Reflexiones de grandes escritores mexicanos sobre el sismo de 1985 que hoy valiera releer

José Emilio Pacheco, Octavio Paz y David Huerta le escribieron al temblor de 1985; hoy esos textos recobran un lugar entre nosotros.

Hay experiencias que marcan en la vida, que rasgan el lienzo de la memoria para impregnarse indefinida, tal vez eternamente, en la memoria. Esto ocurre tanto a nivel personal, en la historia individual de cada uno, como a nivel colectivo: por ejemplo cuando el manto de la tragedia envuelve a una sociedad y se destapa una reacción catártica en cadena. 

El martes 19 de septiembre de 2017, a las 13:14, ocurrió algo que México no olvidará. Un eco de otra cicatriz histórica, el sismo de 1985, tan evidente que se registró precisamente en el aniversario de su antecesor, un volcán de emociones prefiero, y luego de reflexiones, anécdotas y, esperemos, aprendizaje. Pero como la historia es, también, un ciclo, pareciera que algunas de las reflexiones que detonó ese sismo, el de 1985, tienen algo importante que decirnos hoy, a unos días de este, el de 2017.

A continuación compartimos una breve selección de textos telúricos, uno de José Emilio Pacheco, otro de Efraín Huerta, ambos publicados originalmente en la revista Proceso, en 1985 y 1986, respectivamente; el otro es de Octavio Paz, publicado en el diario español El País, el mismo año del sismo. 

 

“Las Ruinas de México” / José Emilio Pacheco 

La tierra desconoce la piedad.

Sólo quiere prevalecer transformándose.

La tierra que destruimos se hizo presente.

Nadie puede afirmar: Fue una venganza”.

La tierra es muda: habla por ella el desastre.

La tierra es sorda: nunca escucha los gritos.

La tierra es ciega: no observa la muerte.

el día se vuelve noche

polvo es el sol

el estruendo lo llena todo.

…Es lo único eterno.

Sólo el polvo es indestructible.1

Avanzo, doy unos pasos más

miro de cerca el infierno.

 

Muere el día de septiembre

entre la asfixia y los gritos

…De aquella parte de la ciudad que por derecho

de nacimiento y crecimiento, odio y amor,

puedo llamar la mía (a sabiendas/de que nada es de nadie)

no queda piedra sobre piedra.

 

Mudo alarido de este desplome que no acaba

nunca,

las construcciones cuelgan de sí mismas. Parecen

grandes camas desechas puestas de pie

porque sus habitantes ya están muertos.

Pesa la luz del plomo. Duele el sol

en la Ciudad de México.

 

Las fotos más terribles de la catástrofe

no son fotos de los muertos…

No: las fotos más atroces de la catástrofe

son esos cuadros en color donde aparecen

muñecas

indiferentes o sonrientes, sin mengua, sin tacha,

entre las ruinas que aún oprimen

los cadáveres de sus dueñas, la frágil vida

 

de la carne que como hierba ya fue cortada.

 

Hay que cerrar los ojos de los muertos

porque vieron la muerte y nuestros ojos

no resisten esa visión.

Al contemplarnos

en esos ojos que nos miran sin vernos

brota en el fondo nuestra propia muerte.

 

Esta ciudad no tiene historia,

sólo martirologio.

El país del dolor,

La capital del sufrimiento

el centro deshecho

del inmenso desastre interminable.

 

“Escombros y semillas” / Octavio Paz 

Ante los infortunios y los desastres, lo mismo los naturales que los históricos, los hombres han respondido siempre con actos y con obras. La religión, el pensamiento, el arte y la acción son nuestra respuesta a la universalidad del mal y de la pena. Los aztecas creían que esta edad del mundo estaba regida por el sol del movimiento, y esta idea les dio ánimo para ver de frente y con entereza los terremotos, las erupciones volcánicas y las inundaciones; la creencia en la justicia y la misericordia divinas alivió a nuestros antepasados de la Nueva España e impregnó de sentido a las catástrofes y convulsiones naturales que padecieron. Ahora, los temblores del 19 y el 20 de septiembre nos han redescubierto un pueblo que parecía oculto por los fracasos de los últimos años y por la erosión moral de nuestras elites. Un pueblo paciente, pobre, solidario, tenaz, realmente democrático y sabio. La sabiduría popular no es libresca ni moderna, sino antigua y tradicional. Es una mezcla de estoicismo, silenciosa energía, humor, resignación, realismo, valor, fe religiosa y sentido común. Ese sentido que, precisamente por ser común, es comunal, comunitario. En suma, la sempiterna combinación humana que Santayana definió en uno de sus libros como “escepticismo y fe animal”. Yo más bien diría: escepticismo y fe vital, confianza en este mundo y en el otro. Los mexicanos han sido siempre grandes constructores, y las distintas ciudades de México -la azteca, la novo-hispana y la del siglo XX- nos han dejado monumentos admirables. Pero nuestra ciudad comenzó a desfigurarse hace unos 30 años. Ha padecido un crecimiento frenético y canceroso, que ha destruido casi totalmente su trazo y su fisonomía. Tres fuerzas nefastas se han confabulado para producir este colosal disparate que es hoy México. La primera ha sido el centralismo político, económico y cultural, que, conjugado con el excesivo crecimiento de la población, engendró un hacinamiento humano contranatural. El centralismo comenzó en Teotihuacan hace más de 2.000 años; después se trasladó a Tula, primero, y más tarde a México. Aquí ha sido azteca, español y mexicano. En su origen fue teocrático-militar, y hoy es sobre todo político, ya que en el México actual, la política domina a la cultura y a la economía. Constante a través de nuestra historia, alternativamente benéfica y fatídica como todas las grandes fuerzas históricas, la tendencia hacia la centralización se ha agudizado más y más desde 1950. Este crecimiento ha sido paralelo al de una extensa y poderosa burocracia estatal con ramificaciones en todos los centros vitales de la nación. No es extraño que la doble acción del centralismo y la burocracia, ambos esencialmente autoritarios, haya terminado por asfixiarnos y paralizar a sus mismos y directos beneficiarios: los gobernantes. En efecto, hay una relación directa entre la concentración del poder en un grupo y el centralismo: el excesivo crecimiento del segundo inmoviliza al primero.

