Durante este ritual oaxaqueño el alcalde debe casarse con una princesa caimán

Para invocar unión entre los pueblos y abundancia en la tierra, el alcalde de San Pedro Huamelula debe casarse con una caimán.

Entre los rituales mexicanos, el “casamiento” entre un hombre y una caimán es, tal vez, uno de los más entrañables. 

Está lejos de ser una broma y se debe llevar a cabo de forma obligatoria anualmente en el poblado de San Pedro Huamelula, Oaxaca; sin embargo tiene algo precioso, infantil y risible (en el mejor de los sentidos). Con eso en mente es disfrutado por quienes toman parte en la particular ceremonia. 

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Como explica Juan Espinosa, regidor de Usos y Costumbres de San Pedro, el casamiento, protagonizado por el alcalde del pueblo y la reptil, es una representación que antes tenía “algo de realidad”, pero que ahora se trata de la fiesta y la risa. Lo que es claro es que, en todos los sentidos, este ritual significa armonía, comunidad y unidad.

La versión contemporánea mezcla elementos de la religión católica y la interpretación presente de las creencias prehispánicas sostenidas por las etnias de la zona. Por otro lado, está fundamentada en un relato muy antiguo. 

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El mito que reúne a huaves y chontales

Según el mito, antes de la Conquista los chontales llegaron a la región costera de Oaxaca y entraron en disputa con la comunidad huave que habitaba la zona. Como relata Espinosa, los dos pueblos poseían el “poder de propiciar lluvias o buenas cosechas” y tratando de demostrar la superioridad de su poder, se mantenían en una guerra constante. 

Pero, contrario a toda sospecha, la hija del rey huave y el hijo del rey chontal se enamoraron y esto terminó por forzar a los reyes a llegar a un acuerdo. Se decidió reunir a los dos pueblos en el casamiento de los jóvenes. 

Los huaves, entre sus poderes, guardaban uno muy particular: podían convertirse en animales. Por eso la princesa llegó a tierras chontales convertida en lagarto. La fiesta fluyó como los ríos de la zona: chontales y huaves pactaron la paz. 

Y la ceremonia se repite simbólicamente cada año, con la esperanza de que el mantenimiento de esta relación, de la unidad entre comunidades, traiga consigo abundancia, buen clima, lluvias y cosechas. 

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El ritual de casamiento

Así, en San Mateo del Mar, los huaves (también llamados “mareños”) buscan a la “princesa caimán” y le asignan a una madrina. Esta se encarga de confeccionarle un atuendo típico de boda y ataviarla para la ceremonia; no sin antes bautizarla en la iglesia de San Pedro Apóstol y asignarle —por supuesto— el nombre de la esposa del alcalde en turno.

De San Mateo, la novia caimán va hasta San Pedro Huamelula y, después de un desfile por el pueblo se encuentra con el alcalde, que está representando al príncipe chontal. Cuando termina la boda hay música, baile, comida —probablemente bebidas. Y sí: el alcalde baila con su esposa, la trata con excepcional delicadeza y le regala un par de cariñosos besos en las fauces cerradas por un elegante listón blanco.

El ritual puede parecer muy extraño visto desde afuera, pero si algo celebra es la inquebrantable conexión que tenemos con el entorno. De él dependemos. No está demás, entonces, ningún ritual para pedirle y agradecerle por la abundancia que nos ofrece. Por otro lado, como signo de paz y acuerdo, es bastante justo. 

Si el precio cósmico que hay que pagar por el equilibrio natural y comunitario es casarse con una tierna princesa caimán, hay que estar dispuestos a aceptarlo.

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Maíz ajo: el eslabón perdido del maíz

Esta especie está suspendida en el tiempo; nadie entiende cómo es que se haya conservado junto a sus pares de maíces más modernos y útiles para la alimentación.

 “No sirve para tamales, atole o tortilla, es solo un recuerdo de que la semilla existe desde tiempos inmemoriales”.

 José Arnulfo Luis Arellano Téllez

Parece una artesanía, una que se hace sobre un maíz, como con trenzas orgánicas. Hablamos de uno de los maíces criollos más antiguos de los que se tiene registro, y se desconoce exactamente en qué momento surgió: el maíz ajo.

Uno de los misterios que más le rodean, es las pocas probabilidades de que aún se conserve. Y la historia detrás de este improbable fenómeno se desenvuelve en la comunidad de San Juan Ixtenco, en Tlaxcala, donde por generaciones, familias de agricultores de origen otomí han guardado su semilla. Según una investigación para la revista Ciencias de la UNAM, entre ellas está la de Vicente Hernández Alonso, quien durante los últimos cincuenta y cinco años lo ha replicado año con año, utilizando el esquema denominado conservación in situ.

Un caso extraño

Se trata de un maíz que, de algún modo, no tiene una utilidad práctica, pues no puede usarse de alimento, pero sí una muy simbólica.

