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Brujería y política en México: un viejo y sombrío noviazgo

Curanderos, videntes, chamanes, conjuros, vudú, santería, New Age, amarres y mucho espiritismo, también son ingredientes históricos en la política mexicana.

México es un país que desborda misticismo. Y uno de los cauces que esa pulsión ha tomado es, evidentemente, el de las prácticas asociadas a la brujería y la magia. Desde el Mercado de Sonora y el linaje oaxaqueño de curanderos y hechiceros, pasando por las sesiones espiritistas de Francisco I. Madero, Elías Calles y muchos otros, el amplio catálogo de magos prehispánicos, la meca brujo-selvática de Catémaco y la meta-ficción de Carlos Castaneda y Don Juan Matus, la magia en México ocupa prácticamente todos los rincones –a veces de forma vistosa y otras, muchas, con elusiva discreción–.

Considerando lo anterior no debiera sorprendernos que en este país también se ha forjado una estrecha relación entre política y brujería. Incontables políticos mexicanos han recurrido a hechiceros, brujos y otras figuras similares, en busca de protección, de apoyo metafísico para sus causas y, ocasionalmente, por simple curiosidad. 

Magia negra VS Magia blanca

Recordemos que a fin de cuentas las artes ocultas apuntan a ejercer una modificación de la realidad mediante la voluntad dirigida, por medio de conjuros, rituales y otras herramientas; también, es importante distinguir entre lo que popularmente se conoce como magia blanca y magia negra, cuya diferencia fundamental depende del fin con que se ejerce: si se usan estos conocimientos sin un interés personal de por medio, entra en la primera categoría; mientras que si lo que se busca es el beneficio o, aún más allá, el poder, entonces se estaría practicando magia negra. Sobra decir que en el caso de la política, cuando esta recurre a la magia o la brujería, generalmente resuena con una franca ambición de poder, y por lo tanto caería en el más oscuro de los cuadrantes.

Los brujos y el poder

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Si quisiéramos hacer un recuento de política y brujería en México seguramente tendríamos que comenzar por los tlatoanis mexicas y líderes políticos del resto de las culturas originarias del país. En ese contexto el poder político y la magia eran fuerzas indisociables y explícitamente unidas. Pero pasemos a los vínculos posteriores, aquellos cultivados en momentos donde esta relación no era intrínseca.

Tras la etapa colonial, durante la cual estaban prohibidas este tipo de prácticas, poco se sabe, al menos hasta el siglo XX. Es luego de la Revolución Mexicana, cuando las alusiones metafísicas comienzan a poblar el imaginario político de México. Quizá por eso el recuento de asociaciones entre brujería y política que hizo Jesús Gil Olmos, en su libro Los brujos y el poder (2009), comienza precisamente en esta etapa, con el capítulo “Los espiritistas de la Revolución”

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El espiritismo en México

En él se cita la afición espiritista de presidentes mexicanos, incluido Francisco I Madero –quien además era estudioso del Bhagavad-Gita–, Plutarco Elías Calles –que también se apoyaba en curanderos, entre ellos el Niño Fidencio–, y Miguel Alemán. Todo apunta a que estos tres mandatarios, y muchos de sus subordinados, tomaron decisiones importantes aconsejados por los espíritus a los que contactaban en las sesiones.

Es decir, podríamos afirmar que el rumbo del país estuvo influenciado por los mandatos de entidades etéreas. El espiritismo seguiría siendo popular al menos durante el medio siglo posterior a la Revolución, periodo en el cual tuvo incontables adeptos, en México y el mundo, entre políticos y figuras públicas. 

Catemaco, la capital metafísica del PRI

Hace 25 años, un niño tuvo la oportunidad de visitar Catemaco, Veracruz. Este sitio se hizo mundialmente famoso por la cantidad de brujos que lo habitan y ofrecen “consultas”. Cuando el niño entró al recinto descansó su mirada –quizá tomando algo de aire antes de mirar al “gran brujo” a los ojos–, en una gran mesa que recibía a los visitantes. Ahí, entre la superficie de madera y un grueso vidrio, se encontraban “enmarcadas” varias fotografías. Al centro estaba una especialmente llamativa: aparecía el presidente Carlos Salinas tomado del brazo del brujo. 

Al parecer, y por lo menos desde el propio Alemán, hasta Ernesto Zedillo, los presidentes mexicanos, todos provenientes del PRI, acostumbraban visitar Catemaco y, según Gil Olmos, tenían sus respectivos brujos de cabecera –a quienes por cierto se les conocía como los “asesores presidenciales”–.