La segunda fuerza ha sido de orden económico: el espíritu de lucro de los empresarios e industriales de la construcción, que aprovecharon el auge relativo de este cuarto de siglo para entregarse a una especulación urbana desenfrenada e inescrupulosa, con la complicidad de la burocracia gubernamental. Así, en unos cuantos años, la ciudad se extendió de manera caótica y se cubrió con multitud de edificios, no sólo feos, sino inseguros. Por último, la megalomanía de los últimos Gobiernos, empeñados en levantar en un parpadeo sexenal Babilonias de cemento del tamaño de su vanidad. Los cimientos de esas moles estaban podridos como la moral de los que las erigieron. Justicia poética: mientras el temblor, en unos pocos minutos, echó por tierra esas construcciones alzadas por la vanagloria, la ambición y la codicia, los viejos edificios siguen en pie. Lo verdaderamente terrible ha sido el costo en sangre: las víctimas nos duelen más que las pérdidas materiales. La naturaleza y la historia son divinidades crueles, y el desastre del 19 de septiembre debe verse como la conjunción de una fatalidad natural y un error histórico.

Hoy se habla de reconstrucción. Pero esta palabra es engañosa, pues no designa realmente la naturaleza de la tarea que nos espera. No se trata de repetir lo hecho, sino de rectificar el curso ancestral de la historia de México. Creo que es el momento de iniciar en serio el proyecto de descentralización que figuró de manera prominente en el programa del presidente De la Madrid, y que fue uno de sus puntos más atractivos. Si algo puede unir a los mexicanos, es precisamente esta idea. Cierto, es una tarea que, de llevarse a cabo, requerirá los esfuerzos de dos generaciones. No importa: éste es el momento propicio para comenzarla. Si el presidente, que se ha mostrado valeroso y sobrio ante el desastre, comienza de verdad a descentralizar, merecerá nuestra gratitud y la de nuestros descendientes. Al impulso centralista que ha animado nuestra vida social desde la época prehispánica debe suceder otro, hacia afuera, centrífugo, al encuentro de la provincia.

En su origen, México fue plural. El mundo precolombino fue una sociedad internacional de ciudades con culturas y lenguas distintas que el Estado azteca no logró sujetar enteramente. El proceso de unificación de los aztecas fue continuado con éxito por el régimen hispano. Sin embargo, bajo la Monarquía austriaca, el centralismo fue menos absoluto y rígido que con los Borbones.

El México independiente continuó en esto, como en tantas cosas, al despotismo ilustrado. Los liberales se dijeron federalistas, pero en verdad fueron, por influencia francesa, acentuadamente centralistas. Los Gobiernos revolucionarios y posrevolucionarios han seguido la misma política de concentración de poder. Esto ha sido fatal, porque en la provincia de México duermen muchas fuerzas que debemos despertar. Ese despertar, por lo demás, está escrito en el proceso histórico mismo de nuestra nación. La provincia está destinada a ser en el porvenir inmediato, como lo fue varias veces en el pasado, un protagonista central en la vida del país. Lo que no sabemos es si ese despertar será un desgarramiento, el comienzo de una rebelión en contra del centro, como a veces se manifiesta ya en el Norte, o si será una conjunción. La descentralización conjurará los peligros de un cisma o, peor aún, los de una escisión. Es una empresa larga, como todas las que cuentan en la historia. También es una empresa impostergable.

La reacción del pueblo de la ciudad de México, sin distinción de clases, mostró que en las profundidades de la sociedad hay -enterrados, pero vivos- muchos gérmenes democráticos. Estas semillas de solidaridad, fraternidad y asociación no son ideológicas, quiero decir, no nacieron con una filosofía moderna, sea la de la Ilustración, el liberalismo o. las doctrinas revolucionarias de nuestro siglo. Son más antiguas, y han vivido dormidas en el subsuelo histórico de México. Son una extraña mezcla de impulsos libertarios, religiosidad católica tradicional, vínculos prehispánicos y, en fin, esos lazos espontáneos que el hombre inventó al comenzar la historia. Kropotkin y santo Tomás, Suárez y Rousseau, suspendiendo por un momento sus disputas, habrían aprobado con una sonrisa conmovida la conducta del pueblo. Las raíces comunitarias del México tradicional están intactas. La acción popular recubrió y rebasó en unas pocas horas el espacio ocupado por las autoridades gubernamentales. No fue una rebelión, un levantamiento o un movimiento político: fue una marea social que demostró, pacíficamente, la realidad verdadera, la realidad histórica de México. O, más exactamente: la realidad intrahistórica de la nación. La enseñanza social e histórica del sismo puede reducirse a esta frase: hay que devolverle a la sociedad lo que es de la sociedad.

