Estos fueron los libros más comprados en México durante 2015

¿Qué es lo que se encuentra leyendo México en estos momentos? Una aproximación detallada al universo lector de la realidad mexicana.

Ante la condición desfavorable que sustentan los bajos índices de consumo de lectura en México, es preciso detectar los títulos más buscados con el fin de conocer los temas que son de interés para la mayoría de mexicanos. Y aunque los estudios no siempre comprueben que los libros más comprados son los más leídos, lo cierto es que despierta gran interés el hecho de conocer qué es lo que a México le cautiva con respecto a la lectura. 

La lista de títulos fue concluida por algunas librerías y empresas como el Fondo de Cultura Económica, y aunque quizás no sea una fuente totalmente verídica –ya que, por ejemplo, como secuela del centenario de Octavio Paz el año anterior, las ventas de sus libros se dispararon notoriamente– nos da una aproximación de lo que concierne al imaginario colectivo de un país como el nuestro:

 

El laberinto de la soledad, PostdataVuelta a El laberinto de la soledad 

Octavio Paz

octavio paz

 

Octavio Paz es un referente de la literatura mexicana. Como autor, demarcó un estilo experimental y auténtico dentro de una amplia bifurcación de estilos literarios: poesía (espacial), ensayos, novelas, al mismo tiempo que se encontraba formando parte de la burocracia mexicana. Además fue una figura imprescindible en proyectos que definieron la historia cultural de México (como la fundación de Conaculta). Bajo estas premisas –y aún más, desde la celebración del centenario de su natalicio en 2014–, este breve compendio de algunas de sus obras más importantes encabeza las listas de los libros más comprados en México.

 

Las enseñanzas de Don Juan: Una forma yaqui de conocimiento 

Carlos Castaneda

Las enseñanzas de Don Juan

Bajo la doctrina del brujo yaqui Don Juan, Castaneda, antropólogo y escritor visionario, nos relata su experiencia en la búsqueda del verdadero conocimiento a través de las tradiciones místicas de los indio. Primero mediante plantas psicodélicas de uso sagrado y segundo, bajo un análisis sobre la simbología espiritual de las enseñanzas del chamán que poco a poco nos entretejen en el universo mágico de la consciencia propia.

 

José Trigo 

Fernando del Paso

jose trigo - fernando del paso

 

Considerada una de las 100 mejores novelas en español del siglo XX. Se trata de su primer libro de Fernando del Paso, escritor, pintor y diplomático mexicano. La obra se puede leer en diferentes formas sin perder el sentido de la narrativa y nos relata, con una compleja recreación a partir del uso del lenguaje, el ambiente ferrocarrilero en el México del siglo pasado.

 

La política del cambio constitucional en América Latina 

Gabriel L. Negretto

La política del cambio constitucional en América Latina-Gabriel L. Negretto

Un exhaustivo recorrido por las reformas constitucionales que se han engendrado en America Latina entre los años 1900 y 2008. Es también un análisis detallado de los intereses estratégicos que nos permite entender el impacto que desembocaron las Elecciones Presidenciales en América Latina entre 2012 y 2014, de acuerdo a lo que señalaban sus estatutos.

 

El amante japonés 

Isabel Allende

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Novela de amor que relata la historia de una joven y su profundo amor por un jardinero japonés. La historia se desdobla bajo arquetipos de la Polonia en la Segunda Guerra y el San Francisco coetáneo. Una prueba literaria de amores pasionales y aparentemente eternos.

 

Dos veces única 

Elena Poniatowska

Dos veces única-Elena Poniatowska

La más reciente novela de Poniatowska nos comparte la historia de Guadalupe Marín, esposa del pintor Diego Rivera y posteriormente de Jorge Cuesta, poeta mexicano poco conocido y sin embargo brillante. A manera de relato documental, Poniatowska nos introduce a la vida de esta gran mujer, esposa legendaria, cocinera magnífica, madre tormentosa y viuda trágica quien vivió en carne propia la lucidez de algunos de los artistas más reveladores del México del siglo XX.

 

La teoría del todo: El origen y el destino del universo
(
Theory of Everything: The Origin and Fate of The Universe)

Stephen W. Hawking

La teoría del todo-El origen y el destino del universo-Stephen W Hawking

Las teorías acerca del origen del universo han sido siempre un referente para los mexicanos, incluso desde épocas prehispánicas. Siendo Stephen W. Hawking el físico más pop de nuestra época, uno de sus libros más comprados es sin duda este, la historia del universo, los agujeros negros y los novedosos datos cuánticos con un lenguaje accesible para todo tipo de público.

