Sin categoría

El alucinante sincretismo de San Juan Chamula, en Chiapas

Aquí la mezcla de creencias católicas con el misticismo originario alcanza, quizá como en ningún otro lugar, una destellante efervescencia.

A unos veinte minutos de San Cristóbal de las Casas se ubica un pequeño pueblo llamado San Juan Chamula. El sitio está habitado por una comunidad tzotzil, famosa por su bravura y por el fervor con que, sincréticamente, ejerce sus creencias religiosas. Aquí no entra la policía municipal, no se pagan impuestos ni se acostumbra el cambio de horario. Además, los foráneos deben dejar el lugar alrededor de las seis de la tarde.

Al llegar al lugar lo más probable es que termines conducido, ya sea por razones prácticas o metafísicas, hacia la plaza central, donde además de encontrarte con vistosas artesanías, hallarás la iglesia del pueblo, dedicada a San Juan Bautista. Pero a diferencia de la mayoría de iglesias que conoces, esta reboza en notables, inolvidables, particularidades.

san juan chamula iglesia

Para empezar no hay bancas en su interior, ya que los locales acostumbran rezar hincados. En cambio, notarás hileras o cúmulos de velas encendidas, cuya luz contrasta con una semioscuridad omnipresente que impregna la atmósfera de misterio. En las paredes destaca la figura de distintos santos, solo que a diferencia de su atuendo tradicional algunos portan vestimenta indígena, y todos están adornados con espejos y cintas de colores.

San Juan Chamula 1

Pero más allá de las peculiaridades arquitectónicas o decorativas de esta iglesia, lo verdaderamente hipnótico del recinto radica en las prácticas que ocurren en su interior. Empapadas de sincretismo hasta la efervescencia, las oraciones y ritos que aquí se practican implican la inmersión total del devoto –los murmullos se entretejen hasta adormecer el ambiente en una especie de manifiesto onírico. Aquellos que acuden a orar entran literalmente en un estado de trance, meciéndose rítmicamente sobre sus rodillas, envueltos en humo de copal u otras resinas, arrodillados frente a velas y, en algunos casos, bebiendo gaseosas, sobretodo Coca Cola, para entrelazar sus plegarias con eructos. Según la creencia local, este ayuda a expulsar los malos espíritus que habitan dentro de uno y, una vez acelerada la purificación, entonces se facilita la la comunicación con los santos a quienes se está encomendando. 

También se conciertan en su interior consultas de chamanes o curanderos (en su mayoría mujeres) con pacientes que buscan sanar alguna dolencia física o espiritual. Así que es común atestiguar extrañas dinámicas entre dos o más personas. Además, con frecuencia se realizan rituales, generalmente asociados a limpias u ofrendas, durante los cuales incluso se registran sacrificios de gallinas como una ofrenda a los santos. Sobra decir que cualquier intento por describir la atmósfera que abraza este lugar está condenado a la insuficiencia.

La intensa mixtura de creencias que confluye en San Juan Chamula resulta de un influjo católico, producto de la evangelización durante la colonia, en coexistencia con un tenaz misticismo originario, en este caso maya. Y si bien la religión en México difícilmente escapa una cierta dosis de sincretismo, en este caso las raíces prehispánicas cedieron mucho menos terreno, lo que resulta en una surreal, y única, manifestación de la religiosidad de un pueblo.

* Imágenes: 3) Efecto Chiapas

El manual de hechicería y sortilegios para cazar brujos indígenas

El "Tratado de hechicerías y sortilegios" fue un manual con el que evangelistas aprendían sobre las herejías que debían extirparse de la Nueva España, a unos treinta años de terminada la conquista.

Al mundo indígena y al prehispánico lo divide la grieta de la conquista. No sólo se perdió ahí la mayoría de creencias de vida y cultura sino que, entre otros sincretismos imprecisos, se adoptaron formas de continuar la existencia lejos de un origen. Diría José Vasconcelos, “la derrota nos ha traído la confusión de los valores y conceptos”. 

Cabalmente, uno de los conceptos que más se ha deshonrado en los 500 años que llevamos por conquista, es el tema de la brujería, la hechicería mexicana, o lo que hoy en día se supone por igual, el chamanismo o nahualismo.

Mucho se ha advertido sobre estos temas: la errónea conexión que se ha establecido entre el chamanismo y la santería –esta última es ajena a nuestra cultura, y fue traída a México principalmente desde Cuba y Venezuela– por llamárseles a ambas “hechicería”, la relación estrecha del chamanismo con la curación espiritual, y las grandes probabilidades que se tienen de algún día, alcanzar un grado de conocimiento científico sobre esa práctica anímica tan vital.

Con el Tratado de hechicerías y sortilegios, escrito por fray Andrés de Olmos en 1553, importantes conocimientos de la cultura indígena se señalaron como satánicos. Este tratado es el eco de las desconfianzas de los foráneos en tierras indómitas; la prueba de que el asombro, más allá de revelarnos belleza, proyecta los miedos de la mente humana; lo que no se conoce.

 

De brujas y rituales

Mediante este manual que advierte “avisa y no emponzoña” religiosos e inquisidores aprendían sobre las herejías que debían extirparse de la Nueva España, a unos treinta años de terminada la conquista. Su autor, Andrés de Olmos, escribe en el prólogo de este libro que se trata de un extracto y adecuación al caso indígena desde el Tratado muy sótil y bien fundado de las Supersticiones y Hechicerías y Vanos Conjuros y Abusiones; y otras cosas al caso tocantes y de la posibilidad e remedio dellas, un manual de hechicería creado en 1527, en España, por fray Martín Castañega –predicador del Santo Oficio–, para combatir la brujería de occidente. 

Conviene reconocer la ignorancia que inquietaba al conquistador, pues ésta provenía justamente de la experiencia con lo brujo, que llevó a la Europa medieval a crear órdenes como la Santa Inquisición, pero que sin duda se pervirtió con el ultraje del poder eclesiástico. A raíz de esta experiencia histórica, existían nulas posibilidades de que las creencias prehispánicas perduraran en su estado natural. Y al reconocerse como verdaderas promotoras del diablo, de lo satánico, lo perverso y de la cisma de occidente sin prueba alguna, no tardaron en condenar a los indígenas como a las brujas: quemados en la hoguera y, como acto piadoso, cortándoles la cabeza.

Sobre el Manual de hechicerías

De manera que al indígena se le maldijo como a las brujas.

Se utilizó un manual de hechicería basado en el original que sentenció a muerte a miles de personas en Europa, y esta vez lo hizo también en América. El Tratado de hechicerías y sortilegios fue escrito en nahuatl, a entendimiento del indio para que reconociera sus labores diabólicas. Dentro de él se redactaban algunas “experiencias” del mismo Olmos donde había hecho de testigo sobre invocaciones al diablo –”yn tlacatecolotl”, el hombre-buho o tecolote, como lo llama él–.

Se halla ahí también, una acentuada teoría y práctica demonológica; según estudios recabados por Victoria Ríos Castaño: en los once capítulos primeros se habla sobre el poder de algunos indígenas naguales para trasmutarse en animales o energías de fuego, y de los sacrificios que se congregaban en las ceremonias. Los trece capítulos restantes hablan sobre otros poderes de los hechiceros, que muy negativamente se les atribuyen a la magia negra como meros hechizos y conjuros de tempestades.

Culmina con algunos “remedios católicos”, ya encontrados en el manual de hechizos de Castañega,  para combatir los engaños de Satanás. A continuación un fragmento del tratado narrado por Olmos:

¡Oh hijos míos! No hay cuenta de cómo engaña el Diablo a alguien. Sabréis que cuando yo, fray Andrés de Olmos, allá vivía, en la región de Cuernavaca, quizá ya (hace) veinte años, un hombre casado vivía en un templo; me dijo que oyó que él, el hombre-tecolote (el Diablo) se apareció a un hombre y le mandó que llamara a algunos en secreto; para que allá, a la entrada del bosque fueran, para que en su presencia cumplieran con él; Yde este modo 10 hicieron. Luego fueron agarrados, en una casa fueron en- cerrados; yo vi a algunos de ellos, e interrogué a aquel a quien se apareció el Diablo, a aquel que por su causa sufrió amonestación para mortificarse; y le interrogué para que me dijera cómo se apa- reció, cómo le habló. Muy de noche, al encender una vela encima de la casa, allá en un sitio desierto se me apareció el Diablo; como el rey se presentó engalanado, así iban engalanados los señores en los tiempos antiguos cuando iban a bailar; yo tuve gran miedo. Él me dijo: por favor, ven; di a don Juan que por qué me rehuyó; Haz la ofrenda, reúne a la gente del pueblo, para que allá, a la entrada del bosque, ante mí, salgan. Puesto que de ningún modo allá me rindo yo en Cuernavaca; a causa de él, de él, la Cruz allá se levanta y allá viven los padres; que en seguida allá se vayan con otros a la entrada del bosque. Inmediatamente desapareció el Diablo.

 

Sobre los misioneros espirituales 

Andrés de Olmos llegó a la Nueva España acompañado de fray Juan de Zumarrraga, primer obispo y arzobispo de la Ciudad de México, quien habría de hacerse más famoso que el mismo Olmos curiosamente, por protagonizar el mito guadalupano A personajes como Zumárraga se le atribuye, también, la quema de un millar de textos prehispánicos en donde se hallaba información sobre los beneficios rituales del peyote y otras plantas sagradas.

Tanto Olmos como Zumarrraga fueron importantes evangelizadores de la Nueva España: dedicaron su estancia en México, hasta 1528, a evangelizar con éxito la Ciudad y algunos pueblos aledaños.

Y en esa labor “espiritual” se ganaron el título de cazadores de brujos, brujas. De grandes maestros de la palabra en el Colegio Santa Cruz de Tlatelolco –fundado por el propio Zumárraga, la mejor escuela indígena y evangelista de la época–, pero sobre todo, se les reconoce a ellos una épica labor, que fue la del aprendizaje de las lenguas indígenas y de algunos textos de cultura para entender la cosmovisión prehispánica. Sin embargo, poco o nada fue su utilidad, sabiéndonos hoy en día sin esa información que mucho podría servirnos para orientar la identidad mexicana. 

Hechicería en el México prehispánico según el Códice Florentino.

 

De aquella guerra espiritual, esa persecución indígena inevitablemente atroz, surgieron paradójicamente las leyendas de espanto más famosas de la historia mexicana: relatos de diablos, apariciones espectrales, magia oscura, enfermedades derivadas de ella. En suma, todo lo que no correspondía al mundo prehispánico pues, la filosofía cósmica de nuestro ancestro fue mucho más que eso. En esencia, fue la de plasmar las verdades de la naturaleza –del universo–, pues la búsqueda de éstas se vuelve inútil: el hombre americano las conoce y las comparte con el mundo. 

 

*Imágenes: 1) “Nueva Corónica y Buen Gobierno” de Felipe Guaman Poma de Ayala, 1616 / Dominio Público 2) “Onder de neus van de Inquisitie” de Christenen voor Israël / Dominio Público; 4) El Paraíso Perdido de John Milton, Gustave Doré, 1866 / Dominio Público; 5) “Saint Brendan in cloud in the sky” / Capturing the Soul of the Americas, de Caspar Plautius – Dominio Público; 6) Hechicería en el México prehispánico, Códice Florentino

*Fuentes de consulta: 

RÍOS Castaños Victoria, “El tratado de hechicerías y sortilegios (1553) que «avisa y no emponzoña» de fray Andrés de Olmos”, Universidat Autònoma de Barcelona1611 : revista de historia de la traducción, núm. 8, Barcelona, España, 2014.

BAUDOT Georges, “Apariciones diabólicas en un texto náhuatl de fray Andrés de Olmos”, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México.

SEPÚLVEDA y Herrera María Teresa, “La brujería en el México antiguo: comentario crítico”, en Dimensión Antropológica, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 1995.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.
Sin categoría

Limpias y rituales de sanación mexicanos (curaciones a través de espíritus)

El hecho de que el mexicano tenga la facultad de acudir con espíritus para sanarse, protegerse y recordar su origen para entablar su destino, es una de las pocas cualidades prehispánicas importantísimas que ha sobrevivido a la temporalidad.

Se asoma la nostalgia en nuestro sentir, cada vez que recordamos cuántas tradiciones del México eterno hemos sepultado bajo la duda y el olvido. Las más prístinas recogen una sabiduría exquisita, que solo ha podido compartirse adecuadamente tras el conocimiento oral y la práctica; el ritual. Por que el que es mexicano sabe y siente la necesidad de crear de su vida un ritual.

En este sentido, resulta conveniente recordar que los cultos prehispánicos no se limitaban a una ceremonia especial. Se realizaban todos los días –cada alba era efecto de sacralidad– se encontraba delirante y objeto de filosofías los detalles, las señales y los instantes, y se era agradecido por contemplarles. El paso de la vida, tan sagrado como el salto a la muerte; la infinidad de los destinos superpuestos en la ruleta de lo eterno que es Nahui-Ollin y los dones humanos –perdidos en este mundo y, esperando a ser encontrados– solo una extensión de la voluntad del espíritu. Estos dones, en particular, han tenido gran relevancia a nivel cultural por que fueron capaces de conquistar el tiempo para llegar hasta nuestros días.

