Escucha los preciosos sonidos mexicanos que le dan ritmo a nuestra identidad

Un viaje por México a través de sus sonidos atemporales (ESCUCHA)

El paisaje sonoro de México es ultra complejo y reflejo fiel de la inmensa diversidad cultural de nuestra tierra. Aunque hay una serie de sonidos mexicanos que destacan porque hacen eco en la memoria y han adornado por mucho tiempo el imaginario colectivo. 

Tristemente, algunos de ellos están ligados a oficios mexicanos en peligro de extinción (como los organilleros y los merengueros) que sin duda muchos querríamos salvar; no sólo porque producen nostalgia, también porque son prácticas vitales para nuestra cotidianidad. 

Muchos de estos sonidos mexicanos son tan populares que han hecho su aparición en grandes películas (como el silbato de los camotes en “Birdman” o el afilador de cuchillos en “Roma”). 

Hay otros que tienen historias muy curiosas: como el de los fierros viejos de la CDMX; y otros extrañísimos (como el canto “patitas gordas” de los carritos que venden esquites con patas o visceras de pollo) que hacen más profunda la cualidad surreal de México. Como sea, todos son encantadores y vale la pena tenerlos presentes. 

Escucha aquí algunos de los preciosos sonidos mexicanos que le dan ritmo a nuestra identidad.

Escucha los encantadores sonidos ligados a 10 oficios mexicanos en peligro de extinción

Algunos de los sonidos que inundan nuestra cotidianidad, podrían comenzar a desaparecer. Tal vez por eso su presencia nos produce nostalgia.

Ningún acto de nostalgia —ni el más puro, el más honesto y tampoco el más radical— podría frenar el paso del tiempo. Todo lo que nos rodea está en un constante ciclo de composición y recomposición y hay cosas que, inevitablemente desaparecerán.

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El afilador de cuchillos.

Este hecho —doloroso, pero nunca carente de una veta poética— está alcanzando a algunos de los más preciosos y tradicionales oficios mexicanos. Y si estas prácticas de vida se van, perderemos junto a ellas buena parte de la composición visual y sonora que nos rodea.

Sí: hay flotando en el ambiente una serie de encantadores sonidos que están irremediablemente ligados a los oficios mexicanos en peligro de extinción. Y no se trata de que nos falte el gusto por prácticas como la del zapatero o el afilador de cuchillos. En realidad, lo que está cambiando son nuestras formas de consumir y organizarnos, por eso cada vez necesitamos menos de los personajes que practican estos nobles trabajos.

Además, somos —por distintas razones, algunas legítimas y otras no tanto— cada vez menos usuarios de la calle como espacio público. La calle es un terreno de tránsito, que se despliega sin que le prestemos demasiada atención y cuando lo hacemos es solo porque nos sentimos  —o nos encontramos — en peligro.

Y de la calle son muchos de los oficios que se están esfumando, como los camoteros, los merengueros y los organilleros. Algunos, como el oficio del globero, terminarán por disolverse porque cambian nuestra conciencia y prioridades.

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El camotero.

Pero, así como hay sonidos ligados a los oficios; estos se ligan a nuestras memorias más íntimas y sagradas, probablemente las de la infancia y, sin duda las de habitar México. En ese sentido es muy valioso contar con el registro que ofrece en línea la Fonoteca Nacional, narrando las cualidades y las historias detrás de 10 preciosos sonidos que inundan nuestra cotidianidad, pero que pronto podrían empezar a desaparecer.

Escúchalos todos aquí.

*Imagen destacada: New York Times.

“… Algo de fierro viejo que vendan”: la voz detrás del icónico sonido mexicano

La voz de esta chica inunda las calles de la CDMX. Tienes que conocer su historia.

La voz es un elemento tan sagrado que en la época prehispánica se consideraba una auténtica manifestación divina y, a pesar de que esta creencia ya no tiene la potencia de antaño, el encanto que la voz produce continúa.

Y es que, ya sea por un tono característico o por un verso particular, hay algunas voces que se vuelven una letanía, el himno de una colonia o un recuerdo muy íntimo. Este es el caso de la voz con la que se anuncian los coches que llevan fierro viejo en la CDMX, y la cual se caracteriza por tener el timbre muy agudo de una niña.

Pero, ¿a quién pertenece tan misteriosa voz? La historia se remite hasta la colonia Neza, a una casa que a primera vista se parece a cualquier otra. Sin embargo, detrás de sus muros está la niña de hierro, María del Mar Terrón, una joven que, sin deberla ni temerla, se ha vuelto parte de la cultura nacional, por la manera tan particular con la que anuncia la compra de fierro viejo.

Una melodía rutinaria…

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Desde muy joven, María se ha dedicado al negocio de comprar objetos que las personas ya no usan. La labor no es nada fácil. Cada día, ella y su padre tienen que levantarse muy temprano y recorrer las calles en un coche al que ya se le han caído fragmentos de pintura. El andar del vehículo es lento, especialmente porque la lógica del negocio lo demanda, pues necesitan hacer varias pausas en su camino.

Debido a las dificultades de transporte que enfrentan, la familia opta por empezar las “vueltas” por las calles que están cerca a dónde viven, provocando que la rutina comience de una manera familiar, casi como un paseo, en el que María habla a través de un megáfono y repite las palabras que ya todos conocen y de alguna manera olvidan, hasta que ella las vuelve a pronunciarlas:

Se compran colchones, tambores, refrigeradores, microondas, estufas, lavadoras o algo de fierro viejo que vendan…

El ritmo con el que María nombra a cada objeto es lento, cadencioso, parece seguir un compás que nadie conoce y, aún así logra captar la atención de todos, especialmente la de los perros, quienes al percibirla, empiezan a aullar y ladrar en reacción al canto de la joven, como una bienvenida o un lamento. Aunque, los Terrón no desisten y continúan su paso por las calles, hasta encontrar a alguien que está buscando deshacerse de alguna televisión o un electrodoméstico.

Con el curioso tono se han realizado toda clase de experimentos…

En cuanto llega el primer objeto al auto, María y su padre tienen una costumbre: se persignan. Para ellos, esto es una manera de demostrar su gratitud, ya sea al destino o la bienaventuranza, especialmente porque el negocio ha menguado y ya rara vez sacan ganancias.

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De cuando el canto se inmortaliza

Pero la escasez del dinero no solo ha causado dificultades en la familia Terrón, también ha causado que esta familia mexicana —como muchas—saque su lado más creativo. Fue así que al padre de María se le ocurrió que su hija grabara en un cassette su voz, con las palabras que ya todos conocemos o al menos así lo narra su padre:

“Ese cassete se grabó de las doce de la noche a a cuatro de la mañana…”

La frase, que en sí era una enumeración de los objetos que podían entregar al coche de chatarra, tenía un único cometido: aumentar las ganancias del negocio, el cual iba a la baja. De acuerdo al padre de María, la grabación tardó cuatro horas. El procedimiento fue tardado, sobre todo porque había algunas palabras que María arrastraba más que otras, como si se estuviera tardando en encontrar el ritmo de cada letra. Sin embargo, cuando uno le pregunta a la joven el por qué había elegido ese tono tan particular, María responde que salió de manera automática, obedeciendo a su hablar natural:

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“¿Cómo se me ocurrió grabarla? Pues así… mi papá me dijo: tienes que leer este párrafo, aquí hay dibujitos y sigue todo así como va” —dice la niña de hierro, quien hoy en día continúa la labor del fierro viejo en su colonia y cuyo cassette ha cruzado toda clase de fronteras, pues hasta en otros estados se le escucha.

El fenómeno que María y su padre desataron fue casual, producto de fuerzas que nadie conoce. Por otro lado, que este sonido ahora se haya vuelto parte de la identidad de su país, nos recuerda algo: la voz continúa teniendo su encanto, porque además de ser un instrumento musical, tiene una propiedad divina que, constantemente, nos convoca.

También en Más de México: Book of sounds: una guía ecoacustica para entender los sonidos de México y el mundo

*Imágenes: 1 y 4) Crédito no especificado; 2 y 3) El País. 

Miranda Guerrero
Autor: Miranda Guerrero
Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.

Escucha el silbato de la muerte que los aztecas usaban para aterrorizar a sus adversarios

Cientos lo tocaban al unísono. Con seguridad, el resultado es más estremecedor de lo que imagines.

Lo sabemos, para los antiguos mexicas la guerra era un eje tanto de su religiosidad, como de los intereses económicos de su imperio. Los aztecas hacían guerras para conquistar ciudades y obtener tributos (con fines económicos), o bien, como en las llamadas Guerras Floridas, para conseguir prisioneros y luego sacrificarlos a los dioses (fines religiosos).

silbido de la muerte azteca

De entre los artilugios que los aztecas fraguaron alrededor del arte de la guerra, además de emblemáticas armas como su maza de madera con navajas de obsidiana afilada (Mācuahuitl) o su daga con hoja de doble filo hecha de obsidiana que representaba al dios Xiuhtecuhtli (del fuego y del calor), estaba uno quizá mucho más sofisticado y basado ingeniería acústica: su silbato conocido como De la Muerte: Ehecachichtli.

Se sabe, apenas recientemente, que este silbato cuyo sonido es estremecedor –simulando tal vez los gritos de una persona exudando sufrimiento–, era empleado en la guerra para producir pavor en sus adversarios, en una especie de estado alterado de conciencia (imagina cientos de ellos al unísono). El sonido era conseguido por aerófonos de doble diafragma o de muelle de aire. Y si bien no existen fuentes diversas que confirmen la existencia de este extravagante artilugio, el investigador Roberto Velazquez lo describe en su artículo para la revista Arqueología (#42, 2009).

Aparentemente el silbato era también usado en otros rituales de la muerte, por ejemplo para ayudar a sus muertos a descender al Mictlán. Considerando que para esta cultura la muerte era un tránsito a un estado más preciado, entonces quizá el sonido emitido por el “silbato de la muerte” no solo era un recurso para atemorizar a los adversarios, sino también una especie de detonador de éxtasis entre los propios guerreros aztecas –un llamado a matar pero también a morir–. 

Y a propósito del “silbato de la muerte” aquí te compartimos una compilación de instrumentos musicales prehispánicos que acompañaron los días y noches de aquellos tiempos. 

Imágenes: 1) Jorge Cervantes Martínes