La mujer que trata los traumas de los migrantes en México

Su especialización y trabajo ayuda a decenas de personas, de entre las más vulnerables del mundo: los migrantes.

 

No solo la medicina cura

Dora Nelly Morales

De entre las personas que estudian psicología, muy pocas pensarían en especializarse en salud mental de los migrantes. Este sector de la población mundial, sobre todo el que migra huyendo de una realidad violenta o segregada, suelen hacerlo en la clandestinidad, bajo un sello de ilegales que los vulnerabiliza como en pocas situaciones.

Por ello el estado de sus emociones suelen estar inmersas en la ansiedad, el miedo, la frustración, y los traumas, por todo lo que pasan en el camino a su destino.

En México, Dora Nelly Morales, que roza los 30 años, es una de las personas especializadas en el tratamiento de la salud mental de los migrantes, un reto que además aparece enorme por las pocas sesiones que puede hacer con ellos, recordemos que los migrantes, naturalmente, siempre están de paso.

Como sabemos también, en los últimos años la situación de los migrantes en México, sobre todo centroamericanos que van a Estados Unidos, es más complicada que nunca por la violencia que ha crecido en el país, sumado a las operaciones que se han implementado en los últimos años para impedir su paso en La Bestia y en la frontera sur.

Morales trabaja en Médicos Sin Fronteras, en un albergue de entre los 60 y 70 que hay en el país y a los que es muy complicado llegar en automóvil. De alguna manera estas personas están más seguras aquí de las detenciones, y ello ayuda a que pueden tratarse psicológicamente al menos dos días en el mejor de los casos.

“La vida me ha enseñado que cuando hablas sobre tus preocupaciones y de lo que sientes dentro, eso te ayuda a sentirte mejor”, asegura un salvadoreño de 36 años para la BBC.  “Descargar lo que llevas dentro, o llorar, te hace sentir más calmado”.

“Después de hablar con ella (la psicóloga Dora Morales) me siento más calmado y menos estresado para continuar mi viaje”, dice en entrevista un salvadoreño para la BBC.

migrantes méxico

 

Imágenes:1) versiones.com.mx, 2)EFE

 

La historia de 4 jóvenes migrantes que hicieron un robot fantástico

Hace una década cuatro adolescentes mexicanos le ganaron al MIT en un concurso de robótica. Su historia parece trama de película…

Fue un incidente curioso. Joshua Davis, uno de los editores de la revista WIRED se enteró de una noticia insólita. Cuatro jóvenes mexicanos, migrantes e indocumentados, acababan de ganarle al MIT en un concurso de robótica organizado por la NASA. Sorprendido, decidió buscar más; pues, evidentemente, detrás de esa curiosidad, debía haber otras historias interesantes. Su investigación lo llevó a escribir un precioso artículo titulado “La Vida Robot”, que conmovió a sus lectores y puso un dedo sobre un problema social que continúa vigente: la vida de los jóvenes migrantes.

Óscar Vázquez, Cristian Arceaga, Luis Aranda y Lorenzo Santillán eran, hace 10 años, alumnos de preparatoria en Carl Hayden Community High School. Habían nacido y pasado algunos años de la infancia en México, pero sus papás los habían llevado a vivir a Estados Unidos, cruzando la frontera, ocultos por supuesto. Ninguno de ellos se imaginaba en la universidad, porque las oportunidades que tienen en Estados Unidos son muy escasas. Sin papeles, sólo pueden tener trabajos de bajo perfil y, por supuesto, no pueden adquirir financiamientos o becas escolares.

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Construyendo a “Stinky”.

Pero, extrañamente, no parece ser muy importante. Con un pasado tan desafortunado y un futuro poco prometedor, nadie espera gran cosa de estos chicos. Por eso, cuando conformaron un equipo en la escuela para tratar de entrar a la Competencia de Vehículos Operados Remotamente del Centro de Educación de Tecnología Marina Avanzada, ellos, sus maestros –y probablemente otros miembros del evento– pensaron que lo hacían sólo por diversión.