Dones y habilidades portentosas del brujo curandero

Hoy en día se oyen resonar desde una montaña, un cerro, un pueblo o un rincón de México, algunas de las habilidades más increíbles heredadas de la tradición ritualista prehispánica. Llámense chamanes, sacerdotes, curanderos, brujos, hierberos o hermanos, aquellos que son capaces de manejarlas con sensibilidad portentosa logran lo que un hombre del siglo XXI no se espera.

Precisamente estos hombres y mujeres de conocimiento, mismos que el Dr. Jacobo Grinberg Zylberbaum llamaba “psicólogos autóctonos”, han demostrado poseer el control total de una serie de dones derivados del dominio, también, de otro plano de conciencia. Diría Grinberg una “conciencia de unidad”, donde todos los seres vivos estamos conectados bajo el mismo entendimiento. Algunos de esos dones que operan estos grandes sabios implican la clarividencia, el control del clima y otros elementos naturales, la capacidad de canalizar energías en dirección adecuada y derivado de esto, la curación física, mental y espiritual, que para este texto interesa.

Como es bien sabido por todos los avezados en materias del espíritu, en México existe una práctica altamente eficiente para reconfigurar mentes y destinos, armonizar energías y más extraordinario aún, reconstruir partes de nuestro cuerpo que fueron gastadas o no encuentran armonía con sus otros elementos. Derivado de una serie de recetas médicas prehispánicas, las limpias mexicanas han probado ser esa práctica eficiente para reconstruirnos.

 

Limpias y procesos rituales para sanarnos

limpias chamanes mexico rituales copal

Una limpia o “barrida” se presenta como un proceso ritual en el que un curandero se ayuda de diversos instrumentos para alcanzar la purificación, protección y sanación de un paciente que así lo requiere. Estas herramientas pueden ser flores, hierbas y otras plantas (algunas de ellas enteógenos); aceites y aguas florales (o simplemente agua virgen), aire, piedras, huevos, vasos de cristal, incienso, trapos, velas, cantos y letanías para armonizar y conjurar, música y muchos otros más. 

Las limpias son solicitadas, también, para diagnosticar. El curandero puede hacerlo de distintas formas: se ayuda de métodos de adivinación como la clarividencia, la lectura del cuerpo y el espíritu o el milenario arte de leer el maíz. Otra particularidad de esta práctica es su facultad de protección. En algunos casos, las limpias pueden llegar a fungir como sesiones para elaborar escudos; defensas energéticas en contra de las malas intenciones, los malos espíritus, las malas decisiones. 

Finalmente encontramos una especie de limpia derivada de los llamados masajes fluídicos o masaje espiritual. Es una técnica que conecta el mundo fluídico –el espiritual e imperceptible para el análisis humano– con el nuestro. Como bien se evidencia en la cotidianidad, los fluidos poseen la habilidad de tomar la forma de sus recipientes. En este contexto, un elemento fluídico se amolda a nuestro cuerpo, interactuando con nuestro pensamiento y carácter. De condición neutral, pura, dicho fluido puede llegar a empaparse de cualidades negativas o positivas en el mundo material. Para devolver su pureza a nuestros fluidos, es necesaria la intervención de otro elemento fluídico (un espíritu) que actúe en un debido proceso de sanación. Esta es una técnica tan ancestral como actual –aunque su nombre ha mutado en numerosas versiones, pero finalmente se trata de una limpia–. 

 

¿Qué provoca la enfermedad?

El ancestro del mexicano tenía la certeza de que todo en el mundo poseía un espíritu. De manera que se le pedía a cientos de ellos su intervención para generar buenas cosechas, hacer llover o resolver enfermedades y desgracias. En este caso, los espíritus del aire eran quienes concertaban las enfermedades. En la actualidad no se difiere mucho de este pensamiento: la enfermedad es el efecto de malas voluntades. Espíritus nocivos que en muchas ocasiones son enviados consciente o inconscientemente por otras personas. De ahí que las limpias sean fundamentales para curar insospechadas afecciones como el mal de ojo, el mal de aire o el susto (pérdida de la sombra). 

 

México y sus espíritus

El hecho de que el mexicano tenga la facultad de acudir con espíritus para sanarse, protegerse y recordar su origen para entablar su destino, es una de pocas cualidades prehispánicas e importantísimas que han permanecido íntegras hasta nuestros días. Un caso famoso es el de la curandera Pachita, en la Ciudad de México, una mujer médium que aproximadamente en los años 50 y 70 entraba en sueño profundo para permitir que los “hermanos” –seres espirituales del mundo prehispánico, elegidos para regresar al mundo a curarnos– entraran en su materia. 

Hoy en día innumerables casas de oración alrededor de la República Mexicana practican estas curaciones al igual que Pachita; como un especie de mediums, curanderos altamente preparados que pueden o no incurrir en una intervención quirúrgica de carácter invisible, descodificar y alinear las lagunas mentales y devolver el sosiego al espíritu. 

Limpias, rituales, ceremonias, curaciones de espíritu a espíritu. La palabra es distinta, las intenciones una sola. A raíz de una fascinación por estos ritos poco informada, aunada a un sincretismo de pensamiento moderno, muchas personas suponen la sacralidad de estos actos como falsa. Por ello es que la mayoría de estos grandes hombres y mujeres de conocimiento han decidido evitar las malas voluntades y permanecer en secreto con una humildad envidiable. Y así lo hacen, como todos los fascinantes secretos de cultura, inmersos en el silencio de una hermosa tradición. 

A pesar del impacto que ha tenido la transformación global en México en cuanto a costumbres refiere, la historia encuentra impresionante el hecho de que, aún en los tiempos modernos nuestro territorio no olvide sus raíces. Esa exquisita cosmogonía del día a día que no deja de hacer eco en nuestro pensamiento, sabiéndose oculta bajo dioses católicos, pero siempre muy presente desde los tiempos del hombre tolteca y quizá mucho más atrás. 

 

*Imágenes: 1) Archivo de John y Colette Lilly. Tomada de la exhibición “Niérika” 2) Raymonde Carasse; 3) Cauldron Craft Oddities; 5) Gloria Gallardo

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

La magia de México que inspiró al ocultismo

Magia, misticismo y México: la insospechada relación de las ciencias ocultas con la mística mexicana

El solo concepto de lo “oculto” atrae, sobre todo, al espíritu y a su carácter inasible. A esa inquietud por conocer más allá de lo evidente. Dígase exploración de las verdades universales, de planos alternos, de ritos y mitos, hermetismo, alquimia, cosmología esotérica, magia, ocultismo. Cualquiera de estas prácticas heterodoxas han interesado en el plano material desde siempre. Porque la necesidad invicta de conocer el origen de las cosas se revela naturalmente en cada ser humano.

Litany of the Philosophers / Leonora Carrington
Litany of the Philosophers / Leonora Carrington

La magia, como facultad, ha sido musa de brujos y estudiosos de lo oculto bajo distintos matices. Si bien en México no se menciona al ocultismo de primera instancia pero sí a su chamanería cuando se refiere a “magia”,  aquél topónimo de la práctica occidental, que posa sus raíces en el humanismo del Renacimiento, el romanticismo, el liberalismo y el descubrimiento y estudio del sánscrito en Europa, también adquirió cierta inspiración en tierras americanas, siendo (aunque oculto y en menor grado) uno de sus exponentes México. 

Lo “oculto” se mencionó por vez primera en las enseñanzas de antiguos textos egipcios, donde se pueden ubicar las enseñanzas de Hermes, “el tres veces grande”. Pero no fue sino a finales del siglo XIX y principios del XX, que la práctica de lo oculto brotó “visiblemente” en Europa, en la medida en que la religiosidad católica condenaba cada vez menos todo secreto y admitía, al mismo tiempo, la fantasía y la proyección de la imaginación (¿y que no la imaginación, como advierte Artaud, tiene por objeto hacer aflorar a la superficie del alma lo que habitualmente tiene escondido?). Así, el siglo XX fue el embajador de las doctrinas ocultistas que penetraron principalmente en materias como el Espiritismo y la Teosofía

Para este texto interesa mencionar a dos de sus más notables exponentes de los que se sabe, visitaron México en aquellos tiempos.

