Octavio Paz, su biografía a través de sus poemas

“Mi verdadera biografía son mis poemas”, escribió alguna vez Octavio Paz. Con esta pista, es posible seguir su vida a través de su obra.

“Mi verdadera biografía son mis poemas”, escribió Octavio Paz a Jean-Clarence Lambert (uno de sus primeros traductores al francés) en una carta fechada en Tokio el 3 de septiembre de 1952 y, quizá, si atendemos su aseveración, un recorrido por la historia de su vida nos lleve menos a las enciclopedias y los diccionarios temáticos y más hacia sus poemarios y otros libros publicados en vida.

Sí, es cierto, resulta práctico saber que nació un 31 de marzo de 1914 en Mixcoac, que su padre fue enviado por Emiliano Zapata a Estados Unidos como su representante personal, que su abuelo Ireneo era un gran lector y un aguerrido periodista (al grado de que resolvió una difamación en un duelo en el que el hermano de Justo Sierra perdió la vida), o que además de ser embajador en Delhi y agregado cultural en París y otras ciudades europeas y de Asia, Paz finalmente recibió el Premio Nobel de Literatura en 1990, reconocimiento con el que vivió durante 8 años más, hasta su muerte.

¿Pero no es esta apretada síntesis biográfica mucho más pálida frente a su obra poética? ¿No resulta más estimulante y enriquecedor seguir el curso de su vida al hilo de sus versos y sus ensayos?

INTERMITENCIAS DEL OESTE (2)

(CANCIÓN MEXICANA)

Mi abuelo, al tomar el café,
Me hablaba de Juárez y de Porfirio,
Los zuavos y los plateados.
Y el mantel olía a pólvora.

Mi padre, al tomar la copa,
Me hablaba de Zapata y de Villa,
Soto y Gama y los Flores Magón.
Y el mantel olía a pólvora.

Yo me quedo callado:
¿De quién podría hablar?

(De Ladera Este [1962-1968])

Este poema corto condensa la doble vertiente que confluyó sobre la temprana formación intelectual y práctica de Paz, la de un par de hombres decisivos, su abuelo y su padre, que tomaban parte de los grandes sucesos que transformaron a México, esa cercanía con los protagonistas conseguida gracias a una sólida capacidad de pensamiento y acción, cualidades que después redundarían en el joven Octavio, a pesar de la temprana pérdida del padre.

Yo estoy en donde estuve:
entre los muros indecisos
del mismo patio de palabras.
Abderramán, Pompeyo, Xicoténcatl,
batallas en el Oxus o en la barda
con Ernesto y Guillermo. La mil hojas,
verdinegra escultura del murmullo,
jaula del sol y la centella
breve del chupamirto: la higuera primordial,
capilla vegetal de rituales
polimorfos, diversos y perversos.

(De Pasado en claro [1974])

La biblioteca y el jardín, dos de los territorios más generosos de este mundo, también fueron para Paz objeto de sus primeras exploraciones, el primer acercamiento al “olvidado asombro de estar vivos”, el suelo en donde comenzó a crecer su vocación como poeta que eventualmente lo llevó al Congreso de Escritores Antifascistas, celebrado en Valencia en 1937, como una de las varias acciones en defensa de los republicanos españoles, su primera gran experiencia poética y política, en donde se templó su praxis y a partir de la cual se convertiría en un viajante inquieto de geografías, pero, sobre todo, de movimientos intelectuales.