De cualquier manera, entrar a la competencia implicaba dedicarle tiempo al ensamblaje de un robot submarino, asunto que a los cuatro les consumía tiempo y aseguraba que no tuvieran que estar en la calle. El Este de Phoenix era su escenario urbano. Un sitio que, como lo describió Joshua Davis hace 10 años, está poblado en gran medida por migrantes y por dinámicas de calle muy intensas.

Así, con poco presupuesto, mucho ingenio y la ayuda de dos fantásticos maestros, construyeron un robot barato, rudimentario, pero increíble. Fue una extraña coincidencia que los puso en este equipo y nadie podría haber especulado que los cuatro eran brillantes; cada uno desde su propia trinchera.

Como si fuera el guión de una película predecible, las cosas empezaron a salir bien y el equipo logró llevar a “Stinky” (“Apestoso”), el robot submarino, a competir contra alumnos de universidades como Cambridge y MIT; superiores, especialmente porque sus robots contaban con un tremendo presupuesto.

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En el clásico giro negativo, el robot casi no llegaba ni siquiera a competir, pues en una prueba previa, notaron que este tenía una fuga y, evidentemente, si se mojaba, no podría operar. Necesitaban algo para absorber el agua que se colara dentro del Apestoso. A continuación, en una magnífica y cómica epifanía, Lorenzo “el vato loco” dijo: “¿absorbente, como un tampón?”. Por supuesto, conseguir los tampones fue toda una aventura y Lorenzo se rehusó a rezarle a la Virgen que los tampones funcionaran, porque le dio un poco de pena.

Al final, a pesar de todas las peripecias, ganaron la competencia. Dejaron considerablemente atrás al MIT y, a pesar de que los estirados jueces estaban sorprendidos de tratar con jóvenes chicanos; el equipo de indocumentados ganó la competencia. La historia es casi absurda y al mismo tiempo, perfecta, pero no terminó ahí.

Como lo describió Davis, hace diez años eran 60,000 indocumentados los que se graduaban de preparatorias estadounidenses, sin posibilidad de entrar a la universidad. En ese momento, la solución planteada era el “Dream Act”, programa que le dio residencia a muchos de estos jóvenes, pero que el gobierno estadounidense hoy está descontinuando. Felizmente la revista WIRED y sus lectores reunieron más de $90,000 dólares en becas para los cuatro chicos; aunque, a pesar de esto no todos lograron terminar la universidad.

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“Spare Parts” (2015)

“La Vida Robot” ahora es una película llamada “Spare Parts”. La traducción literal del título a español, “Partes sueltas”, funciona para entender y reflexionar sobre el dilema implicado en esta maravillosa historia. Los chicos ensamblaron el robot como pudieron, con lo que tenían; de la misma forma –y a causa de la disparidad social a la que nos enfrentamos– los migrantes ensamblan su destino con partes sueltas; con reminiscencias de una sociedad, que penden descuidadamente en los rincones; pero que, extrañamente, no les corresponde tomar.

El día que los mexicanos hicieron del muro fronterizo su red de voleibol

Parece inimaginable, pero el muro que divide a Sonora y Arizona fue, en 1979, sitio de reunión para jugar voleibol con el muro fronterizo (y para festejar la amistad).

Del ingenio mexicano han surgido improbables ritos que transforman realidades. Uno de ellos: el acto de hacer, de un símbolo de discriminación –como lo es el muro fronterizo con Estados Unidos–, un espacio para practicar un deporte inédito y entre camaradas.

No hay cómo explicar que tal contradicción exista, excepto si pensamos que dicha perspicacia distingue de forma innata a los mexicanos, sobre todo cuando se trata de poner en práctica filosofías como “al mal tiempo buena cara”. Así lo han hecho los habitantes de Naco, en Sonora, y los mexicanos estadounidenses del otro lado de esta misma población, que pertenece a Arizona.

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Todo comenzó con la invención del Border Volley, o wallyball, un voleibol que comenzaron a jugar en 1979 en la frontera, utilizando el muro —que en ese entonces era una malla con púas— como la clásica red del deporte original. Ambos equipos jugaban, paradójicamente, en casa. Mirones y jugadores eran parte, en aquellos años, de los festejos que se hacían cada cinco partidos, cuando el equipo perdedor debía hacer un homenaje, en su lado de la frontera, al vencedor.