Los gérmenes del renacimiento están en el origen. Son los de nuestro comienzo. Han sobrevivido a muchas desdichas y tradiciones, a la seducción de la falsa modernidad y a las simplificaciones de las ideologías. Hay que preservarlos y vivificarlos. Sería funesto que se desvaneciesen o volviesen a ocultarse. De ahí que sea indispensable que en la tarea de reconstrucción-rectificación que será larga y penosa, participen todos los distintos grupos sociales. Tenemos que encontrar nuevas vías de participación popular. Es inaplazable asimismo que las autoridades oigan la crítica y acepten la fiscalización de la sociedad. Si el Gobierno quiere reconquistar la confianza popular y no exponerse (y exponernos) a un estallido más grave y profundo que el temblor, debe mostrarse más abierto y flexible. El Gobierno no es una fortaleza, sino un lugar de encuentro. No pido que abdique de su autoridad, sino que la comparta, que sea más atento y sensible a las voces de los que están fuera. El temblor sacudió a México, y entre las ruinas apareció la verdadera cara de nuestro pueblo: ¿la vieron los que están arriba?

 

“Elegía del Ajusco” / David Huerta

Una y otra vez te veo, allá en el sur de la ciudad, como un guardían de la cuenca que muchos llaman valle Estás hecho de siglos, de rocas ígneas, de bosques tersos y de claridad; aunque no pocas veces, también, te pierdes entre la neblina o el humo sucio de esta civilización de prisas, desechos, angustia, enajenaciones y violencia Ajusco, montaña de mi ciudad: ¿cómo no querer conversar contigo en las horas bajas de la noche confusa? ¿Cómo no imaginar que de verdad me escuchas y me comprendes? Y en las madrugadas lentas, desesperantes, ¿cómo no escuchar un murmullo que bien podría ser tu voz, tu mensaje, tu discurso de vigía y de cómplice?

Una elegía, sí, ahora, en septiembre, por los muertos de hace un año Viste, montaña altiva, cómo se quebró la tierra bajo los pies, bajo las camas; y cómo todo quedó al borde mismo de una sombría eternidad: la eternidad de la muerte Emblema de nuestra condición; símbolo atroz y realidad avasalladora, el terremoto nos hizo, increiblemente, abrir los ojos, descubrir al vecino; saber cuánto importan las vidas de los demás en esta ciudad desfigurada —y más desfigurada aún por el desastre Ajusco, escuchaste los llantos, los gritos, las solicitudes de auxilio En esos minutos que fueron “los más largos del tiempo”, vivimos el miedo a puñados; nos hizo falta, de veras, mucho temple para salir a la calle a buscar cómo podíamos ayudarnos unos a otros Ajusco, fue muy duro, muy doloroso, muy triste; y a la vuelta de las semanas, los meses, dolió también darse cuenta de como hay quienes no aman este país Pero ése es otro tema y no quiero traerlo a estas elegía por terrible mes de septiembre de 1985 Tú, Ajusco, escucha estas palabras cuidadosamente y guárdalas con tu sabiduría de milenios.

Camino por Insurgentes y el instinto me obliga a buscarte, a reconocer tu perfil Los amaneceres en la ciudad son a veces muy difíciles de vivir, desde el sismo; ¿quién puede asegurarnos que la pesadilla terminó? Para muchos mexicanos no ha concluido: sigue, árida, tremenda Qué extraño consuelo saber, sin embargo, que estás ahí, Ajusco No sé muy bien cómo decírtelo pero eres una presencia enorme, conmovedora; una verdadera compañía El otro día, mejor dicho, la otra tarde, vi volar una bandada de patos; la V de las aves se perdió por el rumbo de allá, del sur, donde tú estás El diálogo de tus formas y las aves en vuelo me llenó de una curiosa alegría Por un momento dejé de pensar y me integré en eso que suele llamarse “el ritmo de la naturaleza” No pensar: el Predicador lo dijo, pero no le creemos “Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia añade dolor” No: hace falta conocer, saber, volver a pensarlo todo de nuevo, ahora que la muerte ha pasado de esa manera ante nuestros ojos, frente a nuestras manos inútiles.

Ajusco, escucha ¿No oyes los murmullos de un tiempo nuevo? ¿No volverá la transparencia a nuestro mundo? ¿No sabremos cómo tenemos que vivir y pensar, amar, escribir? Nadie dijo que vivir fuera fácil, desde luego; pero tampoco pensábamos que el tiempo mexicano tuviera dentro de sí tales tragedias, tal agobio de pesadumbre No, Ajusco, no nos vamos a quejar Hay que abrir bien los ojos, ¿no te parece? Las luchas no se van a detener ni nosotros tampoco Quede estas elegía por los muertos del pasado septiembre Te estoy mirando, Ajusco, y de pronto imagino que de ti saliera toda la luz necesaria Por un momento todo está claro Luego empieza a llover y es una lluvia refrescante, luminosa Caerá la noche y ya no te veré más: acaso, apenas, las luces de tus faldas, los poblados semirrurales asediados por el crecimiento de la metrópoli ¿Hace cuántos años que no me acerco a tocarte? Desde las excursiones infantiles de hace veinticinco, treinta años Sí, seguirá lloviendo y vendrán la oscuridad y, quién sabe, el descanso y el sueño El tiempo mexicano quedó ensombrecido, más oscuro y doliente con todo lo que ha sucedido este año No nos repondremos en mucho tiempo de la tragedia Sí, Ajusto, con todo lo ya sabido y padecido, no es hora de quejarse ¿Para qué? Tu lección de impasibilidad tendrás que servirnos de algo Volverá a amanecer, montaña altiva

Tras el sismo, artistas llevan color y alegría a Axochiapan y Juchitán (y tú los puedes ayudar)

Estos jóvenes artistas han optado por ayudar con su arte y el resultado es hermoso.

Entre dolores y colores, en Axochiapan y Juchitán la tragedia ha tomado un matiz distinto gracias a la labor de jóvenes artistas que se han dado a la tarea de iluminar la oscuridad por la que pasan actualmente estas comunidades.

