunidades de crear estrategias de desarrollo sostenible, será verdaderamente trascendente. Si logramos transformar el sufrimiento presente en posibilidades de construir calidad de vida permanente, entonces el dolor cobra sentido.

Me conmueve ver a la juventud mexicana presente y activa, respondiendo valiente y generosamente a la tragedia que estamos viviendo. Admiro a los no tan jóvenes derramando sabiduría y experiencia previa. Me emociona ver a los niños aportando lo que su edad les permite. Me emocionan los voluntarios de todas edades, profesiones y condiciones socioeconómicas; los rescatistas, las ambulancias, los bomberos, los Topos; los hospitales, centros de salud, espacios de acopio, albergues; los medios de comunicación, las redes sociales;  las organizaciones civiles, los profesionistas organizados; las empresas socialmente comprometidas, los pequeños negocios;  los servidores públicos responsables y las instituciones eficaces; los países que nos ofrecen su colaboración, los migrantes y todas las personas que están aportando tiempo, recursos, manos, ideas y acciones constructivas. Cómo mujer y como mexicana me siento agradecida con cada uno de ustedes, porque, hoy más que nunca nos infunden esperanza, el medio más potente para construir un futuro más promisorio.  Gracias.

Cómo participar

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Considero que, ante los desastres naturales, las necesidades y sus respuestas pertinentes transitan por diversas etapas. Destaco aquellas en las que mi experiencia me enseña que podemos participar como sociedad civil organizada.

1.- La prevención

Desde luego que los desastres naturales nos sorprenden y no es fácil responder a la fuerza de la naturaleza, sin embargo, es posible crear y dar seguimiento a protocolos de protección civil que nos ayuden a saber qué hacer para preservar la seguridad ante diferentes casos.

Sociedad civil

  • Acordar acciones de protección, ante diversas catástrofes, en el seno de la familia y recordarlas periódicamente
  • Conocer y difundir protocolos existentes de protección civil
  • Participar en simulacros nacionales e institucionales
  • Apoyar a instituciones y comunidades para que puedan crear y practicar sus propios códigos de protección.

Condiciones

Cuidar que los protocolos partan de información real y profesional, evitando los mensajes equívocos sobre los espacios y medidas de seguridad. Así como, asegurar que estén alineados a protocolos nacionales para que exista coordinación y claridad.

 

2.- La protección de la propia vida y de los cercanos. 

Aunque la supervivencia es un instinto innato en el ser humano, es necesario involucrar a la consciencia y a la inteligencia en las reacciones ante un desastre natural. No es posible mantener la cabeza fría, pero si podemos orientarla de manera estratégica.

Las actitudes de heroísmo son admirables. Sin embargo, tienen que realizarse conscientemente, preservando la propia seguridad y de quienes nos rodean.

Sociedad civil

  • “Primero en casa” proteger la propia vida y la de los miembros de mi familia, oficina, negocio, escuela, etc.
  • Investigar las condiciones de salud de los miembros de la familia
  • Congregar referentes de identidad

Condiciones

  • No pasar por el bienestar de otro para protegerse a sí mismo
  • Cuidado de no saturar teléfonos y redes sociales. Acordar una red de comunicación dentro de sus protocolos de seguridad familiar o institucional, que permita estar en contacto y permitir que los demás tengan también esa oportunidad.

 

3.- El rescate.

Es un momento crucial que debe ser atendido por profesionales expertos, a menos que el riesgo esté  bien calculado

Sociedad civil

  • En el momento preciso de la catástrofe, es necesario tener clara consciencia de las propias posibilidades para ayudar a alguien más y no poner en riesgo ni la propia vida, ni la del otro.
  • Apoyar a los socorristas con el suministro de instrumentos y equipos requeridos.
  • Atender las necesidades de alimentación e hidratación de los profesionales del rescate.
  • Promover la disposición de profesionistas de la salud mental para ofrecerles contención emocional.
  • Facilitar la comunicación de necesidades y de búsqueda de personas.
  • Apoyar a los rescatistas en lo que ellos soliciten.

Condiciones

Es muy importante no entorpecer la labor de los profesionales del rescate. Ellos necesitan concentración, silencio, coordinación.

 

4.- Atención médica.

       Esta acción también requiere de especialistas de la salud.  

Sociedad civil

  • Nuestra ayuda se puede enfocar en suministrar instrumentos, material y espacios necesarios para atender a las víctimas.
  • Recolectar medicamentos y canalizarlos a centros de salud y albergues.
  • Apoyar en la difusión y comunicación
  • Participar en el acompañamiento y cuidado de personas, bajo solicitud de los expertos.

Condiciones

Es importante conocer las propias capacidades para no caer en imprudencias médicas que pudieran costar vidas o deterioro de salud.

 

5.- Atención emocional y contención.

Se requieren especialistas en salud mental y Desarrollo Humano, facilitadores de procesos grupales e individuales.

