Video original de Frida Kahlo y Diego Rivera en “La Casa Azul”

Videos cortos, grabados por Nickolas Muray exhiben la cotidianidad de la pareja en “La Casa Azul”.

La Casa Azul es donde la artista mexicana Frida Kahlo nació, vivió y murió. Fue habitada también por personajes como el revolucionario ruso León Trotski en 1937.

El poeta y amigo de la pareja Carlos Pellicer convirtió el lugar en museo después de la muerte de la pintora en 1954, en respuesta a los deseos de quien fuese la mujer de Diego Rivera, y hoy la casa aún conserva un toque íntimo.

La Casa Azul, recibe mensualmente más de 20 mil visitantes. El espacio alberga objetos que  inspiraban a Kahlo como su diario, ropa, pinturas con las que ella y Rivera decoraron el lugar y, por su puesto, también obras plásticas de su autoría.

El amigo y pretendiente de Frida, Nickolas Muray grababa constantemente momentos de su vida diaria acompañada de su esposo en “La Casa Azul”. El pequeño corto muestra a Frida y Diego, acompañados en buena parte de las escenas por el mismísimo Trotsky y con “La Zandunga” de fondo musical.

La popularidad de Frida Kahlo en Europa y Estados Unidos se extendió en la segunda mitad del Siglo XX. La fuerza de su personalidad, el misterio de la historia detrás de sus cuadros y la polémica constante en su vida sexual y sentimental, son solo algunas de las razones por las que los siguientes videos adquieren relevancia: una mirada íntima aunque corta al comportamiento cotidiano de esta enigmática e imponente figura femenina. Símbolo global de una mujer sofisticada y valiente, apasionada hasta el límite.

Consejos mágicos para crear un sistema planetario en casa (cortesía de Remedios Varo)

Un inesperado ritual alquimista donde tienen lugar los objetos que constituyen nuestro universo; meras representaciones de la voluntad psíquica pura.

En un planeta donde impera la lógica y las ciencias poco intuitivas, Remedios Varo fue una revelación. Una mente atestada de símbolos, azufres volátiles y de una imaginación plegada de información de carácter esotérico.

Si hay algo valioso que rescatarle a Remedios Varo  (Anglés, España, 16 de diciembre de 1908 – Ciudad de México, 8 de octubre de 1963), además de su filosofía hermética en el mundo de los pinceles y el lienzo, es su aficionada inquietud por las disciplinas de orden natural, esas que unen al hombre a la tierra y reclaman su origen. Antes de erigirse como una de las pintoras surrealistas más importantes del siglo XX, Varo se perfiló como una activista en contra de las acciones fascistas del gobierno español, se introdujo al inconsciente de los surrealistas de post-guerra, se dedicó a la astronomía, a la entomología y principalmente a las ciencias ocultas y espirituales. 

El pensamiento creador de Varo no se hallaba sencillamente en un trazo y un lienzo. Parte de su imaginario se encontraba en antiguos tratados de materias como música, física, aritmética, arquitectura, botánica, astrología o criptología, en la lectura de la cábala, la alquimia y el hermetismo. Su afición oscilaba entre autores rigurosos: desde Meister Eckart, Eliphas Lévi, el sufismo, Carl Jung, la geometría sagrada y el místico texto de I Chinghasta las políticas de vida de Hermes Trismegisto. De hecho en su biblioteca personal, investigadores como Lois Parkinson hallaron títulos realmente geniales, entre ellos la obra de George GurdjieffRelatos de Belcebú a su nieto. 

Así transmutó literatura y textos ocultos en portentosas pinturas.

Con toda esta información era difícil que Remedios Varo se negara a timonear el oceánico territorio de la escritura. Y así lo hizo. Aunque es poco común mencionar sus escritos, Varo fue una extraordinaria pensadora surrealista de su tiempo. A mediados de los años 30, y a la par que expuso su primera obra pictórica, Composición– se entregó al impredecible mundo de los cadáveres exquisitos, uno de los métodos clásicos del surrealismo para hacer valer la voluntad de la mente por medio de la escritura. En aquellos años empezaba a introducirse al grupo de surrealistas parisinos –con los que habría de reencontrarse prontamente en su exilio a México– y más tarde congeniaría con Leonora Carrington, una figura esencial en sus relaciones amistosas. 

