Este edificio en Monterrey fue diseñado por el brillante arquitecto japonés Tadao Ando

El Centro Roberto Garza Sada de Monterrey fue diseñado por uno de los mejores arquitectos del mundo.

Hay edificios cuyo diseño y construcción nos remite a una palabra: exquisitez. Y tal parece que el Centro Roberto Garza Sada, ubicado en la Universidad de Monterrey (UDEM), es precisamente uno de ellos.

Diseñado por uno de los más brillantes arquitectos de la actualidad, el japonés y ganador del Premio Prtizker en 1995, Tadao Ando, este recinto se autodefine como “es el espacio de ideas y expresiones que congrega y desarrolla el mejor talento creativo, consolidándose como la sede de la formación, creación y preservación del arte, arquitectura y el diseño en Latinoamérica”.

Entre otros muchos retos que implicó su construcción, a cargo de la firma LeNoir y Asociados, se requirió de 14 mil metros cúbicos de concreto. Además, se utilizó un tipo especial de este material, exclusivamente diseñado para esta obra, que cumpliera con tonalidades y acabados específicos.

La suma de talentos y particularidades resultó en una obra francamente espectacular. Pero además, cualquier espacio diseñado por este japonés es digno de atención y si algún día lo visitas entenderás por qué te lo decimos.

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La danza que activó los flujos místicos y secretos de la arquitectura de Luis Barragán (VIDEO)

Atravesando los espectaculares muros de Barragán, esta propuesta audiovisual cambiará tu forma de entender la arquitectura.

El diseño del espacio, diseña el habitar. Y no es un accidente.

Así, el arquitecto tiene un poder enorme sobre quienes transitan su obra, pues la forma en la que dispone las construcciones en el espacio, transfigura la manera de recorrerlo. Luis Barragán, el gran arquitecto mexicano, entendía muy bien este poder, este flujo y modelaba con mucha conciencia su destino.

En ese sentido podemos comprender a Barragán como un místico: un sujeto que logra lidiar con una energía que para otros es invisible y es capaz de materializarla en muros, umbrales, colores, visiones, solidez y fragmentariedad.

“Ecos”, una espectacular danza ejecutada en la Casa Estudio de Luis Barragán, genera un diálogo con estas premisas. La propuesta interdisciplinar fue dirigida y registrada por Andrés Arochi, creador audiovisual, quien buscaba experimentar con la “fisicalidad” de esta arquitectura.

Conscientes de la intensa vibración que emana del espacio en la Casa Estudio, el director cinematográfico, la cámara, los bailarines (de la compañía Nohbords) y la pulsante coreografía (de Diego Mur), llevan al límite el armónico diseño de Barragán; pues, en lugar de utilizar los espacios y los objetos presentes de la forma esperada o intuitiva, los cuerpos danzantes se desplazan atendiendo sus propias necesidades corporales.

Así, se contorsionan, reúnen y fragmentan de formas insospechadas y —bajo sus propios términos materiales— absolutamente bellas. Incidentalmente, la pieza pone en cuestión el enorme poder de Barragán.

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Barragán y la belleza

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Al modelar el habitar de los sujetos, el arquitecto los está administrando; al hacerles sentir algo específico, los está estetizando. Así, la belleza es un arma [o una herramienta de construcción] muy especial.  

Para Barragán, la belleza era un asunto crucial. Dijo incluso que: “Sólo los primitivos, o las personas muy cultas, se preocupan por la belleza. Las masas, con sus mentes de media clase, no desean la belleza: lo que quieren es confort, seguridad, igualdad. […] La base para una buena arquitectura es que sea bella. Muchos se preocupan de las soluciones físicas, pero no de la belleza.”

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El mexicano entendió la belleza como una herramienta para “humanizarnos”, hacernos más sabios y hacer nuestras vidas más dignas. Pero ¿será la definición de “humanidad” de Barragán los que queremos asumir como propia?

Habría que traspasar sus muros y sumergirse profundamente en sus espacios, para poder decir, tras la experiencia, que esa belleza presentada —esa humanidad— es la que queremos encarnar y hacer nuestra. Y a eso nos invita el ejercicio de “Ecos”

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Finos retratos de siniestra simetría, cortesía de un arquitecto mexicano

Las casas de interés social proponen un paisaje que evoca extrañeza, pero también un peculiar placer derivado de su singular simetría.

Entre los paisajes fantásticos que hacen de México uno de los lugares más espectaculares del mundo, hay constantes interrupciones de concreto. Algunas son igualmente emocionantes, pero otras evocan una peculiar extrañeza; en el mejor de los casos, remiten al absurdo y en el peor, son llanamente feas o innecesarias.