  1. Atención en crisis
  2. Atención a procesos postraumáticos de más largo plazo

Sociedad civil

  • Dar afecto e infundir tranquilidad a personas que lo requieran
  • Acompañar a quien se siente sólo, más con empatía que con palabras
  • Organizar brigadas de atención emocional en las comunidades, albergues, centros de atención, de manera presencial o telefónica
  • Facilitar la comunicación y canalización de personas y grupos con expertos en intervención en crisis.
  • Divulgar las instituciones o redes de apoyo emocional a las que pueda accesar la población en general.

 

6.- Establecimiento de espacios de vivienda y satisfacción de necesidades básicas.

Aunque las dependencias gubernamentales tienen la función de establecer centros de acopio, se salud, de alimentación y de vivienda, se ha demostrado ampliamente, en ocasiones anteriores, la pertinencia de la participación de la sociedad civil para lograr eficacia en estos servicios.

a). Centros de acopio de víveres

La ciudadanía se vuelca en apoyo y el suministro de víveres es crucial para satisfacer necesidades a corto y mediano plazo. Para hacerlo de manera efectiva es necesario:

  • Difundir claramente el tipo de víveres que se requieren.
  • Ayudar en el suministro, organizado, de víveres perecederos y no perecederos
  • Para víveres perecederos, es importante escribir la fecha de elaboración para evitar la ingesta de alimentos caducos.
  • Para víveres no perecederos, es muy útil marcarlos con mensajes o señales de donativos, para evitar que sean vendidos o condicionados
  • El agua es necesaria y apreciada en todos los espacios destinados a la emergencia.
  • Apoyar en el acopio de enseres, prendas de vestir y de abrigo. Empaquetar la ropa con mudas completas para 1 día, señalando género y talla para facilitar su distribución
  • Contar con personas que atiendan permanentemente el centro de acopio y de manera esencial, con personas que trasladen los donativos a lugares específicos en los que los puedan aprovechar. La distribución adecuada y eficaz de los productos recaudados es medular para evitar desperdicios o mal uso de los donativos.
  1. b) Albergues

Muchas personas se quedan sin vivienda y sin lo elemental para subsistir. Muchas más tienen que evacuar temporalmente sus viviendas, es por ello de suma utilidad el establecimiento de albergues para damnificados, para socorristas, para personas en riesgo.

  • Estos albergues deben ser dignos, seguros, higiénicos, saludables, preferentemente instalados con base a experiencias previas. 
  • Difundir la localización y servicios que ofrecen los albergues.
  • Contar con personal suficiente que atienda los albergues permanentemente
  • Tratar de involucrar a personas que tienen experiencia en manejos de grupo. Ej. Maestros, psicólogos, trabajadores sociales, o grupos como Boy scouts.
  • Acciones muy útiles para el voluntariado, pueden ser las actividades recreativas. Ej. música, baile, obras de teatro, organización de juegos, dinámicas, manualidades, etc.
  • Determinar y comunicar el tiempo estimado de funcionamiento del albergue para impulsar algo de certeza dentro de la incertidumbre.
  1. c) Comedores

Como consecuencia de los desastres naturales, muchas personas  se encuentran en momentos de gran dificultad para alimentarse y alimentar a sus familias. Por falta de recursos, de insumos, de tiempo o de capacidad, no pueden ocuparse de una adecuada nutrición. En este sentido, el establecimiento de comedores se convierte en una acción fundamental.

  • Estos espacios deberán ser dignos y cuidar puntualmente la higiene, la salud, las normas de convivencia.
  • Para su establecimiento considero muy relevante lo siguiente:

– Elegir la comunidad pertinente

– Que determinen con la comunidad el tiempo que van a apoyarlos

– Que estudien el entorno, con la visión de que no se vean perjudicados los negocios locales.

– Que compren insumos a proveedores de las zonas afectadas, con el fin de promover su subsistencia y desarrollo.

– Que utilicen el espacio de los comedores para promover acciones educativas que permanezcan después de la intervención. (Ej. Nutrición, manejo de su economía, cocina económica, trabajo en equipo, autoconstrucción) etc. de manera que la “asistencia” ahorita necesaria, se pueda transformar en desarrollo.

 

7. Valoración de construcciones.

 La valoración de viviendas, edificios y demás construcciones, debe ser hecha por expertos: estructuristas, peritos, arquitectos, etc.  que puedan presentar una valoración formal que ofrezca la mayor garantía de seguridad. 

Resulta muy útil marcar, de alguna manera, las construcciones que requieren apoyo, especificando datos de ubicación,  para facilitar la  identificación de los apoyos.

Sociedad civil

Nuestra ayuda consiste en referir, vincular y entrelazar expertos con propietarios de construcciones.