A propósito de su obra escrita, existen una serie de cartas escritas y dirigidas a personajes desconocidos, místicos y probablemente inasibles, con los que intercambiaba planes y pensamientos. En una de estas cartas –escrita a mano en francés y hallada en uno de sus cuadernos de dibujo–, Varo desglosa una serie de sorpresivos consejos para reconfigurar un sistema planetario en casa. Se trata de un ritual donde tienen lugar los objetos que constituyen nuestro universo; meras representaciones de la voluntad psíquica pura:

(…) Poco tiempo antes de que tuvieran lugar estos fenómenos pictóricos, me había entregado a la labor de reacomodar el sistema solar en mi mesa, tarea que es necesario realizar cada 210 días, ya que esta actividad constituye una tarea obligatoria para todos los adeptos del grupo “los observadores de la interdependencia de los objetos domésticos y su influencia sobre la vida cotidiana.” Este grupo, activo desde hace mucho tiempo, ha hecho ya constataciones notables que hacen la vida más simple desde el punto de vista práctico. Por ejemplo: muevo un bote de pintura color verde unos cinco centímetros hacia la derecha, clavo una chinche junto a un peine y, si el señor A… (adepto que trabaja en coordinación conmigo) pone en ese mismo momento su libro sobre apicultura al lado de un patrón para cortar un chaleco, entonces estoy seguro de que se dará, en la avenida Madero, el encuentro con una mujer que me interesa y cuyo origen no he podido averiguar hasta ahora, así como tampoco su dirección. Hemos logrado algunas conquistas sobre la vida de cada día, como usted puede observar.

Al manipular un viejo directorio telefónico, un ramo de laurel, una chinche, un peine, un bote de pintura verde, un zapato de mujer de terciopelo violeta bordado de perlas y una moneda falsa de 5 pesos (este conjunto de objetos es mi universo instrumental, cuyo funcionamiento es concordante e interdependiente con el de los otros miembros del grupo), me permití introducir, hace poco, como novedad, un colibrí disecado y relleno de polvo magnético, todo bien ligado con un mecate como se envuelven las momias, utilizando un hilo rojo de seda. Lo hice sin prevenir a mis colegas, transgresión muy grave dentro del reglamento del grupo. Tan sólo nuestro jefe, con su larga experiencia y su alto grado de conocimientos, puede hacer una cosa así sin provocar graves consecuencias. Más aún, expresamente coloqué el bote de pintura verde bajo un rayo de luz roja que se filtraba a través del vidrio coloreado de mi ventana (¡horror complementario!) Hice todo esto, sin medir sus consecuencias (teniendo poco tiempo de haber ingresado al grupo, mi control alcanza exclusivamente a los objetos que mencioné anteriormente). Como era previsible, ciertos incidentes se han producido desde el día de mi transgresión: mi mejor camisa se ha quemado, un gran depósito de sal se ha acumulado debajo de mi cama, y al día siguiente tuvo lugar el inicio de la sorprendente transformación de mi inspiración pictórica.

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                                                        Naturaleza Muerta Resucitando, 1963

Otra de sus cartas, expresa la posibilidad de que este sistema solar sea una gráfica imprescindible de lo que acontece en nuestras vidas, un recuento del imaginario proyectado en simples objetos del hogar:

(…) Después de largos años de experimentación, he llegado a poder ordenar de manera conveniente los pequeños sistemas solares del hogar, he comprendido la interdependencia de los objetos y la necesidad de colocarlos en determinada forma para evitar catástrofes, o de cambiar súbitamente su colocación para provocar hechos necesarios al bienestar común. Por ejemplo, eligiendo mi gran sillón de cuero como astro central, teniendo a su alrededor y a 50 centímetros de distancia en posición de este a oeste una mesa de madera (primitivamente, banco de carpintero y fuertemente impregnada de emociones artesanales); detrás de sillón, a dos metros y medio de distancia, el cráneo de un cocodrilo; a la izquierda del sillón, entre otros objetos, una pipa incrustada de falsos brillantes, y, a la derecha, a tres metros de distancia, un jarro verde de cerámica ordinaria; tengo un sistema solar (no entro en una descripción detallada de todo él, sería demasiado largo), que puedo mover a voluntad, conociendo de antemano los efectos que puedo producir, aunque a veces lo incalculable se produzca, provocado por la rápida trayectoria de un meteoro inesperado, a través de mi orden establecido. El meteoro no es otro que mi gato, pero poco a poco estoy llegando a dominar este factor azaroso, ya que he descubierto que, alimentando al gato exclusivamente con leche de oveja, su trayectoria no produce casi ningún efecto.

Desde luego, mis amigos se ocupan también de arreglar en forma conveniente pequeños sistemas solares en sus casas, y hemos establecido una interdependencia entre todos ellos. A veces cambiamos astros de una casa a otra y, desde luego, nunca se hace una modificación sin ponernos todos de acuerdo, pues, de otra manera, suceden cosas a veces desagradables. Debo decir que hemos llegado a realizar todo esto gracias a un larguísimo y profundo estudio de las variaciones y combinaciones matemáticas, pero sirviéndonos para ello de la capacidad natural que tiene uno de nuestros miembros para agrupar los seres y objetos según su verdadera naturaleza. El primer paso fue la fulminante revelación que nuestro amigo tuvo de que su zapato derecho, una cortina de terciopelo rojo y un trozo de ópera (que se oía en ese momento) eran exactamente equivalentes. A partir de entonces, todo fue fácil, ya que, resumiendo las cosas en grandes grupos, los trabajos matemáticos sobre variaciones y combinaciones se hacen rápidamente.

Con una imaginación, diría el alquimista, atestada de sal, mercurio y fuego, Remedios Varo ideó éstas y otras cartas más que fueron expuestas en 1994 gracias al Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. En estos textos Varo nos enseña que, quien sintetiza o fusiona los ingredientes de su universo con cierto ángulo intuitivo y calculador, supera incluso las capas astrales y las leyes universales del todo. Si agregamos a esto un ejemplo ilustrativo (por ejemplo su pintura Naturaleza Muerta Resucitando) como parte de una aleación multifacética de su trabajo, en suma, obtenemos una de las escasas revelaciones que nos ha otorgado la fusión de la alquimia y la magia mexicana.

Espíritus sulfúreos.

 

 *Con material extraído desde el libro “Remedios Varo: Cartas, sueños y otros textos”, Ediciones ERA.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Licenciada en Derecho por la UNAM. Editora por profesión. Música por convicción.

Recorre los trajes típicos mexicanos con este increíble catálogo que creó el pintor Carlos Mérida

Con figuras sencillas y pocos colores Mérida consigue, paradójicamente, llevarnos la complejidad y belleza de los atuendos tradicionales.

Carlos Mérida ha sido uno de los artistas imprescindibles que reivindicó la esencia indígena en el arte contemporáneo. Aunque nació en Guatemala, fue naturalizado mexicano; cuando formó parte del muralismo mexicano, de algún modo lo permeó de geometría abstracta pero que siempre llevaba algo en su esencia de la estética de las culturas primigenias.

Mérida tenía descendencia maya-quiché y ello fue siempre su orgullo. Su búsqueda por reconocer y preservar el valor artístico prehispánico lo llevó a adoptar series que engrandecían sus cualidades. Como ejemplo hoy presentamos su serie de veinticinco litografías que hizo en 1945 llamada “Trajes Regionales Mexicanos”.

De una estética completamente distinta a la de su plástica muralística y pictórica, Mérida parece adelantarse a los tiempos y retar a la ilustración digital. Sus figuras son todas muy sencillas y con patrones algo minimalistas nos da una idea de la creatividad y compleja minuciosidad en los textiles mexicanos de los trajes típicos de los grupos indígenas y del flocor popular luego de la conquista.

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

29 fotos poco conocidas de Frida kahlo

Un sitio especializado en fotos viejas ha compartido tesoros de los momentos en la vida de Frida Kahlo.

Frida Kahlo era un personaje en sí misma. Su personalidad atraía a muchos más allá de su propuesta plástica… Era fuerte, inteligente, graciosa en sus movimientos, con carácter, pero también de una dulzura notable.

Ya lo decía Chavela Vargas:

Frida esparcía ternura como flores, sí, como flores. Una gran ternura, una ternura infinita.

Su gusto por objetos prehispánicos, el colorido de su casa y vestimenta, sus peinados, aretes, frases, mascotas, toda ella era un magnetismo. Naturalmente los fotógrafos de la época, iniciando por los surrealistas, se sentían atraídos por ella. Kahlo fue uno de los personajes más fotografiados del mundo en la primera mitad el siglo pasado.

Hoy presentamos fotografías recabadas por Old Pics, poco conocidas, y tomadas muchas por algunos de los fotógrafos más grandes de la historia.