Adéntrate en la cultura afromexicana, sus símbolos y misterios (GALERÍA)

Por siglos los afromexicanos han cultivado una identidad llena de influencias indígenas, coloniales y africanas.

Fue hasta hace muy poco que las comunidades afromexicanas obtuvieron reconocimiento del Estado. Y probablemente en ese momento se hizo consciente de su existencia una enorme parte de la población de México. A partir de entonces, este grupo que, por siglos, ha cultivado una identidad llena e influencias indígenas, coloniales y africanas, se ha vuelto uno de los rasgos más fascinantes del complejo tejido cultural de nuestro país. 

Sus costumbres, sus símbolos y narrativa histórica poco han sido retratadas y menos narradas a gran escala desde los mismos miembros de este grupo que habita la Costa Chica en Guerrero y Oaxaca. Pero estamos ávidos de entenderlos y rastrear la forma en que ellos han influenciado nuestro pasado e identidad presente.

Al interior del misterio de las culturas afromexicanas

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“El Cimarrón y el Fandango” es el título de una espectacular serie de fotografías que se adentra en los misterios de la cultura afromexicana. Cortesía de la genial Mara Sánchez Renero, las imágenes, construidas con una surreal potencia, muestran la mágica cotidianidad que envuelve a estos grupos. 

Lo más visible, es que estas personas viven rodeadas de una naturaleza abundante y profunda; de la que se alimentan y a la que rinden culto, a través de rituales que invocan, curiosamente, figuraciones que normalmente asociamos a algunos países del continente africano.

Estas comunidades costeñas viven de su entorno, de la pesca y el ganado. Son hábiles vaqueros y también fantásticos bailarines. Su música —particularmente las chilenas, los merequetengues y sus sones— es tal vez la expresión que mejor ha encontrado cómo filtrarse hacia otras regiones de México. Pero la danza tiene un sentido ritual. “El Cimarrón y el Fandango” hace referencia precisamente a un baile que habla sobre esclavitud y libertad.

La esclavitud, un concepto que poco ha permeado el vocabulario histórico de México, tiene aquí un significado muy importante. Las comunidades afromexicanas son descendientes de los esclavos africanos traídos por los españoles a México en tiempos de la Conquista. Su historia, con la que pocos han conectado, es una que urge ser escuchada.

“Los afromexicanos han estado en el limbo”

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Dijo Mara Sánchez al New York Times: “Son mexicanos y tienen los mismos derechos que todos. Pero están en una situación similar a la de las comunidades indígenas, teniendo que lidiar con […] recursos limitados.” Tal vez adentrarnos a narrativas como la propuesta por esta fotógrafa es el primer paso para reforzar la importancia cultural de este grupo y la diversidad de nuestro país. A continuación, habrá que escuchar las historias y aprender de las vidas narradas por ellos mismos.

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El increíble gráfico que muestra todas las lenguas originarias de México (y sus relaciones)

México es un país que cuenta con una gran diversidad cultural; este gráfico muestra su gran riqueza en lenguas originarias.

Uno de los elementos que distingue al ser humano del resto de los demás seres vivos es el lenguaje. El lenguaje es un sistema complejo de comunicación; por medio de él, comunicamos todo aquello que pensamos y sentimos, pero también interactuamos con todo lo que nos rodea.

Existen muchas formas en las que se emplea el lenguaje; una de las principales es la oral. Por medio de la fonética, el ser humano ha creado todo un medio de comunicación que varía dependiendo las regiones. Es por ello que se hablan diferentes idiomas en cada país y que existen diversas lenguas en una misma región. En México, estas son las lenguas originarias.

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Fotografía: Citlali Fabián

México es una nación multilingüe y resguarda 68 lenguas originarias, sin contar el español, lengua adoptada después del proceso de la conquista. De acuerdo a datos del INEGI y del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), existen 364 variantes de las lenguas indígenas, y más de siete millones de personas hablan alguna de ellas. A pesar de que existen mapas que dan cuenta de la ubicación geográfica de cada lengua, y listados de las familias y agrupaciones lingüísticas, ninguno había sido tan claro con el realizado por De la Fuente.