“Es un lujo que nos podemos dar en Tlaxcala, pero sobre todo los de Ixtenco, pues lo sembramos como recuerdo de los maíces primitivos, pues primero fue el Teoloxtintle y hasta que llego el maíz tunicata”, cuenta José Arnulfo Luis Arellano Téllez, uno de los campesinos de este municipio para el sitio Info Rural.

Según Arellano Téllez, sus ancestros le indicaron que deberían rescatar y preservar aquella especie de maíz, pues gracias a ella pudieron entender y describir la existencia de muchas otras especies que están relacionadas genéticamente con ella.

Su origen

Como sabemos, el maíz tiene su origen en el teocintle, la especie silvestre que el hombre mesoamericano fue domesticando durante miles de años. El maíz ajo, se encuentra en algún lugar de esta cadena de evolución, pero luego se fue creando el maíz como lo conocemos ahora, y de manera extraordinaria, el maíz ajo se quedó entre nosotros.

Su simbolismo

Según la tradición oral, se reconoce que el maíz ajo se se cultiva desde hace milenios, y adicionalmente, para usos medicinales y ceremoniales.

En el Códice De la Cruz-Badiano se menciona en tres ocasiones el uso de este peculiar maíz. En lo correspondiente a su uso medicinal: este escrito del médico nahua del siglo XVI, Martín de la Cruz, lo menciona para la curación de disentería, de medicina lactógena (dificultad para flujo en lactancia) y la curación de quemaduras en niños.

En la parte de uso ceremonial se asocia a la bendición de las espigas de maíz para la siguiente siembra cada día 15 de mayo; a los rituales a Centeotl y los cantos ceremoniales relacionados con el ciclo maicero dedicados a “las siete espigas de maíz benditas en el Templo de Chicomecoatl.

Este maíz ajo es, de algún modo, un recordatorio del milenario trabajo que ha sido la domesticación de esta gramínea. Es un espejo cultural que recuerda el valor  del esfuerzo colectivo para la supervivencia, y a su vez, una reliquia que es un agradecimiento vivo a la naturaleza.

*Imágenes: 1)El Universal; 3) Tortilla de maíz mexicana

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

BRAMA: música para una película inexistente

El hipnotizante proyecto de estos músicos mexicanos revolucionará tu escucha.

El paisaje musical mexicano está plagado de toda clase de influencias. Cabe la posibilidad de que aquí se produzca suficiente contenido sonoro como para satisfacer toda clase de gustos. 

Por otro lado, aunque hay múltiples proyectos que destacan por su incuestionable calidad y se celebran en un amplio espectro, las propuestas más experimentales suelen estar muy por debajo de la superficie y para dar con las más brillantes, uno tiene que ahogarse en el mar de lo alternativo. 

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Pero vale muchísimo la pena, sobre todo cuando escuchas el trabajo de creadores como los miembros de BRAMA, un ensamble que construye lo que ellos mismos describen como “música para una película inexistente”

El proyecto integrado por Omar González (piano Fender Rhodes), Pablo Ramírez (armónica), Edgar Hernández (batería) y Adriana Camacho Torres (contrabajo), combina la técnica musical de los cuatro con la conexión que cada uno de ellos guarda con el mundo del cine, pues todos son cineastas de carrera y llevan sus vivencias a la creación sonora. 

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Como resultado, presentan una serie de atmósferas musicales que atraviesan múltiples géneros (como rock experimental, ambient, trip hop, dub y free jazz) mientras trazan una escenografía construida con ritmos y melodías vibrantes e inesperados. 

Así, el ejercicio de escucharlos obliga a imaginar el contexto de donde podrían haber brotado estos espacios dando lugar —en la experiencia de cada uno— a esa película “inexistente” que los miembros de BRAMA se proponen sonorizar.

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La experimentación, la improvisación y una búsqueda que se balancea entre lo acústico y lo electrónicos, más que ensamblar un sonido sólido y terminado, ofrece una escena fragmentada, por donde uno puede colar sus propias interpretaciones con absoluta naturalidad.

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Permitirte escuchar con atención la propuesta de BRAMA es regalarte un momento para la autocontemplación; para conectar con los rincones más densos y exquisitos de tu imaginación y exigirte a ti mismo un acercamiento más profundo a esa película inexistente, pero activa, que es la experimentación de tu propia existencia. 

Escucha más de su música aquí. Mira más videos acá

Y no te pierdas su próxima presentación en vivo el sábado 20 de julio a las 9 PM en el Restaurante La Ceiba en Av Revolución S/N Sto. Domingo entre calle La presa y Valle de atongo en Tepoztlán, Morelos.

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Rituales mexicanos para poner el clima a tu favor

La poética conexión que guardan algunos pueblos mexicanos con la naturaleza les regala una mística ventaja: la posibilidad de predecir y controlar el clima.

La poética conexión que guardan algunos pueblos mexicanos con la naturaleza les regala una mística ventaja: la posibilidad de predecir y —si los dioses escuchan— controlar el clima.

