¿Dónde están los Zapatistas?

¿Dónde están hoy aquellos que se levantaron en armas hace 25 años y cambiaron algo de México, para siempre?

México vive una coyuntura política-social con la entrada de un gobierno que se denomina de izquierda y en el que muchos mexicanos tienen puesta su esperanza de cambio. Desde su primer día de gobierno mostraron ciertos simbolismos que apuntaban hacia una política diferente a los pueblos indígenas, pero conforme han pasado los primeros meses de gestión existen diversas voces que se han alzado para denunciar la falta de respeto a la autonomía y la libre determinación de los pueblos por la imposición de proyectos con grandes intereses económicos como son las hidroeléctricas, parques eólicos, el Tren Maya y el Corredor Transístmico; una de esas voces es la del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que hace 25 año inició la lucha por su autonomía.

Es irónico que en la supuesta era de la información, millones de personas no conocen sobre el proceso comunitario que viven los pueblos zapatistas, por tal razón comparto este texto que se nació a partir de mi participación en la “Escuelita Zapatista” en el año de 2014, la cual organizó EZLN con el propósito de dar a conocer su vida y organización al interior de sus comunidades. Durante esos días cientos de personas convivimos con mujeres y hombres que hace más de dos décadas decidieron cambiar su vida para seguir construyendo su historia desde otra perspectiva.  

Antes de viajar al sureste de México, había personas que me decían “para que vas, los zapatistas ya no existen, el movimiento se acabó”. Me pongo a pensar con qué facilidad hay hombres y mujeres que juzgan un movimiento que cambio la vida de miles de indígenas, con qué facilidad se desacredita una lucha que costó la sangre de personas que decidieron cambiar su realidad. Creo que al final esos juicios se derrumban ante los 9,125 días y contando que han transcurrido desde el levantamiento y que ellos “las y los zapatistas” viven sin importar lo que se diga fuera.

Para asistir a la “Escuelita”, salimos de San Cristóbal de las Casas en una camioneta de redilas hacia el Caracol, donde se reúne la Junta de Buen Gobierno de la zona que nos tocó visitar, nos tomó seis horas en llegar y la expectativa crecía mientras más avanzábamos. Al llegar ya nos esperaban las y los zapatistas y ese momento fue cuando conocí a Israel, mi Votán, mi Guardián, mi Amigo que acompañaría cada uno de mis pasos durante estos días. Él solo tenía seis años cuando fue el levantamiento y le tocó nacer bajo el territorio de un finquero. Al día siguiente, y después de una fiesta en la que compartimos el estar, nos subimos nuevamente a una camioneta de redilas en la que nos adentramos todavía más hacia la selva de las montañas chiapanecas y después de tres horas llegamos a la comunidad que fue mi escuela durante cinco días.

Cuando íbamos llegando se veían a lo lejos mujeres, hombres, niñas y niños quienes nos estaban esperando con sus pasamontañas y sus paliacates en el rostro. Al verlos la piel se me puso chinita y confieso que se me salieron algunas lágrimas. Entre ellos ya se encontraba Don Joaquin, a quien yo todavía no conocía, pero que los próximos días me enseñaría el vivir y pensar de su comunidad.

Las y los Zapatistas

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Durante estos días me compartieron un pedazo de su vida. Mujeres y Hombres que día a día continúan construyendo su historia de libertad. Hombres y Mujeres, que al igual que otros grupos indígenas del mundo, tienen un vivir que les permite disfrutar el presente y aprovechar los pequeños momentos del día que representan gran parte de la vida. Mujeres y Hombres con un sentido profundo de lo comunitario, poniéndolo por encima del individual. Niñas y Niños que crecen entre la naturaleza que les nutre el alma y el pensamiento, desde pequeños identifican aquellas necesidades verdaderas que les permiten vivir y no aquellas necesidades creadas que cada vez más nos rodean. Mujeres que en las últimas décadas han logrado replantear su lugar dentro de su propia cultura y que representa un nuevo vivir. Sin duda alguna todavía existen muchas cosas por mejorar y cambiar, pero siempre hay un punto de partida que trae esperanza a las nuevas generaciones.

