Intoxicantes enemas de licor: el extravagante ritual que realizaban los mayas

Para potenciar los placeres de los licores sagrados, solían ingerirlos de una forma que muchos considerarían poco convencional…

De la historia posiblemente lo que más se disfruta son los chismes y los rumores sobre extravagantes costumbres. Hay algo verdaderamente seductor en eso que nos aparece perfectamente extraño pero que, al mismo tiempo, nos invita a imaginarnos distintos. El uso de plantas de poder, los sacrificios y prácticas sexuales sin duda todas muy distintas a sus versiones contemporáneas parecen llamarnos incesantemente.

Así, saber que los mayas y otras culturas mesoamericanas practicaban enemas rituales, usando licores sagrados, no puede hacer menos que provocarnos una curiosidad desbordante —casi vulgar— y muy satisfactoria. ¿Será que nos complace la posibilidad de una sociedad acostumbrada a conectar y combinar placer, cuerpo, religión, ritual, divinidad y hasta conocimiento? Sin duda es algo muy distinto a lo que estamos acostumbrados y que de vez en cuando se antoja.

Enemas, pero de pulque

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Son muchos los indicios arqueológicos que demuestran que en distintas culturas de mesoamérica se practicaban enemas (introducir líquidos por vía anal) con fines medicinales y también rituales. Los enemas prehispánicos se hacían con piezas de calabaza, bule, tripas, hule y cerámica (de estos últimos se conservan algunas muestras). Además, hay distintos grabados, pinturas y esculturas, muchas de origen maya, que representan escenas donde los enemas son realizados.

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Estas son realmente interesantes, pues en muchos casos muestran a personajes con cara de éxtasis, lo que sugiere que los enemas rituales eran todo lo contrario a un sacrificio. En realidad consistían en la introducción de bebidas alcohólicas como el pulque, en muchos casos combinadas con plantas y hongos que producen efectos psicodélicos.

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Un ritual para potenciar el placer

Es posible que el enema se prefiera a la ingesta oral porque potencia muchísimo los efectos de las sustancias utilizadas, pues se absorben mucho más rápido. Aunque no deberíamos descartar que hay algo de erótico en la práctica y que lo que se está potenciando es el placer.

Evidentemente las sociedades donde con toda naturalidad se realizaban los enemas rituales estaban menos para la contemplación y mucho más para explorar toda clase de prácticas físicas que pudieran aumentar la sensibilidad.

Podría parecer “atascado”, tal vez kinky; pero el enema ritual nos recuerda que quienes nos antecedieron en estas tierras tenían en mente preocupaciones muy distintas cuando se trataba de sus cuerpos.

Tal vez estaban más ocupados buscando formas de sentir, especialmente placer; formas más eficientes, sin duda experiencias multi-sensoriales; mientras que el presente se podría estar preocupando por juzgarlos. Tal vez vale la pena, por un instante, dejarse del tabú y preguntarse qué clase de satisfacción provoca leer estas líneas.

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Extraños descubrimientos arqueológicos que cambiaron nuestra visión sobre el pasado

Hemos dado con auténticas rarezas que la historia mexicana se tenía bien guardaditas…

En un país como este, donde la diversidad es inmensa, la historia cobra un sentido muy particular. Sin quererlo, tal vez, la hemos transformado en una especie de “pasado común”, un origen que todos compartimos y que por su aparente majestuosidad y profunda relación con lo divino, a cualquiera provoca orgullo.

Pero la verdad es que no tenemos idea de lo que significaba habitar los lugares que nuestra historia imagina; y menos las formas de pensar (y ser) de las personas que ahí estuvieron. Incluso las culturas “herederas” de algunas de estas antiguas tradiciones, los “pueblos indígenas”, tienen solo sospechas sobre ese pasado; lo que sí resguardan y es digno de explorarse y conocerse son leyendas, mitos y otras narraciones orales que los conectan con las de sus más antiguos abuelos.   

En ese sentido, los descubrimientos arqueológicos, las evidencias que constantemente brotan de la tierra y que nos dejan algunas pistas sobre el pasado, no dejan de sorprendernos y siempre ponen a prueba lo que ya teníamos por seguro. Además, muchas veces, en lugar de conectarnos con las vidas de antes, nos distancian, porque muchos vestigios son resultado de prácticas que están lejísimos de nuestra comprensión y hasta nos asustan (como los sacrificios).