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New Age, vudú y política a la mexicana

A finales del siglo XX y durante las décadas posteriores, la asociación entre brujería-magia y política adquirió una diversidad espectacular. En esta etapa los casos han sido tan variados que optaremos por enlistar brevemente algunos, todos citados en Los brujos y el poder, con el afán de evidenciar este extraño mosaico que protagonizan figuras políticas de distintas procedencias y años:

El Maharishi en Tamaulipas (1993)

El entonces Gobernador de Tamaulipas, Manuel Cavazos Lerma, seguía fanáticamente el “pensamiento” del famoso líder espiritual de la India, Maharishi Mahesh Yogi –creador de la Meditación Trascendental, y guía de celebridades como los Beatles y David Lynch. Cavazos Lerma implementó en su gobierno, incluso en programas de educación pública, un sistema misticoide de autosuperación inspirado en las enseñanzas del indio. 

Elba Ester Gordillo, vudú, santería y otras (1994)

Uno de los episodios más sombríos de brujería en la política mexicana es protagonizado por Elba Esther, la líder sindical. De acuerdo con el libro citado, su sed de poder y afición por las artes ocultas la llevaron a Nigeria, donde realizó un conjuro con un gran brujo de vudú –que consistió en un ritual donde se mató a un león y “la maestra” se bañó en la sangre del mismo. Lo anterior como un protocolo de protección luego de que su enemigo político, Ernesto Zedillo, asumiera la presidencia.  

“La Paca” (1996)

Para sopresa de miles, la PGR de entonces, encabezada por el panista Lozano Gracia, recurrió a una vidente para tratar de resolver el asesinato del diputado Manuel Muñoz Rocha. Muchos recordamos el embrollo que se hizo, cuando supuestamente encontraron el cadaver en el rancho de Raúl Salinas auxiliados por “La Paca” –quien por cierto era consejera metafísica del hermano del ex-presidente. La historia fue un fiasco, y terminó con la ridiculización de la justicia en México. 

Vicente Fox, el nuevo despertar que terminó en amarre (2000)

Estrenando el siglo XXI y con bríos renovados por la posible alternancia histórica, la campaña de Vicente Fox se rodeó de un grupo que percibía en su potencial triunfo la señal de un despertar de la conciencia en México. Estos personajes se encargaron de confeccionar rituales e imprimir un espíritu esperanzador a la campaña. Tras el triunfo del panista no solo no se confirmó este despertar masivo, sino que la línea metafísica de su gobierno terminaría dictada por Martha Sahagún.

Gil Olmos asegura en su libro que Sahagún, quien fungió primero como vocera y luego como Primera Dama, habría hecho varios “trabajos” a Fox para que se casara con ella y, posteriormente, para que obedeciera buena parte de sus ocurrencias. Desde pastillas y brebajes hasta conjuros puntuales, proceso en el cual estuvo asesorada por Elba Esther Gordillo, Sahagún habría recurrido a lo que fuera para conquistar al mandatario –incluidos los tradicionales “amarres”–. Su origen híper católico, combinado con brujería y new age. se combinarían para servir a la ambición de una figura esencialmente desagradable pero que, aunque no sabemos a qué costo, termino consiguiendo lo que buscaba.   

Políticas públicas embrujadas

Aunque para muchos parezca inverosímil, la brujería ha estado y probablemente seguirá estando francamente presente en la política mexicana. Sin importar si reconocemos o no en estas prácticas algo de poder fáctico, lo cierto es que dicha fuerzas o creencias han influido, históricamente, en decisiones políticas e incluso filosofías de gobierno, en México. Es decir, este fenómeno tiene un valor histórico en nuestro país y, aunque te sorprenda, parte de tu vida cotidiana está, por ende, influidas  por ellas. Además, repasar dicho binomio, brujería y política, nos recuerda lo que mencionábamos al principio: la magia y la metafísica están presentes en la esencia de México, y esto se manifiesta en absolutamente todos los campos.   

Los extraterrestres y la magia, una creencia muy a la mexicana

Soñadores o visionarios, los mexicanos parecen creer en la vida más allá de la muerte y los extraterrestres. Un nuevo estudio lo afirma.

El misticismo y los extraterrestres, una creencia mexicana. Al menos eso es lo que apunta un estudio realizado por Martijn Lamper, quien con su trabajo Majority of humanity say we are not alone in the universe, ha arrojado nuevos datos sobre qué más creen en la vida extraterrestre y la magia. Los mexicanos ocupamos el segundo lugar.