El Yugo

Fue fuerte caminar por estas tierras “recuperadas” las cuales antes del levantamiento del 94 pertenecían a los finqueros quienes en complicidad con las autoridades locales, estatales y federales sometían a los verdaderos dueños del territorio. Para Don Joaquín, quien vivió bajo ese yugo por más de 40 años y quien vio morir a sus padres sin haber visto la libertad, esta etapa representó años de maltrato, abuso y esclavitud, una forma de vida muy distante a la realidad que hoy vive su familia. Fue duro caminar por la “Casa Grande” del finquero J.C. y pisar la tierra donde cayeron asesinados indígenas que no obedecieron las ordenes, después del levantamiento esa casa la convirtieron en la clínica de salud.

Decir que el movimiento zapatista no ha cambiado nada es “Falso”. Para empezar cambió la vida de Don Joaquin y Doña Albina, al igual que la de sus hijos y sus nietos, además de la de miles de personas que habitan esta región. Este nuevo despertar de las personas de esta comunidad ha creado vínculos comunitarios que les permiten disfrutar la vida de una manera que hace dos décadas se veía muy lejana. Ahora se respiran aires de libertad y por esta razón el movimiento ya valió la pena.

El Territorio

Como para cualquier pueblo o nación la tierra es parte de la vida y es lo que nos permite caminar en paz por este mundo. La comunidad se encuentra en un gran valle que antes pertenecía a una sola persona y ahora habitan miles de personas. Un valle en el que se encuentra una gran diversidad de plantas y animales, tan solo en el pedazo de tierra que les pertenece a Doña Albina y Don Joaquin logre contar más de 25 alimentos vegetales que la familia siembra y cuidaba para enriquecer su alimentación cotidiana. A esto hay que sumarle los más de siete animales que son criados en la casa y los más de diez animales salvajes que se pueden cazar, tan solo en el arroyo que se alimenta de un gran manantial de agua fresca se encuentran caracoles, cangrejos, camarones y peces.

Un verdadero paraíso terrenal que se asemeja al que se describe en la Biblia y que sin duda alguna es de ellos y pretenden defenderlo si alguien trata de arrebatárselos. Tierra que a su vez es compartida con el resto de la comunidad en la que se llevan actividades como las que me toco hacer, deshierbar maíz, pizcar frijol, sacar yuca y secar café.

La Organización

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Su organización esta basada en su cultura ancestral como pueblo indígena y a su vez enriquecida por los principios fundamentales del EZLN que cada uno de nosotros podría aplicar en su propia vida.

  • Servir y no servirse
  • Representar y no suplantar
  • Construir y no destruir
  • Obedecer y no mandar
  • Proponer y no imponer
  • Convencer y no vencer
  • Bajar y no subir

Principios que se viven en la cotidianidad y que a su vez es necesario seguir reforzando en las nuevas generaciones. Principios que tratan de ser destruidos por el “Mal Gobierno” y por una cultura homogenizadora que promueve el individualismo vs lo comunitario. Hoy en día vivimos en sociedades que le tienen miedo al cambio y que les molesta que existan personas con un pensar distinto al suyo. Los retos siguen siendo muy grandes, pero a su vez lo que han avanzado ha dejado frutos que se ven en la cotidianidad de los “Compas” zapatistas.

