¿Por qué este pianista estadounidense decidió adoptar la vida rarámuri?

Lleva 30 años viviendo en la Sierra y forma ya parte de la comunidad de Retosachi. Uno de los muchos Occidentales que ha quedado fascinado con la concepción del individuo como comunidad de los rarámuris.

Cuando llegué a la Sierra Tarahumara estuve frente a una comunidad que practicaba de forma cotidiana, esa doctrina de vivir para los demás, de todos ser uno, por eso me quedé aquí y no me quiero ir.

Romayne Wheleer

Trascendiendo la óptica que presenta a los indígenas como parte del folclore de un país, o como actores de un curioso modo de vida desde la perspectiva occidental, existen historias que realmente engrandecen la existencia de algunas etnias, en sí maravillosa.

La historia de Romayne Wheleer, documentada entre otros por el reportero Luis Fierro para el Universal, es muy especial. Tal vez inspirado por la discreción, este artista dejó su todo para vivir desde hace 30 años en la Sierra Tarahumara, en específico en la comunidad de Retosachi. Esto no como un mero acto de “humildad occidental”, sino como uno de reconocimiento a una sabiduría que trasciende el modo de vida al que estamos acostumbrados (centrándonos en el individuo cuando, evidentemente, este no se llena a sí mismo).

Romayne Wheleer nació en Estados Unidos, aunque creció en Austria; estudió piano y fue convirtiéndose en un reconocido intérprete que lo llevó a dar conciertos en 52 países del mundo.

En su casa en la Sierra tiene un antiguo piano Stainway & Sons que se utilizó durante años en el Teatro Degollado en Guadalajara y que anteriormente perteneciera al fundador de PAN, Manuel Gómez Morín. También vive rodeado de libros.

romayne wheeler sierra tarahumara pianista

Para mi fue un desafío conocer su filosofía, sabía que me iba a cambiar la vida…(…) Venir aquí fue como volver al inicio de la vida donde el individuo tiene el valor como persona de aportar a los demás.

Come frijoles, tortillas de nixtamal, sopa y frutos, como el resto de su comunidad.

Llegué a la Sierra Tarahumara unos días antes de Año Nuevo, en 1980. La comunidad me invitó a pasar la fiesta con ellos ya acepté. Fue algo muy especial, a la medianoche todos, eran como 120 personas, se dieron un abrazo, el curandero bendijo la vida de cada persona y comenzaron a bailar. En la mañana esos 120 quisieron entrar al mismo tiempo a mi casita de campaña y obviamente la rompieron. Ahí entendí que Dios quería que durmiera con ellos en el campo, y de entonces aquí sigo.

romayne wheeler pianista sierra tarahumara

Ha compuesto más de 60 piezas dedicadas a los árboles y tiene claro que los tarahumaras poseen una increíble calidad de vida (que no se trata, naturalmente, de tener electricidad, o piso de cemento, esas son necesidades creadas). Quizá lo único lamentable es cuando existe sequía, y por lo tanto hambruna; también cuando los niños mueren pequeños por enfermedades evitables. Fuera de ello, somos nosotros los occidentales los que de alguna manera nos hemos vuelto esclavos incluso del tiempo y los rarámuris, que están plenamente convencidos de su visión, lo saben.

Por ello Wheller hace cada año un viaje por el mundo dando recitales y con lo que recaba ayuda a su comunidad, de la que ya es parte, y por tanto no se trata de un acto de beneficencia sino de cooperación comunitaria. De hecho, los alimentos que su organización reparte lo hace a cambio de artesanías, nunca regalando, en una especie de banco de trueque cuando los tiempos son apremiantes y  escasea la comida.

Wheller encontró en la filosofía tarahumara una verdad profunda, una especie de revelación que contrasta con el errático individualismo de occidente… La pertenencia, y no la posesión, es lo más importante: vivir en comunidad, donde el individuo se diluye, y a la vez no.

Acá puedes ver su agenda de conciertos.

* Imágenes: 1) Charles Graham; 2) romaynewheeler.org.mx;  3) amigotrails.com

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Enseñar y no educar, el secreto de esta etnia indígena para sobrevivir los nuevos tiempos

Para los totonacas el aprendizaje no se trata de educar; se trata de enseñar, dialogar, comunicar, intercambiar y construirse a uno mismo...