La asociación entre el misticismo y la vida extraterrestre no es arbitraria. Tampoco es una señal del bajo grado de educación o ignorancia del pueblo o nación que cree en ellas. Al contrario, refleja una apertura a las nuevas posibilidades, el atrevimiento de romper nuevos paradigmas y, sobre todo, la humildad de reconocer que en un universo tan grande, la raza humana no podría estar sola.

Los datos del estudio son claros en cuanto a esto. Según sus resultados, las personas más propensas a creer en la vida extraterrestre están altamente interesadas en la ciencia, son de mente abierta, son tolerantes, son pensadores holísticos y son fervientes creyentes de que la imaginación y los sueños pueden de alguna manera afectar la realidad. Entre otras de las características que salieron a relucir resaltó que, de las 47% personas que creían en la existencia de los extraterrestres, muchas estaban a favor de buscar una manera de contactarlos, mientras una porción pequeña de gente aseguraba que lo mejor era no intentar algún tipo de comunicación.

La renuencia, como la atracción hacia lo desconocido, es una característica muy humana. La seducción que ha sentido el ser humano por estos temas se ha remontado desde sus inicios, como, por ejemplo, la manera en que se descubrió el fuego. Sin este tipo de necesidad que tiene el hombre y la mujer, de buscar lo extraño, los avances de la raza humana se hubieran entorpecido. De ahí que, pensar que la existencia extraterrestre es algo ignorante no es correcto. Simplemente es un raciocinio que se fundamenta en la fuerte premisa de que, en un cosmos tan inmenso, el planeta tierra no podría ser el único con vida inteligente.

Lo mismo sucede en cuanto a ver en los sueños y la magia un cierto poder. Esto no necesariamente significa que hay una falta de inteligencia. Muestra el grado de espiritualidad de la gente, su búsqueda de respuestas más allá de verdades absolutas. Algo que, lamentablemente, la ciencia aún no ha podido descifrar. Además, resulta muy pertinente recordar que el valor de los sueños es innegable. Tanto así que, en Europa, Freud decidió analizarlos para comprender de una manera más óptima la psique del ser humano.

El ver en el misticismo y la magia una nueva manera de autodescubrimiento y curación, como en el chamanismo y los rituales, también es una manera de abordar la complejidad del ser humano, así como buscar nuevas alternativas a la medicina tradicional, altamente cuestionable a lo largo de la historia. Es por esto que, muchos de los habitantes de México, buscan alternativas en la herencia de sus antepasados. Después de todo, como en muchos otros países de América, en México se transpira la nigromancia hasta en sus poros.

Estas creencias ancestrales han sobrevino la llegada de los europeos, la conquista y todavía ahora se les puede encontrar. Tanto así que, para muchas personas, son consideradas ya parte de la realidad. Debido a esto, no resulta sorpresivo que varios habitantes de México aún crean en la magia. Otro de los factores que ha favorecido la visión de lo místico como algo verdadero o parte de la realidad, reside en la riqueza de culturas mágicas que hay en el país. Algunos ejemplos pueden verse en los médicos curanderos, conocidos como los jíteberes en las comunidades indigenas, o la existencia de mujeres como Luz Irene Bacasegua, curandera de la etnia de los mayos en Sinaloa.

Este misticismo, alimentado por la medicina herbolaria y las figuras míticas de brujas o hechiceras, ha convertido al mexicano en una persona abierta a nuevas posibilidades y, tal vez, a encuentros cercanos con el tercer tipo. Aunque algo es claro: en un universo en el que la realidad parece volverse cada vez más frágil, el mexicano aprende a ver tras sus grietas con la valentía de descubrir la magia o vida planetaria en el caos.

*Referencias de imágenes: 4) Gustavo M

“Tierra de Brujas” fotografías que capturan el misticismo mexicano por Maya Goded (FOTOS)

Las brujas y su misterio son la magia que las ha mantenido vivas durante años, un fuego que se admira, pero al que uno no puede acercarse, sin el riesgo de una quemadura.

“El fin de la historia se adivina: las brujas, que hasta entonces no habían visto a Juanito, lo bajan del árbol y se lo comen”

-Alfonso Reyes 

Todavía existen las brujas, mujeres que no viajan en escobas, pero sí le susurran al viento y aprenden el nombre de las hierbas. El trabajo de Maya Goded las retrata en su proyecto: Tierra de brujas, donde no sólo logra captar el misticismo y surrealismo que aún hay en el norte de México, sino enfocarlo en las mujeres que hacen temer al hombre, hechiceras que para algunos, aún surcan los cielos y chupan la sangre de los niños.