Madrid, 1937,
En la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes escupidas
y el huracán de los motores, fijo:

(De Piedra de sol [1950])

En esta trayectoria el siguiente punto importante fue París, adonde el poeta fue enviado como parte del servicio exterior mexicano; ahí terminó de escribir El laberinto de la soledad y, no menos significativo, trabó conocimiento con los artistas surrealistas más destacados de la época, entre ellos André Breton y Benjamin Péret, a quienes está dedicado su poema Noche en claro (1958):

A las diez de la noche en el Café de Inglaterra
Salvo nosotros tres
                             No había nadie
Se oía afuera el paso húmedo del otoño
Pasos de ciego gigante
Pasos de bosque llegando a la ciudad
Con mil brazos con mil pies de niebla
Cara de humo hombre sin cara
El otoño marchaba hacia el centro de París
Con seguros pasos de ciego

A partir de entonces podría decirse, como cuando se tira un volado, que su suerte estaba echada. La moneda está suspendida en el aire pero en cierta forma el destino ya se había definido: “águila o sol”, como dice el título de otro de sus mejores libros. París, Ginebra, Tokio, Corea y Delhi fueron algunas de las ciudades por las que lo llevó ese destino, un itinerario increíble que también se deja rastrear por medio de sus varios epistolarios, siendo el que sostuvo con el también poeta Tomás Segovia uno de los más ricos al respecto.

Casi diez años después de la aventura parisina, Paz recaló en India, otro de sus grandes momentos biográficos, fuente de experiencias sorprendentes que inevitablemente se reflejaron en su obra. A dicha estancia pertenecen algunos de los títulos mejor apreciados no sólo dentro del corpus paciano, sino de la literatura hispánica en general: sus poemarios Salamandra y Ladera Este, ese inquietante experimento que lleva por nombre El mono gramático (para algunos el mejor ejercicio del Paz prosista fuera de sus ensayos) y el ambicioso Blanco, un poema inspirado en la concepción hindú del tiempo y el espacio como un continuo fluir que a su vez dialoga con otras tradiciones de Occidente, como la teoría de los cuatro elementos.

VI

Te hablaré un lenguaje de piedra
                (respondes con un monosílabo verde)
Te hablaré un lenguaje de nieve
                (respondes con un abanico de abejas)
Te hablaré un lenguaje de agua
                (respondes con una canoa de relámpagos)
Te hablaré un lenguaje de sangre
                (respondes con una torre de pájaros)

(De “Duración”, Salamandra [1958-1961])

Como sabemos, la estadía en la India terminó abruptamente con su renuncia como embajador en protesta a la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968, suceso que lo sacó “de la embriaguez de Oriente” para meterlo de lleno en la realidad mexicana y sus contradicciones.

Después de una breve escala en Estados Unidos, Paz regresó a un país que si bien parecía acusar cierta bonanza económica (simbolizada en los Juegos Olímpicos de aquel año), socialmente seguía reproduciendo prácticas atávicas que fluían en sentido contrario a esa supuesta modernidad a la que tanto se afanaba en participar. En Posdata, una adenda a El laberinto de la soledad, intentó explicarse dicha tensión, concluyendo que la matanza no era un suceso extraordinario de la historia mexicana, sino una continuación de esta, expresión de una sociedad y un sistema político construidos sobre la base de las formas y la ritualidad.

A partir de entonces la vida de Paz es menos impetuosa. El poeta superaba ya los 50 años, y si bien casi hasta el final de su vida fue parte imprescindible de proyectos que definieron la historia cultural de México (sobre todo la fundación de la revista Vuelta y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes durante el gobierno de Carlos Salinas), comparativamente, incluso en su poesía, su labor podría considerarse un tanto más retrospectiva. Salvo, quizá, en 1994, cuando con ocasión del levantamiento zapatista en Chiapas recobró parte de esa vitalidad ante un interlocutor, el subcomandante Marcos, a quien le reconoció talento para el debate.

Como se ve, la vida de Paz fue rica en sí misma, exuberante en más de un sentido, inabarcable en la medida en que sus experiencias pasaban también por el crisol de la poesía, donde por la vía de la transmutación persistieron para mantenerse hasta nuestros días, para permitirnos atisbar nuestra realidad por alguno de sus prismas y participar así de esa diversidad y las muchas formas del asombro.

