El manual de hechicería y sortilegios para cazar brujos indígenas

El "Tratado de hechicerías y sortilegios" fue un manual con el que evangelistas aprendían sobre las herejías que debían extirparse de la Nueva España, a unos treinta años de terminada la conquista.

Al mundo indígena y al prehispánico lo divide la grieta de la conquista. No sólo se perdió ahí la mayoría de creencias de vida y cultura sino que, entre otros sincretismos imprecisos, se adoptaron formas de continuar la existencia lejos de un origen. Diría José Vasconcelos, “la derrota nos ha traído la confusión de los valores y conceptos”. 

Cabalmente, uno de los conceptos que más se ha deshonrado en los 500 años que llevamos por conquista, es el tema de la brujería, la hechicería mexicana, o lo que hoy en día se supone por igual, el chamanismo o nahualismo.

Mucho se ha advertido sobre estos temas: la errónea conexión que se ha establecido entre el chamanismo y la santería –esta última es ajena a nuestra cultura, y fue traída a México principalmente desde Cuba y Venezuela– por llamárseles a ambas “hechicería”, la relación estrecha del chamanismo con la curación espiritual, y las grandes probabilidades que se tienen de algún día, alcanzar un grado de conocimiento científico sobre esa práctica anímica tan vital.

Con el Tratado de hechicerías y sortilegios, escrito por fray Andrés de Olmos en 1553, importantes conocimientos de la cultura indígena se señalaron como satánicos. Este tratado es el eco de las desconfianzas de los foráneos en tierras indómitas; la prueba de que el asombro, más allá de revelarnos belleza, proyecta los miedos de la mente humana; lo que no se conoce.

 

De brujas y rituales

Mediante este manual que advierte “avisa y no emponzoña” religiosos e inquisidores aprendían sobre las herejías que debían extirparse de la Nueva España, a unos treinta años de terminada la conquista. Su autor, Andrés de Olmos, escribe en el prólogo de este libro que se trata de un extracto y adecuación al caso indígena desde el Tratado muy sótil y bien fundado de las Supersticiones y Hechicerías y Vanos Conjuros y Abusiones; y otras cosas al caso tocantes y de la posibilidad e remedio dellas, un manual de hechicería creado en 1527, en España, por fray Martín Castañega –predicador del Santo Oficio–, para combatir la brujería de occidente. 

Conviene reconocer la ignorancia que inquietaba al conquistador, pues ésta provenía justamente de la experiencia con lo brujo, que llevó a la Europa medieval a crear órdenes como la Santa Inquisición, pero que sin duda se pervirtió con el ultraje del poder eclesiástico. A raíz de esta experiencia histórica, existían nulas posibilidades de que las creencias prehispánicas perduraran en su estado natural. Y al reconocerse como verdaderas promotoras del diablo, de lo satánico, lo perverso y de la cisma de occidente sin prueba alguna, no tardaron en condenar a los indígenas como a las brujas: quemados en la hoguera y, como acto piadoso, cortándoles la cabeza.

Sobre el Manual de hechicerías

De manera que al indígena se le maldijo como a las brujas.

Se utilizó un manual de hechicería basado en el original que sentenció a muerte a miles de personas en Europa, y esta vez lo hizo también en América. El Tratado de hechicerías y sortilegios fue escrito en nahuatl, a entendimiento del indio para que reconociera sus labores diabólicas. Dentro de él se redactaban algunas “experiencias” del mismo Olmos donde había hecho de testigo sobre invocaciones al diablo –”yn tlacatecolotl”, el hombre-buho o tecolote, como lo llama él–.

Se halla ahí también, una acentuada teoría y práctica demonológica; según estudios recabados por Victoria Ríos Castaño: en los once capítulos primeros se habla sobre el poder de algunos indígenas naguales para trasmutarse en animales o energías de fuego, y de los sacrificios que se congregaban en las ceremonias. Los trece capítulos restantes hablan sobre otros poderes de los hechiceros, que muy negativamente se les atribuyen a la magia negra como meros hechizos y conjuros de tempestades.