Y, a pesar del temor y desprecio que hay hacia ellas, también logran milagros: la creación de un mundo, donde la nigromancia y  el misterio sobrevive.

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A partir de un sincretismo de las creencias prehispánicas y cristianas, las brujas enarbolan sus conjuros, en una región localizada en el norte del país, en el pueblo de San Luis. Aquí, entre los espectros de los  árboles, sombras cuyas hojas son consumidas por el calor de las tierras áridas, la búsqueda de la magia es indispensable para la sobrevivencia. Tal vez, es por eso el nombre con el que se les denomina a las hechiceras de esta región: “Bolitas de fuego”, atributo de la esperanza que encienden en la oscuridad, en la desesperación del ser humano. Sin su atisbo de magia en este paraje,  el hombre y la mujer se marchitan, como una flor en el desierto, cuyo aroma es sepultado en la arena.  

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El secreto que rodea a estas hechiceras, se mantiene oculto frente al ojo público, por el temor y escarnio que, todavía ahora, muchas de ellas sufren. Goded lo afirma, cuando cuenta su experiencia al llegar al pueblo de San Luis, donde habían los rumores de la existencia de estas nigromantes y una escuela donde ensañaban sus hechizos. Según cuenta la fotógrafa a Animal Político: 

Llegué a un pueblo muy solitario en San Luis Potosí. Ahí cada vez que preguntaba por la escuela de brujas, los habitantes me miraban con desconfianza, negando la existencia de brujas en el lugar.

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Pero el negar la subsistencia de las brujas es en vano. No importa con cuantas palabras se les quiera sepultar, ellas hacen crecer alas de sus hombros para despegar los pies de la tierra. La presencia de las nigromantes es innegable y Maya Goded lo vivió mientras iba en su búsqueda. No encontraba ningún rastro de ellas, pero su presencia se respiraba en la zozobra del pueblo al que había ido, en el temor que cada aldeano transpiraba. Hasta que, sólo una persona, que le pidió anonimato, la llevó con una de las mujeres: 

Un señor que conocía a una bruja me enseñó el camino para llegar a su casa pero me pidió que no le contara a ella que él me lo había dicho.

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Cuando la bruja la recibió, Maya Goded percibió el olor a flores secas e inciensos. La mujer frente a ella ya era una anciana, de ropa blanca y pequeña estatura, pero su mirada era la de un pozo y Maya temió ahogarse en sus profundidades, en esa oscuridad, en la que la bruja le dijo: “Estoy contenta porque llegaste a curarme”.

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La hechicera no tardó en revelarle a Goded que ya sabía el porqué venía y, que de hecho, la esperaba. La fotógrafa no tuvo palabras con las cuales responder, sólo con el silencio miraba a su alrededor, maravillada de encontrarse en un mundo diferente. La bruja tenía el don de escuchar a los muertos y entre sus utensilios de adivinación, estaba un balde de agua, en donde tenía visiones. Aunque, debido a su avanzada edad, su don comenzaba a languidecer. 

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Aún así, la fuerza de la vida de esta mujer no escapaba. Al igual que muchas de las brujas de la región, la mujer que Maya conoció se caracterizaba por haber vívido su vida como había querido: siendo independiente, sin hijos y el gozo de su plena sexualidad. Lamentablemente, la libertad que ejercen no es muy bien vista en donde habitan, por lo que viven a la periferia del pueblo de San Luis y, la mayoría de los hombres con los que han entablado una relación amorosa, las han dejado. Algo, sin duda alguna paradójico, porque la especialidad de estas brujas son los hechizos de amor. Maya lo afirma:

“Las brujas tienen historias de amor súper tristes. Son mujeres rechazadas porque se salen de las estructuras y reglas sociales. Su especialidad era el amor”.

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El temor hacia las brujas y sus corazones rotos es ancestral. Los pobladores de las regiones donde ellas habitan lo saben y al encontrarse con una, el miedo crece en sus venas como el mito de su magia rejuvenece. Las anécdotas en torno a estos encuentros no se hacen de esperar, fábulas que Maya Goded interpreta en sus imágenes, pero cuya seducción, sólo revive en los que se atreven a mirarlas. 

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En cada una de las fotografías de Goded, puede apreciarse al hombre, la mujer o el niño que decide entregarse a la bruja y sus hechizos. Lo que prueba que, a pesar del temor y desprecio que las brujas de San Luis provocan, sus habitantes las necesitan, como la llamarada de un fuego, en la oscuridad. 