Juan Pablo Carrillo Hernández
Autor: Juan Pablo Carrillo Hernández
Escritor y lector. Colaborador en los sitios web Pijama Surf, Petite Mort y otros.

Mario Santiago Papasquiaro: dos poemas brutales de un infrarrealista con jeta de santo

Un aullido vibrante penetró violentamente en la elegante producción cultural del México moderno: era la voz de Mario Santiago Papasquiaro.

Se asumía Mario Santiago Papasquiaro, aunque se llamaba José Alfredo Zendejas Pineda. Pero “José Alfredo solo hay uno” y en Santiago Papasquiaro había nacido José Revueltas. Por eso asumió el nombre, elegante por su longitud, distinguido por su sonoridad, pero rebelde, por ser otro que no era el que le habían asignado originalmente.

Nació y vivió en la Ciudad de los Palacios, pero lejos de su elegancia; más bien en sus inframundos, en sus poéticas y apestosas pulquerías, en sus cafés mal iluminados. Estudió apenas filosofía en la UNAM, pero desistió para convertirse en poeta de tiempo completo.

Tal vez tú lo conoces como Ulises Lima, el entrañable amigo de Arturo Belano en “Los detectives salvajes”, la épica novela de Roberto Bolaño (donde, incidentalmente desentraña la identidad nacional). Sí, detrás de Lima está Mario Santiago, hombre inventado a medias por los recuerdos de su viuda, amigos que lo querían y literatos mexicanos que lo detestaban.

Igual que a otros del grupo autodenominado como “infrarrealistas” (en la novela de Bolaño, los real-visceralistas) a Mario Santiago Papasquiaro lo hundieron en un tremendo olvido su soberbia creativa, su “rebeldía sin causa”, la falta de financiamiento por parte del gobierno y el desdén rotundo de quienes en el México moderno protagonizaron la elegante producción cultural.

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Pero a Mario Santiago le importaba poco la “falta de reconocimiento”, especialmente de parte de personajes que consideraba deleznables como Octavio Paz y Carlos Monsiváis. Así, junto a Bolaño y otros amigos nocturnos (delicadamente retratados en “Los detectives”), encontraron la forma de publicar y autopublicarse en revistas de corto tiraje, editadas por ellos mismos.

De su vida hay pistas regadas por todos lados, como gotas de pulque derramadas en una esquina polvorienta; pero francamente, es lo de menos, pues la hipótesis que ilumina la existencia de este texto es que Mario Santiago Papasquiaro, además de ser poeta, además de ser rebelde, encarna a un sujeto desfigurado —anarquista dice de sí mismo— y marginal, en el mejor de los sentidos, que necesitamos revivir.

Con jeta de santo…

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En la historia hay muchos de esos. No es casualidad que los infrarrealistas se identificaran tan profundamente con la generación Beat, tampoco que a Mario Santiago lo llamen el Allen Ginsberg mexicano. Tal vez en el sentido de su poesía, visceral, por supuesto, llena de huecos (y huevos), honesta, desdichada, iluminada, fértil y putrefacta. Inútil, en todo el sentido de la palabra; es decir, perfectamente inoperante, y, por lo tanto, activa, presente, auténtica.

Pero Ginsberg estaba cortado con otra tijera. Era más depresivo que rebelde, parsimonioso, en muchos sentidos, iluminado, también, pero fresco. Secretamente buscaba la calma, la plenitud que solo la felicidad, la pareja, los compromisos socio-civiles, pueden ofrecer. Mario Santiago era un Neal Cassady, pero radical.

Con jeta de santo, por supuesto y un bastón, terriblemente engañoso. La jeta, posiblemente devenir de madrugadas, drogas y alcohol. El bastón, porque tenía la costumbre de caminar largamente por el Distrito Federal y particularmente de cruzar la calle sin mirar a los lados, “jugándole al…”, haciendo suerte con la muerte. En 1980 se ganó el bastón. En 1998 se ganó el final perfecto.