 

La mística mexicana como inspiración oculta

viajeros ocultistas en mexico

México, insospechadamente, estuvo en el imaginario del ocultista occidental. En épocas de postcolonización, la Nueva España –con su castidad de creencias y su cultura primitiva– era un enigma para el resto del mundo. Incluso en el siglo XX no se tenía la certeza total de lo que ocurría acá. Porque no cualquiera se aventuraba al mar para llegar a América. Las costas mexicanas no eran seguras; en 1600 todavía había piratas que saqueaban barcos, en 1800 aún existía el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición que condenaba toda práctica heterodoxa con la tortura e incluso para 1850, guerras como la de castas hacían terreno peligroso a México-caído para cualquier extranjero. 

Pero hubo quienes fueron más temidos que eso y se aventuraron a México.

La llegada de Alesiter Crowley a México en 1900 es una de esas inesperadas visitas. El último gran brujo de occidente hace menciones alusivas a su viaje a tierras mexicanas en su libro The Confessions of Aleister Crowley. Poeta, pintor y mago inglés, “La Gran Bestia  666” se interesó propiamente en la mística de la geografía montañosa mexicana, especialmente la de simbología profunda como el volcán Popocatépetl y las montañas sagradas de Tepoztlán. Durante su estancia en la zona centro del país fundó también su Orden Secreta de la Lámpara de la Luz Invisible [Sacred Order of the Lamp of the Invisible Light] y logró su 33° grado de la masonería.

Otra de las figuras ocultistas que se interesaron por México fue Madame Helena Blavatsky. En su intrínseca búsqueda de lo oculto –liderada principalmente por sus dones psíquicos– Blavatsky viajó por el Tíbet, la India, Egipto y América junto a su maestro, un iniciado oriental Rajput de nombre Mahatma M. En El Cairo habría de fundar la primera Sociedad Espírita, cuyo objetivo era el de estudiar y practicar las visiones de Allan Kardec, escritor francés y el primero en hacer pública la comunicación con espíritus a través de mediums. Se sabe por apuntes de escritores como José Ricardo Chaves, que Blavatsky viajó a México entre los años 1851 y 1852. Y aunque no hay certeza del año ni tampoco de si la visita fue real (aunque dado su acentuado espíritu de viajera, es altamente probable), este número nos permite imaginar el escenario en que la teósofa accedió a tierras mexicanas; un México empapado de batallas, rumbo a la evolución a través de su tristeza.

 

Ocultismo en la literatura mexicana

En México, la literatura modernista también adquirió una aspiración sincera hacia lo oculto. El cuentista Pedro Castera describía viajes celestes y espíritus en trascendencia. Encontramos el Primero Sueño de Sor Juana Inés de la Cruz y su inevitable interés por la cultura egipcia que acaso resultó del neoplatonismo por conducto del hermetismo. La ficción de Amado Nervo también tuvo sus épocas ocultistas inspiradas en su mayoría por el misticismo de oriente.

 

El Espiritismo en México; su cauce 

 ouroboroLa posibilidad de sincretizar el espiritismo de occidente y los textos sagrados de oriente, con las antiguas prácticas numinosas de los prehispánicos de México, es tal vez el más admirable de los híbridos construidos por la voluntad mexicana. Uno de los más notables ejemplos fue la Sociedad Espírita de la República Mexicana, una congregación de carácter ocultista destinada al entendimiento de la comunicación de espíritu a espíritu. En ella se estudiaban las enseñanzas del Libro de los espíritus de Allan Kardec, que llegaron a México a través de la influencia francesa en el país y gracias a personajes como Refugio I. González, Francisco I. Madero y los fundadores de la Sociedad, los hermanos Santiago y Justo Sierra.

Así como en su tiempo lo fue la Sociedad Astronómica de México, la Espírita fue objeto de secreto y difícil acceso. Pero la simbiosis habría de darse. Las costumbres espirituales del pueblo mexicano se mimetizaron al paso del tiempo. En aquellos años, la figura de la curandera Pachita (1900-1979) ya existía en la Ciudad de México. Heredado de generación en generación, pero también afrancesado con la figura del espiritismo, mediums mexicanos como Pachita adquirían el don de la curación luego de una preparación. También hablaban con espíritus y se transportaban a otros mundos.

El ritmo de la práctica de la revelación de espíritu a espíritu siguió su cauce y muy pronto se supo de  más doctrinas espiritualistas en México, como la iniciada por Roque Rojas y Benito Juárez. Aquellos nombres forjarían cientos de templos de esta clase que hasta la fecha siguen existiendo. Y lo hacen, acertadamente, en la profundidad de una tradición mexicana milenaria: el secreto a voces (como todos los grandes secretos profundos de cultura que oculta bajo su tiempo México).

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.