 

Juego de tronos (A Game of Thrones)

George R. R. Martin

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Si bien no es un título de origen mexicano, su fama en la lista de los más vendidos es quizás mundial. El libro contiene las novelas cortas de Canción de hielo y fuego, la primera parte de la saga de fantasía moderna que hoy es popular en pantalla.

 

La peor señora del mundo 

Francisco Hinojosa

La peor señora del mundo Francisco Hinojosa

Una lectura meramente académica, les relata a los niños un lugar en el norte de Turambul donde se encuentra la casa de la peor señora del mundo. A través de fantasía e historias divertidas, el autor deja entrever algunas moralejas a los más pequeños, así como el uso de la psicología inversa a los padres que es altamente funcional cuando se educa a un pequeño. Y a pesar de ser una lectura popular muy fácil de abordar, resulta una historia verdaderamente admirable. 

 

La tacopedia. Enciclopedia del taco 

Alejandro Escalante

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Se trata de una radiografía editorial del Taco, un alimento multifacético, tradicional, y totalmente mexicano que encuentra su sitio en cada esquina y calle del país. Alejandro Escalante y Trilce Ediciones  se encargan de poner en nuestras manos esta primera gran enciclopedia del taco, todo lo que tienes que saber sobre este alimento legendario se encuentra aquí. 

Y acá la lista de Amazon México:

De Amazon México:

1.- La chica del tren, de Paula Hawkins.

2.-  Grey: Cincuenta sombras de Grey contada por Christian, de E. L. James.

3.- Ve y pon un centinela, de Harper Lee.

4.- El ruiseñor, de Krinstin Hannah.

5.- Memory Man, de David Baldacci.

6.- Make Me: A Jack Reacher Novel, de Lee Child.

7.- Rogue Lawyer, de John Grisham.

8.- Lo que no te mata te hace más fuerte, de David Lagercrantz.

9.- Dead Wake: The Crossing of Lusitania, de Erik Larson.

10.- Silent Scream, de Angela Marson.

19S: el día que “glitcheó” mi subjetividad (CRÓNICA)

Si México fuera “uno solo” no aguantaríamos nada. Son nuestros quiebres los que nos hacen resilientes.

Con cariño para las chicas de LCD y Sandra, Marén, Yolanda, Andrea, Ian y Javier

Por comprenderme.

Glitch: un quiebre y/o una disrupción en el flujo esperado de un sistema.

Nick Briz

“Únicamente quien supiera contemplar su propio pasado como un producto de la coacción y la necesidad, sería capaz de sacarle para sí el mayor provecho en cualquier situación presente. Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”.

Walter Benjamin, Dirección única, 1928


La muerte nos va a agarrar parejo. Por eso en secreto la llamaré “la democrática”, la horizontal, la incluyente. Lo que plantea su materialidad  no discrimina, como invariablemente hacemos nosotros, los sujetos.

El 19 de septiembre de 2017 llegué tarde a la oficina en la Condesa, CDMX. Estaba decidiendome entre escribir una nota sobre Alberto Kalach y una sobre maíz transgénico, cuando de pronto, a pesar del simulacro, de la efeméride y de todo pronóstico sobre lo poco poéticas que son nuestras vidas, empezó a temblar. Lo sentí inmediatamente, como un jalón que, específicamente se enganchó a mi corazón. Este, haciendo lo posible por no frenarse, dio un vuelco y luego otro. Mi mirada buscó la de la chica que estaba escribiendo junto a mí: corre. Una confirmación extraña y después los gritos, anunciando a todos, que paradójicamente, había que abandonar la casa: estaba temblando.

No era como otras veces. La intensidad, la tierra haciendo resonar sus benditas entrañas lacustres, nunca había conocido esa sensación. Pero fue en ese instante, cuando miré hacia arriba y los cables en el cielo dejaron de formar patrones cuadrados y se transformaron en ondas intensas, imparables —como olas de la costa de Oaxaca—  que comprendí que algo en mí estaba quebrándose para siempre.

 
 
 
 
 
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Mi cuerpo quería desparramarse, fracturarse. El enfrentamiento con La Democrática, que siempre había esperado —como supongo que hace casi cualquier mexicano, desde que empezó la guerra contra el narco— no se anunció, no me alertó y en ese aparecer espontáneo me hizo hincarme. “Párate, no puedes estar en el piso”, que, por cierto, estaba rompiéndose, también, como yo. El abrazo de la otra redactora me contuvo y su rostro, implorando mi calma que, francamente, nunca llegó. Pero me levanté, a tiempo para ver caer pedazos enteros del edificio de enfrente, sobre todo ese grande que cayó sobre un perrito o gatito negro, cuyo torso terminó aplastado y funcionó, para mí, como evidencia suficiente de que el mundo que conocía había terminado.