Y es que entre algunas comunidades, aún vibra una noción muy orgánica que dicta que las fuerzas abstractas del medio ambiente tienen voluntades propias —igual que las voluntades humanas— y podemos apelar a ellas, pidiendo que beneficien los ciclos que más convienen a nuestra existencia.

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Para llamar y complacer a estas voluntades, se realizan profundos rituales y sacrificios. Y, aunque su efectividad pareciera estar perdiendo potencia —mientras experimentamos el fenómeno que conocemos como cambio climático— tal vez sea más importante que nunca realizarlos, por lo menos como un recordatorio de lo conectados que estamos a la vida de la Tierra, en todas sus dimensiones.

Te presentamos, entonces, algunos rituales mexicanos que podrían ayudarte a poner el clima a tu favor.

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1: Barbacoa ritual para asegurar el buen tiempo

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En el poblado de Petlacala, en Guerrero, la petición de lluvias se realiza el 1 de junio. Consiste en el sacrificio ritual de dos chivos que se ofrendan al Sol, en la ladera del cerro Tonalixcatzingo. En este sitio hay una oquedad circular en la montaña llamada caltonaltépetl o “casa del Sol”. Ahí se vierten la sangre de los animales y mezcal.

Además, se depositan dentro los corazones de los chivos para ofrendar a una “culebra” que habita el sitio sagrado y que también tiene injerencia sobre las lluvias. La carne de los animales se prepara en barbacoa y es consumida de forma colectiva por la gente del pueblo.

2 Sacrificio para pedirle a los “angelitos de la lluvia”

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También en Petlacala se realiza otro sacrificio que se repite en distintas partes de Guerrero. En el caso de este pueblo se acude a un sitio llamado Yeyecacíhuatl (que significa mujer del viento) y ahí se sacrifican gallinas y guajolotes y se montan ofrendas.

Después de desplumar a las aves, se les extraen las vejigas, se inflan como globos y se cuelgan en árboles cerca de las ofrendas, en dirección al sur. La mitología popular dicta que estos “globos” sirven de tambores a los “angelitos de la lluvia” y ellos los tocan para hacer tronar las nubes.

A la par, las mujeres danzan junto al altar, donde hay una cruz (el ritual está ligado a la celebración de la Santa Cruz) y el tlahmaquetl (hombre que media entre lo sagrado y lo terrenal) canta, mientras derrama con la boca mezcal sobre la tierra, imitando la lluvia.

3: Haciendo nubes

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En la comunidad mixteca de Santiago Nuyoo, en Tlaxiaco, Oaxaca los rezanderos realizan un precioso y sencillo acto ritual. Se trata de fumar tabaco para “hacer nubes”. El acto es cotidiano, claro, pero en el momento de petición de lluvias adquiere una conciencia muy particular.

4: Sangre para invocar a las aguas

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En distintas regiones de Guerrero, cada año se ejecuta un ritual muy particular. Jóvenes disfrazados de tigres se agrupan en “equipos” por barrios y armados con una cuerda anudada, pelean tan duramente como son capaces y hasta donde el otro aguante.

El fin último es que gotee la sangre, para fertilizar la tierra e intercambiar gotas de su propio líquido vital, por gotas de lluvia. Mientras combaten, gritan, imitando a los jaguares y en una hermosa analogía, a los truenos.

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El acto ritual es practicado siempre por hombres; pero en algunas regiones de Guerrero la tradición ha cambiado y no discrimina por género y edad y los golpes subliman deliciosamente las emociones de quienes tiran sangre y ganan lluvia.

5: Para protegerse de los rayos

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En las comunidades de Tlaxiaco, Oaxaca, muchos le temen a los rayos. Dicen que son malévolos y persiguen a las mujeres, invocan a las alimañas. También se sabe de sujetos que son capaces de transformarse en rayo y asesinan o lastiman a sus enemigos.

Así, para protegerse de los rayos durante una tormenta, se realizan pequeños rituales como plantar un machete en el suelo; arrojar sal al fuego o llenar la casa con las plantas y flores que fueron usadas para adornar la Santa Cruz.

6: Rituales para despedir a las lluvias

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El Día de San Miguel, 29 de septiembre, muchas comunidades mexicanas comienzan a despedir a las lluvias. En algunos pueblos se le pide a los “angelitos”, que son comandados por el arcángel Miguel, que se retiren a tiempo, pues si se quedan de más, la milpa podría arruinarse. Se acostumbra también poner altares con maíz o productos derivados.

Otra fecha importante es el 1 de noviembre, el día de Todos los Santos o Día de Muertos, cuando se comparten las cosechas con los ancestros, cerrando otro ciclo de fertilidad con la muerte.

*Fuente: “Aires y lluvias. Antropología del clima en México”, compilado por Annamária Lammel, Marina Goloubinoff y Esther Katz.

*Imágenes: 1) Crédito no especificado; 2) México Desconocido; 3) Alex Espejo; 4) Open Edition Journals; 5) Javier Barros; 6 y 7) Cristian Leyva; 8) theworldnews.com; 9) Fiveprime.

 

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