Así, de entre las grietas que dejaron —en estructuras y en corazones— los sismos ocurridos en septiembre, han surgido flores y sonrisas, producto de la iniciativa de estos jóvenes agrupados en distintas organizaciones, quienes encontraron en trazar y pintar murales, una oportunidad para ayudar a levantar estas comunidades de Morelos y Oaxaca, como dio a conocer el portal Animal Político.

Las zonas de desastre han sido su lienzo, y su inspiración se encuentra en la esperanza de devolver un poco de alegría en estos momentos de tristeza e incertidumbre. Descubre lo que han hecho y, también, cómo puedes ayudarles a llevar esta iniciativa a otras comunidades.

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Juchitán va a florecer

En Juchitán han sido varios los colectivos que se han reunido para pintar en las calles representaciones culturales del Istmo: de sus mujeres, sus niños y sus jóvenes. Buscan regalar un poco de arte en estos momentos donde todo parece condenado a la monotonía gris de la tragedia. Es su forma de decir que el sismo no pudo ni con los habitantes ni con sus artistas, quienes así se han dado a la tarea de reconstruir lo que ya habían hecho: más de quince murales que fueron destruidos, dejando sólo escombros donde alguna vez hubo colores y sonrisas.

Así, y aún sin apoyo de ningún tipo, estos jóvenes juchitecos pintan de sol a sol, sin importar que pueda llegar una réplica a destruir lo trabajado; porque no se puede vivir con miedo, y no se puede vivir sin arte.

Pinceladas de trabajo colectivo iluminan Axochiapan

A su vez, de entre todo lo que hubo de caos, de escombros y de necesidades, surgió una propuesta creativa donde todos se han involucrado en Axochiapan: desde niñas y niños hasta jóvenes, adultos y ancianos. Pintar murales ha servido así de catarsis a los habitantes para expresar los sentimientos que dejó aquel minuto telúrico que les cambió la vida.

 “Queremos que sea un monumento para que el pueblo tenga una imagen distinta de todo lo que hay alrededor”, comenta uno de los jóvenes de la Brigada Color y Alegría, que es un grupo conformado por jóvenes quienes, junto con el Centro de Arte y Cultura Ambiental Quebrantadero, la Comparsa Branteña y el grupo Verano Activo Axochiapan, han llevado este proyecto adelante tras el sismo del 19 de septiembre.

Los resultados han sido reveladores y deslumbrantes, como expresa una de sus habitantes: “Me vinieron a dar una alegría” dice, viendo un mural en la fachada de su casa. Y asegura que en medio de tanta tristeza “también hay alegría”. En los murales vuelan palabras en cielos azules, entre fauna y vegetación: palabras de solidaridad que transmiten esperanza. Sobre lo destruido se detonó, valga la redundancia, la creatividad creadora de niños y adultos, resultando en felicidad y en ganas de salir adelante.  

Estos murales serán así, en un futuro, recordatorio de la vitalidad y solidaridad de los jóvenes que han ayudado, junto con los pobladores, a volver a erigir este bello municipio lleno de tradición y cultura, en el cual aún queda mucho por hacer.

¿Cómo puedes ayudar?

Estas organizaciones juveniles buscan aún juntar 30 mil pesos para la compra de materiales. Con ello ayudarán a otras diez comunidades de Morelos y Puebla, llevando a estas regiones la misma iniciativa de trabajo colectivo que en Axochiapan.

“Queremos aportar nuestro granito de arena y sabemos que tú también. Después del trabajo que hemos realizado, ahora, comencemos a reconstruir nuestra sociedad”, nos dicen estos jóvenes. No dejes de colaborar con ellos y con los habitantes de estas comunidades afectadas; demostremos que, a casi un mes de la tragedia, no nos olvidamos de los afectados.

Tu donación será agradecida con un reconocimiento, dependiendo el monto de la colaboración, y la puedes realizar aquí.

 

*Imágenes: Brigada de Color y Alegría

¿Cómo puedes ayudar a reactivar la economía local después del sismo?

También toca ayudar a los ayudaron: consumamos en estos establecimientos que demostraron darlo todo por México durante el pasado sismo.

Solidaridad es hoy la palabra más grande, la más pesada y la más dulce entre esas que se han quedado marcadas cuando se habla de la mexicanidad. Quienes no la habían vivido, en 1985, la experimentaron fuertemente  durante el sismo del 19 de septiembre de 2017. 

Ante el desastre, los mexicanos contribuimos de diversas formas sin pensarlo dos veces pero, ahora, que la vida cotidiana lentamente vuelve a encontrar su curso entre grietas y escombros, nos quedan dos caminos: por un lado, seguir ayudando a los mexicanos que hoy más que nunca nos necesitan y, por otro, nos toca ayudar a los que ayudaron.

Desde que ocurrió el temblor y durante los días consecuentes, la vida cotidiana y con ello la economía local se detuvo. Sin embargo, esto puede tener repercusiones graves, si no rompemos la burbuja atemporal en la que nos ha situado este suceso. Muchos negocios medianos, pequeños y micro se decidieron a aportar todo lo que les era posible; y otros, que en realidad no podían aportar, se están viendo seriamente afectados por la paralización del consumo.

Un ejemplo fue el establecimiento ubicado en Sonora 128, en Colonia Condesa de la Ciudad de México, una ferretería que donó todo su inventario para apoyar durante la situación. Pero ellos no fueron los únicos: muchos restaurantes, cafés, oficinas, tiendas y escuelas de México abrieron sus puertas y se prestaron como lugar de descanso para brigadistas, voluntarios y afectados. Los restaurantes no dejaron que los alimentos se quedaran almacenados, sino que ofrecieron menús especiales gratuitos para quien necesitara una comida caliente, mientras que muchos otros locales donaron todos los insumos que tenían a su alcance.