Las casas de interés social, por su parte, evocan algo verdaderamente siniestro, pero también un extraño placer para la vista que posiblemente deriva de su singular simetría. Estos atributos atrajeron al ojo del brillante arquitecto y fotógrafo mexicano Jorge Taboada, quien dedicó una exquisita serie de imágenes al análisis de estos monstruosos conjuntos de viviendas que se encuentran en las afueras de casi todas las ciudades del país.

Como sucede constantemente con los proyectos gestionados por gobiernos mexicanos, algunos desarrollos se quedan solamente en eso. Inacabados, abandonados, aislados y grises, conjuran una cualidad ciertamente apocalíptica que también es seductora para el ojo de un creador como Taboada.

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Y aunque sus imágenes son finísimos retratos de esta infraestructura, también funcionan como evidencia para ejecutar una dura crítica, no solo al proyecto de “interés social”, sino a una manera de entender la función arquitectónica. Nos olvidamos a veces de que el diseño del espacio tiene un poder enorme sobre nuestra cotidianidad. De sus formas dependen nuestros movimientos y posibilidades de habitar.

En ese sentido, la habitación, la “vivienda”, determina las vivencias de quienes la utilizan. Y, sin duda, hay una desconexión fuerte entre lo que suponen sobre la vida quienes diseñan estas casas (todas idénticas a sí mismas, tratando de usar la menor cantidad posible de material y los materiales menos costosos)  y las necesidades reales de las personas que se ven en la necesidad de comprarlas y rentarlas.

Esa misma distancia entre las viviendas como objeto y los usuarios es lo que las vuelve tan enigmáticas. Su falta de “usabilidad” recuerda a las cualidades de muchas obras de arte que están ahí para romper el paisaje de lo cotidiano, para cuestionarlo, pero no para ser habitadas o para facilitar la navegabilidad de la existencia.

“Alta densidad”, la serie de Taboada, toca con cuidado los dos lados. El fotógrafo de arquitectura llama acertadamente a estos conjuntos “paraísos siniestros”. Como explica (según este artículo de la revista WIRED):

Por un lado veo la belleza de esta arquitectura: los paisajes monocromáticos, las formas fractales… Pero luego creo que hay personas que viven allí y que están sufriendo las consecuencias de la despersonalización de la vivienda. Las grandes empresas de construcción, sin las regulaciones adecuadas del gobierno, construyeron parques pequeños o inexistentes y áreas de recreación. Estos son cubos pequeños y concretos, muy caluroso en el verano, y sin patios traseros. Los llamo paraísos siniestros.

Tal vez nuestros gobiernos podrían empezar a imitar las formas del paisaje que el concreto está fragmentando.

Estas fotografías de peculiares edificios mexicanos te robarán el aliento (GALERÍA)

La fotógrafa alemana Candida Höfer retrató algunos hermosos espacios culturales en México de una forma muy especial.

Discretamente, los espacios arquitectónicos modelan nuestra forma de actuar. Hay sitios donde es más evidente; estructuras que no solo nos invitan a admirarlas y portarnos de cierta forma, sino que son inmensamente portentosas y nos hacen sentir; que nos mueven.

México sin duda alberga cientos (o tal vez miles) de sitios con estas cualidades. Nuestra rica historia colonial y de migraciones nos ha dejado una increíble herencia en términos arquitectónicos. Catedrales, conventos, casonas, haciendas, teatros, museos, palacios y demás joyas que edifican, de distintas maneras, nuestra identidad.

Por otro lado, pocas veces tenemos la fortuna de admirarlos por sí mismos, más allá de la forma en que son usados. La fotógrafa Candida Höfer se dedica a construir esta particular experiencia a través de sus hermosas imágenes en gran formato que retratan segmentos de algunos peculiares ejemplos de arquitectura mexicana.

Así, libre de sujetos que dispongan de ellos, se hace evidente cómo los edificios disponen de nosotros, cómo nos hacen suyos, a través de cada uno de sus ricos detalles. En las iglesias y los teatros el juego es muy claro. No se trata solo de los altísimos techos, sino de los colores y una excéntrica decoración que nos recuerda la importancia de lo que cada lugar representa.

Luis Barragán dijo alguna vez que la arquitectura es un arte “cuando uno crea consciente o inconscientemente una emoción estética en la atmósfera y cuando este entorno produce bienestar.” En muchos sentidos, los enormes recintos fotografiados por Höfer son productores de bienestar y eso no se hace visible hasta que pensamos en el espacio por sí mismo.

Te dejamos por aquí las particulares visiones: edificios hechos para hacer público lo simbólico (el arte y la religión, sobre todo) pero, que al estar vacíos pueden transformarse, por lo menos por un instante, en catedrales muy personales.