Llévele, llévele: disco con lo mejor de la música mexicana, cortesía de un jazzista estadounidense

Nunca has escuchado así el "Cielito lindo"…

“En el jazz no se admiten barreras sociales, raciales o nacionales”, dice bien convencido el presentador del concierto de Dave Brubeck en México, 1967, que afortunadamente fue grabado y se transformó en Bravo! Brubeck! Una pequeña joya que pocos mexicanos conocen, pero que seguramente muchos van a disfrutar.

Como bien dice el mismo presentador, el concierto se trata de un “bellísimo gesto” en el que Brubeck, jazzista estadounidense nacido en 1920 y conocido por ser uno de los exponentes del “cool jazz” (llamado así por ser fresco y ligero) dedica una presentación entera a explorar las posibilidades musicales de algunas de las más icónicas canciones del repertorio mexicano.

Acompañado de Chamin Correa (reconocido guitarrista de nuestra tierra) y Salvador Agüeros, percusionista, Brubeck nos lleva de paseo por la propia identidad sonora, pero deteniéndose constantemente para abrirse paso por puertas completamente nuevas.

Como es común entre los jazzistas, Brubeck se dedicó en múltiples ocasiones a ofrecer su propia versión de muchas piezas icónicas de la cultura estadounidense y los resultados son siempre magníficos. Lo que hace es descomponer la melodía central y después, se dedica a reensamblarla, pero con deliciosos e inesperados tropiezos que la vuelven mucho, mucho más rica.

En ese sentido, el de Brubeck no es un ejercicio apto para conservadores; por otro lado, quien ama la música y siente una peculiar nostalgia cuando suenan las clásicas mexicana, va a apreciar profundamente esta exploración.

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Un ejemplo muy interesante es su versión de “Allá en el Rancho Grande”, inconfundible ranchera, cantada en la reconocida película por Tito Guízar con mariachis. Esta, que respeta bastante la pieza original, te va a poner a bailar.

El “Cielito lindo”, considerado el “segundo himno nacional” porque la cantamos para reconfortarnos y darnos ánimo entre paisanos (tanto en los partidos de fútbol, como cuando fue épicamente entonada por brigadistas que apoyaron durante el 19S) es una delicia en manos de Brubeck; quien enfatiza en las partes más lindas y desarrolla de maneras fantásticas el resto de la pieza.

No podría faltar “La Bamba”, pieza veracruzana, clave en el repertorio de la música mexicana y que Dave Brubeck llevó al extremo.

Escucha el disco completo:

 

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Valgur: vintage pop en zapoteco y una justa dosis de denuncia social (ESCUCHA)

Música efervescente, fresca, deliciosa y tejida por una mezcla infinita de influencias.

La ventaja que tiene cualquier creador mexicano sobre muchos otros, es el acceso a una mezcla infinita de influencias. Así, es natural que la contemporaneidad esté sonorizada por música efervescente y fresca. 

Y a pesar de eso, destacan propuestas como la de Valgur. El trío de jóvenes creadores oaxaqueños que en “Zapandú” —su último disco— integra con creatividad y elegancia sus influencias juchitecas; lo mejor del vintage pop (con un toque de vaporwave); algunos versos en zapoteco, y una justa dosis de denuncia social.

Su música es una auténtica delicia. La voz de Elizabeth Valdivieso es intensa y muy particular y las composiciones no podrían ser etiquetadas en un género específico, pero están tejidas con estructuras vibrantes y llenas de pequeñas sorpresas que desvían las sensaciones hacia sitios insospechados.

“Zapandú” es para escucharse con cuidado, aunque se puede bailar y en muchos contextos hace un buen fondo musical; pero tiene tanto que decir que simplemente vale la pena ponerle toda la atención.

La forma en que Valgur logra fusionar distintos aspectos de la cultura zapoteca con las influencias contemporáneas que evidentemente han extraído de internet es impresionante. Sin duda están abriendo las posibilidades para que los propios jóvenes oaxaqueños se aproximen a su cultura y la consuman.