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*Imágenes de Maya Goded

Miranda Guerrero
Autor: Miranda Guerrero
Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.

El manual de hechicería y sortilegios para cazar brujos indígenas

El "Tratado de hechicerías y sortilegios" fue un manual con el que evangelistas aprendían sobre las herejías que debían extirparse de la Nueva España, a unos treinta años de terminada la conquista.

Al mundo indígena y al prehispánico lo divide la grieta de la conquista. No sólo se perdió ahí la mayoría de creencias de vida y cultura sino que, entre otros sincretismos imprecisos, se adoptaron formas de continuar la existencia lejos de un origen. Diría José Vasconcelos, “la derrota nos ha traído la confusión de los valores y conceptos”. 

Cabalmente, uno de los conceptos que más se ha deshonrado en los 500 años que llevamos por conquista, es el tema de la brujería, la hechicería mexicana, o lo que hoy en día se supone por igual, el chamanismo o nahualismo.

Mucho se ha advertido sobre estos temas: la errónea conexión que se ha establecido entre el chamanismo y la santería –esta última es ajena a nuestra cultura, y fue traída a México principalmente desde Cuba y Venezuela– por llamárseles a ambas “hechicería”, la relación estrecha del chamanismo con la curación espiritual, y las grandes probabilidades que se tienen de algún día, alcanzar un grado de conocimiento científico sobre esa práctica anímica tan vital.

Con el Tratado de hechicerías y sortilegios, escrito por fray Andrés de Olmos en 1553, importantes conocimientos de la cultura indígena se señalaron como satánicos. Este tratado es el eco de las desconfianzas de los foráneos en tierras indómitas; la prueba de que el asombro, más allá de revelarnos belleza, proyecta los miedos de la mente humana; lo que no se conoce.

 

De brujas y rituales

Mediante este manual que advierte “avisa y no emponzoña” religiosos e inquisidores aprendían sobre las herejías que debían extirparse de la Nueva España, a unos treinta años de terminada la conquista. Su autor, Andrés de Olmos, escribe en el prólogo de este libro que se trata de un extracto y adecuación al caso indígena desde el Tratado muy sótil y bien fundado de las Supersticiones y Hechicerías y Vanos Conjuros y Abusiones; y otras cosas al caso tocantes y de la posibilidad e remedio dellas, un manual de hechicería creado en 1527, en España, por fray Martín Castañega –predicador del Santo Oficio–, para combatir la brujería de occidente. 

Conviene reconocer la ignorancia que inquietaba al conquistador, pues ésta provenía justamente de la experiencia con lo brujo, que llevó a la Europa medieval a crear órdenes como la Santa Inquisición, pero que sin duda se pervirtió con el ultraje del poder eclesiástico. A raíz de esta experiencia histórica, existían nulas posibilidades de que las creencias prehispánicas perduraran en su estado natural. Y al reconocerse como verdaderas promotoras del diablo, de lo satánico, lo perverso y de la cisma de occidente sin prueba alguna, no tardaron en condenar a los indígenas como a las brujas: quemados en la hoguera y, como acto piadoso, cortándoles la cabeza.

Sobre el Manual de hechicerías

De manera que al indígena se le maldijo como a las brujas.

Se utilizó un manual de hechicería basado en el original que sentenció a muerte a miles de personas en Europa, y esta vez lo hizo también en América. El Tratado de hechicerías y sortilegios fue escrito en nahuatl, a entendimiento del indio para que reconociera sus labores diabólicas. Dentro de él se redactaban algunas “experiencias” del mismo Olmos donde había hecho de testigo sobre invocaciones al diablo –”yn tlacatecolotl”, el hombre-buho o tecolote, como lo llama él–.

Se halla ahí también, una acentuada teoría y práctica demonológica; según estudios recabados por Victoria Ríos Castaño: en los once capítulos primeros se habla sobre el poder de algunos indígenas naguales para trasmutarse en animales o energías de fuego, y de los sacrificios que se congregaban en las ceremonias. Los trece capítulos restantes hablan sobre otros poderes de los hechiceros, que muy negativamente se les atribuyen a la magia negra como meros hechizos y conjuros de tempestades.

Culmina con algunos “remedios católicos”, ya encontrados en el manual de hechizos de Castañega,  para combatir los engaños de Satanás. A continuación un fragmento del tratado narrado por Olmos:

¡Oh hijos míos! No hay cuenta de cómo engaña el Diablo a alguien. Sabréis que cuando yo, fray Andrés de Olmos, allá vivía, en la región de Cuernavaca, quizá ya (hace) veinte años, un hombre casado vivía en un templo; me dijo que oyó que él, el hombre-tecolote (el Diablo) se apareció a un hombre y le mandó que llamara a algunos en secreto; para que allá, a la entrada del bosque fueran, para que en su presencia cumplieran con él; Yde este modo 10 hicieron. Luego fueron agarrados, en una casa fueron en- cerrados; yo vi a algunos de ellos, e interrogué a aquel a quien se apareció el Diablo, a aquel que por su causa sufrió amonestación para mortificarse; y le interrogué para que me dijera cómo se apa- reció, cómo le habló. Muy de noche, al encender una vela encima de la casa, allá en un sitio desierto se me apareció el Diablo; como el rey se presentó engalanado, así iban engalanados los señores en los tiempos antiguos cuando iban a bailar; yo tuve gran miedo. Él me dijo: por favor, ven; di a don Juan que por qué me rehuyó; Haz la ofrenda, reúne a la gente del pueblo, para que allá, a la entrada del bosque, ante mí, salgan. Puesto que de ningún modo allá me rindo yo en Cuernavaca; a causa de él, de él, la Cruz allá se levanta y allá viven los padres; que en seguida allá se vayan con otros a la entrada del bosque. Inmediatamente desapareció el Diablo.

 

Sobre los misioneros espirituales 

Andrés de Olmos llegó a la Nueva España acompañado de fray Juan de Zumarrraga, primer obispo y arzobispo de la Ciudad de México, quien habría de hacerse más famoso que el mismo Olmos curiosamente, por protagonizar el mito guadalupano A personajes como Zumárraga se le atribuye, también, la quema de un millar de textos prehispánicos en donde se hallaba información sobre los beneficios rituales del peyote y otras plantas sagradas.

Tanto Olmos como Zumarrraga fueron importantes evangelizadores de la Nueva España: dedicaron su estancia en México, hasta 1528, a evangelizar con éxito la Ciudad y algunos pueblos aledaños.

Y en esa labor “espiritual” se ganaron el título de cazadores de brujos, brujas. De grandes maestros de la palabra en el Colegio Santa Cruz de Tlatelolco –fundado por el propio Zumárraga, la mejor escuela indígena y evangelista de la época–, pero sobre todo, se les reconoce a ellos una épica labor, que fue la del aprendizaje de las lenguas indígenas y de algunos textos de cultura para entender la cosmovisión prehispánica. Sin embargo, poco o nada fue su utilidad, sabiéndonos hoy en día sin esa información que mucho podría servirnos para orientar la identidad mexicana. 

Hechicería en el México prehispánico según el Códice Florentino.

 

De aquella guerra espiritual, esa persecución indígena inevitablemente atroz, surgieron paradójicamente las leyendas de espanto más famosas de la historia mexicana: relatos de diablos, apariciones espectrales, magia oscura, enfermedades derivadas de ella. En suma, todo lo que no correspondía al mundo prehispánico pues, la filosofía cósmica de nuestro ancestro fue mucho más que eso. En esencia, fue la de plasmar las verdades de la naturaleza –del universo–, pues la búsqueda de éstas se vuelve inútil: el hombre americano las conoce y las comparte con el mundo. 

 

*Imágenes: 1) “Nueva Corónica y Buen Gobierno” de Felipe Guaman Poma de Ayala, 1616 / Dominio Público 2) “Onder de neus van de Inquisitie” de Christenen voor Israël / Dominio Público; 4) El Paraíso Perdido de John Milton, Gustave Doré, 1866 / Dominio Público; 5) “Saint Brendan in cloud in the sky” / Capturing the Soul of the Americas, de Caspar Plautius – Dominio Público; 6) Hechicería en el México prehispánico, Códice Florentino

*Fuentes de consulta: 

RÍOS Castaños Victoria, “El tratado de hechicerías y sortilegios (1553) que «avisa y no emponzoña» de fray Andrés de Olmos”, Universidat Autònoma de Barcelona1611 : revista de historia de la traducción, núm. 8, Barcelona, España, 2014.

BAUDOT Georges, “Apariciones diabólicas en un texto náhuatl de fray Andrés de Olmos”, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México.

SEPÚLVEDA y Herrera María Teresa, “La brujería en el México antiguo: comentario crítico”, en Dimensión Antropológica, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 1995.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.