Según el INEGI e INADEM, en México, para 2016, había 4 millones de microempresas y estas, en el día a día no la tienen fácil. Las microempresas son responsabilidad de sus propietarios y ellos son los que tienen que resarcir las faltas económicas, además inciden poco en el mercado general que las contiene, están sujetas a la demanda y compiten entre ellas. La única manera de recuperarse es que se aumente el consumo de lo que venden.

No nos han pedido nada a cambio, pero ahora podemos expresar gratitud, reactivando la economía de estos locales.

¿Cómo puedes ayudar?

Frente a esta situación ha surgido la iniciativa #ReactivaTuEconomía, como parte del mapa colaborativo de iniciativa ciudadana,  #Sismx. Lo que se ha propuesto es ubicar a los negocios que apoyaron, así los consumidores pueden elegir estos negocios cuando necesiten comprar algo y también puedes registrarlos para que otros sepan dónde se necesita ayuda.  

Para ubicar los negocios a los que hay que apoyar, selecciona el botón en la esquina superior izquierda. Se desplegará un menú de opciones.  Deslízate hasta la última opción y selecciona el recuadro #ReactivaTuEconomía. 

Puedes registrar negocios aquí.

Por otro lado, no hay que dejar de consumir. Muchos habitantes de los pueblos afectados del estado de Morelos, por ejemplo, viven de la venta de comida, antojitos, especialmente. Con la llegada de las despensas de los acopios, sus ventas se han frenado y, aunque mucha gente ahorita no tiene capital para comer en la calle, si estás de visita o estás ayudando y puedes comprar, trata de comer las delicias tradicionales que venden los locales. Te lo agradecerán mucho.

Por último, y a pesar de todo, nos toca hacer el esfuerzo por recobrar la estructura. Aunque el evento nos ha cambiado a todos y, definitivamente, nunca lo vamos a olvidar, es nuestra responsabilidad volver a hacer de la vida lo mejor posible, para nosotros mismos y los demás. Sin dejar de apoyar a los que lo necesitan, especialmente a los damnificados, nos toca volver a vivir: comprar flores, comer en nuestros lugares favoritos, ir al teatro. No se trata de puras frivolidades, necesitamos retomar el camino y es la forma de, poco a poco, ponernos en pie todos juntos.

Estos son algunos de los negocios a los que tú puedes apoyar en los estados afectados:

  1. Ferretería “Materiales del Parque” en Av Sonora 128, Roma Nte., 06700 Ciudad de México.
  2. Los Alebrijes – Cerveza Artesanal y Parrilla en Av. Division del Nte. 820, Narvarte Poniente, 03020 Ciudad de México.
  3. Bandini en Bucareli 69 en Juárez, 06600 Ciudad de México.
  4. Restaurante Mog Bistro en Frontera 168, Roma Norte, Roma Nte., 06700 Coauhtemoc, CDMX.
  5. Florería Calle Amsterdam & Av Michoacán en Calle Amsterdam & Av Michoacán, Hipódromo, 06100 Ciudad de México.
  6. Papelería “La tarea” en Av. Pdte. Plutarco Elías Calles 1503, Zacahuitzco, 03550 Ciudad de México.
  7. Astorga Bike en Caleta 508, Narvarte Poniente, 03020 Ciudad de México.
  8. Cafetería La Comuna en Petén 135, Narvarte Poniente, 03020 Ciudad de México.
  9. Crossfit 365 en Calle Bajío 365, Hipódromo, 06100 Ciudad de México.
  10. Lavandería del Río en Puebla 16, Roma Nte., 06700 Ciudad de México.
  11. Restaurante Comixcal en Dr. Atl 176, Sta María la Ribera, 06400 Ciudad de México.
  12. Juana la Loca Cantinería en Avenida Salamanca 107, Cuauhtemoc, Roma Norte, Roma Nte., 06700 Ciudad de México. 
  13. Incuba Estudio Gráfico en Av Insurgentes 183, Emiliano Zapata, 62744 Cuautla, Morelos.
  14. Tamales de Lupita en Calle 6 Nte 203, Centro, 72000 Puebla, Pue.

 Te invitamos a registrar en el mapa algún otro negocio que conozcas que haya apoyado durante aquellos momentos en que su ayuda fue crucial: los mariachis que cambiaron canciones por víveres para las víctimas, la señora de los tamales, el señor de las tortas y muchos otros mexicanos que nos recordaron que es un orgullo haber nacido en la misma tierra que ellos. 

También puedes utilizar la plataforma 19s.mx y ayudar a cubrir las necesidades al momento o canalizar apoyos existentes.

La sociedad civil de México frente a un desastre: una reflexión práctica

Un encomiable y muy útil reflexión para guiar los esfuerzos de solidaridad y colaboración entre mexicanos frente a un desastre.

Más que nunca, hoy, a partir de los últimos acontecimientos sucedidos en nuestro país, hago esta reflexión con la esperanza y experiencia de que pueda ser de utilidad. Además de responder a las necesidades inmediatas, se pueda convertir en oportunidades de crear estrategias de desarrollo sostenible.

Para escribir esta reflexión, parto de las siguientes premisas fundamentales:

  1. Creo que el dolor humano compartido es mucho más llevadero
  2. Creo en el servicio como sentido de vida
  3. Creo que toda crisis presenta ventanas de oportunidades
  4. Creo que acceder a las oportunidades de una crisis es la mejor manera de alcanzar un desarrollo sostenible.
  5. Creo en el desarrollo social como motor de crecimiento
  6. Creo en la necesidad de la asistencia social y su valor si cumple con el propósito de ayudar para generar desarrollo
  7. Creo en la sociedad civil como el recurso más valioso para lograr un desarrollo eficaz y sostenible.
  8. Creo que la riqueza de una nación radica más en el compromiso de su ciudadanía que en la función pública.