Culmina con algunos “remedios católicos”, ya encontrados en el manual de hechizos de Castañega,  para combatir los engaños de Satanás. A continuación un fragmento del tratado narrado por Olmos:

¡Oh hijos míos! No hay cuenta de cómo engaña el Diablo a alguien. Sabréis que cuando yo, fray Andrés de Olmos, allá vivía, en la región de Cuernavaca, quizá ya (hace) veinte años, un hombre casado vivía en un templo; me dijo que oyó que él, el hombre-tecolote (el Diablo) se apareció a un hombre y le mandó que llamara a algunos en secreto; para que allá, a la entrada del bosque fueran, para que en su presencia cumplieran con él; Yde este modo 10 hicieron. Luego fueron agarrados, en una casa fueron en- cerrados; yo vi a algunos de ellos, e interrogué a aquel a quien se apareció el Diablo, a aquel que por su causa sufrió amonestación para mortificarse; y le interrogué para que me dijera cómo se apa- reció, cómo le habló. Muy de noche, al encender una vela encima de la casa, allá en un sitio desierto se me apareció el Diablo; como el rey se presentó engalanado, así iban engalanados los señores en los tiempos antiguos cuando iban a bailar; yo tuve gran miedo. Él me dijo: por favor, ven; di a don Juan que por qué me rehuyó; Haz la ofrenda, reúne a la gente del pueblo, para que allá, a la entrada del bosque, ante mí, salgan. Puesto que de ningún modo allá me rindo yo en Cuernavaca; a causa de él, de él, la Cruz allá se levanta y allá viven los padres; que en seguida allá se vayan con otros a la entrada del bosque. Inmediatamente desapareció el Diablo.

 

Sobre los misioneros espirituales 

Andrés de Olmos llegó a la Nueva España acompañado de fray Juan de Zumarrraga, primer obispo y arzobispo de la Ciudad de México, quien habría de hacerse más famoso que el mismo Olmos curiosamente, por protagonizar el mito guadalupano A personajes como Zumárraga se le atribuye, también, la quema de un millar de textos prehispánicos en donde se hallaba información sobre los beneficios rituales del peyote y otras plantas sagradas.

Tanto Olmos como Zumarrraga fueron importantes evangelizadores de la Nueva España: dedicaron su estancia en México, hasta 1528, a evangelizar con éxito la Ciudad y algunos pueblos aledaños.

Y en esa labor “espiritual” se ganaron el título de cazadores de brujos, brujas. De grandes maestros de la palabra en el Colegio Santa Cruz de Tlatelolco –fundado por el propio Zumárraga, la mejor escuela indígena y evangelista de la época–, pero sobre todo, se les reconoce a ellos una épica labor, que fue la del aprendizaje de las lenguas indígenas y de algunos textos de cultura para entender la cosmovisión prehispánica. Sin embargo, poco o nada fue su utilidad, sabiéndonos hoy en día sin esa información que mucho podría servirnos para orientar la identidad mexicana. 

Hechicería en el México prehispánico según el Códice Florentino.

 

De aquella guerra espiritual, esa persecución indígena inevitablemente atroz, surgieron paradójicamente las leyendas de espanto más famosas de la historia mexicana: relatos de diablos, apariciones espectrales, magia oscura, enfermedades derivadas de ella. En suma, todo lo que no correspondía al mundo prehispánico pues, la filosofía cósmica de nuestro ancestro fue mucho más que eso. En esencia, fue la de plasmar las verdades de la naturaleza –del universo–, pues la búsqueda de éstas se vuelve inútil: el hombre americano las conoce y las comparte con el mundo. 

 

*Imágenes: 1) “Nueva Corónica y Buen Gobierno” de Felipe Guaman Poma de Ayala, 1616 / Dominio Público 2) “Onder de neus van de Inquisitie” de Christenen voor Israël / Dominio Público; 4) El Paraíso Perdido de John Milton, Gustave Doré, 1866 / Dominio Público; 5) “Saint Brendan in cloud in the sky” / Capturing the Soul of the Americas, de Caspar Plautius – Dominio Público; 6) Hechicería en el México prehispánico, Códice Florentino

*Fuentes de consulta: 

RÍOS Castaños Victoria, “El tratado de hechicerías y sortilegios (1553) que «avisa y no emponzoña» de fray Andrés de Olmos”, Universidat Autònoma de Barcelona1611 : revista de historia de la traducción, núm. 8, Barcelona, España, 2014.

BAUDOT Georges, “Apariciones diabólicas en un texto náhuatl de fray Andrés de Olmos”, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México.

SEPÚLVEDA y Herrera María Teresa, “La brujería en el México antiguo: comentario crítico”, en Dimensión Antropológica, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 1995.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

Seres de la frontera: 40 tipos de brujos o magos del México antiguo

La tradición bruja es tan exquisita como antigua; este catálogo es sólo una probada de ese orgiástico linaje de magia y metafísica mexicanas.

La magia es algo latente en la realidad humana. Esto pareciera acentuarse cuando hablamos de la realidad mexicana. ¿Por qué? Tal vez se deba a las coyunturas históricas, multiculturales, de ecos que siguen imprimiéndose en la vida cotidiana; algo tendrá que ver con las particularidades meteorológicas o geográficas, o probablemente sea, sencillamente, un aspecto esencial de nuestra genética cultural –algo ubicuo, algo que “no podría ser de otra manera”–.

La riqueza ritual y metafísica de los “antiguos mexicanos” es bien sabida. Su vigencia, o literal trascendencia, se prueba al inspirar múltiples manifestaciones neo-místicas pero, también, al mantenerse en sus formas originales ahí, en rincones improbables, la mayoría discretos, y que por fortuna no son necesariamente accesibles para el resto de nosotros.

Los magos, brujos, hechiceros y otros, son figuras que navegan las fronteras entre esta y otras realidades –seres que se autocultivan al filo–. Y esa arena fantástica, pero plausible y con injerencia en esta, ofrece numerosas herramientas que pueden llegar a dominarse. Al menos, entre los antiguos mexicanos existía una compleja diversidad de funciones o habilidades sobrenaturales, las cuales eran practicadas por sus respectivos “especialistas”. 

Quizá la magia no sea territorio estéril ni uniforme; ese plano, al igual que este y probablemente otros, también exhibe una topografía intrincada, con ríos ramificados y caos geológico, con metáforas, tribus y jerarquías.   

Un catálogo de brujos nahuas

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El historiador Alfredo López Austin inventarió una buena cantidad de magos y brujos prehispánicos, específicamente del mundo nahua. “Cuarenta clases de magos del mundo nahua” (1967) no enlista, como advierte su autor, la totalidad de los linajes, pero sí los tipos “más importantes” entre los que ejercían estas artes. 

La distinción primaria en el ejercicio de la magia reside, como es de popular dominio, en el propósito original de su práctica: blanca o negra, para beneficio o perjuicio. Pero tras este plano vienen facultades particulares y ramificaciones minuciosas; por ejemplo, están los que hacen perecer algo con solo mirarlo, o quienes, por el contrario, devuelven la fuerza vital a una persona por medio del aliento. 

Tlatlacatecolos

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Amplia variedad de brujos, los hombres-tecolote, que “practicaban la magia en perjuicio de los hombres”; López Austin incluye trece variaciones en este grupo.

1. Tepan mizani “El que se sangra sobre la gente”.

Causaba la muerte por medio de su sangre (de verterla sobre la víctima).

2. Tlatztini “El que ve fijamente las cosas”

Mataba, literalmente, con la mirada. 

3. Flamatocani “El que toca las cosas”

Colocaba su mano sobre un bien para extraviarlo. 

4. Caltechtlatlacuiloani “El que pinta las paredes de las casas”

Por esta vía provocaba la muerte del dueño de la casa. 

5. Tetlepanqltetzqui “El que prepara el fuego para la gente”

Eliminaba a sus víctimas ya fuese codificando mediante un ritual alimento que posteriormente les convidaba, y morían; o recolectando su cabello y luego administrándoles, mediante este objeto, un hechizo de muerte.

6. Teyollocuani, tecotzcuani “El que come los corazones de la gente” o “el que come las pantorrillas de la gente”.

Inducía una perturbación de las facultades mentales de la víctima o un mal posiblemente muscular.

7. Momelzcopinqui “A la que se arrancaron las piernas” o “que se da golpes en las piernas”

Al parecer los practicantes eran mujeres “perjudiciales”; no se sabe más. 

8. Tlahuifruchtli  “El sahumador luminoso”

“Brujo que andaba de noche por las montañas echando fuego por la boca, o convertidos en fuego mismo, para asustar a sus enemigos y así infundirles locura o muerte.  