La espiritualidad

Su relación con lo que les rodea y su propia cosmovisión está ligada a todas las actividades que realizan durante el día. El sincretismo entre lo propio de ellos y la religión católica ha dado como resultado una forma de reflejar su espiritualidad hacia lo comunitario. Para mi sorpresa resulto que Don Joaquin, aquel hombre de casi 70 años con sus manos arrugadas y su lento andar, era diácono de aquellos que caminaron al lado de Tatic Samuel Ruíz. Su preparación es resultado de un gran esfuerzo que lo hizo recorrer comunidades Tzotziles, Tzeltales, Tojolabales, Choles etc por más de 30 años sin soltar la estola y el rosario que el propio Tatic Samuel le entrego, los cuales llevo consigo cuando se levantaron en armas ese primero de enero de 1994,  hasta el día de hoy siempre que sale los lleva con él “por si se ofrece”. Me compartió una anécdota en la década de los ochentas cuando encarcelaron a Tatic Samuel en Ecuador y él junto con otro compañero fueron a ese país, dirigiéndose a la cárcel en la que se encontraba para tocar la flauta y el tambor por más de 10 horas fuera del penal para que el corazón de Tatic no estuviera triste, hasta que lo dejaron en libertad y regresaron juntos a Chiapas. Durante estos días también me pude dar cuenta en dos momentos que la música, el baile y la palabra son elementos que constituyen ejes fundamentales de su espiritualidad, la cual tiene un vinculo profundo con la naturaleza que los rodea.

Zapata Vive la Lucha Sigue

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Llegó la hora de despedirme, siendo un momento triste, pero a su vez feliz de haber aprendido cosas nuevas. Este momento represento que una parte de mi corazón se quedara en ese lugar de la selva y a su vez me llevara un pequeño pedazo del corazón de los Compas. Ellos continuaran defendiendo lo que es suyo, su vivir, su pensar, su territorio, su organización y por mi cuenta me tocara compartir lo que viví esos días haciendo ver a las personas que detrás de las siglas del EZLN y del Sub-Marcos hay miles de seres humanos trabajando y demostrando que un “Mundo mejor es Posible”. Mientras tanto en lo personal continuare trabajando para que por medio de mis acciones cotidianas mis hijos vivan en un mundo más justo que les permita vivir la libertad que los “Compas” respiran por aquellos rumbos del sureste

Lo Aprendido

Las lecciones las resume muy bien Gustavo Esteva, quien ha estado muy cerca del movimiento y con toda claridad resalta que gracias a “los zapatistas hemos aprendido a vivir sin dogmas, sin la cerrazón que implica atenerse a una doctrina, un partido, un líder… Aprender en colectivo es uno de los desafíos más difíciles de una auténtica transformación, especialmente cuando no es fruto de la enseñanza, cuando no hay alguien arriba formateando a la gente y diciéndole por dónde ir; aprender no es lo mismo que ser domesticado… Reconstruir el camino de la vida, como los zapatistas, parece simple e imposible a la vez, por la fuerza del ímpetu patriarcal milenario, orientado a la muerte y llevado a su extremo en su forma capitalista actual, y por el carácter de las sociedades actuales, que bloquean todo camino propio. Aprendimos que es un camino plural, que se inventa todos los días, sin atajos ni fórmulas mágicas. Se aparta radical y conscientemente de los desarrollismos que hoy se ponen de nuevo de moda”.

Finalmente quiero decirles a los mexicanos que dejen de esperar que los políticos que llegaron a los distintos cargos públicos cambien su vida, el cambio será muy difícil si en lo cotidiano no cambiamos más allá del estado; nuestra realidad va ser diferente cuando dejemos de esperar del sistema y desde nuestro espacio social y comunitario hagamos algo para cambiarlo, así como las y los zapatistas lo hacen en su cotidianidad, claro sin dejar de exigir nuestros derechos como ciudadanos…

Al pueblo Rarámuri que cambió mi vida.

*Para leer más sobre el EZLN:

Enlace Zapatista

Radio Zapatista

Congreso Nacional Indígena

Mauricio del Villar
Autor: Mauricio del Villar
Promotor Comunitario y Asistente al Foro como parte del Concejo Indígena para la Protección del Territorio, las Tradiciones, las Lenguas y las Semillas, Mauricio lleva más de una década compartiendo y construyendo la vida con comunidades indígenas y rurales de México.