Asistencia y desarrollo social

A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de prestar mis servicios personales y profesionales en situaciones de vulnerabilidad.   He visto cómo de las peores historias, surgen, como hoy, personas con grandes talentos para construir condiciones de vida, personales y comunitarias ejemplares.

Confiar en ese potencial latente en las personas y en las comunidades y ofrecer oportunidades para que emerja y se desarrolle, es y ha sido mi quehacer por más de 40 años. Estoy cierta de que es posible lograr que las personas sean protagonistas en la construcción de sus propias historias, y que utilicen su creatividad para encontrar, por si mismos, las alternativas que les permitan vivir con dignidad y convivir en armonía.

Afirmo que los programas asistenciales son necesarios y muy relevantes para paliar algunas situaciones de vulnerabilidad.  Por ejemplo:  condiciones de pobreza extrema, víctimas de violencia, accidentes, abandono, riesgo de muerte, dificultades en la salud, pérdida del patrimonio, incapacidad de subsistencia, etc. Todas ellas reunidas en nuestra situación actual y que requieren de asistencia inmediata.

Estoy convencida de que los criterios que favorecen una sana asistencia social necesitan de programas y acciones que:

  1. Partan de la dignidad del ser humano
  2. Satisfagan necesidades reales de subsistencia
  3. Sean temporales, en la medida de lo posible
  4. Sean incondicionales, sin agendas ocultas (ej. Adquisición de votos, utilización para intereses personales o imagen institucional, etc.)
  5. Que favorezcan condiciones para impulsar un desarrollo sostenible
  6. Que impulsen la responsabilidad que permita el uso adecuado del subsidio y el compromiso con otros que también viven situaciones críticas.
  7. Que ofrezcan posibilidades de generar alternativas para que las personas y las comunidades puedan orientarse hacia la proactividad y la autogestión, evitando el paternalismo y la dependencia.
  8. Que tomen en cuenta la cultura e identidad de quienes reciben el servicio asistencial.

La participación de la sociedad civil

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Los desastres naturales sorprenden, causan incertidumbre y dolor, provocan miedo e inseguridad.

Los desastres naturales arrojan un caudal de pérdidas. Perdidas de vida, de salud, de seres queridos, de bienes materiales, de confianza, de seguridad, de estabilidad.

También, los desastres naturales, mueven el piso, reacomodan estructuras y nos ponen de frente ante nuestra propia vulnerabilidad.

Dentro de su capacidad destructiva, pueden sacudir el polvo. El polvo de la indiferencia, del individualismo, de las divisiones, del racismo. El polvo de la comodidad, la monotonía y el sinsentido. El polvo de la ceguera, la miopía y la zona de confort.

Durante la historia de la humanidad, es a partir de las crisis, cuando se encuentran paradigmas nuevos y constructivos que impulsan el desarrollo de las naciones.

Traen consigo la posibilidad de derramar las mejores características del ser humano: la sensibilidad, la empatía, la solidaridad, la creatividad, la generosidad, la disposición y el encuentro de miradas hacia un fin común: una vida digna para todos y una convivencia armónica entre todos.

Los mexicanos nos caracterizamos por nuestra sensibilidad y generosidad. Somos testigos de la capacidad que nos distingue para solidarizarnos en momentos de imperiosa necesidad. La ayuda surge como impulso innato, y ante las catástrofes nos volcamos en el servicio al desprotegido, aun arriesgando la propia vida. Actitudes como las que vivimos en éste y otros momentos críticos, son verdaderamente dignas de admiración y de orgullo.

Si este espíritu solidario se mezcla con organización y sentido de eficacia, somos capaces de lograr imposibles. Si nuestro apoyo, además de responder a las necesidades inmediatas, se convierte en oportunidades de crear estrategias de desarrollo sostenible, será verdaderamente trascendente. Si logramos transformar el sufrimiento presente en posibilidades de construir calidad de vida permanente, entonces el dolor cobra sentido.

Me conmueve ver a la juventud mexicana presente y activa, respondiendo valiente y generosamente a la tragedia que estamos viviendo. Admiro a los no tan jóvenes derramando sabiduría y experiencia previa. Me emociona ver a los niños aportando lo que su edad les permite. Me emocionan los voluntarios de todas edades, profesiones y condiciones socioeconómicas; los rescatistas, las ambulancias, los bomberos, los Topos; los hospitales, centros de salud, espacios de acopio, albergues; los medios de comunicación, las redes sociales;  las organizaciones civiles, los profesionistas organizados; las empresas socialmente comprometidas, los pequeños negocios;  los servidores públicos responsables y las instituciones eficaces; los países que nos ofrecen su colaboración, los migrantes y todas las personas que están aportando tiempo, recursos, manos, ideas y acciones constructivas. Cómo mujer y como mexicana me siento agradecida con cada uno de ustedes, porque, hoy más que nunca nos infunden esperanza, el medio más potente para construir un futuro más promisorio.  Gracias.

Cómo participar

tequio formas colaboracion prehispanicas

Considero que, ante los desastres naturales, las necesidades y sus respuestas pertinentes transitan por diversas etapas. Destaco aquellas en las que mi experiencia me enseña que podemos participar como sociedad civil organizada.