Imagen de: sites.google.com

Este fantástico economista mexicano realizó un gráfico a partir de datos del INALI y logró crear un asombroso material gráfico. En estas gráficas se pueden observar las vertientes de cada familia lingüística y su número de hablantes, a través del tamaño de cada esfera. A pesar de que su trabajo no representa los datos de la forma en que lo hacen otras instituciones, da una idea más clara sobre las lenguas que se hablan en México.  

Imagen de: Sin Embargo

Los diagramas parecen tener forma de constelaciones y hay al menos seis de ellos: cinco representan las familias de lenguas más reconocidas en México con sus variantes, y la última. bajo la categoría de “varias”, muestra aquellas lenguas no clasificadas o que se encuentran aisladas.  

De la Fuente no solo nos brinda estos ingeniosos gráficos, sino que también nos invita a reflexionar sobre la importancia de conocer nuestra cultura

¿Te interesa saber más sobre nuestros pueblos originarios y sus tradiciones? Ven a conocer a Lorena, la de pies ligeros: el hermoso documental sobre la corredora rarámuri.

*Imagen destacada: David Alan Harvey

Los afromexicanos también son de aquí (probando que nuestra diversidad es infinita)

Reconocerse mexicanos, es reconocerse diversos, pero entre tanta variedad ¿será que somos infinitos?

La diversidad de México felizmente no se agota. Pero está en nosotros explorar tantas dimensiones como podamos de esta increíble tierra. Por otro lado, aunque es delicioso ir descubriendo México despacito, nuestro desconocimiento puede tener consecuencias bastante negativas.

Por ejemplo ¿sabías que, hasta hace muy poco, las comunidades afromexicanas no habían sido formalmente reconocidas por las instituciones del Estado? Y no es descabellado afirmar que más de uno de nosotros no tenía idea de que esos grupos existen. Pero sí: además de españoles, nahuas, mixtecos, triquis, rarámuris, mayas y tantos otros más, en México gozamos de la influencia cultural y genética de diversos grupos afrodescendientes.

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Y estos grupos son increíblemente complejos. Como los “pueblos indígenas” no se pueden simplemente etiquetar de una sola manera y su música, arte, gastronomía, aproximación al español, son ricas y muy distintas a esas que ya le atribuimos casi naturalmente a los “mestizos”.

Pero bueno, a propósito de la decisión del Senado de aprobar la Ley del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, que le otorga plenos derechos constitucionales a las comunidades “originarias” y a los pueblos afromexicanos, nos pusimos a pensar que vale mucho la pena acercarse un poco al tema. Imagínate que fue hasta 2018 cuando estos grupos obtuvieron los derechos ciudadanos que los demás dan por hecho.

Así, hablemos de los pueblos afromexicanos

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Como te podrás imaginar, los pueblos afrodescendientes se formaron después de la conquista, cuando los españoles trajeron a México esclavos de distintos países de África. La mayoría de ellos aún residen en comunidades de las costas de Guerrero, Oaxaca y Veracruz, sitios que sus ancestros pisaron por primera vez hace más de 400 años. Sin embargo, históricamente han sido prácticamente invisibles.

Y no es de sorprenderse. Hay muchos que piensan por ejemplo, porque así nos lo plantearon en la escuela, que los pueblos mayas y nahuas son un asunto del pasado. Por suerte eso se puede remediar. Por otro lado es verdad que el rezago histórico para estas comunidades se transformó en un rezago de las políticas públicas, provocando que, por su falta de derechos, no se atendieran sus necesidades básicas y que no se respetaran sus tierras y otras propiedades.

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Así, los afromexicanos son pueblos también desconocidos por la sociedad en general. Y parece natural, considerando que representan solo el 1.16% de la población del país, pero imagínate toda la cultura que han construido estas comunidades (que suman más de un millón de personas) en los últimos 400 años, las historias que se guardan de sus ancestros, de la conquista, del país; la influencia ineludible de culturas que vienen de un continente completamente distinto.

Pero sin derechos, estas comunidades son bastante vulnerables. Sobre todo por eso vale la pena conocerlas y re-conocerlas, compartir con ellas e intercambiar y, sin etiquetarlas como simplemente “mexicanas”, revivir el gusto por el hecho de que México es irremediablemente inmenso.

Conocer más y mejor a quienes te rodean, es conocerte a ti mismo

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Está clarísimo que en nuestra educación más “primaria” hay pistas grandes sobre por qué en México hay tantos problemas de discriminación y racismo. La verdad es que a muchos de nosotros nadie nos enseñó que la identidad mexicana era tan compleja. Eso es algo que hemos tenido que ir descubriendo. Y no tiene nada de malo. Sin embargo, a cada uno de nosotros le toca cambiar la visión negativa sobre esta diversidad y entenderla como una fortaleza personal y colectiva.

Con más de un millón de afromexicanos, nuestra riqueza cultural adquiere dimensiones muy distintas y definitivamente apreciables. Además, estas comunidades se han metido activamente a la vida del país. No solo los activistas contemporáneos, los músicos que le regalan complejidad a nuestra música popular (con sus chilenas y merequetengues), también en el pasado: personajes bien conocidos como Vicente Guerrero y José María Morelos eran afrodescendientes.

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Por otro lado, como a muchas comunidades indígenas, a los afromexicanos que aún viven en las costas, les debemos el manejo sustentable y la conservación de los ecosistemas que habitan. Al ser su primera fuente de alimento y economía, saben que tienen que mantenerlos activos y renovados, con una conciencia que supera el desdén general hacia el entorno.

En ese sentido nos urge no solo respetar a estas comunidades, proteger y exigir sus derechos, también darnos un buen viaje por partes del país que están esperando para enseñarnos algo nuevo, algo que simplemente no podríamos haber vislumbrado desde nuestra (inintencionadamente) visión limitada.

Y aunque definitivamente no se trata de folklorizar, porque eso también discrimina, sí se trata de acordarnos que cada cabeza es un mundo, precisamente porque el entorno de cada quien varía, aunque no quiera. Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio y cada quien vive algo distinto. Por eso compartir con quien sea es rico y enriquece, pero compartir con alguien que está lejos es un auténtico privilegio del que hoy fácilmente podríamos gozar.

México nunca va a dejar de sorprendernos, somos muy suertudos en ese sentido. ¿Será que la identidad mexicana está tan abierta y es tan compleja que simplemente es infinita? De nosotros depende que siga construyendo y que nunca se quede quieta.

Te dejamos algunos documentales sobre la situación de los pueblos afromexicanos:

Y un interesante informe del CONAPRED sobre esta comunidad que está alzando la voz y, finalmente, está siendo escuchada.

La música dentro de las comunidades Afromexicanas en Oaxaca (VIDEO)

La presencia de descendientes africanos en México es centenaria y sigue manifestándose en su legado musical.

Siempre decimos que la gente negra o la gente de la costa trae el ritmo por dentro

En el siglo XVI desembarcaron decenas de esclavos desde África para trabajar con los ganaderos coloniales en la región de Costa Chica, en el Pacífico de Oaxaca.

De este capítulo se dispersó una descendencia que hoy se distribuye mayormente en la costa de Guerrero y de Oaxaca. Un censo de 2015 arrojó que la población negra de México era de 1.4 millones, el 1,2% de la población.

Y la presencia de esta descendencia, desde luego diseminó su semilla cultural, mucho de ella vinculada a la música. Por primera vez en el México colonial sonaron instrumentos africanos como la quijada y el bote (un tambor de fricción que produce una especie de bramido).

De esta tradición musical tenemos los merequetengues, que luego se mezclaron con la chilena, música que se cree proviene de un grupo descendiente de Chile que llegó a México (aquí puedes escuchar un repertorio de este género).

Ahora, un proyecto llamado Somos negros de la Costa, está rescatando la música africana de la costa de Oaxaca, impartiendo talleres y recuperando instrumentos que habían dejado de usarse. El resultado es increíble, y, sobre todo, muestra que sí, los niños y jóvenes de la costa de este estado tienen un ritmo atípico, revelador.

Conoce más de este proyecto, acá.