Pero, además, ofrecen una serie de mensajes que son vitales para su generación y sin duda es satisfactorio que estén imbricados en estos sonidos tan ingeniosos, que pueden ser escuchados en cualquier momento. Es buena música y con causa.

Te presentamos, a continuación, algunas de nuestras canciones favoritas del disco:

Desnudx

“Desnudx” es un manifiesto. Es una oda a la multiplicidad de identidades sexuales y de género de nuestro tiempo. Al mismo tiempo es la exigencia de que la sexualidad, como rasgo de la subjetividad deje de ser, precisamente, motivo de sujeción. En nuestro tiempo cabe la posibilidad de imaginar un panorama donde la sexualidad deja de ser definitoria de nuestras conductas, de la forma en que somos representados por otros y nos representamos a nosotros mismos.

Rogelia

“Rogelia” es un regalo sonoro. Está cantada en zapoteco, pero tiene un tinte ultra vaporwave que la hace muy interesante.  La canción es muy personal, habla de la inminente muerte de la abuela de Elizabeth. Su pérdida representa mucho para ella. Es también, en muchos sentidos, una pérdida para la cultura que sostiene su identidad.

Al mismo tiempo “Rogelia” es evidencia de que la globalización se puede abrazar en la particularidad, diversificando el mundo, en lugar de homogeneizarlo y hacerlo estéril. Como declararon  en esta entrevista:

Es un diálogo entre la tradición y la globalización, ésta última que de manera latente atenta sobre la herencia cultural, condicionándonos así a habitar en esta irrevocable oposición; es la inquietante voz de una generación que adquiere dos personalidades: la de impotente espectador, pero también la de cómplice inconsciente.

El pozo

“El pozo” es una de las piezas más dolorosas y difíciles de consumir. Al mismo tiempo,es una de las mejor logradas. Es un viaje, en muchos sentidos. Sobre todo es un grito, que nos exige conectar con ese lado oscuro de la tradición y la cotidianidad: la enorme y compleja violencia social.

La indiferencia nos está matando, pues solo en esa actitud extrema uno se podría permitir herir tanto a otros. “El pozo” pone sobre la mesa la situación del país, pero, especialmente de Juchitán, un sitio que la está viviendo densa.

El video musical también está cuidadosamente construido: logra conmovernos, pero a partir de imágenes que funcionan como delicadas y precisas metonimias. No se trata de hacernos sentir mal o culpables, sino de hacernos sentir. Y Valgur lo logra; definitivamente.

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Retratos de la efervescente escena de los sonideros mexicanos (GALERÍA)

Intensos, electrificantes y comunitarios: adéntrate en la escena de los sonideros capitalinos.

A pesar de todo, los sonideros resisten. Intensa, electrificante, comunitaria; esta enorme fiesta barrial nacida entre Tepito y la colonia Obrera —en el antiguo Distrito Federal—, sobrevive a pesar del tiempo y las fuertes dinámicas sociales que le sirven de contexto. 

Sin duda se trata de uno de los fenómenos culturales verdaderamente endémicos de la Ciudad. Su historia es relativamente elusiva. Se sabe que comenzó a popularizarse a finales de los cincuenta. Amantes de la salsa, cumbia y otros géneros latinoamericanos, comenzaron a hacerla de “radiodifusoras ambulantes”, en eventos cada vez más concurridos y con equipos cada fiesta más poderosos.

Para la década de los sesenta, el sonidero ya era un oficio hecho y derecho y un auténtico servicio a la comunidad. El sonidero aún representa el máximo medio de entretenimiento y vinculación de las comunidades originarias de las colonias donde nació. 

Pensemos que estas zonas de la Ciudad están marcadas por una dinámica económica particular: se trata de las personas que laboran en algunos de los trabajos más duros y físicamente demandantes, pero no tan bien pagados. 

El sonidero es el lugar perfecto para “liberar tensiones” y una alternativa accesible a los salones de baile y los clubs de música. Aunque el sonidero también llegó a los salones, pero en realidad es un asunto de calle y de barrio

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La noche cae en colonias como Peñón de los Baños, la gente está lista para empezar a moverse y ver bailar a los demás. La música nunca va sola: siempre acompañada de los “saludos” que literalmente es un reconocimiento y bienvenida a distintas personas del barrio que ya están puestas para bailar. 

Los saludos son una manera de personalizar las melodías, de animar a los presentes y de hacer propia la situación. Es un motivo que genera orgullo, pertenencia y también una forma de reconocer a los vecinos con cariño.

Todos estos detalles, conmovedores y brillantes, han sido capturados por Tonatiuh Cabello, un fotógrafo mexicano con un estilo muy especial. El originario de Ciudad Neza genera retratos en crudo, que dejan hablar a la situación y personajes por sí mismos. Pero su nitidez no se contrapone con ingeniosas composiciones visuales y una precisión impecable para agarrar la mejor escena. 

No importa quién sea o cómo baile, todos están invitados. Y los que ya se la saben, tienen que practicar un poco de humildad. El espacio es vital para mejorar las relaciones barriales. Aunque también es blanco de actos violentos y por eso cada vez se pone más difícil llevar a cabo un sonidero. Pero siguen sonando.

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Breves maravillas sonoras: algunos de los mejores Tiny Desk Concerts a la mexicana

Estos pequeñísimos conciertos muestran versiones únicas de tus canciones favoritas, tienes que escucharlos.

Para re-enamorarte de la música mexicana o simplemente empezar a conectar con el trabajo de algunos paisanos muy creativos tenemos una recomendación muy especial. Se trata de los “Tiny Desks Concerts”

Esta propuesta de la Radio Pública Nacional estadounidense ha sido un éxito entre amantes de la música en todo el mundo. La idea es invitar a una banda o músico solista que ejecutará un repertorio corto (de menos de 20 minutos) y con versiones absolutamente inéditas de su música original en un estudio muy íntimo, con una audiencia próxima. 

A lo largo de la historia de los Tiny Desk Concerts algunos grupos mexicanos (o influenciados por nuestra música tradicional) han hecho memorables presentaciones que refrescan en muchos niveles nuestro paisaje sonoro. Te presentamos algunas de nuestras favoritas.

Magos Herrera and Brooklyn Rider

Magos Herrera es una brillante cantante mexicana. Su voz es profunda, compleja y muy expresiva. A lo largo de este pequeño concierto quedarás completamente enamorado.

Café Tacvba

La épica banda mexicana, nos regala en este pequeñísimo concierto versiones encantadoras de un clásico y tres piezas más contemporáneas; acompañadas de algunas reflexiones importantes sobre el presente de nuestro país.

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Jenny And The Mexicats

Esta banda multicultural toca distintos géneros con sus sonidos, incluyendo flamenco, un poco de cumbia y otros ritmos latinos. Disfrutarás mucho sus vibrantes canciones.

Natalia LaFourcade

La popular cantante mexicana reinventa nuestros sonidos más tradicionales con un enfoque íntimo y muy genuino. No te pierdas este concierto musicalizado por Los Macorinos; el dueto de Juan Carlos Allende y Miguel Peña, que también tocaron, en su momento, con Chavela vargas.

Troker

Si creíste que en México no se hace jazz, es porque no has escuchado propuestas como las de Troker. Originarios de Guadalajara, sus ritmos son excéntricos, divertidos y parecen estar construyendo intrincadas narraciones.

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Chicano Batman

Con influencias que van desde Pink Floyd hasta Rigo Tovar, Chicano Batman presume una rica mezcla cultural. Su sonido se define como “soul music” y es una pieza esencial de la cultura pop mexico-americana.

Lila Downs

Siempre llevando al extremo las definiciones de la música mexicana tradicional, la impresionante Lila Downs sorprende con este íntimo, pero vibrante concierto. 

Mariachi Flor De Toloache

Este mariachi femenil reinventó para siempre uno de los géneros clave de la música mexicana. No te arrepentirás de disfrutar esta genial presentación.

Conoce más sobre esta propuesta aquí.

Flaco Jiménez

Nada para echarle leña al fuego de la nostalgia, como este concierto mínimo de una de las grandes leyendas del corrido y genio del acordeón.