“Mi hermana”, murmuré y luego grité múltiples veces, desnudando mi propia estructura y anunciando que, en efecto, solo quería confirmación de que mi hermana estaba bien. Los momentos que siguen son confusos, el gas inundó las calles y un par de ventanas estallaron. Corre. De nuevo. Corre. Cientos de sujetos corriendo sin rumbo, solo para encontrarse con otros cientos. El control: lo perdí. Fue inmediato. Perdí el control. Pasaba de la ansiedad, de la risa, a los gritos, al llanto incontenible. Perdí el control: mi estructura se evidenció de tal manera, con tanta transparencia, que desaparecí.

Confirmé rápidamente el bienestar de mi hermana y de tantos otros queridos. Por el momento, las cosas estaban estables. Ironía. La calle era un caos y la noticia repentina de que el epicentro había sido en Morelos me cayó terrible, soy de allá y mi casa allá está, con mi mamá y otra hermana. Y mis amigos de antes. Y los cerros. Y las cosas que conozco.

Mi papá me compartió un mensaje que dejó más en claro el panorama: la lista de edificios que, hasta el momento, habían sido registrados como colapsados. Escuelas, primarias, multifamiliares completos. Muchos cerca de mi casa.

Una buena amiga me recogió y realizamos una travesía inmensa desde la Condesa, hasta la Alberca Olímpica.

Algunos episodios notables:

  1. Insurgentes, abarrotada de seres humanos, anticipando que los próximos días, las calles iban a pertenecer a los peatones y no a los coches.
  2. La farmacia, donde compré sueros a 30 pesos (“Lucrando con el temblor”, le dije cínicamente a la tendera) y un par de cajas de ketorolaco, estaba prácticamente vacía; delatando a mi ser paranoico que probablemente habría escasez, pero estaba equivocada, en los días que siguieron, no faltó nada.
  3. Una mujer vendiendo plátanos, hizo eco en lo que restaba de humanidad en mí y compré un par de kilos que cargué psicoticamente hasta la casa y terminé regalando a brigadistas.
  4. Una señora de 90 años en silla de ruedas, y su cuidadora de más de 60, que me llevé conmigo y mi amiga, y los plátanos, en una escena que me recuerda (y no sé bien por qué) a El Viaje de Chihiro.
  5. Los de la marina corriendo formados, cargando picos y la visión lejana del primer edificio colapsado que presencie en la vida.

Llegar al departamento no fue agradable. Mi pésima reacción había marcado una distancia seria entre mi subjetividad y las de los demás. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. De ahí en adelante se hizo mucho: además de ayudar a controlar el tráfico en una ciudad sin semáforos, no dormir por 6 días, ayudar en los acopios, cargar, perseguir derrumbes, el momento más importante fue la breve participación que tuve en las brigadas.

No quisiera repetir lo que posiblemente todos han pensado. Sí, la solidaridad fue inmensa. Escuché por ahí la frase: “tranquilos, todos tienen derecho a ayudar”, mientras nos formaban y vestían con cascos y guantes para acercarnos más o menos protegidos a los derrumbes a cargar piedra. Éramos tantos. Pero lo increíble, lo que realmente me marcó fue que “no éramos uno”, México no “fue uno” ese día, para nada. La Democrática no agarró parejo. No ese día. Éramos un chingo, eso sí, y éramos absurdamente distintos y era obvio que no veníamos ni del mismo lado, ni estábamos cortados con la misma tijera; pero estábamos juntos.

El glitch, la falla espontánea en el sistema, la acumulación de tensiones que culminó en caos, me partió en miles, me hizo perder el control y cuando me encontré con mis cimientos, no había nada (en serio, nada, carajo, es carne), pero entre esas grietas, lo que vi, lo que sentí, fue a un chingo de personas. Unas me dieron comida, otras café, unas me abrazaron, me protegieron, me llamaron, me buscaron. Me subí al coche de un hombre desconocido: ¿en qué clase de circunstancia haría tal estupidez?  El señor nos llevó a varias chicas apretujadas a un derrumbe. Feliz de hacer algo, de poner en marcha el coche, de funcionar como un puente entre la geografía y la materialidad-peatón y no ser un vehículo predominante en el diseño de lo urbano.

Una anécdota divertida, que resume para mí el estar-juntos:

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Todos dieron lo que tenían. Por suerte lo que ellos tenían eran tacos al pastor…

El 20 de septiembre de 2017, llevábamos horas formados intentando pasar al derrumbe en Petén (lugar que nunca voy a olvidar), acababan de sacar a alguien, pero sin vida: los ánimos bajaron. Estaba lloviendo. Hacía frío. Estaban al borde de sacar a otra persona más, con vida. “¡Mazos! ¡Mazos!” comenzaron a gritar todos. Necesitaban mazos. Así, todos gritabamos, el mensaje se corría y alguien en algún momento llegaría con un mazo; un pinche mazo, era la distancia entre el afuera y el adentro para alguien. No llegaba, gritábamos como idiotas y no llegaba. Llegó. Silencio. Puño en alto. A la espera. Tal vez sale. Tal vez sale y bien. En eso, de la nada, un tipo llega corriendo a la zona con una cantidad absurda de vasos, desbordando vasos. “¡Aquí están, aquí están los vasos!” gritó emocionado, convencido de su utilidad. “Mazos, pendejo” le dijo alguien. Todos nos empezamos a reír, también el de los vasos, risas y llanto, claro. Risas a lo cabrón. Unos minutos después se alzaron los puños. Los mazos (y los vasos) cumplieron su cometido. Alguien salió con vida. ¿Quién? Pues qué chingados importa. Estaba vivo.

No tengo nada contra La Democrática. En cualquier caso, nos va a agarrar parejo. Ese día aprendí eso. Pero así como ella, también entendí que nuestra identidad, la narración de estas subjetividades trabajando en conjunto, también puede ser como la muerte, agarra parejo. Yo lo viví, no se me olvida. Cada vez que aparecen los gandallas, que matan a alguien o lo desaparecen, me acuerdo de que ustedes también pueden agarrar parejo. De que si hoy tiembla (bendita poesía), van a venir por mí. Y yo voy a ir por ustedes. Hoy, solo hoy, no importa lo que significa ser mexicano.

Cortesía de Juan Villoro, para quienes no saben quiénes son: son el lugar donde habitan; son el espacio que administran. ¿Y de dónde son? Son del lugar donde recogen la basura. Y yo también. Ahí te espero.

Epílogo

 
 
 
 
 
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La muerte natural no existe: cualquier muerte es un asesinato. Y si no se protesta, se consiente. Yo desconfiaría aún con el dedo en Su llaga.

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El 23 de septiembre de 2017 volvió a temblar. Una cosa llevó a la otra y terminé con un ataque de ansiedad imparable y terrible. Como nunca antes sentí la distancia entre mi subjetividad y la de otros. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. Perdí mucho ese día. Además del control, la confianza de mis amigos.

Estaba tan quebrada que tuve que delegar mi propia vida a otras personas. Tuve que pedir cuidados y protección, explícitamente. Me dio coraje, hoy todavía me da coraje, tenerle tanto miedo a la muerte. Me da coraje no hablar de eso. Me da coraje que tú o tus amigos, o tu familia, hayan vivido una desgracia. Una “pérdida irreparable”. La pérdida de la vida es reprochable, porque siempre implica una pérdida de la posibilidad. Y hace parecer que los cuidados en vida son inútiles. Pero no creo que lo sean.

A todos los que están sufriendo, por esta y otras catástrofes hago una promesa solemne: prometo cuidar la vida, prometo luchar por la posibilidad dentro de la posibilidad. Prometo mantener la calma, hasta donde me sea posible. Claro que también prometo permitir mis quiebres, porque a ellos les debo estas lecciones vitales. Estas vivencias.

Sigo en la CDMX, todavía no estoy lista para despedirme.

Con el puño en alto.

También en Más de México: Reflexiones de grandes escritores mexicanos sobre el sismo de 1985 que hoy valiera releer

*Imágenes: Destacada: AFP; Cuartoscuro.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

En este hospital de Chiapas los pacientes pueden pagar con café y maíz

Un proyecto verdaderamente resiliente, hecho para ayudar a una comunidad igual de aguantadora…

En México decir que las condiciones de vida son “adversas” es simplificar el asunto. Tendría más sentido decir que son inestables y que eso, sobre otras cualidades del “vivir aquí” problematiza la existencia de los habitantes. Por otro lado, además de la falta de estabilidad hay inmensos desequilibrios. Mientras que hay sitios donde la infraestructura desborda (y se cae por su propio peso), como la CDMX, hay lugares donde simplemente no hay escuelas, ni hospitales.

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Estas carencias se concentran principalmente en algunos estados del país, como Chiapas. Afortunadamente, hay sujetos que hacen todo lo que pueden para cubrir algunos de los huecos; utilizando los recursos que tienen a la mano y aprovechando la bondad y el cariño de los que se suman a sus causas. Así nació el Hospital San Carlos en Altamirano, Chiapas un proyecto fantástico que desde 1969 ha acallado los “no se puede” que lo rodeaban.

En San Carlos trabajan con lo que tienen (y funciona)

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70 camillas, un médico cirujano, un anestesista y múltiples voluntarios atienden alrededor de 100 personas al día. La mayoría de los pacientes son indígenas de los pueblos Tzeltal, Tzotzil y Ch’ol; algunos caminan más de 8 horas por la selva para ser atendidos en San Carlos. Y el hospital, consciente de las condiciones económicas de las comunidades, acepta “pagos” de café, maíz y naranja, cultivados por los pacientes. Esta ofrenda podría ser considerada un pago simbólico, pero francamente estos bienes son el capital de las comunidades rurales de la selva chiapaneca.

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Desafortunadamente, las medicinas que los enfermos necesitan no se valúan en café y maíz, lo que complica mucho la labor de San Carlos. Las enfermedades que más atienden son crónicas, como cáncer y diabetes. Por otro lado, la desnutrición a la que se enfrentan las comunidades provoca epidemias poco comunes, como la tuberculosis. En ese sentido, su hacer es limitado, pero los que trabajan en el hospital no se rinden.

Un proyecto resiliente y resonante

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Tal vez eso sea lo más increíble del proyecto: como buena entidad resiliente, se adaptan en todos los sentidos a sus contexto. No sólo aceptan estos trueques, también admiten a los pacientes aunque estos no cuenten con documentos oficiales: el nombre y el lugar de residencia bastan. Por otro lado, han procurado integrar a sus métodos medicina alternativa, como la tradicional, fundamentada en la cosmovisión indígena de la salud. Además, casi todo el personal es de origen indígena, vive en la localidad y habla las lenguas de las comunidades; en ese sentido la comunicación se mantiene abierta y no es unilateral. Por otro lado, constantemente buscan la ayuda de los curanderos y parteras rurales. Ningún saber útil se queda fuera del proyecto.  

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El edificio mismo es prueba de esto: Kees Grootenboer, el arquitecto que lo diseñó explicó a la revista Forbes que la estructura utiliza formas curvas para “repartir la presión de choques sísmicos”, ampliando sus posibilidades de resistir temblores. Chiapas es una de las zonas más sísmicas del país y este tipo de detalles son vitales.

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Sin duda lo más emocionante es que, aunque el hospital tenga deficiencias y necesidades, es un proyecto que se levanta de forma comunitaria, que se hace con la labor constante de los locales y que se integra en serio como un componente social abierto, flexible y fundado en gran medida por la buena voluntad. Ese tipo de servicio no se paga con dinero.

Otro proyecto comunitario que te va a dejar sorprendido: Estas monjas quieren salvar al achoque, curioso primo del ajolote

*Imágenes: Destacada: Tamas Coyo; Hospital San Carlos, excepto no. 4 atribuida a Jessica Martínez. 

Visita el sugerente tianguis de libros de la UNAM: “Para leer en libertad”

El tianguis de libros inició el lunes 7 de noviembre y estará hasta el día 12 en la Torre II del edificio de Humanidades.

Como cada año la Secretaria de Atención a la Comunidad Universitaria y la Dirección General de Atención a la Comunidad  junto con “Para Leer en Libertad” invitan al tianguis de libros de la UNAM, donde podrás encontrar música, presentaciones y regalos de las editoriales presentes.

La Brigada Cultural “Para Leer en Libertad” está conformada por Paloma Sáiz Tejero, Beatriz C. Sánchez, Daniela Campero, Alicia Rodríguez, Alejandro Camarena, Eduardo Castillo, Paco Ignacio Taibo II, Santiago I. Flores, Víctor Ronquillo, Juan Carlos Lagarde y Marina Taibo Sáiz.

Se han adherido a esta brigada un gran grupo de escritores, artistas, promotores culturales e historiadores con la finalidad de promover la lectura crítica, y el placer de esta actividad entre los mexicanos.

También se podrá participar en las conferencias y charlas que ofrece este tianguis de libros de la UNAM.

Es la 13va edición de este tianguis de libros en el que podrás encontrar muchos libros con descuentos increíbles,  que van desde humanidades hasta ciencias exactas, pasando por libros de poemas, biografías y libros didácticos para niños.

Para más información consulta aquí o en la página de Facebook de Brigada Cultural.

 

Tianguis de libros de la UNAM

Dirección: Torre II de Humanidades (costado oriente), Campus Central de Ciudad Universitaria.

Horarios: 9:00 a 17:00 horas.