En ese entonces se podía cruzar el muro, ya fuera con agujeros hechos con alicates o a hurtadillas por “el hoyo”, un túnel que servía para pasar de un lado a otro, lo que hacían los vencedores para asistir a su homenaje.

Este inédito deporte fue posteriormente documentado por la televisión francesa, y actualmente se práctica también en Baja California y Tijuana. Se trata de un voleibol subversivo y de resistencia contra el terror y la disgregación que implica la frontera. Con él, los pobladores de estas zonas deconstruyen el paradigma impuesto por una valla y, si acaso, se quedan con la melancolía irremediable que prosigue a todo partido acabado.

Hoy en día este encuentro entre dos poblados que, en esencia, pertenecen a la misma tierra, se transformó en la famosa Fiesta Bi-nacional. Se trata de un evento tradicional donde se celebra con bailes regionales, se lleva comida y se toca música en vivo, como puede verse en el siguiente video del 2007:

Además, desde 2010 la frontera se volvió también el lienzo de cientos de niños de ambas comunidades que dibujan sobre el muro. 

Grandes festejos transfronterizos, como la Fiesta Bi-nacional, son ya comunes no sólo en Sonora, sino en otras comunidades a lo largo de la frontera. Según Xavier Oliveras-González, del Colegio de la Frontera Norte, se puede decir que la reproducción de esta fiesta “crea unos efectos tanto o más insidiosos que el propio endurecimiento material y legal de la frontera”.

Pero, de aquellos legendarios encuentros de voleibol en la frontera no solo queda la celebración ritual. En esta fiesta se reafirma la identidad colectiva –la mexicanidad sin límites–, en una preciosa metáfora surgida, paradójicamente, de uno de los mayores símbolos de odio y segregación en el planeta.

*Referencias: Fiestas transfronterizas y representaciones espaciales en la frontera México-Texas
Cuando mexicanos y estadounidenses usaban el muro para jugar al voleibol

*Imágenes: 1) y 2) Archivo particular Sixto de la Peña; 3) Proyecto Puente

El coyote de madera reciclada que guía a los migrantes y les da refugio (FOTOS)

Está ubicado en la zona de Lechería en Tultitlán (Estado de México), uno de los sitios clave por donde pasa el tren conocido como La Bestia.

La migración ha sido una constante de la condición humana. En su búsqueda por mejorar su calidad de vida, el hombre se mueve, siempre está en búsqueda. Las fronteras actuales, en este sentido, son un resultado cultural que bien podría calificar de arbitrario, incluso de contranatural.

México desde hace décadas ha pugnado por el respeto de los derechos de sus migrantes en Estados Unidos, pero, sabemos, en el país también cada año transcurren miles de centroamericanos, muchos de los cuales pasan un verdadero trayecto de abusos. Pero también existe la contratara de este fenómeno, personas que pugnan por los derechos de los migrantes sea cual sea su origen.

Conocemos la conmovedora y heroica historia de Las Patronas, mujeres de pocos recursos que se han dedicado durante años a alimentar a los migrantes que pasan en La Bestia, generalmente pasando hambre y frío, cuando menos. O a Dora Nelly Morales, la mujer que trata los traumas de los migrantes.

Y en la arista artística, el tijuanense Alfredo Gutiérrez ahora ha creado un hermoso monumento retomado por Verne. Otro tipo de coyote, no el que hace negocios con la necesidad de los migrantes, uno que es una instalación de pedacera de madera, y que además guarda un mapa que ubica los lugares adonde los migrantes pueden ir, los refugios y las rutas.

También guarda en su interior medicinas y botellas de agua, y con el paso de los meses, mensajes de uno que otro migrante que busca comunicarse con algún otro en tránsito.

Así, es una instalación que es depósito de esperanza, y a su vez es refugio práctico y estético. También es un discurso en sí mismo, de que los migrantes importan.

coyote cuida migrantes Alfredo Gutierrez

coyote cuida migrantes Alfredo Gutierrez

coyote cuida migrantes Alfredo Gutierrez

Conoce más del trabajo de Gutiérrez, aquí.