Condiciones

Esta acción es tan relevante que tiene que ser inequívoca para no incurrir en riesgos

 

8. Prevención de posibles eventos posteriores al desastre natural.

Cuando termina el momento del desastre, no necesariamente ha concluido el riesgo.  Por lo tanto, es indispensable ofrecer información certera (en la medida de lo posible), pertinente, fidedigna y seria, sobre posibles riesgos posteriores y la manera de enfrentarlos.

Como sociedad civil,

Nos toca difundir dicha información en la familia, en el trabajo, en la escuela y en cualquier espacio de convivencia social.

Practicar simulacros y ejercicios preventivos.

 

9. Restauración y reconstrucción.

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Es el momento de rectificar el daño. Recoger las piezas (en sentido físico, emocional, patrimonial) y de inventar un nuevo “rompecabezas”.

 Después de una crisis, no podemos ser los mismos, tenemos que reinventarnos. Es el momento de construir nuevos paradigmas, como personas, sociedad y nación.

Esta etapa es a corto, mediano y largo plazo. Se requiere de persistencia, constancia y una motivación muy fuerte. Ya pasó el momento del “heroísmo”; muchos de los generosos voluntarios durante la crisis, vuelven a sus quehaceres y disminuye el estímulo colectivo. Quienes colaboran en esta etapa se encuentran más solos. 

Sin embargo, las víctimas del desastre natural viven carencias mayores, su calidad de vida está deteriorada y sus pérdidas los pueden llevar a la desesperanza.

Sociedad civil: 

Toca recuperar fuerzas, ser conscientes de que las consecuencias del desastre están presentes y pueden ser permanentes para muchas familias y comunidades. 

Es el momento de sistematizar las acciones, sabiendo que las respuestas no serán inmediatas como lo fueron en el momento del rescate.  

Ahora se necesitan más recursos económicos, más organizaciones civiles, más empresas que dediquen sus saberes y su ámbito de competencia a restaurar el bienestar personal y social.

Profesionistas de la construcción, de la ecología, de la medicina, del desarrollo humano, del trabajo comunitario, de la productividad, de las finanzas, de la educación, tenemos un arduo trabajo, para reconstruir el espacio para vivir, la manera de convivir, la calidad de vida y la red social de nuestro país.

Actuemos con:

  • Visión
  • Decisión
  • Creatividad
  • Generosidad
  • Responsabilidad
  • Compromiso
  • Sentido Nacional.

A los Funcionarios Públicos les deseo sabiduría y quehacer político – entendiendo la política como la búsqueda del bien común-. Que esta tragedia despierte en TODOS el sentido de compromiso hacia quienes ustedes deben de servir, más allá de sus propios intereses y agendas.

La sociedad civil haremos nuestra parte, con la esperanza de encontrarnos en una misión común y con la plena convicción de que unidos y organizados, los ciudadanos responderemos una vez más.

 Imágenes: 1 y 2, Grupo Reforma; 3, El Clarín.
Loreto García Muriel
Autor: Loreto García Muriel
Preside la mesa directiva del Centro de Desarrollo de la Comunidad (CDC), es miembro del Consejo del Centro Mexicano para la Filantropía, de Empresarios por la Educación, de la Asociación de Desarrollo Humano y del Consejo Nacional del Compromiso Social por la Calidad de la Educación.

Al grito de solidaridad: imágenes conmovedoras de mexicanos en #19S

Dificilmente se puede pensar en México –en sus mexicanos– sin traer a la mente la palabra solidaridad.

Se respira solidaridad. Miles de mexicanos salieron a las calles para ayudar en toda tarea en la que hiciera falta, sin importar la edad, condición física ni el género. Mucha voluntad para salvar vidas; una causa ejemplar de todos los ciudadanos, ha juntado el suficiente acopio como para que algunas zonas afectadas ya no se den abasto de agua y comida. Con una intuición acaso genética, los ciudadanos han respondido con todos los valores por delante frente a esta catástrofe que concierne a toda la población.

Mujeres, niños, ancianos y jóvenes; albañiles, diseñadores, ingenieros y músicos. Todos pusieron manos a la obra para ayudar en estos momentos de tragedia nacional, porque para el mexicano, la vida es sagrada, y salvar una sola está por encima de todo.

Desde hacer sándwiches para los rescatistas, transportar acopio rápidamente, llevar cubetas para sacar escombro o inventar chalecos luminiscentes –como hizo la diseñadora de modas Alexia Ulibarri en el momento de mayor necesidad–. Así es el mexicano, con la solidaridad a flor de piel.

Acciones como las que han puesto en marcha en este desastre los mexicanos, nos enseñan que sin duda la gente de este país es mucho más que sus tradiciones, su folclore o su lugar de origen. Si todos los mexicanos tenemos algo en común, es esta, una solidaridad indeleble, que reviste todo escenario de desgracia siempre que es necesario. 

Estas conmovedoras fotos y videos demuestran que México está de pie y más fuerte que nunca: