Los cenotes son sitios sagrados (y deberíamos seguir respetando eso)

Los cenotes son sitios sagrados. No importa desde dónde lo analices: estas espectaculares formaciones naturales son esenciales, pues en ellas convergen ecología, espiritualidad, historia, identidad y cultura contemporánea. Por otro lado, los cenotes están sufriendo los estragos que derivan de un cambio de paradigma propio de nuestro tiempo.

Como nunca —a pesar de que la conciencia sobre el medio ambiente está vibrando a una alta frecuencia— muchos nos hemos desconectado de la naturaleza. Las culturas que nos anteceden tenían una relación muy distinta con su entorno. De alguna manera el encanto inmenso de ciertos sitios, los hacía dignos de nuestra admiración y protección incondicional.

Mucha de esta sensibilidad continúa manifestándose entre las comunidades indígenas de todo el país, que siguen luchando por proteger a estos espacios de los que su vida depende, pero también su espíritu y su identidad. Pero sus acciones son minimizadas por otros procesos sociales y es urgente empezar a compartir la responsabilidad y practicar el respeto.

A los cenotes les debemos el florecimiento de la vida

La vida no florece sin agua. Para las culturas antiguas esto era muy claro y lo manifestaban en el culto a deidades ligadas a este elemento. De hecho, se practican aún múltiples rituales para pedir por un buen clima inspirados en esa herencia cultural; pues —aunque lo olvidemos— dependemos directamente de la tierra y para quienes la cultivan esto es muy evidente.

Pero al agua no se accede de la misma manera en todos lados. En Yucatán, por ejemplo, el agua se filtra por la porosidad de la superficie y las corrientes son subterráneas. Los cenotes, las cuevas y otras oquedades son los accesos al agua dulce.

Como explica el investigador Rubén Cárdenas Maldonado en su texto “Cenotes y asentamientos humanos en Yucatán” publicado en Arqueología Mexicana, los cenotes fueron determinantes para que en la región se asentaran y desarrollaran las culturas antiguas. En otras palabras, sin estas formaciones la historia maya sería completamente distinta.

También en Más de México: Científicos descubren un ecosistema completo en las cavernas acuáticas de Yucatán

Cenotes, sitios sagrados

No es de extrañarse que fueran espacios de culto de para los mayas, quienes los consideraban sitios de “comunicación con las deidades del agua” y puertas al inframundo. Así, practicaban distintos ritos en torno a los cenotes y depositaban en ellos ricas ofrendas, incluyendo restos de sacrificios humanos.

En el Cenote Chenkú, según relatos de cronistas, se arrojaban mujeres vírgenes. En distintas investigaciones arqueológicas se han recuperado de este cenote restos humanos de hombres, mujeres, niños y piezas escultóricas y de joyería.

Así, aunque lo sagrado de los cenotes en nuestro tiempo tiene mucho que ver con sus vitales funciones ecológicas, también hay que considerarlos como puertas que se abren a nosotros develando secretos del pasado, de la historia que nos dio lugar. Y sobre ella aún queda mucho por descubrir.

También en Más de México: Cenote “Las Calaveras”, el enigmático cementerio maya

La naturaleza como “espacio público”

Tristemente, el culto espiritual, la investigación arqueológica y la vida que depende de los cenotes tienen un enemigo en común: la contaminación. Según este artículo de El Universal, 20% de los casi 3000 cenotes de Yucatán han sufrido daños en distintos niveles, pues se han convertido en basureros o porque en ellos se tiran aguas residuales.

La falta de planeación industrial, los mega proyectos de todo tipo y el turismo que no es ecológico, son algunas de las causas detrás de este dato. Y, aunque hay proyectos e iniciativas nacionales y locales que pretenden sanear los cenotes, la contaminación no termina.

Es importante saber que no se trata solo de tirarles basura, en ellos se filtran también aguas negras. Por eso es vital que al viajar te asegures de hospedarte en sitios que tengan un manejo responsable de todos sus desechos. No tener ese tipo de consideraciones con la naturaleza es lo que terminará por acabar con ella.

Y aunque los cenotes y otras maravillas parecidas deben ser consideradas “espacio público”, precisamente por su enorme valor en el imaginario colectivo (que trasciende múltiples categorías), es responsabilidad de cada uno de nosotros pensar cómo estamos correspondiéndole a estos sitios que se disponen, casi sin condiciones, para nosotros.

*Imágenes: 1) Marc Moll; 2) Yucatán Travel; 3) Crédito no especificado; 4) INAH; 5) bazman633004/Flickr. 

Ana Paula de la Torre Diaz

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Ana Paula de la Torre Diaz

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