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Se puede decir que en su poesía se vertía de la misma manera en la que cruzaba la calle. Así, algunos piensan que su obra es el resultado de la indisciplina, de la estupidez. Otros pensamos que se requiere de un temple de hierro para elegir ser inoperante, cruzar la calle sin mirar y escribir y publicar auténtica verborrea.

Los sujetos así, los que corrompen el mundo con su estar rizomático, son espectacularmente atractivos, los consagramos por sus actos vivos, mucho más que por su obra y sus memorias. Los anhelamos profundamente por ser sabios disfrazados de ladrones, místicos perfumados con basura, arrogantes y dorados criminales, pero generosos como bosques inmensos.

En una carta a Juan Pascoe, Roberto Bolaño escribió sobre nuestro héroe: “…he descubierto que TODO mi teatro lo he realizado para que Mario Santiago haga el papel principal, para que él haga mi papel, protagonice mis sueños, ¿bonito, no?»” Aunque Papasquiaro no leyó nunca el drama de Bolaño, murió un día después de que el chileno acabara de corregir su novela.

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Ojalá en nuestra generación se hagan manifiestos estos ladrones de sueños.

A continuación dos poemas brutales, cortesía de Mario Santiago Papasquiaro. Son largos, pero te los compartimos completos, porque vale la pena la lectura:

Canción Implacable

Me cago en Dios
& en todos sus muertos
Me cago en la hostia
& en el coñito de la virgen
Me cago en los muertos
del Dios de Dios
En la soberbia de Federico Nietzche
en el cuerpo tembloroso de mi alma
& en las ortigas al aire del ateo
En la muerte prematura de los justos
en la fugacidad del coito & sus centellas
en el verbo animal
en la imaginación-rizoma
en los textos del saber tan destetado
En la raja de los mundos
yo me caigo
Concentrado en el incendio de mis poros
En este alcohol-maleza que me cimbra
en el ojo infinito de mis huellas
en el furor salvaje del desmadre
en la imposible muerte & sus ofrendas
en el barro de áspid que calienta
en las rocas de la amada
en la levitación de mi calaca
en el cojo corazón de lo innombrable
En el aleph acuoso de mis llagas
en la vítrea desazón de mi asesino
en la mano del placer
en la droga anidada en sus colmillos
En el ogro filantrópico & su esposa
en la tumba del azar tan manoseada
en el germen de la lírica / que es caca
En la boñiga aérea
en las lagañas topas
en el cráneo todo esplendor de Charleville
En las ratas que aún huyen del Mar Ebrio
en lo blando
en lo fofo
& en lo inerme
En el eructo de éter de los sapos
en las sangres hirvientes
en las sombras
en el rosa gargajo de las albas
en el vidrio insensato que he escogido como calle en las barrancas de Venus tumefacta
En el platón del festín
en las bacinicas de la tregua
en el hongo podrido & su tridente
En el genealógico tumor de la US Army
en el extenso linaje de la mierda
Abismo & resplandor / azar & viento
Vena abierta de cocxis a clavícula
Regazo de embriaguez
Llama de arpas embozadas
En las ingles sin axilas de Dios-inventamuertos
en el suave & múltiple rumor que hacen 2 lágrimas
en el mar : en sus desiertos :
& en mí mismo.