Dice un pedagogo totonaca que el camino de la enseñanza se recorre poco a poco. Se transita despacio, sin buscar finalizarlo; se camina a través del diálogo constante y uno ha de detenerse para admirar la belleza de la trayectoria. Esta concepción hace un contraste evidente con la forma tradicional de entender ese proceso social que hemos llamado “educación”.

Pero es que la pedagogía de los totonacas (indígenas que habitan diversas regiones de Veracruz, Puebla e Hidalgo) no tiene como principio educar; pues esta acción coloniza la mente, traza parámetros y no panoramas, y, posiblemente lo más desolador, articula distancias, en lugar de generar relaciones.

Los totonacas y muchas otras sociedades indígenas buscan que los procesos de aprendizaje generen conexiones orgánicas: que se puedan modificar, discutir, reensamblar y que liguen, profundamente, al sujeto y a la naturaleza. Así, la pedagogía de muchos pueblos indígenas se constituye también por prácticas ceremoniales y cada palabras es densamente simbólica.

La pedagogía totonaca no es ecologista, en un sentido ideológico

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La conexión profunda con la naturaleza que sugiere la pedagogía totonaca, podría saber a ecologista; sin embargo no se trata de eso. Para esta cultura (como para muchas tradiciones indígenas) la naturaleza y el sujeto están unidos por el constante resonar de uno en el otro. Todos los objetos son naturales, pues emanan de la misma fuente y, entre sí, hacen emanar los mismos significados divinos.

Hablamos, entonces, de una cosmovisión y no de una ideología. Hablamos de una forma de asumirse a uno mismo en el mundo, en la vida y no de un discurso político. Hacer del bosque o la orilla del río un “salón de clases” no es una simple metáfora; es la respuesta a la necesidad de aprender de la Tierra misma; de dejarla hablar y escucharla con comprometida atención.

El don del conocimiento totonaca

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Cuenta la periodista Jay Griffiths que según los mitos totonacas, las “abuelas del cielo”, lanzan estrellas a los niños pequeños y las que se prenden a ellos, son sus dones o virtudes. El saber técnico y conceptual por igual sobre un fenómeno del mundo es entonces un regalo y también una posibilidad subjetiva.

Pero cualquier saber, cualquier don nos solicita un compromiso. La palabra totonaca, como explica Griffiths, significa “tres corazones” y, según la tradición un corazón es para pedir que se te revelen tus dones; el segundo corazón es para recibirlo, y el tercer corazón es para poder compartir tu don con el mundo.

Saber, entonces, es tanto el ejercicio de recorrer el camino como la puesta en práctica de las virtudes adquiridas. Será por eso que los totonacas no evalúan a sus alumnos a través de los infames exámenes. La práctica está en lugar de la examinación, pues el conocimiento sirve al sujeto, no el sujeto al conocimiento. El sujeto no debe probarse a través del conocimiento frente a los demás, sino practicarlo a través de la construcción de un mundo colectivo; en donde lo que se sabe, se discute, se transforma, se enriquece. También por ello, adquiren mucho valor en esta pedagogía las disciplinas ligadas al arte y a la manifestación de la subjetividad.

En la pedagogía totonaca, uno se encuentra consigo mismo en el exterior

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Para los totonacas todo tiene un significado que se liga con su cosmogonía. La educación tradicional a diferencia de estas enseñanzas es terriblemente impositiva e imponer es, sin duda, colonizar. Así, no podemos imponer el significado: hay que construirlo en comunión. El “arte de ser humano”, debería ser un proceso abierto. El conocimiento totonaca es un camino de poesía. Se trata de escucharse a uno mismo en el misterio y metáfora del afuera; de hacer sagrado el vínculo indisoluble que hay entre el sujeto y su exterioridad: el mundo y naturaleza. Dice Jay Griffiths:

Si la belleza está en el ojo del espectador, el significado está en la mente del otorgante, llenando el mundo con misterio y metáfora.

Collages de Miranda Guerrero

Así era el “cielo” y el “infierno” en la cosmovisión maya

Aunque la concepción más común de cielo e infierno es cristiana, los mayas también concebían la siguiente vida en dos escenarios según la vida que había llevado esa persona.

De entre las culturas mesoamericanas prehispánicas, la maya es la que más ha destacado a nivel mundial. Sus insólitas estructuras arquitectónicas, aportaciones en la escritura, arte, matemáticas y astronomía, y conocimientos tanto en la agricultura como en el sistema calendárico, algunos destellos del misticismo maya han trascendido los límites del océano del tiempo; otros, no obstante, se han mantenido en secreto bajo las ruinas de Yucatán, Campeche, Tabasco, Quintana Roo y Chiapas –e incluso, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador–. 