1.- La prevención

Desde luego que los desastres naturales nos sorprenden y no es fácil responder a la fuerza de la naturaleza, sin embargo, es posible crear y dar seguimiento a protocolos de protección civil que nos ayuden a saber qué hacer para preservar la seguridad ante diferentes casos.

Sociedad civil

  • Acordar acciones de protección, ante diversas catástrofes, en el seno de la familia y recordarlas periódicamente
  • Conocer y difundir protocolos existentes de protección civil
  • Participar en simulacros nacionales e institucionales
  • Apoyar a instituciones y comunidades para que puedan crear y practicar sus propios códigos de protección.

Condiciones

Cuidar que los protocolos partan de información real y profesional, evitando los mensajes equívocos sobre los espacios y medidas de seguridad. Así como, asegurar que estén alineados a protocolos nacionales para que exista coordinación y claridad.

 

2.- La protección de la propia vida y de los cercanos. 

Aunque la supervivencia es un instinto innato en el ser humano, es necesario involucrar a la consciencia y a la inteligencia en las reacciones ante un desastre natural. No es posible mantener la cabeza fría, pero si podemos orientarla de manera estratégica.

Las actitudes de heroísmo son admirables. Sin embargo, tienen que realizarse conscientemente, preservando la propia seguridad y de quienes nos rodean.

Sociedad civil

  • “Primero en casa” proteger la propia vida y la de los miembros de mi familia, oficina, negocio, escuela, etc.
  • Investigar las condiciones de salud de los miembros de la familia
  • Congregar referentes de identidad

Condiciones

  • No pasar por el bienestar de otro para protegerse a sí mismo
  • Cuidado de no saturar teléfonos y redes sociales. Acordar una red de comunicación dentro de sus protocolos de seguridad familiar o institucional, que permita estar en contacto y permitir que los demás tengan también esa oportunidad.

 

3.- El rescate.

Es un momento crucial que debe ser atendido por profesionales expertos, a menos que el riesgo esté  bien calculado

Sociedad civil

  • En el momento preciso de la catástrofe, es necesario tener clara consciencia de las propias posibilidades para ayudar a alguien más y no poner en riesgo ni la propia vida, ni la del otro.
  • Apoyar a los socorristas con el suministro de instrumentos y equipos requeridos.
  • Atender las necesidades de alimentación e hidratación de los profesionales del rescate.
  • Promover la disposición de profesionistas de la salud mental para ofrecerles contención emocional.
  • Facilitar la comunicación de necesidades y de búsqueda de personas.
  • Apoyar a los rescatistas en lo que ellos soliciten.

Condiciones

Es muy importante no entorpecer la labor de los profesionales del rescate. Ellos necesitan concentración, silencio, coordinación.

 

4.- Atención médica.

       Esta acción también requiere de especialistas de la salud.  

Sociedad civil

  • Nuestra ayuda se puede enfocar en suministrar instrumentos, material y espacios necesarios para atender a las víctimas.
  • Recolectar medicamentos y canalizarlos a centros de salud y albergues.
  • Apoyar en la difusión y comunicación
  • Participar en el acompañamiento y cuidado de personas, bajo solicitud de los expertos.

Condiciones

Es importante conocer las propias capacidades para no caer en imprudencias médicas que pudieran costar vidas o deterioro de salud.

 

5.- Atención emocional y contención.

Se requieren especialistas en salud mental y Desarrollo Humano, facilitadores de procesos grupales e individuales.

  1. Atención en crisis
  2. Atención a procesos postraumáticos de más largo plazo

Sociedad civil

  • Dar afecto e infundir tranquilidad a personas que lo requieran
  • Acompañar a quien se siente sólo, más con empatía que con palabras
  • Organizar brigadas de atención emocional en las comunidades, albergues, centros de atención, de manera presencial o telefónica
  • Facilitar la comunicación y canalización de personas y grupos con expertos en intervención en crisis.
  • Divulgar las instituciones o redes de apoyo emocional a las que pueda accesar la población en general.

 

6.- Establecimiento de espacios de vivienda y satisfacción de necesidades básicas.

Aunque las dependencias gubernamentales tienen la función de establecer centros de acopio, se salud, de alimentación y de vivienda, se ha demostrado ampliamente, en ocasiones anteriores, la pertinencia de la participación de la sociedad civil para lograr eficacia en estos servicios.

a). Centros de acopio de víveres

La ciudadanía se vuelca en apoyo y el suministro de víveres es crucial para satisfacer necesidades a corto y mediano plazo. Para hacerlo de manera efectiva es necesario:

  • Difundir claramente el tipo de víveres que se requieren.
  • Ayudar en el suministro, organizado, de víveres perecederos y no perecederos
  • Para víveres perecederos, es importante escribir la fecha de elaboración para evitar la ingesta de alimentos caducos.
  • Para víveres no perecederos, es muy útil marcarlos con mensajes o señales de donativos, para evitar que sean vendidos o condicionados
  • El agua es necesaria y apreciada en todos los espacios destinados a la emergencia.
  • Apoyar en el acopio de enseres, prendas de vestir y de abrigo. Empaquetar la ropa con mudas completas para 1 día, señalando género y talla para facilitar su distribución
  • Contar con personas que atiendan permanentemente el centro de acopio y de manera esencial, con personas que trasladen los donativos a lugares específicos en los que los puedan aprovechar. La distribución adecuada y eficaz de los productos recaudados es medular para evitar desperdicios o mal uso de los donativos.
  1. b) Albergues

Muchas personas se quedan sin vivienda y sin lo elemental para subsistir. Muchas más tienen que evacuar temporalmente sus viviendas, es por ello de suma utilidad el establecimiento de albergues para damnificados, para socorristas, para personas en riesgo.

