Los afromexicanos también son de aquí (probando que nuestra diversidad es infinita)

Reconocerse mexicanos, es reconocerse diversos, pero entre tanta variedad ¿será que somos infinitos?

La diversidad de México felizmente no se agota. Pero está en nosotros explorar tantas dimensiones como podamos de esta increíble tierra. Por otro lado, aunque es delicioso ir descubriendo México despacito, nuestro desconocimiento puede tener consecuencias bastante negativas.

Por ejemplo ¿sabías que, hasta hace muy poco, las comunidades afromexicanas no habían sido formalmente reconocidas por las instituciones del Estado? Y no es descabellado afirmar que más de uno de nosotros no tenía idea de que esos grupos existen. Pero sí: además de españoles, nahuas, mixtecos, triquis, rarámuris, mayas y tantos otros más, en México gozamos de la influencia cultural y genética de diversos grupos afrodescendientes.

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Y estos grupos son increíblemente complejos. Como los “pueblos indígenas” no se pueden simplemente etiquetar de una sola manera y su música, arte, gastronomía, aproximación al español, son ricas y muy distintas a esas que ya le atribuimos casi naturalmente a los “mestizos”.

Pero bueno, a propósito de la decisión del Senado de aprobar la Ley del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, que le otorga plenos derechos constitucionales a las comunidades “originarias” y a los pueblos afromexicanos, nos pusimos a pensar que vale mucho la pena acercarse un poco al tema. Imagínate que fue hasta 2018 cuando estos grupos obtuvieron los derechos ciudadanos que los demás dan por hecho.

Así, hablemos de los pueblos afromexicanos

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Como te podrás imaginar, los pueblos afrodescendientes se formaron después de la conquista, cuando los españoles trajeron a México esclavos de distintos países de África. La mayoría de ellos aún residen en comunidades de las costas de Guerrero, Oaxaca y Veracruz, sitios que sus ancestros pisaron por primera vez hace más de 400 años. Sin embargo, históricamente han sido prácticamente invisibles.

Y no es de sorprenderse. Hay muchos que piensan por ejemplo, porque así nos lo plantearon en la escuela, que los pueblos mayas y nahuas son un asunto del pasado. Por suerte eso se puede remediar. Por otro lado es verdad que el rezago histórico para estas comunidades se transformó en un rezago de las políticas públicas, provocando que, por su falta de derechos, no se atendieran sus necesidades básicas y que no se respetaran sus tierras y otras propiedades.

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Así, los afromexicanos son pueblos también desconocidos por la sociedad en general. Y parece natural, considerando que representan solo el 1.16% de la población del país, pero imagínate toda la cultura que han construido estas comunidades (que suman más de un millón de personas) en los últimos 400 años, las historias que se guardan de sus ancestros, de la conquista, del país; la influencia ineludible de culturas que vienen de un continente completamente distinto.

Pero sin derechos, estas comunidades son bastante vulnerables. Sobre todo por eso vale la pena conocerlas y re-conocerlas, compartir con ellas e intercambiar y, sin etiquetarlas como simplemente “mexicanas”, revivir el gusto por el hecho de que México es irremediablemente inmenso.

Conocer más y mejor a quienes te rodean, es conocerte a ti mismo

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Está clarísimo que en nuestra educación más “primaria” hay pistas grandes sobre por qué en México hay tantos problemas de discriminación y racismo. La verdad es que a muchos de nosotros nadie nos enseñó que la identidad mexicana era tan compleja. Eso es algo que hemos tenido que ir descubriendo. Y no tiene nada de malo. Sin embargo, a cada uno de nosotros le toca cambiar la visión negativa sobre esta diversidad y entenderla como una fortaleza personal y colectiva.

Con más de un millón de afromexicanos, nuestra riqueza cultural adquiere dimensiones muy distintas y definitivamente apreciables. Además, estas comunidades se han metido activamente a la vida del país. No solo los activistas contemporáneos, los músicos que le regalan complejidad a nuestra música popular (con sus chilenas y merequetengues), también en el pasado: personajes bien conocidos como Vicente Guerrero y José María Morelos eran afrodescendientes.

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Por otro lado, como a muchas comunidades indígenas, a los afromexicanos que aún viven en las costas, les debemos el manejo sustentable y la conservación de los ecosistemas que habitan. Al ser su primera fuente de alimento y economía, saben que tienen que mantenerlos activos y renovados, con una conciencia que supera el desdén general hacia el entorno.

En ese sentido nos urge no solo respetar a estas comunidades, proteger y exigir sus derechos, también darnos un buen viaje por partes del país que están esperando para enseñarnos algo nuevo, algo que simplemente no podríamos haber vislumbrado desde nuestra (inintencionadamente) visión limitada.

Y aunque definitivamente no se trata de folklorizar, porque eso también discrimina, sí se trata de acordarnos que cada cabeza es un mundo, precisamente porque el entorno de cada quien varía, aunque no quiera. Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio y cada quien vive algo distinto. Por eso compartir con quien sea es rico y enriquece, pero compartir con alguien que está lejos es un auténtico privilegio del que hoy fácilmente podríamos gozar.

México nunca va a dejar de sorprendernos, somos muy suertudos en ese sentido. ¿Será que la identidad mexicana está tan abierta y es tan compleja que simplemente es infinita? De nosotros depende que siga construyendo y que nunca se quede quieta.

Te dejamos algunos documentales sobre la situación de los pueblos afromexicanos:

Y un interesante informe del CONAPRED sobre esta comunidad que está alzando la voz y, finalmente, está siendo escuchada.

Si no conoces estos 10 sitios arqueológicos, no conoces México

El legado de las culturas mesoamericanas de México es uno de los más importantes del mundo; estos imperdibles sitios arqueológicos lo constatan.

Los sitios arqueológicos de un país son uno de los mejores conductos para conocer su historia. Los edificios y construcciones erigidos hace siglos por civilizaciones milenarias son la huella del pasado, y nos ayudan a explicar nuestro presente. Piedra sobre piedra, las manos de nuestros ancestros construyeron un México que ya no es el mismo, pero que sentó las bases para dar forma a nuestra cultura y nuestras tradiciones.

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Imagen de: México Destinos

Estas tradiciones están permeadas por la sabiduría e ingenio de los pueblos mesoamericanos, quienes plasmaron en sus obras un conocimiento que nos define. México es uno de los países con más sitios arqueológicos en el mundo: decenas de culturas se sucedieron a través del tiempo y convivieron en su territorio. Los vestigios de sus ciudades y sus templos aún permanecen, y tenemos la fortuna de tener acceso a ellos y admirar la capacidad de sus prolíficos artífices.

Hacer una lista de los sitios arqueológicos más significativos no es fácil; sin embargo, para esta selección se priorizó la variedad de culturas y estilos, más allá de su atractivo turístico. A pesar de que los mayas son los más representados (difícil que no lo fueran), se intenta abarcar más pueblos y más localizaciones. Sin más, los 10 sitios arqueológicos en México que debes conocer:

1: Teotihuacán, Estado de México

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Imagen de: xataka.com.mx

El “lugar donde los hombres se convierten en dioses” es, probablemente, uno de los sitios arqueológicos con que más se identifica a nuestro país. Sus monumentales construcciones, como la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna, dan cuenta del esplendor de esta civilización. Los teotihuacanos fueron una de las principales fuerzas de la región, hasta que la inestabilidad política, los conflictos internos y los cambios climatológicos la llevaron al colapso. Su apogeo fue durante el Periodo Clásico, entre los siglos III y VII d.C.

 2: Palenque, Chiapas

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Imagen de: CNN

Las grandes edificaciones de Palenque, como el Gran Palacio, el Templo de las Inscripciones o el Gran Juego de Pelota, fueron nombradas Patrimonio Cultural de la Humanidad. Es uno de los mejores ejemplos de la importancia de la cultura maya. Uno de sus principales atractivos es que se encuentra rodeado de selva, por lo que llegar hasta allí es toda una aventura. Los primeros asentamientos de la región datan del Periodo Formativo, alrededor del 100 a.C., pero se cree que alcanzó su apogeo durante el Periodo Clásico.

 3: Monte Albán, Oaxaca

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Imagen de: Wikimedia Commons

Monte Albán es uno de los principales vestigios de las culturas zapoteca y mixteca. Fue fundada en el Preclásico Tardío, alrededor del año 500 a.C., y se cree que tuvo contacto con la civilización teotihuacana. Localizada a 10 km de la ciudad de Oaxaca, domina sus alrededores desde la cima de un cerro. Llegó a tener alrededor de 35,000 habitantes, y era un importante lugar de intercambio, ya que había una gran confluencia de culturas.

4: Chichén Itzá, Yucatán

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Imagen de: xataka.com.mx

Otro de los sitios arqueológicos más icónicos de México. Sus preciosas construcciones, como El Castillo, El Caracol y el Templo de las Mil Columnas, le granjearon el título de una de las siete maravillas del mundo moderno. Este importante asentamiento maya fue construido cuando ya comenzaba el declive de esta legendaria civilización. Sus habitantes la fundaron hacia el 300 d.C., y se consolidó como el principal centro de poder la península entre los periodos Clásico y Posclásico.

5: Yaxchilán, Chiapas

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Imagen de: xataka.com.mx

Esta antigua ciudad maya, originada en el Periodo Preclásico, se localiza a las orillas del río Usumacinta. De hecho, ese necesario abordar una lancha para llegar al sitio. Sus edificios se conservan en buen estado, pero denotan el paso del tiempo: la naturaleza ha reclamado parte de ellos, y se da una muy pintoresca simbiosis entre el medio natural y las construcciones. Como está localizada en medio de la selva, uno puede escuchar los aullidos de los monos y los trinos de los pájaros: es como entrar a un lugar por donde el tiempo no ha pasado de igual manera.

6: El Tajín, Veracruz

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Imagen de: México Desconocido

La edificación más emblemática de este sitio arqueológico es la Pirámide de los Nichos. La cultura totonaca es la responsable de esta maravilla arquitectónica, y dejó su legado plasmado en sus relieves y en su pintura mural. Cuenta con 17 juegos de pelota, lo cual lleva a creer que también hubo una gran confluencia de culturas, y que estuvo habitada durante varios siglos. Su apogeo fue entre los periodos Posclásico y Epiclásico, entre los años 800 y 1150.

7: Xochicalco, Morelos

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Imagen de: xataka.com.mx

El “lugar de la casa de las flores” es uno de los sitios arqueológicos más importantes del centro-sur del país. Su Templo de la Serpiente Emplumada y sus magníficas estelas son suficiente excusa para visitar este maravilloso lugar. Se cree que su esplendor estuvo directamente relacionado con la caída de Teotihuacán; algunos investigadores sugieren que la ciudad fue fundada por los emigrantes de dicha ciudad. Su periodo de apogeo fue en el Periodo Epiclásico, entre los años 650 y 900. Además, se considera cuna del culto y adoración a Quetzalcóatl.

8: Mitla, Oaxaca

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Imagen de: gob.mx

La segunda ciudad perteneciente a las culturas zapoteca y mixteca de la lista fue un importante centro religioso de la región. Alcanzó su cenit en el Periodo Epiclásico, al tiempo que Monte Albán decaía, y se convirtió en un centro de poder político para los zapotecas del valle. Su abundante decoración, columnas monolíticas y restos de pintura mural son lo más notable del sitio. Además, su nombre es una castellanización de Mictlán, el “lugar de los muertos”, mejor conocido como el inframundo prehispánico. La fuerte carga religiosa de Mitla llevó a los evangelizadores a construir una iglesia sobre uno de sus edificios principales.

9: Tula, Hidalgo

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Imagen de: xataka.com.mx

Tollan-Xicocotitlán fue la capital del estado tolteca, el cual se desarrolló durante el Periodo Posclásico Temprano. Su importancia e influencia fueron tan vastas, que el poderío y carga cultural de los toltecas definió al imperio mexica, además de llegar a lugares tan lejanos como Yucatán y Centroamérica. En Tula estaba asentado el principal poder político y comercial de los valles de México y de Puebla-Tlaxcala. Sus esculturas antropomorfas gigantes, conocidas como los atlantes, son el elemento más emblemático del sitio. Estas estatuas representan guerreros, lo cual da a entender que el ejercicio bélico era vital en la concepción del universo de los pueblos mesoamericanos.

10: Bonampak, Chiapas

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Imagen de: Flickr

Por último, nos acercamos de nuevo a la civilización maya. Bonampak, lo cual significa “muros pintados”, tuvo su apogeo en el Periodo Clásico Tardío, entre los años 580 y 800 d.C. El legado más importante de este asentamiento son sus pinturas murales, las cuales cubren varias paredes de los templos. Son de las más representativas del mundo maya y, además, se conservan en muy buen estado. Las pinturas cuentan una historia, posiblemente de una gran batalla, y nos ayudan a desentrañar los enigmas de la cultura maya. Tal es el impacto de estas representaciones pictóricas, que la muralista guatemalteca Rina Lazo realizó una reproducción fidedigna de ellos, la cual se exhibe en el Museo Nacional de Antropología.

Así termina nuestra lista de los 10 sitios arqueológicos en México que debes conocer. Pero, en realidad, todos son importantes, y vale la pena hacer el esfuerzo para visitar la mayoría de ellos para conocer mejor a nuestro país y al legado de nuestros ancestros.

Otro tipo de legado mexicano: 5 mercados con valor cultural e histórico en la CDMX.

*Imagen destacada de: Getty Images

Adéntrate en la cultura afromexicana, sus símbolos y misterios (GALERÍA)

Por siglos los afromexicanos han cultivado una identidad llena de influencias indígenas, coloniales y africanas.

Fue hasta hace muy poco que las comunidades afromexicanas obtuvieron reconocimiento del Estado. Y probablemente en ese momento se hizo consciente de su existencia una enorme parte de la población de México. A partir de entonces, este grupo que, por siglos, ha cultivado una identidad llena e influencias indígenas, coloniales y africanas, se ha vuelto uno de los rasgos más fascinantes del complejo tejido cultural de nuestro país. 

Sus costumbres, sus símbolos y narrativa histórica poco han sido retratadas y menos narradas a gran escala desde los mismos miembros de este grupo que habita la Costa Chica en Guerrero y Oaxaca. Pero estamos ávidos de entenderlos y rastrear la forma en que ellos han influenciado nuestro pasado e identidad presente.

Al interior del misterio de las culturas afromexicanas

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“El Cimarrón y el Fandango” es el título de una espectacular serie de fotografías que se adentra en los misterios de la cultura afromexicana. Cortesía de la genial Mara Sánchez Renero, las imágenes, construidas con una surreal potencia, muestran la mágica cotidianidad que envuelve a estos grupos. 

Lo más visible, es que estas personas viven rodeadas de una naturaleza abundante y profunda; de la que se alimentan y a la que rinden culto, a través de rituales que invocan, curiosamente, figuraciones que normalmente asociamos a algunos países del continente africano.

Estas comunidades costeñas viven de su entorno, de la pesca y el ganado. Son hábiles vaqueros y también fantásticos bailarines. Su música —particularmente las chilenas, los merequetengues y sus sones— es tal vez la expresión que mejor ha encontrado cómo filtrarse hacia otras regiones de México. Pero la danza tiene un sentido ritual. “El Cimarrón y el Fandango” hace referencia precisamente a un baile que habla sobre esclavitud y libertad.

La esclavitud, un concepto que poco ha permeado el vocabulario histórico de México, tiene aquí un significado muy importante. Las comunidades afromexicanas son descendientes de los esclavos africanos traídos por los españoles a México en tiempos de la Conquista. Su historia, con la que pocos han conectado, es una que urge ser escuchada.

“Los afromexicanos han estado en el limbo”

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Dijo Mara Sánchez al New York Times: “Son mexicanos y tienen los mismos derechos que todos. Pero están en una situación similar a la de las comunidades indígenas, teniendo que lidiar con […] recursos limitados.” Tal vez adentrarnos a narrativas como la propuesta por esta fotógrafa es el primer paso para reforzar la importancia cultural de este grupo y la diversidad de nuestro país. A continuación, habrá que escuchar las historias y aprender de las vidas narradas por ellos mismos.

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La música dentro de las comunidades Afromexicanas en Oaxaca (VIDEO)

La presencia de descendientes africanos en México es centenaria y sigue manifestándose en su legado musical.

Siempre decimos que la gente negra o la gente de la costa trae el ritmo por dentro

En el siglo XVI desembarcaron decenas de esclavos desde África para trabajar con los ganaderos coloniales en la región de Costa Chica, en el Pacífico de Oaxaca.

De este capítulo se dispersó una descendencia que hoy se distribuye mayormente en la costa de Guerrero y de Oaxaca. Un censo de 2015 arrojó que la población negra de México era de 1.4 millones, el 1,2% de la población.

Y la presencia de esta descendencia, desde luego diseminó su semilla cultural, mucho de ella vinculada a la música. Por primera vez en el México colonial sonaron instrumentos africanos como la quijada y el bote (un tambor de fricción que produce una especie de bramido).

De esta tradición musical tenemos los merequetengues, que luego se mezclaron con la chilena, música que se cree proviene de un grupo descendiente de Chile que llegó a México (aquí puedes escuchar un repertorio de este género).

Ahora, un proyecto llamado Somos negros de la Costa, está rescatando la música africana de la costa de Oaxaca, impartiendo talleres y recuperando instrumentos que habían dejado de usarse. El resultado es increíble, y, sobre todo, muestra que sí, los niños y jóvenes de la costa de este estado tienen un ritmo atípico, revelador.

Conoce más de este proyecto, acá.