9. Nonotzale, pixe, teyolpachoani “El poseedor de conjuros”, “el dueño del depósito” o “el opresor del corazón de la gente”,

Según Sahagún, se trataba de asesinos a sueldo, que se ataviaban con la piel del ocelote.

10. Temacpalitotí, momacpalitoti, tcpopotza cuahuiquc “el que hace danzar a la gente en la palma de la mano”

Empleaban como instrumento una imagen de quetzalcóatl y el brazo de una mujer muerta de parto; iban a casa de sus víctimas, las dormían, robaban, violaban a las mujeres y luego cenaban tranquilamente.

11. Moyohualitoani “El que se acomide en la noche”

Atacaban sexualmente a sus víctimas, tanto mujeres como hombres.

12. Cihuanotzqui, xochihua, cihuatlatole “el que llama a la mujer”, “el que posee embrujos para seducir” o “el dueño de palabras para la mujer”.

Es, posiblemente, una variedad del moyohualitoani.

13. “El que trueca sentimientos” (No se encuentra su nombre en náhuatl)

Preparaban una bebida de maíz que, unida a los conjuros, cambiaba los sentimientos en una persona, de odio a amor y de amor a odio.

Los hombres con poder sobrenatural

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Aquí se incluye a los nahualli, que tiene el poder para transformarse en otro ser, y otra especie de magos que tienen la habilidad de hacerse de los poderes de alguna divinidad.

14. Nahualli (su significado es ampliamente debatido, elusivo en esencia)

Los nahuales, seres esencialmente misteriosos y elusivos, tienen el poder para transformarse en otros seres, comúnmente animales; su papel en la comunidad puede ser tanto benéfica como maléfica.

15. Teutlipan moquetzani “El que re­presenta a un dios”

Ataviado con las ropas del dios que representaba, se trataba de una figura particularmente querida y respetada. Infundía salud y confianza en sus seguidores a cambio de alimentos y vestido.

Los dominadores de los meteoros

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Su misión era dialogar con o encausar favorablemente las fuerzas meteorológicas, papel fundamental en una cultura francamente agrícola y cuya vida cotidiana resonaba plenamente con la naturaleza.  

16. Teciuhtlazqui o teciuhpetthqui “El que arroja el granizo o el que vence al granizo”

Fuertes soplos y violentos movimientos de cabeza formaban parte de los conjuros habituales de este linaje de magos del clima, cuya función era ahuyentar el granizo para proteger la siembra.  

17. Ocolizehecatlazqui y cocolizmixtlazqui “El que arroja los vientos y las nubes”

Se dedicaban a espantar los vientos y las nubes que se impregnaban negativamente en el cuerpo de los niños.

Los tlaciuhque

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 Se trata de “estrelleros” o “los que miran las cosas”, una suerte de adivinos que ven lo distante y lo oculto; sortilegios, dotes intuitivos, lecturas sagradas y trances visionarios eran algunas de sus herramientas. 

18. Tlachixqui y tlaciuhqui “El que busca o mira las cosas”

Su labor era prever la llegada de fuerzas contrarias y sus manifestaciones (enfermedades, sequías, tormentas o escasez), para alertar a la comunidad y determinar “qué potencias divinas estaban disgustadas y era necesario propiciar.”

19. Paini “El mensajero”

A través de la ingesta de plantas de poder emprendían aventuras visionarias en busca de respuestas que yacían en otros mundos. 

20. Matlaptnlhqui “El que cuenta (a través de] los ante­ brazos”

Invocando fuerzas celestes y mundanas, además de frotar alguna planta sagrada entre sus manos, se preparaba para examinar a un paciente su cuerpo utilizando para medirlo el antebrazo y analizando la correspondencia de medidas entre este y el cuerpo del paciente.

21. Tlaolxiniani “El que desbarata los granos de maíz”

“Huitzilopochtli y Quetzalcóatl dieron a la primera mujer, Cipactónal, los granos que debía arrojar para conocer la suerte de las personas.” A raíz de eso surge este linaje de magos que veían el futuro o la suerte en la disposición de los granos previamente arrojados. 

22. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que usa granos de maíz) “El que ve en el agua a la gente”

Según el comportamiento de los granos de maíz en un recipiente de agua podía diagnosticar al paciente. 

23. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que no usa granos de maíz) 

Utilizaban el agua como medio para determinar si un niño había perdido su tonalli o la gravedad y procedencia de una enfermedad en el paciente. 

24. Tlapachtlapouhqui “La que adivina con conchas”

Empleaba conchas para leer los designios y futuros. 

25. Mecatla ponhqui “El que cuenta [el significado de] los corde­les”

“Ataba sus cuerdas en presencia del enfermo y luego tiraba fuertemente de ellas”; si estas se desataban, sanaría, si en cambio se hacían nudos, quizá moriría.

26. Polocatlapouhqtti o zacatlaponhqui “El que mide con pajas”

El adivino me­día con una paja al enfermo y así descifraba su verdadero estado.

27. Cóatlquiyolítiani  “El que hace vivir a la serpiente”

Se encargaba de, por medio de su serpiente, descubrir a aquel que hubiese cometido un delito, por ejemplo el rapto de una persona. 

28. Tlaponhqui, tonalpouhqui “El que cuenta las co­sas o el que cuenta el destino”.

Una figura compleja y muy rica, “sin duda alguna, el adivino de mayor importancia, puesto que su labor está relacionada con todos los actos im­ portantes de la vida del hombre”. Este linaje de sacerdotes poseían e interpretaban los libros sagrados del destino, los tonalámatl.

29. Temiquiximati, temicmzmictiani “El cono­ cedor de los sueños o el intérprete de los sueños”

Con frecuencia se les cita interpretando los sueños de los señores y, a diferencia de los anteriores, ellos se basaban no en los tonalámatl, sino en los libros de los sueños, los temicámatl.

Los titici

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Una suerte de médicos que combatían las enfermedades vía recursos mágicos, sin que las enfermedades enfermedades apelaran necesariamente a un carácter sobrenatural. 

30. Tetonalmacani, tetonaltiqui, tetonallaiqui “El que da el tonalli a la gente o el que asienta el tonalli en la gente”

Regresaban el tonalli (algo así como el aliento vital) al cuerpo del enfermo, por medio de conjuros y, en ocasiones, luego de atraerlo a un recipiente con agua, lo esparcía sobre el paciente con la boca. 

31. Tcapahtiani “El que anula la curación a la gente o el que contrarresta a la gente un veneno que se le ha dado”.

Extraía el tonalli nocivo inducido por error en un niño y, tal vez, también se encargaba de ahuyentar algún hechizo perjudicial. 

32. Desconocido “El que pinta figuras en el cuerpo”

Producía sangrías en el cuerpo del paciente o, en otros casos, simplemente hacía trazos sobre su cuerpo o su cabeza (a veces en forma de serpiente enroscada).

33. Tetlacuicuiliqui “El que saca algo a la gente”

Rociaba y frotaba al enfermo con estafiate y luego “extraía” objetos del cuerpo del enfermo, que presuntamente eran la materialización de sus enfermedades.  

34. Techichinani “El que chupa a la gente”

También empleando el estafiate o iztáuhyatl, succionaba la parte adolorida y extraía los males materializados en objetos. 

35. Tepoztecpahtiani “El que reduce fracturas de huesos”

Usaban simultáneamente procedimientos médicos y mági­co. Entablillaban el miembro fracturado y luego complementaban esto con el pronunciamiento de fórmulas mágicas 

36. Desconocido “El que cura piquetes de alacrán”

Con un torniquete o liga frenaban la propagación del veneno, aplicaban tabaco sobre el piquete, y luego hacían representaciones actuadas de la diosa Xochiquétzal (aludiendo a un mito pertinente). 

37. Teiczaliztli “El que cura por teiczaliztli (acción de pisar a la gente)”

Calentaba las plantas de sus pies hasta experimentar dolor y luego caminaba sobre la espalda del enfermo, mientras pronunciaba las fórmulas mágicas.

38. Pacholiztli “El que cura por pllcholiztli (acción de presio­nar)”

Apretaba con sus manos el pecho del enfermo, generalmente niños. 

39. Desconocido “El que cura con su aliento”

Transmitía, mediante su aliento, energía vital al paciente; para lograrlo invocaba al señor del viento, Ehecatéotl.   

Los magos no profesionales

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40. Desconocido “El que usa ocasionalmente de la magia”

Personajes que no realizan actos mágicos como oficio, pero que usan su conocimiento de fórmulas y procedimientos para su propio beneficio. “Como ejemplos pueden citarse el de los caminantes, que invocan a las fuerzas sobrenaturales propicias y deprecan a las nocivas antes de iniciar el viaje; el de los cazadores, el de los recolectores de miel, el de los leñadores, el de los pescadores, que usan fórmulas mágicas para realizar en forma más productiva sus labores coti­dianas”

 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Profundos retratos de los seguidores de la Santa Muerte en Oaxaca

De la muerte hablamos poco, pero para algunos mexicanos la "niña blanca" es una Santa...

La naturaleza de nuestra espiritualidad es increíblemente compleja. Especialmente en un país como México, donde lo místico se alimenta de infinitas formas de ser humano. Pero es precisamente esta complejidad lo que vuelve a la dimensión espiritual de nuestro país tan seductora.

Esa atracción llamó profundamente a la increíble fotógrafa Luján Agusti que enamorada de nuestro sincretismo ha realizado distintos proyectos para retratar el mestizaje, le religiosidad y la fiesta en México. En 2015, Agusti vino a estas tierras buscando investigar las creencias del país y hacer un registro documental de la forma en que la religión católica se ha mezclado con referentes de múltiples culturas y particularmente con creencias prehispánicas.

Pero mientras estaba en su proceso creativo, ocurrió un extraño incidente que la involucró directamente con el asunto investigado:

… una mujer dijo haber hablado con mi madre, quien falleció hace diez años, describiéndola tal cual era. Yo atea y descreída, dudé. Algo cambió a partir de ese encuentro. El tema que había decidido investigar me invadió, me llevó a cuestionarme sobre cuáles eran realmente mis creencias.

Para Agusti la exploración se transformó en ese momento en una búsqueda personal y decidió concentrar una serie fotográfica en un grupo de seguidores de la Santa Muerte del estado de Oaxaca. El resultado es “Salva tu Alma” donde los personajes posan luciendo su compromiso con el culto.  

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Como con casi todas las expresiones de religión (en México y el mundo), los seguidores de La Niña Blanca manifiestan su fé a través de gestos grandilocuentes, en muchos sentidos “teatrales” y definitivamente catárticos, pero que en su caso recuerdan más a los antiguos rituales prehispánicos que a la solemnidad religiosa que suele apreciarse en las iglesias.

El culto a la Santa Muerte está estrechamente ligado al culto a la naturaleza, comprendiendo la muerte como un proceso delicado, pero justo, uno que se corresponde con la vida. Lo que parecen buscar en última instancia sus fieles, es una reconciliación con el hecho que promete la figura; es decir, estar en paz con la muerte, con la idea y también con el evento: lo que se pide es una muerte no violenta.

La Santa es común entre sujetos que arriesgan la vida o que viven en sitios con dinámicas sociales complejas, aunque en muchas comunidades de México, aunque no sean adeptas a la Santa Muerte, es común venerar a los muertos, incluso pensar que aún habitan entre nosotros y que de distintas maneras continúan interviniendo nuestra existencia.

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Otro asunto interesante y que Agusti deja ver en sus imágenes es que la muerte es una deidad femenina, lo que hace del culto uno muy especial, sobre todo para la sociedad mexicana, que no puede curarse de su no muy sutil machismo. Así, se muestran en esta serie fotográfica a distintas mujeres sosteniendo a la “mujer mística” que las guía.

Por otro lado, los retratos son delicados, elegantes y no parecen dejar saber lo que la fotógrafa está pensando sobre los sujetos en la imagen. Son una figuración bastante neutra que no pretende aleccionarnos sobre la Santa Muerte y tampoco celebrar el culto, recordándonos lo importante que es ser respetuosos de las formas de vida ajenas.

Mientras que esta curiosa vertiente del catolicismo intriga y asusta, la realidad es que, como cualquier otra creencia del estilo, existe para alimentar la vida, hacerla mucho más transparente y fácil de navegar.