  • Estos albergues deben ser dignos, seguros, higiénicos, saludables, preferentemente instalados con base a experiencias previas. 
  • Difundir la localización y servicios que ofrecen los albergues.
  • Contar con personal suficiente que atienda los albergues permanentemente
  • Tratar de involucrar a personas que tienen experiencia en manejos de grupo. Ej. Maestros, psicólogos, trabajadores sociales, o grupos como Boy scouts.
  • Acciones muy útiles para el voluntariado, pueden ser las actividades recreativas. Ej. música, baile, obras de teatro, organización de juegos, dinámicas, manualidades, etc.
  • Determinar y comunicar el tiempo estimado de funcionamiento del albergue para impulsar algo de certeza dentro de la incertidumbre.
  1. c) Comedores

Como consecuencia de los desastres naturales, muchas personas  se encuentran en momentos de gran dificultad para alimentarse y alimentar a sus familias. Por falta de recursos, de insumos, de tiempo o de capacidad, no pueden ocuparse de una adecuada nutrición. En este sentido, el establecimiento de comedores se convierte en una acción fundamental.

  • Estos espacios deberán ser dignos y cuidar puntualmente la higiene, la salud, las normas de convivencia.
  • Para su establecimiento considero muy relevante lo siguiente:

– Elegir la comunidad pertinente

– Que determinen con la comunidad el tiempo que van a apoyarlos

– Que estudien el entorno, con la visión de que no se vean perjudicados los negocios locales.

– Que compren insumos a proveedores de las zonas afectadas, con el fin de promover su subsistencia y desarrollo.

– Que utilicen el espacio de los comedores para promover acciones educativas que permanezcan después de la intervención. (Ej. Nutrición, manejo de su economía, cocina económica, trabajo en equipo, autoconstrucción) etc. de manera que la “asistencia” ahorita necesaria, se pueda transformar en desarrollo.

 

7. Valoración de construcciones.

 La valoración de viviendas, edificios y demás construcciones, debe ser hecha por expertos: estructuristas, peritos, arquitectos, etc.  que puedan presentar una valoración formal que ofrezca la mayor garantía de seguridad. 

Resulta muy útil marcar, de alguna manera, las construcciones que requieren apoyo, especificando datos de ubicación,  para facilitar la  identificación de los apoyos.

Sociedad civil

Nuestra ayuda consiste en referir, vincular y entrelazar expertos con propietarios de construcciones.

Condiciones

Esta acción es tan relevante que tiene que ser inequívoca para no incurrir en riesgos

 

8. Prevención de posibles eventos posteriores al desastre natural.

Cuando termina el momento del desastre, no necesariamente ha concluido el riesgo.  Por lo tanto, es indispensable ofrecer información certera (en la medida de lo posible), pertinente, fidedigna y seria, sobre posibles riesgos posteriores y la manera de enfrentarlos.

Como sociedad civil,

Nos toca difundir dicha información en la familia, en el trabajo, en la escuela y en cualquier espacio de convivencia social.

Practicar simulacros y ejercicios preventivos.

 

9. Restauración y reconstrucción.

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Es el momento de rectificar el daño. Recoger las piezas (en sentido físico, emocional, patrimonial) y de inventar un nuevo “rompecabezas”.

 Después de una crisis, no podemos ser los mismos, tenemos que reinventarnos. Es el momento de construir nuevos paradigmas, como personas, sociedad y nación.

Esta etapa es a corto, mediano y largo plazo. Se requiere de persistencia, constancia y una motivación muy fuerte. Ya pasó el momento del “heroísmo”; muchos de los generosos voluntarios durante la crisis, vuelven a sus quehaceres y disminuye el estímulo colectivo. Quienes colaboran en esta etapa se encuentran más solos. 

Sin embargo, las víctimas del desastre natural viven carencias mayores, su calidad de vida está deteriorada y sus pérdidas los pueden llevar a la desesperanza.

Sociedad civil: 

Toca recuperar fuerzas, ser conscientes de que las consecuencias del desastre están presentes y pueden ser permanentes para muchas familias y comunidades. 

Es el momento de sistematizar las acciones, sabiendo que las respuestas no serán inmediatas como lo fueron en el momento del rescate.  

Ahora se necesitan más recursos económicos, más organizaciones civiles, más empresas que dediquen sus saberes y su ámbito de competencia a restaurar el bienestar personal y social.

Profesionistas de la construcción, de la ecología, de la medicina, del desarrollo humano, del trabajo comunitario, de la productividad, de las finanzas, de la educación, tenemos un arduo trabajo, para reconstruir el espacio para vivir, la manera de convivir, la calidad de vida y la red social de nuestro país.

Actuemos con:

  • Visión
  • Decisión
  • Creatividad
  • Generosidad
  • Responsabilidad
  • Compromiso
  • Sentido Nacional.

A los Funcionarios Públicos les deseo sabiduría y quehacer político – entendiendo la política como la búsqueda del bien común-. Que esta tragedia despierte en TODOS el sentido de compromiso hacia quienes ustedes deben de servir, más allá de sus propios intereses y agendas.

La sociedad civil haremos nuestra parte, con la esperanza de encontrarnos en una misión común y con la plena convicción de que unidos y organizados, los ciudadanos responderemos una vez más.

 Imágenes: 1 y 2, Grupo Reforma; 3, El Clarín.
Loreto García Muriel
Autor: Loreto García Muriel
Preside la mesa directiva del Centro de Desarrollo de la Comunidad (CDC), es miembro del Consejo del Centro Mexicano para la Filantropía, de Empresarios por la Educación, de la Asociación de Desarrollo Humano y del Consejo Nacional del Compromiso Social por la Calidad de la Educación.