La Poesía sale de mi boca…

Para Roberto Bolaño, al que presiento ya como mi Maharischi
e iniciador de 1 movimiento cuyo nombre ignoro
& en el cual prometo realizarme plenamente

La poesía sale de mi boca,
asoma las narices / el pene
a lo imprevisto /
el estremecimiento
el resplandor /
& la baba también
& los pelos arrancados a este tiempo
a fuerza de jinetearlo
& desatascarle su rodeo /
& la caspa / & la petrificación
de tantas de las yerbas y raíces
de este mundo / que antes de
morderlas nos vemos obligados
a escupir…
La poesía sale de mi boca,
de mis puños, de cada poro
resuelto de mi piel /
de éste mi lugar volátil, aleatorio /
testiculariamente ubicado /
afilando su daga / sus irritaciones
su propensión manifiesta a
estallar / & encender la mecha
en 1 clima refrigerador
donde ni FUS ni FAS
ni mechas ni mechones
ni un solo constipado
que merezca llamarse constipado,
ni 1 solo caso de Fiebre-Fiebre
digno de consignarse en este
mi inmóvil país
La poesía sale de mi boca,
con 1 pelambre & unas antenas
& unos ojos de mosca/
Con los gorjeos de 1 canario
enjaulado / & los bostezos
cacofónicos bostezos del cuidador
del zoológico /
Noche & día / Roja & negra
con los ovarios de 1 muchacha
con la voz ronca de 1 muchacho
con la mirada vacilante
pero rabiosa / hermosamente rabiosa
de 1 niño marica que no
quiere que lo escondan en 1
barril sin fondo
La poesía sale de mi boca
con la limpia negrura de la gasolina
con el brillo elocuente de 1 foco de 500 voltios
con la emoción & el orgullos
de unos bíceps
dueños de su mundo
(& dentro de la relatividad
del maestro Einstein):
Todopoderosos
Con los colores de 1 vestido
hecho con retazos de telas /
con los sonidos confundidos
caóticamente armonizados
de cientos & cientos de cláxons
distintos /
1 día de embotellamiento
en el periférico
Contra vendavales e inundaciones
(& de cierta manera a
favor de ellos)
contra casas de puertas cerradas
contra soles agusanados
contra cirrosis más allá
del hígado /
contra botellas de refresco
conteniendo urea /
contra niños & niñas
castrados / congelados
el día de su nacimiento /
contra las toneladas
de tierra & basura
que nos caen encima,
cuando lo que 1 quiere
es mostrarse alegre & hermoso
como demostración palpable
de 1 nuevo “renacimiento”
Saltando y corriendo con los
ágiles / poniendo 1 cerillo en
el fundillo de los lerdos /
planeando almuerzos & veladas
con los lúcidos /
poniéndole unas ganas
inmensas a la resolución
de las averías / de Aries a Piscis
de lunes a domingo /
de enero a diciembre
del día 1 al día 31
de tabla apolillada en el piso
a telaraña bailoteando sobre
el techo /
de reventazón en reventazón
de la impresión de 1 cavernícola
al conocer por 1ª vez a 1
mujer desnuda /
el última Ah de un “fulano
cualquiera”, cuando estalle la
3ª Guerra Mundial /
visitando enfermos
saludando sanos
conspirando bajotierra
saboteando sobretierra
deteniéndose / avanzando
apurando su trago
saboreándolo
gargareándolo
masajeándoselo
inyectándoselo
/ rascando, rasguñando
por 1 sol de medianoche
como 2 enamorados excarvándose
como 2 enamorados ensanchando
hasta sus últimas posibilidades
los significantes & el significado
del sistema Braille
como 1 borrachera de
girasoles en círculos / como 1
diadema de dalias la flor
favorita de Judith /
como 1 toque de mariguana
& tocas el Nirvana con las manos
mueves 1 dedo, & te das cuenta
arrancas el pasto & te sonríes /
gusano de maceta / gusano de
tierra roja que no te conocías /
Como 1 psilocibinazo galopante
que hace harina la piedra
de tus 4 paredes /
& te pone en la proa del cometa Kohoutek
& deja tu jarana al descubierto,
toda tu extensión
tu abreviatura,
lista a sacudirse /
a no olvidar la cólera justa
por las cabronadas injustas /
sino a enriquecerla
sino a fortificarle
la mecha al TNT,
sino a explotarle
a revirarle la pupila
Ahora canta el que lloró
hace rato
Grita / Salta / Monta / Eyacula /
el fulano aquel, ya dábanlo
por muerto /
Ahora los cantares duros
las cantatas suaves / las trompetillas
& el regusto de aquel que ha escupido
la tierra & las lagañas
con que habían tapádole los ojos /
La poesía sale de mi boca
a todo tranco de gerundio
a todo flujo de agua potable
a todo virus luminoso
a toda capacidad de contagio
Así va la poesía /
& para ella
no tengo sino alabanzas.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Alfonso Reyes: sobre por qué la originalidad no debe ser forzada

Uno de los grandes pensadores mexicanos nos habla sobre la crisis de la originalidad y cómo ha sido vendida como un producto, paradójicamente insustancial.

Tal vez, por consecuencias azarosas del destino, algunas personas derraman una originalidad apreciable a los ojos de cualquiera. La historia nos ha enseñado que esta autenticidad es espontánea en algunos, y que el resultado es una completa idea desconocida hasta entonces, que no ha sido creada jamás.

En este sentido, estaríamos hablando de la originalidad como un don, acaso como un milagro, que no le sucede a cualquiera. Este dato es falso, o más bien poco profundo. Para los que no tenemos la fortuna de destacar por una originalidad de nacimiento no todo está perdido. La clave está en no pensar en cómo ser original, sino en analizarnos como individuos.  

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Al respecto, el escritor Alfonso Reyes dedicó algunos breves párrafos a ilustrar cómo la originalidad ha sido forzada –y evidencia que ha pasado durante siglos–, pues nadie en este mundo está excluido de ser original; nadie podría nacer con aquella dicha, pero sí, en cambio, con la suerte de saber observarse a sí mismo. Se trata de una “originalidad que no se busca sino se encuentra”, nos dice, y continua:

Esta originalidad no buscada es fruto de procesos tan inevitables como lo son todos los procesos de la naturaleza. 

Reyes creía que la clave para encontrar esa originalidad estaba en el autoconocimiento, en obligarse a ser quién se es, y defenderlo a toda costa sin importar los escenarios, mucho menos una reputación:

 El descubrirse a si mismos es, más bien, descubrir al hombre abstracto que hay entre nosotros, al universal, al arquetipo, y abrazarse a él con fervoroso entendimiento platónico. 

 

La originalidad del Romanticismo

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Por otro lado, Alfonso Reyes habla sobre la probabilidad de que nadie, a su vez, se excluya de ser un farsante de la autenticidad, pues como bien nos comparte, la originalidad también puede ser vista como un objetivo y no como una consecuencia, tal vez, de la sensibilidad:

Se nos dice que una de las ideas motrices del Romanticismo fue la preocupación por la originalidad entendida como un fin en sí, como meta directa. . . ¡y es un by-product! [subproducto]

Para entender esta idea es necesario ponerse un poco en contexto:

En pleno desdoblamiento del Romanticismo europeo, en el siglo XIX, los hombres y mujeres de literatura encontraban la originalidad como una forma de rebeldía. El artista y escritor de este ciclo personificaba el espejo de la angustia y el tormento, efectos acaso evidentes de la sobrecargada historia de sucesos nacionalistas en occidente. 

Las bellas artes para entonces comulgaban con la visión del artista como profesión; la obra como objeto de mercado. El impulso plausible de aquellos románticos, no fue sino la capacidad de imaginar, soñar y sensibilizarse frente a este paradigma burgués; conectarse con el mundo natural, para regresar a nociones de origen, que les permitiesen asimilar una exquisita variedad de pantones desde la realidad en su obra. 

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Sin embargo, cabe señalar que los parámetros del romanticismo fueron también criticados por Alfonso Reyes. La postura romántica era radicalmente opuesta al movimiento de la Ilustración –una hazaña sin duda innovadora–, pero su extremismo algunas veces llegaba a otros confines, donde la originalidad era vista con cierta arrogancia y anclada a una serie de vicios humanos, tan banales como el mismo acto de considerarse un artista con “sensibilidad”.

En este sentido, las palabras de Alfonso Reyes parecen tan frescas como en aquella época. Escribe:

Cuando el poeta, cuando el artista declaran que al fin se han descubierto a sí mismos, a veces solo logran desagradar a los demás. Y es que confunden la originalidad con la indisciplina, y creen haber encontrado su ruta por entregarse a sus impulsos temperamentales, a sus manías, a sus tics nerviosos.

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Reyes no estaba en contra de utilizar la sensibilidad como vía de acceso a la originalidad, ni tampoco a favor del arte y literatura como productos. Lo que en algunas breves líneas cuestiona, es que la originalidad sea vista como un acto individual y no como lo que realmente es: una obra colectiva, que no es ajena a los matices que nos regala la vida, ni a las perspectivas del otro, ni del pasado, ni a la gama de ideas que ya se han servido al mundo en bandeja de plata: 

Aunque tal angustia [la de alcanzar la originalidad] hace crisis en los extremosos, tanto que todos acaban por resultar triviales, habría que meditar mucho la sentencia de un maestro ultra, Lautréamont, quien dice que el milagro no puede ser obra individual, sino colectiva. 

. . . No entendamos groseramente la doctrina. No se trata de collage, sino de absorción, digestión, refundición de los temas tradicionales. Toda creación es re-creación, y recreación.

 

*Referencia: Obras Completas de Alfonso Reyes, Tomos VIII y XII, Fondo de Cultura Económica.

*Ilustraciones: Joanna Neborsky

 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

¿Sabías que la primera novela hispanoamericana es mexicana?

El Periquillo Sarniento, con humor, relata la vida de un personaje singular poco antes de la Independencia de México.

En 1816, el mismo año en que inició la lucha por la independencia de México, fue publicada la primera novela hispanoamericana del mundo: El Periquillo Sarniento.

En aquél tiempo ya se aludía a México como México, y no únicamente como la Nueva España. Como ejemplo tenemos parte de las primeras líneas de esta novela:

Nací en México, capital de América Septentrional, en la Nueva España. Ningunos elogios serían bastantes en mi boca para dedicarlos a mi casa patria; pero, por serlo, ningunos más sospechosos.

Su autor, José Joaquín Fernández de Lizardi, es considerado como uno de los pensadores más influyentes para el movimiento insurgente que resultó en la lucha por la independencia. Fundó el periódico El pensador mexicano (de donde le viene su sobrenombre), el cual fue vetado por las autoridades por infundir el pensamiento crítico.

Lejos de lo que podría penarse, Lizardi estudió con muchas dificultades económicas pese a haber nacido en una familia criolla. Nació pobre, y murió pobre, y en el inter de su vida se esforzó férreamente por que México fuese un país más justo a través de la educación.

Por ello, podría decirse que su obra, estuvo fuertemente abocada a la propagación de ideas que hicieran que los habitantes de México cuestionaran su realidad social. El Periquillo Sarniento, por su parte, fue muy exitosa, sobre todo luego de su muerte, ya que narra con una voz con la que el pueblo se podía identificar las pericias de un personaje llamado Pedro Sarmiento, alias “el Periquillo Sarniento”, que en su lecho de muerte decide relatar a sus hijos sus andanzas por el México preindependiente, y con mucho humor, nos muestra la realidad social a la que todo hombre está supeditado según su época, así como a las limitaciones o bondades de la propia personalidad.

Sobre todo, esta novela fue un llamado en su tiempo a reconocer las intolerables injusticias sociales, que bien pueden cambiar si se toma conciencia y se forja un camino a la voluntad.

Esta novela continúa siendo todo un clásico, y te invitamos a leerla en el siguiente enlace.

 

*Imagen: Ilustración original para la cuarta edición de El Periquillo Sarniento