También en Más de México: El culto a la Santa Muerte: de la cosmovisión prehispánica a la actualidad

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Brujería y política en México: un viejo y sombrío noviazgo

Curanderos, videntes, chamanes, conjuros, vudú, santería, New Age, amarres y mucho espiritismo, también son ingredientes históricos en la política mexicana.

México es un país que desborda misticismo. Y uno de los cauces que esa pulsión ha tomado es, evidentemente, el de las prácticas asociadas a la brujería y la magia. Desde el Mercado de Sonora y el linaje oaxaqueño de curanderos y hechiceros, pasando por las sesiones espiritistas de Francisco I. Madero, Elías Calles y muchos otros, el amplio catálogo de magos prehispánicos, la meca brujo-selvática de Catémaco y la meta-ficción de Carlos Castaneda y Don Juan Matus, la magia en México ocupa prácticamente todos los rincones –a veces de forma vistosa y otras, muchas, con elusiva discreción–.

Considerando lo anterior no debiera sorprendernos que en este país también se ha forjado una estrecha relación entre política y brujería. Incontables políticos mexicanos han recurrido a hechiceros, brujos y otras figuras similares, en busca de protección, de apoyo metafísico para sus causas y, ocasionalmente, por simple curiosidad. 

Magia negra VS Magia blanca

Recordemos que a fin de cuentas las artes ocultas apuntan a ejercer una modificación de la realidad mediante la voluntad dirigida, por medio de conjuros, rituales y otras herramientas; también, es importante distinguir entre lo que popularmente se conoce como magia blanca y magia negra, cuya diferencia fundamental depende del fin con que se ejerce: si se usan estos conocimientos sin un interés personal de por medio, entra en la primera categoría; mientras que si lo que se busca es el beneficio o, aún más allá, el poder, entonces se estaría practicando magia negra. Sobra decir que en el caso de la política, cuando esta recurre a la magia o la brujería, generalmente resuena con una franca ambición de poder, y por lo tanto caería en el más oscuro de los cuadrantes.

Los brujos y el poder

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Si quisiéramos hacer un recuento de política y brujería en México seguramente tendríamos que comenzar por los tlatoanis mexicas y líderes políticos del resto de las culturas originarias del país. En ese contexto el poder político y la magia eran fuerzas indisociables y explícitamente unidas. Pero pasemos a los vínculos posteriores, aquellos cultivados en momentos donde esta relación no era intrínseca.

Tras la etapa colonial, durante la cual estaban prohibidas este tipo de prácticas, poco se sabe, al menos hasta el siglo XX. Es luego de la Revolución Mexicana, cuando las alusiones metafísicas comienzan a poblar el imaginario político de México. Quizá por eso el recuento de asociaciones entre brujería y política que hizo Jesús Gil Olmos, en su libro Los brujos y el poder (2009), comienza precisamente en esta etapa, con el capítulo “Los espiritistas de la Revolución”

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El espiritismo en México

En él se cita la afición espiritista de presidentes mexicanos, incluido Francisco I Madero –quien además era estudioso del Bhagavad-Gita–, Plutarco Elías Calles –que también se apoyaba en curanderos, entre ellos el Niño Fidencio–, y Miguel Alemán. Todo apunta a que estos tres mandatarios, y muchos de sus subordinados, tomaron decisiones importantes aconsejados por los espíritus a los que contactaban en las sesiones.

Es decir, podríamos afirmar que el rumbo del país estuvo influenciado por los mandatos de entidades etéreas. El espiritismo seguiría siendo popular al menos durante el medio siglo posterior a la Revolución, periodo en el cual tuvo incontables adeptos, en México y el mundo, entre políticos y figuras públicas. 

Catemaco, la capital metafísica del PRI

Hace 25 años, un niño tuvo la oportunidad de visitar Catemaco, Veracruz. Este sitio se hizo mundialmente famoso por la cantidad de brujos que lo habitan y ofrecen “consultas”. Cuando el niño entró al recinto descansó su mirada –quizá tomando algo de aire antes de mirar al “gran brujo” a los ojos–, en una gran mesa que recibía a los visitantes. Ahí, entre la superficie de madera y un grueso vidrio, se encontraban “enmarcadas” varias fotografías. Al centro estaba una especialmente llamativa: aparecía el presidente Carlos Salinas tomado del brazo del brujo. 

Al parecer, y por lo menos desde el propio Alemán, hasta Ernesto Zedillo, los presidentes mexicanos, todos provenientes del PRI, acostumbraban visitar Catemaco y, según Gil Olmos, tenían sus respectivos brujos de cabecera –a quienes por cierto se les conocía como los “asesores presidenciales”–.

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New Age, vudú y política a la mexicana

A finales del siglo XX y durante las décadas posteriores, la asociación entre brujería-magia y política adquirió una diversidad espectacular. En esta etapa los casos han sido tan variados que optaremos por enlistar brevemente algunos, todos citados en Los brujos y el poder, con el afán de evidenciar este extraño mosaico que protagonizan figuras políticas de distintas procedencias y años:

El Maharishi en Tamaulipas (1993)

El entonces Gobernador de Tamaulipas, Manuel Cavazos Lerma, seguía fanáticamente el “pensamiento” del famoso líder espiritual de la India, Maharishi Mahesh Yogi –creador de la Meditación Trascendental, y guía de celebridades como los Beatles y David Lynch. Cavazos Lerma implementó en su gobierno, incluso en programas de educación pública, un sistema misticoide de autosuperación inspirado en las enseñanzas del indio. 

Elba Ester Gordillo, vudú, santería y otras (1994)

Uno de los episodios más sombríos de brujería en la política mexicana es protagonizado por Elba Esther, la líder sindical. De acuerdo con el libro citado, su sed de poder y afición por las artes ocultas la llevaron a Nigeria, donde realizó un conjuro con un gran brujo de vudú –que consistió en un ritual donde se mató a un león y “la maestra” se bañó en la sangre del mismo. Lo anterior como un protocolo de protección luego de que su enemigo político, Ernesto Zedillo, asumiera la presidencia.  

“La Paca” (1996)

Para sopresa de miles, la PGR de entonces, encabezada por el panista Lozano Gracia, recurrió a una vidente para tratar de resolver el asesinato del diputado Manuel Muñoz Rocha. Muchos recordamos el embrollo que se hizo, cuando supuestamente encontraron el cadaver en el rancho de Raúl Salinas auxiliados por “La Paca” –quien por cierto era consejera metafísica del hermano del ex-presidente. La historia fue un fiasco, y terminó con la ridiculización de la justicia en México. 

Vicente Fox, el nuevo despertar que terminó en amarre (2000)

Estrenando el siglo XXI y con bríos renovados por la posible alternancia histórica, la campaña de Vicente Fox se rodeó de un grupo que percibía en su potencial triunfo la señal de un despertar de la conciencia en México. Estos personajes se encargaron de confeccionar rituales e imprimir un espíritu esperanzador a la campaña. Tras el triunfo del panista no solo no se confirmó este despertar masivo, sino que la línea metafísica de su gobierno terminaría dictada por Martha Sahagún.

Gil Olmos asegura en su libro que Sahagún, quien fungió primero como vocera y luego como Primera Dama, habría hecho varios “trabajos” a Fox para que se casara con ella y, posteriormente, para que obedeciera buena parte de sus ocurrencias. Desde pastillas y brebajes hasta conjuros puntuales, proceso en el cual estuvo asesorada por Elba Esther Gordillo, Sahagún habría recurrido a lo que fuera para conquistar al mandatario –incluidos los tradicionales “amarres”–. Su origen híper católico, combinado con brujería y new age. se combinarían para servir a la ambición de una figura esencialmente desagradable pero que, aunque no sabemos a qué costo, termino consiguiendo lo que buscaba.   

Políticas públicas embrujadas

Aunque para muchos parezca inverosímil, la brujería ha estado y probablemente seguirá estando francamente presente en la política mexicana. Sin importar si reconocemos o no en estas prácticas algo de poder fáctico, lo cierto es que dicha fuerzas o creencias han influido, históricamente, en decisiones políticas e incluso filosofías de gobierno, en México. Es decir, este fenómeno tiene un valor histórico en nuestro país y, aunque te sorprenda, parte de tu vida cotidiana está, por ende, influidas  por ellas. Además, repasar dicho binomio, brujería y política, nos recuerda lo que mencionábamos al principio: la magia y la metafísica están presentes en la esencia de México, y esto se manifiesta en absolutamente todos los campos.