Si bien la conquista española eliminó gran parte de los registros históricos de la civilización maya, numerosas aldeas lograron mantenerse alejadas de la autoridad colonial, expandiendo en el aspecto temporal, sus historias, tradiciones y costumbres. Hasta la fecha, las comunidades rurales mayas han conservado estilos de vida que reflejan la ancestralidad de su praxis y cosmovisión; por ejemplo, las creencias, los idiomas y el calendario ritualístico de 260 días, continúa usándose principalmente en las tierras de Guatemala y Chiapas

Algunas de las comunidades mayas continúan expandiendo las historias del dios, “único, vivo y verdadero que no tenía figura ni se podía representar por ser incorpóreo”, Hunab Ku, quien de él proceden todas las cosas. Éste dios, cuentan, era mayor que todos los otros dioses; estaba casado y su mujer, Ix Azal Voh, fue la inventora del tejer las telas de algodón que se visten; mientras que su hijo, Itzamná, fue el que inventó primero los caracteres que servían de letras a los indios. Se decía que cuando Hunab Ku, también llamado Yax Coc Ah Mut, creó al mundo, también hizo a los cuatro hermanos Bacab, a quienes colocó en las cuatro partes del mundo para sostener el cielo. No obstante, los Bacabes, blanco, amarillo, rojo y negro, escaparon cuando el mundo fue destruido por el diluvio y no sólo se convirtieron en los dioses de los vientos, también en los que llevaban la suerte de los muertos… 

Para los mayas, la vida futura se dividía “en buena y mala, en penosa y llena de descanso”. Todo dependía de si la persona fue, en su vida terrenal, “viciosa o virtuosa” en su manera de vivir. En su libro de 1928 cuya última edición fue en 2014, Mitos y leyendas de los aztecas, incas, mayas y muiscas, Walter Krickeberg explica el porvenir de una “buena y mala persona” (una concepción distinta a la dualidad del cristianismo): 

Los descansos que habían de alcanzar, si eran buenos, eran ir a un lugar muy deleitable donde ninguna cosa les diese pena, donde hubiese abundancia de comidas y bebidas de mucha dulzura y un árbol que allá llaman Yaxché, muy fresco y de gran sombra, el cual es un ceiba, debajo de cuyas ramas y sombras descansaban y holgaban siempre todos. 

Las penas de la mala vida que habían de tener los malos [en el más allá], eran ir a un lugar más bajo que cualquier otro, al cual llaman Mitnal, que quiere decir infierno, y ser atormentados en él por los demonios por grandes necesidades de hambre y frío, por el cansancio, y por la tristeza. En este lugar había un demonio, príncipe de todos los otros, al cual obedecían todos; le llaman en su lengua Hun Ahau

Estas vidas “malas y buenas”, parecen ser, no tienen fin, porque el alma no lo tiene. Por su lado, aquellos que cometían suicidio por “tristezas, trabajos o enfermedades” iban a esta gloria, donde decían les venía a llevar la diosa de la horca que llamaban Ixtab: “No tenían memoria de la resurrección de los cuerpos.” 

 *Imagen: 1)Cenote, una puerta al inframundo/Vivir es un deporte

 

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Lugares más improbables que alcanzó la nevada en México (FOTOS)

Estados como Aguascalientes, Jalisco o Guanajuato, ofrecieron paisajes impensados por las nevadas ajenas a estas tierras.

Podría decirse que esta semana ha sido de las más extrañas en cuanto a clima en México en los últimos años. La conjunción de la presencia de dos frentes fríos y una tormenta invernal hicieron que en 25 estados del país (casi la totalidad) hubiesen fuertes vientos (que en algunos sitios como la ciudad de México tiraron espectaculares y decenas de árboles), lluvia intensa, bajas temperaturas, y en algunos estados, nevadas…

Ello provocó que en algunos sitios donde es extrañísimo que nieve, este fenómeno se diese, sorprendiendo y encantando, a muchos. El resultado estético son increíbles imágenes con escenarios improbables: como agaves en sus hermosos patrones en hileras cubiertos de nieve, un binomio visto con escasísima regularidad.

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )