Pola Weiss, la hipnótica revolución en el arte audovisual mexicano

A través de una radicalidad intensa de acciones socioculturales, Weiss pretendía alterar el orden preestablecido en la industria del espectáculo.

Desconocida, irreverente, videoasta, son palabras que definen a Pola Weiss. Ella fue una de las pioneras en revolucionar el arte audiovisual mexicano; una visionaria en resignificar la idea de un video como un mensajero poderoso de información. Sin embargo, su trabajo quedó en las sombras del olvido.

Para ella, la cámara era un nuevo ojo desde el cual se debían cambiar modos de ser en una sociedad como la nuestra. Se trataba de obligar al espectador a salir de su ego y redefinir la vivencia del cuerpo femenino, la ciudad, las mujeres en una sociedad androcéntrica. Es decir que a través de una radicalidad intensa de acciones socioculturales, Weiss pretendía alterar el orden preestablecido en la industria del espectáculo.

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Estaba preparada para expandir las nuevas estrategias visuales y discursivas que contaminaban las restricciones corporales. En palabras de Rita Eder, miembro del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, Pola Weiss “había logrado transformar su aprendizaje televisivo en un medio independiente que contraviniera los recursos técnicos de la TV.” De modo que dirigió la experiencia humana en una interactividad entre el cuerpo, la cámara y el público desde un ambiente universitario de la década de los 70.

Esta “videasta” fue la primera en titularse del grado de maestría de la UNAM con una tesis en video. Desde entonces se sintió confiada y tensa ante la cámara, mezclando una sensación de éxtasis ante cada proyecto. Eder la describe como un cuerpo atractivo, ojos grandes y largos cabellos en la que habitaba una sensación permanente de estar en un documental:

Ella danzando vestida y desnuda, ella en llanto, inerte frente a la cámara, casi una huella sobrepuesta al paisaje. Empieza a ocurrir algo después de muchas horas de observar sus videos autorreflejantes: cada vez sabemos menos quién es en la medida en que ésa no es su intención sino descubrir los límites de la cámara y de su autorreflexividad. Frente al otro que está y no está, la cámara es su espejo y su memoria.

Quizá por esta razón su suicidio ha sido un tema hipnótico y misterioso. Algunos dicen que este suicidio era el tema de su último trabajo, pues se quitó 42 años de vida ante la cámara. No obstante no ha habido una prueba contundente que afirme esta hipótesis alrededor de su muerte; pues con su suicidio, desaparecieron muchas cosas acerca de su vida personal provocando que mucha gente tratara de olvidarla.

Pola Weiss fue una mujer capaz de hacer lo que quiso hasta el cenit de su libertad. A pesar de haber tenido un precio alto –su vida–, ella se atrevió a reconstruir el arte audiovisual para convertirlo en una realidad reinsertada y reestructurada con nuevos significantes.