Estas rupturas, estos “desengaños”, pero también las curiosidades que nos fascinan y los momentos de auténtica identificación, dicen mucho más de nosotros, del presente, que del pasado. Y tal vez por eso son tan emocionantes, porque nos están haciendo preguntas con las que no nos hubiéramos encontrado si, de manera incidental, nuestros ancestros no hubieran dejado por ahí, en lo profundo, piezas de un rompecabezas que nunca terminaremos de construir.

Te presentamos 10 extravagantes descubrimientos arqueológicos que cambiaron para siempre nuestra visión sobre el pasado.

Túnel al inframundo en Teotihuacán

En 2003 el investigador Sergio Gómez Chávez se encontró casi por accidente con un inmenso túnel debajo de la pirámide de Quetzalcóatl en Teotihuacán. Lo que hallaron ahí Gómez y su equipo es absolutamente fantástico y la investigación sobre el contenido hasta 2018 ha podido ser presentada en la forma del fantástico video de 360° que está arriba. El túnel estaba compuesto por tres cámaras mortuorias llenas de maravillas: ojos de cristal, esculturas de jade, figurillas de diorita y una especie de maqueta del inframundo, representando a escala montañas y lagos (que antaño estaban rellenos de mercurio, en representación de las aguas oscuras) y en las paredes de las cavernas, manchas de pirita, simulando estrellas.

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Ofrenda de finas joyas para Huitzilopochtli

En 2016 se encontró una ofrenda más (entre 205) a Hutzilopochtli en el Templo Mayor, en la CDMX. Pero esta tenía algo muy especial: los restos de un lobo de 8 meses ataviado con finísimas joyas de oro y conchas; según los investigadores que las descubrieron las piezas más magníficas hasta el momento. De acuerdo a los arqueólogos, se pensaba entre los mexicas al lobo como un guía para los muertos y, evidentemente, los antiguos indígenas estaban seguros del valor de las joyas y el oro, fetiche que extrañamente ligamos solo con “los españoles”.

Inmenso tzompantli, altar de cráneos

En 2015, en un predio en pleno centro de la Ciudad de México, se descubrieron múltiples maravillas insospechadas; entre ellas el Huey Tzompantli, una estructura mexica formada con cabezas de sujetos sacrificados o enemigos matados. Además, fue encontrada una ofrenda ritual cerca de un juego de pelota con los huesos cervicales de 32 personas. Por supuesto esta visión podría resultar escandalosa; pero antes de defenderla y argumentar que los mexicas y otras culturas antiguas “veían la muerte y vida distinto”, hay que recordad que los sacrificios tenían que ver con un asunto de orden cósmico, universal; del ritual dependía la mismísima existencia. Tendría algo de honorable, además, prestar la vida a esa causa. Aún ahora es preferible a otras salidas.

Peculiar entierro de perros prehispánicos

En múltiples entierros prehispánicos se han encontrado restos caninos y no es extraño pues se piensa que los perros eran guías para los muertos. Pero este es muy peculiar pues contenía 12 esqueletos de techichi y xoloitzcuintli.

Sacrificio infantil para el dios de la guerra

En 2017, arqueólogos del INAH encontraron un entierro infantil dedicado Huitzilopochtli y no es el primero: en 2005 se había descubierto uno muy similar. Los niños estaban ataviados con adornos corporales y motivos del dios de la guerra. El niño de esta segunda ofrenda tenía aproximadamente 5 años. Sin duda este es el tipo de descubrimientos que nos “alejan”; pero tendríamos que ponernos en unos zapatos muy distintos a los nuestros para poder entender en qué medida las necesidades (interpretadas por sujetos mundanos) de las divinidades eran implacables.

Reina Roja

Fue en Palenque donde se encontró una mujer de la realeza digna de ser enterrada con uno de los más lujosos ajuares jamás encontrados. Hoy sabemos que Hun K’Anleum fue una mujer destacada en la política de la ahora zona arqueológica, cambiando el prejuicio de que no había mujeres en ese tipo de cargos. La llamamos Reina Roja porque fue enterrada pintada de rojo con un mineral (cinabrio).

El azul maya que tiñe al mundo mexicano a través del arte

No brilla en el imaginario como el popular rosa nacional, pero este azul nos define…

Se ha escuchado hablar de “el pantone mexicano”; una gama de colores endémicos que tiñen nuestra gastronomía, arte y también paisaje cotidiano. Destaca, por supuesto el llamado “rosa mexicano”, un tono inconfundible, inmortalizado en la obra del arquitecto Luis Barragán.  Pero conoces el menos brillante y mucho más enigmático azul maya?

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El pigmento fue inventado por la épica civilización y está hecho con los azules de la planta añil (comúnmente utilizada para teñir tejidos), una arcilla llamada atapulgita y otros compuestos minerales. Es común encontrarlo en murales, edificios mayas antiguos, piezas de cerámica y códices. Además, funcionó como materia prima de algunos grandes pintores de la época colonial. 

Esto último despierta curiosas intrigas en historiadores y otros estudiosos del arte; pues en  Europa el azul era un color extremadamente prestigiado y solo los artistas adinerados lo utilizaban. Su azul “ultramarino” se fabricaba usando lapislázuli, una piedra preciosa extraída de minas en Afganistán. Así, antes de que se inventaran los colores sintéticos, el azul era un auténtico lujo en al “viejo continente”. Este hecho nos recuerda que los colores, esos espectros que simplemente damos por hecho, también tienen una historia y que muchos de esos fueron inventados.

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En el arte esto es todo un asunto. Hay sujetos que “patentan” colores y los vuelven de uso exclusivo (sí, aunque parezca absurdo) como el azul de Yves Klein; el negro más oscuro del mundo (Vantablack), que ahora pertenece a Anish Kapoor  y nadie más lo puede usar; o el rosa más rosa, que pertenece al artista Stuart Semple pero que sí puedes comprar (a menos que seas Anish Kapoor).

Así, el azul maya es mexicano y su fabricación accesible lo transformó en un color icónico de nuestra tierra, que ligaba tradiciones tan lejanas como a los antiguos mayas con los pintores criollos.

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Pero mientras que los mayas usaban el pigmento en rituales (como pintar de azul a las víctimas de sacrificio que terminarían en los cenotes, según el cronista Diego de Landa Calderón) y para decorar sus templos; en la colonia fue típico ver este peculiar azul adornando otros símbolos: los católicos. Y la producción azul mexicana era inmensa; especialmente frente a la europea, que se reservaba el ultramarino sólo para detalles muy especiales, como las vestimentas de la virgen.

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En México era muy popular la obra de Baltazar de Echave Iba, llamado “El Echave de los azules”, que como su papá, también pintor, usaba azules indiscriminadamente y de formas que provocarían la envidia de los más grandes pintores europeos de la época. ¿Pero qué le iba a hacer? El azul maya estaba a solo unos pasos y teñía al mundo mexicano a través del arte.

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Tan peculiar es el color que el periodista Devon Van Houten Maldonado dice que no importaba qué tanto se esforzaran estos pintores en parecer absolutamente europeos en su estilo; el azul maya siempre los delataba como criollos. Y a nosotros, ver estos cuadros, también nos provoca una extraña sospecha: el azul recuerda inmensamente al cielo que cubre esta tierra. ¿No te parece?

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*Pinturas de Baltazar de Echave. Imágenes: 1) Mural de Bonampak, “Músicos y bailarines”; 2) Murales de Chichén Itzá/Getty images.

La homosexualidad en el mundo prehispánico

En diversos grupos étnicos eran aceptadas formas distintas de sexualidad; la homosexualidad fue aceptada por los mayas, y un poco menos por los mexicas.

Parece que en Occidente, luego de la influencia católica que permeó durante siglos el significado de la sexualidad, apenas vamos comprendiendo la diversidad sexual más allá de la dualidad hombre-mujer.

En las culturas mesoamericanas, sin embargo, la diversidad sexual era  más aceptada. Como ejemplo tenemos la existencia de la palabra nahua, xochihua, que significa literalmente “el que porta la flor”, y según la versión de Fray Bernardino de Sahagún “el xochihua se vestía como mujer, hablaba como mujer, corrompía, confundía y engañaba a las personas y poseía la flor”. Es decir, era un especie de travesti.

No es extraño que fuese aceptada la existencia de algo así como sexos alternativos. Según describe Guilhem Olivier en su texto Entre el “pecado nefando” y la integración, La Homosexualidad en el México antiguo, para Arqueología Mexicana:

Uno de los primeros testimonios sobre hombres vestidos como mujeres se debe a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien describe en la región de Texas “hombres casados con otros, y estos son unos hombres amariconados, imponentes, y andan tapados como mujeres y hacen oficios de mujeres”. Asimismo, entre los indios de Sonora los españoles encontraron jóvenes ataviados como mujeres.

También:

Vimos que durante una fiesta religiosa en Tlaxcala intervenían hombres vestidos como mujeres. En contextos rituales, eran los sacerdotes los que podían representar a diosas y vestirse como ellas.

Al hablar sobre homosexualidad en el México prehispánico, tenemos vestigios arqueológicos que prueban su presencia y aceptación en algunas culturas, como en el caso de la maya. Sin embargo, en las relaciones que hicieron algunos frailes y que son de los pocos vestigios que tenemos sobre la vida cultural mesoamericana, se entrevé una aversión moral, la cual, por su puesto permea la “veracidad” u objetividad en estas fuentes.

Entre las cartas de que Hernán Cortés envió al rey Carlos V de España, informó lo siguiente: “…a un allende de lo que hemos hecho relación a Vuestras Majestades de los niños y hombres y mujeres que matan y ofrecen en sus sacrificios, hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado”. Sin embargo, ¿no pudo generalizar esta versión con el fin justificar aún más la presencia evangelizadora en estas tierras?. El testimonio de Sahagún al respecto difiere, ya que en los escritos de parte de sus informantes nahuas se denota que, lejos de lo que dice Cortés, estas prácticas sí eran penadas duramente: “Se hace pasar por mujer. Merece ser quemado, merece ser puesto en el fuego”.

Por lo anterior, las fuentes españolas parecen no resultar tan fiables para entender la relación con la homosexualidad en el mundo mesoamericano.

En el artículo de Arqueología Mexicana La sexualidad entre los mayas, se da cuenta de la relación de los mayas con la homosexualidad, la cual, en algunos contextos rituales, de clases, y en lugares específicos, como cuevas, era común y aceptada, y de hecho, parte de la vida social en que un joven era iniciado como hombre:

En la cueva Naj Tunich, Guatemala, se plasmaron escenas de placer explícito del siglo final del Clásico Tardío (…)  Hay evidencia de homosexualidad entre distintos grupos de edad durante el periodo prehispánico, que acaso ocurría en lugares específicos. Estos lugares probablemente proporcionaban un ámbito para la libertad sexual, la experimentación y los encuentros entre hombres jóvenes y mayores.

La feminidad y masculinidad en los dioses

Parte de la aceptación de la diversidad sexual quizá resultaba de su concepción dual de la divinidad. Y cabe recalcar que también se tenía un concepto para la homosexualidad femenina: existía la palabra patlachuia o patlache, documentada por Fray Alonso de Molina, autor del diccionario Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana, y según su definición significa “mujer inmunda, mujer con pene, poseedor de un pene erecto, la que está con una mujer, procura mujeres jóvenes, la que se ve como hombre, la que lo hace con otra mujer”.

Entre los dioses mexicas a los que se les atribuía cualidades de ambos sexos están Centéotl (dios del maíz) al que en la fiesta Uey Tozoztli, se le representaba vestido de mujer, aunque con peinado de hombre. O bien, Metetotl y Mayahuel (deidades del maguey) en sus versiones masculina y femenina. Y no puede faltar, desde luego, la gran dualidad del panteón mexica Ometéotl, la cual tiene su versión femenina Omecíhuatl, ambos, señor y señora de la dualidad.

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Conclusiones

Si bien las versiones de los conquistadores pudieron desvirtuar el significado de la sexualidad entre personas del mismo sexo en Mesoamérica, se sabe que existió cierta aceptación. En el caso de los mexicas se cree que se le tenía más castigado, y en el de los mayas más aceptado. Sin embargo, la presencia de transexuales se tomó con naturalidad, y de ello aún tenemos testimonio actual con la presencia vigente de los muxes, en Juchitán, Oaxaca, que significa mujer, “aquel que se vive y se sabe mujer”.

 

Imagen: Códice Borbónico/Qutzalcóatl y Tezclatlipoca, ambos con aspectos masculinos y femeninos al tiempo. 

*Fuentes:

Houston, Stephen; Taube Karl.(2010). La Sexualidad entre los Mayas. Arqueología Mexicana. Vol. XVIII (104).38-45

Olivier, Huilhem.(2010). Entre el “pecado nefando” y la integración, La Homosexualidad en el México Antiguo. Arqueología Mexicana. Vol. XVIII (104). 58-64.

Bastida Aguilar, L.(2015). Lo Nefando de la Homosexualidad, Revisión Crítica de la Transgresión Sexual Prehispánica. La Jornada. Recuperado desde: http://www.jornada.unam.mx/2015/02/05/ls-central.html

 

 

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )